Los trabajos de Hércules

 

Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul

 

(Alice A. Bailey)

 

 

 


El zodíaco

 

Aquel que preside miró hacia adelante, a los hijos de los hombres, que son los Hijos de Dios. Él vio la luz de ellos y el lugar donde estaban parados sobre el Sendero de retorno al Corazón de Dios. La Senda recorre un círculo a través de los doce grandes Portales y, ciclo tras ciclo, los Portales se abren y los Portales se cierran. Los Hijos de Dios, que son los hijos de los hombres, caminan por allí.

 

Poco clara es la luz al principio. Egoísta la tendencia de la aspiración humana, y oscuros los actos resultantes. Lentamente los hombres aprenden y, aprendiendo, pasan entre los pilares de los Portales una y otra vez. Lerda es la comprensión, pero en las Antesalas de la Disciplina, encontradas en cada sección de la cósmica extensión del círculo, la verdad es lentamente comprendida; aprendida la lección necesaria; la naturaleza purificada y enseñada hasta que se ve la Cruz –esa Cruz fija y a la espera, que crucifica a los hijos de los hombres, prolongada en las Cruces de los que sirven y salvan.

 

Del conjunto de hombres, un hombre se adelantó en los días de la antigüedad y sorprendió el ojo vigilante del Gran Anciano que preside eternamente dentro del Concilio de la Cámara del Señor. Se volvió hacia el que estaba de pie cerca suyo y dijo: "¿Quién es esa alma sobre el Sendero de la vida, cuya luz puede ahora ser vista oscuramente?”.

 

Rápidamente llegó la respuesta: "Esa es el alma que, en el Sendero de la vida, experimenta y busca la clara luz que brilla desde el Alto Sitio".

 

"Déjala proseguir sobre su senda, pero vigila sus pasos".

 

Los eones velozmente continuaban su curso. La gran rueda giraba y, girando, traía el alma que buscaba sobre el Sendero. Después, llegó un día en que Aquel que preside el Consejo de la Cámara del Señor atrajo nueva­mente al círculo de Su radiante vida al alma que buscaba.

 

"¿De quién es esta alma sobre la Senda de sumo empeño cuyo resplandor oscuramente se distingue afuera?” Llegó la respuesta: "Un alma que busca la luz de la inteligencia, un alma que lucha".

 

"Dile de parte mía que vuelva a la otra senda y luego que viaje alrededor del círculo. Entonces encontrará el objeto de su búsqueda. Vigila sus pasos y, cuando tenga un corazón comprensivo, una mente anhelante y una mano diestra, tráemela".

 

Nuevamente pasaron los siglos. La gran rueda giró y, girando, llevó a todos los hijos de los hombres, que son los Hijos de Dios, sobre su senda. Y mientras estos siglos pasaban, un grupo de hombres emergió y lentamente cambiaron a la otra senda. Ellos encontraron el Sendero. Pasaron los Portales y se esforzaron hacia la cima de la montaña, y hacia el lugar de muerte y sacrificio. El Maestro vigilante vio un hombre emerger de esta multitud, subir a la Cruz fija pidiendo hazañas que cumplir, servicios que rendir a Dios y al hombre, y buena voluntad para recorrer el Sendero hacia Dios. Se paró delante del Gran Ser que Preside, el cual trabaja en el Concibo de la Cámara del Señor y oyó adelantarse una voz:

 

"Obedece al Maestro en el Sendero. Prepárate para las últimas pruebas. Pasa a través de cada Portal y en la esfera que ellos descubren y guardan, ejecuta el trabajo que convenga a su esfera. Aprende así la lección y empieza con amor a servir a los hombres de la tierra". Luego le llegó al Maestro la palabra final: “Prepara al candidato. Dale sus trabajos a realizar y coloca su nombre sobre las tablas de la Senda viviente".

El tibetano

 

 

 

Prólogo: El propósito de este Estudio

 

El intenso interés evidenciado en este tiempo en el tema de la vida espiritual, es en sí mismo la garantía para tal estudio como esta serie de artículos se propone. A pesar del hecho de que la religión académica y teológica no tiene ya su antigua atracción y a pesar de la rebelión contra la religión organizada, el impulso hacia las realidades espirituales no ha sido nunca tan vehemente como ahora. El día de la experiencia empírica en gran escala está ahora con nosotros, y hombres y mujeres en todas partes están todavía rehusando creer y aceptar ciegamente, porque están decididos a conocer. La aceptación de dogmas impuestos está ahora cediendo lugar a experimentar y a una divina autodeterminación, basada en una unidad efectuada con la Vida en la que vivimos nos movemos y tenemos nuestro ser, la cual está tomando el lugar de la credulidad y superstición.

 

El problema de cada maestro hoy en día está en descubrir nuevas maneras para expresar viejas verdades, y así presentar las antiguas fórmulas para el desarrollo espiritual que adquirirán nueva y "vívida" vida. En ambos hemis­ferios hay muchos libros escritos sobre el tema del Sendero del Discipulado, el Sendero de la Santidad y el Sendero de la Iluminación. La nueva presen­tación de los problemas de ese Sendero Universal y de sus dificultades inherentes no está justificada a menos que la aplicación pueda ser moderna y práctica. Debe indicar la inclusión de la finalidad una vez que esos problemas hayan sido superados, y debe evitarse la reiteración tediosa de esa regla básica de vida que ha sido expresada en las dos palabras: "Sé bueno". Una y otra vez se nos ha dicho que debemos vencer la tentación del mundo, la carne y el demonio. Ha sido creado en la mente del aspirante occidental un sentimiento de que el Sendero es necesariamente un camino de miserias, de autoabnega­ción y de penas sin fin. Su actitud es de paciencia activa hasta el tiempo en que él, misteriosa y milagrosamente se abra paso a un mundo de paz y plenitud, dentro del cual todas las dificultades llegan a su fin, la carne cesa de molestar y el demonio tiene un intempestivo final. Y esto, como la recompensa de una humilde sumisión a la voluntad de un inescrutable creador.

 

Hay, sin embargo, una alborada en la conciencia humana, una creciente realización de innata divinidad y de que el hombre es en verdad hecho a imagen de Dios, y uno en naturaleza con su Padre en el Cielo. La idea de propósito y de plan está siendo entendida y toda la actitud del aspirante hacia la vida está cambiando rápidamente. ¿Sería posible ahora lograr este sintético cuadro del progreso del alma, de la ignorancia a la sabiduría, del deseo material al logro espiritual, para que el fin pueda ser previsto desde el principio y una cooperación inteligente con el propósito del alma haya vencido el lugar del ciego empeño? Cuando esto se efectúa, el peregrino puede seguir su camino con el rostro vuelto hacia la luz y resplandeciente de alegría.

 

En la historia de las dramáticas experiencias de ese grande y antiguo Hijo de Dios, Hércules o Heracles, encontraremos que nos da justamente el sintético cuadro. No deja sin tocar alguna fase en la vida del aspirante y aun lo vincula con actividades cósmicas. Hallaremos que su tema es tan inclusivo, que todos nosotros, luchando en nuestra presente vida moderna, podemos aplicarnos a nosotros mismos los experimentos y pruebas, las derrotas y logros de esta heroica Figura que se esforzó, siglos atrás, hacia la misma meta como lo hacemos nosotros. A través de la lectura de esta historia, un nuevo interés se puede despertar en la mente del perplejo aspirante, y tal cuadro pintado en secuencial y universal desarrollo y destino sirva, para que él vaya hacia adelante con renovado coraje.

 

Trazaremos la historia de Hércules y su esfuerzo para demostrar cómo él, en sus doce trabajos, desempeñó el lugar del aspirante en el Sendero del Discipulado. Emprendió ciertas tareas de naturaleza simbólica, y pasó por ciertos episodios y acontecimientos que pintan para siempre la naturaleza de la disciplina y los logros que caracterizan al hombre que se está acercando a la liberación. Él representa al encarnado, aún no perfeccionado Hijo de Dios, quien con determinación toma en sus manos la naturaleza inferior y volunta­riamente la sujeta a la disciplina que producirá eventualmente el surgimiento de la divinidad. De un descarriado pero sinceramente fervoroso ser humano, conocedor inteligente del trabajo que tiene que cumplir, está formado un Salvador del Mundo. Dos grandes y dramáticas historias se han mostrado constantemente ante los ojos de los hombres a través de los tiempos. En los doce trabajos de Hércules, está representado ese Sendero del Discipulado, y sus experiencias preparatorias para el gran ciclo final de la Iniciación, encuentran un eco espontáneo en todo aspirante. En la vida y trabajo de Jesús el Cristo –el Hijo de Dios perfecto que "ha penetrado por nosotros en el interior del velo, dándonos un ejemplo para que sigamos sus pasos"— tenemos la ilustración de las cinco etapas del Sendero de Iniciación que constituyen los episodios culminantes para los cuales los doce trabajos han preparado al discípulo.

 

El oráculo ha hablado y a lo largo de los siglos ha hecho resonar la palabra: "Hombre, conócete a ti mismo". Este conocimiento es la conclusión del Sendero del Discipulado y la recompensa de todo el trabajo de Hércules.

 

 

Naturaleza del discipulado

 

Puede ser de valor considerar aquí brevemente qué es el discipulado, palabra constantemente empleada por los aspirantes, tanto en los países cristianos como en las religiones orientales. El discípulo puede ser definido como la etapa final del Sendero de Evolución, y como ese período en la experiencia de un hombre en el cual él es definidamente autoconsciente. Es la etapa en la cual sabiamente se compromete a imponer la voluntad del alma (que es esencialmente la voluntad de Dios) sobre su naturaleza inferior. En este sendero él se somete a un proceso madurador, para que la flor del alma pueda expandirse rápidamente. La inevitabilidad de la perfección humana tiene su base en la voluntad para hollar el Sendero. Esta perfección puede ser alcanzada en dos formas. Puede ser el resultado de un lento y seguro crecimiento evolutivo, llevado adelante bajo las leyes de la naturaleza, ciclo tras ciclo, hasta que gradualmente el Dios oculto pueda ser visto en el hombre y en el universo. 0, ser el resultado de la aplicación sistematizada y la disciplina por parte del aspirante, produciendo un más rápido desarrollo del poder y vida del alma.

 

En un análisis del discipulado, éste ha sido definido como "un disolvente psíquico que destruye toda la escoria y deja el oro puro". Es un proceso de depuración, de sublimación y de transmutación, llevado progresivamente hacia adelante hasta que finalmente el Monte de la Transfiguración y la Iluminación son alcanzados. Los misterios ocultos y las fuerzas latentes en los seres humanos, necesitan ser descubiertos y requieren ser utilizados de una manera divina y de acuerdo con un divino propósito, inteligentemente comprendido. Cuando ellos han sido así utilizados, el discípulo se halla en armonía Con lo universal y las similares energías y poderes divinos que sustentan las operaciones del mundo natural. Así él se convierte en un trabajador bajo el plan de la evolución y un cooperador con esa gran "nube de testigos", que a través del poder de sus observaciones, y el resultado de sus logros, constituyen los Tronos, Principados y Poderes por medio de los cuales la Vida Una guía toda la creación progresivamente a una gloriosa consumación.

 

Tal es la meta hacia la cual Hércules trabajó, y tal es la meta de la humanidad toda, cuyo logro final, en conjunto, será realizado por las muchas individualidades perfeccionadas.

 

 

Connotaciones Astrológicas

 

Un propósito secundario de este estudio es presentar un aspecto de la astrología que diferirá del expresado habitualmente. Investigaremos la histo­ria de Hércules a medida que pasaba por los doce signos del zodíaco. En cada signo él expresaba sus características, y en cada signo, lograba algún conocimiento nuevo de sí mismo, y a través de ese conocimiento demostraba el poder del signo y adquiría los dones que el mismo confería. En cada uno de los signos lo encontraremos venciendo sus tendencias naturales, controlando y gobernando su destino, y demostrando el hecho de que las estrellas inclinan pero no controlan.

 

La forma de astrología que, yo creo, reemplazará andando el tiempo, la clase corriente que trata con horóscopos, es esa sintética presentación de los acontecimientos cósmicos que tienen sus reflejos en nuestra vida planetaria, en la vida de la humanidad en conjunto, y en la vida del individuo, que es siempre el microcosmos del macrocosmos. Este tipo de astrología enfoca su atención principalmente en el desarrollo del plan de las edades; esto, la historia lo manifiesta de una manera reducida en cuanto concierne a la humanidad, y un estudio más amplio de los tiempos y estaciones puede traernos una mayor comprensión de los propósitos de Dios. Hay un inmenso pasado detrás de la humanidad; eones y eones han llegado y se han ido, la rueda de la existencia gira continuamente, y siempre la cinta de la vida se desenvuelve, y nosotros somos llevados hacia un nuevo aspecto de la meta, y a una visión y realización más amplias. La concentración en el horóscopo personal y el intenso interés demostrado por los individuos en sus propios insignificantes asuntos puede ser natural y normal, pero es, no obstante, miope. Sólo la conciencia de que somos partes integrantes de un Todo mayor y el conocimiento de la divina suma total pueden revelar el más vasto propósito. Estas son las ideas que pueden eventualmente reemplazar nues­tras concentraciones personales. Nuestras pequeñas historias de la vida deben desaparecer en un cuadro mayor. Astrológicamente Hércules estable­ció la historia de la vida de cada aspirante, y demostró la parte que debe jugar la unidad en la eterna Empresa.

 

Un gran Maestro oriental ha expresado en relación con el zodíaco y la astrología este sugestivo pensamiento:

 

"Que la astrología es una ciencia y una ciencia venidera, es verdad. Que la astrología en su aspecto supremo y su verdadera interpreta­ción, capacitaría eventualmente al hombre para enfocar su compren­sión y para funcionar rectamente, es igualmente verdad. Que en las revelaciones que la astrología hará, andando el tiempo, será encon­trado el secreto de la verdadera coordinación entre el alma y la forma, es también correcto. Pero esa astrología todavía no ha sido descubier­ta. Hay demasiadas cosas pasadas por alto y otras muchas desconoci­das para hacer de la astrología la ciencia exacta que muchos pretenden que sea. La pretensión será cumplida en alguna fecha futura. El momento no ha llegado todavía.

 

“La astrología como es practicada ahora, está condenada a la destruc­ción debido a la rapidez con que las almas están controlando sus personalidades. El modelo del horóscopo del alma no estará basado en nuestro conocimiento tridimensional, pues las leyes de tiempo y espacio no tienen influencia sobre el alma". (Astrología Esotérica).

 

Por consiguiente, trataremos en este estudio con una astrología que será no matemática y que no tendrá relación con el modelo de los horóscopos. Se interesará en los doce tipos de energía por medio de los cuales la conciencia de la divina Realidad es lograda a través del medio de la forma. En un cielo no distante y en un estado no subjetivo llegó Hércules a este conocimiento. En el cuerpo físico, impedido y limitado por las tendencias conferidas a él por el mismo signo bajo el cual realizó el trabajo, alcanzó la comprensión de su propia divinidad esencial. A través de la superación de la forma y de la subyugación de la materia, se nos da un cuadro de una desarrollada autorrealización divina. Por consiguiente, en el estudio de Hércules, el discípulo, y de Cristo, el Salvador del Mundo, tenemos una completa presentación gráfica de las etapas finales del desarrollo, que están situadas delante de todos nosotros. Las cinco grandes Iniciaciones como están pintadas para nosotros en la historia de Jesús el Cristo, no son tratadas aquí, sino que forman el tema de otro libro. (De Belén al Calvario).

 

A medida que estudiamos la historia de Hércules y lo seguimos a través de sus doce trabajos, pasando alrededor del gran zodíaco de los cielos, nos aproximaremos desde dos ángulos: el del aspirante individual y el de la humanidad en conjunto. Es ahora posible mirar a la familia humana como habiendo alcanzado, prácticamente en masa, la etapa del aspirante, la etapa del buscador inteligente, la etapa del hombre que, habiendo desarrollado su mente y coordinado sus aptitudes, mentales, emocionales y físicas, ha agotado los intereses del mundo fenoménico y está buscando una salida a un reino más amplio de conocimiento, dentro de una más segura esfera de garantías. Esta etapa ha sido siempre expresada por los individuos avanzados a lo largo de los años, pero nunca anteriormente se ha encontrado la propia raza humana con los inicios testimoniales de esta condición en grupo. Aquí yace la maravilla de pasados logros, y aquí está la hora de la presente oportunidad.

 

 

El Mundo del Discípulo Hoy en Día

 

Las pruebas a las cuales Hércules voluntariamente se sometió y los traba­jos en los cuales a veces descuidadamente se precipitó, son aquellos posibles para muchos miles ahora. También se volverá manifiesto cuán curiosamente aplicable a las condiciones modernas, son los variados detalles de la dramá­tica y a menudo divertida historia de sus esfuerzos en el sendero de la ascensión. Cada uno de nosotros es un Hércules en embrión, y cada uno enfrenta idénticos trabajos; cada uno tiene la misma meta que lograr y el mismo círculo del zodíaco que abarcar. El trabajo a realizar tiene como objetivo principal, la eliminación de todo temor y el control de las fuerzas naturales de la naturaleza humana. Estas, Hércules debe enfrentarlas en cada posible combinación, antes de escalar el monte de la iniciación en Capricor­nio, y llegar a ser el servidor de la humanidad.

 

Objetivos de competencia y egoísmo deben ser completamente cambiados y eliminados, y encontraremos a Hércules aprendiendo la lección que apoderarse de cualquier cosa para el yo separado, no es parte de la misión de un hijo de Dios. Él sabe encontrarse como individuo, sólo para descubrir que el individualismo debe ser sacrificado inteligentemente para el bien del grupo. Descubre asimismo que la codicia personal no tiene lugar en la vida de un aspirante que está buscando la liberación, desde el siempre recurrente ciclo de la existencia y de la constante crucifixión sobre la cruz de la materia. Las características del hombre inmerso en la forma de la vida y bajo la regla de la materia son: temor, individualismo, rivalidad y codicia. Estas tienen que ceder lugar a la confianza espiritual, cooperación, conciencia grupal y carencia de egoísmo. Esta es la lección que Hércules nos da, y es la demostración de la vida de Dios que está siendo forjada en el proceso creativo, y que florece más hermosamente, cada vez que la vida de Dios hace su curva alrededor del zodíaco que, nos dicen los astrónomos, toma aproximadamente veinticinco mil años en cumplirse.

 

Esta es la historia del Cristo cósmico, crucificado en la Cruz Fija de los cielos; ésta es la historia del Cristo histórico, dada a nosotros en la historia del evangelio y establecida hace dos mil años en Palestina; es la historia del Cristo individual, crucificado en la cruz de la materia, y encarnado en cada ser humano. Dios encarnado en materia. Esta es la historia de nuestro sistema solar, la historia de nuestro planeta, la historia del ser humano. Así, cuando miramos arriba los cielos estrellados, vemos descripto eternamente para nosotros este gran drama, que la historia de Hércules dilucida en detalle para el aspirante.

 

 

Pensamientos Fundamentales

 

Cuatro pensamientos fundamentales pueden ser dados aquí que expresan el propósito subyacente del proceso creativo y del objetivo de ambos, el Cristo cósmico y el aspirante individual. Ellos nos dan la guía para llevar a cabo el plan. Tomados juntos engloban toda la historia de la relación de espíritu y materia, de vida y forma, y de alma y cuerpo.

 

Primero: "La naturaleza expresa energías invisibles a través de formas visibles". Detrás del mundo objetivo de los fenómenos, humano o solar, pequeño o grande, orgánico o inorgánico, yace un mundo subjetivo de fuerzas que es responsable de la forma exterior. Detrás de la exterior cubierta material se puede encontrar un vasto imperio del Ser, y es dentro de este mundo de energías vivientes, que ambas, la religión y la ciencia, están pene­trando ahora. Todo lo exterior y tangible es un símbolo de las fuerzas creativas internas, y es idea que está debajo de toda simbología. Un símbolo es una forma exterior y visible de una realidad interior y espiritual.

 

Es con esta acción recíproca de la forma exterior y de la vida interior que Hércules lucha. Él sabía que era la forma, el símbolo, para que el dominio de la naturaleza material inferior hiciera sentir su presencia con la facilidad de la expresión antigua. Al mismo tiempo sabía que su problema era expresar su ser y energía espiritual. Él tenía que saber de hecho y en experiencia que era Dios, inmanente en naturaleza; que era Yo en estrecha relación con el No‑Yo; tenía que experimentar con la ley de causa y efecto, ésta, desde el punto de vista del iniciador de las causas para producir inteligentes efectos. A través de los doce signos del zodíaco pasó, luchando para trabajar subjeti­vamente y tratando de rechazar la tentación y la atracción de la forma tangible exterior.

 

El segundo pensamiento clave puede ser expresado en las palabras: "La concepción de una Deidad oculta yace en el corazón de todas las religiones".

 

Ésta es la realización mística y el objeto de la búsqueda que la humanidad ha practicado a lo largo de los años. Los exponentes de las religiones del mundo han encarnado en sus enseñanzas, un aspecto de la búsqueda, aceptando el hecho de Dios como una premisa básica, y con el amor de sus corazones, la devoción y la adoración demostrando la realidad de su Existencia. El testi­monio de los místicos de todos los tiempos y razas es tan vasto que ahora constituye en sí mismo un campo de hechos comprobados y no puede ser negado.

 

Los investigadores científicos han procurado encontrar la verdad a través del conocimiento de la forma, y nos han conducido a una posición de amplio conocimiento y al mismo tiempo a una concepción paralela de nuestra profunda ignorancia. Hemos aprendido mucho de la vestidura externa de Dios, a través de la física, la química, la biología y otras ciencias, pero hemos luchado dentro de una región donde todo aparece como siendo hipótesis e inferencias. Todo lo que nosotros seguramente conocemos es que todas las formas son aspectos de la energía; que hay una acción recíproca y un impacto de energías sobre nuestro planeta; que el planeta mismo es una unidad de energías compuesta de una multitud de unidades de energía, y que el hombre mismo es también un manojo compuesto de fuerzas y se mueve en un mundo de fuerza. Aquí es donde la ciencia tan admirablemente nos ha conducido, y donde el astrólogo, el ocultista, el idealista y el místico también se reúnen y atestiguan una Deidad oculta, un Ser viviente, una Mente Universal y una Energía central.

 

En el desarrollo del drama de los cielos, en las conclusiones del investiga­dor científico, en las computaciones matemáticas de los astrólogos, y en el testimonio del místico, sin embargo, podemos ver una firme manifestación emergente de la divinidad oculta. Poco a poco, a través del estudio de la historia, de la filosofía y de la religión comparada, nosotros vemos el plan de esa Deidad volviéndose significativamente manifiesto. En el paso del sol a través de los doce signos del zodíaco, podemos ver la maravillosa organiza­ción del plan, el enfoque de las energías y el crecimiento de la tendencia hacia la divinidad. Ahora, por fin, en el siglo veinte, lo objetivo y lo subjetivo se han tornado tan estrechamente mezclados y fundidos que es casi imposible decir dónde uno empieza y el otro termina. El velo que oculta la Deidad se está volviendo transparente, y el trabajo de aquellos que han logrado conocimien­to, el programa de Cristo y de su Iglesia, los planes del grupo de los trabaja­dores del mundo, los Rishis y la oculta Jerarquía de nuestro planeta, están ahora enfocados en llevar a la humanidad al Sendero del Discipulado, entrenando a muchos de los más avanzados para que puedan llegar a ser los conocedores e iniciados de la nueva era. Así los hombres pasarán de la Cámara del Aprendizaje a la Cámara de la Sabiduría, del reino de lo irreal al de lo Real, y de la oscuridad exterior de la existencia fenomenal, dentro de la luz que brilla siempre en el reino del espíritu.

 

El tercer pensamiento clave nos da una guía para el método. A través de los años las palabras se han adelantado: "Yo soy él... que despierta al espectador silencioso". Se ha hecho claro para los buscadores en todos los campos que dentro de las formas hay un impulso hacia la expresión inteligen­te, y una cierta vivacidad que llamamos conciencia de sí mismo, y que en la familia humana toma la forma de un autoconocimiento. Este autoconoci­miento cuando es verdaderamente desarrollado, capacita al hombre para descubrir que la Deidad oculta en el universo es idéntica en naturaleza, aunque bastante mayor en grado y conocimiento, a la Deidad oculta dentro de sí mismo. El hombre entonces puede volverse conscientemente el Espec­tador, el Observador, el Percibidor. No está más identificado con el aspecto material, sino que es Aquel que lo usa como un medio de expresión.

 

Cuando esta etapa es lograda, los grandes trabajos empiezan, y la lucha está progresando conscientemente. El hombre es desgarrado en dos direcciones. El hábito lo tienta a identificarse con la forma. La nueva comprensión lo impulsa a identificarse con el alma. Una reorientación entonces tiene lugar, y un nuevo y autodirigido esfuerzo se inicia, el que está representando para nosotros en la historia de Hércules, el Dios‑Sol. En el momento en que la altura intelectual ha sido lograda, el "Observador silencioso" despierta a la actividad. Hércules empieza sus trabajos. El ser humano, hasta aquí arrastra­do en el impulso de la marea evolutiva, y gobernado por el deseo de experi­mentar y por las posesiones materiales, se pone bajo el control del divino Morador. Emerge como el aspirante, se revierte, y empieza a trabajar a través de los doce signos del zodíaco, sólo que ahora trabajando desde Aries a Piscis por vía de Tauro (en sentido inverso a las agujas del reloj), en vez de trabajar en la ordinaria forma humana retrógrada, desde Aries a Tauro vía Piscis (en sentido de las agujas del reloj).

 

Finalmente, el enfoque cambiante de la vida y la firme aplicación a los doce trabajos en los doce signos, capacita al discípulo para llegar a ser el triunfante vencedor. Entonces puede comprender el significado del cuarto pensamiento clave y exclamar al unísono con la Deidad Cósmica: "Escuchen este gran secreto. Aunque estoy por encima del nacimiento y renacimiento, o Ley, siendo el Señor de todo lo que existe, pues todo emanó de mí, aún así aparezco en mi propio universo y soy por consiguiente nacido por mi Poder, Pensa­miento y Voluntad". (El Bhagavad Gita).

 

 

Hércules el Discípulo ‑ El Mito

 

Él se irguió delante de su Maestro. Oscuramente comprendía que una crisis se había producido en él, conduciéndolo a cambiar de lenguaje, de actitud y plan. El Maestro lo miró y fue de su agrado.

 

"¿Tu nombre?", le preguntó y esperó una respuesta.

 

"HerácIes", llegó la respuesta, "o Hércules, me dicen que significa precio­sa gloria de Hera, el brillo y esplendor del alma. ¿Qué es el alma, oh, Maestro? Dime la verdad".

 

“Esa alma tuya la descubrirás a medida que hagas tu obra, y encuentres y uses la naturaleza que es tuya. ¿Quiénes son tus padres? Dime esto, hijo mío".

 

"Mi padre es divino, yo no le conozco, excepto que, en mí mismo, sé que soy su hijo. Mi madre es terrenal. La conozco bien y ella me ha hecho como tú me ves.

    Asimismo, oh, Maestro de mi vida, soy también uno de los gemelos. Hay otro, parecido a mí. A él también le conozco bien, sin embargo no lo conozco. Uno es de tierra, por lo tanto terrenal; el otro es un hijo de Dios".

 

"¿Qué hay de tu educación, Hércules, hijo mío? ¿Qué puedes hacer y cuánto te ha sido enseñado?”

 

"En todas las realizaciones yo soy experto; estoy bien enseñado, bien entrenado, bien guiado y soy bien conocido. Conozco todos los libros, tam­bién todas las artes y las ciencias; me son conocidos los trabajos del campo, además la destreza de aquellos que pueden permitirse viajar y conocer a los hombres. Me conozco a mí mismo como alguien que piensa, siente y vive".

 

"Una cosa, oh, Maestro, debo decirte y así no engañarte. El hecho es que no hace mucho yo maté a todos aquellos que me enseñaron en el pasado. Maté a mis maestros, y en mi búsqueda de la libertad, ahora estoy libre. Busco conocerme a mí mismo, dentro de mí mismo y a través de mí mismo".

 

"Hijo mío, eso fue un acto de sabiduría, y ahora puedes permanecer libre. Prosigue tu trabajo ahora, recordando como lo haces, que en el último giro de la rueda vendrá el misterio de la muerte. No olvides esto. ¿Qué edad tienes, hijo mío?”

 

"Dieciocho veranos habían pasado cuando maté al león, y de ahí que usé su piel. Asimismo a los veintiuno me encontré con mi desposada. Hoy estoy ante ti triplemente libre –libre de mis primitivos maestros, libre del temor al miedo y libre verdaderamente de todo deseo".

 

"No te vanaglories, hijo mío, sino demuéstrame la naturaleza de esta libertad que tú sientes. Nuevamente en Leo, te encontrarás con el león. ¿Qué harás? Otra vez en Géminis, los maestros a quienes mataste cruzarán tu senda. ¿Los has dejado atrás realmente? ¿Qué harás? De nuevo en Escorpio, lucharás con el deseo. ¿Permanecerás libre, o la serpiente te encontrará con sus engaños y te derribará en tierra? ¿Qué harás? Prepárate para probar tus palabras y tu libertad. No te vanaglories, hijo mío, demuéstrame tu libertad y tu profundo deseo de servir".

 

El Maestro se sentó en silencio y Hércules se retiró y enfrentó, el primer gran Portal. Entonces el que presidía que se sentaba en el Concilio de la Cámara del Señor, habló al Maestro y le ordenó llamar a los dioses para presenciar el esfuerzo e iniciar al nuevo discípulo en el Camino. El Maestro llamó. Los dioses respondieron. Vinieron y dieron sus dones a Hércules y muchas palabras de sabio consejo, conociendo las faenas que tenía por delante y los peligros del Camino.

 

Minerva le entregó una túnica, tejida por ella misma, una túnica que se ajustaba bien, de rara y fina belleza. Él se la puso con triunfo y orgullo, regocijándose en su juventud. Tenía que probarse a sí mismo.

 

Vulcano forjó para Hércules un pectoral de oro para proteger su corazón, la fuente de vida y fuerza. Este obsequio de oro era ceñido, y, así escudado, el nuevo discípulo se sentía seguro. Él tenía todavía que demostrar su fuerza.

 

Neptuno llegó con un par de caballos y se los entregó, atraillados, a Hércules. Ellos venían directamente del lugar de las aguas, de rara belleza y probada fuerza. Y Hércules se alegró, pues él todavía tenía que probar su poder para conducir a los dos caballos.

 

Con lenguaje agraciado y brillante ingenio llegó Mercurio, llevando una espada de raro diseño, que ofreció, en un estuche de plata, a Hércules. La ató en el muslo de Hércules, pidiéndole que la mantuviera afilada y brillante. "Debe dividir y cortar", dijo Mercurio, "y debe moverse con precisión y adquirida destreza". Y Hércules, con alegres palabras dio las gracias. Tenía todavía que demostrar su alardeada destreza.

 

Con sonido de trompeta y el ímpetu de la marcha brillaba el carro del Dios Sol. Apolo llegó y con su luz y encanto alegró a Hércules, dándole un arco, un arco de luz. A través de nueve anchos Portales abiertos debe pasar el discípulo antes que haya adquirido suficiente destreza para estirar ese arco. Le tomó todo ese tiempo para acreditarse como el arquero. Sin embargo, cuando el don fue ofrecido, Hércules lo tomó, seguro de su poder, un poder todavía sin demostrar.

 

Y así, se irguió equipado. Los dioses de pie alrededor de su maestro, y observando sus travesuras y su alegría. Él jugaba delante de los dioses, y mostraba sus proezas, alardeando de su fuerza. Repentinamente se detuvo y reflexionó largamente; luego dio los caballos a un amigo para que los sostuviera, la espada a otro y el arco a un tercero. Entonces, corriendo, desapareció dentro del bosque cercano.

 

Los dioses esperaron su regreso asombrándose perplejos ante su extraña conducta. Del fondo del bosque él salió sosteniendo en alto un garrote de madera cortado de vigoroso árbol vivo.

 

"Este es mi propio presente”, gritó, "nadie me lo dio. Puedo usar esto con poder. Oh, dioses, observad mis hazañas supremas”.

 

Y entonces, y sólo entonces, el Maestro dijo: "Sal a trabajar".

 

                        El tibetano

 

 

Elaboración del Mito

 

Llegamos ahora a una consideración de Hércules mismo. Es una historia sumamente interesante y que ha sido tratada por muchos escritores. La discusión en cuanto a los detalles de su vida, y la controversia en lo referente a la secuencia de los acontecimientos, no son parte alguna de nuestro objetivo. Los diversos relatos difieren en detalle, de acuerdo a la preferencia del historiador y pueden ser estudiados en las muchas historias clásicas y diccio­narios. Aquí sólo nos ocuparemos de los doce famosos trabajos, y de ellos leemos:

 

"Hércules, por la voluntad de Júpiter, estaba sujeto al poder de Euristeo, y obligado a obedecerlo en toda exigencia. Él consultó el oráculo de Apolo y se le dijo que debía estar subordinado por doce años a la voluntad de Euristeo, de acuerdo con las órdenes de Júpiter y que, después que él hubiera realizado los más célebres trabajos, debería ser llevado con los dioses".

 

Por lo tanto, se puso en camino y, como el discípulo bajo la dirección de su alma, emprendió los doce trabajos, ejecutando cada uno de ellos en uno de los signos del zodíaco. El, por lo tanto, representa a cada discípulo que busca caminar por el Sendero y demostrar su control sobre las fuerzas de su naturaleza, y asimismo representa el punto en el cual se encuentra ahora la humanidad.

 

Su nombre primitivo era Alcides, que fue cambiado por Hércules después que hubo sufrido una extraña experiencia, y antes que emprendiera sus trabajos. El nombre Hércules era originariamente Heracles, que significa "la gloria de Hera". Hera representa a Psique o el alma, por lo tanto, su nombre sintetizaba su misión, que era manifestar en trabajo activo en el plano físico la gloria y el poder de su innata divinidad.

 

Una de las antiguas escrituras de la India dice: "Dominando las ataduras de la vida llega el esplendor", y este dominio de la forma aprisionadora fue la gloriosa consumación de todas las empresas de Hércules. Se nos dice que tenía un padre divino y una madre terrenal y así, como con todos los hijos de Dios, encontramos emergiendo la misma simbología básica. Ellos simbolizan en su persona la esencial dualidad de Dios en manifestación de vida en forma, de alma en cuerpo, y de espíritu en materia. Esta dualidad es la gloria de la humanidad y también constituye el problema que cada ser humano tiene que resolver. Padre‑Espíritu y Madre‑Materia se juntan en el hombre, y el trabajo del discípulo es remover los lazos de la madre y así responder al amor del Padre.

 

Esta dualidad se pone también de manifiesto en el hecho de que él era uno de los gemelos. Nosotros leemos que un gemelo nació de un padre terrenal y el otro era el hijo de Zeus. Esta es la gran comprensión que llega a cada desarrollado y consciente ser humano. Él se encuentra consciente de los dos aspectos que se hallan en su naturaleza. Existe la bien desarrollada y altamente organizada personalidad a través de la cual se expresa habitualmente (mental, emocional y física), con sus tres partes coordinadas en una integrada unidad. Luego hay la naturaleza espiritual, con sus impulsos e intuiciones, su constante inclinación hacia las cosas vitales y divinas, y la consecuente lucha interior que resulta de esta dualidad comprendida. Hércules era el discípulo, viviendo en un cuerpo físico, pero capaz a veces, como San Pablo, de ser “llevado al tercer cielo", y tener trato con los seres divinos. En esta condición, tuvo visión del Plan, supo lo que tenía que hacer y percibió la realidad de la vida espiritual.

 

Hay también un pequeño hecho interesante en la historia de su vida que tiene un apoyo en esta misma verdad. Se nos dice que Hércules mató a su gemelo siendo aún una criatura. El no era más una entidad dividida, no era más una dualidad, sino que alma y cuerpo formaban una unidad. Esto indica siempre la etapa del discípulo. Ha hecho expiación y se sabe alma en cuerpo y no alma y cuerpo, y esta comprensión tiene ahora que iluminar todos sus actos. La historia relata que mientras estaba en la cuna, la robusta criatura mató dos serpientes, enfatizando nuevamente la dualidad. En este acto predijo el futuro en el cual demostró que la naturaleza física no controlaba más, sino que él podía estrangular a la serpiente de la materia y, que la gran ilusión no lo tenía más prisionero. Mató a la serpiente de la materia y a la serpiente de la ilusión. Si se estudia la simbología de la serpiente, encontra­remos que tres serpientes son descritas: una para la serpiente de la materia, otra para la ilusión y la tercera para la sabiduría. Esta última serpiente es descubierta sólo cuando las otras dos han sido muertas.

 

Este sentido de dualidad es la primera etapa de la experiencia espiritual e ilumina los pensamientos de todos los grandes aspirantes y místicos del mundo. Nótese cómo San Pablo exclama mientras lucha con el problema:

 

"Encuentro entonces una ley que, cuando quiero hacer el bien, el mal está presente conmigo".

 

"Pues yo me complazco en la ley de Dios en pos del hombre interior; pero veo otra ley en mis miembros, luchando contra la ley de mi mente, y llevándome a ser cautivo de la ley del pecado que está en mis miembros".

 

"Agradezco a Dios a través de Jesucristo nuestro Señor. Por lo tanto, con la mente yo mismo sirvo la ley de Dios; pero con la carne la ley del pecado". (Romanos, VI, 21‑25).

 

Se nos dice que, a medida que Hércules crecía, se puso mucho cuidado en su educación. Se le entrenó en todas las posibles realizaciones, y cada facultad que tenía fue desarrollada y organizada. ¿Qué lección debe aprender de esto? La necesidad de comprender que cada discípulo, si merece realmente ese nombre, debe ser necesariamente un miembro altamente desarrollado de la familia humana.

 

Las tres partes de su naturaleza deben ser desarrolladas; su mente estar bien provista y funcionando, y saber cómo usarla; su sensible naturaleza emocional ser bien obediente a todo tipo de contacto; su cuerpo físico ser un medio adecuado de expresión para el alma que mora en él, y debe estar equipado para emprender las tareas a las cuales el hombre mismo se ha comprometido.

 

Ha habido entre los aspirantes durante muchos siglos una tendencia a desacreditar y rebajar a la mente. Ellos son propensos a decir volublemente, "La mente es la asesina de lo real”, y, a través de una inercia y pereza no admitidas, sentir que lo importante es tener desarrollada la naturaleza del corazón. Ellos miran la mente, con su capacidad de analizar y discriminar, como una trampa y una ilusión. Pero esto seguramente es un error. El conocimiento de Dios es tan necesario y tan importante como el amor de Dios; y a esto la nueva era, con su nuevo tipo de aspirante lo demostrará con toda seguridad. La santidad, la dulzura y una grata, amorosa disposición, tienen su lugar en la suma total de las características del aspirante, pero cuando están ligadas a la estupidez y a una mentalidad no desarrollada, no logran ser tan útiles como podrían serio cuando van unidas a la inteligencia. Cuando están unidas a un alto grado intelectual y con poderes mentales orientados al divino conocimiento, ellas producirán ese conocedor de Dios cuya influencia llega a ser mundial y el cual puede amar y enseñar a su prójimo.

 

Por lo tanto, Hércules fue entrenado en todas las habilidades y pudo tomar su lugar con los pensadores de su tiempo. También se nos dice que su altura era de cuatro codos, una manera simbólica de expresar el hecho de que había logrado su completo crecimiento en todos los aspectos de su cuádruple personalidad. El hombre, se nos dice, es el cubo, “la ciudad cuadrangular". Física , emocional y mentalmente, él estaba desarrollado y a estos tres factores se agrega un cuarto, un alma en posesión consciente de su mecanismo, la personalidad desarrollada.

 

Habiendo alcanzado su crecimiento y sido entrenado en todo lo que el mundo podía darle, se nos dice después que él procedió a matar a sus maestros. Los asesinó a todos y se libró de ellos. ¿Por qué? Porque había alcanzado el punto donde podía mantenerse sobre sus propios pies, sacando sus propias conclusiones, conduciendo su propia vida, y manejando sus propios asuntos. Era necesario, por consiguiente, librarse de todos aquellos que buscaban supervisarlo; tenía que desprenderse de la autoridad y salir a encontrar su propio camino y hacer sus propios contactos con la vida. En esto es en lo que muchos aspirantes perseveran en este tiempo. Ellos están en posesión de mucha teoría, tienen un conocimiento técnico relativamente amplio de la naturaleza del Sendero y de lo que deberían hacer en él, pero todavía no se han parado sobre sus propios pies y hollado ese Sendero solos y sin apoyo. Ellos necesitan apoyos, y buscan gente que les diga qué deben hacer y en qué deben creer. Encontraremos que en el tercer trabajo que Hércules ejecutó en el signo de Géminis, fue puesto a prueba sobre este punto y tuvo que probar que estaba justificado por haber dado este paso. Hace entonces el interesante descubrimiento de que no es tan libre ni tan fuerte como, en su juvenil entusiasmo, se imaginaba ser.

 

Cuando alcanzó la edad de dieciocho años, se nos dice, que mató un león que estaba devastando la comarca y que empezó a realizar otros servicios, de suerte que, poco a poco, su nombre llegó a la gente. El dieciocho es siempre un número significativo. En él tenemos el número diez, que es el número de la perfección de la personalidad, más el número ocho, el cual, según algunos numerólogos, es el número de la fuerza de Cristo. Es la fuerza de Cristo en el nuevo ciclo del discipulado, buscando expresarse a sí misma, la que produce la condición de disturbio y las dificultades que caracterizan esa etapa. Es tal vez de valor hacer notar lo siguiente:

 

"El número ocho es el círculo que nosotros ya hemos encontrado que es el recipiente de todas las potencias de las cuales la Luz traerá Perfección, pero ahora retorcido y vuelto sobre sí mismo. La serpiente no se traga más su cola, completando así su círculo, sino que se tuerce y se retuerce en el espacio y de las contorsiones de su retorcimiento sale una imagen revertida de sí misma... Pero en el dieciocho tenemos la visión del Recto y Angosto Sendero: el Punto se ha desarrollado en el uno y ha llegado a ser el eje alrededor del cual gira nuestra vida. En este grado el Iniciado ha enfrentado esta divina verdad y sentido la poderosa urgencia de la Vida misma. De aquí en adelante él se esfuerza para hacer la línea retorcida (8) subordinada a la línea recta (1)". (La llave del Destino, H. A. y F. H. Curtiss, pp. 246‑247).

 

Es interesante hacer notar también que se nos dice en la Kabalah:

 

"El décimo octavo sendero es llamado la Casa de la Influencia... y del seno de la investigación son sacados los arcanos y el sentido oculto, los cuales moran en su sombra y que se adhieren a ella desde la causa de todas las causas". (Sefer Yetzirah, Nº 30).

 

Esto es lo que Hércules, a la edad de dieciocho años, está señalado para hacer. El debe hollar el Sendero sobre el cual todas las cosas ocultas pueden ser sacadas a la Luz; ha alcanzado el punto donde puede lograr el conocimiento de sí mismo y empezar a investigar las fuerzas ocultas de la naturaleza. Este es el problema de todos los discípulos.

 

El siguiente episodio en su carrera, es su casamiento y el nacimiento de tres hijos, es una forma simbólica de expresar la verdad de que él se unificó con Psique, el alma. De esa unión nacieron o empezaron a manifestarse los tres aspectos del alma. Empezó a conocer la naturaleza de la voluntad espiritual y a usarla para dirigir su vida. Experimentó los trabajos del amor espiritual y se volvió consciente de la necesidad de servir. La mente espiritual empezó a revelarle la verdad y él vio el propósito subyacente. Estas son las más altas correspondencias de los tres aspectos de la personalidad, su mente, su naturaleza emocional y su cuerpo físico.

 

Ahora lo descubrimos atravesando una etapa muy particular. Nosotros leemos en la historia antigua que Hera (Psique o el alma) le volvió loco. Le volvió loco a través de los celos y, mientras estaba en ese curioso estado, leemos que mató a sus hijos y a sus amigos y a todo el que estuviese conectado con él. ¿No puede ser sugerido con respecto a esto, que él pasó a través de ese estado insano común a todos los que empiezan el Sendero del Discipula­do, en el cual una malsana conciencia sacrifica a todos y a todo al desarrollo del alma individual? Esta es una de las faltas más comunes en los aspirantes. Su sentido de la proporción es frecuentemente equivocado y su sentido de los valores distorsionado. La vida equilibrada y sana, que es la ideal para un Hijo de Dios, está subordinada a una determinación fanática de hacer progresos espirituales. La ambición espiritual domina en el ánimo del aspirante que se vuelve destructivo, desequilibrado y comúnmente, muy difícil de vivir con él. Hay mucho sentido profundo en el mandato bíblico: "No seas justo en demasía, ¿por qué deberías morir?” Esta etapa está curiosamente ejemplificada para nosotros, en los fanáticos sacrificios hechos en oriente, y bajo la Inquisición, la Confesión Protestante, y de todos quienes interpreta­ban a la verdad, contraria a la convicción de un grupo particular de creyentes.

 

Cuando Hércules se hubo recuperado de su insanía, como afortunada­mente lo hizo, se le dio un nuevo nombre, asignó una nueva residencia y se le impusieron los doce trabajos para que los cumpliera. Se nos dice que le dijeron estas palabras: "De ahora en adelante tu nombre no será más Alcides sino Heracles. Morarás en Tirjus, y allí, sirviendo, cumplirás tus trabajos. Cuando esto se logre tú serás uno de los inmortales". (Mitología Griega y Romana, Vol 1 Fox). Habiendo recobrado su cordura, el enfoque de su vida cambió. No vivió más donde lo hacía antes. El nombre del alma se volvió su nombre, y se le recordó constantemente así, que expresar la gloria del alma era su misión. Los doce grandes trabajos que pondrían el sello de la realiza­ción sobre su vida, y que indicarían su derecho a unirse al grupo de los Inmortales, estaban trazados para él, y entonces entró en el Camino.

 

Hércules simbolizaba en su persona la Cruz Fija en los cielos, formada por las cuatro constelaciones; Tauro, Leo, Escorpio y Acuario. La tradición nos dice que él era físicamente de cuello grueso (como el toro), como así también psicológicamente obstinado y pronto a atacar cualquier problema y a acometer ciegamente cualquier empresa. Nada podía desviarlo de su propósito, y nosotros veremos cuando estudiemos los trabajos, que los acometió temera­riamente. Nada lo disuadía o lo atemorizaba, y categóricamente seguía su camino. El antiguo lema que ha gobernado las actividades de todos los discípulos activos, se volvió el suyo, y su alma disfrutaba en él la necesidad de "poder hacer, poder atreverse, poder ser silencioso y el poder de conocer". "El poder de hacer" es el lema de Tauro, y esto él lo ejemplifica en sus doce trabajos. Simboliza a Leo porque siempre usaba la piel de león como una prueba de su coraje, y siendo el lema de este signo "el poder atreverse", ningún peligro le atemorizaba y ninguna dificultad le hacía volver atrás.

 

Tal vez su hazaña sobresaliente fue la que ejecutó en el signo de Escorpio; pues el gran trabajo era vencer la ilusión. Fue consumado y completado en el signo de Escorpio. El lema de este signo es el silencio. En Capricornio se convierte en el Iniciado, y esta etapa es siempre imposible hasta que la ilusión ha sido vencida y el poder del silencio ha sido logrado. Por consiguiente, cuando niño, aún en la cuna, incapaz de hablar, simbolizó el alto nivel de su realización, estrangulando las dos serpientes. Luego, en su madurez, simbolizó en sí mismo a Acuario, el Hombre, cuyo lema es "saber". Él tenía una mente y usaba su intelecto en trabajo y servicio activos.

 

Así, haciendo y atreviéndose, en silencio y con conocimiento, venció todos los obstáculos y pasó sin desanimarse de Aries a Piscis; empezando en Aries como el humilde aspirante y terminando en Piscis como el omnisciente, victorioso Salvador del Mundo.

 

Aquí podríamos señalar algo. En la historia de Hércules no se nos cuenta lo que él dijo; sólo lo que hizo. A través de sus actos ganó el derecho de hablar. En la historia de ese gran Hijo de Dios, Jesús el Cristo, se nos dice no sólo lo que hizo sino también lo que dijo. En el silencio de Hércules y en su firme realización, sin importar qué fracaso y dificultad pudiera haber enfrentado, y en su poder de resistencia, se nos muestran las características del discípulo. En la historia de Jesús el Cristo, a través de la demostración de sus poderes y por las palabras que hablaba, tenemos las pruebas del Iniciado.

 

Y ahora habiendo alcanzado la madurez, habiendo desarrollado las características necesarias para su misión, leemos que los dioses y diosas hicieron todo lo posible por equiparlo para el trabajo que tenía que realizar. Había recibido todo lo que el mundo podía darle; ahora los poderes del alma le fueron conferidos, y tenía que aprender cómo usarlos. Leemos que Minerva le dio una hermosa túnica, pero, como nunca leímos que él la usara, podemos deducir que esto es algo simbólico. Hay muchos casos en la historia en que se entrega un manto: José recibió una vestidura de muchos colores de su padre; el manto de Elías descendió sobre Eliseo y la túnica de Cristo fue dividida y por ella se pelearon los soldados en la crucifixión. Es opinión general que la túnica es el símbolo de la vocación. La vocación de Elías habría pasado a Eliseo; la vocación del Cristo, el Salvador del Mundo, llegó a un fin en la crucifixión cuando Él emprendió un más grande y más importante trabajo.

 

La sabiduría que fue ahora obtenida por Hércules, porque había hecho contactos con el alma, imprimió en él un sentido de vocación. Estaba empeñado en la vida espiritual y nada podía disuadirlo. Vulcano le dio una coraza de oro, magnética y protectora, el símbolo de la energía emanada de las altas fuentes del poder espiritual, que capacitará al aspirante para emprender los doce trabajos y seguir adelante sin amedrentarse. De Neptuno, el dios de las aguas, recibió caballos. La simbología subyacente en este obsequio es muy interesante. Los caballos, como así también Neptuno, el dios de las aguas y la deidad de lo acuoso, la naturaleza emocional, representan la capacidad de ser arrebatado, ya sea por una línea de pensamiento o por una reacción emocional. Esta naturaleza emocional, fluídica, con su sensibilidad y su poder de sentir, cuando es usada correctamente y subordinada a los propósitos de Dios, es una de las más grandes posesiones que el discípulo tiene. Con la ayuda de Neptuno y los rápidos corceles, Hércules podía estar en contacto con la esfera más distante en la cual sus trabajos podían ser ejecutados. A través de la sensibilidad emocional y la respuesta, nosotros, también, pode­mos estar en contacto con el mundo en el cual nuestros trabajos son ejecuta­dos. Equipado, por lo tanto, con vocación, energía espiritual y sensibilidad, el obsequio de una espada que vino de Mercurio, el mensajero de los dioses es de profunda significación, pues la espada es el símbolo de la mente que divide en pedazos, separa y destruye. A través de su uso, Mercurio agrega a los otros dones conferidos a Hércules, el del análisis mental y la discrimina­ción. Se nos dice que Apolo, el mismo Dios Sol, se interesó en Hércules y reflexionó acerca de qué podría darle que le sirviera. Finalmente le dio un arco y una flecha, simbolizando la capacidad de ir rectamente a la meta; símbolo también de esa penetrante iluminación, que como una flecha de luz podría iluminar la oscuridad de su sendero cuando fuera necesario.

 

Así equipado, Hércules permanece listo para el gran esfuerzo. Y cuando todos los dones habían sido concedidos y él permanecía con su divino equipo, leemos acerca del más intrigante, pequeño detalle: salió y cortó para sí un garrote. Todos estos presentes divinos eran muy hermosos y magníficos, pero todavía no sabía cómo usarlos. Sentía su vocación, creía en la energía espiritual, se le dijo que poseía los caballos del contacto y que, si él quería, el arco y la flecha de la iluminación eran suyos; pero a él le agradaba la maza familiar de su propia invención. Prefería abrirse camino con lo que sabía que podría usar, antes que usar las herramientas no conocidas que se le habían dado. Por lo tanto empuñó su clava de madera y emprendió sus trabajos.

 

 

 

Trabajo 1.

 

La captura de las Yeguas Devoradoras de Hombres

 

 (Aries, 21 Marzo ‑ 20 Abril)

 

El Mito

 

El Primer gran Portal estaba abierto de par en par. Una voz llegó a través de ese portal: "Hércules, hijo mío, sal. Pasa por el Portal y entra en el Camino. Realiza tu trabajo y vuelve a mí, relatando el hecho".

 

Con gritos de triunfo Hércules se lanzó, corriendo entre los pilares del Portal con arrogante confianza y seguridad de poder. Y así el trabajo empezó y el primer gran acto de servicio había comenzado. La historia que ellos cuentan lleva consigo enseñanza para los hijos de los hombres, que son los hijos de Dios.

 

El hijo de Marte, Diómedes, de ardiente fama, gobernaba en la tierra más allá del Portal, y allí criaba los caballos y las yeguas de la guerra, en los pantanos de su tierra. Salvajes eran estos caballos y feroces las yeguas, y todos los hombres temblaban al oírlos pues asolaban por todas partes la tierra, produciendo gran daño, matando a todos los hijos de los hombres que cruzaban su camino y engendrando constantemente caballos más salvajes y malignos.

 

"Captura estas yeguas y detén estos actos malvados", fue la orden que llegó a los oídos de Hércules. "Ve, libera esta tierra lejana y a los que viven en ella".

 

"Abderis", gritó Hércules, "adelántate y ayúdame en esta tarea", llamando al amigo a quien amaba profundamente y quien seguía siempre sus pasos mientras iba de un lugar a otro. Y Abderis se adelantó y tomó su lugar al lado de su amigo y con él enfrentó la tarea. Trazando todos los planes con cuidado, los dos siguieron los caballos mientras recorrían las praderas y los pantanos de esa tierra. Finalmente arrinconó a estas yeguas salvajes dentro de un campo en donde no había más lugar para moverse, y allí las atrapó y las maniató. Luego dio un grito de alegría por el triunfo logrado.

 

Tan grande fue su deleite en la proeza así puesta de manifiesto que consideró por debajo de su dignidad agarrar las yeguas o conducirlas por el camino hacia Diómedes. Llamó a su amigo, diciendo: "Abderis, ven acá y conduce estos caballos a través del portal". Y entonces volvió la espalda y orgullosamente marchó hacia adelante.

 

Pero Abderis era débil y temía a la tarea. No pudo retener las yeguas, o ponerles los arneses o conducirlas a través del Portal tras las huellas de su amigo. Se volvieron contra él; le desgarraron y le pisotearon en el suelo; le mataron y escaparon a las más salvajes tierras de Diómedes.

 

Más prudente, desconsolado, humilde y desanimado, Hércules volvió a su tarea. Buscó de nuevo a las yeguas de lugar en lugar, dejando a su amigo agonizando sobre la tierra. Nuevamente atrapó los caballos y los condujo él mismo a través del Portal. Pero Abderis yacía muerto.

 

El Maestro lo examinó con cuidado y envió los caballos al lugar de reposo, para ser allí domados y reducidos a su faena. La gente de esa tierra, liberada del temor, dio la bienvenida a quien les había liberado, aclamando a Hércules como salvador de la tierra. Pero Abderis yacía muerto.

 

El Maestro se volvió hacía Hércules y dijo: "El primer trabajo está termi­nado; la tarea está hecha, pero mal hecha. Aprende la verdadera lección de esta tarea y luego pasa a otro servicio para tu prójimo. Sal a la región custodiada por el segundo Portal y encuentra y haz entrar al toro sagrado al Lugar Sagrado".

 

                                                                                                                      El tibetano

 

El Significado del Mito

 

Combinando esta historia astrológica y simbólica de la vida diaria y las pruebas del moderno discipulado, contaremos la historia de la tarea que emprendió Hércules, y la prueba a la cual el Rey Euristeo le sometió; y luego estudiaremos el significado del signo en el cual tuvo lugar, pues hay un vínculo estrecho entre los dos, y el trabajo sólo se hizo posible a causa de las características conferidas a Hércules en ese signo particular. Cada signo somete al hombre que está trabajando en él, a la influencia de ciertas fuerzas distintivas, y lo provee con ciertas tendencias. A éstas debemos comprender­las para que surja el significado de la prueba.

 

Conectadas con cada signo del zodíaco se encontrarán otras tres constelaciones, que simbólicamente (y a menudo de la manera más asombrosa) encarna el problema del discipulado e indican la solución. A éstas deberemos considerarlas, pues el trabajo, el signo, y las constelaciones aliadas con las fuerzas permiten libertad y a través de su combinación constituyen una historia completa que está llena de elementos instructivos. Me gustaría señalar en beneficio de la claridad, por lo tanto, que las constelaciones simbolizan el triple aspecto del espíritu; que el signo nos da el campo de actividad del alma, y que la obra retrata el trabajo del discípulo, viviendo en el plano físico y esforzándose por demostrar en el campo de batalla del mundo, su innata divinidad y sus poderes latentes. En estos tres tenemos espíritu, alma y cuerpo resumidos. La vida, la conciencia y la forma se reúnen en Hércules, el yo personal, quien, actuando bajo la influencia del alma, el Cristo morador, lleva a cabo los propósitos del signo y las constelaciones, y cerraremos cada capítulo con la aplicación definida de la historia de la prueba a la vida de un discípulo y a la de la humanidad en conjunto.

 

Estudiando los doce trabajos, seguimos la carrera de Hércules a medida que él pasa alrededor del zodíaco desde el signo de Aries, que es el signo del comienzo, a través de Tauro, Géminis, etc. (en sentido inverso a las agujas del reloj) hasta Piscis, el signo de la muerte y la consumación. Esto será de manera inversa a la del aparente sendero del sol (en el sentido de las agujas del reloj) que ha empezado en Aries y parece luego retroceder a través de los signos, pasando a Piscis, y luego a Acuario, y así sucesivamente a través de todos los signos intermedios, volviendo nuevamente a Aries. El hombre que está inmerso en la forma y está viviendo bajo la influencia del aspecto materia, sigue necesariamente el sendero de la ilusión y de las apariencias; pero Hércules, el alma, sigue el verdadero Camino, invierte el procedimiento habitual y, figuradamente hablando, ya contra la corriente. Hércules, el alma despierta, está comprendiendo el día de la oportunidad. Ha recibido sus instrucciones para emprender los doce trabajos y demostrar sus capacidades, y se le ha prometido que si cumple los requerimientos, será trasladado al reino de los dioses. Ha sido equipado con todos los poderes divinos, sin embargo, hasta ahora, no sabe cómo usarlos, y ha cortado para sí mismo el garrote con su propio esfuerzo, y con éstos simbólicamente asciende a la cruz: la cruz fija de los cielos, en la cual permanece en espíritu hasta que el último trabajo haya sido realizado.

 

Así emprende su primer trabajo, comprendiendo poco la magnitud de su tarea, y no preparado para el fracaso. La parte encantadora de la historia de Hércules es su impulsividad y el hecho de que no siempre fuera triunfador. Fracasó a veces y tuvo que rehacer el trabajo hasta que el triunfo siguió a sus esfuerzos.

 

Se le dijo que Diómedes, el hijo de Marte, el dios de la guerra, poseía un gran número de yeguas madres, que estaban corriendo salvajes, devastando la comarca, haciendo mucho daño y sustentándose de la carne de seres humanos. Nadie estaba a salvo de ellas y el terror se había asentado en la vecindad. Además de esto, estas yeguas madres estaban engendrando, gran cantidad de caballos de guerra, y Diómedes se sentía muy intranquilo con el resultado de la situación. Euristeo, el Rey, le ordenó a Hércules capturarlas. Muchos intentos se habían realizado para ello, pero siempre las yeguas habían escapado después de matar a los caballos y hombres enviados contra ellas. Pero Hércules, habiendo tomado a los caballos se los dio a tener a Abderis, mientras él se pavoneaba, no dándose cuenta de la fuerza de los caballos, de su salvajismo. Antes que él pudiera dar un paso para impedirlo, las yeguas se volvieron contra Abderis y lo pisotearon hasta la muerte, escaparon de nuevo y empezaron otra vez a asolar la comarca. Por lo tanto, él tuvo que empezar todo su trabajo de nuevo, y después de tenaces esfuerzos consiguió capturar las yeguas. El primer trabajo, por consiguiente, empieza con un parcial fracaso, como es tan a menudo el caso del aspirante falto de experien­cia e impetuoso. Tal es la historia, breve, dramática y alentadora. ¿Qué podemos decir del signo en el cual fue emprendida?

 

El Signo

 

    Del signo de Aries, que fue el campo de la primera actividad, se ha hablado siempre como del primer signo del zodíaco. En este signo la gran rueda empieza su vuelta cíclica. Es, por consiguiente, el signo del comienzo. Cós­micamente hablando, es el signo de la creación, y este pensamiento subyace en las palabras de la Biblia. "El Cordero muerto desde la fundación del mundo" (Apocalipsis o Libro de la Revelación XIII, 8) pues este signo es llamado el signo del Carnero o del Cordero. En la vida del ser humano marca el principio de la subjetiva y latente, conciencia de la existencia, y el comienzo del ser humano en el círculo de la experiencia. En la vida del aspirante al discipulado él connota el período de reorientación y de un renovado esfuerzo autoconsciente, y su comienzo en esta etapa final del sendero evolutivo que lo llevará fuera del reino humano y lo capacitará para realizar la transición al reino de los dioses. Tal es la promesa hecha a Hércules y la recompensa ofrecida a todos los discípulos. Este primer trabajo marca el primer paso sobre el "sendero de traslación".

 

Aries es el signo del poder que emana del fluir evolutivo de la divina energía, desde la deidad central, Dios, o desde el ser humano, un hijo de Dios Esta energía fluye hacia afuera en dos direcciones (así el punto se vuelve la línea y el Uno se vuelve el primero): fluye dentro del mundo de las formas y también dentro del mundo del ser o del espíritu. Una corriente de energía expresa el sendero de regreso, el introspectivo, y las dos juntas constituyen los dos arcos del gran círculo de la existencia. En este signo empieza el sendero en el cual se toma la forma y se la domina; en él asimismo empieza la vida del desarrollo interior y la dominación del alma, o del ser subjetivo. Reorganización, reorientación, repolarización y rege­neración, son las características de esta etapa, y todas ellas son expresio­nes de la misma fuerza vital. Los dos usos de esta fuerza dependen de la atención mental del ser, divino y humano que la está utilizando. Es la misma fuerza, pero usada de dos maneras diferentes, dependiendo de si el divino utilizador ha enfocado su atención sobre si tomar forma, u hollar el sendero de la liberación de la forma.

 

Durante eones, esta fuerza vital ha sido aplicada a fines egoístas, a propósitos de autogratificación y a la satisfacción del deseo. Poco a poco la vida de la forma pierde su atractivo, hasta que habiendo pasado una y otra vez alrededor de la rueda zodiacal, el hombre se encuentra de vuelta nuevamente en Aries, sólo que esta vez con un nuevo enfoque, un nuevo interés y una visión diferente. Ha visto ante sí la promesa de que, habiendo logrado ciertos objetivos, puede cesar de encarnar y alcanzar el reino de los dioses; ha aprendido por experiencia algo de su propia dualidad esencial, y anhela dejar de satisfacer el aspecto inferior de esta dualidad y encontrar la necesidad del aspecto superior, y está empezando a responder a los impulsos que vienen del mundo de las almas, y a prever los fines y objetivos del grupo. Ahora tiene que aprender a usar la fuerza vital con propósito desinteresado, y no para la satisfacción de sus apetitos personales.

 

Los Tres Impulsos Iniciales de Aries

 

Tres impulsos sobresalientes caracterizan este signo. Hay, como hemos visto, el impulso de empezar. Esto puede expresarse simplemente como el impulso de tomar forma, de involucrarse en la materia; o puede invertirse el proceso y enfocarse en el impulso de lograr la liberación de la forma, y el surgimiento del alma de la prisión de la naturaleza de la forma. Luego este impulso es seguido por el consecuente impulso de crear, esa actividad de la Deidad que resulta en la formación de mundos de expresión y satisface su deseo de encarnar en un sistema solar, y empezar el gran ciclo vital del universo. Puede ser asimismo el impulso a la creación individual, del alma a tomar un cuerpo, o de un ser humano a crear algo que será especialmente suyo. En los antiguos días de Accadia, este signo Aries era llamado aquel "en donde se hizo el sacrificio de rectitud", o el signo de “los ángeles caídos". Los hijos de Dios, impelidos por este impulso básico, cayeron desde su alta condición, tomaron forma, y empezaron su individual condición, tomaron forma, y empezaron su individual revolución alrededor del zodíaco.

 

En tercer lugar, encontramos el impulso a la resurrección. En Aries, que ha visto el principio de la forma vital y en el cual se ha iniciado el trabajo creativo empieza a sentirse el impulso de liberarse de la forma, de apartar la piedra de la puerta del sepulcro del alma, y permanecer en la libertad de los hijos de Dios. En Aries se encuentra el impulso que conduce al edificio de la forma, que durante eras constituirá la prisión del alma. Esto alcanza su forma de masa en Cáncer, y su forma humana en Leo; la forma en su punto más denso de ilusión se alcanza en Escorpio, y en Piscis la forma muere, sólo para ser reconstruída nuevamente en la fatigosa vuelta de la experiencia de la forma. Pero en este signo el Camino de la Liberación se siente por primera vez, y la construcción del cuerpo espiritual ha empezado. Este es el signo de germinativa actividad espiritual, la que más tarde conduce al nacimiento del Cristo niño, en Virgo, al del Salvador del mundo en Capricornio y en Piscis. Principio físico y principio espiritual, creación física y creación espiritual, surgimiento físico y liberación espiritual: estos son los impulsos iniciales sentidos en Aries.

 

Es el signo, por lo tanto, de los impulsos fuertes y potentes, y de las violentas fluctuaciones y exagerados esfuerzos; a menudo un signo de fracaso, pero siempre de éxito final. En su signo opuesto, Libra, él alcanza su consumación de armonía y de equilibrio, pues la experiencia interviniente y las lecciones aprendidas de los cinco trabajos intermedios, logran esa serenidad y actitud equilibrada que notaremos en Hércules cuando captura el jabalí, en Libra...

 

En el zodíaco brahmánico, Vishnú gobierna Aries y Vishnú es la segunda persona de la Trimurti (Trinidad) hindú, o el Cristo cósmico encarnado, cuando inicia el proceso de tomar forma, y últimamente realiza el episodio final de la resurrección. Así Vishnú o Cristo encarna los dos impulsos, el impulso de crear y construir forma y el impulso a la liberación, o resurrección fuera de la forma. Es bajo este impulso a la liberación que Hércules emprende sus trabajos.

 

El Signo de la Mente

 

Aries gobierna la cabeza. Es por consiguiente, el signo del pensador y, por lo tanto, un poderoso signo mental. Todos los principios se originan en el plano mental y en la mente del creador, ya sea que este creador sea Dios o el alma del hombre. Este universo tuvo su origen en el pensamiento de Dios, el Pensador cósmico. El alma empezó su carrera dentro de la materia a través del mismo proceso del pensamiento. La familia humana, el cuarto reino en la naturaleza, se formó cuando la mente surgió y diferenció al hombre de los animales. El aspirante empieza sus trabajos cuando llega a ser verdaderamen­te pensador, y en pleno conocimiento procede a actuar como el árbitro de su propio destino...

 

Está claro, por lo tanto, que en Aries la dirección justa y la justa orientación tienen su principio, y Hércules, el discípulo de recién adqui­rida reflexión, empieza su trabajo. La llave de este trabajo y del significado del signo se puede encontrar en las palabras de una antigua escritura india: "El hombre no conoce bien el camino hacia el mundo celestial, pero el caballo sí lo conoce bien". En los muy antiguos días en la India, el sacrificio del caballo estaba ligado con el dios sol. Anualmente, el dios‑sol, como el caballo del zodíaco, suponían los arios védicos que moría para salvar a todo el género humano. El carro del sol de Apolo es decripto como tirado por caballos, y el "magnífico signo del Carnero" está estrechamente conectado con la simbología del caballo, un hecho del cual este primer trabajo da testimonio.

 

La referencia a los libros de simbología nos mostrará que el caballo ocupa la posición de la actividad intelectual. El caballo blanco simboliza la mente iluminada del hombre espiritual, y así nosotros encontramos en el Libro de la Revelación o Apocalipsis de San Juan que Cristo avanza montando un caballo blanco. Los caballos negros representan la mente inferior, con sus ideas falsas y sus errados conceptos humanos. Las yeguas madres, tales como las encontramos en el primer trabajo, indican el aspecto femenino de la mente cuando da nacimiento a las ideas, a las teorías y a los conceptos. La tendencia de la mente a formar pensamientos está aquí simbolizada, encarnando las ideas concebidas, las cuales son desatadas sobre el mundo, devastando y destruyendo cuando emanan de la mente inferior, pero construyendo y salvando cuando vienen del alma.

 

El gobernante exotérico de este signo es Marte, el dios de la guerra, y así Hércules, actuando bajo la justa dirección del pensamiento y empezando su trabajo en el plano mental, toma su posición como el guerrero. Su característica sobresaliente en este signo es su espíritu pionero y militante. Las yeguas estaban en posesión de Diómedes, el hijo de Marte. (Pero el gobernador esotérico es Mercurio, que "ilumina la mente y media entre el alma y la personalidad").

 

Las Constelaciones en Aries

 

Como es usual, hay tres constelaciones conectadas con Aries. Primero, está Casiopea, la Reina Entronizada, siempre el símbolo de la materia. Es de lo más interesante observar cómo en el círculo del zodíaco nos encontramos con tres mujeres. Con respecto a Aries, el signo del comienzo, hallamos a Casiopea, la Mujer Dominante. La Mujer y el Niño y, como veremos luego, la madre‑materia es la nodriza del Cristo niño, la Virgen María da nacimiento a Jesús. En Piscis, en la terminación del gran círculo, encontramos a Andró­meda, la Mujer Encarnada. Primero la mujer entronizada y dominante, luego la mujer cuidando del niño Cristo, y después la mujer representando la materia que ha sido dominada y controlada. Encontraremos a Casiopea sentada en el Círculo Artico, cercana a Cefeo el Rey, o Legislador, a quien encontraremos luego como a una de las tres constelaciones en Piscis. Al comienzo, la Ley: al final, la Ley; pues Cefeo tiene una relación estrecha con el primero y con el último signo del zodíaco. Es interesante observar que Mahoma, el fundador de la religión más combatiente, nació en este signo, y la leyenda dice que Moisés, también nació en él; Moisés, el legislador, y Mahoma, el guerrero.

 

El problema de Hércules, cuando emprende sus trabajos, es demostrar su poder sobre la materia y la forma, y así tiene que reconocer a Casiopea desde el mismo comienzo, la hasta ahora entronizada reina.

 

La segunda constelación es Ballena, el Monstruo del Mar, el Enemigo de los Peces Pequeños... uno de los grandes símbolos del alma es el pez nadando en el océano de la materia, y la Ballena, el monstruo del mar, es el símbolo de lo que llamamos el mal, que busca destruir el alma encarna­da. El monstruo del mar, en el océano de la existencia, y la reina entroni­zada, hablan a Hércules de la magnitud de su problema, pero la tercera constelación le habla de victoria. Perseo es la tercera de las tres constela­ciones, llamado en el zodíaco de Dederah, en Egipto, "el que somete"; llamado a veces, "el quebrantador”, aquel que puede encadenar a la mujer entronizada, y que puede conquistar al monstruo. Se nos dice que Perseo poseía el casco de la invisibilidad, las sandalias de la velocidad, el escudo de la sabiduría, y la espada del espíritu. Así Hércules se veía a sí mismo reflejado en los cielos, y cuando empezó la captura de las yeguas devora­doras de hombres, descubrió en sí mismo la garantía de su logro funda­mental, aún cuando en ese momento las dificultades con las cuales se enfrentó parecían insuperables.

 

El Misterio de la Prueba

 

     La conquista de la materia y la superación de la ilusión se destacaron amplios ante Hércules e indicaban desde el mismo principio de los doce trabajos, la naturaleza de su logro final. Se ha dicho que el principio fundamental del signo Aries es la esperanza y, mientras él enfrentaba sus doce trabajos, la esperanza era toda la garantía que Hércules tenía entonces de que saldría victorioso. La esperanza, su no experimentado divino equipo, su clava personal, y mucho entusiasmo: así empiezan todos los discípulos.

 

     El significado de la prueba es ahora seguramente sencillo. Hércules tenía que empezar en el mundo del pensamiento a ganar control mental. Durante eras las yeguas madres del pensamiento habían estado engendrando caballos guerreros y, a través de los pensamientos equivocados, palabras equivocadas e ideas erróneas, habían estado devastando la comarca. Una de las primeras lecciones que cada principiante debe aprender, es el tremendo poder que mentalmente maneja, y la cantidad de daño que puede causar en su vecindad, y en su medio ambiente a través de las yeguas madres de su mente. El tiene, por consiguiente, que aprender el uso correcto de su mente, y la primer cosa que debe hacer es capturar este aspecto femenino de la mente y ver que no sean engendrados más caballos de guerra. Cualquier aspirante a Hércules puede fácilmente probar que posee estas devastadoras yeguas madres, si por un día entero pone cuidadosa atención a sus pensamientos y a las palabras que habla, que son siempre el resultado del pensamiento. Descubrirá rápi­damente que el egoísmo, la falta de bondad, el amor a la murmuración y la crítica, constituyen gran parte del contenido de su pensamiento y que las yeguas madres de su mente están constantemente siendo fertilizadas por el egoísmo y la ilusión. Estas yeguas madres, en lugar de dar nacimiento a ideas y conceptos que tienen su origen en el reino del alma, y en vez de ser fertilizadas desde el reino espiritual, se vuelven las madres del error, la falsedad y la crueldad, las que tienen su origen en el aspecto inferior de la naturaleza del hombre.

 

Hércules se dio cuenta del daño que las yeguas madres estaban haciendo. Se precipitó valerosamente al rescate de sus vecinos. Se determinó a capturar las yeguas madres, pero se sobrestimó a sí mismo. Tuvo éxito en reunirlas y capturarlas, pero fracasó en darse cuenta de la potencia y fuerza de ellas; por lo tanto, se las entregó a Abderis, el símbolo del yo personal inferior, para retenerlas. Pero Hércules, el alma, y Abderis, la personalidad, al unísono se necesitaban para guardar a esos caballos devastadores. Abderis solo no era suficientemente fuerte, y lo que había estado ocurriendo a la gente de la vecindad, le ocurrió a Abderis; ellos lo mataron. Este es un ejemplo del trabajo de la gran ley, que pagamos el precio en nuestras propias naturalezas de las palabras erradas y de las acciones malignas.

 

De nuevo el alma, en la persona de Hércules, tenía que ocuparse del problema del pensamiento erróneo y sólo cuando él llega a ser un aspirante unidireccional en el signo de Sagitario y en ese signo mata los pájaros devoradores de hombres, entonces realmente logra un completo control del proceso del pensamiento, de su naturaleza.

 

El significado práctico del poder del pensamiento, ha sido bien expresado para nosotros en las palabra de Thackeray: "Siembra un pensamiento, y cosecha una acción. Siembra una acción, y cosecha un hábito. Siembra un hábito, y cosecha un carácter. Siembra un carácter y cosecha un destino".

 

(Las dos palabras‑claves del signo Aries son:*

 

1.      "Y la palabra dijo: Que la forma sea buscada nuevamente”.

                                                                                                           El Hombre

 

           2.  "Surjo, y desde el plano de la mente, rijo".          

                El discípulo

 

 

* (De Astrología Esotérica. Volumen III del Tratado sobre los Siete Rayos. Recibido tres años después que A.A.B. dio las conferencias sobre Hércules en Nueva York).

 

 

 

Trabajo 2

 

La Captura del Toro de Creta

 

(Tauro, 21 de Abril ‑ 20 de Mayo)

 

 

El Mito

 

Aquel que preside habló al Maestro del hombre cuya luz brillaba entre los hijos de los hombres, que son los hijos de Dios.

 

"¿Dónde está el hombre que se mantuvo con poder delante de los Dioses, recibió sus dones y entró por el primer portal abierto de par en par para trabajar en su tarea?"

 

"El descansa, oh, Gran Presidente, y reflexiona acerca de su fracaso, se lamenta por Abderis, y busca ayuda dentro de sí mismo".

 

"Está bien. Los dones del fracaso garantizan el éxito, cuando son correctamente comprendidos. Que proceda a trabajar una vez más, que entre por el segundo Portal, volviendo prontamente".

 

El segundo Portal estaba abierto de par en par, y desde la luz que velaba la escena distante, una voz emergió y dijo: “Pasa a través del Portal. Sigue tu camino. Realiza tu trabajo y vuelve a mí, informándome sobre el hecho".

 

Solo y triste, consciente de la necesidad y consumido por profunda pena, Hércules pasó lentamente entre los pilares del Portal a la luz que brillaba donde estaban los toros sagrados. En el horizonte se levantaba la hermosa isla donde moraba el toro, y donde hombres arrojados podrían entrar en ese vasto laberinto que los atraía hasta el aturdimiento, el laberinto de Minos, Rey de Creta, el guardián del toro.

 

Cruzando el océano hacia la soleada isla (aunque no se nos dice cómo) Hércules emprendió su tarea de buscar y encontrar al toro, y conducirlo al Lugar Sagrado donde moran los hombres de un solo ojo. De un lugar a otro persiguió al toro, guiado por la fulgurante estrella que brillaba sobre la frente del toro, una brillante lámpara en un sitio oscuro. Esta luz, moviéndose a medida que el toro se movía, lo conducía de un lugar a otro. Solo, buscaba al toro; solo lo perseguía hasta la guarida; solo lo capturó y montó sobre su lomo. A su alrededor permanecían las Siete Hermanas estimulándole en su camino y, en la resplandeciente luz, él conducía al toro a través de la brillante agua hacia la isla de Creta sobre la tierra donde moraban los tres Cíclopes.

 

Estos tres grandes hijos de Dios esperaban su regreso, vigilando su pro­greso a través de las olas. Él condujo al toro como si éste fuera un caballo, y con las Hermanas cantando a medida que marchaba, lo acercó a la tierra.

 

“Viene con fuerza", dijo Brontes, y fue a encontrarlo en la ribera.

 

"Conduce en la luz", dijo Steropes, “su luz interior será más brillante”, luego se avivó la luz en repentina llama.

 

"Viene deprisa", dijo Arges, "está conduciendo a través de las olas".

 

Hércules se acercó, empujando al toro sagrado sobre el camino, arrojando la luz sobre el sendero que conducía de Creta al Templo del Señor, dentro de la ciudad de los hombres de un solo ojo. Sobre la tierra firme, a la orilla del agua, estos tres se pararon y se apoderaron del toro, quitándoselo así a Hércules.

 

"¿Qué tienes tú aquí?, dijo Brontes, deteniendo a Hércules sobre el camino".

 

“El toro sagrado, oh, Dios".

 

“¿Quién eres tú? Dinos ahora tu nombre", dijo Steropes.

 

“Yo soy el hijo de Hera, un hijo de hombre y sin embargo un hijo de Dios. He realizado mi tarea". "Lleva ahora el toro al Lugar Sagrado y sálvalo de una esperada muerte, Minos deseaba su sacrificio".

 

“¿Quién te dijo que buscaras y salvaras así al toro?”, dijo Arges, moviéndose hacia el Lugar Sagrado.

 

"Dentro de mí sentí el impulso y busqué a mi Maestro. Ordenado por el Gran Presidente, Él me envió al Camino, y con larga búsqueda y muchos dolores, encontré al toro. Ayudado por su sagrada luz, lo conduje a través del divino mar a este Lugar Sagrado".

 

"Ve en paz, hijo mío, tu tarea está hecha".

 

El Maestro lo vio venir y salió a su encuentro en el Camino. A través de las aguas llegaban las voces de las Siete Hermanas, cantando alrededor del toro, y más cerca aún el cántico de los hombres de un solo ojo dentro del Templo del Señor, en lo alto del Lugar Sagrado.

 

"Viniste con las manos vacías, oh, Hércules", dijo el Maestro.

 

"Tengo estas manos vacías, porque he cumplido la tarea a la cual fui asignado. El toro sagrado está a salvo, en lugar seguro con los Tres. ¿Y ahora qué?”

 

"Dentro de la luz tu verás luz; camina en esa luz y allí ve la luz. Tu luz debe resplandecer más brillante. El toro está en el Lugar Sagrado".

 

Y Hércules se tendió sobre la hierba y descansó de su trabajo. Luego el Maestro se volvió hacia Hércules y dijo: "El segundo trabajo está cumplido, y la tarea fue fácil. Aprende de esta tarea la lección de la proporción. Fuerza para realizar la ardua tarea; buena voluntad para hacer la tarea que no somete a esfuerzo tus poderes; así son las dos lecciones aprendidas. Levántate pronto y busca la región, guardada por el tercer Portal, y encuentra las manzanas de oro. Tráemelas aquí.

 

                                                                                                          El tibetano

 

 

El significado del Trabajo

 

A pesar de un parcial fracaso inicial, Hércules ha hecho su comienzo. De acuerdo con la ley universal ha empezado su trabajo en el plano mental.

 

En la ejecución del plan creativo, el impulso del pensamiento es seguido por el deseo. Ese estado de conciencia, al que llamamos mental, es seguido por el estado de sensibilidad, y este segundo trabajo se ocupa del mundo del deseo y de la potencia del deseo. Es uno de los más interesantes trabajos que nos es relatado con amplios detalles. Algunos de los relatos hechos de las varias pruebas a las cuales Hércules estuvo sujeto, son excesivamente frag­mentarias y breves en su esbozo, pero las pruebas en Tauro y Géminis, en Escorpio y Piscis, son relatadas más extensamente. Fueron drásticas en su aplicación y sometieron a prueba cada parte de la naturaleza del aspirante.

 

La clave del trabajo en Tauro es la correcta comprensión de la ley de Atracción. Esta es la ley que gobierna esa fuerza magnética y ese principio de coherencia que construye las formas a través de las cuales Dios, o el alma, se manifiesta. Ella produce la estabilidad que se demuestra en la persistencia de la forma durante todo su ciclo de existencia, y concierne a la interrelación entre lo que construye la forma y la forma misma; entre los dos polos, positivo y negativo; entre espíritu y materia; entre el Yo y el no‑Yo; entre macho y hembra, y así entre los opuestos.

 

Cuatro Palabras Simbólicas

 

Encontramos que esta prueba atañe predominantemente al problema del sexo. Hay cuatro palabras en el lenguaje inglés que son ideográficas y simbólicas. Ellas constan de tres letras cada un y son como sigue: God (Dios), Sex (Sexo), Law (Ley) y Sin (Pecado). En estas cuatro palabras hallamos expre­sada la suma de todo lo que es.

 

God (Dios), la suma total de todas las formas, la suma total de todos los estados de conciencia, y de la vida energizante. Sex (Sexo), esa vida en funcionamiento, atrayendo al espíritu y la materia e instituyendo la sección recíproca entre lo objetivo y lo subjetivo y entre lo exotérico y lo esotérico. Sex (Sexo), deseo, atracción, el instintivo impulso a la creación, el influjo del alma, la atracción de la materia por el espíritu: todas estas frases pueden ser acumuladas para expresar algunas de las actividades del Sexo en sus variadas relaciones. Law (Ley), la respuesta impulsada por el pensamiento de Dios hacia la forma; los hábitos instituidos por la eterna acción recíproca ente los polos opuestos que han sido reconocidos por la humanidad como las leyes inevitables de la naturaleza; el impulso de la voluntad de Dios y la huella de esa voluntad sobre la forma y su reconocimiento por el hombre. Sin (Pecado), según su connotación, significa "el que es", la rebelión de la unidad contra el todo, la individualidad contra el grupo, egoísmo en vez de interés universal.

 

Así es la historia del universo escrita para nosotros en estas cuatro palabras God (Dios), el Todo; Sex (Sexo), la atracción entre las partes dentro de ese Todo; Law (Ley), la condición de vivir del Todo; y Sin (el Pecado), la rebelión de la unidad en el Todo.

 

La Historia del Trabajo

 

Minos, Rey de Creta, poseía un toro sagrado, al que guardaba en la isla de Creta. Euristeo mandó a buscar a Hércules y le dijo que era necesario capturar al toro y traerlo desde la isla a la tierra firme. No fueron dadas instrucciones de cómo debía ser ejecutado esto, y todo lo que Hércules sabía era que el toro era sagrado, que había nacido del mar, y que su destino era ser ofrecido en sacrificio a Minos. Hércules, por lo tanto, viajó a Creta y buscó por toda la isla, persiguiendo al toro de lugar en lugar hasta que por último lo acorraló. Entonces, se nos relata, que él condujo al toro como si fuera un caballo, al otro lado de la isla y a través de las aguas que separaban a Creta de la tierra firme, y así lo trajo a la ciudad de los cíclopes. Estos cíclopes eran seres peculiares de quienes se afirmaba que poseían sólo un ojo colocado en el medio de la frente. Eran gobernados por tres figuras sobresalientes, cuyos nombres eran Brontes, que significa trueno, Steropes, que significa relámpa­go, y Arges, que significa actividad remolineante. Cuando Hércules llegó con el toro a las puertas de la ciudad, se encontró con los tres cíclopes, quienes recibieron de él al toro sagrado y se hicieron cargo de él. Y así terminó el segundo trabajo.

 

El Tema de la Iluminación

 

Tauro es una de las más interesantes constelaciones zodiacales, especial­mente en este tiempo. Es la Cruz Fija en los cielos, la Cruz del Discípulo, y el siguiente resumen es de interés en esta relación:

 

"Del cielo se habla místicamente como del Templo, y la conciencia eterna de Dios. Su altar es el sol, cuyos cuatro brazos o rayos representan las cuatro esquinas de la cruz cardinal del universo, que han llegado a ser los cuatro signos fijos del zodíaco, y como los cuatros signos de poderosos animales sagrados, son a la vez cósmicos y espirituales, ellos representan los elementos básicos asemejándose a nuestros principios humanos. El signo de Leo representa el fuego o el espíritu; Tauro, la tierra o el cuerpo; Acuario, el aire o la mente; y Escorpio representa el agua asemejándose al alma. Leo, como el león, es la fuerza de la naturaleza inferior, y es la serpiente de la fuerza, que vence si es dirigida hacia arriba. Tauro, el toro, es siempre el símbolo de la fuerza creativa. Acuario, el hombre, es el que trae la luz o portador de la luz. Escorpio, el escorpión, es a menudo transmutado en Aquila, el águila... que se levanta al mismo tiempo que Escorpio; están estrechamente ligados en simbolismo. Escorpio es “el monstruo de la oscuridad”, que pica hasta la muerte, y sin embargo se mantiene, y reproduce, simbolizando no sólo generación sino regeneración. Como este Aquila, el águila, el pájaro del sol que ha conquistado el lado oscuro de Escorpio (ese adversario que puede arrastrar al hom­bre más bajo que las bestias), pero cuando es transmutada es el águila de la luz, que puede elevarse por encima de los dioses”.

El Barco Celestial del Norte, Vol. 1. (E. V. Straiton).

 

El "ojo del toro" en Tauro, la magnífica estrella fija, Aldebarán, es una de las razones por las cuales se considera a esta constelación, como confiriendo iluminación. Antiguamente era Ramada la estrella guía de los cielos, y Tauro ha sido siempre relacionado con la luz y, por lo tanto, con Cristo, quien se proclamaba a sí mismo como la luz del Mundo. La Luz, la iluminación y el sonido, como una expresión de la fuerza creativa: éstas son las tres ideas básicas relacionadas con esta constelación. El "intérprete de la voz divina", como era llamado Tauro en el antiguo Egipto, puede ser parafraseado en la terminología cristiana y ser llamado "el Verbo hecho carne". Es un intere­sante detalle incidental en el poder de las influencias zodiacales, recordar que la linterna del ojo del toro puede ser rastreada hasta el ojo del toro en Tauro, y el toro pontificial, o las enunciaciones papales que eran consideradas como intérpretes de la voz de Dios, es un término de uso común hoy en día.

 

Bien se podría preguntar aquí: ¿De qué manera ha llegado a ser Tauro el toro, el portador de la iluminación? Se nos dice que en este signo la luna es glorificada y Venus es el soberano. La luna siempre ha sido mirada, desde el punto de vista de los esoteristas, y entre los pueblos primitivos dedicados a la agricultura, como el aspecto constructor de formas. La luna es el símbolo, por lo tanto, de la materia y es vista en muchas de nuestras iglesias, estrechamente relacionada con la Virgen María.

 

La consumación del trabajo que es emprendido en Tauro, y el resultado de la influencia taurina, es la glorificación de la materia y la subsecuente iluminación a través de su medio. Todo eso que actualmente impide a la gloria, que es el alma, y al esplendor que emana de Dios dentro de la forma, fulgurar con todo su poder, es la materia o aspecto forma. Cuando eso ha sido consagrado, purificado y espiritualizado, entonces la gloria y la luz pueden realmente brillar a través y el aspecto luna puede, por consiguiente, ser glorificado en Tauro. Esto se realiza mediante la influencia de Venus, el símbolo del amor terrenal y celestial, de la aspiración espiritual y del deseo carnal, y es propiamente, por lo tanto, el gobernante de este signo. Ella es, por sobre todas las cosas, amor, la creadora de la belleza, el ritmo y la unidad. El toro y la vaca juntos representan la creación, y por lo tanto, Tauro y Venus están estrechamente ligados. Lo siguiente es de interés:

 

"El toro o la vaca son el símbolo de este signo, y en el alma celestial se observará que el pequeño grupo de estrellas llamado Las Pléyades está representando justamente como los cuatro delanteros del toro. Ahora bien, en esculturas egipcias, o pinturas, Las Pléyades son a veces representadas por la figura de una paloma con las alas extendi­das sobre el dorso del toro. La paloma, como lo recordamos, es el pájaro consagrado a Venus, y como Las Pléyades son parte de la constelación de Tauro y, como veremos, más taurinas en naturaleza, si es posible, que el mismo Tauro, la paloma llega a ser un símbolo especialmente apropiado para este pequeño grupo de estrellas".

El Zodíaco: Un Compendio de Vida. Walter H. Sampson. p. 24).

 

El Tema del Sexo

 

Según esta cita y muchas otras que podrían ser aducidas, es manifiesto cómo esta importante constelación de Tauro está estrechamente ligada con el sexo, en sus aspectos inferior y superior. Esta es la razón por la que se le ha llamado en algunos libros, "el signo de la generación", tanto terrenal como celestial. Hemos visto que el poder del signo de Tauro es el de la atracción, o de conducirse juntos. Ejerce una firme y continua influencia, y en ambos sentidos, el simbólico y el astronómico, atrae. Hemos visto que en este signo se encuentran Las Pléyades, entre ellas Alcione, llamada el sol central de nuestro universo, y alrededor de ella gira nuestro sol, con sus planetas acompañantes. Las palabras de Job cuando dijo: "No puedes impedir la dulce influencia de Las Pléyades o soltar el lazo de Orión", así se vuelven claras. Las Pléyades son el símbolo del alma alrededor de la cual gira la rueda de la vida.

 

Es interesante descubrir asimismo, en Tauro, la triplicidad que es constantemente recurrente en la ciencia astronómica y en la mitología: Tauro, representando la forma y el atractivo influjo de la materia; Las Pléyades, representando el alma y el vasto ciclo recurrente de la experiencia; y, entre las siete Pléyades*(1), la Pléyade Perdida (pues sólo seis son visibles) un símbolo del oscurecimiento del espíritu, mientras el alma, a través del deseo, toma un cuerpo. Así la idea de la relación del Yo y del No‑Yo, para producir la última revelación del espíritu, sustenta toda enseñanza mitológica y las escrituras y símbolos de todos los tiempos, y así tenemos también la aparición de la idea de la gran ilusión y espejismo. El espíritu de Dios está "perdido", o velado, y desaparece en la atracción de la forma exterior y en el espejismo que el alma capta alrededor de sí misma.

 

Debería recordarse aquí que el signo opuesto a Tauro es Escorpio, y estos dos signos constituyen el campo de un estupendo esfuerzo por parte de Hércules; pues en uno lucha con el problema del sexo, y en otro, vence la gran ilusión.

 

Significado de las Constelaciones

 

     Las tres constelaciones conectadas con este signo son Orión, Erídano y El Auriga; y la naturaleza del trabajo en Tauro es hermosamente pronosticada por las tres imágenes en los cielos que ellas nos representan. El antiguo nombre de Orión era "Los Tres Reyes", a causa de las tres hermosas estrellas que se encuentran en el cinturón de Orión. Los Tres Reyes representan los tres aspectos divinos de Voluntad, Amor e Inteligencia, y Orión, por lo tanto, simboliza el espíritu. El nombre Orión significa literalmente "La irrupción de la luz".

 

Muchas veces, a medida que circundamos el zodíaco, encontraremos apareciendo lo que podría ser llamado "el prototipo espiritual" de Hércules; Perseo, el Príncipe que Viene, quien mató a la Medusa, símbolo de la gran ilusión; se lo encuentra en Aries; Orión, cuyo nombre significa "luz", se encuentra en Tauro; en Escorpio, aparece el propio Hércules, triunfante y victorioso. Luego tenemos a Sagitario, el Arquero a caballo, yendo directo a su objetivo, y en Piscis encontramos al Rey. Cuanto más de cerca estudiamos este libro de imágenes celestiales, más comprendemos que siempre se sostiene ante nosotros el signo de nuestra divinidad, el símbolo del alma en0 encarnación, y la historia de la materia, a medida que recibe purificación y glorificación a través del laborioso trabajo del alma.

 

La segunda constelación conectada con este signo es un inmenso río de estrellas, que fluye desde abajo de los pies de Orión. Es llamado Erídano, o el "Río del Juez", y es un símbolo del río de la vida, llevando las almas a la encarnación, donde ellas aprenden el significado de las palabras, "según lo que el hombre siembra, así cosechará", y donde emprenden la estupenda tarea de lograr su propia salvación. Así como Orión simboliza el aspecto espíritu, Erídano se relaciona con el aspecto de tomar forma y sostiene delante de nosotros el pensamiento de la encarnación; mientras que la tercera constelación, El Auriga, es el cochero, avanzando hacia nuevas tierras y así simbolizando el alma.

 

Naturaleza de las Pruebas

 

La amplia lección que se debe aprender en este signo, es lograr justa comprensión de la ley de la atracción y justo uso y control de la materia. En esta forma la materia es elevada al cielo, figuradamente hablando, y puede emprender su correcta función: la de construir un medio de expresión y un campo de esfuerzo para el morador, Cristo o el alma. El aspirante, por consiguiente, es probado de dos maneras: primero en la capacidad de su naturaleza animal y los motivos subyacentes en su utilización; segundo, es probado según la atracción que la gran ilusión pueda ejercer sobre él. Maya, o la gran ilusión, y el sexo, no son sino dos aspectos de la misma fuerza, la de la atracción: uno, según se manifiesta en el plano físico, y el otro, según se expresa en el campo de la naturaleza del deseo emocional,

 

El Discípulo y el Sexo

 

Un aspirante al discipulado tiene en el sexo un verdadero problema con el cual luchar. La autoindulgencia y el control del ser humano en cualquier parte de su organismo, son siempre inevitablemente erróneos. Cuando la mente entera de un hombre está ocupada con el pensamiento de las mujeres o viceversa; cuando él vive principalmente para satisfacer un deseo animal; cuando se encuentra incapaz de resistir la atracción de su polo opuesto, entonces es una víctima del sexo y está controlado por la parte más baja de su naturaleza, la animal.

 

Pero cuando el hombre reconoce sus funciones físicas como una herencia divina, y su equipo como habiéndole sido dado para el bien del grupo y para ser rectamente usado en beneficio de la familia humana, entonces veremos un nuevo impulso motivador sustentando la conducta humana en lo concer­niente al sexo. Veremos la eliminación de la promiscuidad, con su mal concurrente, la enfermedad. Veremos la solución del problema de demasiados niños e, incidentalmente, alivio del problema económico. A través del correcto control de la función del sexo y su relegación al propósito para la cual existe (el llevar adelante la familia humana y proveer cuerpos por medio de los cuales las almas puedan ganar experiencia), entonces se hará correcto uso del sexo. Luego, la pasión, la lujuria, la autosatisfacción, la enfermedad, y el exceso de población, desaparecerán en el mundo. La materia no será nunca más prostituida al deseo egoísta, y la relación entre los sexos será gobernada por la comprensión del propósito divino y la habilidad en acción.

 

Dos puntos de vista son igualmente erróneos: en un caso tenemos costumbres enseñadas que conducen eventualmente a orgías sexuales. Estas han sido dignificadas con el nombre de magia del sexo, y en el orgasmo sexual, inducido deliberadamente, un hombre es llevado a creer, que el acto sexual físico es el punto supremo de oportunidad espiritual y que, en tal momento, él puede tocar, si quiere, el reino del Ciclo.

 

La otra actitud, la que hace del matrimonio y de toda expresión de la vida del sexo, un pecado para el discípulo y que dice que un hombre no puede ser puro en el verdadero aspecto espiritual, si se casa y construye una familia, es igualmente devastadora peligrosa. No hay estado de conciencia ni condición de vida en la cual sea imposible para un hombre funcionar como hijo de Dios. Si no es posible para un hombre vivir la vida del discipulado y la vida de la iniciación y, con el debido autocontrol y comprensión, vivir una moral, equilibrada vida sexual entonces hay un compartimento de la expresión humana en el cual la divinidad es impotente, ya esto yo rehuso reconocerlo. No hay compartimento de vida ni campo de expresión, ni deber, ni uso de instrumento físico, en el cual el alma no pueda cumplir la parte de factor dominante y hacer todas las cosas realmente para gloria de Dios. Pero el alma debe controlar, y no la naturaleza inferior. La gente olvida que algunos de los más grandes iniciados del mundo se casaron: que el Buda se casó y tuvo un hijo, y debe haber sido un iniciado de alto grado cuando ingresó al matrimo­nio. Ellos olvidan que Moisés, David el salmista, y muchas de las figuras sobresalientes en el mundo del misticismo en ambos hemisferios, fueron casados y formaron una familia.

 

Los discípulos pertenecen a todas las razas, tanto en occidente como en oriente, y la actitud de las diferentes razas hacia el sexo es ampliamente variada. Las normas de conducta difieren. La legalidad o la ilegalidad de las relaciones varía. Las diferentes épocas y las diferentes civilizaciones han visto relaciones que fueron legales en un momento e ilegales en otro. Algunas razas son monógamas y otras razas son polígamas. En algunas civilizaciones la mujer es mirada como el factor dominante, y en otras el hombre. A través de las edades el sexo se pervierte; homosexuales, verdaderos y falsos, han estado con nosotros, y hoy en día probablemente no es peor que hace 5.000 años, excepto que todo es ahora sacado a la luz, lo cual es bueno. Todo el mundo habla acerca del problema; y la generación naciente pregunta con tono incierto: "¿Qué hay sobre el sexo? ¿Qué es correcto y que es incorrecto?” ¿Cómo se espera que ellos traten con una pregunta que ha sido discutida, aparentemente de la manera más fútil, a través de los años?

 

Aquí es pertinente advertir que Minos, Rey de Creta, quien poseía el toro sagrado, también poseía el laberinto en el cual vivía el Minotauro, y el laberinto ha sido siempre el símbolo de la gran ilusión. La palabra "labe­rinto" viene de una vieja palabra inglesa que significa aturdir, confundir, enredar. La isla de creta con su laberinto y su toro es un símbolo sobresa­liente de la gran ilusión. Estaba separada de la tierra firme, y la ilusión y el aturdimiento son características del yo separado, pero no del alma en su propio plano, donde las realidades del grupo y las verdades universales constituyen su reino. El toro, para Hércules, simboliza el deseo animal, y los muchos aspectos de deseo en el mundo de la forma, que en su totalidad, constituye la gran ilusión. El discípulo, como Hércules, es una unidad separada, dividida de la tierra firme, el símbolo del grupo, por el mundo de la ilusión, y el laberinto en el cual él vive. El toro del deseo tiene que ser asido y dominado y perseguido de un lugar a otro en la vida del yo separado, hasta que llegue el momento en que el aspirante pueda hacer lo que Hércules logró hacer: cabalgar al toro. Montar un animal en los mitos antiguos, significa control. El toro no es matado, es montado y guiado, bajo el poder del hombre.

 

Hay potencias y facultades ocultas en el ser humano que, cuando son desarrolladas y manifestadas, pueden traer nuevo poderes para dominar este problema. Pero, mientras tanto, ¿Qué hará el aspirante? Se pueden hacer algunas sugerencias:

 

1. Montar, controlar y dominar al toro, y que el aspirante recuerde que el toro debe ser dirigido a través de las aguas hacia la tierra firme; lo que significa que la solución de todo el problema del sexo llegará, cuando el discípulo subordine la isla separada de su yo personal, al propósito y esfuerzo del grupo, y empiece a regir su vida por la pregunta, "¿Qué es lo mejor para el grupo con el cual estoy asociado?” Es haciendo esto que el toro es conducido a la tierra firme.

 

2. Usar el sentido común. El antiguo significado de la palabra "sentido común" era que había un sentido que sintetizaba y unificaba los cinco sentidos y así constituía un "sentido común", literalmente, la mente. Que el aspirante use su mente, y a través del medio de la percepción inteligente, guíe y controle al toro del deseo. Si el sentido común es usado, serán evitados ciertos peligros. Hay un peligro en el método de muchos aspirantes en impedir o excluir todas las expresiones del sexo. Fisiológicamente pueden tener éxito, pero la expe­riencia de los psicólogos y maestros es que donde la prohibición y la supresión drástica es impuesta sobre el organismo, el resultado es una forma de complejo nervioso o mental. Mucha gente físicamente limpia tiene mentes sucias. Muchos que despreciarían la práctica de alguna de las perversiones sexuales y que sostienen que el casamiento no es para el discípulo, tienen dispositivos mentales que no soportarían una investigación. Sus mentes y sus interpretaciones de las acciones de otras personas son tan lascivas y su capacidad para pensar mal tan grande, que, tan peligroso como esto pueda sonar, uno siente que sería mejor para ellos ser manejados por el toro del deseo que continuar con su práctica actual de sustituir el pecado exterior por la indulgencia mental. Una mente limpia y un corazón puro, un cuerpo físico rectamente organizado y rectamente usado, en conformidad con las leyes de la tierra en la cual su destino le ha arrojado, total consideración por el bienestar de aquellos con los cuales está asociado, y una vida de servicio amoroso; constituyen los ideales de un aspirante.

 

3. Una justa comprensión del significado del celibato. La palabra significa “puro" o "solo", y el significado dado habitualmente a la palabra es, conte­nerse de la relación marital. Muchos hombres y mujeres jóvenes, llevados por el deseo espiritual y bajo la influencia de la manera de pensar de la iglesia durante la Edad Media, con sus muchos monasterios y conventos, creen que para ellos el estado de celibato es esencial y correcto y quedan confundidos cuando descubren tan complejos resultados. Pero, ¿no podrá ser que el verdadero celibato haya sido expresado para nosotros en las palabras de Cristo, cuando dijo: "Si tu ojo es puro, todo tu cuerpo estará lleno de luz”. ¿No podrá ser que el verdadero celibato es el rechazo del alma a no identifi­carse más con la forma? ¿No podrá la verdadera relación marital, de la cual la relación en el plano físico no es sino el símbolo, ser la de la unión del alma y de la forma, el positivo aspecto espiritual y el negativo madre‑materia?

 

Que el alma sea pura en su propósito y libre de la servidumbre de la materia, y entonces la acción justa y el justo punto de vista serán inevitable­mente las características de la vida en el plano físico. Que el alma maneje la forma, controlándola y dominándola, y entonces sabrá seguramente sus correctas obligaciones. Reconocerá la relación que deberá mantener con los otros seres humanos, ya sea que su destino deba ser de esposo o esposa, padre o madre, hermano o hermana, amigo o compañero. A través del correcto uso de la forma y, de la correcta comprensión del propósito, a través de la correcta orientación a la realidad y el correcto uso de la energía espiritual, el alma actuará como el factor controlador y todo el cuerpo estará lleno de luz. A través del control, a través del uso del sentido común, por una correcta comprensión del celibato, y por la identificación con el propósito del grupo, el discípulo llegará a la liberación por el control del sexo. Logrará seguir el ejemplo de Hércules y conducirá al toro del deseo a la tierra firme, donde, en el Templo de Dios, lo entregará al cuidado de los Cíclopes que fueron los primitivos iniciados, teniendo el único ojo acerca del cual hemos estado hablando, el ojo de Shiva, el ojo del Toro en la constelación de Tauro. Pues Hércules mismo no fue sólo el discípulo, sino que fue, en su naturaleza inferior, el toro, y en su naturaleza superior los Cíclopes.

 

Cuando el toro del deseo ha sido entregado a los Cíclopes, al iniciado de un solo ojo, que es él mismo, el alma, los tres aspectos divinos, empezarán a manifestarse: Brontes, Steroptes y Arges guardarán al toro sagrado, y Hércules, el discípulo, no tendrá más ninguna responsabilidad. Brontes es el símbolo del primer aspecto de Dios, el padre que habló y es el sonido creador. Steroptes significa relámpago o luz, y es el segundo aspecto, el alma. Arges significa actividad remolineante, el tercer aspecto de la deidad, expresándose en la intensa actividad de la vida en el plano físico. Estos aspectos divinos constituyen el factor controlador y una vez que ellos han logrado la posesión del toro sagrado, el problema de Hércules está resuelto.

 

(Notas claves de Tauro: "Que la lucha sea perseverante".                           El Aspecto Forma

 

"Veo, y cuando el ojo está abierto, todo es luz".                                          El Aspecto Alma

 

de Astrología Esotérica, p. 278)

 

 

*(1) Reparar en las "Siete Hermanas" cantando alrededor de Hércules, en la exposición del Mito

 

 

 

Trabajo 3

 

Recogiendo las Manzanas de Oro de las Hespérides

 

Parte 1

 

(Géminis, 21 Mayo ‑ 20 junio)

 

El Mito

 

El Gran Presidente, dentro de la Cámara del Concilio del Señor, había vigilado los trabajos del hijo del hombre que es un hijo de Dios. ÉI y el Maestro vieron el tercer gran Portal, abierto ante el hijo del hombre, descubriendo una nueva oportunidad para andar el camino.

 

Ellos advirtieron cómo el trabajador apareció y se preparó para empren­der su tarea.

 

"Ordeno que cuiden el árbol sagrado. Que Hércules desarrolle el poder de buscar sin desmayo, decepción o demasiada presteza. Que se le exija ahora perseverancia. Ha cumplido bien hasta ahora". Y así salió la orden.

 

Lejos, en una región distante, crecía el árbol sagrado, el árbol de la sabiduría, y en él crecían las manzanas de oro de las Hespérides. La fama de estas dulces frutas había llegado a tierras distantes, y todos los hijos de los hombres, quienes se sabían que eran asimismo los hijos de Dios, las deseaban. Hércules, también sabía de esas frutas, y cuando salió la orden de buscarlas buscó al Maestro, preguntándole el camino para ir y encontrar el árbol sagrado y recoger las manzanas.

 

"Dime el camino, Oh Maestro de mi alma. Yo busco las manzanas y las necesito rápidamente para mi provecho. ¡Muéstrame el camino más rápido y YO iré!”

 

"No es así, hijo mío”, replicó el Maestro, "el camino es largo. Sólo dos cosas te confiaré, y luego a tí te corresponderá probar la verdad de lo que digo. Recuerda que el árbol sagrado está bien custodiado. Tres hermosas doncellas aprecian el árbol protegiendo bien su fruto. Un dragón de cien cabezas protege a las doncellas y al árbol. Guárdate bien de la fuerza demasiado grande para tí, de los engaños demasiado sutiles para tu comprensión. Vigila bien. La segunda cosa que te diría es que tu búsqueda te llevará donde te encontrarás con cinco grandes pruebas en el camino. Cada una te proporcionará el ámbito para la sabiduría, la comprensión, la destreza y la oportunidad. Vigila bien. Me temo, hijo mío, que tú fracasarás en reconocer estos puntos sobre el Camino. Pero sólo el tiempo lo mostrará; Dios te acompaña en tu búsqueda".

 

*     *     *

 

Con confianza, porque pretendía el éxito no el fracaso, Hércules salió al Camino, seguro de sí mismo, de su sabiduría y fuerza. Pasó a través del tercer Portal, yendo rectamente al norte. Anduvo por toda la tierra buscando el árbol sagrado, pero no lo encontró. A todos los hombres que vio les preguntó, pero ninguno le pudo conducir a él, nadie conocía el lugar. El tiempo pasó, no obstante, buscaba todavía de lugar en lugar y volviendo muchas veces sobre sus pasos hacia el tercer Portal. Triste y desanimado, buscaba, por doquier.

 

El Maestro, vigilando desde lejos, envió a Nereo para ver si podía ayudar. Éste, vino repetidas veces en forma variable y con diferentes palabras de verdad, pero Hércules no respondía, ni sabía que el mensajero era para él. Aunque era hábil con la palabra y sabio con la profunda sabiduría de un hijo de Dios, Nereo fracasó, pues Hércules estaba ciego. No reconoció la ayuda tan sutilmente brindada. Presentado de nuevo al fin con tristeza al Maestro, Nereo habló del fracaso.

 

"La primera de las cinco pruebas menores ha pasado", respondió el Maestro, "y el fracaso caracteriza esta etapa. Que Hércules prosiga".

 

No encontrando el árbol sagrado en el camino del norte, Hércules volvió hacia el sur y en el lugar de la oscuridad continuó con la búsqueda. Al principio soñó con un éxito rápido, pero Anteo, la serpiente, le encontró en ese camino y luchó con él, venciéndole en todas las ocasiones.

 

"Ella custodia el árbol”, dijo Hércules, "esto se me dijo; el árbol debe estar muy cerca de ella, debo acabar con su guardián y así, destruyéndolo, abatir el árbol y coger el fruto". Sin embargo, a pesar de luchar con mucha fuerza, no triunfó.

 

"¿Dónde está mi falta?” dijo Hércules. "¿Por qué Anteo puede vencerme? Si aún cuando niño yo destrocé una serpiente en mi cuna. Con mis propias manos la estrangulé. ¿Por qué fracaso ahora?”

 

Luchando nuevamente con todo su poder, asió la serpiente con ambas manos, elevándola en el aire y alejándole del suelo. ¡He aquí la hazaña fue hecha!: Anteo, vencido, dijo: "Yo vengo otra vez con diferente apariencia en el octavo portal. Prepárate de nuevo para luchar".

 

El Maestro, contemplando desde lejos, vio todo lo sucedido, y habló al Gran Presidente en la Cámara del Concilio del Señor, refiriéndole la hazaña. “La segunda prueba ha pasado. El peligro ha sido superado. El éxito obtenido en esta ocasión marca su sendero". Y el Gran Presidente respondió: "Que siga adelante".

 

*     *     *

 

Feliz y confiado, Hércules continuó, seguro de sí mismo y con nuevo ánimo para la búsqueda. Se volvió hacia el oeste ahora y, al volverse, encontró el desastre. Entró sin pensar en la tercera gran prueba y el fracaso le encontró y demoró su avance por largo tiempo.

 

Pues allá encontró a Busiris, el gran engañador, hijo de las aguas, pariente cercano de Poseidón. Su trabajo es conducir a los hijos de los hombres al error, a través de palabras de aparente sabiduría. El afirma conocer la verdad y con rapidez ellos creen. Habla bellas palabras diciendo: “Yo soy el maestro. A mí me ha sido dado el conocimiento de la verdad y debéis hacer sacrificio por mí. Acepten el camino de la vida a través mío. Yo sé pero nadie más. Mi verdad es justa. Cualquier otra razón es errada y falsa. Escuchen mis palabras; permanezcan conmigo y serán salvos". Y Hércules obedeció, y diariamente, debilitándose su entusiasmo por el camino primitivo (la tercera prueba) no procuraba nuevamente conseguir el árbol sagrado. Su fuerza se agotó. El amó, adoró a Busiris, y aceptó todo lo que éste dijo. Su debilidad crecía día tras día, hasta que llegó un día en que su amado maestro le amarró a un altar y lo mantuvo atado durante un año.

 

De pronto un día, cuando estaba luchando para liberarse, y lentamente, viendo a Busiris por cuya causa estaba en ese trance, vinieron a su mente unas palabras dichas por Nereo hacia largo tiempo: "La verdad está en ti mismo. En ti hay un poder, una fuerza que yace allí, el poder que es la herencia de todos los hijos de los hombres que son los hijos de Dios". Quieto, yació prisionero en el altar, atado a sus cuatro esquinas por un año entero. Enton­ces, con la fuerza que es la fuerza de todos los hijos de Dios, rompió sus ataduras, asió al falso maestro (que había parecido ser tan sabio) y lo ató al altar en su lugar. No le dijo nada, pero le dejó allí para aprender.

 

El vigilante Maestro, desde lejos, advirtió el momento de la liberación, y volviéndose hacia Nereo le dijo: "La tercera gran prueba ha pasado. Tú le enseñaste cómo encontrar la salida y a su debido tiempo él supo encontrarla. Que siga adelante en el sendero y aprenda el secreto del éxito".

 

*     *     *

 

Aleccionado, y sin embargo con un alivio lleno de interrogantes, Hércules, continuó con su búsqueda y recorrió mucho camino. El año que pasó incli­nado en el altar le había enseñado mucho. Retornó con mayor sabiduría a su senda.

 

Repentinamente, detuvo sus pasos. Un grito de profundo dolor hirió sus oídos. Algunos buitres dando vueltas sobre una roca distante llamaron su atención; entonces, nuevamente se oyó el grito. ¿Debía él proseguir su camino, o debía buscar a aquél que parecía estar en necesidad y así retrasar sus pasos? Reflexionó sobre el problema de la demora; un año se había perdido y sintió la necesidad de apresurarse. Otra vez se oyó un grito rasgar los aires y Hércules, con pasos rápidos, se apresuró a ir en ayuda de su hermano. Encontró a Prometeo encadenado a una roca, sufriendo horribles agonías de dolor, causado por los buitres que picoteaban su hígado, matán­dolo así poco a poco. Él rompió la cadena que le sujetaba y liberó a Prometeo, persiguiendo a los buitres hasta su distante guarida y cuidando del hombre enfermo hasta que se hubo recuperado de sus heridas. Entonces, con mucha pérdida de tiempo, nuevamente comenzó a ponerse en camino.

 

El Maestro, mirando desde lejos, habló a su aspirante a discípulo estas claras palabras, las primeras palabras que le decían desde que emprendió la búsqueda: "La cuarta etapa en el camino hacia el árbol sagrado ha pasado. No ha habido retraso. La regla en el sendero elegido que apresura todos los éxitos es, 'Aprende a vivir' ".

 

Aquel que preside en la Cámara del Concilio del Señor, observó: "Él ha cumplido bien. Que continúe con las pruebas".

 

*     *     *

 

En todos los caminos continuó la búsqueda, en el norte y en el sur, en el este y en el oeste: Buscó el árbol sagrado, pero no lo encontró. Llegó un día en que, cansado de viajar y con temor; oyó el rumor de un peregrino que pasaba por el camino, "cerca de una montaña distante, el árbol sería encon­trado". La primera verdadera afirmación que se le daba hasta ahora. Por lo tanto, volvió sus pies hacia las altas montañas del este y en brillante y soleado día, vio el objeto de su búsqueda y apresuró entonces sus pasos. "Ahora tocaré el árbol sagrado", gritó en su alegría, "venceré al dragón que le custodia; veré las hermosas doncellas de grande fama, y cogeré las manzanas".

 

Pero, nuevamente, fue retenido por sentimiento de profunda pena. Atlas le hacía frente, tambaleante bajo la carga de los mundos sobre su espalda. Su rostro estaba marcado por el sufrimiento; sus miembros curvados por el dolor; sus ojos cerrados por la agonía; él no pedía ayuda; no vio a Hércules sino que permaneció encorvado por el dolor, por el peso de los mundos. Hércules, temblando, observó y estimó la medida de la carga y el dolor. Olvidó su búsqueda. El árbol sagrado y las manzanas desaparecieron de su mente; solo buscó ayuda al gigante, y eso sin tardanza; se arrojó hacia adelante y ansiosamente quitó la carga de los hombros de su hermano levantándola sobre su propia espalda, echándose a los hombros la carga de los mundos. Cerró sus ojos, asegurándose con esfuerzo, y ¡he aquí! la carga rodó, y él se halló libre, y también Atlas.

 

Delante de él estaba parado el gigante y en su mano sostenía las manzanas de oro, ofreciéndolas, con amor, a Hércules. La búsqueda había terminado.

 

Las tres hermanas sostenían aún más manzanas de oro, y lo instaban también a recibirlas en sus manos, y Eglé, esa hermosa doncella que es la gloria del sol poniente, le dijo, poniendo una manzana en su mano, "El Camino hacia nosotras está siempre marcado por el servicio. Actos de amor son hitos en el Camino". Luego Erytheia, que cuida la puerta que todos debemos pasar ante el Grande que Preside, le dio una manzana, y en su costado, con luz, estaba escrita la dorada palabra Servicio. "Recuerda esto", dijo, "no lo olvides”.

 

Y finalmente llegó Hesperis, la maravilla de la estrella vespertina, y le dijo con claridad y amor, "Sal y sirve, y anda por el camino de todos los servidores del mundo, de aquí en adelante y por siempre jamás".

 

"Entonces yo restituí estas manzanas para aquellos que siguen la misma ruta”, dijo Hércules, y regresó de donde vino.

 

*     *     *

 

Entonces se paró ante el Maestro y rindió debida cuenta de todo lo que había acontecido. El Maestro le expresó su regocijo y luego, señalando con el dedo, indicó el cuarto Portal y le dijo: "Pasa a través de ese Portal. Captura la gama y entra una vez más en el Lugar Sagrado".

 

                                                                                                          El tibetano

 

 

La Naturaleza de la Prueba

 

Llegamos ahora al tercer trabajo, en el signo de Géminis, concerniente al trabajo activo del aspirante en el plano físico, a medida que llega a una comprensión de sí mismo. Antes que este trabajo activo sea posible, debe haber un ciclo de pensamiento interior y anhelo místico; el esfuerzo tras la visión y un proceso subjetivo continuado, tal vez por muy largo tiempo, antes de que el hombre en el plano físico realmente empiece el trabajo de unificar alma y cuerpo. Este es el tema de este trabajo. Es en este plano físico de la realización, y en el trabajo de ganar las manzanas de oro de la sabiduría, que la verdadera prueba de la sinceridad del aspirante tiene lugar. Un anhelo de ser bueno, un profundo deseo de indagar los hechos de la vida espiritual, esfuerzos tendientes a la autodisciplina, a la oración y la meditación, preceden casi inevitablemente, a este verdadero y constante esfuerzo.

 

El visionario debe volverse un hombre de acción: el deseo tiene que ser llevado al mundo de la consumación, y aquí yace la prueba de Géminis. El plano físico es el lugar donde se gana la experiencia y donde la causas, iniciadas en el mundo del esfuerzo mental, deben manifestarse y lograr objetividad. Es también el lugar donde se desarrolla el mecanismo de contac­to, donde, poco a poco, los cinco sentidos descubren al ser humano, nuevos campos de conocimiento y le presentan nuevas esferas para la conquista y la realización. Es el lugar, por consiguiente, donde se logra el conocimiento, y donde ese conocimiento debe ser trasmutado en sabiduría. El conocimiento, nosotros sabemos, es la búsqueda del significado, mientras que la sabiduría es la omnisciencia del conocimiento sintético del alma. Sin la comprensión en la aplicación del conocimiento, nosotros sucumbimos; pues la compren­sión es la aplicación del conocimiento a la luz de la sabiduría, a los problemas de la vida y al logro de la meta. En este trabajo, Hércules es enfrentado a la tremenda tarea de juntar los dos polos de su ser y de coordinar, o compensar, alma y cuerpo, para que la dualidad dé lugar a la unidad y se fundan los pares de opuestos.

 

Los Símbolos

 

Euristeo, habiendo observado a Hércules lograr control mental y después sojuzgar al toro del deseo y conducirlo dentro del Templo del Alma, ahora le señala la tarea de ir a buscar las manzanas de oro del jardín de las Hespérides. La manzana ha figurado durante mucho tiempo en mitología y en simbología. En el jardín del Edén, como sabemos, la serpiente dio la manzana a Eva; y al dar esa manzana, y con la aceptación llegó el conocimien­to del bien y del mal. Este es un método simbólico de contarnos la historia de la aparición de la mente, y de cómo empezó a funcionar en esa primitiva criatura, que no era ni animal ni estrictamente humana. Con el advenimiento de la mente llegó también el conocimiento de la dualidad, de la atracción de los pares de opuestos, de la naturaleza del alma, que es buena, y de la naturaleza de la forma, que es mala si retiene al alma y le impide su completa expresión. No es mala en sí misma.

 

Es digno de notar que en el jardín del Edén una sola manzana fue dada al ser humano, el símbolo de la separación, de la soledad. Hércules tuvo que buscar las manzanas de oro en otro jardín, y en el jardín de las Hespérides las manzanas eran el símbolo de la pluralidad, de la síntesis, y de los muchos, nutridos por el único árbol de la Vida.

 

A Hércules sólo se le dijeron tres hechos: que había un jardín encerrando un árbol en el cual crecían las manzanas de oro; que el árbol estaba custodiado por la serpiente de cien cabezas; que, cuando la encontrara, él encontraría allí estas tres hermosas doncellas. Pero no se le dijo en qué dirección estaba el jardín, y cómo encontrarlo. Esta vez no estuvo limitado a tierras salvajes, asolados por yeguas comedoras de hombres; ni estuvo limitado a la pequeña isla de Creta. Todo el planeta tenía que ser explorado, y él fue de un lado a otro, de norte a sur y de este a oeste, hasta que por fin encontró a Nereo, que era experto en toda sabiduría y en todas las formas de lenguaje. Él es llamado en algunos de los clásicos "el anciano del mar". No sólo era sabio, sino muy elusivo, asumiendo muchas formas, y rehusaba siempre dar a Hércules una respuesta directa. Finalmente, sugería con respecto a la dirección en la cual deberían ser buscadas las manzanas, enviándolo por su camino solo y algo desanimado, con apenas una vaga idea en cuanto a lo que tendría que hacer y dónde tendría que ir. Todo lo que él sabía era que tenía que volver hacia el sur; un símbolo de retroceder en el mando, el polo opuesto del espíritu.

 

Apenas había hecho esto encontró la serpiente con quien tuvo que luchar*. En su búsqueda de las manzanas de oro en el plano físico, Hércules tenía que vencer, como lo hacen todos los discípulos, el espejismo y la ilusión; pues en el desarrollo de la aspiración espiritual, el discípulo es muy propenso a caer en el astralismo y el psiquismo inferior, en una forma y otra. A medida que Hércules luchaba con la serpiente, encontró que no podía vencerla hasta que descubrió, que sólo eran invencible mientras estaba en contacto con la tierra. Simplemente tan pronto como Hércules levantó la serpiente (Anteo) en el aire, ésta se volvió completamente débil e incapaz de derrotarle.

 

Géminis es un signo de aire, un signo cambiante o común. El espejismo está siempre cambiando, tomando siempre una u otra forma. Atañe a la apariencia y no a la realidad, y la tierra se mantiene por las apariencias.

 

Habiendo vencido a la serpiente que se erguía en su camino, Hércules continuó con su búsqueda. Su próximo encuentro fue con el espejismo en otra forma. Busiris era un hijo de Poseidón, el dios de las aguas, pero su madre era una simple mortal. Él pretendía ser un gran maestro. Era fluído en el hablar y cautivador en lo que decía. Tenía grandes pretensiones, induciendo a Hércules a creer que él podría mostrarle el camino, que podría conducirlo a la luz, y que él era el custodio de la verdad. Hércules fue completamente engañado. Poco a poco cayó bajo el poder y el hechizo de Busiris; poco a poco rindió, su voluntad y su mente y lo aceptó como su maestro y guía. Finalmente, cuando Busiris tuvo a Hércules completamente bajo su control, le ató al altar del sacrificio y le forzó a olvidar a Nereo. El mito relata que Hércules eventualmente se liberó y reanudó su búsqueda, amarrando a Busiris al altar sobre el cual él mismo había yacido. Nuevamente encontramos desaliento, tardanza, fracaso y engaño caracterizando esta parte de la prueba.

 

Buscando todavía por todas partes, él encontró a Prometeo atado a una roca con los buitres desgarrando su hígado. La vista de tal sufrimiento fue más de lo que Hércules podía soportar y se desvió de su búsqueda para liberar a Prometeo, poniéndose, por lo tanto, en una posición como para ahuyentar a los buitres.

 

Llegamos ahora al punto crucial del trabajo que constituye la verdadera prueba. Hércules encuentra a Atlas soportando la carga del mundo en sus hombros, y tambaleando bajo el peso de la tarea que había emprendido. Hércules está tan subyugado por la estupenda empresa de Atlas, y tan preocupado por sus sufrimientos mientras Atlas se esfuerza por llevar el peso del mundo, que abandona su búsqueda de las manzanas de oro. Olvida lo que ha salido a hacer y, apiadado, quita la carga de los hombros de Atlas y la soporta él. Entonces, se nos dice en el maravilloso final de la historia, que Atlas, libre de su carga, va al jardín de las Hespérides, arranca las manzanas de oro sin ningún impedimento u obstáculo de parte de la serpiente de cien cabezas, con la ayuda entusiasta de las tres hermosas doncellas, y lleva las manzanas a Hércules, que ahora también permanece libre, a pesar de todos los obstáculos e impedimentos, desviaciones debidas al espejismo y la ilusión. A pesar de los fracasos y la extensión de tiempo que a él le ha tomado para llegar a la sabiduría, Hércules obtiene las manzanas de oro. Reparar en que el opuesto, o el signo consumado, de Géminis, es el de Sagitario, el Arquero, que da en el blanco y se dirige sin impedimentos hacia la meta: ¡No hay desviaciones ni fracaso! Sólo hay un constante ir hacia adelante.

 

 

* También conocida en la mitología como el gigante Anteo, el hijo de Poseidón, dios de las aguas, y Gea, la Tierra. De ahí que, cuando estaba en contacto con la Tierra, su madre, él era invencible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Trabajo 3

 

Recogiendo las Manzanas de Oro de las Hespérides

 

Parte 2

 

(Géminis, 21 Mayo ‑ 20 junio)

 

 

 

El Campo del Trabajo

 

Géminis tiene en ella dos estrellas, llamadas por los griegos, Cástor y Pólux, o los Gemelos. Estas personifican a dos grupos mayores de estrellas, las Siete Pléyades, y las Siete Estrellas de la Osa Mayor, que son las dos constelaciones en el norte alrededor de las cuales nuestro universo parece girar. Una estrella representa cada constelación. Desde el punto de vista del esoterismo, el gran misterio de Dios encarnado en la materia, y la crucifixión del Cristo Cósmico sobre la cruz de la materia, está vinculada con la relación (que se presume que existe desde los tiempos más antiguos) entre las estrellas de las Pléyades y las de la Osa Mayor. Estos dos grupos de estrellas representan a Dios, el macrocosmos, mientras que en Géminis, Cástor y Pólux eran vistas como símbolos del hombre, el microcosmos. Eran también llamadas Apolo y Hércules: Apolo, significando el soberano, el Dios Sol; y Hércules, "aquél que viene a trabajar". Ellos representan, por lo tanto, los dos aspectos de la naturaleza del hombre, el alma y la personalidad, el hombre espiritual y el ser humano a través del cual esa entidad espiritual está funcionando: Cristo encarnado en la materia, Dios trabajando a través de la forma.

 

Cástor era considerado como mortal y Pólux como inmortal. Es un hecho astronómico interesante que la estrella Cástor está disminuyendo en fulgor y no tiene la luz que tenía hace varios años; mientras que Pólux, el hermano inmortal, está aumentando en brillantez y eclipsando a su hermano, haciendo presente uno de los dichos de Juan el Bautista, expresado mientras miraba a Cristo, "él debe crecer pero yo debo decrecer". (Evang. San Juan, III, 30). Así tenemos a la constelación más significativa, porque ella sostiene siempre ante los ojos del hombre, el pensamiento de la potencia creciente de la vida espiritual y del poder decreciente del yo personal. La historia del crecimiento del hombre hacia la madurez y la del gradualmente creciente control del alma, nos es revelada en la constelación de Géminis.

 

En el antiguo zodíaco de Denderah, este signo es llamado "El lugar de Aquel que viene", y el pensamiento de un Ser espiritual que emerge es sostenido ante nosotros. Es representado por dos figuras, una masculina, otra femenina; una lo positivo, el aspecto espíritu, y la otra, lo negativo, el aspecto materia. Los nombres copto y hebreo significan "unidos", y este es el estado de Hércules, el aspirante. Él es alma y cuerpo unificados. Este era el problema con el que había que luchar en el signo Géminis. La compensación del yo inferior con el superior, de los aspectos mortal e inmortal, es el objetivo. Fue este problema el que creó la tortuosa y prolongada búsqueda que emprendió Hércules, pues él estuvo finalmente atento a la voz de Nereo, el yo superior, pero a veces, bajo la ilusión y el espejismo del yo inferior.

 

La dualidad que es enfatizada en Géminis se presenta en gran cantidad de historias mitológicas. Nos encontramos de nuevo a los mismos hermanos en Rómulo y Remo, por ejemplo, y en Caín y Abel, un hermano muriendo y el otro viviendo. Encontramos el símbolo astrológico para Géminis en los dos pilares de la masonería, y muchos creen que la tradición masónica podría, si tuviéramos el poder de hacerlo, ser rastreada hasta ese período, anterior a la era de Tauro, cuando el sol estaba en Géminis, y hasta ese gran ciclo en el cual la raza lemuriana, la primera raza estrictamente humana, empezó a existir; cuando el aspecto mente empezó a emerger, y la dualidad de la humanidad se volvió un hecho en la naturaleza.

 

La raza lemuriana fue la tercera raza; y este trabajo que Hércules simbólicamente emprendió, es el tercer trabajo. La búsqueda en la cual estaba comprometido era la del alma, y ésta ha sido siempre la búsqueda no reconocida del ser humano, hasta que llega el tiempo en que él se reconoce como Hércules, y empieza a encontrarse en la búsqueda de las manzanas de oro del conocimiento y la sabiduría. Así tenemos en la tradición masónica la búsqueda de la familia humana representada, la búsqueda de la luz, la búsqueda de la unidad, la búsqueda de la divinidad. Y de esta manera los dos pilares, Boaz y Jachim, permanecen como los emblemas de esa dualidad.

 

En China se habla de Cástor y Pólux como de los dos "dioses de la puerta", mostrando el tremendo poder que el dios de la materia puede asumir, y también la potencia de la divinidad.

 

Géminis es predominantemente el signo del intelecto y tiene un efecto peculiarmente vital en nuestra raza aria. En esta raza la facultad de la mente y del intelecto han sido firmemente desarrolladas. Géminis, por lo tanto, tiene influencia en tres divisiones que conciernen a las relaciones humanas. Primero, gobierna toda la educación. Se ocupa del conocimiento, de las ciencias, y coloca el fundamento para la sabiduría. Un educador ha dicho que "la finalidad última de la educación es la adquisición del conocimiento para recibir la revelación superior. El que no es inteligente puede recibirla, pero no puede interpretarla". En este trabajo, Hércules recibe una revelación sobresaliente y en las cinco etapas de su búsqueda su educación es constan­temente estimulada.

 

El regente exotérico de Géminis y del primer decanato es Mercurio, pues, como Alan Leo nos dice:

 

"Mercurio en el mundo exterior significa escuelas, colegios, y todos los lugares donde se enseña y se aprende, instituciones científicas y literarias... En relación al conocimiento, significa pensamiento, com­prensión, razón, inteligencia, intelecto; los géneros abstractos más bien que los concretos, conocimiento por sí mismo... Su más alta aplicación parece ser lo que se llama 'razón pura'... En el cuerpo, gobierna el cerebro y el sistema nervioso, la lengua y los órganos del lenguaje, las manos, como instrumentos de la inteligencia" (Alan Leo, Diccionario Completo de Astrología, p. 163).

 

Géminis se halla, en segundo lugar, para mediar en las relaciones. Gobier­na, por consiguiente, el lenguaje, el intercambio o intercomunicación y el comercio. Es interesante notar que los Estados Unidos e Inglaterra son ambos gobernados por Géminis; que el idioma inglés ha llegado a ser predominantemente la lengua del mundo; que las líneas más grandes de la comu­nicación oceánica empiezan en Nueva York o Londres, y que ambas ciudades han sido mercados mundiales y centros mundiales de distribución. Mercurio, el planeta gobernante del signo, es el intérprete, el mensajero de los dioses. Es digno de notar también en esta conexión, cómo Hércules aparece bajo la influencia de dos maestros: Nereo, el maestro superior, y Busiris, el maestro inferior o psíquico; y así hemos enfatizado nuevamente la dualidad de Géminis y su calidad mental.

 

Cuando este signo está en evidencia como lo está ahora, siendo un pode­roso signo inconstante, inaugura muchos cambios; ideas nuevas inundan el mundo; nuevos impulsos hacen sentir su presencia; emergen nuevas y no desarrolladas líneas de acercamiento a la verdad espiritual, y muchos maes­tros aparecerán por todas partes para ayudar a conducir a la raza a un nuevo estado de conocimiento espiritual. Siendo un signo de aire, encontramos que la conquista del aire marcha con rapidez, y también se hace un esfuerzo constante para unificar y coordinar los muchos y variados aspectos del esfuerzo humano.

 

Venus es el regente esotérico de Géminis y gobierna el segundo decanato; pues Venus compensa, y a través de su influencia tiene lugar la ley de la atracción y conducir juntos los polos opuestos. Pero todos estos cambios y unificaciones, naturalmente inauguran un nuevo estado de conocimiento, un nuevo estado de ser, y conducen a una nueva era y a un nuevo mundo. Por lo tanto, surgen nuevas dificultades y problemas y encontramos a Saturno gobernando el último decanato, pues Saturno es el planeta del discipulado; el planeta que causa las dificultades, problemas y pruebas, que ofrecen al discípulo oportunidad inmediata. Es Saturno el que abre la puerta a la encarnación, y Saturno el que abre la puerta al sendero de la iniciación. Mercurio, el intérprete, y el intelecto iluminador; Venus, el principio de atracción y de compensación; y Saturno, el generador de la oportunidad: estos tres juegan sus papeles en la vida del aspirante a medida que éste unifica lo superior y lo inferior, pasa a través de las cinco etapas en esta prueba, y prevé la meta que debe lograr finalmente.

 

Las Tres Constelaciones Simbólicas

 

Las tres constelaciones que se encuentran en conexión con el signo son Lepus, la liebre, el Can Mayor y el Can Menor, y en su interrelación y su asociación de éstas con Hércules, el aspirante, la historia completa del ser humano, estaba de nuevo notablemente descrita. En el Can Mayor encontramos a Sirio, la Estrella Perro, llamada en muchos libros antiguos "el conduc­tor de toda la hueste celestial”, pues es diez o doce veces más brillante que cualquier otra estrella de primera magnitud. Sirio ha sido siempre asociada con el gran calor, de ahí tenemos la frase de "los días de perro" en medio del verano, cuando se supone que hace el mayor calor. Desde el punto de vista ocultista, Sirio es de profunda significación. "Nuestro Dios es un fuego consumidor”, y Sirio es el símbolo del alma universal como así también del alma individual. Es, por consiguiente, esotéricamente considerada, la estrella de la iniciación. En el lenguaje de la simbología se nos dice, que llega un momento en que una estrella resplandece delante del iniciado, significando la realización de su identidad con el alma universal, y a ésta, él la vislumbra repentinamente por medio de su propia alma, su propia estrella.

 

El Can Mayor es el inmortal Sabueso del Cielo, que caza por siempre al Perro más pequeño, el más débil, el hombre en encarnación física. Esta caza ha sido inmortalizada para nosotros por Francis Thompson en "El Sabueso del Cielo”:

 

"Yo huí de Él, a lo largo de las noches y los días;

Yo huí de Él, bajo la bóveda de los años;

Yo huí de Él, en los caminos laberínticos

De mi propia mente; y en la niebla de las lágrimas

Yo me oculté de Él, y bajo raudales de risa

Corrí por esperanzas entrevistas

Y salí, precipitado,

Bajando por tinieblas Titánicas de miedos abismales,

De aquellos poderosos pies que venían detrás mío".

 

En el zodíaco de Denderah, esta estrella es llamada Simios, la cabeza. Se nos dice (en el apéndice, p. 1518, de la Biblia Compañera) que la estrella más brillante en el Can Mayor es Sirio, el Príncipe, llamado en persa, El Jefe. Hay otras tres estrella en la misma constelación: una llamada "el anunciador", otra "la resplandeciente", y la tercera "la gloriosa", todas estas frases ponen de relieve la magnificencia del Can Mayor y, esotéricamente, la maravilla y la gloria del yo superior.

 

En el Can Menor, el "más débil", el mismo escrito nos relata que el nombre de la estrella más brillante significa "redentor", que la que le sigue en brillo es "el portador de la carga" o "el que soporta por los demás". Tenemos, por consiguiente, en el significado de estos dos nombres, una representación de Hércules, a medida que logra su propia salvación y mientras soporta la gran carga de Atlas y aprende el significado del servicio.

 

Lepus, la fiebre, asociada con estas dos constelaciones, contiene una estrella del más intenso color carmesí, casi como una gota de sangre. El rojo es siempre el símbolo del deseo por las cosas materiales. En el zodíaco de Denderah, el nombre dado es Bashtibeki, que significa "caída maldita". Aratus, escribiendo cerca de 250 años A.C., habla de Lepus como siendo "eternamente perseguida", y es interesante notar que los nombres hebreos de algunas de las estrellas encontradas en esta constelación significan "el enemigo de Aquel que viene", que es el significado del nombre de la estrella más brillante, Arneb; mientras que otras tres estrellas tienen nombres que significan "el loco", "el amarrado", "el engañador". Todas estas palabras son características del yo inferior perseguido eternamente por el yo superior; el alma humana perseguida por el Sabueso del Cielo.

 

Cuando miramos los cielos estrellados en la noche y ubicamos a Sirio, la Estrella Perro, la historia de nuestro pasado, presente y futuro está dramáticamente representada. Tenemos la historia de nuestro pasado en Lepus, la Liebre, de pies veloces, engañada, loca, amarrada a la rueda de la vida, identificada con el aspecto materia, y siempre la enemiga de "El Príncipe que Viene". En el Can Menor, tenemos la historia del aspirante, de nuestra suerte presente. Morando dentro nuestro está el gobernante interior, la divinidad oculta, el redentor. Nosotros salimos victoriosos y a triunfar, pero tenemos que hacerlo como el discípulo agobiado, soportando por otros y sirviendo. En el Can Mayor tenemos representado nuestro futuro y una consuma­ción, gloriosa más allá de toda presente realización. Si todas las religiones y escrituras del mundo se perdieran y no nos quedara nada excepto los cielos estrellados, con la historia del zodíaco y el significado de los nombres de las diversas estrellas que se encuentran en las diferentes constelaciones, podríamos seguir las huellas de la historia del hombre, recobrar el conocimiento de nuestra meta y aprender el modo de su realización.

 

La Lección del Trabajo

 

El total de esta historia significa realmente la lección que es la primera que todos los aspirantes tienen que dominar, y la que es imposible aprender, hasta que se haya pasado por las pruebas en Aries y en Tauro. Entonces, en el plano físico, en el campo del cerebro y en su estado de conciencia despierta, el discípulo tiene que registrar contactos con el alma y reconocer sus cualidades. El no debe ser más el místico visionario, sino que debe agregar a la realización mística el conocimiento oculto de la realidad. Esto es olvidado a menudo por los aspirantes. Ellos descansan contentos con la aspiración, con la visión de la meta celestial. Han forjado en el crisol de la vida, un equipaje que se caracteriza por las sinceridad, el buen deseo, el carácter agradable, y son conscientes de la pureza del motivo, buena voluntad para cumplir los reque­rimientos, y la satisfacción de que ellos han alcanzado un cierto estado de desarrollo que los autoriza a seguir. Pero una cosa falta aún: no tienen lo que podría llamarse “la técnica de la presencia"; no tienen privilegio y prerroga­tiva para poseer. Ellos creen en la realidad del alma, en la posibilidad de la perfección, en el sendero que debe ser hollado; pero la creencia no ha sido todavía trasmutada en conocimiento del reino espiritual. ¡Y no saben cómo lograr su meta! Por lo tanto, como lo hizo Hércules, emprenden la quíntuple búsqueda.

 

La primera etapa de la búsqueda está llena de estímulo para ellos, habien­do sido capaces de reconocer el acontecimiento. Como Hércules, se encuentran con Nereo, el símbolo del yo superior, y más tarde en la historia del discípulo, él es el símbolo del Maestro que enseña. Una vez puestos en contacto, especialmente en las primitivas etapas de la búsqueda, el yo supe­rior se manifestará como un destello de iluminación y ¡he aquí! ha desapare­cido; como una repentina comprensión de la verdad, tan elusiva, huidiza, que al principio el discípulo no puede asirla; como una sugerencia que se deja caer en el estado consciente en momentos de una concentrada atención, cuando la mente se mantiene firme y las emociones temporalmente cesan de controlar.

 

En el caso de un discípulo más avanzado que ha establecido contacto con su alma y que, por consiguiente, se puede suponer que está listo para recibir instrucción de uno de los grandes Maestros de la Raza, se encontrará que el Maestro trabaja exactamente como lo hizo Nereo. No se puede entrar siem­pre en contacto con Él, y sólo ocasionalmente el discípulo entra en comuni­cación con Él. Cuando lo hace, no necesita esperar felicitaciones por su magnífico progreso, ni encontrará una cuidadosa explicación de su problema, ni el prolijo diseño del trabajo que deberá hacer. El Maestro dará una sugerencia y desaparecerá. Hará una insinuación y no dirá más. Corresponde al discípulo actuar lo mejor que pueda y llevar hasta el fin la sugerencia, la cual él deberá juzgar si es sabia.

 

Muchos ocultistas bien intencionados lo conducirían a uno a creer que los Maestros de Sabiduría se toman un interés personal con ellos, que los sobrecargados Guías de la Raza, no tienen mejor ocupación que decirles personalmente cómo vivir, cómo resolver sus problemas y cómo, minuciosamente, guiar sus empresas. Me gustaría aquí registrar mi protesta contra cualquier intento de rebajar el trabajo de los Grandes. Las razones por las cuales Nereo, el Maestro, es elusivo y no da sino un destello de pensamiento o de momentánea atención al aspirante, son dos:

 

Primero, el aspirante individual no es de interés personal para el Maestro hasta que ha llegado el punto en su evolución en que está en tan estrecha relación con su alma, que llega a ser un servidor magnético en el mundo. Entonces, y sólo entonces, le será beneficioso al Maestro enviarle un pensamiento, y darle una sugerencia. Entonces, a medida que esas sugerencias son seguidas, Él puede darle más, pero, y éste es el punto que debe ser enfatizado, sólo en conexión con el trabajo que debe hacer en el campo del servicio del mundo. Los aspirantes necesitan recordar que ellos llegan a ser maestros sólo dominando, y que se nos enseña a ser maestros y se nos lleva a la posición de miembro en el grupo de servidores del mundo, a través de los esfuerzos de nuestra propia alma. Esa alma es un divino hijo de Dios, omnisciente y omnipotente. A medida que el gemelo inmortal aumenta en poder y esplen­dor el hermano mortal disminuye.

 

Segundo, los cuerpos físicos de los aspirantes no están en condición de soportar la elevada vibración de aquél que se ha realizado. El cuerpo sería destrozado y el cerebro sería sometido a demasiado esfuerzo, si uno de los Maestros hiciera constante contacto con un discípulo, antes de que él hubiera aún aprendido a conocer a Nereo como el símbolo de su propio yo superior. Cuando por nuestros propios esfuerzos estemos empezando a vivir como almas, y cuando por nuestro propio autoiniciado empeño estemos aprendien­do a servir y a ser canales de energía espiritual, entonces conoceremos a Nereo más íntimamente; y entonces, casi inevitablemente, nuestro conoci­miento del trabajo que los Grandes tienen que hacer, será tan vital y tan real, que renunciaremos a nuestro propio deseo por el contacto y buscaremos sólo levantar la carga que ellos llevan.

 

Al principio de su búsqueda, Hércules se encontró con Nereo; pero no se sintió impresionado y por lo tanto se extravió por otras partes, buscando furiosamente satisfacer su aspiración. Al fin de su búsqueda él se encuentra con Atlas, soportando la carga del mundo, y se siente tan impresionado con el peso de esa responsabilidad y la carga que Atlas, el gran Maestro, está llevando, que olvida todo acerca de la meta y su búsqueda de las manzanas de oro, y se esfuerza por levantar la carga de los hombros de Atlas. Cuando los aspirantes en el campo religioso y en la iglesia, en el campo teosófico, en el campo de los rosacruces, y en los muchos grupos en los cuales ellos gravitan, hayan aprendido a olvidarse de ellos mismos para servir, y a perder de vista su egoísmo espiritual ayudando a la humanidad, habrá una más rápida reunión de los iniciados a través del portal en el Sendero que conduce de la oscuridad hacia la Luz, y de lo ilusorio a lo Real. Uno de los Grandes ha dicho que "hay personas que, sin tener nunca ningún signo externo de egoísmo, son intensamente egoístas en su interna aspiración espiritual". (p. 360, The Mahatma Letters to A. P. Sinnett). Y más tarde ofrecen ante nosotros un estupendo ideal que hace un corte en la raíz del egoísmo espiritual: "Si en nuestra visión de las más altas aspiraciones por el bienestar de la humanidad, éstas se manchan con egoísmo, en la mente del filántropo, acecha la sombra del deseo por el propio beneficio...”.

 

Hércules, el discípulo, ha conocido el toque del yo superior, pero no lo conocía lo suficiente para permanecer con Nereo. Por lo tanto, se volvió al sur, o de regreso al mundo. Él ha tenido su momento supremo, cuando trascendió el estado consciente de su cerebro y platicó con su alma. Pero esto no dura, y se abandona nuevamente al estado de conciencia del cerebro y entra en otra experiencia. Tiene que luchar con Anteo, la serpiente (o gigante). Pero, esta vez, es la serpiente del espejismo astral y no principal­mente la serpiente del deseo. Es con los hechizos del psiquismo inferior que él tiene que luchar, y éstos parecen, en las primeras etapas, atraen inevitable­mente el interés de los aspirantes. Cualquier maestro que haya trabajado con aquéllos que están buscando el Camino, conoce el hechizo bajo el cual ellos pueden caer tan fácilmente. Según el temperamento del aspirante así será el hechizo. Algunos se desvían por los fenómenos espiritistas. En el esfuerzo para penetrar el velo, se sienten absorbidos por el lado inferior del espiritismo y pasan mucho tiempo en la sala de sesiones, estudiando una y otra vez los mismos viejos fenómenos de materialización, comunicación con los espíritus y manifestaciones, no hago aquí referencias a las verdaderas investigaciones científicas de aquellos que ahondan en su indagación, y que están dotados para hacer esto. Me refiero a la participación del ignorante en ciertos tipos de trabajo en la sala de sesiones. Esto intriga al hombre y a la mujer comunes y los pone a merced del igualmente ignorante medium o del charlatán, pues ellos no están equipados para verificar de ninguna manera lo que ven y oyen.

 

La serpiente puede tomar la forma del aspecto más común de los fenóme­nos psíquicos. El aspirante se interesa en la escritura automática, o aprende a sentarse y escuchar "voces", se vuelve astralmente clarividente y clariaudien­te, se une a la confusión del plano psíquico, y así cae dentro de las trampas y peligros latentes del astralismo. Se vuelve negativo, porque está todo el tiempo tratando de oir o ver lo que no es físico. Porque nosotros compartimos con los gatos y los perros la capacidad de ser clarividentes y clariaudientes, a su debido tiempo seguramente veremos y oiremos, si no en realidad, al menos a través del poder de esa facultad creadora que todos poseemos, la imagina­ción creadora. Pero en una forma y otra, el aspirante que ha dejado a Nereo, se encontrará con la serpiente y tendrá que luchar con ella. Como el mito lo expresa, por un largo tiempo Hércules no pudo vencer, pero cuando levantó a la serpiente en el aire triunfó.

 

Hay gran verdad debajo de este simbolismo. El aire ha sido siempre mirado como el símbolo del elemento relacionado con el plano de Cristo, llamado en la terminología teosófica y en el oriente, el plano búdico. El plano astral es el reflejo distorsionado del plano búdico, y sólo cuando elevemos el espejismo dentro de la clara luz del alma de Cristo, veremos la verdad como es, y nos volveremos invencibles. Solemnemente, yo me esforzaría por convencer a todos los aspirantes, a renunciar a todo interés en los fenómenos psíquicos, y a excluir tan firmemente como puedan el plano astral, hasta que hayan desarrollado el poder de ser intuitivos, y de interpretar sus intuiciones por medio de una mente bien desarrollada, bien provista y bien entrenada.

 

La próxima etapa de la búsqueda de Hércules es igualmente aplicable a la humanidad en conjunto. El cayó en las garras de Busiris, que pretendía ser un gran maestro. Por un largo período de tiempo Hércules fue mantenido en cautiverio. El mundo hoy en día está lleno de maestros, y, como Busiris, ellos basan su enseñanza en portentosas pretensiones; afirman que son iniciados, que son los custodios de la verdad, y que tienen un camino seguro y cierto de desarrollo que debe, inevitablemente, capacitar al aspirante para realizarse. Ellos sostienen su posición con promesas; crean la atmósfera para una fuerte relación de la personalidad, y utilizando la sinceridad y la aspiración del buscador tras la verdad, reúnen a su alrededor grupos de hombres y mujeres que inocente y sinceramente creen en la verdad de lo que ellos pretenden, y los atan al altar del sacrificio por un mayor o menor período de tiempo. El verdadero iniciado es conocido por su vida y actos, está demasiado ocupado sirviendo a la raza, para perder el tiempo en interesar a la gente sobre sí mismo, y no puede hacer promesas más allá que decir a cada aspirante: "Éstas son las reglas antiguas, éste es el camino que todos los santos y Maestros de Sabiduría han recorrido, ésta es la disciplina a la cual deben sujetarse, y si sólo tratan de resistir y tener paciencia, la meta seguramente será alcanzada".

 

Pero Hércules se liberó, como lo hacen todos los buscadores sinceros; y habiendo escapado del mundo psíquico y pseudo‑espiritual empezó a servir. Primero se liberó a sí mismo bajo el símbolo de Prometeo, el que significa Dios encarnado, liberándolo de la tortura de los buitres de lo antiguo. El plexo solar, el estómago y el hígado son exteriorizaciones, si puedo expresarlo así, de la naturaleza del deseo, y Hércules se liberó a sí mismo de los buitres del deseo, que por largo tiempo lo habían torturado. Dejó de ser egoísta, y de buscar su propia satisfacción. Había tenido dos amargas lecciones en este signo y por este ciclo en particular estaba relativamente libre. Prometeo, el Dios interior, podría adelantarse al servicio del mundo y levantar la carga de Atlas.

 

Después del sacrificio viene la recompensa, y Hércules recibió su gran sorpresa después de liberar a Prometeo y Atlas. Habiendo abandonado su búsqueda para ayudar al mundo, Atlas fue en su lugar al jardín y le trajo las manzanas de oro, poniéndole en contacto con las tres hermosas doncellas, los tres aspectos del alma.

 

Al principio de su trabajo él se pone en contacto con su alma como Nereo; al final de su trabajo, habiendo superado muchos espejismos logra una visión grandemente acrecentada de su alma y la ve en sus tres aspectos, cada uno, conteniendo en sí, la potencia de los tres principios de la divinidad. Eglé simboliza la gloria de la vida y el esplendor del sol poniente, la magnificencia de la manifestación en el plano físico. Ella le da una manzana a Hércules, diciendo, "El camino hacia nosotros es, siempre, a través de actos de amor". Erythena cuida la puerta, el alma, que está siempre abierta por Amor‑Sabi­duría, y le da a Hércules una manzana marcada con la palabra dorada Servicio. Hesperis, la estrella vespertina, la estrella de la iniciación, repre­senta la Voluntad. Ella le dice a Hércules, "Recorre el Camino". Cuerpo, alma y espíritu; Inteligencia, Amor y Voluntad, avistados y contactados por el aspirante desinteresado a través del Servicio.

 

 

 

Trabajo 4

 

La Captura de la Gama o Cierva

 

Parte 1

 

Cáncer (21 junio ‑ 21 julio)

 

 

El Mito

 

El Gran Presidente, Quien se sienta en la Cámara del Concilio del Señor, habló al Maestro que permanecía a su lado: "¿Dónde está el hijo del hombre que es el hijo de Dios? ¿Cómo se comporta? ¿Cómo es puesto a prueba y con qué servicio está ahora comprometido?”.

 

El Maestro dijo, echando una mirada sobre el hijo del hombre que es el hijo de Dios: "Con nada en este momento, ¡Oh, Gran Presidente! La tercera gran prueba proveyó mucho sustento aleccionador a un principiante como él, ahora medita y reflexiona".

 

“Proporciona una prueba que evoque su elección más sabia. Envíalo a trabajar en un campo en el cual él deba decidir qué voz, de todas las muchas voces, despertará la obediencia de su corazón. Provee asimismo una prueba de gran simplicidad en el plano exterior, y además una prueba que despierte, en el lado interior de la vida, la plenitud de su sabiduría y la rectitud de su poder de elección. Que proceda con la cuarta prueba”.

 

*     *     *

 

Delante del cuarto gran Portal permanecía Hércules; un hijo del hombre y, no obstante un hijo de Dios. Al principio había profundo silencio. Él no pronun­ció palabra ni emitió ningún sonido. Más allá del Portal el paisaje se extendía en contornos despejados, y en el horizonte lejano se levantaba el templo del Señor, el santuario del Dios‑Sol, las murallas almenadas fulgurantes. Sobre una colina cercana estaba parado un esbelto cervatillo. Y Hércules, que es un hijo de hombre y no obstante un hijo de Dios, miró y escuchó y, escuchando, oyó una voz. La voz salía de ese brillante círculo de la luna que es el hogar de Arternisa. Y Artemisa, el hada, habló palabras de advertencia al hijo del hombre.

 

"La cierva es mía, por lo tanto, no la toques", dijo ella. "Durante eras yo la alimenté y la cuidé cuando joven. La cierva es mía y mía debe permanecer".

 

Entonces, surgió Diana, la cazadora de los cielos, la hija del sol. Saltando hacia la cierva con sus pies calzados con sandalias, ella también reclamó la posesión.

 

"No es así", dijo Artemisa, la más hermosa doncella: "La cierva es mía y mía debe permanecer. Demasiado joven hasta hoy, ahora puede ser útil. La cierva de astas de oro es mía, no tuya, y mía permanecerá".

 

Hércules de pie entre los pilares del Portal, escuchó y oyó la querella y mucho se asombraba mientras las dos doncellas disputaban por la posesión de la cierva.

 

Otra voz llegó a su oído, y con dominante acento dijo: "La cierva no pertenece a ninguna doncella, ¡oh, Hércules!, sino al Dios cuyo santuario tú ves en aquel monte distante. Vé y rescátala y llévala a la seguridad del santuario y déjala allí. Una cosa simple de hacer, ¡oh, hijo del hombre!, pero (y medita bien mis palabras) siendo un hijo de Dios, tú puedes así buscar y coger la cierva. Vé".

 

A través del cuarto Portal salió Hércules, dejando detrás los muchos dones recibidos para que no lo molestaran en la veloz persecución que tenía por delante. Y desde cierta distancia las pendencieras doncellas observaban. Artemisa, el hada, inclinándose desde la luna y Diana, hermosa cazadora de los bosques de Dios, seguían los movimientos de la cierva y, cuando la causa esperada surgía, cada una de ellas engañaba a Hércules, buscando frustrar sus esfuerzos. Él perseguía a la cierva de un punto a otro y cada una de ellas con sutileza le engañaba. Y esto hicieron una y otra vez.

 

Así, por espacio de todo un año, el hijo del hombre que es un hijo de Dios, siguió a la cierva de lugar en lugar, atrapando ligeros reflejos de su forma, sólo para encontrar que en la espesura de los bosques profundos la había perdido. De colina en colina y de bosque en bosque, la persiguió hasta muy cerca de un tranquilo estanque donde, de cuerpo entero, sobre la hierba no hollada, la vio durmiendo, cansada de su carrera.

 

Con paso silencioso, extendida mano y ojo inmutable, él disparó una flecha hacia la gama y la hirió en su pata. Estimulando toda la voluntad de la que estaba poseído, se acercó más, y no obstante la cierva no se movió. Así se adelantó más cerca, y ciñó a la cierva en sus brazos, cerca de su corazón. Y Artemisa y la bella Diana eran espectadoras.

 

"La búsqueda ha terminado", cantó en voz alta. "Dentro de la más espesa oscuridad fui conducido, y no encontré a la cierva. Dentro de los profunda­mente oscuros bosques sorteé mi camino, pero no encontré a la gama; y sobre las llanuras monótonas y las soledades áridas y los desiertos salvajes, me esforcé hacia la gama, sin embargo, no la encontré. A cada sitio que llegaba, las doncellas desviaban mis pasos, pero aún persistí y ¡ahora la cierva es mía! ¡la cierva es mía!

 

"Eso no es verdad, oh, Hércules!, llegó a sus oídos la voz de uno que permanece cerca del Gran Presidente dentro de la Cámara del Concilio del Señor. "La gama no pertenece, a un hijo del hombre aún cuando sea un hijo de Dios. Lleva la gama a aquel santuario distante, donde moran los hijos de Dios y déjala allí con ellos".

 

"¿Por qué así, oh, sabio Maestro? La gama es mía, mía por la larga búsqueda y el largo viaje, y mía asimismo porque yo la sostengo cerca de mi corazón".

 

"¿Y no eres tú un hijo de Dios, aunque un hijo de hombre? ¿Y no es el santuario también tu morada? ¿Y no compartes tú la vida de todos los que moran allí dentro? Lleva al santuario de Dios la gama sagrada, y déjala allí, oh, hijo Je Dios".

 

*     *     *

 

Entonces Hércules cargó la gama hasta el sagrado santuario de Micenas llevándola hasta el centro del lugar sagrado y allí la dejó. Y cuando la colocaba delante del Señor, reparó en la herida de su pata, producida por una flecha del arco que él había tendido y usado. La gama era suya por derecho de la búsqueda. La gama era suya por derecho de la destreza y la proeza de su brazo. "La cierva es, por lo tanto, doblemente mía”, dijo él.

 

Pero Artemisa, situándose dentro del atrio de ese lugar muy sagrado, oyó su fuerte grito de victoria y dijo: "No es así. La gama es mía y siempre ha sido mía. Yo vi su forma reflejada en el agua; oí sus pasos sobre los caminos de la tierra; sé que la gama es mía, pues toda forma es mía".

 

El Dios Sol habló desde el lugar sagrado. "La gama es mía, no tuya ¡Oh, Artemisa! Su espíritu permanece conmigo desde toda la eternidad, aquí en el centro del sagrado santuario. Tú no pueden entrar aquí ¡oh, Artemisa! y sabes que yo digo la verdad. Diana, esa hada cazadora del Señor, puede entrar por un momento y decirte lo que vea".

 

Por un breve momento entró al santuario la cazadora del Señor y vio la forma de lo que era la gama, yaciendo delante del altar, en apariencia muerta. Y con pena dijo: "Pero si tu espíritu descansa contigo ¡oh, gran Apolo, noble hijo de Dios!, entonces conozco que la cierva está muerta. La cierva está muerta por causa del hombre que es un hijo de hombre, aún cuando es un hijo de Dios. ¿Por qué puede él entrar al santuario y nosotras debemos esperar a la gama aquí afuera?”.

 

"Porque él sostuvo a la gama en sus brazos, cerca de su corazón, y en el lugar sagrado la gama encuentra descanso, y también el hombre. Todos los hombres son míos. La gama es asimismo mía, no tuya. No del hombre, sino mía".

 

*     *     *

 

Y Hércules, volviendo de la prueba, pasó nuevamente a través del Portal y encontró su camino, de regreso al Maestro de su vida.

 

"He cumplido la tarea señalada por el Gran Presidente. Fue simple, excepto por la cantidad de tiempo y la cautela de la búsqueda. Yo no escuché a aquellos que hacían su reclamo, ni vacilé en el camino. La gama está en el lugar sagrado, cerca del corazón de Dios y asimismo, en la hora de la necesidad, también cerca de mi corazón".

 

"Ve a mirar nuevamente ¡Oh, Hércules!, hijo mío, entre los pilares del Portal". Y Hércules obedeció. Más allá del Portal, el paisaje se extendía en claros contornos y en el horizonte lejano se erguía el templo del Señor, el santuario del Dios‑Sol, con brillantes murallas almenadas, mientras que en una colina cercana se erguía un esbelto cervatillo.

 

"¿Ejecuté la prueba, oh, sabio Maestro? El cervatillo está de nuevo sobre la colina donde antes lo vi parado".

 

Y desde la Cámara del Concilio del Señor, donde se sienta el Gran Presidente, llegó una voz: "Muchas y todavía muchas veces deben todos los hijos de los hombres, que son los hijos de Dios, buscar al cervatillo de la cornamenta de oro y llevarlo al lugar sagrado; muchas y todavía muchas veces".

 

Entonces dijo el Maestro al hijo del hombre que es un hijo de Dios: "El cuarto trabajo ha terminado, y por la naturaleza de la prueba y por la naturaleza de la gama, la búsqueda debe ser frecuente. No olvides esto, sino que reflexiona acerca de la lección aprendida".

 

                                                                                                          El tibetano

 

 

Síntesis de los Signos

 

Cáncer es el último de los que podríamos llamar los cuatro signos preparatorios, si estamos considerando la involución del alma en la materia, o la evolución del aspirante a medida que se esfuerza por pasar del reino humano al espiritual. Estando equipado con la facultad de la mente, en Aries, y con el deseo, en Tauro, y habiendo llegado a la realización de su dualidad esencial en Géminis, el ser humano encarnado entra, a través del nacimiento en Cáncer, dentro del reino humano.

 

Cáncer es un signo de masa, y las influencias que emite son apoyadas por muchos esoteristas para dar lugar a la formación de la familia humana, de la raza, de la nación y de la unidad familiar. En lo que al aspirante concierne, la historia es algo diferente, pues en estos cuatros signos, él prepara su equipo y aprende a utilizarlo. En Aries se aferra con fuerza a su mente y busca inclinarla a su necesidad, aprendiendo el control mental. En Tauro, “la madre de la iluminación", recibe su primer destello de esa luz espiritual que crecerá cada vez más brillante a medida que se acerca a su meta. En Géminis, no sólo aprecia los dos aspectos de su naturaleza, sino que el aspecto inmortal empieza a acrecentarse a expensas del mortal.

 

Ahora, en Cáncer, logra su primer contacto con ese sentimiento más universal, que es el aspecto superior de la conciencia de la masa. Equipado, por consiguien­te, con una mente controlada, una capacidad de registrar la iluminación, una capacidad para hacer contacto con su aspecto inmortal y para reconocer intui­tivamente el reino del espíritu, está listo ahora para el trabajo mayor.

 

En los cuatro signos siguientes, a los que podríamos considerar como los signos de la lucha del plano físico por la realización, hemos pintado para nosotros la tremenda batalla por medio de la cual el individuo autoconsciente, emergiendo de la masa en Cáncer, se conoce a sí mismo como siendo el individuo en Leo, el Cristo potencial en Virgo, el aspirante esforzándose para equilibrar los pares de opuestos en Libra, y el que vence a la ilusión en Escorpio. Estos son los cuatro signos de crisis y de estupendo esfuerzo. En ella toda la iluminación, la intuición, y el poder del alma del cual Hércules, el aspirante, es capaz, son utilizados al extremo. Estos tienen su reflejo también en el arco involutivo, y se puede trazar una secuencia similar de desarrollo. El alma logra individualidad en Leo, se vuelve la que alimenta las ideas y las capacidades potenciales en Virgo, oscila violentamente de un extremo al otro en Libra, y está sujeta al efecto disciplinante del mundo de la ilusión y la forma en Escorpio.

 

En los últimos cuatro signos, tenemos los signos de la realización. El aspirante ha trabajado en el mundo del espejismo y de la forma y en su conciencia está libre de sus limitaciones. Ahora él puede ser el arquero en Sagitario, yendo directamente a su meta; ahora puede ser la cabra en Capricornio, escalando el monte de la iniciación; ahora puede ser el trabajador del mundo en Acuario, y el salvador del mundo en Piscis. Así, puede resumir en sí mismo todos los beneficios del período preparatorio y de las batallas ferozmente luchadas en los cuatro signos de enérgica actividad; y en estos cuatro signos finales demostrar los beneficios logrados y los poderes desarrollados.

 

Esta breve recapitulación de los signos, según afectan a Hércules, servirá para dar alguna idea de la magnífica síntesis del cuadro, y de la constante progresión, y del desarrollo controlado de las distintas fuerzas que juegan su parte sutil, en realizar los cambios en la vida del hombre.

 

Tres palabras resumen el objetivo autoconsciente o el aspecto conciencia del evolucionado ser humano: instinto, intelecto, intuición. El signo que ahora estamos estudiando es predominantemente el signo del instinto; pero la sublimación del instinto es la intuición. En la misma forma, así como la materia tiene que ser elevada al cielo, así el instinto tiene que ser igualmente elevado, y cuando ha sido así trascendido y transmutado, se manifiesta como intuición (simbolizada por la gama). El estado intermedio es el del intelecto. La gran necesidad de Hércules ahora es desarrollar su intuición y familiari­zarse con ese reconocimiento instantáneo de la verdad y de la realidad que es la alta prerrogativa y potente factor en la vida de un liberado hijo de Dios.

 

Significado de la Historia

 

Euristeo, por consiguiente, envió a Hércules a capturar la gama o cierva Cerinita de los cuernos de oro. La palabra "cierva" viene de una antigua palabra gótica que significa "el que debe ser capturado", en otras palabras, lo que es elusivo y difícil de aprisionar. Esa gama era sagrada para Artemisa, la diosa de la luna; pero Diana, la cazadora de los cielos, la hija del sol, también la pretendía y hubo una querella sobre la pertenencia. Hércules aceptó el encargo de Euristeo y se equipó para capturar la dócil cierva. Estuvo todo un año persiguiéndola, yendo de un bosque a otro, apenas avistándola y volviéndola a perder. Pasó un mes tras otro, y nunca pudo apresarla y retenerla. Finalmente el éxito coronó su esfuerzos y él capturó a la gama, la echó sobre sus hombros, "la sostuvo cerca de su corazón", y la llevó al sagrado templo de Micenas, donde la colocó frente al altar, en el lugar sagrado. Entonces retrocedió, complacido de su triunfo.

 

Esta es una de las historias más cortas pero, aunque se nos dice muy poco, este trabajo, cuando se lo considera reflexivamente, es de un profundo y destacado interés y la lección que contiene es de profundo sentido. No hay triunfo para el aspirante hasta que no ha transmutado el instinto en intuición, ni hay correcto uso del intelecto hasta que la intuición es puesta en juego, interpretando y extendiendo el intelecto y aportando la realización. Entonces el instinto se subordina a ambos.

 

 

Trabajo 4

 

La Captura de la Gama o Cierva

 

Parte 2

 

Cáncer (21 junio ‑ 21 julio)

 

 

 

Cualidades del Signo

 

Cáncer es llamado el Cangrejo y los griegos nos dicen que fue el cangrejo quien fue enviado por Hera a morder el pie de Hércules (de nuevo nos encontramos con este símbolo en el vulnerable "talón de Aquiles"). Esta es una interesante forma de expresar los riesgos del proceso de la encarnación y de ilustrar los obstáculos que acosan al alma mientras ella viaja a lo largo del sendero de la evolución. Simboliza las limitaciones de toda encarnación física, pues Cáncer es una de las dos grandes puertas; siendo una la puerta hacia la vida de la forma, y la otra hacia la vida espiritual; abriendo uno la puerta hacia la forma masa de la familia humana, y el otro hacia el estado universal de conocimiento que es el reino del espíritu. Uno marca el comienzo de la experiencia humana en el plano físico, el otro marca su clímax. Uno significa potencialidad y el otro consumación.

 

Se nos dice que Cristo dio a San Pedro las llaves del cielo y de la tierra; él le dio, por lo tanto, las llaves de esta dos puertas. Nosotros leemos:

 

"Jesús da a Pedro... las llaves de las dos puertas principales del zodíaco, que son los dos puntos solsticiales, los signos zodiacales Cáncer y Capricornio, llamados las puertas del sol. A través de Cáncer, o 'la puerta del hombre', el alma desciende sobre la tierra (para unirse con el cuerpo), que es su muerte espiritual. A través de Capricornio, la 'puerta de los dioses' ella vuelve a ascender al cielo". (E. Valentía Straiton, El Barco Celestial del Norte, Vol. II, pág. 206).

 

En el zodíaco de Denderah, el signo Cáncer está representado por un coleóptero, llamado en Egipto, el escarabajo. La palabra "escarabajo" signi­fica "unigénito"; se halla por lo tanto, por el nacimiento, dentro de la encarnación, o en relación al aspirante, por el nuevo nacimiento. El mes de junio era llamado en el antiguo Egipto "meore”, que significa asimismo “renacimiento", y así ambos, el signo y el nombre, sostienen firmemente ante nosotros el pensamiento del apoderarse de la forma y del acceder a la encarnación física. En un antiguo zodíaco de la India fechado alrededor del 400 A.C., el signo es representado asimismo por un coleóptero.

 

Los chinos llamaban a este signo "el pájaro rojo”, pues el rojo es el símbolo del deseo, y el pájaro es el símbolo de esa proyección hacia la encarnación y de su aparición en el tiempo y el espacio. El pájaro aparece bastante frecuentemente en el zodíaco y en las antiguas historias mitológicas; Hamsa, el pájaro de la tradición hindú, "el pájaro fuera del tiempo y del espacio", permanece igualmente para la manifestación de Dios y el hombre.

 

Desde la oscuridad, el pájaro cruza como un relámpago y vuela a través del horizonte en la luz del día, desapareciendo nuevamente dentro de la oscuridad. Nuestra palabra "ganso", viene de la misma raíz sánscrita, a través de los islandeses, y cuando nosotros decimos, “que ganso eres", estamos haciendo realmente una afirmación de lo más esotérica; le estamos diciendo a otro ser humano: "Eres el pájaro fuera del tiempo y del espacio, eres el alma que toma forma; ¡eres Dios encarnado!".

 

El cangrejo vive mitad en la tierra y mitad en el agua. Es, por lo tanto, el signo del alma morando en el cuerpo físico, pero viviendo predominantemen­te en el agua, que es el símbolo de la naturaleza emocional, sensible.

 

Exotéricamente, Cáncer está gobernado por la luna, que es siempre la madre de la forma, controlando las aguas y las mareas. Por consiguiente, en este signo la forma es dominante, y constituye un obstáculo. El cangrejo construye su casa o caparazón y la lleva sobre su espalda, y la gente nacida en este signo es siempre consciente de lo que ha construido; esas personas son por lo general demasiado sensibles, demasiado emocionales, buscando siem­pre esconderse. El nativo de Cáncer es tan sensible que es difícil de tratar y tan elusivo y a veces tan indefinido, que es difícil comprenderlo o restringirlo.

 

La Cruz Cardinal

 

Cáncer es uno de los brazos de la cruz cardinal. Un brazo es Aries, el signo del principio, el comienzo, de la vida subjetiva, del estado prenatal o involu­ción, y del primer paso, ya sea hacia la toma de forma, o hacia la liberación espiritual. Un tercer brazo de la cruz es Libra, la balanza, la elección entre; el comienzo del caminar por el "sendero angosto como el filo de la navaja" al que Buda tan frecuentemente se refiere. Capricornio, el cuarto brazo, es asimismo nacimiento, el nacimiento del salvador del mundo, nacimiento dentro del reino espiritual, nacimiento fuera del mundo de la materia dentro del mundo del ser. Involución, encarnación, expresión, inspiración, son las cuatro palabras que expresan la historia de la cruz cardinal en los cielos (la cruz del iniciado).

 

Las Estrellas

 

No hay estrellas brillantes en Cáncer, ni estrella descollante o reluciente, porque Cáncer es un signo de ocultación, de retiro detrás de lo que ha sido construido. No es una constelación llamativa. Es interesante observar que no hay una palabra hebrea para "cangrejo". Este era considerado como impuro y no se, lo mencionaba. Así es considerada la forma material desde el punto de vista del espíritu, y los esoteristas nos dicen que el cuerpo físico no es un principio. (La sustitución del escarabajo sagrado egipcio por el cangrejo parece un reconocimiento de la cualidad de Cáncer en sus aspectos supe­riores, cuando el nativo es un aspirante o discípulo, pues nosotros transitamos muchas veces alrededor del zodíaco).

    

Hay ochenta y tres estrellas en este signo, la más brillante de la cuales es de tercera magnitud, y en el mismo centro de la constelación hay un racimo de estrellas: Praesepe, el pesebre, llamada por los astrónomos modernos, “la colmena". Este es un maravilloso símbolo de la organización colectiva de la familia humana, y es una de las razones por la cual éste es siempre considerado como un signo de la masa. En la masa, el instinto gobierna; por consiguiente, Cáncer es el signo del instinto, de la vida del rebaño, de la reacción de la masa. Representa la mente subconsciente, el instinto hereditario, y la imaginación colectiva. Se sostiene individualmente, para la totalidad de la vida y el conocimiento de las células en el cuerpo, y de esa vida instintiva, colectiva, que es grandemente subconsciente en el hombre, pero la que siempre influencia su cuerpo físico y, subjetivamente, su mente inferior y su ser emocional. El no evolucionado nativo de Cáncer está inmerso en la masa; él es una parte inconsciente del gran todo, y en eso yace el problema; pues la persona término medio de Cáncer, así como el aspirante que está realizando el trabajo de este signo, está sujeta al impulso de elevarse por encima de la masa a la cual está asida por su instinto, y a desarrollar en cambio la intuición, la que así la capacitará para elevarse. Este signo es llamado a veces “el ataúd”, por los hebreos, porque indica falta de identidad, mientras que los primitivos cristianos lo llamaban "el sepulcro de Lázaro", el cual fue revivido de la muerte. En estas palabras "ataúd", "sepulcro”, "cangrejo", y en la referencia  que a veces encontramos de Cáncer como de "la matriz”, tenemos el pensa­miento de la vida oculta, de una forma velada, de la potencialidad, y de esa lucha con las circunstancias que eventualmente producirá, en Leo, el surgi­miento del individuo y, en Capricornio, el nacimiento de un salvador del mundo.

 

Definitivamente, por lo tanto, este signo retrata la lucha que prosigue en la vida del aspirante para que el instinto pueda dar eventualmente, lugar a la intuición.

 

Compensación con Capricornio

 

Es interesante contrastar los dos signos, Cáncer y Capricornio, pues lo que está indicado en Cáncer, es consumado en Capricornio. Cáncer repre­senta el hogar, la madre. Es personal y emocional, mientras que Capricornio representa el grupo en el que la unidad entra conscientemente, y también "el padre de todo lo que es". Al portal de Cáncer se entra a través del proceso de transferencia del estado animal de conocimiento, al humano; mientras que al portal de Capricornio se entra a través de la iniciación. Uno es inevitable, subconsciente y potencial; el otro es autoindicado, autoconsciente y poderoso. Cáncer representa la forma de la masa, el alma del animal colectiva; Capri­cornio representa el grupo, el alma universal.

 

Cáncer era llamado originariamente el mes de nacimiento de Jesús. Capricornio es, como sabemos, el mes de nacimiento del Cristo, y el veinticinco de Diciembre ha sido celebrado a través de los siglos el nacimiento del salvador del mundo; pero en los muy antiguos días, el natalicio de los dioses del sol naciente era en Cáncer. Se nos dice:

 

«El natalicio del niño Jesús, estando establecido arbitrariamente por los sacerdotes, produce una seria discrepancia, ya que se nos dice que nació en un pesebre. El pesebre se encuentra en el signo del solsticio de verano, la constelación de Cáncer, que era llamada la puerta del sol, a través de la cual se le decía a las almas que descendieran desde su hogar celestial a la tierra; exactamente como en el solsticio de invierno, en diciembre, se les decía que regresaran a su hogar celeste o celestial, la constelación de Capricornio, la otra puerta del sol. Capricornio era el signo del cual se decía que en él habían nacido los dioses del sol en el solsticio de invierno y eran consagrados a los hijos de la luz".

 

(E. Valentía Straiton, The Celestial Ship of theNorth, Vol. II, Pág. 205).

 

Símbolos

 

El símbolo astrológico para el signo de Cáncer no tiene en absoluto relación con el cangrejo. Está compuesto de dos colas de "asnos", y éstos asimismo vinculan la historia del evangelio con la historia del pesebre. En relación con el nacimiento de Jesús aparecen dos asnos; uno en el cual la Virgen cabalgó hacia Belén, previo al nacimiento, y el otro en el cual ella cabalgó a Egipto, después del nacimiento. Cerca del signo de Cáncer hay dos estrellas brillantes; una llamada Asellus Borealis, o el asno del norte, y la otra, Asellus Australis, o el asno del sur. (Hay también una tercera vez, cuando Cristo cabalgó en Jerusalén durante su breve momento de triunfo en el Domingo de Ramos sentado en las ancas de un burro, un símbolo de paciencia y humildad, las joyas de la corona de la grandeza). Por lo tanto, no desmerez­can a este símbolo.

 

Alguien ha usado las siguientes palabras para expresar la cadencia de Cáncer cuando entró por primera vez: "Una triste vocecita subterránea, una melodía baja, capturada a medias, semi‑evasiva”.

 

Todavía no ha sido consumado el trabajo. Todo lo que se oye es la señal de un posible logro. Todo lo que se encuentra es un profundo impulso interior y un descontento que se vuelve gradualmente tan fuerte que saca a la luz al oculto, esforzado individuo, fuera de su medio de estabilizada condición del mundo y lo hace el fervoroso aspirante que no conoce descanso, que ha emergido fuera del agua y trepado constantemente hasta que se encuentra en la cima del monte en Capricornio, el nacimiento, no la consumación del salvador del mundo. "Cristo nació en Capricornio, cumplió la ley bajo Satur­no, inició la era de inteligente hermandad bajo Venus, y es el perfecto ejemplo del iniciado de Capricornio, que se vuelve el servidor del mundo en Acuario; y el salvador del mundo en Piscis. Cáncer admite al alma en el centro del mundo que llamamos humanidad. Capricornio admite al alma en la partici­pación consciente en la vida de este centro del mundo que llamamos la Jerarquía.” (Astrología Esotérica).

 

Las Tres Constelaciones Simbólicas

 

Jesús es llamado a menudo el Buen Pastor, y ha sido representado muchas veces como el pastor guiando sus ovejas. El pensamiento del rebaño ha sido estrechamente asociado con Cristo en la mente de la gente. Conectadas con el signo de Cáncer hay tres constelaciones: la Osa Mayor, la Osa Menor y Aros. Los corrientes nombres occidentales para las dos primeras son Osa Mayor y Osa Menor, pero es uno de los misterios de la astronomía cómo el nombre "osa" llegó a ser asociado con cualquiera de estos grupos de estrellas, pues en los zodíacos caldeo, persa, hindú y egipcio no se encuentra ninguna osa. Los nombres más comúnmente usados son aquellos de “la majada", o “el rebaño de ovejas", y se encontrará que un análisis de los nombres hebreo y árabe para las estrellas que están en estas constelaciones, prueba el hecho de que los nombres antiguos significan "el rebaño menor", “la majada”, “la oveja", y "el barco". En el capítulo treinta y cuatro de Ezequiel y en el capítulo décimo de San Juan, es mucho lo que se refiere a estas constelaciones.

 

La Osa Menor es famosa porque la estrella más brillante en ella es la estrella polar, la estrella del norte. En el simbolismo de estas dos constela­ciones hemos tenido ante nosotros el pensamiento de la masa o del grupo, que es la influencia significativa del trabajo hecho en el signo de Cáncer, y en el simbolismo de la estrella del norte tenemos el pensamiento de una estrella guía, una atracción magnética que guía al peregrino de vuelta al hogar. Muchos esoteristas sostienen la creencia que la familia humana, el cuarto reino en la naturaleza, vino a la existencia gradualmente durante los dos mil años, aproximadamente, cuando nuestro sol estaba en Cáncer.

 

El pensamiento de una masa de animales, de límites determinados dentro de los cuales estas ovejas o animales estaban confinados, y el pensamiento de un centro magnético de atracción, están simbólicamente pintados para noso­tros también en la tradición masónica. En el planisferio egipcio de Kircher, Argos está representado por dos galeras (así como nosotros tenemos dos rediles), cuyas proas están coronadas por cabezas de carneros, y la popa, de una de ellas, termina en una cola de pez. Adviértase, por lo tanto, como aquí hemos sostenido gráficamente frente a nosotros, la consumación en Capri­cornio, donde la cabra trepa la cima de la montaña. Tenemos también la descripción gráfica de ese ciclo mayor que incluye el progreso del alma desde Cáncer hasta Capricornio, pero que comienza en Aries, el carnero, y termina en Piscis, los peces. Un concienzudo análisis del simbolismo de los signos zodiacales, profundiza en uno la fuerte convicción de la eterna representación de la verdad, y el constante mantenerse ante nuestros ojos, la historia de la evolución de la materia dentro de la forma, del conocimiento, del espíritu y de la vida.

 

Argos se extiende en todo del camino desde Cáncer hasta Capricornio y es una de las constelaciones más grandes. Tiene en ella sesenta y cuatro estrellas, de la cuales Canopus es la más brillante. Su simbolismo, por consiguiente, abarca la vida del aspirante desde el momento en que encarna hasta que ha alcanzado su meta. Usamos la palabra "barco" bastante frecuentemente en un sentido simbólico, hablando del "barco del estado", del "barco de la salvación” y comunicando siempre la idea de seguridad, de progreso, y del logro de una salida, del hacer un viaje y de la conducción de una enorme multitud de peregrinos en búsqueda de un tesoro de oro o de un nuevo y más libre hogar.

 

Los peregrinos están equipados con el instinto, y a medida que ellos pasan a través de varias constelaciones abarcadas por este inmenso signo, ese instinto demuestra cómo el intelecto en un ser humano a medida que desa­rrolla autoconciencia y emerge del puro estado animal, hasta que llega el momento en que, habiendo avanzado alrededor del zodíaco una y otra vez, el aspirante se encuentra nuevamente en Cáncer, enfrentado con el problema de encontrar esa elusiva, sensible, y profundamente oculta, o escondida, intuición espiritual que lo guiará en su ahora solitaria jornada; que el aspi­rante no está más identificado con la masa y perdido en ella; él no es más una de las ovejas guardadas a salvo en el redil; no es más uno del gran rebaño de emigrantes, sino que ha emergido de la masa y empezado el solitario camino de todos los discípulos. Entonces camina el sendero de la tribulación, del ensayo y la prueba, luchando por sí mismo como individuo, desde Leo hasta Capricornio, hasta que llega el momento que, con la ayuda del instinto, el intelecto y la intuición, y conducido por el impulso de la vida de Cristo, se funde de nuevo con la masa y se identifica con el grupo. Entonces se vuelve el servidor del mundo en Acuario y no tiene sentido de separación.

 

La Lección del Trabajo

 

Hemos visto que la cierva o gama por la que se esforzaba Hércules, era sagrada para Artemisa, la luna, pero era reclamada también por Diana, la cazadora de los cielos, y por Apolo, el dios sol. Una de las cosas que olvidan a menudo los estudiantes de psicología y aquellos que exploran la desarrollada conciencia del hombre, es el hecho de que no hay pronunciadas distinciones entre los diversos aspectos de la naturaleza del hombre, sino que todos son fases de una realidad. Las palabras instinto, intelecto e intuición, no son sino aspectos diversos del conocimiento y de la respuesta al medio y al mundo en el cual se encuentra el humano. El hombre es un animal y posee asimismo la cualidad del instinto y de las respuestas instintivas a su ambiente. El instinto es la conciencia de la forma y de la vida celular, el modo de conocimiento de la forma, y por consiguiente, Artemisa, la luna, que gobierna sobre la forma, reclama la cierva sagrada. En su propio lugar, el instinto animal es tan divino como esas otras cualidades que nosotros consideramos como más estrictamente espirituales.

 

Pero el hombre es también un ser humano; él es racional; puede analizar, criticar, y posee ese algo que llamamos la mente, y esa facultad de percepción y respuesta intelectual, que lo diferencia del animal, la que le abre un nuevo campo de conocimiento, pero que es, no obstante, simplemente una extensión de su instrumento de respuesta y el desarrollo del instinto en intelecto. A través de uno, él se entera del mundo de los contactos físicos y de las condiciones emocionales; a través del otro, se entera del mundo del pensamiento y de las ideas, y así es un ser humano. Cuando ha alcanzado esa etapa de percepción inteligente e instintiva, entonces "Euristeo" le indica que hay otro mundo al cual puede igualmente conocer, pero que tiene su propio método de contacto y sus propios instrumentos de respuesta.

 

Diana, la cazadora, reclamaba la gama, porque para ella la gama es el intelecto y el hombre es el gran buscador, el gran cazador delante del Señor. Pero la gama tenía otra y más elusiva forma, y a ésta, buscaba Hércules, el aspirante. Se nos dice que por un ciclo vital, él buscó. No era la gama, el instinto, lo que él buscaba; no era la gama, el intelecto, lo que era objeto de su búsqueda. Era algo más, y por esto empleó un ciclo de su vida buscando. Finalmente, leemos, la capturó y la llevó al templo, donde fue reclamada por el dios sol, quien reconoció en la gama la intuición espiritual, esa extensión de la conciencia, ese altamente desarrollado sentido del conocimiento, que da al discípulo una visión de nuevos campos de contacto y abre para él un nuevo mundo del ser. Se nos dice que la batalla aún continúa entre Apolo, el dios sol, quien sabía que la gama era la intuición, Diana, cazadora de los cielos, quien sabía que era el intelecto, y Artemisa, la luna, quien pensaba que era solamente instinto. Ambas diosas pretendientes tienen una finalidad y el problema de todos los discípulos es usar correctamente el instinto en su justo lugar, y en su propia manera. Él debe aprender a usar el intelecto bajo la influencia de Diana, la cazadora, hija del sol, y a través de él ponerse en relación con el mundo de las ideas humanas y de la investigación. Debe aprender a llevar esa capacidad suya al templo del Señor y allí verla trasmu­tada en intuición, y a través de la intuición llegar a conocer las cosas del espíritu y de aquellas realidades espirituales que ni el instinto ni el intelecto pueden revelarle. (Y una y otra vez los hijos de los hombres, que son también hijos de Dios, deben recapturar estas realidades espirituales, sobre el Camino infinito).

 

 

Trabajo 5

 

Matando al León de Nemea

 

(Leo, 22 julio ‑ 21 Agosto)

 

 

El Mito

 

El Gran Presidente se sentó dentro de la Cámara del Concilio del Señor y allí discutió el plan de Dios para todos los hijos de los hombres, que son los hijos de Dios. El Maestro permanecía a su derecha y escuchaba sus palabras. Y Hércules descansaba de sus trabajos.

 

Y el Gran Presidente, dentro de la Cámara del Concilio del Señor, obser­vaba el reposo del cansado guerrero y vigilaba sus pensamientos. Él le dijo entonces al Maestro que se mantenía a su lado dentro de la Cámara del Concilio del Señor: "El tiempo para un terrible trabajo se acerca ahora. Este hombre, que es un hijo de hombre y no obstante un hijo de Dios, debe ser preparado. Que mire las armas que posee y que pula brillante su escudo, y que sumerja sus flechas en una mezcla letal, pues horrible y espantoso es el trabajo que tiene por delante. Que se prepare".

 

Pero Hércules, descansando de sus trabajos, no tenía noticia de la prueba que estaba por delante. Sentía fuerte su coraje. Descansaba de sus trabajos, y una y otra vez más allá del cuarto Portal perseguía la gama sagrada claramente hasta el templo del Señor. Llegó el tiempo en que la tímida cierva conoció bien al cazador que la perseguía, y gentilmente acudió a una orden suya. Así una y otra vez, él colocaba a la gama sobre su corazón y buscaba el templo del Señor. Así descansaba.

 

Delante del quinto gran Portal se erguía Hércules, armado hasta los dientes con todos los obsequios de guerra y de guerreros, y mientras él se erguía los vigilantes dioses observaban su firme paso, su ojo ansioso, su mano pronta. Pero en lo profundo de su corazón se preguntaba:

 

"¿Qué hago yo aquí?”, "¿Cuál es la prueba y por qué busco pasar este Portal?”, y hablando así escuchaba, esperando oír una voz. “¡Qué hago aquí, Oh, Maestro de mi vida, armado, como tú vez, con todos los pertrechos de guerra? ¿Qué hago yo aquí?"

 

"Una llamada ha sonado, Hércules, una llamada de profundo dolor, tus oídos exteriores no han respondido a esa llamada, y no obstante el oído interior conoce bien la necesidad, pues él ha oído una voz, sí, muchas voces, diciéndote la necesidad, el apremio de que tú te arriesgues. La gente de Nemea busca tu ayuda. Ellos están en profunda angustia. La noticia de tus proezas se ha hecho pública. Piden que tú mates al León que devasta su región, tomando sus víctimas entre los hombres".

 

"¿Es ése el salvaje ruido que oigo?”, preguntó Hércules. "¿Es el rugido de un león lo que oigo, en el aire vespertino?”. El Maestro dijo: "Ve, busca al león que asola la región situada en la parte más distante del quinto Portal. La gente de esta asolada comarca vive silenciosamente detrás de sus puertas con cerrojo, no se aventura a salir a sus tareas, ni cultivan su tierra, ni siembran. De norte a sur, de este a oeste el león merodea, y acechando captura a todo aquél que cruza su camino. Su espantoso rugido se oye a lo largo de la noche y todos están temblando detrás de sus puertas atrancadas. ¿Qué harás, Oh Hércules? ¿Qué harás?”.

 

Y Hércules, prestando oídos, respondió a la necesidad. En el lado más cercano del gran Portal que custodia firme la región de Nemea, dejó caer las armas de guerra, reteniendo el garrote, cortado por sus manos de un árbol joven y primaveral. "¿Qué haces ahora, oh hijo del hombre, que eres asimismo un hijo de Dios? ¿Dónde están tus armas y dónde tu fuerte protección?” "Este admirable conjunto de armas sólo me oprime, demora mi velocidad y obstru­ye mi marcha en el camino. No necesitaré nada sino mi fornida maza, y con esta clava y mi intrépido corazón, iré por mi camino a buscar al león. Envía a decir a la gente de Nemea que voy por el Camino, y diles que desechen su temor".

 

*     *     *

 

De un lugar a otro pasó Hércules, buscando al león. Encontró a las gentes de Nemea, escondidas detrás de sus puertas con cerrojo, excepto unos pocos afuera que se aventuraban a causa de la necesidad o la desesperación. Ellos andaban por el camino a la luz del día, aunque llenos de temor.

 

Dieron la bienvenida a Hércules con alegría al principio, después con preguntas, cuando vieron su manera de viajar; sin armas, con escasos conocimientos de las costumbres del león, y nada, excepto un quebradizo garrote de madera. "¿Dónde están tus armas, Oh, Hércules? ¿No tienes miedo? ¿Por qué buscas al león sin protección? Ve a procurar tus armas y tu escudo. El león es feroz y fuerte, y a gran multitud ha devorado. ¿Por qué correr este riesgo? Ve a buscar tus armas y panoplia de poder". Pero silenciosamente, sin responder, el hijo del hombre, que era el hijo de Dios, siguió por el Camino, buscando las huellas del león y siguiendo su voz.

 

"¿Dónde está el león?”, preguntaba Hércules. "El león está aquí”, llegaba la respuesta. "No, allí", se imponía una voz de miedo. "No es verdad" replicaba una tercera, "Yo escuché su rugido cerca de la desierta montaña esta semana". "Y yo, también, cerca de este valle donde estamos". Y todavía otra decía: "Yo vi sus huellas sobre el sendero por el que caminé, de modo que, Hércules, escucha mi voz y síguele la pista hasta su guarida".

 

*     *     *

 

Así prosiguió Hércules su camino, ansioso pero sin miedo; solo, no obs­tante acompañado, pues en la huella él seguía a otros y era seguido, con esperanza y tembloroso espanto. Durante días y muchas noches exploró el Camino y prestó oídos al rugido del león mientras la gente de Nemea se agazapaba tras las puertas cerradas.

 

De repente vio al león. Estaba parado a la orilla de un espeso matorral. Viendo a un enemigo que se acercaba y que parecía completamente sin temor, el león rugió, y con su rugido los arbustos se sacudieron, las gentes de Nemea huyeron y Hércules permaneció inmóvil.

 

Hércules empuñó su arco y su estuche de flechas y con mano segura y ojo experto apuntó una flecha al lomo del león. La flecha se dirigió directo al blanco. La flecha cayó sobre la tierra y falló, no atravesó el lomo del león. De nuevo, y aún otra vez disparó sus flechas sobre el león hasta que no quedó ni una flecha en su carcaj. Entonces el león vino hacia él ileso y enfurecido de rabia, completamente sin temor. Arrojando su arco sobre la tierra, el hijo del hombre, que es un hijo de Dios, se abalanzó con un alarido salvaje hacia el león que estaba en la Senda, bloqueando su camino, asombrado de la proeza con la cual hasta entonces no se había enfrentado. Pues Hércules avanzaba. Repentinamente el león se volvió y se precipitó dentro de un matorral, en las laderas rocosas del camino de la abrupta montaña.

 

Y así continuaron los dos. Y repentinamente mientras iba por el Camino, el león desapareció y no se lo vio ni oyó más.

 

Hércules se detuvo en el Camino y permaneció silencioso. Buscaba por todos lados, empuñando su firme garrote, el arma que él mismo había hecho, el obsequio que se había dado en días ya pasados, su confiable clava. Por todos lados buscaba; pasaba por todos los caminos, yendo de un punto a otro sobre la angosta senda que corría por el costado de la montaña. De repente se acercó a una cueva y desde la cueva llegó un fuerte rugido, una voz salvaje, sorda y retumbante que parecía decirle que se detuviera o perdería su vida. Y Hércules permaneció quieto, gritando a las gentes de la región: "El león está aquí, observen la hazaña que haré". Y Hércules, que es un hijo de hombre y sin embargo un hijo de Dios, entró a esa cueva y atravesó toda su extensión oscura hacia la luz del día y no encontró al león, sólo otra abertura que conducía a la luz del día. Y mientras estaba en suspenso, oyó al león detrás suyo, no delante.

 

"¿Qué haré?”, se preguntó Hércules, "esta cueva tiene dos aberturas y mientras yo entro por una el león sale y entra por la que he dejado atrás. ¿Qué haré? Las armas no me sirven. ¿Cómo matar este león y salvar a la gente de sus dientes, ¿Qué haré?”.

 

Y mientras buscaba el medio de hacer algo y escuchaba el rugido del león, vio haces de leña y palos tirados en gran profusión al alcance de su mano. Tirando de ellos hacia sí, arrastrándolos con todas sus fuerzas, colocó el montón de palos y haces de pequeñas ramas dentro de la abertura que estaba cerca y las amontonó allí, bloqueando el camino a la luz del día, para entrar y salir, y encerrándose él y encerrando al feroz león dentro de la cueva. Entonces se volvió y enfrentó al león.

 

Con sus manos lo apresó, estrechándolo apretadamente y ahogándolo. Cerca de su rostro tenía el resuello y resoplido del león. Pero sin embargo sostuvo su garganta y lo estranguló. Más y más débiles se volvían los rugidos de odio y temor; más y más débil se volvía el enemigo del hombre; cada vez más se abatía el león, pero Hércules lo sostenía. Y así lo mató con sus dos manos, sin sus armas y con su propia admirable fuerza.

 

Mató al león y lo despojó de su piel, mostrándola a las gentes que no podían entrar en la cueva. "El león está muerto” gritaban, "el león está muerto. Ahora podemos vivir y labrar nuestras tierras y sembrar las semillas que necesitamos y vivir en paz. El león está muerto y grande es nuestro liberador, el hijo del hombre, que es un hijo de Dios, llamado Hércules".

 

*     *     *

 

Así Hércules retornó triunfante a Aquel que lo envió para probar su fuerza, para servir y satisfacer la necesidad de aquellos que se encontraban en horrible angustia. Colocó la piel del león bajo los pies del que era el Maestro de su vida, y obtuvo permiso para usar la piel en lugar de la ya gastada y usada.

 

"La hazaña está hecha. La gente ahora está libre. No hay temor. El león ha muerto. Con mis propias manos yo estrangulé al león y lo maté".

 

"De nuevo, Oh Hércules, mataste un león. Otra vez lo estrangulaste. El león y las serpientes deben ser matados repetidas veces. Bien hecho, hijo mío, ve y descansa en paz con aquéllos que has liberado del temor.

 

El quinto trabajo ha terminado y voy a decírselo al Gran Presidente, que está sentado esperando en la Cámara del Concilio del Señor. Descansa en paz".

 

Y de la Cámara del Concilio llegó la voz: Yo Se.

 

                                                                                            El Tibetano

 

 

El Número Cinco

 

En el quinto signo, Leo, Hércules realiza el trabajo mejor conocido históricamente, pues el matar al león de Nemea ha sido siempre asociado con Hércules, aunque es interesante señalar que este famoso trabajo no tiene relación con la piel de león que Hércules siempre usaba.

 

Esa era la piel del león que él mató antes de que emprendiera sus trabajos y que fue su primer acto de servicio. A través de ese acto demostró que estaba listo para la prueba y la disciplina.

 

Este es uno de los más interesantes trabajos numéricamente, y para comprenderlo en forma cabal y entender su verdadero significado, debemos tener en cuenta el número cinco que lo distingue. Desde el punto de vista del esoterista, el cinco es el número del hombre, porque el hombre es un divino hijo de Dios, además del cuaternario en que consiste la cuádruple naturaleza inferior, el cuerpo mental, el cuerpo emocional, el cuerpo vital y la envoltura física. En el lenguaje de los psicólogos, el hombre es un yo, una continuación de los estados mental y emocional, la vitalidad, y el instrumento de respuesta del cuerpo físico. Hemos visto a estas cuatro cosas presentadas en relación al alma involucrada, en los cuatro signos precedentes.

 

En Aries, el alma tomaba para sí ese tipo de materia que la capacitaría para estar en relación con el mundo de las ideas. Ella se revestía de una envoltura mental. Agregaba a la individualidad aquellas combinaciones de sustancia mental a través de las cuales podía expresarse mejor. Y el hombre llegó a ser un alma pensante. En Tauro, hizo contacto con el mundo del deseo y continuó un similar proceder. Se desarrollaron los medios de entrar en contacto conscientemente con el mundo del sentimiento y las emociones, y el hombre llegó a ser un alma consciente. En Géminis, un nuevo y vital cuerpo de energía se construyó por la conducción de las energías del alma y la materia, y el hombre llegó a ser un alma viviente, pues los dos polos estaban en armonía y apareció el cuerpo vital o etérico. En Cáncer, que es el signo del nacimiento físico y de la identificación de la unidad con la masa, se completó el trabajo de la encarnación y se manifestó la cuádruple naturaleza. El hombre llegó a ser un actor viviendo en el plano físico. Pero es en Leo que el hombre llega a ser lo que se llama ocultamente la estrella de cinco puntas, pues esa estrella permanece como el símbolo de la individualización, de la humanidad, del ser humano que se conoce a sí mismo como siendo un individuo y se conoce a sí mismo como el Yo. Es en este signo que empezamos a usar las palabras "Yo", y “mi”, y “mío”.

 

La Sempiterna Sabiduría del Oriente nos dice que el número cinco es el más oculto y el más profundamente significativo de los números. Sostiene que el grupo de seres celestiales y espirituales, que encarnaron en la tierra, se manifestaron a través del cuaternario, y así entraron en la existencia de la familia humana, que fueron el quinto grupo de vidas divinas y que ellos combinaron dentro de sí mismos, por consiguiente, los atributos duales del universo, lo espiritual y lo físico. Unificaron en ellos mismos los dos polos. Eran exotéricos y esotéricos; eran objetivos y subjetivos. Así tenemos el número diez, que es considerado como el número de la perfección y la consumación humanas, el número de un ser humano perfectamente desarrollado y manifestado, y del equilibrio logrado entre el espíritu y la materia. Pero es el número en donde el espíritu no domina a la materia; es el número del aspirante cuyo objetivo es subordinar la materia a los usos del espíritu y, por consiguiente, trastorna el equilibrio del número diez.

 

Las antiguas escrituras del Oriente emplean algunas frases interesantes para expresar la naturaleza de estos seres celestiales que son los hombres de nuestro tiempo, que somos nosotros mismos, que son los hijos de Dios encarnados. Ellos son llamados Señores del Conocimiento y de la Sabiduría. Señores de la Voluntad y el Sacrificio, Señores de la Devoción Infinita, y estos términos, caracterizando la entidad espiritual que habita en toda forma humana, son dignos de la más atenta consideración de aquéllos que buscan marchar por el círculo del zodíaco como individuos conscientes con una meta espiritual. Por nuestra propia voluntad y con pleno conocimiento estamos aquí. Para elevar la materia al cielo, hemos venido a esta existencia manifestada. En esencia y en realidad, el hombre no es lo que parece ser. Es esencialmente lo que demostrará en Acuario, el signo opuesto a Leo. El individuo en Leo se transforma en el iniciado en Capricornio, y se pone de manifiesto como el hombre completo en Acuario, y esto sólo ha sido posible a causa de la devoción ilimitada a un objetivo oscuramente sospechado, que lo ha llevado una y otra vez alrededor del zodíaco hasta que se ha logrado una completa autoconciencia.

 

La propiedad y la relación del quinto Mandamiento con el quinto trabajo y el quinto signo se vuelven así manifestadas. "Honra a tu padre y a tu madre, que tus días puedan ser largos en la tierra que el Señor tu Dios te ha dado", pues en Leo, Padre‑espíritu y Madre‑materia se encuentran en el individuo y su unión produce esa entidad consciente que llamamos el alma o el Yo. Justamente, sin embargo, como éste es el signo en el cual el hombre se reconoce a sí mismo como el individuo y empieza el ciclo de experiencias en la cuales él adquiere conocimiento, así es el signo en el cual el hombre autoconsciente empieza su entrenamiento para la inicia­ción. Es en este signo que tenemos la última de las pruebas en el sendero probatorio. Cuando el trabajo de este signo termina, ha empezado el adiestramiento definido para la iniciación en Capricornio. Algunas medi­das de control del pensamiento se han ganado en Aries, y algún poder de transmutar el deseo se ha logrado en Tauro. Las manzanas de la sabiduría han sido recogidas en Géminis y la distinción entre sabiduría y conoci­miento ha sido aprendida en parte, mientras que la necesidad de transmu­tar el instinto y el intelecto en intuición y de llevar a ambos al Templo del Señor, ha sido entendida en Cáncer.

 

La Historia del Mito

 

Después de un trabajo relativamente simple en Cáncer, el cual estuvo completamente libre de riesgo y peligro, Euristeo impone a Hércules la tremenda tarea de matar al león de Nemea, que estaba devastando la comarca. Por un largo período el león había sido una fuerza destructiva y la gente era incapaz de hacer algo al respecto. Hércules encontró que la única manera en la cual podía lograr su objetivo, era perseguir al león en círculos cada vez más estrechos hasta que lo hubiera acorralado en la cueva. Procedió a hacer esto y eventualmente le siguió la pista hasta su guarida.

 

Habiendo tenido éxito en esta etapa preliminar, hizo entonces el desagradable descubrimiento de que la cueva tenía dos aberturas y que, tan pronto como lo perseguía por una, emergía por la otra. No había más remedio, por lo tanto, que detener la persecución y bloquear una de lalaberturas de la cueva, y así lo hizo Hércules. Entonces persiguió al león dentro de la cueva a través de la abertura que no estaba bloqueada y, dejando todas las armas, aún el garrote que él mismo había hecho, con sus dos manos estranguló al león hasta la muerte. Ese fue un encuentro que tuvo lugar sin que nadie lo viera; Hércules y el león en la oscuridad y lobreguez de la cueva, tomando parte, ambos, en una lucha que tenía que ser a muerte.

 

El Campo del Trabajo

 

El signo de Leo es uno de los cuatro brazos de la cruz fija en los cielos, la cruz en la cual el Cristo Cósmico y el Cristo individual son siempre crucifica­dos. Tal vez la palabra "crucificado" tendría un verdadero significado si la sustituyéramos por la palabra "sacrificado", pues en el desarrollo de la conciencia de Cristo en la forma, etapa por etapa, varios aspectos de la naturaleza divina se ven como siendo sacrificados.

 

En Tauro, el símbolo de la fuerza creativa expresándose a través del deseo, vemos el aspecto inferior de la divina fuerza creativa, el deseo sexual, transmutado en, o sacrificado a, su aspecto superior. Tenía que ser elevado al cielo.

 

En Leo, vemos a la mente cósmica actuando en el individuo como la razonadora mente inferior, y su aspecto inferior tiene asimismo que ser sacrificado y la pequeña mente del hombre debe ser subordinada a la mente universal. En Escorpio, que es el tercer brazo de la cruz fija, encontramos el amor cósmico o atracción cósmica. Allí se lo muestra en su aspecto inferior, y a esto lo llamamos la gran Ilusión; y en Escorpio vemos al aspirante en la cruz, sacrificando la ilusión a la realidad. En Acuario, tenemos la luz de la conciencia universal iluminando al ser humano y realizando el sacrificio de la vida individual, fundiéndola en el todo universal. Esta es la verdadera crucifixión: el sacrificio del reflejo a la realidad, del aspecto inferior al superior, y de la unidad individual a la gran suma total. Fueron estas las características que el Cristo tan maravillosamente demostró. El se mostró como el Creador. Se mostró como funcionando bajo la influencia de la mente iluminada; personificaba en sí mismo el amor de Dios, y se anunció como la Luz del Mando. El problema ante Hércules, por lo tanto, era el problema del signo; la crucifixión inferior y la conquista de la autoafirmación individual.

 

Originalmente el zodíaco consistió sólo de diez constelaciones y, en alguna época prácticamente desconocida, las dos constelaciones, Leo y Virgo, eran un símbolo. Tal vez el misterio de la esfinge está conectado con esto, pues en la esfinge tenemos al león con cabeza de mujer. Leo con Virgo, el símbolo del león o alma real y su relación con la materia o aspecto Madre. Puede, por consiguiente, significar las dos polaridades, masculina y femenina, positiva y negativa.

 

En esta constelación está la estrella sumamente brillante que es una de las cuatro estrellas reales de los cielos. Es llamada Regulus, el Gobernante, el Legislador, conteniendo en su significado el pensamiento de que el hombre puede ahora ser una ley en sí mismo, pues él tiene dentro de sí, eso que es el rey o el gobernante. Oculto en la constelación hay también un brillante grupo de estrellas, llamado "la hoz". Para los antiguos iniciados, quienes veían a las constelaciones exteriores como personificaciones de fuerzas y como símbolos de un drama desplegado, tan vasto que ni aún ellos podían comprenderlo, la constelación trasmitía tres pensamientos mayores: primero, que el hombre era el gobernante, el rey, Dios encarnado, un hijo individual de Dios; el segundo, el hombre era gobernado por la ley, la ley de la naturaleza, la ley que él hace para sí mismo, y la ley espiritual a la cual se subordinará eventualmente; tercero, que el trabajo de un individuo es aplicar la hoz y suprimir o derribar aquello que obstaculiza la aplicación de la ley espiritual, y por lo tanto obstruye el florecimiento del alma.

 

La constelación de Leo tiene noventa y cinco estrellas, dos de las cuales de primera magnitud. Su nombre egipcio, se nos dice, significaba "un fluir” dando el Nilo su más completa irrigación en esta estación.

 

Esto tiene también un interesante significado esotérico pues, según las enseñanzas de la Sabiduría Eterna, la familia humana empezó su existencia a través de lo que es técnicamente llamado “la tercera efusión” que era la denominación que se daba a la entrada de una gran marea de almas dentro de los cuerpos animales y, por consiguiente, la formación de la familia humana compuesta de unidades individuales. Otro término técnico para esta tercera efusión es "individualización", transformándose en un individuo con autoconocimiento, vinculándolo así con los grandes sucesos en el signo, Leo.

 

Las noventa y cinco estrellas en esta constelación tienen también signifi­cado numérico pues tenemos allí 9 x 10 + 5. Nueve es el número de la iniciación, diez es el número de la perfección humana, cinco es el número del hombre, y así en esta agrupación de estrellas tenemos la historia del hombre, de la personalidad, del iniciado y de su última realización espiritual.

 

Las Tres Constelaciones Simbólicas

 

Hay una constelación inmensa llamada Hidra, la serpiente, asociada con el signo Leo. Nosotros encontramos también a Cráter, la copa, y Corvus, el cuervo. Las tres sintetizan en su significado el problema del hombre que está buscando la iniciación. Ellas le describen distinta y claramente el trabajo que tiene que hacer. A medida que Leo, el rey, el alma, empieza su trabajo, él comprende que tiene que beber la copa del sufrimiento y de la experiencia, que tiene que vencer la serpiente de la ilusión y el pájaro de presa para eliminar a Hidra, la serpiente; que en las antiguas pinturas está representada como una serpiente hembra. Abarca más de cien grados y está situada debajo de las tres constelaciones, Cáncer, Leo y Virgo.

 

En Escorpio, esta serpiente de la materia o de la ilusión, con la cual el alma se ha identificado por tanto tiempo, es finalmente vencida. Tiene sesenta estrellas, y de nuevo hacemos contacto con un número significativo, pues seis es el número de la mente o del trabajo creativo de la Mente universal, y de los seis días de la creación. En el sexto signo, Virgo, tenemos completada la forma. Se nos dice en el Libro de las Revelaciones que la marca de la Bestia es 666, e Hidra, la serpiente, se extiende debajo de las tres constelaciones y su número 6 es, por lo tanto, tres veces potente. Diez es el número de la consumación. El seis expresa, por consiguiente, las limitaciones de la naturaleza corporal trabajando a través de la forma y la utilización de la personalidad; simboliza a Dios en la naturaleza, ya sea cósmica o individualmente. Hidra, la serpiente, representa el aspecto materia, porque vela y oculta el alma.

 

El Cráter, o la copa, tiene trece estrellas de mediana magnitud y cerca de noventa estrellas pequeñas, aunque algunos libros de astronomía dicen tres estrellas brillantes y noventa pequeñas. Por lo tanto, tenemos nuevamente el número de la materia, o de la toma de forma, y el número de lo que es llamado “apostasía", y de "el volver la espalda” como lo hizo Judas Iscariote, al alma o al aspecto Cristo. Esta copa forma realmente parte del cuerpo de la Hidra, pues las estrellas del pie de la copa forman parte del cuerpo de la Serpiente y ambas constelaciones las reclaman. Es la copa que todo ser humano tiene que beber, llena de lo que él ha destilado de su experiencia en la materia. Es la copa de la obligación en algunos de los antiguos rituales masónicos, y simboliza el beber lo que nosotros mismos hemos preparado. También, la misma verdad puede ser expresada en las palabras de la Biblia cristiana, “Según un hombre siembre, así cosechará".

 

Luego tenemos, en tercer lugar, a Corvus, el cuervo, que está sobre Hidra, la serpiente, y la picotea. Tiene nueve estrellas, otra vez el número de la iniciación. El Antiguo Testamento empezaba con un cuervo, el Nuevo Testamento empieza con una paloma. La experiencia empieza con el pájaro de la materia y termina con el pájaro del espíritu. Es interesante señalar que en Acuario, el consumado signo al que lleva Leo, encontramos a Cygnus, el cisne, el símbolo del ave del espíritu. En La Voz del Silencio leemos: "Y entonces tú puedes reposar entre las alas del gran pájaro. Sí, es dulce descansar entre las alas de aquél que no ha nacido, ni muere, pero que es el Aum a través de las eternas edades”. Y en una nota al pie de la página H.P.B. refiriéndose al pájaro o cisne, cita: "Dice el Rig‑Veda... La sílaba A se considera que es el ala derecha del ave Hamsa, la U su ala izquierda, y la M su cola..."

                                                          (Los Chacras, por C.W. Leadbeater)

 

En el zodíaco de Denderah, Leo y las tres constelaciones acompañantes están representadas como formando un gran signo, pues se ve al león pisando la serpiente. Corvus, el cuervo, está posado sobre el lomo del león, mientras que debajo está una figura emplumada de mujer (de nuevo, el símbolo de la materia) sosteniendo dos copas, pues hay siempre la copa que simboliza la copa de la experiencia, la copa del sufrimiento. La copa, es la copa que se ofrece al iniciado, a la cual Cristo se refería en el Jardín de Getsemaní, cuando imploraba que la copa le fuera apartada, pero de la cual terminó bebiendo.

 

Así Hércules, el aspirante, expresándose en Leo, prevé la gran batalla que está delante de él, sabe que su pasado debe determinar su realización en el futuro, sabe que antes de que él pueda escalar la montaña en Capricornio, debe matar a la Hidra, y sabe que no debe ser más el cuervo, sino que debe manifestarse como Aquila, el águila de Escorpio, y como Cygnus, el cisne, en Acuario. Esto lo tiene que empezar a hacer en Leo, demostrando el poder de atreverse, enfrentando la lucha espantosa que tiene por delante en los tres signos siguientes y matando al león de su propia naturaleza (el rey de las bestias) solo y sin ayuda, y así merecer el poder de vencer a Hidra, en escorpio.

 

La Lección del Trabajo

 

Dos pensamientos sacados de la Biblia cristiana, resumen la lección de este trabajo. En la Epístola de San Pedro encontramos estas palabras: "Tu adversario, el demonio, como un león rugiente camina alrededor, buscando a quien poder devorar” y en La Revelación 5:5, encontramos las palabras, "He aquí, el León de la tribu de Judá la raíz de David, ha prevalecido para abrir el libro, y para desatar los siete sellos de éste".

 

Hércules, el aspirante, el alma, simboliza al león, el príncipe, el rey, el gobernante, y a causa de esto simbólicamente usaba la piel del león. El león de Nemea se yergue esencialmente para la coordinada, dominante personalidad, pues el aspirante tiene siempre que ser un individuo altamente evolucionado.

 

Con los aspectos triples del yo personal inferior fundidos y mezclados, y, por consiguiente, poderosos más allá del término medio, el aspirante se vuelve a menudo una persona algo irritante y difícil. Tiene una mente y la está usando. Sus emociones están controladas, o bien están tan mezcladas con sus reacciones mentales que son extraordinariamente poderosas; de ahí que sea excesivamente individual, a menudo muy agresivo, autoconfiado, y autosatisfecho y su personalidad sea, por lo tanto, una fuerza devastadora en el grupo familiar, en la sociedad, o en la organización con la cual pueda estar afiliado. Por consiguiente, el aspirante, el león de Judá, tiene que matar al león de su personalidad. Habiendo surgido de la masa, y desarrollado su individualidad, entonces tiene que matar lo que él ha creado; tiene que volver impotente al que ha sido el gran agente protector hasta el momento. El egoísmo, el instinto autoprotector, tiene que dar lugar a la abnegación, lo que es literalmente la subordinación del yo al todo.

 

Por lo tanto, el león de Nemea simboliza la personalidad poderosa corrien­do indómita y amenazando la paz de la comarca. ¿Cuál es la lección que se pretende debe aprenderse del hecho de que Hércules siguiera al león hasta la cueva que tenía dos aberturas? ¿Por qué obstruyó una abertura y entró por la otra? ¿Cuál es la enseñanza espiritual que subyace en la tradición de que allí mató al león con sus simples manos desnudas?

 

Muchas de estas viejas historias han mantenido el verdadero sentido de su significado inescrutable por miles de años, y es sólo en esta época y generación que el verdadero significado esotérico puede posiblemente emerger. El hecho interesante acerca del período en el que ahora vivimos, es que él marca una evolución singular en el desarrollo racial. Ha habido siempre manifesta­ciones de los dioses del sol, y este trabajo de Hércules ha sido muchas veces representado por unos pocos aquí y allá. Cada nación ha producido aspiran­tes altamente evolucionados que logran descubrir al león de la personalidad dentro de la cueva y allí lo dominan. Pero, relativamente, en relación a la miríada de unidades humanas, ellos han constituido una muy pequeña mino­ría. Ahora tenemos un mundo lleno de aspirantes; la generación venidera en todas las naciones producirá sus miles de discípulos, y ya decenas de miles están buscando el Sendero. La gente no es muy individual, el mundo está lleno de personalidades, y ha llegado el tiempo en que el león de la tribu de Judá debe vencer al león del yo personal. No estamos solos en nuestra lucha, como lo estuvo Hércules, sino que formamos parte de un gran grupo de dioses del sol, que están luchando con las pruebas preparatorias para la iniciación, y con los problemas que sacarán a la luz los plenos poderes del alma.

 

En Capricornio escalaremos la cima de la montaña, y entrando, como lo estamos ahora, en el ciclo de Acuario, los aspirantes de la raza están en posición de empezar a aprender la lección de servicio y conocimiento universal. Cuando, dentro de dos mil años, empecemos a entrar en Capricornio, habrá entonces allí una inmensa agrupación de iniciados, y el escalamiento del monte de la iniciación y del monte de la transfiguración por muchos cientos de discípulos. Hasta enton­ces, hay que enfrentar al león de la personalidad y entrar en la cueva.

 

En el simbolismo de las escrituras del mundo, los acontecimientos más trascendentales son representados en uno de los dos sitios: en la cueva o en la montaña. Cristo nació en la cueva; la personalidad es vencida en la cueva; la voz del Señor se oye en la cueva, el conocimiento de Cristo es alimentado en la cueva del corazón, pero después de la experiencia en la cueva, se escala la montaña de la transfiguración, el monte de la crucifixión es alcanzado, para ser seguido, finalmente, por el monte de la ascensión.

 

Me gustaría aquí dar la interpretación técnica, tal vez más científica, de esta cueva en la que entró Hércules. La raza aria, a la cual pertenecemos, posee un desarrollo mental agudo, y el conocimiento de la gente en todas partes está cambiando progresivamente más allá de su naturaleza emocional, y por lo tanto fuera del centro del plexo solar, dentro del cuerpo mental, y por consiguiente, dentro de la cabeza. Hay en la cabeza una pequeña cueva, una pequeña estructura ósea que escuda y protege una de las más importantes glándulas del cuerpo, la pituitaria. Cuando esta glándula esté funcionando en completa y apropiada actividad, tendremos una personalidad plena y activa, autocontrolada, con pronunciada actividad mental y resistencia.

 

Este cuerpo pituitario es dual en su configuración: en uno de sus lóbulos, el frontal o antepituitario se encuentra el asiento de la mente razonadora, de la intelectualidad, y en el otro, el postpituitario, está el asiento de la naturaleza emocional, imaginativa. Se dice también que esta glándula coordina a las otras, controla el crecimiento y es esencial para la vida. Es interesante que Berman defina la intelectualidad corno la "capacidad de la mente de controlar su ambiente por conceptos e ideas abstractas". Donde existe una falta de desarrollo de esta glándula se puede encontrar deficiencia tanto emocional como mental. Muchos endocrinólogos y psicólogos se han expresado con líneas similares. Es en esta cueva que el león de la personalidad desarrollada o individualidad tiene su guarida, y es aquí que el dios sol, Hércules, debe triunfar.

 

Durante siglos los egipcios, y especialmente los hindúes, han sabido de los chakras o centros de fuerza en el cuerpo etérico. El descubrimiento del sistema endocrino muestra glándulas físicas correspondientes, en las mismas ubicaciones. Una de éstas, el cuerpo pituitario con sus dos lóbulos, simboliza la cueva con dos aberturas, una de las cuales Hércules tuvo que cerrar antes de que pudiera controlar la personalidad con la mente superior. Pues fue sólo cuando él hubo bloqueado la abertura de las emociones personales (post‑pituitaria), desechando incluso su seguro garrote, rehusando simbólicamente a llevar una vida personal egoísta, que él pudo, entrando por la abertura representada por la antepituitaria, someter al león de la personalidad en la cueva. Estas correlaciones son tan exactas que presentan en pequeño y en grande un terrible testimonio de la perfecta integridad del Plan. "Como arriba, así es abajo". Una sorprendente correlación entre las verdades biológicas y espirituales.

 

Trabajo 6

 

Apoderándose del cinturón de Hipólita*

 

 

Virgo (22 Agosto ‑ 21 Septiembre)

 

 

El  Mito

 

El Gran Presidente llamó hacia él al Maestro que vigilaba a Hércules. "El tiempo se acerca”, dijo, "¿Cómo se conduce el hijo del hombre que es un hijo de Dios? ¿Está nuevamente preparado para aventurarse y probar su temple con un adversario de una clase diferente? ¿Puede pasar ahora el sexto Gran Portal?”

 

Y el Maestro respondió: "Sí”. Él estaba seguro dentro de sí mismo que cuando el mandato saliera, el discípulo procedería a trabajar nuevamente, y esto se lo dijo al Gran Presidente dentro de la Cámara del Concilio del Señor.

 

Y entonces surgió la orden. "Levántate, Oh, Hércules, y pasa el sexto gran Portal". Otra orden surgió asimismo, aunque no para Hércules, sino para aquéllos que habitaban en las riberas del gran mar. Ellos oyeron y escucharon.

 

En esas riberas habitaba la gran reina, la cual reinaba sobre todas las mujeres del mundo entonces conocido. Ellas eran sus vasallos y sus osados guerreros. Dentro de su reino no se encontraba un solo hombre. Sólo las mujeres se reunían alrededor de su reina. Dentro del templo de la luna profesaban diariamente su culto y allí hacían sacrificios a Marte, el dios de la guerra.

 

Ellas venían de regreso de su visita anual a la tierra de los hombres. Dentro de los recintos del templo esperaban la orden de Hipólita, su reina, quien estaba de pie sobre las gradas del altar mayor, llevando el cinturón que le había dado Venus, la reina del amor. Este cinturón era un símbolo, un símbolo de la unidad lograda a través de la lucha, el conflicto, la contienda, un símbolo de la maternidad y del Niño sagrado hacia quien toda vida humana realmente se vuelve.

 

"Ha llegado la noticia”, dijo ella, "que por su camino viene un guerrero cuyo nombre es Hércules, un hijo de hombre y no obstante un hijo de Dios; a él le debo entregar este cinturón que uso. ¿Obedeceré la orden, Oh, amazonas, o combatiremos la palabra de Dios?” Y mientras ellas escuchaban sus palabras y mientras reflexionaban acerca del problema, nuevamente surgió una voz, diciendo que él estaba allí, con anticipación, esperando apoderarse del sagrado cinturón de la aguerrida reina.

 

Delante del hijo de Dios quien era asimismo un hijo de hombre, se presentó Hipólita, la reina guerrera. Él combatió y luchó contra ella y no escuchó las bellas palabras que ella se esforzaba por decir. Él le arrancó el cinturón, ofrecido en obsequio como símbolo de unidad y de amor, de sacrificio y de fe. Aún, apoderándose del cinturón, la mató, matando a quien le daba lo que él quería. Y mientras él permanecía al lado de la reina agonizante, horrorizado por lo que había hecho, oyó hablar a su Maestro:

 

"Hijo mío, ¿por qué matar lo que se necesita, está cercano y es querido? ¿Por qué matar a quien amas, la dadora de dignos obsequios, custodio de lo posible? ¿Por qué matar a la madre del sagrado niño? Otra vez, advertimos un fracaso. Otra vez no has entendido. Redímete ahora mismo, y busca otra vez mi rostro".

 

Se hizo el silencio y Hércules, llevando el cinturón sobre su pecho, buscó el camino hacia el hogar dejando a las mujeres lamentándose, privadas de dirección y de amor.

 

*     *     *

 

Hércules fue nuevamente hacia las costas del gran mar. Cerca de la costa rocosa vio un monstruo del abismo, sosteniendo entre sus mandíbulas a la pobre Hesione. Sus agudos gritos y quejidos se elevaban al alto cielo y herían los oídos de Hércules, entregado a la pena y no conociendo el sendero que pisaba. Él se lanzó prontamente en su ayuda, pero ya era demasiado tarde. Ella desapareció dentro de la garganta cavernosa de la serpiente marina, ese monstruo de mala fama. Pero olvidándose de sí mismo, este hijo del hombre que era un hijo de Dios, enfrentó resueltamente las olas y alcanzó al monstruo, quien, volviéndose hacia el hombre con rápido ataque y fuerte rugido, abrió su boca. Dentro del rojo túnel de su garganta se lanzó Hércules, en busca de Hesione; encontrándola en lo profundo del vientre del monstruo. La tomó con su mano izquierda, y la sostuvo estrechamente, mientras con su fuerte espada abría camino desde el vientre de la serpiente a la luz del día. Y así la rescató, compensando su previo acto de muerte. Pues así es la vida: un acto de muerte, un acto de vida, y de esta manera, los hijos de los hombres, que son los hijos de Dios, aprenden la sabiduría, el equilibrio y la senda para caminar con Dios.

 

Desde la Cámara del Concilio del Señor, el Gran Presidente era especta­dor. Y desde su puesto a su lado, el Maestro también contemplaba. Hércules pasó nuevamente a través del sexto Portal, y viendo esto y viendo el cinturón y a la doncella, el Maestro habló y dijo: "El sexto trabajo está terminado. Tú mataste lo que te estimaba y todo lo desconocido y lo no reconocido que te daba el necesario amor y poder. Tú rescataste lo que te necesitaba, y así de nuevo los dos son uno. Reflexiona otra vez sobre los caminos de la vida, reflejándose en los caminos de la muerte. Ve y descansa, hijo mío".

 

                         El Tibetano

 

 

Introducción

 

Se dice que, desde algunos aspectos, Virgo es el más antiguo de los signos zodiacales. A través de los siglos, ya sea Lilith o Isis, Eva o la Virgen María, todas retratan a la madre del mundo, pero es María quien finalmente sostiene al Niño en sus brazos. Y es en este signo que el conocimiento de Cristo es concebido y nutrido a través del período de gestación, hasta que finalmente en Piscis, el signo opuesto, nace el salvador del mundo.

 

Como en Leo, ésta es una experiencia de cueva, "en el seno del tiempo”, y deberá estar caracterizada por el calor, la quietud, las experiencias profun­das y las “lentas pero poderosas crisis". Es un signo sintético. En este punto El Tibetano dice: "la simbología de Virgo atañe a todo el propósito del proceso evolutivo, el que es proteger, nutrir, y finalmente revelar la oculta realidad espiritual. Esto, vela toda forma, pero la forma humana está equipa­da y dispuesta para manifestarlo de una manera diferente de cualquier otra expresión de la divinidad, y así hacer tangible y objetivo aquello a lo que aplicó el proceso creativo"

                                                                  (Astrología Esotérica, pp. 175‑6).

 

Esta cualidad sintética está además enfatizada por el hecho de que otros ocho signos (todos excepto Leo, Libra y Capricornio) por medio de sus regentes planetarios, vierten sus energías a través de Virgo, y el Tibetano llama la atención sobre el hecho de que ahora estamos entrando al octavo signo desde Virgo, en otras palabras, el próximo signo antes de aquél en el cual el Niño es dado a luz, el signo que verá a muchos tomar la iniciación. Hay que recordar que todos los hombres y mujeres pasan por todos los signos, y para aquellos nacidos en Virgo, o teniendo ese signo en el ascendente (el punto oriental del mapa celeste indicando el propósito del alma del discípulo) estas cualidades o energías son desplegadas de muchas maneras, pues las organizaciones, las artes, las ciencias, todas requieren largos períodos de gestación mental y de lucha, de traer a la luz nuevas ideas en manifestación.

 

Otro rasgo original de Virgo es que tiene un triple símbolo, el que sólo otro signo, Escorpio, tiene. Esto es significativo, implicando que estos dos signos están "conectados con el crecimiento de la conciencia de Cristo. Ellos señalan puntos críticos en la experiencia del alma, puntos de integración, donde el alma está conscientemente satisfecha con la forma y al mismo tiempo con el espíritu”.

                  (Astrología Esotérica, pág. 188).

 

    Esta afirmación sustenta la teoría espiritual de los Triángulos, que son muchos y el Tibetano agrega estas majestuosas e impresionantes palabras: "Bajo la voluntad de la Deidad y la inalterable energía en el corazón del zodíaco manifestado, ellos producen los cambios en el conocimiento que hacen al hombre divino al final del ciclo del mundo". Y además: "Es a través de la fusión y la mezcla de las tres energías planetarias, por obra del pensa­miento humano, reaccionando a las energías zodiacales, que nuestra tierra será transformada en un planeta sagrado". Seguramente estas palabras ex­panden nuestra visión, profundizan nuestra comprensión, nos dan fe en el futuro de la humanidad, y fuerza para cooperar pacientemente con el presen­te.

 

Interpretaciones del Mito

 

    La historia del mito relataba que el Gran Presidente reconoció que este trabajo era ciertamente con un enemigo "de una clase diferente". Es intere­sante que los dos trabajos que Hércules desempeñó mal, aunque eventualmente los ganó, fueron con sus polos opuestos, las mujeres. En Aries, la conquista de las yeguas devoradoras de hombres envaneció tanto su ego que avanzó con paso majestuoso lleno de orgullo y dejó las yeguas a Abderis, su personalidad, con el resultado que ellas escaparon y el trabajo tuvo que ser repetido. "Pero Abderis yacía muerto". Y en el trabajo de Virgo, mató a la reina de las Amazonas, aunque ella le ofreció su cinturón, y entonces él tuvo que rescatar a otra doncella, Hesione, del vientre de la serpiente para compensar por la vida que él había tomado innecesariamente.

 

    Por lo tanto, la guerra entre los sexos es de antiguo origen; realmente es inherente a la dualidad de la humanidad y del sistema solar. A este hecho nuestras cortes de divorcio le rinden un fuerte testimonio; y la competencia surge en los negocios como así también en el hogar. Hay pequeños pero importantes puntos en la historia, que no deben ser pasados por alto. ¿En qué contribuyó Hipólita al error? Tal vez en esto: Ella ofreció a Hércules el cinturón de la unión, que Venus le había dado, porque se le había dicho que Aquel que preside así lo había ordenado, no porque ella sintiera la unión. ¿Lo hizo bajo apremio pero sin amor? Y por lo tanto ella murió. Aun así se nos dice que el mal debe venir, pero el infortunio les acontece a aquellos de quienes viene, y así Hércules fracasó en comprender su misión espiritual, aunque logró sus objetivos.

 

    Asimismo uno se pregunta: ¿Por qué las Amazonas hacían una salida anual al mundo de los hombres? ¿Era para hacerles la guerra, o para buscar la unión, en la cual no había corazón? ¿Era para buscar nuevos miembros para su mundo sin hombres? Pero Dios, se nos dice, mira al corazón. Llegará como una conmoción a muchos de estrictos y legalmente morales criterios, reflexionar que una prostituta reconocida, pueda ser superior a una mujer que agrega la blasfemia a la prostitución, cuando ella hace promesas en la iglesia, sin amor y sin intención de servir, sino sólo para obtener dinero, seguridad o una posición. Uno raramente oye un sermón sobre la mujer adúltera, de quien Cristo dijo, "Yo no te condeno. Ve en paz y no peques más". Todo esto parece sutilmente involucrado en el mito del trabajo en Virgo. Su aplicación práctica así como su significado cósmico y espiritual son asombrosos. Se nos dice que la “guerra con propósito entre los sexos está ahora en un punto culminante".

 

    Esta vez el maestro nos dijo meramente que el trabajo estaba mal hecho. Dijo sin equívoco, "¿Por qué matar a la madre del sagrado Niño? De nuevo advertimos un fracaso. Otra vez no has entendido. Redímete ahora mismo, y busca "de nuevo mi rostro". Estas fueron las palabras duras y nosotros las escucharemos como el principio fundamental. "Otra vez no has entendido". Se hizo el silencio y Hércules, llevando el cinturón a su pecho, buscó el camino de vuelta, dejando a las mujeres lamentándose y privadas de dirección y amor.

 

    Primero el acto de la muerte; luego un acto de amor cuando, arriesgando su propia vida, Hércules rescató a Hesione y mereció del Maestro las pala­bras: "Reflexiona de nuevo sobre los caminos de la vida, reflejándose en los caminos de la muerte. Ve y descansa, hijo mío". No ofrecemos disculpas por repetir las palabras del mito como las dijo el Tibetano; ellas son superlativamente hermosas y su poder mántrico parece destruido parafraseándolas.

 

    Hay que señalar también que el trabajo no fue descrito a Hércules como en otros casos. La noticia sólo llega al país donde la reina de las Amazonas gobernaba su mundo de mujeres, todos los hombres excluidos. Se dejó a Hércules el entender la naturaleza del trabajo, y él no lo hizo. También las Amazonas adoraban la luna (la forma), y a Marte, el dios de la guerra; ellas tampoco entendían su verdadera función, pues María es representada con la luna bajo sus pies, y en sus brazos el que es conocido como el Príncipe de la Paz.

 

Los Dos Caminos

 

    Como siempre hay una elección por el bien o el mal ante el nativo de un signo, dependiendo de su estado de evolución y el grado de sensibilidad. Virgo es llamada la diosa de la virtud o del vicio. Pero, ¿cuál es la raíz significativa de "vicio”? "Volver ineficaz” y eso para Virgo es negar todo el propósito del signo, pues se dice que "el Cristo es para ella el propósito de la existencia". La raíz de "virtud” es la palabra latina vir que significa "fuerza", "hombre", como en "virilidad". La profunda significación de vicio como una ineficacia de la vida espiritual, nos recuerda una vez más la explicación del dicho en una de las Reglas del Camino: "Pues cada uno debe conocer la vileza de cada cual y aún seguir amando". Pues parece que un villano en este sentido es meramente un ser de mente estrecha, un hombre algo rústico, un habitante de una pequeña aldea, que no conoce nada, más allá de su pobre pequeño círculo‑no‑se‑pasa.

 

    Cuán obvias, y qué engendradoras de verdadera tolerancia, son estas significativas raíces. Demasiado tiempo hemos apaleado el cuerpo, el físico, como a la raíz de todo mal, cuando son realmente nuestras mentes, nuestros duros, pequeños corazones, los que causan actitudes y hábitos erróneos; no siendo el cuerpo sino un dispositivo automático de respuesta, sujeto al control del hombre interior. Otra idea se presenta por sí misma en esta relación, es decir, que "pecado" significa literalmente: "Cualquier cosa que se hace impropiamente". Simplemente, no acertar con el "ojo del buey", el "ojo de la iluminación" expresado en Tauro, es un pecado para el hijo del hombre que es también el hijo de Dios. Cuán perfectamente estas ideas fundamentales actúan recíprocamente y se confirman mutuamente, cuando abandonamos las complejidades de la mente inferior. Virgo es también llamada la "diosa de los caminos” porque como el principio de la Madre Sagrada, ella simbo­liza la materia y también es el custodio de la vida de Cristo.

 

    Es significativo que este sexto signo, el número de la actividad en el plano físico, es llamado el número de la Bestia. Esta idea parece tener una horrible fascinación para muchos, pero lo que realmente significa es que Virgo es un símbolo de la triplicidad, 6 en el plano físico, 6 en el plano emocional, 6 en el plano mental, no en absoluto 666.

 

    Hay que recordar que el león es el rey de las bestias. El nativo alcanza finalmente en ese signo la personalidad desarrollada. Pero en Virgo, se da el primer paso que conduce hacia la espiritualidad, el alma es llamada el hijo de la mente y Virgo es gobernada por Mercurio, llevando la energía de la mente.

 

    En esta disertación sobre Virgo A.A.B. dio una secuencia de lo más interesante de las referencias proféticas a la Virgen como sigue:

 

    "He aquí, yo daré a luz mi siervo, el renuevo" (Zacarías 3:8) un símbolo de Virgo es la mujer con la espiga de cereal, o la gavilla de trigo, o la rama de fruta en sus brazos. Recuérdese también la profecía de Isaías sobre la cual está basado nuestro Nuevo Testamento; "Y una virgen concebirá y dará a luz un hijo” y vinculen con este verso en Efesios cuando San Pablo dijo que algún día alcanzaremos la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Yo les recordaré que Cristo puso énfasis muchas veces en el nuevo nacimiento antes que en el sacrificio de la sangre. El significado esotérico es “la sangre es la vida". Nosotros somos siempre demasiado literales. Así como la antigua práctica de ofrecer animales matados en el altar pasó, así pasará la idea de la expiación por la sangre de Cristo. Eso nació del medieval complejo de culpa y la tortura del instrumento físico como un medio de producir el predominio del espíritu; cuando la verdad es que el cuerpo debería ser armonizado con el alma y hacer manifiesta su belleza, redimirlo. Todo esto está implícito en el signo de la Virgen y su trabajo. En La Doctrina Secreta hay una clara exposición de todo el mensaje de este signo: "La materia es el vehículo para la manifestación del alma en esta vuelta de la espiral; y el alma es el vehículo en un giro superior de la espiral para la manifestación del espíritu, y estos tres son una trinidad sintetizada por la Vida que los compe­netra a todos".

 

Las Constelaciones y Estrellas

 

Las tres constelaciones en estrecha proximidad a la de Virgo son: La Cabellera de Berenice, la madre de la forma solamente; El Centauro, el hombre cabalgando sobre un caballo o el caballo con cabeza y torso de hombre, representando al ser humano, pues el hombre es un animal además de un dios. Esta es la más baja de las constelaciones y es notable que Hércules, aunque había pasado a través de cinco Portales, fracasara en el sexto Portal, y tuviera que empezar nuevamente desde abajo, y hacer reparación por su falta de amor y comprensión. Esto sucede a menudo a los discípulos avanza­dos. La tercera constelación conteniendo promesa del futuro es Bootes, "el que viene”, el salvador en Piscis, quien libera a la humanidad de la subordi­nación a la forma.

 

La misma Virgo es una constelación en forma de copa con tres estrellas principales delineándola, la copa de la comunión, de la cual Cristo dijo: "Beban todos ustedes de ella”; en su significado superior, el Santo Grial. La estrella más brillante es Spica, que significa “la espiga de cereal". Cristo nació en Belén, que significa “la casa del pan". Nosotros decimos, "El pan nuestro de cada día dánoslo hoy", el maná, el pan del cielo, o el pan y el vino de la comunión. Siempre esta simbología del pan se manifiesta a través del Antiguo y el Nuevo Testamento, y hoy en día aún existe nuestro gran problema económico para proveer el pan, un símbolo del alimento, para un mundo hambriento: pan para el cuerpo y pan para aquellos que tienen hambre y sed de justicia. Todo esto como parte de la función nutricia de la madre del mundo, quien alimenta la forma y también al conocimiento de Cristo latente en la forma.

 

 

La Cruz Mutable y los Regentes Planetarios

 

Virgo es uno de los brazos de la cruz mutable, con su signo opuesto, Piscis, y el aéreo Géminis y el ígneo Sagitario completando los cuatro brazos. Es la cruz común de aquellos que tienen un estado probatorio. Su descripción es como sigue: "La cruz mutable es la cruz del Espíritu Santo, de la tercera persona de la trinidad cristiana, ya que organiza la sustancia y evoca una respuesta sensible desde la misma". (Observar la hermosa correlación de esta manifestación con el hecho de que el Espíritu Santo protegía a María). En esta cruz el hombre alcanza el estado de resignación y aspiración, y así se prepara para la cruz fija del discipulado. Es notable que “la cruz mutable de la personalidad dedica al hombre que está crucificado sobre ella, a fines materiales para que pueda aprender eventualmente sus usos divinos". "El pecado contra el Espíritu Santo" ha sido el sujeto de muchas curiosidades morbosas. El Tibetano afirma: "El abuso de la sustancia y la prostitución de la materia para fines perversos es un pecado contra el Espíritu Santo". Fue este pecado, el más grande de todo su peregrinaje, el que Hércules cometió en Virgo, cuando no comprendió que la reina de las Amazonas tenía que ser redimida por la unión; no muerta. De nuevo el Tibetano enfatiza una y otra vez el hecho de que es "por medio de la humanidad que una consumación de “sutil” eficiencia se producirá, la que hará posible la expresión del todo". Nosotros cometemos, no obstante, el error de Hércules cuando olvidamos que el triángulo de la Trinidad es un triángulo equilátero, con todos los ángulos de igual importancia, para el logro del Plan. (Astrología Esotérica). Es en Virgo, después de la completa individualización en Leo, que se da el primer paso hacia la unión del espíritu y la materia, “la subordinación de la vida de la forma, a la voluntad de Cristo, el morador".

 

Los tres regentes del signo Virgo ciertamente lo relacionan con otros ocho signos, como ha sido señalado, haciéndolo el signo sobresaliente de la síntesis. Incluyendo al mismo Virgo, tenemos nueve signos o energías accionando recíprocamente, el número de los meses de gestación del embrión humano. Nuevamente "Como es arriba, así es abajo".

 

El regente ortodoxo del signo es Mercurio, “la versátil energía del hijo de la mente, el alma", el intermediario entre el Padre y la Madre. El regente esotérico es la luna, velando a Vulcano. La luna gobierna la forma y se nos recuerda de nuevo que es la voluntad de Dios manifestándose a través de la forma. Vulcano es una expresión de la energía del primer rayo, mientras que la luna ejerce la energía del cuarto rayo, Júpiter es el regente jerárquico representando la segunda Jerarquía creadora (constructores divinos de la manifestación planetaria de la tierra), y aporta la energía del segundo rayo.

 

El Tibetano señala que Mercurio, Saturno y Venus gobiernan los tres decanatos y nos recuerda que cuando un hombre está en la rueda revertida del discípulo (en sentido inverso al de las agujas del reloj) entrará en el signo a través de la influencia de Venus, mientras que el hombre medio entrará bajo el gobierno de Mercurio. Este es un ejemplo de cómo podemos interpretar mal un horóscopo si no conocemos el estado de evolución del nativo. La astrología mundana, sin síntesis, puede ser muy engañosa y superficial. Alice Bailey solía decir, con un destello en sus ojos, a un novicio que exclamaba cuán exactamente su carta estaba determinando su destino: "Eso es muy malo, si usted estuviera viviendo por encima del plexo solar, la carta de su persona­lidad no resultaría tan exacta". La carta del alma se usará en la astrología del futuro; no la carta de la personalidad. Esta advertencia se apoya en una positiva declaración del Tibetano: "El fundamento de las ciencias astrológi­cas es la emanación, transmisión y recepción de las energías y su transmutación en fuerzas, por la entidad receptora". Esto define claramente lo que deberá ser nuestra actitud en las meditaciones del plenilunio y nuestro uso de los horóscopos individuales. "El objeto que busco lograr aquí”, dice el Tibetano, “es que todo es una cuestión de recepción y sensibilidad desarrolladas".

 

 

Significaciones del Signo y su Polo Opuesto

 

En la Sirena, la diosa pez, tenemos el símbolo de la compensación de Virgo con su signo opuesto, Piscis. Siempre hay la dualidad, inherente en nosotros y en el sistema solar; siendo el segundo rayo del mismo sol una dualidad, Amor‑Sabiduría. La lección para el nativo de Virgo, como lo expresaba Dane Rudhyar en "Dones del Espíritu", es tener "una clara comprensión de que ninguna verdad es completa ni siquiera real si no incluye su opuesta, y todo eso ocurre entre ambas". Recordando nuevamente que ocho energías se mueven a través de Virgo, que es un signo de síntesis, Rudhyar expresa que más bien se requiere la transfiguración que la transformación.

 

Las tres virtudes requeridas son: tolerancia, compasión y caridad; uno crece volviéndose aún más inclusivo. Una de las útiles interpretaciones dadas en esta explicación sobre la tolerancia, la verdadera naturaleza de la toleran­cia, es que, como se la practica, principalmente tiene un matiz de superioridad y condescendencia. Rudhyar dice: "La verdadera tolerancia va más profundo que una actitud tal como "vivir y dejar vivir”, la que está a menudo no sin mancha de presunción y autocentrada indiferencia hacia todo excepto nues­tra propia verdad... Significa etimológicamente "soportar". ¿Soportar qué? El peso de la necesidad de cambio y crecimiento... La preocupación típica de Virgo con detalles de trabajo, con la técnica, la salud y la higiene, con la vivisección analítica de sí mismo y de los otros, es realmente una focalización de los negativos valores de crisis". Si la crisis en Virgo es positivamente enfrentada, entonces, la sustancia misma del conocimiento se renueva y con esta renovación, sigue necesariamente la reafirmación del propósito".

 

Para Piscis, el polo opuesto, la nota clave que se da es el coraje, el temperamento del nativo de Piscis es llamado un campo de batalla, pues su mensaje es "liberación", y por la libertad se debe luchar, y ella debe ser ganada, no puede ser un regalo. El clímax dice: "Todos los conflictos son absueltos, todas las transiciones se resuelven en los nacimientos de Cristo”, lo que es la culminación del nacimiento del conocimiento latente de Cristo, en Virgo.

 

Principios Fundamentales

 

Las alturas y las profundidades de este sexto trabajo, están claramente indicadas en los principios fundamentales del signo: En la rueda común, la orden sale en las siguientes palabras, que constituyen la actividad de Virgo: "Y la palabra dijo “que la materia reine"”. Después, en la rueda del discípulo, la voz emerge de la Virgen misma, y ella dice: "Yo soy la madre y el hijo, Yo, soy Dios, Yo, soy la materia". El Tibetano agrega: "Reflexiona sobre la belleza de esta síntesis y enseñanza y sabe que tú mismo has dicho la primera palabra como el alma, descendiendo dentro del seno del tiempo y del espacio en una época remota y distante. El tiempo ahora ha llegado en que tú puedes, si así lo eliges, proclamar tu identidad con ambos aspectos divinos, la materia y el espíritu, la madre y el hijo". (Astrología Esotérica, pág. 197). El primer principio fundamental sintetizado es: "Cristo en ti, esperanza es de gloria".

 

* En lo sucesivo los capítulos estarán basados en las conferencias informales dadas por A.A.B., su material terminado para un libro que se había propuesto escribir Por consiguiente, una reelaboración de sus escritos será ofrecida, más el material de la Astrología Esotérica y de Los Dones del Espíritu por Dane Rudhyar, ninguno de los cuales había aparecido cuando las conferencias fueron dadas en 1973.

 

 

Trabajo 7

 

La Captura del Jabalí de Erimanto

 

(Libra. 22 Septiembre ‑ 21 Octubre)

 

El Mito

 

El Gran Presidente, dentro de la Cámara del Concilio del Señor, consi­deraba la naturaleza del hijo del hombre que es asimismo un hijo de Dios. Él pensaba en lo que se necesitaba para hacerlo aun más parecido a su Padre. "Otro trabajo debe ser llevado a cabo. Él necesita equilibrio, y juicio sano, y preparación para una prueba mayor y para futuro servicio a la raza de los hombres. Por esto, que se prepare con cuidado". Y el Maestro, anotando en sus tablas el propósito de la próxima prueba, salió y habló a Hércules. "Sal, hijo mío, y captura al jabalí; salva una región asolada, pero toma el tiempo de alimentarte". Y Hércules salió.

 

Y Hércules, que es un hijo de hombre y no obstante un hijo de Dios, pasó a través del séptimo Portal. El poder del séptimo signo pasó a través de él. No sabía que se enfrentaba a una prueba dual, la prueba de la rara amistad y la prueba del coraje sin temor. El Maestro lo había instruido para buscar un jabalí, y Apolo le dio un arco flamante para usar. Dijo Hércules: "No lo llevaré conmigo en el camino, por temor a matar. En mi último trabajo, en las riberas del gran mar, maté y destruí. Esta vez no mataré. Dejo el arco".

 

Y así, desarmado, excepto por su fuerte clava, trepó el acantilado de la montaña, buscando al jabalí, y viendo, a cada lado, visiones de miedo y terror. Subió aún más y más alto. Y entonces se encontró con un amigo. En el camino se encontró con Folos, uno de un grupo de centauros, conocido de los dioses. Se detuvieron y hablaron, y por un momento Hércules olvidó el objeto de su búsqueda. Y Folos llamó a Hércules, invitándolo a abrir un tonel de vino, que no era suyo, ni tampoco pertenecía a Folo. Este gran barril, pertenecía al grupo de centauros; y de los dioses, que los habían beneficiado con el tonel, había venido la orden de que nunca debía ser abierto, salvo cuando los centauros se encon­traran y estuvieran todos presentes. El tonel pertenecía al grupo.

 

Pero Hércules y Folo lo abrieron en ausencia de sus hermanos, llamando a Quirón, otro centauro sabio, para que fuera y compartiera su jarana. Este así lo hizo y los tres bebieron juntos, y se deleitaron y embriagaron e hicieron mucho bullicio. Esta gritería fue oída por los otros centauros desde lugares distantes.

 

Ellos acudieron encolerizados, y una feroz batalla tuvo entonces lugar y a pesar de las sabias resoluciones, nuevamente el hijo del hombre, que era un hijo de Dios, se transformó en el mensajero de la muerte y mató a sus amigos, los dos centauros con los cuales antes había bebido. Y, mientras los otros centauros se afligían con fuertes lamentaciones, Hércules escapó otra vez a las altas montañas, y nuevamente reanudó su búsqueda.

 

*     *     *

   

    Llegó hasta los límites de la nieve, siguiendo las huellas del feroz jabalí; lo siguió hasta las alturas y el áspero frío, y sin embargo no lo vio. La noche se fue acercando, una a una las estrellas salieron, y aún el jabalí se le distanciaba, y buscó dentro de sí mismo alguna maña sutil. Colocó una trampa con habilidad, y sabiamente oculta. Entonces esperó en una sombra oscura la llegada del jabalí. Las horas pasaron, y él aún esperó hasta que se acercó el alba. El jabalí salió de su guarida, buscando comida, impulsado por un hambre de días. En las sombras, cerca de la trampa, esperaba el hijo del hombre. El jabalí cayó dentro de la trampa y a su debido tiempo Hércules soltó a la bestia salvaje, haciéndola prisionera de su habilidad. Luchó con el jabalí y lo dominó y obligó a hacer lo que él decía, o ir por el camino que él deseaba.

 

Desde la cima nevada de la alta montaña bajó Hércules, gozoso en el camino, conduciendo por la senda que bajaba, al feroz pero domesticado jabalí. Por las patas traseras, conducía al jabalí, y todos en la montaña reían al ver la escena. Y los que encontraban al hijo del hombre, que es el hijo de Dios, cantando y bailando en el camino, reían también al ver la marcha de los dos. Y todos en la ciudad reían al ver la misma escena; al tambaleante, cansado jabalí y al hombre que reía y cantaba.

 

Así ejecutó Hércules su séptimo trabajo y regresó hacia el Maestro de su vida.

 

Y el Gran Presidente dentro de la Cámara del Concilió del Señor observó: "La lección del verdadero equilibrio ha sido aprendida. Aún falta una lección. De nuevo en el noveno Portal el centauro debe ser encontrado y conocido y rectamente comprendido".

 

Y el Maestro dijo: "El séptimo trabajo está completado, el séptimo Portal ha sido pasado. Considera las lecciones del pasado; reflexiona sobre las pruebas, hijo mío. Dos veces has matado lo que deberías amar. Aprende el por qué". Y Hércules permaneció dentro de las puertas de la ciudad y allí se preparó para lo que luego sucedería, la prueba suprema.

 

                                                                                              El Tibetano

 

Prólogo

 

"El mito es el velado pensamiento del alma ". (Isis sin velo)

 

Libra nos presenta muchas paradojas, y marcados extremos, dependiendo de si uno está en la vuelta del zodíaco en sentido de las agujas del reloj, o en la trayectoria inversa, la del discípulo que ha vuelto conscientemente, al sendero evolutivo, al camino de regreso al hogar. Se dice que es uno de los signos más difíciles de comprender. Es el primer signo que no tiene ni símbolo humano ni símbolo animal, excepto que sosteniendo la balanza está la figura de la justicia –una mujer cegada— cegada tal vez para la objetiva visión exterior, que la visión intuitiva interior debe adivinar dónde está la justicia.

 

Es un intervalo, se nos dice, comparable al silencioso escuchar en la meditación: un tiempo de imposición del pasado. De nuevo, extrañamente, el hombre medio se acerca a Libra a través de la drástica prueba de Escorpio, mientras que el hombre más evolucionado entra a la prueba de Libra desde el signo de Virgo, con la conciencia de Cristo agitándose en su corazón y su mente. Piensa cuán diferentes serán las experiencias de estos dos hombres en Libra. En un caso la balanza oscilará salvajemente arriba y abajo; en el otro se aproximará al equilibrio o éste será logrado, entre la materia y el espíritu, y entre los más pequeños pares de opuestos.

 

En este punto empezamos a ver por qué, en este tranquilo signo, nos encontramos con los problemas del sexo y el dinero, ambos buenos servidores y malos maestros, según el uso que se haga de ellos. El sexo es un sacramento, una compensación del hombre y la mujer, para la producción de las formas, para la continuación de la vida evolutiva. El dinero es un medio de trueque, de compartir a distancia. Si es amado y retenido sólo por sí mismo, es el oro del avaro, y si no, el oro del amante, entregado corazón.

 

El equilibrio de los pares de opuestos está agudamente definido. La balanza puede oscilar desde la parcialidad y el prejuicio a la justicia o el discernimiento; desde la insensible estupidez a la sabiduría entusiasta. Cuán inusual y deliciosa combinación de palabras es esa. En el lenguaje común nosotros simbolizamos la sabiduría con la estúpida, parpadeante lechuza, y aquéllos que piensan que son sabios están demasiado, a menudo, llenos de solemnidad y son algo pesados. Sin embargo, la sabiduría debe ser "entusiasta". Esto es algo para reflexionar. Y puede haber intriga, los tortuoso caminos de las leyes hechas por el hombre la invitan; o hay una conducta recta y el nativo de Libra puede estar caracterizado por actitudes materialistas o espirituales. Nuevamente una y otra vez en este viaje circular, las constelaciones son todas armoniosas, buenas, y para un propósito; es nuestra receptivi­dad y el uso que hagamos de ellas, que determina lo que manifestamos. Esto se relaciona con penosa exactitud con las impresiones logradas por el turista ocasional, y por el hombre que vive por algún tiempo en un país, y realmente conoce a su gente. A veces uno piensa que una prueba de inteligencia debería ser tomada antes de otorgar una visa. Tales extravagantes ideas, por ejemplo, nos surgen al ver y oír a las gentes que han pasado unos pocos días en París y piensan que conocen Francia.

 

Y en este imponente signo de equilibrio, justicia y ley, encontramos que la prueba termina en un estallido de risa, el único trabajo que la provoca. Desde la montaña venía Hércules, haciendo rodar al jabalí como si fuera una carretilla, cantando y riendo, y todos los espectadores reían con él. ¡Cuán encantador!; y esto a pesar del hecho de que nuevamente Hércules cometió un lamentable error. El Maestro le había dicho que "tomara tiempo para alimentarse", pero Hércules tomó tiempo para una orgía de borrachos con dos sabios, viejos amigos, centauros. Y tomen nota de que ellos abrieron el tonel de vino que debía ser abierto sólo por y para el grupo. Todo un sermón podría ser predicado sobre este punto y también sobre el hecho de que, mientras Hércules tomaba precaución para no matar al jabalí, terminó matando a dos amigos. Así aparece la tentación detrás, cuando pensamos que hemos despejado de trampas el sendero delante nuestro. Pero entonces el sabio Maestro, cuando evaluaba el trabajo, pasó ligera­mente sobre el alboroto al que todos habían contribuido, diciendo tan sólo, "Reflexiona sobre las lecciones del pasado" (contribución de Libra). "Dos veces has matado lo que deberías amar. Aprende el por qué". Esto es todo; y se nos recuerda que la personalidad permanece fuera del ashrama, (nuestros maestros sólo ven cualquier luz que llevemos). No hay ningún elogio especial, Hércules simplemente pasó, no con honores, pero al séptimo trabajo se lo proclamó como completado y al séptimo Portal como atravesado. Justicia como misericordia. "Sí, Tú, Oh Dios, quieres ser tan severo para señalar todo lo que está mal hecho, Oh Señor, ¿quién puede soportarlo?”

 

Reflexiones de un Nativo de Libra

 

Antes que Hércules capturara al jabalí de Erimanto, se sentó a la mesa de Folo y bebió vino fuerte. En este momento él era el alma de la jovialidad, buscando y encontrando placer. Para Hércules, como para todos los que asumen el trabajo que debe ser realizado en Libra, los vapores del placer se deben disipar antes que la tarea mayor del autodominio, es decir, la captura del jabalí, sea emprendida.

 

Es de señalar que el beber vino en abundancia conduce a Hércules a la tragedia, la muerte de Folo. Esta repentina intervención de la catástrofe dentro de la existencia buscadora de placer de un libriano; por desagradable que la experiencia pueda ser, es una necesidad para el desarrollo del alma. Sin tales tragedias, las potencialidades de Libra permanecen latentes. El libriano emprende su camino en invierno, una época de desolación, cuando la vida de la personalidad ha perdido su atractivo.

 

Hércules no usa la fuerza bruta para capturar al jabalí. Coloca una trampa, espera y permite que la bestia caiga por sí sola en la trampa. Cuando el jabalí tropieza y cae en los ventisqueros, Hércules aprovecha su oportunidad. Es curiosamente libriano el evitar un encuentro directo, y no gastar más fuerza que la necesaria. Él busca lograr sus fines suavemente, no forzadamente.

 

Se nos dice que Hércules toma las patas traseras del jabalí, y obliga a la bestia a bajar por la ladera de la montaña en sus patas delanteras, y que este espectáculo provoca la risa de todos los que observan eso. En este incidente observamos la habilidad del libriano para encontrar soluciones inusitadas, y para percibir el valor de lo incongruente.

 

Situaciones de gran consecuencia en la historia de la humanidad son determinadas por inusitados acercamientos a problemas comunes. Por ejemplo, un jefe tártaro, inició un gran fuego detrás de sus propias tropas, forzándolas así a arremeter con un vigor tan desesperado que ningún enemigo podía resistirlos. Otra vez, cuando Aníbal mandó sus elefantes contra Esci­pión, éste ordenó a los soldados soplar las trompetas en las orejas de los animales; confundidos y aterrorizados por el ruido, los elefantes huyeron en desorden, y mataron a muchos de los hombres de Aníbal.

 

La percepción de las incongruencias es una de las más grandes armas dadas a la humanidad en su perpetua lucha contra el espejismo. Es la fuente de la risa la que desbarata la ostentación y destruye las instituciones anticuadas.

 

Este es el único trabajo que termina en una explosión de risa. Hércules no sólo realizó la tarea asignada, sino que hizo del feroz jabalí un objeto del ridículo. Por una perspectiva ligeramente alterada muchas de las aterrorizantes experiencias de la vida pueden ser trasformadas por un benéfico sentido del humor. Mucho de lo que la gente mira con grave y seria formalidad tiene decididamente ridículas implicancias.

 

La descripción gráfica de Hércules conduciendo al jabalí por sus patas traseras, es una representación simbólica del alma dirigiendo un cuerpo torpe. Esta relación en la cual cada aspecto logra su debida importancia es característica de los librianos más altamente organizados. Así es el principio de equilibrio observado.

   

    El libriano se maneja pesando y equilibrando todas las cosas. Esta actitud lo hace aparecer frecuentemente fluctuante e indeciso. Sabiendo que hay innumerables gradaciones entre el negro y el blanco, él es raramente propen­so a ser un extremista. Sabe que aquellos que son mirados como pilares de la sociedad pueden ser fariseos; y los modestos y humildes, la sal de la tierra; que aquéllos que declaran su excelencia más vehementemente pueden ser los menos meritorios; que el sabio de palabra puede actuar como los necios; los necios pueden encontrarse con tesoros; que los juicios del mundo pueden ser revocados por una corte superior; que la verdad puede manifestarse sobre la tierra de muchas inverosímiles maneras.

 

La búsqueda de la verdad, entonces, se cambia en el desarrollo de la discriminación. En un sentido, la verdad no existe para los seres humanos, pues todas las verdades no son sino parte fraccionarias de mayores conjuntos. La búsqueda de estos conceptos más inclusivos es de más importancia que la insistencia sobre un fragmento aislado de un limitado segmento separativo.

 

Como una laboriosa araña, el libriano está perpetuamente hilando hilos de relaciones, creando una sensitiva red de significados. El resultado de tal actividad es la síntesis. Permanece entre lo concreto y lo abstracto, tratando de relacionarlos a los dos. Siempre hay una discrepancia, siempre la brecha entre el fin previsto y la meta lograda; y no obstante, la tela brilla luminosa­mente y asume un modelo de intrincada belleza.

 

A medio camino entre el cielo y la tierra, el libriano espera. Mirando arriba, ve la visión, el amanecer dorado iluminando la cima de la montaña cubierta de nieve; contemplando hacia abajo mira los lodazales y el cieno a través del cual pasan los hijos de los hombres. Por un lado, reconoce altos ideales; por el otro, los ve repudiados. Si él se eleva hacia el mundo del ideal, pierde contacto con las cosas comunes; si desciende al nivel de la actividad materialista, pierde las preciadas percepciones que son la causa principal de su ser. Se mantiene suspendido en equilibrio entre estos dos mundos para poder lograr comprensión, una comprensión que incluye lo superior y lo inferior, lo bueno y lo malo, lo excelso y lo insignificante. Esto es la compasión.

 

El conocimiento logrado causa desilusión. Escudriñando dentro de los corazones humanos, percibe las sombras oscuras, y el sedimento de extrañas pasiones. Descubre los métodos básicos por medio de los cuales personas de importancia establecen sus éxitos, los puntos oscuros en la vida de hombres respetables, los hábiles caminos por los que ellos eluden las sugerencias de la conciencia. Observa las ideas en capullo que son mordidas por la escarcha a la primera tentación. Contempla la larga marcha hacia adelante de la raza humana, con sus esporádicos logros y sus multiplicados fracasos.

 

¿Cuál es el resultado de tales reflexiones? En primer lugar, se debilitan sustancialmente los espejismos que tan a menudo encadenan al hombre a la tierra. Se entera que el hombre vive en una arremolinada bruma de ilusión, asiéndose a la vida como si fuera un fin en sí misma, huyendo a menudo de la verdad como de una catástrofe. Esta descripción de defectos no significa que la bondad humana es pasada por alto; sin una suficiente cantidad de ella, el mundo no se podría soportar.

 

El libriano no está seguro en absoluto de querer tomar parte en la lucha agresiva para lograr un modo de vivir, y avanzar belicosamente hacia un sitio de poder y prestigio en el mundo. Si sólo tuviera que preocuparse de sí mismo, probablemente se retiraría a una biblioteca, y pasaría sus días allí. Sin embargo, también existen otros seres humanos que le hacen reclamos. El motivo del servicio se arraiga así en su vida, un sentido de servicio basado en una evaluación realista de la naturaleza humana. Realmente es muy difícil servir a la especie increíble llamada hombre. Informa a un hombre de una verdad que, si la aceptara alteraría su estereotipado modo de vida, y él te condenará como si fueras un radical; razona con él, y él tercamente insistirá en la supremacía de sus instintos; por otra parte, muéstrale indiferencia hacia su condición, y te denunciará por ser insensible a sus sufrimientos. Quien­quiera que sirva a la raza humana debe estar preparado para la incompren­sión, la mala interpretación, y la perversidad que apoya lo opuesto de lo que se dice.

 

El libriano no es inclinado a ser fanático ni tirano. Buscando más bien persuadir que forzar, él entiende el arte del compromiso espiritual; esto implica una complacencia de que el cielo se alcanza con una serie de pasos separados más bien que con un simple salto salvador. Servir a otros requiere una justa apreciación de sus capacidades; esperar de ellos lo que son incapaces de dar es a la vez insensato y frustrante. La ayuda dada a una persona debe encontrar expresión dentro del marco de sus limitaciones. Si esto no se hace, la ayuda puede resultar un impedimento. Se debe hacer una cuidadosa distinción entre demasiada ayuda y demasiado poca; si se da demasiado, el individuo, no será estimulado a usar sus propios recursos, mientras que dema­siado poca puede causarle el hundirse en un mar de desesperación. En otras palabras, la ayuda dada debe ser cuidadosamente adecuada a las necesidades del individuo involucrado. En muchos casos, la ayuda será solamente un estorbo; por lo tanto, es a menudo mejor permitir a una persona formar sus propias certidumbres espirituales, de sus propios amargos conflictos.

 

El constante pesar y medir tan característico de Libra, tiene una finalidad; el establecimiento del equilibrio. El mundo está sostenido por el equilibrio, y a esto lo comprende el libriano. De hecho, las leyes del karma pueden ser consideradas como actividades equilibrantes que impiden la continuación de una condición desequilibrada. Las catástrofes que le sobrevienen a un hombre están destinadas, no a castigarlo, sino a restaurar el equilibrio en su naturaleza. El que establece el equilibrio en su propia vida no estará obligado a que se lo impongan por medio de desagradables, intimidantes circunstancias. Los platillos de la balanza de Libra son fácilmente inclinados a un lado u otro, pero el punto medio en el cual descanza la balanza, permanece inalterado. Este es el punto del equilibrio, el refugio seguro que las sombras fluctuantes de los cataclismos terrenales y las catástrofes nunca pueden amenazar.

 

Se debe señalar que el equilibrio, como es aquí concebido, es una condi­ción más bien dinámica que estática. Un sistema equilibrado de energía sería una definición más adecuada; expresado de otra forma, podría ser llamado una distribución ordenada, de las energías dirigidas y controladas por una muy inclinada voluntad al bien. El hombre completamente desarrollado, o iniciado, podría tal vez ser descripto también en tales términos.

 

En medio de la disonancia, el libriano acaricia el sueño de la armonía; en un país lejano, él recuerda la casa de su Padre. En recuerdo de esto busca ser un punto de paz en un mar de fuerzas en pugna. Esa es la meta, pero no siempre el logro. Sin embargo, este anhelo de armonía fortalece en él el deseo de ser un hacedor de paz. Puede comprender hábilmente ambos lados de un problema' y esta habilidad le sirve bien para ser mediador y árbitro.

 

Las energías que emplea son la persuasión, la cortesía, y la cooperación; cuando éstas fracasan, desdeña métodos más rigurosos. Se siente naturalmen­te inclinado hacia el trabajo de grupo, y es atraído por los programas de acción que promueven la hermandad y la unidad.

 

Hay un elemento fuertemente femenino en el libriano, y esto es natural ya que Venus gobierna este signo zodiacal. El duro, impetuoso empuje de la vida moderna es demasiado agresivamente masculino; la gracia y la belleza artística del componente femenino debería actuar como una influen­cia complementaria. El libriano comprende esto instintivamente. Sabe que el dogmatismo masculino debe ser modificado por el sabor más sutil de la dulzura femenina; que la dúctil agua durará más que la piedra implacable y el rígido acero.

 

Cuando el libriano ha asimilado las suaves armonías de Venus, empieza a responder a otra vibración, la de Urano. La afirmación en la Biblia que describe este impulso está expresada en estas palabras, "Mira, Yo hago todas las cosas nuevas". Se entiende a las viejas formas como siendo cadenas y trabas. Ellas deben ser descartadas. La escoba de Dios debe arrastrar con todos los escombros de las edades para que los altos ideales de la hermandad y la unidad, puedan ser incorporados dentro de la misma estructura de nuestras instituciones, para que las vidas que los hombres conducen puedan reflejar la divina imagen que está indeleblemente marcada en su ser esencial.

 

Sin embargo, este cambio revolucionario no se debe cumplir cambiando el arreglo de nuestro aspecto exterior, formas o instituciones; debe originarse dentro de la mente humana en el silencio del corazón del hombre, cuando él se vuelve hacia la luz que brilla sobre él y que viene del resto de inmortalidad que en él mora. El libriano se equipa para rehacerse, sabiendo que éste es el primer paso hacia el reordenamiento del mundo.

 

Los Regentes de Libra y su Signo Opuesto

 

El signo opuesto de Libra, con el cual debe ser hecha la compensación, es Aries, cuyo regente exotérico es Marte, mientras que el gobernante de Libra es Venus. Exotéricamente, por lo tanto, debe haber una compensación entre la Voluntad y la mente superior, expresándose a través del deseo o el amor, según el estado de evolución. El regente esotérico de Libra es Urano, y Saturno en este signo es el gobernante de esa "estupenda Jerarquía creadora" que forma parte del tercer aspecto de la divinidad. Es por esta razón que Libra está estrechamente conectada con la Jerarquía, y explica el tercer aspecto de la Divinidad y de ahí que es un signo gobernante y un mayor factor determinante donde la ley, el sexo y el dinero están comprometidos. El Tibetano expresa más adelante que, "Si los estudiantes hicieran un estudio cuidadoso de estas tres cosas: la ley, primer aspecto; la relación entre los pares de opuestos (el sexo), segundo aspecto; y la energía condensada, llamada dinero, tercer aspecto; tal como ellos se expresan hoy en día y como ellos pueden expresarse en el futuro, tendrían un cuadro de la realización física humana y de la futura expresión espiritual que sería instructiva y tendría mayor valor. Todo el proceso es explicado por la actividad de los tres regentes de Libra: Venus, Urano y Saturno".

 

                  (Condensación, Astrología Esotérica).

 

Una belleza singular emerge cuando consideramos los principios funda­mentales de Aries y Libra como fueron dados por Dane Rudhyar en "Dones del Espíritu". El distintivo para Libra es, "tranquilidad", pero está lejos de la tranquilidad del confort lujoso. El autor lo define como "una expresión de relación totalmente aceptada, sea ésta con un objeto, una situación o una persona... Los hombres sólo pueden estar libres de la naturaleza cumpliendo con la naturaleza; cumpliendo con ella con tranquilidad, con elegancia.

 

"Por elegancia queremos decir esa cualidad que el matemático tiene en la mente cuando habla de ‘la elegante solución de un problema matemático', una solución que avanza con extrema facilidad, con la mayor simplicidad de medios, con un mínimo de pasos intermedios, con lógica inherente. Un pino gigantesco de California es asimismo la elegante solución del problema contenido en la semilla; un perfectamente fácil y lógico desarrollo de las potencialidades inherentes a esta semilla.

 

"El natural crecimiento de las potencialidades inherentes, la facilidad y la lógica de la evolución, la elegancia del desarrollo; éstas son joyas del arte de vivir; éstas son las pruebas del dominio".

 

Que tu mente descanse en la contemplación de estas hermosas palabras. Es difícil imaginar un concepto más alentador del crecimiento, un crecimien­to que se desarrolla desde adentro como se abre una flor, sin esfuerzo y ansiosa tensión. Aquí podríamos advertir que Libra representa al reino vegetal, al sexo y a la afinidad natural. En ese reino se dice que tres rayos vibran al unísono. Esto da por resultado servicio, color y fragancia. Las palabras de Rudhyar no son poesía mística; ellas tienen sus raíces en hechos biológicos, donde también la energía creadora, el Dios inmanente, está trabajando.

 

Volviendo a Aries, encontramos que el principio fundamental es "adaptabilidad” que indica un método por el cual la tranquilidad de libra puede ser obtenida. Todos nosotros sabemos de hombres y mujeres en la historia y en torno nuestro ahora, que se mueven con serenidad y poder en medio de trágicos acontecimientos. Y ¡qué espectáculo terrible e inspirador es ese! También encontramos adaptabilidad en el camuflaje del reino animal, en el colorido de los pájaros y bestias que les ayuda a proteger sus vidas. El hombre en circunstan­cias peligrosas tiene una necesidad igual de disfraz, en su caso, para aumentar la adaptabilidad. Esto inmediatamente hace surgir una duda en cuanto a los peligros del compromiso, del abandono de los principios por la seguridad. Pero lo mismo que El Tibetano nos ha dicho que "el compromiso espiritual" puede ser un reconocimiento del tiempo y la evolución, no implicando ninguna traición a la meta, así leemos lo siguiente escrito por Rudhyar:

 

"Este tipo de adaptación social no deberá ser tal como para desviar o enturbiar la corriente de la liberación del poder. No deberá alterar la cualidad de las imágenes proyectadas, u oscurecer la visión que ellas trasmiten... Es ésta una difícil tarea de discriminación. Ser adaptable, pero retener la pureza y la total integridad de nuestra visión y de nuestro ideal; aceptar rodeos, pero no perder el rumbo de la meta; ser comprensible y aceptable para aquellos que necesitan el despertar espiritual, pero no distorsionar o rebajar el carác­ter del mensaje; usar los valores nacidos del pasado, pero no desestimar el futuro a cambio del incierto presente; ser amable con los hombres, pero inflexiblemente verdadero para con el espíritu, tales son los problemas con los que la persona de Aries se encontrará constantemente, en una forma u otra.

 

El individuo que está consagrado verdaderamente al espíritu, actúa como el espíritu en términos de necesidades humanas". (Tranquilidad y adaptabi­lidad; Libra se compensa con su signo opuesto, Aries).

 

Las Constelaciones y las Estrellas

 

Hay tres constelaciones en Libra, todas de especial interés. Primero está la Cruz del Sur que nunca ha sido vista en el hemisferio norte desde los tiempos de la Crucifixión, cuando fue vista en Jerusalén. Ahora la Cruz que aún se divisa en el hemisferio sur se está alejando. Tratemos de entender la presentación dramática de este gran símbolo. Cuatro estrellas brillantes forman esta cruz; cuatro, el número del aspecto material del hombre, el cuaternario. La Cruz del Sur, el cuaternario, se está alejando. El mismo simbolismo se ve en Géminis, con Cástor y Pólux. Cástor, simbolizando la inmortalidad, se está volviendo más brillante y Pólux, la mortalidad, se está oscureciendo. La cruz se está retirando, y esta promesa está en Libra, llamada la puerta abierta a Shamballa, el signo en el cual se encuentra "el sendero angosto, como el filo de la navaja” que conduce al hombre al reino del alma.

 

La segunda constelación es la de Lupus, el lobo. A través de las edades, la cabeza del lobo ha sido el símbolo del iniciado. Pero es un lobo moribundo, y la naturaleza del lobo que ha devorado la naturaleza del alma hasta ahora, es simbolizada como desapareciendo, pues a medida que el hombre logra el equilibrio, la actividad y el poder del lobo desaparecen.

 

La tercera es la Corona, la corona sostenida delante del hombre trabajando en Libra. El símbolo está basado en la historia de Ariadna, el aspecto madre, a quien Baco le dio una corona de siete estrellas, símbolo del segundo aspecto de la divinidad que glorifica la materia haciéndola la expresión de la mente divina. (Según A.A.B..)

 

Como con todo lo de Libra, las interpretaciones y comprensión de las constelaciones son difíciles, pero estimulantes de la reflexión. Si los datos parecen escasos y vagos, es tal vez nuevamente representativo del interludio del Libriano, al que uno de los Maestros de Sabiduría ha llamado "el maestro de la tierra de nadie". Así sólo podemos reflexionar, recordando cómo el lobo aparece como el animal que amamantaba a Rómulo y Remo; y fue el feroz animal al que San Francisco de Asís amansó por el amor que sentía por él, y el sentimiento de unidad con él.

 

Algunos detalles sobresalientes de la disertación de A.A.B.

 

     En Libra tenemos al hombre que no habla, simbólico del intervalo de silencio en la vida de Jesús. Entre los 12 y los 30 años no tenemos noticias de él. Esos

fueron años de silencio, ya que los pasaba entre los esenios en Egipto o en el taller de carpintero en el cual, ese gran hijo de Dios, equilibraba el espíritu y la materia y se preparaba para su ministerio como un hijo del hombre que era también un hijo de Dios –demostrablemente—. La gran revelación, a mi parecer, no es que nosotros seamos espíritu sino que todo es Dios es manifesta­ción; todo es energía de diferentes categorías. Cristo fue la perfecta expresión de la divinidad en la forma. Él equilibraba perfectamente el espíritu y la materia. Ese es el trabajo que todos nosotros tenemos que hacer...

 

Los dos centauros buenos que Hércules mató, son conocidos como Quirón (pensamiento bueno) y Folo (fuerza física). Esta prueba fue para mostrar el control de la naturaleza emocional, astral o del deseo, en cualquier forma que ella pueda tomar. Tú no puedes controlar o guiar la naturaleza del deseo por medio de la fuerza física o sólo por el pensamiento, pueden tener éxito por un tiempo y después vuelve a surgir nuevamente en tí. La única solución es apresar al jabalí del deseo en las altas montañas. Es en la cima de las montañas que ocurren todas las grandes revelaciones, donde la niebla del valle desapa­rece y llega la iluminación...

 

"Libra es un signo de aire y está en la cruz cardinal que gobernará al próximo sistema solar, y en este sistema gobierna el sendero de la iniciación, que es hollado por la flor de la raza". Otra vez el misterio cubre con un velo para que nosotros encontremos al signo difícil de comprender. Pero los principios fundamentales del signo son claros, y sencillos: hablan derecho al corazón y sin oscuridad. Para el hombre medio, con no desarrollado conocimiento espiritual la palabra acude una y otra vez a través de los eones: "Y el Verbo dijo: que se haga la elección.” La respuesta eventualmente vuelve como un resultado del proceso evolutivo y desde el alma. "Yo elijo el camino que conduce entre las dos grandes líneas de fuerza".

(Astrología Esotérica, pág. 175).

 

 

 

 

 

 

 

Trabajo 8

 

Destruyendo la Hidra de Lerna

 

(Escorpio, 23 Octubre ‑ 22 Noviembre)

 

El Mito*

 

El Gran Presidente, vestido de radiante calma, dijo solamente una palabra. El Maestro oyó la orden de oro, y convocó a Hércules, el hijo de Dios que era también el hijo del hombre.

 

"La luz brilla ahora en el octavo Portal”, dijo el Maestro. "En el antiguo Argos hubo una sequía. Amimona suplicó la ayuda de Neptuno. Éste le ordenó que golpeara una roca, y cuando ella lo hizo, brotaron tres corrientes cristalinas; pero prontamente una hidra hizo allí su morada.

 

"Junto al Río Amimona, está el infesto pantano de Lerna. Dentro de esta fétida ciénaga yace la monstruosa hidra, una calamidad en la comarca. Esta criatura tiene nueve cabezas, y una de ellas es inmortal. Prepárate a combatir con esta repugnante bestia. No pienses que pueden servirte, medios ordina­rios; destruyes una cabeza, dos crecen aceleradamente". Hércules esperaba con expectación.

 

“Yo sólo puedo dar una palabra de consejo”, dijo el Maestro. "Ascende­mos arrodillándonos; vencemos cediendo; ganamos renunciando. Ve. ¡Oh, hijo de Dios e hijo del hombre, y vence!" Entonces, Hércules pasó a través del octavo Portal.

 

El estancado pantano de Lerna era una mancha que desalentaba a todos los que llegaban a sus confines. Su hedor contaminaba toda la atmósfera en un espacio de siete millas. Cuando Hércules se aproximó, tuvo que detenerse, pues sólo el olor casi lo venció. La cenagosa arena movediza era un peligro, y más de una vez Hércules rápidamente retiró su pie temiendo que fuera succionado por la tierra floja.

 

Finalmente encontró la guarida donde moraba la monstruosa bestia. Dentro de una caverna donde reinaba perpetua noche, la hidra estaba oculta. De día y de noche Hércules rondaba el traicionero pantano, esperando el momento propicio en que la bestia saliera. Vigilaba en vano. El monstruo permanecía dentro de su fétida ciénaga.

 

Recurriendo a una estratagema, Hércules sumergió sus flechas en brea ardiendo y las hizo llover directamente dentro de la bostezante caverna donde moraba la horrible bestia. Una agitación y conmoción sobrevino al punto.

 

La hidra emergió, con sus nueve encolerizadas cabezas exhalando llamaradas. Su escamosa cola azotaba furiosamente el agua y el barro salpicando a Hércules. A tres brazas de altura se levantó el monstruo, una cosa de tal fealdad que parecía como si hubiera sido hecha con los más impuros pensa­mientos concebidos desde que empezó el tiempo. La hidra se abalanzó sobre Hércules y buscó enrollarse alrededor de sus pies. El se apartó y le asestó un golpe tan demoledor que una de sus cabezas fue inmediatamente separada. Apenas había esta horrible cabeza caído dentro del pantano, dos crecieron en su lugar. Una y otra vez Hércules atacó al furioso monstruo, pero con cada asalto se volvía más fuerte, no más débil.

 

Entonces Hércules se acordó que su Maestro había dicho, “nos elevamos arrodillándonos”. Arrojando a un lado su garrote, Hércules se arrodilló, agarró a la hidra con sus manos desnudas y la levantó en el aire. Suspendida en medio del aire, su fuerza disminuyó. De rodillas entonces, él sostuvo a la hidra alto por encima suyo para que el aire y la luz purificadoras pudieran tener su esperado efecto. El monstruo, fuerte en la oscuridad y el pantanoso barro, pronto perdió su poder cuando los rayos del sol y el contacto del viento cayeron sobre él.

 

Se esforzó convulsivamente, pasando un estremecimiento a través de su repugnante figura. Más y más desfallecida se hizo su lucha hasta que fue vencida. Las nueve cabezas se inclinaron, luego con jadeantes bocas y vidriosos ojos cayeron flojamente hacia adelante. Pero sólo cuando ellas yacían sin vida, Hércules percibió la mística cabeza que era inmortal.

 

Entonces Hércules cortó la cabeza inmortal de la hidra y la enterró, silbando todavía ferozmente, debajo de una roca.

 

Retornando, Hércules se paró delante de su Maestro. "La victoria ha sido lograda”, dijo el Maestro. "La luz que brilla en el octavo Portal está ahora mezclada con tu propia luz".

 

Francis Merchant

 

 

Introducción

 

De nuevo encontramos variaciones en las versiones del mito y no tenemos el relato del mito hecho por El Tibetano para guiarnos. La historia de que la novena cabeza era la cabeza inmortal, parece descartada por la sencilla afirmación de El Tibetano de que eran tres veces tres, o nueve pruebas. La versión usada por Francis Merchant en el mito, parece más precisa, es decir, que nueve cabezas fueron destruidas, y entonces apareció la mística, inmortal cabeza. Además, el relato de que esta gran cabeza fue "enterrada bajo una roca" da motivo para mucha reflexión. Tal vez el uso de la frase "escondida bajo la roca de la voluntad”, es revelador. Todas las versiones dicen que fue pues, enterrada.

 

En algunos relatos se dice que Hércules quemó completamente las cabe­zas, y que el fuego divino sería ciertamente necesario para esta destrucción. De cualquier modo, es imposible negar la poderosa descripción del mundo del discípulo en esta prueba suprema, sumergiéndose hasta las rodillas en la humanidad y levantando al monstruo (todos los males acumulados, errores, fracasos de su largo pasado) en el aire del espíritu, donde por su verdadera naturaleza, la hidra no podía vivir, y así se consumió y murió. El uso del fuego, en el esfuerzo preliminar, contiene no obstante este símbolo en la descripción.

 

Mientras el sexo, bajo la prueba de la compensación de los opuestos y la doble soberanía de Marte, tiene su lugar especial, el excesivo énfasis de esta sola faceta no es suficientemente inclusivo. Todos los pares de opuestos tienen que ser compensados en este gran signo, un signo avanzado del integrado, consciente discípulo; no un signo sórdido del hombre no evolucio­nado, como se piensa a menudo. De nuevo se debe leer cuidadosamente y distinguir entre gente en la rueda ordinaria y discípulos en la rueda revertida. Todo lo cual es presentado para el estudio del lector.

 

Análisis psicológico del Mito

 

A Hércules se le dijo que encontrara la hidra de nueve cabezas que vivía en un pantano inundado de hedor. Este monstruo tiene su contraparte subjetiva. Mora dentro de las cavernas de la mente. En la oscuridad y el fango de los huecos mentales no iluminados, prospera.

 

Profundamente alojada dentro de las regiones subterráneas del subcons­ciente, ya quieta o explotando en tumultuoso frenesí, la bestia establece su residencia permanente. Su existencia no se descubre fácilmente. Pasa un largo tiempo antes de que el individuo se dé cuenta que él está alimentando y sustentando a una criatura tan feroz. Las ardientes flechas de la inflamada aspiración deben ser descargadas antes de que su presencia se revele.

 

Combatir a tan formidable enemigo es ciertamente una heroica tarea para un hijo de hombre, aún cuando él sea también un hijo de Dios. Cercena una cabeza, y otra crece en su lugar. Cada vez que un deseo o un pensamiento bajos son vencidos, otros toman su lugar.

 

Hércules hace tres cosas: se da cuenta de la existencia de la hidra, la busca pacientemente, y finalmente la destruye. Se necesita la discriminación para darse cuenta de su existencia; la paciencia, para descubrir su guarida; la humildad, para sacar los viscosos fragmentos del subconsciente a la superfi­cie, y exponerlos a la luz de la sabiduría.

 

Mientras Hércules luchó en el pantano, en medio del fango, el cieno, y la arena movediza, fue incapaz de vencer a la hidra. Tuvo que levantar al monstruo en el aire; esto es, trasladar su problema a otra dimensión, para poder resolverlo. Con toda humildad, arrodillándose en el fango, tuvo que examinar su dilema a la luz de la sabiduría y en la atmósfera elevada del pensamiento escrutador. De estas consideraciones podemos deducir que las soluciones a muchos de nuestros problemas vienen sólo cuando se logra un nuevo foco de atención, cuando se establece una nueva perspectiva.

 

Se nos dice que una de las cabezas de la hidra es inmortal, esto implicaría que toda dificultad, con todo lo terrible que parezca ser, contiene una joya de gran valor. Es siempre fútil no intentar dominar la naturaleza inferior y descubrir esa joya.

 

La cabeza inmortal separada del cuerpo de la hidra, es enterrada debajo de una roca. Esto significa que la energía concentrada que crea un problema todavía permanece, purificada, dirigida de nuevo y acrecentada, después que la victoria ha sido ganada. Tal, poder debe entonces ser rectamente controla­do y canalizado. Debajo de la roca de la persistente voluntad, la cabeza inmortal se vuelve una fuente de poder.

 

Las Nuevas Cabezas de la Hidra

 

La tarea asignada a Hércules tiene nueve facetas. Cada cabeza de la hidra representa uno de los problemas que acosan a la persona valerosa que busca lograr el dominio de sí misma. Tres de estas cabezas simbolizan los apetitos asociados con el deseo, la comodidad y el dinero. El segundo grupo de tres concierne a las pasiones del temor, el odio y el deseo de poder. Las últimas tres cabezas representan los vicios de la mente no iluminada: el orgullo, el separatismo y la crueldad.

(Ver Astrología Esotérica, p. 143 y sig.)

 

Las dimensiones de la tarea que Hércules emprendió son así evidentemen­te claras. Él tenía que aprender el arte de transmutar las energías que tan frecuentemente precipitan a los seres humanos en catastróficas tragedias. Las nueve fuerzas que han producido indecibles estragos entre los hijos de los hombres desde el principio del tiempo, tenían que ser redirigidas y transmu­tadas.

 

Los hombres hoy en día están aún esforzándose para lograr lo que Hércu­les tuvo éxito en llevar a cabo. Los problemas que surgen del abuso de la energía conocido como sexo, atraen nuestra atención por todas partes. El amor a la comodidad, al lujo y a las posesiones exteriores, prevalece todavía con fuerza en la raza humana. La búsqueda del dinero como un fin en lugar de un medio, reduce la vida de incontables hombres y mujeres. Así, la tarea de destruir las tres primeras cabezas continúa desafiando los poderes de la humanidad, miles de años después que Hércules realizó su extraordinaria proeza.

 

Las tres cualidades del carácter que Hércules tenia que expresar, eran humildad, coraje y discernimiento. Humildad, para ver su condición objetivamente y reconocer sus defectos; coraje, para atacar al monstruo que permanece enroscado a las raíces de su naturaleza; discernimiento, para descubrir una técnica para habérselas con su mortal enemigo.

 

Destapar el pozo de los bajos deseos y los impulsos egoístas que supuran en la naturaleza subconsciente, ha sido el trabajo del moderno psicoanálisis. La técnica más reciente lleva los desagradables datos de los impulsos reprimidos a la superficie, es verdad, pero a menudo se detiene en ese punto. El individuo se da cuenta que un monstruo yace oculto en las áreas subterráneas de la conciencia de sí mismo, pero se siente desconcertado y perplejo tratando de habérselas con este formidable enemigo.

 

Hércules invoca una luz más brillante que la de la mente que analiza. Busca elevar su problema a una dimensión superior, no remover perpetuamente en el lodazal del subconsciente. Esforzándose para ver su dilema a la luz de esa sabiduría que llamamos el alma, él lo confronta desde un nuevo ángulo de visión. Haciéndolo así, rompe el apretón de la hidra, y eventualmente somete a la bestia.

 

Luchando con la Hidra, Moderna Versión

 

Una consideración de los nueve problemas que confronta la persona que busca matar a la hidra en este tiempo y época, deberá arrojar luz en las fuerzas extrañas que trabajan en ese barril de explosivo, la mente humana.

 

1. El sexo. La gazmoñería victoriana y el prurito psicoanalítico, son ambos indeseables. El sexo es una energía. Puede ser inhibido, desenfrenadamente ejercitado, o sublimado. La represión o la inhibición no son verdaderamente soluciones; la promiscuidad hace la vida vulgar, y hace de un hombre el esclavo de una pasión dominadora. La sublimación implica el uso de la energía del sexo en esfuerzo creador.

 

La transmutación de las energías humanas abre un campo de especulación y experimento. En la ciencia física, la energía del movimiento puede ser transformada en electricidad, y la del calor, en movimiento. ¿Hasta qué punto, entonces, pueden las energías humanas ser reorientadas? En primer lugar, la energía de la materia, representada por el alimento, es obviamente usada para producir la del movimiento. ¿Puede la energía impulsora de las emociones ser análogamente reencauzada en la actividad del pensamiento? ¿Puede la energía de las pasiones agitadas encontrar expresión como aspira­ción? ¿Pueden las tendencias y las compulsiones de la naturaleza humana ser transmutadas en forma tal, que se vuelven poderes benéficos? ¿Puede la energía que produce el pensamiento ser utilizada como el poder de síntesis que resulta en un sentimiento de identificación con todas las cosas vivientes?

 

La experiencia de Hércules indica que tales posibilidades existen, y que el que someta a la hidra de las pasiones y de la mente separatista debe resolver problemas de esta naturaleza.

 

2. La comodidad. Un eterno sentimiento de insatisfacción, aguijonea al hombre a buscar siempre más grandes alturas de realización. El confort es a menudo un freno sobre tales esfuerzos. Cargado con posesiones y embotado por la seductora sensación del confort, el espíritu se marchita y se debilita. El prisionero de la comodidad se sume en la apatía, olvidando las luchas y pruebas que templan la afilada hoja del esfuerzo espiritual. La voluntad de buscar, la tendencia impulsora de resolver el misterio en la bellota de la vida, es ajena a la inclinación narcisista de hacer del confort un motivo central de la vida.

 

3. El dinero. La acumulación de dinero es una pasión dominante que yace detrás de las actividades de los pueblos y las naciones. Se hace caso omiso de los valores éticos y morales, en el loco esfuerzo por reunir el poder que confiere el oro. Inevitablemente, las elecciones están determinadas por las consideraciones del dinero, antes que por las convicciones espirituales o los principios éticos. El impulso de acumular riqueza es insaciable. No importa cuánta tenga una persona, ávidamente aún desea más.

 

Un deformado efecto de esta forma de distorsión mental es el egocentris­mo. El individuo que sufre de esta aflicción, desea muy a menudo recibir todo y no dar nada. El estado del Universo está determinado para él por lo que él logra adquirir. Se mira a sí mismo como un punto terminal, y no se reconoce la responsabilidad de otorgar a otros los beneficios que él mismo ha recibido. ¿No son los bienes intelectuales y el tesoro espiritual aspectos de la riqueza que deberían pretender nuestros esfuerzos? Ellos pueden ser compartidos con todos, y el que da todo lo que tiene, se encuentra a sí mismo más rico de lo que era antes. El impulso de adquirir bienes materiales puede algún día ser transmutado en el deseo de acumular conocimiento y la voluntad de adquirir las joyas de espíritu.

 

4. El miedo. En innumerables formas los fantasmas del miedo atormentan a los hijos de los hombres. Estas formas ilusorias los confunden y los amedrentan, actuando como grilletes en sus pies y como una piedra de molino alrededor de su cuello. Muchas personas se agachan cobardemente, cuando son obsesionadas por los agudos miedos al ridículo, al fracaso, a lo desconocido, a la vejez, al peligro o a la muerte.

 

¿Pueden estos miedos ser eliminados? La experiencia de Hércules sugiere que ellos pueden ser vencidos elevando la conciencia a un punto más alto de integración. Cuando la vida de una persona es reenfocada alrededor de un propósito superior, a las sombras amenazadoras del miedo, se las hace retroceder a la periferia del pensamiento. Mientras los monstruos indeterminados del miedo acechen en el crepúsculo del subconsciente, tendrán el poder de hacer palidecer las mejillas y helar el corazón.

 

Un soldado, intentando derrotar al enemigo, arriesga la vida misma. Una madre, arrebatando su hijo al peligro, olvida sus propios temores. El automovilista, lanzándose autopista abajo a gran velocidad, arriesga su vida y sus miembros por amor a la aventura. Estas personas han enfocado su atención por encima del punto donde se encuentra el miedo. El individuo espiritual­mente orientado, ha centrado su pensamiento a un nivel demasiado purifica­do para que el miedo llegue hasta allí.

 

5. El odio. El odio tiene sus raíces en la negación. Es lo opuesto al deseo de la unión. Elevado a una dimensión superior, el odio se transmuta en el repudio de todo lo que es irreal. Cuando el odio es despojado de todo contenido emocional, se puede transformar en una energía que causa que un hombre regenere la forma, por el amor de vida que en ella vierte. Sobre el arco inferior, es con toda seguridad, destructivo; sobre el superior, cuando es completamente purificado, se le puede ver como el lado positivo del amor.

 

6. El deseo de poder. Durante los últimos cien años el hombre ha liberado la energía de poder mucho más que la del amor. El resultado es la inestabi­lidad y el desequilibrio. El poder, cuando no está relacionado con el amor, es una fuerza corruptora. Muchas tragedias en las relaciones humanas, resultan del incontrolado deseo de dominar la verdad de los otros, de dictar y regular su conducta. El que substituye los principios éticos por consideraciones de poder, engendra perpetua lucha. Los altos ideales que han servido como faros a través de los siglos, la hermandad, la cooperación, el idealismo, brillan oscuramente mientras el poder es el factor determinante en la sociedad.

 

Cuando es transmutada, sin embargo, la voluntad de poder se convierte en la voluntad de realizar y la voluntad de sacrificio. La rigurosa, egocéntrica voluntad, se transforma en un agente dispensador de dones benéficos. En­tonces, realmente, el poder sirve al amor y el amor glorifica al poder.

 

7. El orgullo. Los muros construidos por el orgullo encarcelan al hombre más seguramente que los barrotes de una prisión. Sujeto por las pesadas cadenas de pensamientos autoenaltecedores, él mira a los otros seres huma­nos con condescendecia. Así debilita el vínculo que unifica a todos los hombres en indisoluble hermandad. Colocándose aparte, él se aleja progre­sivamente, más allá del círculo de las simpatías humanas.

 

Hércules cae de rodillas mientras lucha con la hidra, simbolizando con esta postura el espíritu de humildad que se debe lograr. La exaltación de las inclinaciones personales debe ser reemplazada por la expresión de las tendencias al autosacrificio.

 

8. La separatividad. La mente analítica divide y subdivide, apreciando la parte por encima de todo. Se coloca mayor énfasis sobre las indicaciones de la diversidad que en el hecho sobresaliente de la unidad. Tal pensamiento fragmentado se opone al impulso hacia la síntesis.

 

La actitud separatista es más consciente de las diferencias entre los hombres que de las similitudes; concibe a la religión como una serie de unidades antagónicas antes, que como una simple expresión del impulso espiritual; considera la oposición de las clases en la sociedad como más importante que la sencilla humanidad que hace hermanos a los hombres; ve a la tierra como una serie de naciones diferentes antes que como un mundo.

 

Hércules tenía que ver a la hidra como a un monstruo, no como una bestia con nueve cabezas diferentes. Mientras él buscó separar las cabezas una por una, no tuvo éxito. Cuando finalmente se ocupó de ella como de una unidad, logró la victoria.

 

9. La crueldad. La satisfacción que experimentan los hombres en herir a los otros, es un testimonio de la existencia de tendencias perversas que corroen la mente. El deleite en causar sufrimiento a nuestros semejantes es una enfermedad. Esta repugnante cabeza de la hidra debe ser destruida de una vez por todas antes de que un hombre pueda proclamarse como humanizado. La vida moderna ofrece muchos ejemplos de brutalidad y desenfre­nada crueldad. En muchas familias los niños sensibles son reprendidos, ridiculizados y menospreciados por aquellos que rehusan tomarse la molestia de comprenderlos; los esposos y las esposas están diariamente proclamando al mundo en instancias de divorcio, que ellos son víctimas de tortura mental; las cortes judiciales y los hospitales muestran evidencias acumuladas del placer irracional que los seres humanos tienen en atormentarse mutuamente. “Lo hacemos por entretenernos”, dijo un gangster juvenil recientemente, "no por dinero".

 

Cuando este monstruo de la crueldad es elevado en el aire a la luz de la razón y la compasión, pierde su poder. La tarea de transformar la energía de la crueldad en la de una activa compasión, aún permanece. En dos pruebas Hércules "mató" cuando debería haber amado, pero en Escorpio él realizó esta transformación, extirpando de su propia naturaleza una tendencia que lo habría perjudicado en toda empresa futura.

 

Tal es el logro de Hércules, psicológicamente hablando, en este trabajo. Ha dado entrada a la luz dentro del oscuro retiro del subconsciente, ha luchado con las fuerzas monstruosas que se revuelcan en el fango subliminal, y ha vencido a los enemigos de su propia casa. Un proceso purificador ha tenido lugar, y Hércules está ahora listo para aventurarse en el próximo trabajo, en el que tendrá que demostrar su habilidad para controlar los poderes y potencias de la mente.

 

Aplicaciones a la Vida

 

(Condensación de una conferencia de A.A.B.)

 

El de Escorpio es el trabajo que desde ciertos ángulos nos ha preocupado y nos preocupará por largo tiempo porque, a diferencia de Hércules, nosotros no hemos triunfado sobre la hidra. La mayoría de nosotros está ocupada con los métodos fútiles empleados primero por él en esta prueba.

 

Este es principalmente el problema de la humanidad, pero individualmen­te estamos tan profundamente interesados en nuestra propia evolución que olvidamos el panorama más amplio. Si alguna vez vamos a trepar la cima de la montaña en Capricornio, debemos perder de vista la personalidad y empezar a funcionar como almas.

 

En mis momentos supremos yo sé teóricamente lo que deberían ser mi actitud y mis acciones, pero sigo confundida. ¿Por qué? A causa de una ley fundamental de que todo en la naturaleza evoluciona secuencialmente, paso a paso, línea sobre línea, precepto sobre precepto. Podría ser una experiencia devastadora si yo limpiara más rápidamente mi personalidad, para que toda la fuerza de mi alma pudiera fluir. Yo sería arrastrada de mis pies por el poder y la luz, la omnisciencia y la omnipotencia de mi alma. No sabría qué hacer con lo que tuviera. Esto no significa que todo lo que tengo que hacer es sentarme y dejar que la ley trabaje, descansar del trabajo y que la evolución me lleve consigo hasta que en cierto momento me realice. Esto significa que en este momento estoy en el campo de batalla, Kurukshetra, y que voy a habérmelas con la hidra en Escorpio, pues es este trabajo el que está preocupando a la humanidad hoy en día.

 

La verdadera prueba de Escorpio nunca tiene lugar hasta que uno está coordinado, hasta que la mente, la naturaleza emocional y la naturaleza física están funcionando como una unidad. Entonces el hombre pasa a Escorpio donde su equilibrio es trastornado y el deseo parece excesivo, cuando había pensado que estaba equilibrado. La mente, que él estaba completamente seguro que estaba empezando a controlar su personalidad, parece no funcionar. A medida que estudiamos a Hércules, nos vemos a nosotros mismos.

 

Recuerda que hay tres cosas que el discípulo debe hacer en Escorpio. Él tiene que demostrar, no a la Jerarquía, no al observador, sino a sí mismo, que ha vencido a la gran ilusión; esa materia, esa forma no puede retenerlo más. Hércules tiene que demostrarse a sí mismo, que la forma es simplemente un canal de expresión por medio del cual él se pone en contacto con un gran campo de la manifestación divina. Leyendo algunos libros de religión uno podría llegar a la conclusión de que la forma, la emoción y la mente son todas malas, cosas indeseables de las que hay que liberarse. A mi juicio, es fundamental entender el pensamiento de que si yo me libero de la forma física no tengo medios de hacer contacto con la expresión divina, porque Dios está en mi prójimo, en este mundo físico, tangible, en el que vivo, y que si yo no tengo forma, no tengo ninguno de mis cinco sentidos, le impido la entrada a mi Dios interno de alguna manera. La personalidad no debe ser matada, no debe ser suprimida, debe ser reconocida como un triple canal de expresión para los tres aspectos divinos. Todo depende de si nosotros usamos esa triple personalidad por egoísmo o para fines divinos. La gran ilusión es la utilización de esa personalidad para fines egoístas. Para resumir toda la historia, en este signo de Escorpio, el Yo está determinado a matar al pequeño yo, para enseñarle el significado de la resurrección.

 

¿Qué es la Muerte?

 

Hay tres signos de muerte en el zodíaco; tres grandes muertes tienen lugar a medida que progresamos alrededor del campo de la vida. En Cáncer, tenemos la muerte del ser elemental (es decir, el hombre) para que el ser humano pueda llegar a existir. A través del zodíaco nosotros siempre pode­mos decir: "Aquí está la muerte para..."

 

Siempre, la muerte es una entrada a una vida más plena, a una experiencia más plena, a un alcance y realización más plenos. Es la muerte de la personalidad para que el alma pueda hacerse cargo de la personalidad y expresar la vida a través de ella. En Piscis tenemos la crucifixión, la muerte de un salvador del mundo, porque él ha cumplido perfectamente su función.

 

La muerte en astrología puede significar muchas cosas. Tal vez ella puede querer decir que vamos a morir. Esa es una interpretación. Tal vez vamos a morir a una vieja emoción. Ha llegado “la muerte". Algunas ideas cristalizadas, sostenidas durante mucho tiempo, algunos dogmas, que han gobernado nuestras actividades hasta ahora, han llegado simplemente a un fin, y nosotros nos preguntamos cómo pudimos haber pensado de la manera en que lo hicimos. Esa línea de pensamiento ha muerto. Es valioso lograr el gran cuadro y aprender a interpretarlo en los variados aspectos de la personalidad.

 

Escorpio, el Signo de la Magia

 

Magia no significa hacer cosas curiosas: la verdadera magia es la expresión del alma por medio de la forma. La magia negra es el uso de la forma para ganar lo que queremos para la forma. La magia negra es puro egoísmo. La magia blanca es el uso del alma con propósitos de elevación humana, utilizando la personalidad. ¿Por qué es Escorpio el signo de la magia? Un antiguo libro dice: "Virgo es la hechicera, ella prepara los ingredientes que son pesados en la balanza en Libra, y en Escorpio el trabajo mágico es llevado adelante". En los términos del aspirante esto quiere decir que en Virgo yo descubrí al Cristo en mí misma, que a través de los años mi naturaleza forma ha nutrido un Cristo; en Libra fluctuó entre los pares de opuestos, la forma y la naturaleza de Cristo, hasta que logré el equilibrio y el Cristo y la materia están en un estado de equilibrio. En Escorpio, soy probada, en cuanto a cual triunfará, la forma o el Cristo, el Yo superior o el yo inferior, lo real o lo irreal, lo verdadero o la ilusión. Esa es la historia fundamental de Escorpio.

 

Las Constelaciones y las Estrellas

 

Tauro, que es el opuesto de Escorpio, es el signo del deseo expresado predominantemente en el plano físico, como sexo. En el corazón de Escorpio encontramos a Antares, una de las cuatro estrellas reales, una estrella roja. Rojo es el color del deseo, y ésta es la estrella más roja en los cielos, ella simboliza ese rojo del deseo que sostiene toda manifestación de la vida divina.

 

En Géminis, en la recolección de las manzanas de oro, Hércules luchó también con Antares. Aquí nuevamente en Escorpio tenemos que luchar con la estrella roja. ¿Por qué? Porque el problema de la humanidad en este nuestro gran sistema solar, es el de la atracción entre los opuestos (signifi­cando el deseo). Siempre hay dualidad, lo que es deseado y el que desea. Aquila, el águila, es intercambiable con Escorpio. El águila tiene mucho que ver con los Estados Unidos y la flecha de Sagitario, el signo siguiente, es también dominante en el sello de los Estados Unidos. Aquila, el águila, es el pájaro fuera del tiempo y el espacio, y así como Hércules lucha con la hidra que ve arriba, ve al águila, y se le recuerda que él ha venido a la encarnación y que retornará al lugar de donde vino.

 

Hay tres constelaciones conectadas con este signo que son sumamente interesantes. Primero, está Serpens, la serpiente de la ilusión, la serpiente con la que nos encontramos en el Génesis, que engañó a Eva. La segunda es Ophiuchus, el hombre que lucha con la serpiente. El antiguo zodíaco representa a la serpiente en las manos de este hombre. Él la apresa con ambas manos y pisa sobre su corazón, que es la estrella roja del deseo. Mientras hace esto, mira hacia la constelación que vemos en Libra, la corona. Así, tenemos la personalidad, simbolizada por Ophiuchus, luchando con la serpiente de la ilusión, con la corona a la que él aspira, sostenida delante suyo.

 

La tercera constelación es llamada Hércules y representa al aspirante, mirando no a la corona sino al águila. Aquila. La personalidad mira la corona pero dice: "Estoy pasando por un momento muy difícil, mi ambiente está en mi contra, las condiciones de mi hogar son penosas, pero algún día obtendré una corona". Hércules, el discípulo, no está interesado en la corona, está mirando al águila, el aspecto espíritu. Está ocupado con ese maravilloso símbolo de luz que brota, que hace posible toda victoria.

 

Mantén tu ojo en el águila; haz descender el fuego; no mires a la tierra; céntrate en la divinidad. 

A.A.B.

 

* Empezando con Escorpio, el relato del mito será escrito por el Dr. Francis Merchant, ya que ninguna copia adicional del Tibetano se encontró entre los papeles de A.A.B. Él ha usado el mejor material disponible para los detalles de la historia, vertiéndola en la cadencia yámbica de El Antiguo Comentario. Otro material de A.A.B. es usado como antes, con algunas condensaciones y reescrituras necesarias.

 

 

Trabajo 9

 

Matando las Aves de Estinfale

 

(Sagitario, 23 Noviembre ‑ 22 Diciembre)

 

 

El Mito

 

  Dentro del lugar de paz permanecía el Maestro, y habló a Hércules. "Oh, hijo de Dios que eres también un hijo de hombre”, dijo el Maestro, "ha llegado el tiempo de hollar otro camino. Tú te hallas ante el noveno Portal. Pasa por él y encuentra el pantano de Estinfale donde moran los pájaros que hacen estragos. Descubre, luego, el camino para hacerlos volar de su por mucho tiempo, segura morada".

 

    Él se detuvo un momento. "La llama que brilla más allá de la mente revela la dirección segura”, agregó. "La tarea aguarda. Tú debes pasar ahora a través del noveno Portal".

 

Hacia adelante, entonces, marchó Hércules, el hijo del hombre que era también el hijo de Dios.

 

Buscó por mucho tiempo hasta que llegó a Estinfale. Ante él se tendía el fétido pantano. Una multitud de pájaros graznaban roncamente, un coro amenazador y disonante, a medida que él se acercaba.

 

Mirando más de cerca vio los pájaros. Grandes y feroces y horribles eran. Cada uno tenía un pico de hierro, afilado como una espada. Las plumas también parecían como dardos de acero, y si caían, podrían partir en dos la cabeza de los fatigados viajeros. Sus garras igualaban a sus picos en agudeza y fuerza.

 

Tres pájaros, percibiendo a Hércules, se precipitaron sobre él. Él se mantuvo en su lugar, y paró los ataques con la pesada maza que sostenía. A un pájaro lo golpeó resonantemente sobre el lomo; dos plumas cayeron verticalmente al suelo y temblaron mientras se hundían en la floja tierra. Finalmente los pájaros se retiraron.

 

Hércules permanecía delante del pantano, y reflexionaba en cómo podría realizar la tarea asignada, cómo liberar al lugar de estas aves de rapiña.

 

Buscó muchos medios para encontrar una manera de lograrlo. Al principio trató de matarlos con un carcaj lleno de flechas. Los pocos que mató no eran sino una fracción de los muchos que quedaban. Se elevaban en nubes tan espesas que ocultaban el sol.

 

Pensó en colocar trampas dentro del pantano. Ni barca ni pies humanos podían atravesar la ciénaga.

 

Hércules se detuvo. Recordó entonces las palabras de consejo que se le habían dado. "La llama que brilla más allá de la mente revela la dirección segura". Reflexionando por un largo tiempo, se le ocurrió un método.

 

Él tenía dos címbalos, grandes y broncíneos, que emitían un agudo sonido sobrenatural; un sonido tan penetrante y desagradable que podía asustar a los muertos. Para el mismo Hércules el sonido era tan intolerable, que se tapó ambos oídos con almohadillas.

 

A la hora del crepúsculo cuando la ciénaga estuvo repleta de innumerables pájaros. Hércules regresó. Golpeó, entonces, los platillos bruscamente una y otra vez. Un estruendo y un ruido tan estridente sobrevino entonces que él mismo apenas podía soportarlo. Tal disonancia agresora de los oídos no se había oído antes en Estinfale.

 

Aturdidos y perturbados por tan monstruoso ruido, las aves de presa se elevaron en el aire con las broncíneas alas aleteando salvajemente y chillando con ronco desaliento. Completamente perturbada, la vasta nube de pájaros huyó con frenética prisa, para nunca regresar. El silencio se difundió a través del pantano. Las horribles aves habían desaparecido. Se vio el delicado fulgor del sol poniente, mientras éste vacilaba en el paisaje que se iba oscureciendo.

 

Cuando Hércules regresó, el Maestro le saludó: "Las aves de rapiña han sido ahuyentadas. El trabajo está cumplido".

 

 

Interpretación del Trabajo

 

(Conferencia de A.A.B. editada en 1937)

 

Sagitario es a mi juicio sumamente interesante, porque tiene una aplica­ción muy peculiar para cada uno de nosotros, que respondemos al nombre de «aspirante».

 

Hay dos palabras que yo quiero ver excluidas del vocabulario del ocultista, "iniciado" y "maestro". "Iniciado" es deleitosamente separatista, es una palabra base. "Maestro" ha engendrado en la conciencia de la gente el sentimiento de que existen hombres sobrehumanos, que asumen la actitud de directores o maestros sobre sus discípulos; que les dicen qué hacer y cómo hacerlo. Ningún verdadero adepto ha sido nunca conocido por hacer eso.

 

Me gustan las palabras "aspirante" y "discípulo". Aspirante es una palabra general que nos cubre como un manto en cada etapa de nuestro desarrollo. Si quieren una palabra más técnica, usen discípulo; ella es una palabra de ocultación porque un aspirante del grado más inferior es un discípulo. El Cristo mismo es también un discípulo. Ella suprime las calidades, clases, grados y las varias etapas de la evolución.

 

En qué punto estemos en la escala de la evolución, es nuestro propio asunto privado. El mundo sabrá lo que somos, cuando hayamos hecho la obra que está trazada por nosotros en este trabajo de Sagitario.

 

Nosotros ya nos hemos ocupado de este estupendo signo de Escorpio, en el cual Hércules se demostró a sí mismo, el hecho de que no podría ser engañado más por la serpiente de la ilusión. Él estaba libre del temor y el hechizo de todo lo que podría seducirlo. La visión podía ser vislumbrada.

 

Porque Sagitario es un signo tan sumamente importante, yo quiero darles un breve resumen de lo que ha ocurrido hasta el presente; él cubre lo que está situado detrás nuestro. Yo estoy presumiendo que cada uno de nosotros es el aspirante directo, el arquero a caballo, yendo en línea recta como una flecha hacia su meta.

 

Es interesante que el estandarte de los Estados Unidos muestra las flechas de Sagitario en las garras de un águila, porque Aquila es intercambiable astrológi­camente con Sagitario y es el símbolo del espíritu manifestándose a través del alma, la cual el aspirante en el plano físico está buscando unidireccionahnente. Hay una profecía en el estandarte de los Estados Unidos, de la meta de esta raza cuando se haya desarrollado, pues es dentro de esta raza que surgirá ese grupo de aspirantes, fusionándose a su vez en un grupo de discípulos, que demostrará al planeta la realidad del mundo subjetivo. Ese es el destino de esta raza. Será el logro de todas las razas reunidas en los Estados Unidos.

 

Remitámonos a la historia de Hércules, el aspirante, y lo que ha hecho en cada signo.

 

En Aries, Hércules comenzó en el plano de la mente en su esfuerzo por capturar a las yeguas devoradoras de hombres y fracasó porque trató con ellas en un modo de obrar de la personalidad. Trató con el pensamiento desde el punto de vista de la personalidad; no trabajó con su problema desde el punto de vista del alma. En Sagitario ahuyentó a las aves devoradoras de hombres. Volvió nuevamente al mismo problema en el plano de la mente, donde demostró completo control de lo que es lo primero que el aspirante a la iniciación tiene que hacer. Nosotros controlamos nuestros pensamientos y por lo tanto controlamos nuestras palabras. No hay iniciación para nosotros hasta que no lo hacemos. En Aries empezó a controlar el pensamiento.

 

En Tauro descendió al plano astral y abordó el problema del sexo, la demostración de la gran ley de atracción en el universo en su aspecto más bajo. Tuvo éxito totalmente. Controló al toro y lo condujo a la ciudad de los Cíclopes.

 

En Géminis empezó a comprender que él era dual: estaba preocupado con el problema del alma y el cuerpo y cómo coordinarlos. Esa es la razón por la cual Géminis fluctúa en las primeras etapas.

 

En Cáncer se formó juicio hasta cierto punto de la conciencia de la masa; tomó forma. Esa es una etapa de la encarnación humana. Para muchos, el hecho de que ellos son seres humanos relacionados con otros seres humanos, no entra en absoluto en su conciencia. En Cáncer, Hércules empezó a lograr ese punto de vista. En el momento en que uno logra eso, captura la tímida gama de la intuición, y empieza a ser intuitivo, no psíquico.

 

Luego Hércules pasó al difícil signo de Leo, donde tantos estamos ahora, y se convirtió en un individuo realmente potente. Estaba seguro de que podía hacerlo todo, permanecía solo: una etapa de poder. En esta etapa se va a gobernar a los hombres y se empieza por gobernarlos equivocadamente. Se hace sentir demasiado enérgicamente, y uno piensa que es más importante de lo que es. Hay que librarse del sentimiento de "yo soy". Esa es la historia completa de la vida del aspirante. Debe volverse tan identificado con la verdadera entidad espiritual, que está detrás de todas las formas, que no esté ya ocupado con su propia forma, o reacciones mentales o emocionales, o su propia utilidad.

 

En Virgo, Hércules se volvió consciente, no del alma y el cuerpo colocados en yuxtaposición una con otro, sino del hecho de que dentro de sí mismo estaba latente el Cristo infinito; de que la personalidad, el aspecto forma, estaba nutriendo un hermoso algo oculto, y sus ojos se abrieron.

 

En Libra pasó por una difícil etapa de lograr el equilibrio, un signo muy abstruso en muchos sentidos, porque el hombre no es ni el alma ni el cuerpo. Libra es el equilibrio en el plano físico, de los pares de opuestos. Los ha equilibrado tanto que no siente que está llegando donde quiere.

 

En Escorpio, en el plano astral, se dedica de nuevo al trabajo empezado en Tauro, lo completa y quita los estorbos del gran lodazal, la gran ilusión, y permanece libre con la meta clara delante suyo.

 

Géminis es lo opuesto de Sagitario; Géminis la dualidad, Sagitario la unidad, lo unidireccional ‑adelantándose, la personalidad unificada, conscien­te del alma, determinada a entrar en el signo de Capricornio donde se hace la gran transición del cuarto reino al quinto o reino espiritual.

 

Sagitario es el arquero sobre el caballo blanco, representado a veces como el centauro con el arco y las flechas. En estas dos formas de representación –el centauro mitad humano y mitad animal, el arquero sobre el caballo blanco, mitad humano y mitad divino— se tiene la historia completa. Un caballo blanco es siempre el símbolo de la divinidad. Cristo aparecerá cabalgando en un caballo blanco. Tenemos a Sagitario en el Libro de la Revelación. Es un signo doble y siempre que haya un signo doble tenemos un problema.

 

En Sagitario, lo mismo que en Escorpio, Hércules retomó y completó el trabajo empezado en Tauro, retomó y completó el trabajo empezado en Aries. En Aries estaba tratando con el pensamiento en su fuente. En este signo él demuestra completo control del pensamiento y de la palabra.

 

Sagitario ha sido a veces llamado "el signo del efecto de Escorpio". En el momento en que nos liberamos de la ilusión, en ese momento entramos en Sagitario y vemos la meta. Antes realmente no la hemos visto nunca, porque entre nosotros y la meta siempre se encuentra esa nube de formas de pensamientos que nos impide verla.

 

Nosotros hablamos acerca del amor espiritual, de la devoción a Cristo, de la devoción a los hermanos mayores de la raza, al alma; y como estamos ocupados en estos pensamientos, formamos nubes con forma de pensamientos, porque estamos pensando, y a medida que pensamos, las formamos. Por consiguiente, hemos formado alrededor nuestro tal nube con forma de pensamientos acerca de nuestras aspiraciones, que no vemos la meta. Yo no estoy socavando la tierra bajo tus pies, pero deja de pensar tanto acerca de qué hacer y aprende más simplemente "a ser".

 

El silencio

 

Sagitario es el signo preparatorio para Capricornio y es llamado en algunos libros antiguos "el signo del silencio”. En los misterios antiguos el hermano recientemente admitido tenía que sentarse en silencio, no le estaba permitido caminar ni hablar; tenía que estar, trabajar y observar, porque uno no puede entrar al quinto reino de la naturaleza, el reino espiritual, o trepar la montaña de Capricornio, hasta que no ha tenido restricción de la palabra y control del pensamiento. Esa es la lección de Sagitario: restricción de la palabra a través del control del pensamiento. Eso nos mantendrá ocupados, porque después que se han dejado de usar las formas ordinarias del lenguaje, tales como la murmuración, entonces se tiene que aprender a limitar el lenguaje acerca de las cosas espirituales. Se debe aprender que no hay que dar acerca de la vida del alma, muchas o abundantes explicaciones sobre cosas para las cuales la gente puede no estar lista todavía.

 

El correcto uso del pensamiento, la restricción del lenguaje, y la conse­cuente inofensividad en el plano físico, dan por resultado la liberación, pues nosotros estamos retenidos en la unidad humana, estamos aprisionados en el planeta, no por alguna fuerza exterior que nos sujeta allí, sino por lo que nosotros mismos hemos dicho y hecho. En el momento en que no establecemos más relaciones erróneas con la gente, por las cosas que decimos, que no deberían haber sido dichas, en el momento en que dejamos de pensar acerca de la gente, cosas que no deberíamos pensar, poco a poco esos lazos que nos retienen a la existencia planetaria son cortados, estamos libres, y trepamos la montaña como la cabra en Capricornio.

 

Se ha preguntado: ¿Debemos crear karma para nosotros, o hacer algo que nos ate a cualquier ser humano, porque mientras nos atemos a él tendremos que continuar reencarnando? Bueno, yo me voy a unir a la humanidad por medio del servicio, del amor, del pensamiento desinteresado. Eso es lo correcto. Pero no voy a atarme por el pensamiento crítico, ni por pensamien­tos de autocompasión, por la murmuración, por las palabras que no debería decir; no voy a conseguir para mi único beneficio, mi propia liberación.

 

Una advertencia: no seas bueno, no seas inofensivo, no sirvas meramente para huir de todo, que es lo que hace mucha gente. Permanece con la humanidad como lo hace Cristo, o como esa gran Vida de la cual se nos dice permanecerá en su lugar designado hasta que el último peregrino haya encontrado su camino al hogar.

 

Las Dos Puertas, las Tres Constelaciones

 

Sagitario es la pequeña puerta hacia Capricornio. Hay dos puertas cósmi­cas: Cáncer, la puerta a la encarnación; Capricornio, la puerta al reino espiritual. Anterior a Capricornio está Sagitario, hablando de él como de “una puerta más pequeña". Me gusta pensar en ella como la pequeña puerta al pie de la colina a través de la cual pasamos antes de escalar la montaña, y pasando a través de esa pequeña puerta, demostramos nuestra capacidad para usar con justicia las flechas del pensamiento. Esa es la gran prueba.

 

Hay dos pájaros que se ven en los cielos cerca de Sagitario. Uno, Aquila, el águila volando rectamente a la cara del sol, el pájaro fuera del tiempo y el espacio, el símbolo de la inmortalidad, el símbolo de esa secreta cosa oculta que aún yace detrás de nuestras almas; pues se nos dice que la materia o la forma es el vehículo para la manifestación del alma, y el alma en una vuelta superior de la espiral, es el vehículo para la manifestación del espíritu, y estas tres son una trinidad unificada por la vida que las compenetra a todos.

 

La otra constelación es Cygnus, el símbolo del alma. Sagitario, el aspirante, mirando a izquierda y derecha: viendo a la derecha el Aquila y diciéndose a sí mismo, "Yo soy el espíritu volando en busca de mi hogar"; mientras al otro lado y viendo a Cygnus, el cisne, con sus cuatro estrellas en forma de cruz y diciendo, "Yo soy el alma crucificada en la materia de la cual me liberaré".

 

Recuerda, está llegando el día en que hablaremos acerca del alma como ahora hablamos sobre la personalidad, como de algo de lo que tenemos que ser liberados eventualmente. Ese es el problema, si puedo usar este término, del hombre que ha tomado la tercera iniciación, para liberarse del alma.

 

¿Tomarás a esas tres constelaciones como tu símbolo: Cygnus, Aquila y Sagitario? Aquila, el águila en el estandarte de los Estados Unidos, las flechas de Sagitario. Y ¿Has pensado alguna vez que dondequiera que vayas tú ves la cruz de Cygnus, la Cruz Roja? Eso es lo que representa los Estados Unidos. La tienes en los cielos.

 

Sagitario es el noveno signo. Piensa acerca de esta sustancia del pensamiento. En Virgo, el sexto signo, tenemos la indicación de la vida: en Sagitario, el noveno signo, la terminación del período prenatal antes del nacimiento del Cristo en Capricornio, en diciembre. Es sorprendente cómo se llevan a cabo las corres­pondencias, las analogías. Esta es la razón por la que se nos dice que estudiemos al ser humano. Es a través del simbolismo del ser humano que llegamos a la comprensión de la gran vida que nos incluye a todos nosotros en su existencia.

 

El Símbolo de la Crisálida

 

Sagitario, bastante curiosamente, ha sido llamado la etapa de la crisálida; el hombre no es ni una cosa ni la otra. En la crisálida se tiene la extraña triplicidad de la oruga, la crisálida y la mariposa. La oruga, se nos dice, reencarna cinco veces: muda su piel cinco veces, cinco es el número del hombre. Luego llega ese curioso acontecimiento en la vida de la oruga en que hay un completo cambio, y de una cosa que se arrastra impulsada por el deseo, comiendo todo el tiempo, llega la etapa de la crisálida. Lo que sigue en esa etapa de crisálida es un suceso de lo más misterioso. Dentro del duro caparazón de la crisálida que ha construido la oruga, no hay nada más que una masa informe. Cada cosa aislada se ha disuelto y en esa masa está lo que se llama los tres centros de la vida, y a causa de la acción recíproca entre esos tres puntos focales de energía, se efectúa un cambio, una reconstrucción, hasta que emerge del período de silencio, una maravillosa mariposa. Es casi como si en la crisálida hubiera tres aspectos de la divinidad simbolizada y trabajando según un modelo, el modelo de Cristo.

 

Considera lo que sigue en la vida del aspirante individual en Sagitario. Ha habido una completa pérdida de todo en Escorpio; todo ha sido reducido a fluido, pues Escorpio es un signo astral y el agua es el símbolo. En la vida del aspirante de hoy, no necesito extenderme sobre ello, ha habido una completa pérdida de todo. Como me decía una persona, no ha quedado nada por qué vivir, no hay nada suficientemente interesante para hacerlo avanzar a uno a través de la existencia. ¿Por qué? Porque tú eres un aspirante, un discípulo; es la mejor indicación que puedes tener de tu estadio en la escala de la evolución. Todo se ha trastornado y tú lo sabes. Pero los tres aspectos de la divinidad todavía están allí en ese fluido; y ellos actuarán y el modelo está allí. La etapa de crisálida es Sagitario. Es interesante llevar la secuencia del pensamiento o realización, desde Escorpio dentro del poder y el éxito desa­rrollados en Sagitario, pues es un signo de poder.

 

El verdadero sagitariano es una persona muy potente; potente porque es el signo del silencio; potente porque es el signo de la agudeza y la meta se ve claramente por primera vez; potente porque ese es el período que precede inmediatamente al nacimiento de Cristo.

 

El Espíritu de Verdad

 

Sagitario, se nos dice, es el espíritu de verdad; es la suma de toda Verdad proveniente de la revelación individual.

 

Ahora la consecuencia usual cuando hay una revelación individual es el sectarismo; una ilustración del abuso de Sagitario. Yo tuve una revelación; Dios me ha revelado esto, eso y lo otro. Yo impongo inmediatamente sobre mis semejantes mi personal interpretación de la verdad. No veo otra verdad sino la mía. Soy un aspirante, pero todos los aspirantes deben interpretar la verdad como yo la veo; si no, no son aspirantes. Ustedes deben creer en la reencarnación porque es la verdad; ustedes deben creer en los Maestros de Sabiduría porque ellos existen; ustedes deben creer esto, eso y lo otro.

 

Agudo, sí. Pero solo un poquito de la verdad. Apenas tanto de verdad como tu pobre pequeño cerebro puede asir, y no obstante tan tremenda revelación para ti que tú piensas que todo eso es la verdad.

 

En Sagitario, el primero de los grandes signos universales, nosotros vemos la verdad en conjunto cuando usamos rectamente las flechas del pensamiento. Diré, esto es para mí, mi formulación de la verdad, porque eso me ayuda a vivir. Otros grupos usan otras terminologías sólo mientras yo pueda asir el modo de ver la verdad de mis hermanos, será posible para mí tener la visión.

 

Todas las distintas verdades forman una Verdad; eso es lo que se comprende en Sagitario, y tú no puedes pasar por la puerta que está al pie de la montaña, hasta que no hayas visto dónde tu pedacito de verdad forma parte del conjunto de mosaicos. Eso es todo.

 

 

El Espíritu de Justicia

 

Sagitario ha sido llamado el signo del espíritu de justicia, originándose en las contiendas de los ocho signos previos. Cuando yo esté verdaderamente funcionando en Sagitario, habré aprendido a discriminar entre lo justo y lo injusto. Sabré lo que es justo por mí misma, pero habré aprendido también esta lección: que mi justicia puede ser la injusticia para mi hermano, y la injusticia de mi hermano puede ser mi justicia: que es imposible para mí decir lo que es justo para ti porque todos estamos equipados diferentemente, tenemos diferente herencia, tradición diferente y tendencia y antecedentes raciales diferentes. Somos todos muy diversos, y practicando ese pensamien­to, juntos avanzamos a lo largo de diferentes rayos. Tenemos diferentes rayos del ego y diferentes rayos de la personalidad, y mientras más sabe uno acerca de estas cosas, menos puede hablar acerca de ellas.

 

Yo se lo que es justo para mí, y me esforzaré en vivir según mi justicia, mi idea de lo justo. Yo no se lo que es justo para ti, pero te reconoceré el mérito de que actúas lo mejor que sabes. Si pudiéramos asumir esa actitud uno hacia el otro, el espíritu de inofensividad, de control del pensamiento y de sujeción del lenguaje, surgiría en el mundo y escaparíamos de nuestros problemas mundanos. El mundo nunca será enderezado combatiendo, sino por el pensamiento justo, y será un proceso del alma. Alguien ha dicho que en Escorpio tenemos el conven­cimiento del pecado; en Sagitario tenemos el convencimiento de lo justo.

 

Los Tres Dones

 

En algunos libros sobre astrología se establece que hay tres signos de efusión benéfica en el zodíaco. Uno es Aries, desde el cual está fluyendo sobre nosotros el don de la existencia. Cierta cita de una escritura hindú nos dice que hay tres cosas que tenemos por la gracia de Dios: el don de ser un ser humano, el ansia de la liberación y estar bajo la guía de un perfecto sabio, en nuestro propio corazón.

 

El don de la existencia en Aries es la maravilla de ser un ser humano. Si tú puedes pensar de ti mismo como de un mineral, de tales limitaciones llegarás a la maravilla del ser, porque eso significa libertad desde el punto de vista mineral. Completa libertad.

 

En Leo, el don de la oportunidad. Yo soy un individuo. Usaré la vida para mí mismo, si soy un pequeño Leo; o usaré la oportunidad de abrir las puertas para otras gentes.

 

En Sagitario, el don del poder. ¿Te sientes capaz de tener poder? La definición de un ocultista es: un ser humano que trabaja en el mundo de los poderes y las fuerzas. Yo no conozco a nadie a quien se pueda confiar esgrimir sin peligro el poder. ¿Por qué? Porque Sagitario no ha hecho su trabajo. Todavía no se ha aprendido la sujeción de la palabra. El control del pensamiento no ha sido dominado, y el alma no es suficientemente poderosa. Cuando nosotros amamos lo suficiente, podemos tener poder. Cuando ama­mos lo suficiente y somos suficientemente inofensivos, entonces, las puertas del cielo y del infierno estarán en nuestras manos, pero no antes.

 

Empecemos por amar, no sentimentalmente, sino empezando realmente a comprender a los seres humanos, identificarnos con ellos y amarlos. Tú puedes saber lo que es un ser humano, con todos sus defectos, y puedes amarlo; no desde un punto de vista superior, diciendo “pobre cosa, algún día estará donde yo estoy", sino desde el punto de vista de pensar "yo he sido exactamente como ese", o "soy exactamente como ese".

 

El don de la existencia, el don de la oportunidad y el don del poder; los tres grandes dones del zodíaco.

 

 

Las Tres Constelaciones

 

Hay tres constelaciones conectadas con este signo, las tres más hermosas. Lyra, el arpa de siete cuerdas. El aspirante aprende a tocar en el arpa y hace música con su vida.

 

Ara, el altar, porque el aspirante lo coloca todo sobre el altar, no con el espíritu de triste renunciación, asegurándose a sí mismo que es un perfecto miserable, sino con un espíritu de "no hay nada más que hacer. Me estoy desprendiendo de estas cosas para poder servir más perfecta y completamente".

 

Draco, la serpiente. Nosotros encontramos a la hidra, la serpiente, en Géminis; ahora encontramos a Draco, la serpiente de la sabiduría.

 

La música en la vida de la armonía, los sacrificios en las reacciones y los deseos de la personalidad, y la sabiduría.

 

Y cerniéndose encima otras dos constelaciones: Aquila, el espíritu: y Cygnus, el alma.

 

¿Ves tú por qué estoy tan emocionada a causa de Sagitario, ¡Es un signo tan hermoso y hay tanto que decir acerca de él! ¡He omitido tanto!

 

 

Los Detalles de la Historia

 

Leemos que las ciénagas de Arcadía estaban llenas de aves devoradoras de hombres, descriptas en libros antiguos como feroces cigüeñas, las aves de Estinfale. Ascendían a tres; tres pájaros más grandes, pero había muchos pequeños. Estaban devastando la región, pero no podrían ser vistos; estaban ocultos en el matorral, en la maleza, haciendo daño, pero no podían ser localizados.

 

Como de costumbre, Hércules se precipita hacia la tierra de Arcadia y toma la determinación de librar a la región de estas aves devoradoras de hombres.

 

El se había liberado de la ilusión y Atenea le había dado algunos címbalos que él golpeó tan ruidosamente que los pájaros se elevaron del pantano en el aire y trataron de escapar; entonces él montó en su caballo alado y les disparó con sus flechas. Es una historia maravillosa.

 

Los pantanos son un símbolo de la mente con la añadidura de la emoción. Hércules descubre que aunque él pueda ser un aspirante y pueda haber triunfado en Escorpio, posee aún una naturaleza emocional, y encuentra que los pájaros de Estinfale, especialmente tres de ellos, son de una clase de devoradores de hombres y que él debe hacer algo acerca de eso.

 

Para describir su reacción, el descubrimiento del vencedor es que él es una fuerza devastadora, que con sus palabras y pensamientos está haciendo daño. Recuerda esto, mientras más lejos transites a lo largo del sendero del regreso, y mientras funciones más como una entidad espiritual, más poderoso te volverás y más daño puedes hacer. Tú eres potente, estás esgrimiendo el poder, eres probablemente el centro de tu grupo. Si tú eres un aspirante, si eres un discípulo, la actividad del pensamiento y el lenguaje son tu principal actividad. Tú consideras tus pensamientos porque hay una fuerza detrás de tu pensamiento, y cuando piensas erróneamente, el daño que haces es mucho más poderoso que el daño que hace una persona menos evolucionada.

 

Nosotros debemos lograr que los pájaros salgan de la ciénaga al aire puro donde podemos verlos y vencerlos.

 

Los pájaros que más daño hacían eran tres. En un libro están enumerados; la murmuración cruel; la plática del yo, la conversación egoísta; y arrojar margaritas a los cerdos. ¿Qué significa eso?

 

Se ha dicho que la murmuración es "el asesinato espiritual". ¿Necesito discutir la murmuración cruel cómo las vidas han sido arruinadas por ella? Hay una ley inquebrantable, si tú murmuras se murmurará de ti. Conseguimos lo que damos. Si tú das servicio, conseguirás servicio; si bondad, bondad; si amor, amor. Si la humanidad te maltrata, indágate a ti mismo y descubre en qué estás equivocado. Una escritura antigua dice, que toda enemistad cesa para aquel que es inofensivo. Yo sé que cuando logre la inofensividad en el pensamiento, palabra y obra, entonces no tendré problemas. El hecho de que tengamos problemas presupone nuestra ofensividad.

 

Hablando acerca de uno mismo, estamos ocupados siempre con nuestros propios problemas, nuestros propios asuntos. Arrojar margaritas a los cer­dos: hablar acerca de inquietudes ocultas para la cuales no están preparados los oyentes. Si tú eres un discípulo sabrás a qué me refiero.

 

El problema está claro: yo soy un sagitariano y tú también. Estamos viviendo con el emblema de Sagitario frente a nosotros todo el tiempo. Estamos tratando de traer armonía a nuestras vidas, tratando de dirigir la vida al "altar”, buscando hacer contacto con la serpiente de la sabiduría. Empieza con el pensamiento y la palabra, y empieza hoy.

 

 

 

Trabajo 10

 

Matando a Cerbero, guardián de Hades

 

Capricornio, 23 Diciembre ‑ 20 Enero)

 

 

El Mito

 

"La luz de la vida debe ahora resplandecer dentro de un mundo de oscuridad” declaró el Gran Presidente. El Maestro comprendió.

 

“El hijo del hombre que es también el hijo de Dios debe pasar a través del décimo Portal", dijo. "En esta misma hora Hércules se arriesgará".

 

Cuando Hércules estuvo frente a frente con el que era su guía, éste habló:

 

"Mil peligros has desafiado, ¡Oh, Hércules!", dijo el Maestro, "y mucho se la logrado. La sabiduría y la fuerza son tuyas. ¿Harás uso de ellas para rescatar al que está en agonía, una víctima de enorme y persistente sufrimien­to?”

 

El Maestro tocó suavemente la frente a Hércules. Ante el ojo interno de éste surgió una visión. Un hombre yacía postrado sobre una roca, y gemía como si su corazón se rompiera. Sus manos y piernas estaban encadenadas; las pesadas cadenas que le ataban, amarradas a anillos de hierro. Un buitre, feroz y temerario, permanecía picoteando el hígado de la postrada víctima; por consiguiente, un escurridizo chorro de sangre manaba de su costado. El hombre alzaba sus manos esposadas y gritaba pidiendo ayuda; pero sus palabras retumbaban vanamente en la desolación y eran tragadas por el viento. La visión desapareció. Hércules permanecía, como antes, al lado de su guía.

 

"El encadenado que has visto se llama Prometeo” dijo el Maestro. “Por años ha sufrido así y sin embargo no puede morir, pues es inmortal. Él robó el fuego del cielo; por esto ha sido castigado. El lugar de su morada es conocido como Infierno, el dominio de Hades. Se te pide, ¡Oh Hércules! ser el salvador de Prometeo. Baja a las profundidades y allí en los planos exteriores libéralo de su sufrimiento".

 

Habiendo oído y comprendido, el hijo del hombre que era también un hijo de Dios, se lanzó en esta búsqueda, y pasó a través del décimo Portal.

 

Hacia abajo, siempre hacia abajo, viajó dentro de los apretados mundos de la forma. La atmósfera se hacía sofocante, la oscuridad constantemente más intensa, y sin embargo su voluntad era firme. El empinado descenso continuó durante mucho tiempo. Solo, pero no completamente a solas, erró allí, pues cuando buscó dentro, oyó la voz plateada de la diosa de la sabiduría, Atenea, y las palabras fortalecedoras de Hermes.

 

Finalmente llegó a ese oscuro, envenenado río llamado Estigia, un río que deben cruzar las almas de los muertos. Un óbolo o centavo tenía que pagarse a Caronte, el barquero, para que pudiera conducirlas a la otra orilla. El sombrío visitante de la tierra asustó a Caronte, quien olvidando su paga, condujo al extranjero al otro lado.

 

Hércules había entrado por fin al Hades, una oscura y brumosa región donde las sombras, o mejor dicho, los cascarones de los muertos, se desliza­ban por ahí.

 

Cuando Hércules percibió a la Medusa, su cabello entrelazado con serpientes silbantes, tomó su espada y se la arrojó, pero no hirió nada salvo el aire vacío.

 

A través de senderos laberínticos siguió su camino hasta que llegó a la sala del rey que gobernaba el mundo subterráneo, el Hades. Este, torvo y severo, con semblante amenazador, estaba sentado tiesamente en su negro trono de azabache, mientras Hércules se aproximaba.

 

“¿Qué buscas tú, un mortal viviente, en mis dominios”, preguntó Hades. Hércules dijo, "Busco liberar a Prometeo".

 

"El camino está vigilado por el monstruo Cerbero, un perro con tres grandes cabezas, cada una de las cuales tiene serpientes enroscadas a su alrededor”, replicó Hades. "Si tú puedes vencerlo con tus manos desnudas, una hazaña que nadie aún ha realizado, puedes desatar al sufriente Prometeo".

 

Satisfecho con esta respuesta, Hércules prosiguió. Pronto vio al perro de tres cabezas, y oyó su penetrante ladrido. Gruñendo, saltó sobre Hércules. Agarrando primero la garganta de Cerbero, Hércules lo estrechó en su puño como en un torno. Poseído hasta la furia frenética, el monstruo se sacudió. Finalmente, al apaciguarse su fuerza, Hércules lo dominó.

 

Hecho esto, Hércules prosiguió, y encontró a Prometeo. Yacía sobre una losa de piedra, en agonizante dolor. Entonces, Hércules rompió rápidamente sus cadenas, y liberó a la víctima. Desandando sus pasos, Hércules regresó como había venido. Cuando alcanzó una vez más el mundo de las cosas vivientes, encontró allí a su Maestro.

 

"La luz brilla ahora dentro del mundo de oscuridad”, dijo el Maestro. "El trabajo está realizado. Descansa ahora, hijo mío".

F.M.

 

Prólogo

 

El signo de Capricornio, dice El Tibetano, es uno de los signos más difíciles acerca del cual escribir, y es el más misterioso de los doce signos. Así lo hemos encontrado nosotros. Aún el símbolo del signo nunca ha sido correctamente dibujado, se nos dice, porque su correcta delineación produciría una afluen­cia de fuerza que no sería deseable; este símbolo es llamado también a veces "la firma de Dios".

 

Al pie de la montaña, la cabra, el materialista, busca alimento en lugares áridos. El chivo expiatorio, camino hacia arriba, encuentra las flores del deseo obtenido, cada una con su propia espina de saciedad y desilusión. En la cima de la montaña la cabra sagrada ve la visión y el iniciado aparece. En otros escritos los símbolos son la cabra, el cocodrilo y el unicornio.

 

Un mito pone el énfasis en el descenso al infierno para liberar a la humanidad (en la figura del torturado Prometeo). Otros se ocupan más de Cerbero, algunos matándolo, otros haciéndolo subir a la tierra. Nosotros presentamos estas variaciones para la consideración del significado espiri­tual, por parte del lector.

 

Se recuerda que, según el Credo, Jesús el Cristo "descendió a los infier­nos". ¿Por qué? Seguramente porque su muy inclusivo amor protegía a las llamadas "almas extraviadas”, que se nos dice que Cristo cobija a la humani­dad hasta que la última "pequeña alma" haya llegado al hogar.

 

Y ¿quiénes somos nosotros para interpretar la "firma de Dios"? Con humildad sometemos estos puntos para la reflexión. Se nos dice que es de rodillas que el capricorniano ofrece corazón, y vida al alma, y sólo entonces es cuando al autoiniciado se le pueden confiar los secretos de la vida y de los poderes superiores.

 

 

Interpretación del Trabajo en Capricornio

 

Hay dos portales de importancia dominante: Cáncer, hacia lo que erróneamente llamamos la vida, y Capricornio, el portal hacia el reino espiritual. Capricornio, la puerta a través de la cual finalmente pasamos cuando no nos identificamos más con la parte forma de la existencia, sino que vivimos identificados con el espíritu. Eso es lo que significa ser iniciado.

 

Un iniciado es una persona que no sitúa la conciencia en su mente, sus deseos, o su cuerpo físico. Él puede usar éstos si lo elige; y lo hace para ayudar a la humanidad, pero no es ahí donde su conciencia está enfocada. Está enfocado en lo que llamamos alma, que es ese aspecto de nosotros mismos que está libre de forma. Es en la conciencia del alma que nosotros funciona­mos eventualmente en Capricornio, nos conocemos a nosotros mismos como iniciados y entramos en los dos grandes signos universales de servicio a la humanidad. Pues es interesante que, en Acuario, tratamos simbólicamente con animales a granel, ya que en ese signo Hércules tiene el trabajo de limpiar a fondo los establos de Augías, su primer trabajo como discípulo del mundo. Pero en Piscis captura, no al toro, sino a todos los bueyes, llevando a nuestra conciencia la idea de la universalidad del trabajo del mundo, de la conciencia de grupo, de la conciencia universal y del servicio universal.

 

Si hubieras nacido en el signo de Capricornio, por favor no pienses que eres un iniciado. Deberemos poner énfasis en el sentido de la proporción y del estado de evolución. Los aspirantes, o sufren de un complejo de inferio­ridad que les hace sentir que no es posible hacer nada, o tienen una idea exagerada de su importancia; tiene un toque de conciencia del alma, pero sólo un minúsculo toque, lo cual ellos piensan que es el total y se vuelven envanecidos. Esto no muestra sentido de proporción.

 

Este signo simboliza la tercera iniciación, la primera de las iniciaciones mayores. En Mateo 17 leemos que Cristo llevó a tres discípulos, Pedro, Juan y Jacobo, a lo alto de una montaña y se transfiguró delante de ellos. Ellos "cayeron sobre sus rostros" y Pedro dijo, "Construyamos tres chozas". En la filosofía hindú esto es llamado "la iniciación del hombre que construye su choza". Pedro, una roca o cimiento, es el símbolo del cuerpo físico. Jacobo, el engañador, simboliza la naturaleza emocional, la fuente de todo hechizo. Juan simboliza la mente, significando el nombre, "El Señor ha Hablado". Ahí tienes el simbolismo de los tres aspectos de la personalidad, postrados sobre sus rostros delante de Cristo glorificado, en su transfiguración en Capricor­nio.

 

Significado del Signo

 

Este es el signo de la cabra: es un signo sobrehumano, un signo universal e impersonal. Todos los trabajos de Hércules hasta aquí han estado comprometidos con su propia liberación. Ahora entramos en tres signos que no tienen relación con sus realizaciones personales. Él es libre. Es un iniciado, un discípulo del mundo. Ha dado vuelta tras vuelta al zodíaco, ha aprendido todas las lecciones de los signos y trepado la montaña de la iniciación; ha sufrido la transfiguración; está perfectamente libre y así puede trabajar universalmente en tareas que no tengan ninguna relación consigo mismo. Trabaja como un ser sobrehumano en un cuerpo humano. Las grandes etapas de desarrollo en el sendero de la expansión, que nosotros llamamos iniciacio­nes, están grabadas en el cerebro y no te serán dichas por nadie. Yo nunca encontré a un verdadero iniciado que estuviera dispuesto a admitir que lo era, nunca. La marca de pureza del iniciado es el silencio. Capricornio es un signo triste, es el signo del sufrimiento intenso y la soledad, pues éstas son también señales del iniciado.

 

La impersonalidad está basada en un logro fundamental de la personali­dad. Se debe haber estado enormemente apegado antes de poder conocer el significado de la impersonalidad. Esto es una paradoja, pues no hay logro de ser impersonal sin haber tentación en lo personal. La impersonalidad que debemos desarrollar es una expansión del amor personal que tenemos por un individuo, por nuestra familia, nuestro círculo de amigos; es exactamente la misma actitud hacia la humanidad, pero no tiene nada que ver con el sentimentalismo. Podemos amar a toda la humanidad porque conocemos el significado del amor personal, y debemos brindar a todos el mismo amor que hemos dado a los individuos cercanos a nosotros. La impersonalidad no es impedir la entrada, levantar muros; es amar a todos porque somos capaces de ver a las gentes como realmente son, con sus faltas, sus fracasos, sus logros, con todo lo que hace de ellos lo que son, y viéndolos con mirada penetrante, amarlos lo mismo. En las Reglas del Camino está escrito. "Cada uno ve y conoce la vileza de cada cual. Y sin embargo no hay, con esta gran revelación, negación ni rechazo mutuo”, esa es la condición que se debe lograr en Capricornio. Lo que debemos desarrollar no llega endureciendo al corazón, ni con una tremenda separación, ni trepando a un pedestal.

 

El discípulo del mundo no sólo hace lo que hizo Hércules, bajar al infierno para vencer a Cerbero, sino que trabaja entre los hombres todo el tiempo, interesado en su prójimo. Es impersonal. Me pregunto si esta impersonalidad no se refiere a nosotros mismos más bien que a otras personas. Nosotros hablamos acerca de ser impersonales en nuestro comportamiento. Si fuéra­mos absolutamente impersonales tratándose de nosotros mismos, nuestras reacciones hacia el prójimo serían justas.

 

Las Constelaciones

 

Hay tres constelaciones conectadas con el signo de Capricornio. Una es llamada Sagitta, la flecha. No tiene conexión con el signo de Sagitario. En ese nosotros teníamos al arquero con la flecha, con la cual el aspirante realizado atravesaba la personalidad. Aquí tenemos la flecha que viene de una fuente cósmica, atravesando el corazón del hijo de Dios, llamado el Cristo, el más cercano a nosotros de los grandes salvadores del mundo, "un hombre de infortunios y familiarizado con el dolor". Él estaba atravesado por la flecha Sagitta, la flecha cósmica.

 

El nombre hebreo para esta flecha significa "el desolado", y el sendero que todo discípulo huella es necesariamente solitario. El sendero del iniciado es aún más solitario. El sendero de un salvador del mundo es el más solitario de todos. Yo pienso que esta condición va a ser aliviada. A través de los años hemos tenido estas tremendas manifestaciones, una aquí, una allí. ¿Has considerado alguna vez la soledad de ellos? No había nadie que entendiera. Tal vez ellos fueron canonizados cientos de años después de que murieron. Pero ahora hay tantos aspirantes, tantos en el sendero del discipulado, que tal vez la conciencia de grupo que está empezando a ponerse de manifiesto en los asuntos del mundo, resultará en una soledad grupal más bien que en una soledad individual.

 

Aquila, el águila, es vista como estando tan estrechamente relacionada a Capricornio como a Sagitario. Tenemos el pájaro de luz (símbolo del más alto aspecto del hombre) manifestándose como el alma (el segundo aspecto) que se ha realizado.

 

En Delphinus, tenemos una constelación muy interesante, que contiene en sí un sorprendente simbolismo. Es representada en un antiguo zodíaco como un pez lleno de vida, saltando fuera del agua en el aire y jugando. Ese es el símbolo del hijo de Dios, quien trabajando bajo la ley, toma forma y vive en el agua y en el aire; y no siendo limitado por la ley física, puede jugar con las fuerzas de la naturaleza. Estamos empezando a aprender acerca de estas fuerzas, pero todavía pasará un tiempo antes de que Delphinus, el delfín, tenga mucho significado personal para nosotros.

 

 

El Escalamiento de la Montaña

 

Capricornio cuanta la historia del escalamiento de la montaña y del descenso al infierno. Hay tres grandes ascensiones de cada alma. La maso­nería, a través de las edades, ha sido un custodio de esta tradición. Primero se produce la elevación de la materia al cielo. Encontramos eso en Virgo, luego, la elevación de la naturaleza psíquica desde abajo del diafragma. Tú no eres más, emocional y centrado, en ti mismo, viviendo en el plexo solar, sino que estás enfocado en el corazón y eres consciente del grupo; tus sentimientos y deseos están relacionados con el grupo.

 

No vives más en la naturaleza animal, interesado en la creación en el plano físico, sino que te vuelves una criatura espiritual trabajando con materia mental. No estás más limitado por la forma, sino que tienes que tratar con la forma que se ha elevado a la conciencia de la cabeza, y desde la cabeza controlar la garganta, el corazón, el plexo solar y cada parte de tu cuerpo.

 

Haces esto no centrándote en ellas, no pensando sobre ellas, sino viviendo como un hijo consciente de Dios sentado en "el trono entre las cejas”, el centro ajna (o glándula pituitaria) como lo llaman los hindúes. Esa es la segunda gran ascensión.

 

La ascención final es la que marca la emancipación del iniciado de un grado muy alto, que se vuelve conscientemente un salvador del mundo. Pero es en la segunda iniciación, la elevación de la naturaleza psíquica inferior, en la que tenemos que trabajar para que cada deseo, cada disposición de ánimo y cada emoción, sea elevada al "cielo".

 

Preparación para el Descenso al Hades

 

Había tres cosas que Hércules debía hacer antes de empezar a bajar al infierno. El orden en que llegaron es interesante. Primero tenía que purifi­carse. Hércules, el hijo de Dios que había vencido, que había sido transfigu­rado, iba a bajar al infierno a trabajar, y llegó la orden de que se purificara. Él pensó que era muy puro. Cómo fue sometido al proceso de purificación, no se nos dice, pero tengo la idea de que él tenía que probar que estaba libre de irritabilidad y egoísmo en ese poco interesante círculo donde estaba viviendo como un ser humano. Es una regla en ocultismo que, en la escala de la iniciación, si no puedes vivir puramente en tu propio círculo, no eres de utilidad en el cielo o el infierno. ¿Qué quiero significar con “puro”? Nosotros usamos mayormente la palabra en su sentido físico, pero "puro”, realmente es, libre de las limitaciones de la materia. Si yo soy en alguna manera prisionero aún de mi mente, que es una forma de materia sutil, no soy puro. Si tengo cualquier emoción egoísta, no soy puro. Hércules tenía que purifi­carse.

 

Luego leemos que él tenía que ser iniciado en los misterios. Hasta donde yo puedo comprenderlo (y puedo estar equivocada) esto quiere decir que tú debes pasar a través de tu propio infierno personal, antes de que puedas pasar por el infierno universal. Tienes una época terrible en tu propia vida, y tú eres iniciado cuando sufres tu propio infierno. Aprendes la naturaleza de lo universal, por la experiencia individual; sólo eso es la realización. Tú no puedes aprender de oídas.

 

Como ha sucedido antes en los mitos, Hércules entonces tenía que detenerse y realizar un acto de servicio, antes de que pudiera imponerse a Cerbero. El vio a dos personas atadas y siendo atacadas por el ganado. Tenía que liberarlas antes de que pudiera hacer frente a su propio problema. Siempre para el iniciado, el servicio está primero; dejar pasar lo que ha emprendido si se necesita su ayuda. Esa es siempre la historia del iniciado, porque está basada en la conciencia de grupo.

 

El Símbolo de Cerbero

 

Cerbero, el perro de tres cabezas, de espantoso ladrido, con serpientes creciendo en todo su cuerpo y con víboras por cola, era el guardián del Hades. Las tres cabezas simbolizan la sensación, el deseo y las buenas intenciones. Es el amor a la sensación el que conduce a la humanidad de acá para allá, para satisfacer el hambre en el mundo económico o para satisfacer el deseo de felicidad en el mundo del placer. Los violentos impactos de sensación se buscan para mantener ocupada la mente. La cabeza central fue la primera apresada por Hércules porque era la más importante, ya que el deseo subyace en todas las sensaciones; ellas son lo que el deseo busca expresar y así obtener satisfacción en el mundo exterior. La tercera cabeza son las buenas intenciones no llevadas a cabo. Así tenemos el deseo en el centro, a un lado la sensación simbolizando todos los impactos, y del otro lado la tercera cabeza de las buenas intenciones, no consideradas, nunca realizadas, de las cuales siempre se ha dicho: "El camino del infierno está pavimentado de buenas intenciones".

 

La cola formada de serpientes representa a todas las ilusiones que impiden el progreso de la vida espiritual; la materialidad que nos oprime; la naturaleza psíquica inferior que causa tal destrucción; el temor a lo largo de cada posible línea; el temor al fracaso que mantiene a tantos apartados de la actividad y engendra sólo inercia, la gran falta, se nos dice, de los aspirantes y los discípulos.

 

Hércules asió a Cerbero por la cabeza central y lo venció, porque todos los dioses del sol están ocupados con los problemas de la humanidad y porque desolados, descienden solos al infierno para salvar a la humanidad; de ahí que los dioses del sol han nacido en el signo de Capricornio.

 

(Conferencia dada por A.A.B. condensada y editada)

 

 

Epílogo

 

La gran oscilación en Capricornio es compendiada por las palabras claves. En la rueda común ellas son, "Y la palabra dijo: que la ambición gobierne y que la puerta permanezca abierta". Esta es la nave para el impulso evolutivo y el secreto del renacimiento.(El Tibetano) Cuando el verdadero sentido de la realidad reemplaza tanto a la ambición terrenal como a la ambición espiritual, el hombre puede decir con veracidad, "Estoy perdido en la luz suprema, pero vuelvo mi espalda a la luz". Así va el discípulo del mundo, el  iniciado en Capricornio, por su camino para servir a la humanidad en Acuario. En ese signo limpia los establos de Augías (del karma de toda ignorancia y error pasados: el Morador en el Umbral) y así se vuelve en Piscis un salvador del mundo. Se recuerda que el último acto de Cristo en su camino al Getsemaní y al Calvario fue el de lavar los pies de sus discípulos.

 

Se ha dicho: "El cristianismo no ha fracasado: nunca ha sido ensayado". ¿Estamos ahora, después de dos mil años, realmente empezando a ensayarlo individualmente y en formación grupa? Este es el trabajo que hace posible a Cristo reaparecer y también el que prepara a la humanidad para recono­cerlo y para ser capaz de soportar la calidad de las emanaciones que acom­pañen su venida.

(Extraído de Astrología Esotérica, PP. 110‑23)

 

Que cada hombre recuerde que el destino de la humanidad es incompa­rable y que depende en gran parte de su voluntad para colaborar en la tarea trascendente. Que recuerde que la ley es, y siempre ha sido, luchar; y que la lucha no ha perdido nada de su violencia al ser transportada del plano material al espiritual. Que recuerde que su propia dignidad, su nobleza como ser humano, debe surgir de sus esfuerzos para liberarse de su servidumbre y obedecer a sus aspiraciones más profundas. Y, que por sobre todo, nunca olvide que la chispa divina está en él, sólo en él y que él es libre de descuidarla, de matarla, o de acercarse a Dios mostrando su anhelo de trabajar con Él, y para Él.

 

El Conde de Noüy

 

 

Trabajo 11

 

Limpiando los Establos de Augías

 

(Acuario, 21 Enero ‑ 10 Febrero)

 

El Mito

 

     Dentro del Lugar de Paz, el Gran Presidente emitía el resplandor de su elevado pensamiento. El Maestro se acercó.

 

"La llama única debe alumbrar a las otras cuarenta y nueve”, afirmó el Gran Presidente.

 

"Así sea”, respondió el Maestro. "Habiendo encendido su propia lámpara Hércules ahora puede traer la Luz a los demás". No mucho después, el Maestro citó a Hércules.

 

"Once veces ha girado la rueda, y ahora tú estás delante de otro Portal. Por largo tiempo has perseguido la luz que vacilaba primero inciertamente, luego crecía hasta ser un faro firme, y ahora brilla para ti como un sol en llamas. Vuelve ahora la espalda a la claridad; vuelve sobre tus pasos; regresa hacia aquellos para quienes la luz no es sino un punto transitorio, y ayúdalos a hacerla crecer. Dirige tus pasos hacia Augías, cuyo reino debe ser purificado de antiguos males. He hablado".

 

Salió Hércules por el undécimo Portal en búsqueda de Augías, el rey.

 

Cuando Hércules se aproximó al reino donde Augías era soberano, un horrible hedor que lo hizo desfallecer y lo debilitó, asaltó su nariz. Por años, se enteró, el rey Augías no había quitado el estiércol que su ganado dejaba dentro de los establos reales. Entonces, también las praderas estaban tan llenas de estiércol que ninguna siembra podía crecer. En consecuencia, una agostante pestilencia estaba recorriendo la región, haciendo estragos en las vidas humanas.

 

Hacia el palacio fue entonces Hércules y buscó a Augías. Informado de que Hércules limpiaría los hediondos establos. Augías mostró desconfianza e incredulidad.

 

¿Dices que harás esta enorme labor sin recompensa?, manifestó suspicazmente el rey. "No tengo fe en aquellos que hacen tales alardes. Algún artero plan has tramado, Oh, Hércules, para despojarme del trono. Yo no he oído de hombres que busquen servir al mundo sin una recompensa. En este momento, sin embargo, le daría la bienvenida a cualquier necio que buscara ayudar. Pero debemos cerrar un trato, para que no sea reprendido como un Rey tonto. Si tú, en un sólo día, haces lo que has prometido, una décima parte de mi gran rebaño de ganado será tuya; pero si fracasas, tu vida y fortuna estarán en mis manos. Naturalmente, yo no pienso que puedas cumplir tu bravata, pero trata de hacerlo como puedas".

 

Hércules entonces dejó al Rey. Erró por el asolado lugar, y vio marchar a una carreta cargada con muertos apilados, las víctimas de la pestilencia.

 

Dos ríos, observó él, el Alfeo y el Peneo, corrían tranquilamente cerca de allí. Sentado en la ribera de uno de ellos, las respuestas a su problema relampagueó en su mente.

 

Él trabajó con fuerza y violencia. Con grandes esfuerzos logró desviar ambas corrientes del curso que habían seguido durante décadas. El Alfeo y el Peneo vertieron sus aguas a través de los establos llenos de estiércol del Rey Augías. Los impetuosos torrentes barrieron la inmundicia largamente acumulada. El reino fue purificado de su fétida lobreguez. En un sólo día había realizado la tarea imposible.

 

Cuando Hércules, completamente satisfecho con este resultado, regresó donde estaba Augías, éste frunció el ceño.

 

"Tú has tenido éxito por medio de un ardid” gritó el Rey Augías lleno de ira. "Los ríos hicieron el trabajo, no tú. Fue una artimaña para apoderarte de mi ganado, una conspiración contra mi trono. No tendrás las recompensas. Vete, retírate de aquí antes de que rebaje tu estatura en una cabeza".

 

Así desterró a Hércules el encolerizado rey, y le dijo que nunca más pusiera el pie en su reino, so pena de una muerte súbita.

 

Habiendo realizado la tarea asignada, el hijo del hombre, que también era el hijo de Dios, volvió a aquel de quien había venido.

 

"Te has vuelto un servidor del mundo", dijo el Maestro cuando Hércules se acercó. "Tú has progresado retrocediendo; has llegado a la Casa de la Luz por otro sendero; has empleado tu luz para que pueda brillar la luz de los demás. La joya que otorga el undécimo trabajo es tuya para siempre".

 

F.M.

 

 

 

 

 

 

Las energías de Acuario

 

(Conferencia dada por A.A.B. en 1937)

 

Hay una frase en el Nuevo Testamento, "El fin del mundo". Muchos de nosotros estamos ahora empezando a comprender que lo que realmente quería decir era que el signo Piscis, en el cual llegó Cristo, el Gran Salvador del Mundo, terminaría en una fecha precisa, y nosotros estamos exactamente en ese tiempo. No estamos enfrentando un día del juicio en el cual las ovejas y las cabras serán separadas y algunas irán al ciclo y otras al infierno. Muchas interpretaciones ridículas han sido atribuidas al simbolismo de la Biblia.

 

Se ha pensado que las ovejas iban al cielo y las cabras al infierno. Es todo lo contrario. La cabra en Capricornio es el iniciado y desde un cierto ángulo esotérico, las cabras van al cielo porque ellas funcionan en el reino espiritual que es el cielo; las ovejas permanecen en la tierra (la que después de todo es el único infierno que uno puede posiblemente predicar) hasta que dejen de ser ovejas, hasta que aprendan a tener pensamiento individual, hasta que se transformen en cabras, escalen la montaña y cambien la posición de seguidores por la de buscadores independientes.

 

La entrada al cielo es la entrada a la era de Acuario, que empezó durante los últimos doscientos años. Se nos dice que alrededor del año dos mil nuestra estrella polar y otra estrella (Vega) en los cielos, estarán en conjunción, y la era de Acuario estará de lleno con nosotros, pero sólo de lleno con nosotros en el sentido de que estaremos entrando en ella, y las fuerzas de Piscis se estarán retirando rápidamente. Todo lo que acontece en la expresión del plano físico se debe a fuerzas subjetivas.

 

Existe una escuela de pensamiento que deriva todos los misterios, todas las enseñanzas de lo que ahora llamamos la Sabiduría Eterna, a una forma de adoración animal, y trata los misterios del templo de manera sórdida y sexual. No entraré en detalles, pero quiero decirles que lo que pienso es para nosotros de vital interés entenderlo, porque es algo que en la era de Acuario estará emergiendo con mayor plenitud sin interrupción. Una cosa es estar sujeto a una fuerza ciega, y otra tener una perspectiva inteligente sobre lo que está sucediendo y comprender y buscar ciertos acontecimientos. Tal vez por primera vez en la historia de nuestra raza hay un número suficiente de hombres y mujeres inteligentes para anticipar los acontecimientos con una comprensión basada en lo que ha sucedido en el pasado, capacitándolos así para predicar lo que sucederá en el futuro.

 

¿Qué causaba el culto del toro en Tauro? No la naturaleza bestial de la humanidad que tomaba al toro como un símbolo de la naturaleza animal y la deificaba, que es lo que dice el ser humano común que investiga los misterios. Es porque había fuerzas subjetivas actuando sobre nuestro planeta a medida que nuestro sol pasaba a través del signo de Tauro. La lección para el hombre es, que bajo el símbolo del toro él tenía que luchar con el animal que hay en él.

 

Entonces nuestro sol pasaba a Aries, el Carnero, y teníamos el sacrificio del cordero, mostrando que el sacrificio de la naturaleza animal estaba empezando a seguir al concepto de luchar con la naturaleza animal.

 

Luego el sol pasaba a Piscis, los peces. Las fuerzas que actuaban sobre nuestro planeta en ese tiempo presentaban a la conciencia del hombre su dualidad esencial, y el vínculo entre las dos partes de sí mismo, dos peces unidos por un lazo. Esta conciencia, en gran escala, empezó a hacer su impacto sobre el ser humano, es decir, que él es alma y cuerpo. Cristo apareció en Piscis para demostrarnos perfectamente cuál sería nuestro último logro cuando hubiéramos unido al pez, el símbolo de la segunda persona, el pez Avatar, y al pez nadando en la materia, el símbolo del ser humano encarnado. Ahí tienen la historia.

 

Habiendo investigado esa magnífica idealista enseñanza evolutiva a lo largo de los últimos cinco o seis mil años, como el resultado de fuerzas subjetivas actuando sobre la humanidad, estamos pasando ahora al signo de Acuario donde, a través del simbolismo del agua y la purificación, aprende­remos cómo ser el alma y no el ser humano. Eso es lo que ocurrirá en Acuario.

 

Al final de la era de Acuario, aproximadamente de aquí a dos mil quinien­tos años, ¿pueden ustedes imaginar a qué se asemejará la humanidad? La naturaleza animal, la naturaleza emocional, y la mentalidad, serán secunda­rias, y el alma, el aspecto conciencia, ese impulso universal en cada uno de nosotros que nos pone en armonía con Dios, habrá pasado al frente.

 

Dicho de otra forma, habremos dejado atrás el reino humano y, aunque podamos estar habitando cuerpos, nuestra conciencia estará enfocada en el quinto reino de la naturaleza, el reino espiritual. Esa es la profecía, lo que la humanidad tiene por delante dentro de dos mil quinientos años.

 

El signo opuesto a Acuario es Leo, el signo del individuo, del hombre que se ha encontrado a sí mismo como ser humano. El se sostenía sobre sus propios pies; era el centro de su universo; las estrellas giraban a su alrededor, todo ocurría en relación a sí mismo. Por eso aprendió ciertas grandes leccio­nes: que era posible que él no fuera tan importante como pensaba, y que sujetándose a cierta disciplina podría encontrar un más amplio yo; y así pasó a Escorpio, donde fue probado para ver cuánta resistencia tenía. La caracte­rística sobresaliente del aspirante es la resistencia y el signo que requiere más resistencia es Escorpio. Triunfa en Escorpio, y en Sagitario se vuelve el discípulo unidireccional que, habiendo puesto su mano en el arado, no puede volver atrás; puede querer hacerlo, pero no puede volver atrás. Sigue adelan­te, y porque sigue adelante, trepa hasta la cima de la montaña en Capricornio y pasa por la transfiguración.

 

En Acuario el discípulo se vuelve el maestro servidor, nos dedicaremos al tema de los salvadores del mundo en Piscis. En Acuario el hombre es un maestro servidor. Ese es el principio fundamental que yo quiero que ustedes mantengan en sus mentes. Él puede ser un maestro porque ha aprendido a servir, y puede servir porque es un maestro. Esas dos cosas van juntas.

 

El regente del primer decanato de Acuario es Saturno. Saturno nos da la disciplina; Saturno nos abre la puerta de la oportunidad, Saturno, a través de los ejercicios espirituales y las pruebas, fortalece nuestros músculos espirituales y nos capacita para salir de la oscuridad a la luz.

 

Marcas de Pureza del Iniciado

 

Siendo Hércules el iniciado está comprometido a hacer tres cosas, que pueden ser resumidas como las características sobresalientes de todos los verdaderos iniciados. Si ellas no están presentes en alguna medida, el hombre no es un iniciado.

 

1. Servicio desinteresado. No es el servicio que prestamos porque se nos dice que el servicio es un camino para la liberación, sino el servicio prestado porque nuestra conciencia no es más autocentrada. No estamos más interesados en nosotros mismos, sino que para nuestra conciencia, siendo universal, no hay nada que podamos hacer sino asimilar las aflicciones de nuestro prójimo y ayudarlo. No es ningún esfuerzo para el verdadero maestro acua­riano hacerlo así.

 

2. Trabajo grupal. Esto es algo que hasta ahora poco sabemos. El mundo está lleno de organizaciones y sociedades, hermandades que son felices preparando terrenos para la gente ambiciosa. No quiero decir que haya que ser poco amable, pero mi experiencia con el grupo término medio, es que éste es un foco de celos, gente tratando de impresionar a los otros con la cantidad de su conocimiento y la maravilla de su vida de autosacrificio. Esto no es trabajo grupal.

 

Trabajo grupal es permanecer solo espiritualmente en el manejo de los propios asuntos, con completo olvido del propio yo, en beneficio de la particular sección de la humanidad con la que estamos asociados. El verda­dero grupo niega la ambición; niega el progreso ascendente, en cualquier logia u organización; niega toda presunción de prerrogativas oficiales. Yo no pienso que los nuevos grupos vayan a tener funcionarios, sino que trabajarán automáticamente a causa de la intuitiva acción recíproca espiritual entre las mentes de las unidades de los mismos. Nosotros no sabemos nada acerca de esto todavía.

 

¿Puedes ustedes pensar en un grupo tan unido en los niveles espirituales que se puedan suprimir las cartas, los panfletos, los libros, etc.; que la intercomunicación entre las mentes de los miembros sea perfecta? Ese es el grupo de Acuario y no está todavía con nosotros.

 

3. Autosacrificio. El significado del autosacrificio es hacer puro el yo. Eso tiene que ver con el yo del grupo y el yo del individuo; ése es el trabajo del iniciado.

 

Desde la cima de la montaña en Capricornio, Hércules tiene que bajar, literalmente, a la suciedad material, y limpiar los establos de Augías. Quiero darles una idea de su psicología. Él había trepado a la cima de la montaña. Había pasado todas las grandes pruebas, pasado de Capricornio al reino espiritual y conocido algo del significado del éxtasis místico, y en ese estado altamente espiritual, recibió la orden de bajar y limpiar los establos. ¡Qué anticlimax! No un gran trabajo para el mando, sino limpiar los establos.

 

El objeto de la prueba puede ser resumido de esta manera: Hércules tenía que ayudar a la purificación del mundo por la recta dirección de las fuerzas de la vida a través de él. Ustedes aprecian que estamos entrando en la era de Acuario donde el materialismo, tal como lo conocemos, habrá desaparecido completamente en el final, y cuando toda la vida sea interpretada en términos de energías. Estamos tratando íntegramente con fuerzas. Tendremos probablemente un nuevo lenguaje, el lenguaje simbólico de la energía misma. Seremos todos ocultistas de hecho, el ocultista que vive y trabaja en un mundo de fuerzas y que empieza con las fuerzas dentro de sí mismo. Ustedes tendrán una pequeña comprensión de lo que se quiere significar con el manejo de las fuerzas, si vigilan sus palabras. ¿Por qué levantan la voz cuando se emocionan? Porque la energía pasando rápidamente a través de ustedes tiene un efecto sobre el aparato vocal. Están tratando con las energías y están malgas­tándolas. Obsérvense y empiecen a trabajar en el mundo de las fuerzas dentro de ustedes mismos.

 

Este signo inaugura la escuela de los salvadores del mundo. Es casi un signo de "Juan el Bautista”, un signo de preparación para lo que la próxima era de Piscis nos traerá.

 

Acuario es representado como un hombre sosteniendo un cántaro inver­tido. El hombre invierte el cántaro y de él salen dos chorros de agua, el río de la vida, y el río del amor, y esas dos palabras, vida y amor, son las dos palabras que encarnan la técnica de la era de Acuario; no la forma, no la mente, sino la vida y el amor. Dos palabras que usamos constantemente, pero tras las cuales no sustentamos ningún concepto adecuado.

 

Decanatos, Regentes y Constelaciones

 

Acuario, como otros signos, está dividido en tres decanatos. Ahora esta­mos entrando en el primer decanato gobernado por Saturno, de ahí nuestras presentes dificultades, nuestro trastorno político, la división del escenario del mundo en grandes grupos, con gente que es patriótica, y aquellos que están empezando a vislumbrar el espíritu internacional. En las iglesias, en el campo religioso, hay asimismo división entre aquellos que están obteniendo un cuadro de la universalidad del amor de Dios, y los que se inclinan ante la autoridad y el dogma.

 

En el campo de la economía Saturno ha causado un tremendo disturbio entre aquellos que se inclinan ante las cosas materiales y los que la dejan pasar para conseguir cosas mejores; entre aquellos que toman las posesiones por ellas mismas, aquellos que acumulan y guardan, y los que las dejan para adquirir lo que Cristo llama "los tesoros en el cielo". En casi cualquier campo del pensamiento encontramos estas dos fuerzas dominantes a causa del impacto de las energías pisceanas y acuarianas. Hay dos grupos distintos: aquellos que están atados al pasado y al aspecto material, y los que están adquiriendo la clarividencia y están viendo la vida, la conciencia, el propósito y el plan, emergiendo por medio de todos ellos.

 

Lo maravilloso, si ustedes estudian al mundo intuitivamente, si marchan a la par con lo que está pasando en este y en otros aspectos de la humanidad, es que verán que, a pesar de los disturbios superficiales y deplorables acontecimientos, el espíritu del hombre es sano y puro, se está elevando con la oportunidad y estamos saliendo bien, pero, ¡no piensen que esto será en una semana o en un año! Podemos lograr mejores condiciones, progresos aquí, allá y en todas partes. Depende de nosotros cuán rápido aprendamos la lección de cómo conducirnos para que la era pisceana del materialismo y la autoridad, la posesión y la mentalidad, pueda ser reemplazada por la era de la espiritualidad, la intuición y la conciencia universal.

 

El segundo decanato de Acuario está gobernado por Mercurio, y de aquí vendrá la iluminación. La iluminación que llegó en Leo, el opuesto de Acuario, era "yo soy el yo", la iluminación que llamamos autoconciencia. La iluminación que llega en Acuario es "yo soy Eso", yo soy la conciencia del grupo. Mi autoconciencia ha desaparecido, mi individualidad no es de im­portancia, mi personalidad es sólo un mecanismo, y mi conciencia es una con todo lo que es.

 

En el tercer decanato, gobernado por Venus, tenemos el surgimiento del amor inclusivo. Más o menos dentro de dos mil años nosotros podremos expresar realmente el amor fraternal. Será, debe ser un hecho manifestado antes que la humanidad en conjunto pueda pasar a Capricornio. Entrarán en ese reino con espíritu de amor. El aspirante individual no puede recibir la iniciación hasta que haya aprendido a amar desinteresadamente, a amar no sólo a aquéllos que piensan como él y que actúan como él lo desea.

 

Los Legisladores

 

Hay dos legisladores en el zodíaco, Régulus y Kefus. En Leo tenemos una de las cuatro estrellas reales, Régulus, el legislador, la ley para el individuo, la ley del egoísmo, si les parece, la ley de la competencia, la ley que coloca a cada hombre contra su semejante, la ley que lo hace tomar y apoderarse, la ley bajo la cual vivimos, la ley de la competencia.

 

Régulus, la ley del individuo, debe dar lugar a Kefus, la ley de Acuario, donde tendremos una nueva ley basada en el sufrimiento, la iluminación y el amor. Sería interesante ver hasta dónde pueden ustedes mismos entender lo que serán esas clases de leyes basadas en el sufrimiento del individuo y que lo han conducido a perder interés en sí mismo. Cuando se ha sufrido bastante, uno no se preocupa más de sí mismo. Se encuentra que el único camino hacia la felicidad no es estar libre de sufrimiento sino perderse en algo ajeno a uno mismo.

 

    La ley de Acuario está basada en la iluminación espiritual, en la percepción intuitiva y en el amor fraternal que es la identificación con toda forma en cada reino de la naturaleza. Un inmenso futuro está por delante; dos mil quinientos años se habrán completado. Estaremos en nuestro camino.

 

Recuerden, mientras más refinadas son las formas a través de las cuales actúa la vida, más rápida es la reacción. Esta es la razón por la cual llevamos esta inmensa velocidad en cada etapa de la vida, por la cual estamos todos tan constreñidos. Nosotros tenemos cuerpos pisceanos y estamos tratando de vibrar en la era de Acuario. Todavía no somos acuarianos; no hay verdaderos acuarianos; aún no estamos equipados. Para esa era algunos de los niños que vienen tienen señales inequívocas, pero todavía son pocos y está lejano el momento.

 

La era de Acuario se manifestará en todo el mundo; habrá acuarianos nacidos en todas partes porque es el logro del espíritu subjetivo en cada lugar del planeta. Es posible que en América, en Canadá, en Australia, Nueva Zelandia y Africa del Sur, haya puntos focales de la energía, pero lo que realmente sucederá es la llegada a la encarnación en todo el mundo, en cada reino de la naturaleza, de aquellos seres humanos y otras formas de vida, todo fundiéndose bajo la nueva influencia acuariana.

 

Una cosa maravillosa está ocurriendo; que el mundo está listo para que nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos puedan todos verla suceder.

 

Cristo proclamó la noticia "para el tiempo del fin" cuando dijo, “Un nuevo mandamiento les doy; que se amen los unos a los otros”. El undécimo mandamiento, el undécimo signo. Es sólo ahora que estamos descubriendo qué maravilloso astrólogo fue Cristo. Él sabía que el ciclo que inauguraba pasaría, que un nuevo método de trabajo tendría que surgir por medio del cual los Maestros emplearían un nuevo modo de llegar a la humanidad, pero Él preparó el camino para Su propio trabajo posterior.

 

Hay tres constelaciones en Acuario. El Pez del Sur, Piscis Austral, repre­sentando en conexión con Acuario, a los próximos salvadores del mundo. Adviertan que aquí, en la culminación de Piscis, tenemos un pez, el avatar, no los dos peces atados juntos. La segunda constelación es Pegasus, el caballo alado, siempre el símbolo inspirador de la mente superior, del amor, menospreciando la tierra en su elemento, el aire. En el nivel inferior, recordamos los pies alados de Mercurio, siempre las alas de la mente, recordando también que una definición del amor es “la fría, clara luz de la razón". La tercera constelación toma aún un vuelo más amplio, pues tenemos a Cygnus, el Cisne, volando en medio del cielo. El cisne de la eternidad, volando en el tiempo y en el espacio, es el símbolo de la vida misma, la purificación, limpiando “las aguas vivientes” de Acuario.

(Interpolado)

 

 

Interpretaciones de la Prueba

 

Augías, el hijo de Neptuno, el dios de las aguas y del sol, guardaba manadas de animales, y durante treinta años los establos no habían sido limpiados; de modo que la suciedad se había acumulado. A Hércules se le dijo que hiciera algo acerca de eso; muchos habían intentado limpiar los establos y fracasaron: eso era siempre superior a ellos.

 

Siendo Hércules un iniciado y teniendo mucho sentido común, lo que los verdaderos iniciados siempre tienen, bajó de la cima de la montaña y estudió el problema; examinó los establos.

 

Primero destruyó el muro que rodeaba los establos, luego hizo dos grandes agujeros en sus lados opuestos, y desvió los dos ríos a través de ellos. No trató de barrer y limpiar, como habían hecho otros, sino que destruyó barreras usando los ríos. Los establos fueron limpiados sin esfuerzo de su parte.

 

Muy satisfecho consigo mismo, Hércules fue precipitadamente hacia don­de estaba Augías y exclamó, "He limpiado los establos. Están perfectamente limpios". Y nosotros leemos que Augías le volvió la espalda, rehusando reconocer lo que había hecho, y dijo que era una treta.

 

Se podría decir que la naturaleza del deseo emocional de esa gran Vida en la cual vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser también guarda manadas de animales que responden al nombre de seres humanos.

 

A mi juicio, la palabra Dios (God), tres pequeñas letras, es sólo un símbolo. Yo no pretendo saber de qué es símbolo, pero sé que es para mí como un símbolo de la vida que está inmanente en todas las formas y que es también trascendente. Yo soy uno de los animales de la manada que ha estado guardada por Augías, y los establos en los cuales vivían los animales no han sido limpiados por treinta años, 3 multiplicado por 10, 3 es el número de la personalidad y 10 el número de la consumación.

 

¿Y si yo les dijera que ahora, en su día y el mío, por vez primera la humanidad es una completa unidad coordinada con la mente, la naturaleza emocional y el cuerpo físico funcionando como una unidad, y sin embargo los establos no han sido limpiados por 30 años?

 

¿Cuáles son las dos casas que hizo Hércules? Derribó las barreras. Eso es lo primero que tiene que ocurrir en la era de Acuario. Estamos apenas empezando a hacerlo. Estamos apenas empezando a pensar en términos amplios, a dejar de ser exclusivos. Hay grupos de hombres y mujeres apare­ciendo por todas partes del mundo, que están luchando con ellos mismos para ser inclusivos en su pensamiento, porque en la era de Acuario las naciones como las conocemos ahora, tendrán que desaparecer; naciones luchando por ellas mismas, y por lo que quieren, nación contra nación, cultivando el patriotismo, lo que es frecuentemente el cultivo del odio. Tenemos que enseñar a la gente que son seres humanos con ciertas responsabilidades, si, pero nosotros podemos empezar a tener una imagen más amplia, a desatro­fiar la conciencia de la humanidad en conjunto. Como dice Browning:

 

     “La humanidad formada por todos los hombres individualmente. En la unidad termina el cuadro ".

 

Eso ocurrirá en Acuario, eso es lo que está por delante, para ello están trabajando las Naciones Unidas, los movimientos por la paz internacional y otros grupos en los campos religioso, político y económico; destruir el pre­juicio y aprender a pensar en términos generales, de totalidad. Derribar las barreras en gran escala tiene que ser realizado por la opinión pública, y esto es de desarrollo lento y grandemente emocional; ésa es la dificultad.

 

En la era de Acuario, especialmente en el segundo decanato, cuando esté gobernando Mercurio, el mensajero del alma, pasando por la mente, tendre­mos la opinión pública moldeada por el pensamiento y no por la emoción, y tendremos el mundo lleno de pensadores. La función de aquellos que escriben en este sentido, y hay miles en todas partes, es empezar a pensar constructivamente, para que los fundamentos estén bien colocados por las fuerzas allí emitidas; construyendo para el futuro.

 

La conciencia inclusiva no significa ser humanamente consciente; es más, es volverse consciente del tiempo. Está llegando el tiempo de Acuario, cuando el pasado, el presente y el futuro morirán completamente, y tendre­mos siempre el eterno presente que incluirá cada esfera y aspecto de con­ciencia que podemos llamar estrictamente humanos. Esa es la posición del humanista, como yo la interpreto; él toma la posición "Seamos realmente humanos" antes de intentar ser sobrehumanos. Ahora somos sólo criaturas emocionales, acuosas, que todavía no estamos iluminadas, luchando con la separatividad. No somos capaces de ser conscientes del mundo, de estar en armonía con cada fase del pensamiento humano. Lo seremos algún día.

 

Les haré una pregunta. ¿Son ustedes capaces de entrar inteligentemente, benévolamente y comprensivamente en la conciencia de los miembros inmediatos de su familia y conocer por qué ellos piensan como lo hacen, compren­diendo por qué actúan en una forma particular, bajo una condición particu­lar? Cultiven el espíritu acuariano de dejar libre a la gente, cultiven la capacidad de tener confianza. Supriman la desconfianza en todos aquellos con los cuales se asocien, crean en ellos, y ellos no los traicionarán, atribú­yanles motivos incorrectos y ellos los traicionarán, y la culpa será de ustedes. Seamos tan juntos como podamos serlo con la luz que tenemos. Cultivemos el espíritu acuariano de no separatividad, del amor, de la comprensión, de la inteligencia, libre de la autoridad, tomando de cada ser humano con el que nos encontremos lo mejor que haya en él. Y si ustedes no toman lo mejor de ellos, censúrense a ustedes mismos y no a ellos. Esa es la verdad. Si una persona los malinterpreta, es porque ustedes no son claros. La conciencia de su valor es siempre necesaria para el acuariano, pero no esa autoconciencia que ahora encontramos.

 

Cuando hemos derribado las barreras de la separatividad entonces deja­mos entrar los dos ríos, el agua de la vida y el río del amor. Yo no puedo hablar acerca de esos dos ríos porque no se cómo son. Muchos hablan acerca de la vida y del amor; usan palabras. Yo todavía no se lo que es la vida, y nosotros ciertamente no sabemos lo que es el amor.

 

Es interesante que traten de explicarse a ustedes mismos lo que entienden por el río de la vida y el río del amor, los que, derribando los muros, fluyen a través de la familia humana. Estamos entrando en la era de la energía, en la era del amor. ¿Aprecian ustedes que un gran agujero fue hecho en los muros durante la guerra, y que desde entonces, la vida y la energía han llegado a significar más de lo que antes significaban?

 

Cuando hayan hecho todo lo posible para derribar los muros y para expresar la vida y el amor, ayudados por su propia alma, cuya naturaleza es amor‑sabiduría, no busquen reconocimiento; no lo conseguirán. Lo duro de la tarea del pionero en cualquier campo del pensamiento, de cualquier persona que se está esforzando para expresar los nuevos ideales, es siempre la falta de reconocimiento, y a veces peor. Ustedes no serán elogiados, no serán compadecidos, tendrán momentos difíciles, pero recuerden, están preparando el sendero para que en el futuro, el odio y la separación puedan desaparecer.

 

Me gusta pensar en Acuario como el “signo de Juan el Bautista” en términos del iniciado. Estamos dejando Piscis en un sentido y somos dirigidos hacia una era pisceana en otro sentido, cuando llegue el Salvador del Mundo. Y así como consideramos a la era de Acuario como un signo de Juan el Bautista, así podemos considerarnos en nuestro propio campo donde quiera que estemos. En vista del cuadro cósmico, haciendo todo lo que podamos hacer en este tiempo particular, estamos cumpliendo la función de Juan el Bautista y preparando el camino para ese extraordinario acontecimiento que tendrá lugar individualmente, cuando el Salvador del Mundo surja nueva­mente y la humanidad aprenda la gran verdad futura y avance y ascienda.

A.A.B.

 

 

Trabajo 12

 

Captura de la Roja Manada de Gerión

 

(Piscis, 20 Febrero ‑ 21 Marzo)

 

 

El Mito

 

Dentro de la sagrada Cámara del Concilio, el Gran Presidente reveló al Maestro la Voluntad de Lo Que Debe Ser.

 

"Él está perdido, y encontrado; está muerto, no obstante vibrante de Vida. El servidor se vuelve el salvador, y regresa al hogar".

 

El Maestro reflexionó; luego requirió a Hércules. "Tú estás ahora delante del último Portal", dijo el Maestro. "Un trabajo resta todavía antes de que el círculo se complete y sea alcanzada la liberación. Marcha hacia ese oscuro lugar llamado Eritia donde la Gran Ilusión está entronizada: donde Gerión, el monstruo de tres cabezas, tres cuerpos y seis manos, es señor y rey. Ilegalmente él retiene una manada de Bueyes rojizos. Desde Eritia hasta nuestra Ciudad Sagrada tú debes conducir esta manada. Cuidado con Euri­tión, el pastor, y su perro de dos cabezas, Ortro". Hizo una pausa. "Puedo hacerte una advertencia”, agregó lentamente. "Invoca la ayuda de Helios”.

 

El hijo del hombre que era, también hijo de Dios partió a través del Duodécimo Portal. Iba en busca de Gerión.

 

Dentro de un templo, Hércules hizo ofrendas a Helios, el dios del fuego en el sol. Meditó durante siete días, y entonces le fue concedido un favor. Un cáliz de oro cayó al suelo ante sus pies. Él supo dentro suyo que este brillante objeto le permitiría cruzar los mares para llegar a la región de Eritia.

 

Y así fue. Dentro de la segura protección del cáliz de oro, navegó a través de agitados mares hasta que llegó a Eritia. Hércules desembarcó en una playa de ese lejano país.

 

No mucho después llegó a la pradera donde la rojiza manada pastaba. Era cuidada por el pastor Euritión y por Ortro, el perro de dos cabezas.

 

Cuando Hércules se aproximó, el perro se adelantó veloz como una flecha hacia su blanco. Sobre el visitante el animal se abalanzó, gruñendo malignamente, dando feroces dentelladas con sus colmillos al descubierto. Con un golpe decisivo Hércules derribó al monstruo.

 

Entonces Euritión, temeroso del bravo guerrero que estaba delante suyo, le suplicó que le perdonara la vida. Hércules le concedió su ruego. Conduciendo a la manda rojiza delante de él, Hércules volvió su rostro hacia la Ciudad Santa.

 

No había ido muy lejos cuando percibió una distante nube de polvo que rápidamente se agrandaba. Suponiendo que el monstruo Gerión venía en furiosa persecución, se volvió para enfrentarse al enemigo. Pronto Gerión y Hércules estaban frente a frente. Soplando fuego y llamas por sus tres cabezas a la vez, el monstruo se encontró con él.

 

Gerión arrojo a Hércules una lanza que casi dio en el blanco. Haciéndose ágilmente a un lado, Hércules esquivó el dardo mortal.

 

Tendiendo tenso su arco, Hércules disparó una flecha que parecía incen­diar el aire cuando la soltó, y golpeó al monstruo de lleno en su costado. Con tan gran ímpetu había sido disparada la flecha, que los tres cuerpos del feroz Gerión fueron atravesados. Con un agudo, desesperante gemido, el monstruo se inclinó, después cayó, para no levantarse nunca más.

 

Hacia la Ciudad santa, entonces, Hércules condujo al ganado colorado. Difícil fue la tarea. Muchas veces algún buey se extraviaba, y Hércules tenía que dejar a la manda para ir en busca de los errantes vagabundos.

 

Condujo su manada a través de los Alpes y hacia Italia. Por dondequiera que la injusticia hubiera triunfado, él asestaba un golpe mortal a los poderes del mal, y enderezaba la balanza a favor de la justicia. Cuando Erix el luchador, lo desafió, Hércules lo derribó tan violentamente que allí quedó. Asimismo cuando el gigante Alcione arrojó a Hércules una roca que pesaba una tonelada, éste la detuvo con su clava, y la lanzó de nuevo para matar a aquél que se la había enviado.

 

A veces se desorientaba, pero siempre Hércules regresaba, desandaba sus pasos, y proseguía su camino. Aunque fatigado por este exigente trabajo, Hércules finalmente regresó. El Maestro esperaba su llegada.

 

"Bienvenido, Oh, Hijo de Dios quien es también hijo del hombre”, saludó así al guerrero que regresaba, "La joya de la inmortalidad es tuya. Con estos doce trabajos tú has superado lo humano, y ganado lo divino. Has llegado al hogar, para no dejarlo más. En el firmamento estrellado será inscrito tu nombre, un símbolo para los luchadores hijos de los hombres, de su destino inmortal. Terminados los trabajos humanos, tus tareas cósmicas empiezan".

 

Desde la Cámara del Concilio llegó una voz que decía, "bien hecho, Oh, Hijo de Dios".

 

F.M.

 

Interpretación de la Historia

 

Hay diversas variaciones del mito concerniente al trabajo de Hércules en el signo de Piscis. Se nos dice que había una isla donde vivía un monstruo humano llamado Gerión con un cuerpo de tres hombres unidos. Él tenía una manada de ganado rojo, guardada por un pastor y un perro de dos cabezas. Hércules recibió órdenes (Piscis es el signo de la obediencia) de traer estos animales desde la isla, a través de la tierra y el agua a la Ciudad Sagrada.

 

Hércules navegó hacia la isla en una copa de oro y cuando llegó allí trepó a la cima de una montaña y pasó la noche orando. Luego mató al perro de dos cabezas pero no mató al pastor. Mató también al dueño del ganado colorado. Aquí está la parte hermosa de la historia: Hércules colocó a todo el ganado en la copa de oro, en la que había navegado hasta la isla, lo llevó a la Ciudad Sagrada, y lo ofreció en sacrificio a Atenea, la Diosa de la Sabiduría. Esta Ciudad Sagrada constaba de dos villas conectadas por un maravilloso muro y una entrada llamada la Puerta del León. Después que el ganado fue entregado, el trabajo de Hércules había terminado. No oímos más acerca de él, pero él puede haberse dirigido hacia un trabajo cósmico mayor.

 

Pensemos en Hércules como en un salvador del mundo. Ha tenido una visión de algo que tiene que hacer. Ve a la humanidad poseída por un monstruo, un hombre de tres cuerpos, el símbolo de un ser humano con sus cuerpos, mental, emocional y físicos unidos. Yo pienso que este trabajo aún no ha sido completado; esta realización está por delante. Ha habido otro hijo de los hombres, sacado de la familia humana de tiempo en tiempo, uno aquí, uno allá, un grupo aquí, otro allá, como cuando Buda estuvo en la tierra y se dice que salvó a novecientos. Ahora la humanidad, el monstruo humano, está lista para la salvación, y el verdadero trabajo del Salvador del Mundo puede empezar en conjunto, con el concepto de grupo sustentando el trabajo, más bien que una salvadora alma individual.

 

El simbolismo del ganado colorado es evidentemente el de los deseos inferiores, siendo siempre el deseo una característica sobresaliente de la humanidad. Ellos están cuidados por un pastor, que es la mente, el perro de dos cabezas representando el aspecto materia y la naturaleza física. Ustedes ven por qué Hércules se compadeció del pastor. La mente puede no solamen­te ser el pastor del ganado, sino también el perro de dos cabezas, la naturaleza psíquico‑emocional y el aspecto materia, que Hércules mató, que significa que estaban desprovistos de todo poder. El pastor aún tenía poder y yo no puedo concebir ningún tiempo en el cual un ser humano encarnado, no necesite usar la mente como el intérprete de la energía espiritual.

 

Si Jesús, como un ser humano en armonía con su alma, llega a ser un emisor de luz para los hijos de los hombres, de igual manera nosotros podemos ampliar el concepto y pensar en la humanidad en conjunto con todas las mentes mantenidas firmes en la luz, transmitiendo a los reinos inferiores de la naturaleza, esa energía espiritual que los elevará al cielo. Ese es el trabajo de la humanidad. Estamos tan ocupados con nuestros propios problemas que olvidamos el cuadro más amplio. Hay que señalar asimismo que el guardián del ganado, el aspecto forma, también fue matado, pero el pastor y el ganado fueron levantados en la copa de oro. Aquí tienen ustedes el Santo Grial; y así se realizó el trabajo. El Salvador del Mundo había cumplido su función; había levantado a la humanidad. Eso es lo que han hecho todos los salvadores del mundo. Todos ellos hicieron lo que en mayor grado, hizo Cristo.

 

Oímos hablar sobre el fracaso del Cristianismo. Yo no veo fracaso en parte del Gran Plan. Tal vez lentitud, pero, ¿saben ustedes cuán desastroso sería si la evolución fuera demasiado rápida, cuán peligroso sería si la gente fuera sobreestimulada antes de que estuviera lista? Todos los Maestros conocen los peligros de la sobreestimulación, los desastres que ocurren cuando una persona hace ciertos contactos antes de que el mecanis­mo sea suficientemente puesto a punto. Los salvadores del mundo tienen que trabajar lentamente, pues el tiempo no significa nada para ellos.

 

El término salvador del mundo, ha sido hasta ahora asociado con el pensamiento del surgimiento de un gran hijo de Dios fuera del hogar de su Padre, llamado a hacer un gran trabajo por la necesidad de la humanidad. A través de las edades ellos han venido, han habitado en cuerpos físicos, han trabajado a través de una naturaleza emocional y han sido sumamente inteligentes. Han establecido con su vida, un ejemplo que nosotros podemos seguir en sus pasos; con sus palabras han dado la señal, el mensaje que la humanidad necesitaba para dar el paso siguiente hacia adelante. En sus actos han dado una demostración de servicio, han marchado por el mundo hacien­do el bien, y sus nombres han permanecido con nosotros a través de las edades. Se debe ser una figura sumamente dominante para permanecer en la mente de los hombres por miles de años. La mayor parte de nosotros somos olvidados en veinte años.

 

Aspecto Significativo del Signo

 

El signo Piscis marca un espacio triangular en los cielos, un símbolo de la realidad. Este signo gobierna los pies y de ahí la idea de pisar el Sendero y alcanzar la meta que ha sido la fundamental revelación espiritual de la era de Piscis.

 

Piscis es también el signo de la muerte en varios aspectos. A veces la muerte del cuerpo, o puede ser que una vieja tontería ha llegado a su fin, una amistad indeseable cesará, la devoción a alguna forma religiosa del pensamiento que se ha sostenido, terminará ahora, y uno surgirá y colocará sus pies sobre un nuevo sendero. Es el signo de la muerte para la personalidad. Si nosotros pudiéramos abandonar la idea de los velos de la personalidad, estaríamos dispuestos a abandonar la personalidad. También significa la muerte de un salvador del mundo, pues es el signo de la crucifixión y marca el fin de un ciclo zodiacal.

 

Hay tres signos de salvación en el Zodíaco. Primero, Leo, de donde la palabra sale para el ser humano, “Iabra tu propia salvación". Así tenemos en Leo al hombre determinado a pararse sobre sus propias piernas, se vuelve envanecido y dogmático, pero esto es necesario para la salvación, porque sólo sometiendo a prueba su equipo llegará al punto donde aparece una perspectiva más amplia. El segundo signo de salvación es Sagitario, el signo del servicio y el silencio, donde el hombre dogmático, cansado de hablar de sí mismo y de abrirse camino, se pierde de vista a sí mismo en la meta y sirve silenciosamente. Entonces llegamos al tercer signo, Piscis, el de los salvadores del mundo.

 

La primera constelación en Piscis es ese curioso racimo de estrenas llamado "La Faja”, conectando los dos peces, un pez dirigido hacia el norte y otro nadando en el horizonte. El pez dirigido directo hacia el norte es el símbolo del aspirante a los misterios, mientras que el pez en el horizonte representa a la persona común.

 

La segunda constelación es Andrómeda, la mujer encadenada. Tenemos tres mujeres entre las constelaciones, Casiopea en Aries, representando al alma recién empezando a afirmarse. Andrómeda, la mujer encadenada, en Piscis representa la materia subyugada.

 

La tercera constelación en Piscis es el Rey llamado Cefero, el esposo de Casiopea y padre de Andrómeda. Esto sugiere que "El Rey" representa el Espíritu o el aspecto Padre. .

 

Existe en la naturaleza el reino humano y por encima de él hay otros reinos, el espiritual, el cósmico; y por debajo de él los reinos animal, vegetal y mineral. El trabajo de los inteligentes hijos de Dios es actuar como transmisores, vía la mente, de energía espiritual, que salvará y vitalizará a todos los reinos inferiores de la naturaleza.

 

La Segunda Venida de Cristo

 

¿Cómo puede venir el Salvador del Mundo? Podría venir como vino antes, en un cuerpo físico con sus desventajas inherentes. Están surgiendo en el mundo hoy en día, nuevas facultades que no eran puestas de manifiesto cuando Él vino antes. Somos mucho más sensibles de lo que nunca fuimos: estamos abiertos de par en par para nuestros mutuos pensamientos, y si un pensador tan poderoso como Cristo, sea lo que fuere que podamos querer decir con esa palabra, está en relación con los asuntos del mundo, me parece que Él podría ensayar otro método. Puede trabajar con los suyos en cualquier campo, protegiendo a sus discípulos dondequiera se encuentren, y porque el alma de Él y la de ellos son una, comunicarles el Plan, indicarles las tenden­cias, darles el nuevo mensaje, y repetirse en cada país. Ya está ocurriendo hoy en día. En cada país se pueden encontrar aquellos que saben; no dije aquellos que dicen que saben. Pero hay un grupo de seres humanos, integra­dos ahora, que no hacen ruido, no están interesados en ellos mismos, pero sobre quienes está colocada la carga de guiar a la humanidad. Están empe­zando movimientos que tienen en sí la nueva vibración, están diciendo cosas que son universales en su carácter, están enunciando principios que son cósmicos, son inclusivos, no exclusivos, no les importa qué terminología use un hombre; insisten en que un hombre guardará su propia estructura interior de la verdad para sí mismo, y no la impondrá a nadie más, se reconocen mutuamente dondequiera se encuentran, hablan un idioma universal, de­muestran la luz universal, son servidores y no tiene interés en ellos mismos.

 

Estoy convencida que ningún individuo Salvador del Mundo, vendrá a nosotros, utilizando un cuerpo físico. Yo creo en ese individuo Salvador del Mundo, pero creo que Él salvará al mundo a través del grupo. Yo creo que Él trabajará a través de los suyos; que Él está entrenando a la gente ahora, para que llegue el día en que este grupo sea tan poderoso por su meditación silenciosa y la fuerza de su servicio al mundo, que será reconocido como el Salvador; pero no en nuestra época.

 

El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo

 

Tal grupo como acaba de ser descripto, ya existe. Hay dos cosas que debemos hacer. Primero, aprender a reconocer la nueva señal cuando viene de los discípulos dondequiera se encuentren, y segundo, prepararnos para formar parte de ese grupo. La señal del valor de esas gentes no es la autoafir­mación; ellos están demasiado ocupados haciendo trabajo de salvación para tener tiempo de hablar acerca de sí mismos. Trabajan a través de la medita­ción, que los mantiene en contacto con la espiritualidad que ellos mismos representan; y por lo tanto, están en contacto con la Gran Vida, el salvador del Mundo, que vierte su fuerza y energía a través de ellos, hacia el mundo. Ellos orientan sus mentes en esa dirección, sirven inteligentemente y no están apurados.

 

El mensaje que les llega desde lo interno está expresado en las palabras simbólicas, "Lo que yo te digo en la oscuridad, háblalo tú en la luz". A cada uno se le dirá una cosa diferente según la necesidad de la gente que lo rodea, que llegará deliberadamente dentro de la oscuridad para entregar un mensaje de luz. Por lo tanto, ellos no están atados por dogmas o doctrinas, porque tienen la palabra que les ha llegado en la oscuridad, la que han labrado para sí en la lucha y el esfuerzo de sus propias almas. Ellos encuentran la necesidad de su prójimo, y de ellos es el mensaje de Cristo. "Yo les doy un nuevo mandamiento, que se amen los unos a los otros". Este no es un sentimiento. Seamos amantes y benévolos. Esa es simplemente una conducta decente; pero el amor que Cristo proclamó es una comprensión inteligente y una apreciación de la necesidad del individuo, tal como ustedes la encuentran. Cuando ustedes tienen que luchar con la desesperada necesidad de la gente, no tienen tiempo para pensar en "ser afectuosos" en el sentido ordinario. Pueden tal vez crear una atmósfera alrededor de ustedes mismos, tal como para que ellos piensen a través de ella en su propia solución. Esa es la verdadera forma de trabajar. Mientras ustedes estén ocupados en ser afectuosos, estarán ocupados con sus propia personalidad.

 

"Un nuevo mandamiento les doy" puede ser resumido en "inclusividad", el signo característico de la Nueva Era, el espíritu universal, la identificación, la unidad con todos tus semejantes. Eso es amor y él los mantendrá ocupados; ustedes no tendrán tiempo para hablar del amor, estarán ocupados haciendo cosas, grandes cosas y pequeñas cosas, cosas sin importancia y cosas impor­tantes.

 

¿Cómo nos prepararemos para llenar ese requerimiento, para poseer esas características que automáticamente nos colocan dentro del grupo de servidores del mundo? Ustedes nunca se encontrarán allí hablando acerca de ellos o con apreciaciones teóricas del problema. Se encontrarán allí haciendo correctamente todo aquello con lo que se enfrenten. Eso suena muy poco interesante, pero sea cual fuere el deber de ustedes, háganlo. Cultiven la recta actitud interior y estén abiertos de par en par para todos sus semejantes. Aprendan a meditar, y aprendan verdaderamente a meditar. No estoy hablan­do de entrar en el silencio, de sentarse y tener un dichoso y apacible momento emocionado, esperando que se levantarán sintiéndose mejor.

 

La meditación, cuando es correctamente llevada a cabo, es un arduo trabajo mental, pues significa orientar la mente en dirección al alma, y ustedes aún no pueden hacerlo. Significa que cuando hayan aprendido a enfocar su mente en el alma, deben sostenerla firmemente, allí; y cuando hayan apren­dido a hacer eso, deben aprender a escuchar en su mente lo que el alma les está diciendo, y eso aún no pueden hacerlo. Luego deben aprender a recibir lo que el alma les ha dicho, y formar con ello palabras y frases y volcarlo al cerebro que está aguardando. Eso es la meditación, y es siguiendo ese proceso que llegarán a ser un servidor del mundo, pues entonces serán la fuerza de lo que han llevado a cabo. Automáticamente se encontrarán protegidos por ese Gran Uno cuya misión es levantar a la humanidad de la oscuridad a la luz, de lo irreal a lo real.

 

Conferencia dada por A.A.B. ‑ 1936. Editada y condensada.

 

 

El propósito del Estudio del mito de Hércules *

 

Las primeras escrituras para la raza humana fueron escritas por Dios en la Tierra y en los Cielos. La lectura de estas Escrituras es la Ciencia. La familiaridad con la hierba y los árboles, los insectos y los infusorios, nos enseña más profundas lecciones de amor y fe que lo que nosotros podamos recoger de los escritos de Fenelón y San Agustín. La gran Biblia de Dios está siempre abierta ante la humanidad.

‑ Albert Pike

 

Los cielos declaran la gloria de Dios; y el firmamento muestra la obra de sus manos.

‑Salinos 19:1

 

El progreso de un discípulo del mundo está ilustrado en los cielos por los Trabajos de Hércules a través de los signos zodiacales. Es como si Dios hubiera dibujado en el espacio su Plan para lograr la evolución del espíritu humano de regreso a su fuente.

 

*     *     *

 

    El intenso interés revelado en este tiempo por la vida espiritual, es en sí mismo, la garantía para un estudio tal como los Trabajos de Hércules. La religión académica, dogmática y teológica, no tiene más su antigua atracción pero, a pesar de una rebelión general contra la religión organizada o eclesiástica, el impulso hacia las realidades espirituales, no ha sido nunca más agudo de lo que es hoy en día. El período de experiencia empírica en larga escala, está con nosotros. Los hombres y las mujeres en todas partes rehusan seguir creyendo en las declaraciones autoritarias de las iglesias, o aceptar ciegamente las sentencias de cualquier teología. Ellos están determinados a conocer por sí mismos los hechos de la experiencia mística interior, si tales hechos pueden ser descubiertos, y entender la naturaleza de esa identidad que llamamos alma.

 

El mundo circundante está maduro para la renovación de una fe viviente y de la religión que estará basada en un conocimiento personal y no en las declaraciones y las interpretaciones de las mentes limitadas. El Dr. Rufus Jones, el gran líder cuáquero, llama la atención sobre este hecho en palabras que merecen ser citadas:

 

"...un brote de misticismo es siempre un signo de que el alma del hombre está expresando una vigorosa protesta contra la intrusión de algún sistema de vida organizado que amenaza dejar un campo y área insuficientes para su propia, libre iniciativa y su espontánea actividad creadora. Es un axioma que el alma tiene ciertos derechos inherentes y capacidades, un dominio de sí misma, que debe ser respetado y sostenido como sagrado. A veces el misticismo ha sido la protesta del espíritu del hombre contra la corteza endurecida del dogma, a veces una rebelión contra el clericalismo".

The Philosophic Basic of Mysticism

TH. Hughes, página 46

 

En días de oscuridad y aparente inercia espiritual, este renacimiento del interés en las realidades superiores, aparece inevitablemente, garantizando que el espíritu del hombre está en su camino, y que la realidad permanece inalterada detrás de la superficie cambiante de los sucesos materiales. La verdadera necesidad de la hora requiere el sonido de una nota clara, y a la nueva mística que emerge y al conocedor, se le da la tarea de emitir este sonido. "Lo que encontramos en la mística es un órgano intensificado para la afirmación de la realidad de Dios y para la más rica interpretación de Su carácter". Con estas claras palabras, el Dr. Jones llama nuestra atención sobre el trabajo hecho eternamente en el campo espiritual por el despierto busca­dor.

 

La verdad está, como el ave fénix, surgiendo de nuevo en el campo de la experiencia humana, pero será la verdad que se siente y se conoce y no la verdad que es exigida por la fuerza a través del autoritarismo y la antigua tradición; pues la verdad, como nos dice Bernard Shaw, es “lo que por tu experiencia tú sabes que es verdad y en tu alma sientes que es la verdad". Estas renovaciones de la vida espiritual de la raza, son recurrentes y cíclicas; ellas pueden ser de una naturaleza emocional o intelectual, pero sirven para conducir la vida subjetiva de la raza a una nueva y más rica fase de experiencia, y para compensar y a veces para interpretar las más materiales y científicas tendencias paralelas que se puedan ver.

 

El problema de todo maestro y escritor hoy en día es descubrir nuevas formas para expresar las mismas verdades fundamentales, y así presentar las antiguas fórmulas y reglas del camino que conducirán al hombre a la próxima etapa en su desarrollo espiritual. Las viejas verdades adquirirán entonces nuevos significados y vibrarán con nueva vida. Han habido muchos libros escritos sobre el tema del Sendero del Discipulado. Una nueva presentación de los problemas que se encontrarán en el Sendero universal, y un análisis de las dificultades que se encontrarán mientras se marcha por él, no está garantizada como valedera, a menos que la aplicación pueda ser general, práctica y expresada en tales términos que satisfaga la necesidad del moderno estudiante. Un estudio de los Doce Trabajos de Hércules, cubriendo, como ellos lo hacen, cada aspecto de la vida del discípulo puede capacitarnos para lograr una actitud diferente y liberarnos dentro de esa alegría en el Sendero y esa libertad en el servicio, que es una compensación más que adecuada por las pérdidas temporarias y las angustias momentáneas que pueden poner a prueba la naturaleza inferior.

 

Una de las grandes revelaciones que han pasado casi inadvertidas para la humanidad durante el último siglo, ha sido la lenta alborada sobre nuestras conciencias del hecho de nuestra propia inherente divinidad esencial. Los hombres están reconociendo que ellos son en verdad "hechos a imagen de Dios", y son uno en naturaleza con su Padre en el Cielo. También hoy en día, los propósitos y planes subyacentes en el trabajo creador de Dios, están siendo ampliamente estudiados tanto desde el punto de vista científico como desde el religioso, trayendo cambios definidos en la actitud del hombre hacia la vida en general. Es este plan de desarrollo para el hombre, individual y racial, que se revela en la historia de este antiguo Hijo de Dios. Se nos da un cuadro sintético y completo del progreso del alma desde la ignorancia a la sabiduría, desde el deseo material a la aspiración espiritual, y desde la ceguera de la humanidad infantil a la visión pura de aquellos que ven a Dios. Se llega a un punto en la historia en que la cooperación inteligente con el propósito del alma toma el lugar de la lucha y esfuerzo ciegos, y Hércules, que es un hijo de Dios como así también un hijo de hombre, puede avanzar por el camino con su rostro vuelto hacia la luz, irradiada por la alegría de aquellos que saben.

 

Este viejo relato, no deja sin tocar ninguna de las fases en la vida del aspirante y aun lo vincula incesantemente con la empresa cósmica. Se encontrará que su tema es tan inclusivo que todos nosotros, inmersos en los problemas de la vida, podemos aplicar a nosotros mismos las pruebas y ensayos, los fracasos y logros de esta heroica figura, que se esforzó, hace siglos, hacia la misma meta por la que estamos esforzándonos. A través de la lectura de esta historia, un nuevo interés en la vida espiritual puede ser evocado en la mente del perplejo aspirante, y él avanzará con nuevo coraje a medida que logra un cuadro secuencial del desarrollo universal y del destino.

 

Nosotros encontramos, a medida que estudiamos este antiguo mito, que Hércules emprendió ciertas tareas, simbólicas en naturaleza pero universales en su carácter, y que él pasó a través de ciertos episodios y sucesos que retratan, para siempre, la naturaleza de la disciplina y de los logros que deben caracterizar a un hijo de Dios, marchando hacia la perfección. Él permanece como el encarnado pero todavía no perfeccionado Hijo de Dios, el que, en una etapa particular en el ciclo evolutivo, se hace cargo de su naturaleza inferior y voluntariamente se somete a la disciplina que eventualmente dará lugar al surgimiento de su innata divinidad. De un errado pero sinceramente cuidadoso ser humano, inteligentemente conocedor del trabajo que hay que realizar, se crea un Salvador del Mundo, y nosotros vemos en los dos últimos trabajos cómo se llevó a cabo ese trabajo de salvación.

 

Tres grandes y dramáticas historias han sido narradas constantemente a la humanidad a través de los siglos: la de Hércules, la de Buda y la de Cristo, cada una de ellas pintando una de las etapas en el Sendero de la Divinidad. En la historia de Hércules, hemos pintado para nosotros las experiencias del Sendero del Discipulado y las primeras etapas del Sen­dero de la Iniciación. En el caso de Buda, la historia empieza después de la de Hércules y nosotros vemos que Buda logra la iluminación final, pasando por las iniciaciones de las que Hércules nada sabía, luego viene el Cristo histórico encarnando en sí mismo algo tan inefable, que nosotros lo vemos, de una manera única, como al representante de Dios. Estas tres historias revelan progresivamente el plan de Dios para el desarrollo del hombre, y nos convocan a seguir los pasos de Hércules, quien, caminó el Sendero del Discipulado y alcanzó su meta.

 

El oráculo ha hablado y a través de los siglos ha salido el grito: "Conócete a ti mismo". Este conocimiento es el logro sobresaliente en el Sendero del Discipulado, y se ve cuán secuencial e inteligentemente alcanzó Hércules este conocimiento. Lo vemos pasando alrededor de la gran senda de los cielos y realizando en cada signo uno de los doce trabajos, los que todos los discípulos están llamados a realizar. Lo vemos desde dos puntos de vista: el del discípulo individual y el de la humanidad en su conjunto, el gran discípulo del mundo del cual él es el prototipo. Es posible mirar a la humanidad como habiendo alcanzado, en masa, la etapa del aspirante, y mirar a la raza como estando en el sendero probatorio, el sendero de la purificación. Si el sufrimiento es el gran purificador, entonces lo arriba manifestado es ciertamente verdadero. Los hombres hoy en día son inteligentes, buscando seriamente una salida del presente atolladero material y aprendiendo a coordinar sus habilidades y capacidades mental, emocional y física en un esfuerzo para elevarse por sobre todo lo que hasta ahora los sujetó a la tierra. Esta etapa ha sido siempre expresada por los tipos más avanzados de hombres, pero nunca antes ha estado toda la familia humana en esta condición. Aquí reside la maravilla de la realización pasada, y aquí está la hora de nuestra maravi­llosa oportunidad.

 

Nosotros encontramos a Hércules empezando en este punto y pasando por diversas experiencias hasta que llega a la puerta abierta en Leo, a través de la cual él puede pasar al Sendero del Discipulado. Lo vemos aprendiendo las lecciones del equilibrio, de la abnegación y de la victoria sobre la natura­leza de deseos hasta que llega a ser el discípulo unidireccional en Sagitario, antes de pasar por la puerta que conduce al monte de la iniciación. Lenta y dolorosamente, él aprende la lección de que la competencia, y el egoísmo codicioso deben desaparecer, y que el aferrarse a cualquier cosa para el separado yo interior, no es parte de la misión de un hijo de Dios. Él se encuentra como un individuo, sólo para descubrir que el individualismo debe ser inteligentemente sacrificado para el bien del grupo; él aprende que la codicia personal no tiene lugar en la vida del aspirante que está buscando la liberación del siempre recurrente ciclo de la existencia y de la constante crucifixión sobre la cruz de la materia y de la forma. Las características del hombre inmerso en la vida de la forma y bajo la regla de la materia son el temor, la competencia individual y la codicia. Estos tienen que dar lugar a la confianza espiritual, la cooperación, el conocimiento del grupo y el desinte­rés. Estas son las lecciones que Hércules nos aporta.

 

Esta es también la historia del Cristo cósmico, crucificado desde el prin­cipio de la creación sobre la cruz fija de los cielos. Esta es la historia del Cristo histórico, dada a nosotros en la historia del evangelio y establecida para nosotros hace dos mil años en Palestina, cuando nuestro sol entró en el signo del Salvador del mundo, el signo de Piscis, los peces. Esta es la historia de cada hombre individual, crucificado sobre la cruz de la materia y de la existencia, y descubriendo que él es en verdad un hijo de Dios encarnado en cada ser humano. Dios, encarnado en la materia. Tal es la historia del sistema solar, la historia de nuestro planeta, la historia de todo hombre. Mientras miramos los cielos estrellados arriba de nosotros, tenemos este gran drama, eternamente representado para nosotros.

 

* El material anterior fue preparado por Dorothea Cochran a pedido de la Sra. Bailey y fue encontrado entre sus papeles. Este extracto parece proveer una apropiada nota concluyente para la serie de Hércules.

 

 

Resumen de las lecciones aprendidas en cada Signo Zodiacal

 

El siguiente compendio de notas en los signos zodiacales se ofrece como una base para un estudio más amplio y una más rápida referencia.

 

 

Aries, El Camero

 

Elemento:                  Signo de fuego (como lo son también Leo y Sagitario).

 

Cualidad:                     La Iniciación. Los Comienzos. La Voluntad o el Poder se expresan a través de los grandes procesos creativos. En las primeras etapas, las actividades están dirigidas hacia el lado material de la vida; más tarde hacia el lado espiritual.

 

Polo Opuesto:           Libra. Un signo de aire (la balanza).

 

Regentes:                   Exotérico, Marte; Esotérico, Mercurio.

 

Palabras claves:         Desde el punto de vista de la forma, "Que la forma sea buscada nuevamente"; desde el punto de vista del alma, "Surjo, y desde el plano de la mente, rijo".

 

 

Tauro, el Toro

 

Elemento:                  Signo de tierra (como lo son también Virgo y Capricornio).

 

Cualidad:                   El deseo, para la masa de los hombres; la voluntad o el propósito dirigidos por el discípulo.

 

Polo Opuesto:           Escorpio, signo de agua (conflicto de dualidad, el deseo vencido; el discipulado triunfante).

 

Regentes:                   Exotérico, Venus; Esotérico, Vulcano.

 

Palabras claves:         Desde el punto de vista de la forma, "Que la fuerza sea perseverante”; desde el punto de vista del alma, "Veo, y cuando el Ojo está abierto, todo se ilumina".

 

 

Géminis, los Gemelos

 

Elemento:                  Signo de aire (como lo son también Libra y Acuario).

 

Cualidad:                   La dualidad. Amor‑Sabiduría. Fluidez. Control de cada par de opuestos. El subyacente amor de la Deidad alcanza nuestro sistema solar a través de Géminis.

 

Polo Opuesto:           Sagitario. Un signo de fuego (unidireccionalidad; prepara­ción para la iniciación).

 

Regentes:                   Exotérico, Mercurio; Esotérico, Venus.

 

Palabras claves:         Desde el punto de vista de la forma, "Que la inestabilidad haga su trabajo"; desde el punto de vista del alma "Reco­nozco a mi otro yo y en la declinación de ese yo, crezco y resplandezco".

 

 

Cáncer, el Cangrejo

 

Elemento:                  Signo de agua (como lo son también Escorpio y Piscis).

 

Cualidad:                   Sensibilidad de la masa; para el hombre común, identifica­ción de la masa con la forma; para el discípulo, servicio para las masas.

 

Polo Opuesto:           Capricornio, un signo de tierra (conocimiento espiritual después de la lucha; lugar de nacimiento de Cristo).

 

Regentes:                   Exotérico, la Luna; Esotérico, Neptuno.

 

Palabras claves:  Desde el punto de vista de la forma, "Que rija el aislamiento, y no obstante la multitud exista"; desde el punto de vista del alma, "Construyo una casa iluminada y moro en ella".

 

 

Leo, el León

 

Elemento:                  Signo de fuego (como lo son también Aries y Sagitario).

 

Cualidad:                   La sensibilidad conduciendo al conocimiento individual. Salida fuera del rebaño. Auto‑conciencia. Auto‑afirmación.

 

Polo Opuesto:           Acuario. Un signo de aire (conocimiento del grupo, servicio del mundo).

 

Regentes:                   Exotérico y Esotérico son el mismo, el Sol.

 

Palabras claves:         Desde el punto de vista de la forma, "Que otras formas existan, yo rijo"; desde el punto de vista del alma, "Yo soy Ese y Ese Soy Yo".

 

 

Virgo, la Virgen

 

Elemento:                  Signo de tierra (como lo son también Tauro y Capricornio).

 

Cualidad:                   El único servicio en Virgo es que ambos, la forma y el espíritu son nutridos, protegidos, "Cristo en ti es la esperan­za de gloria".

 

Polo Opuesto:           Piscis, un signo de agua (el conocimiento de Cristo revelado como un Salvador del Mundo).

 

Regentes:                   Exotérico, Mercurio; Esotérico, la Luna.

 

Palabras claves:         Desde el punto de vista de la forma, "Que la materia reine”; desde el punto de vista del alma, "Soy la Madre y el Niño. Soy Dios. Soy la materia".

 

Libra, la Balanza

 

Elemento:                  Signo de aire (como lo son también Géminis y Acuario).

 

Cualidad:                   El equilibrio. Un intervalo donde se conoce la dualidad y la vida del alma y de la forma están equilibradas (Ley. Sexo. Dinero).

 

Polo Opuesto:           Aries, un signo de fuego (conciencia subjetiva, latente, voluntad de encarnar).

 

Regentes:                   Exotérico, Venus; Esotérico, Urano.

 

Palabras claves:         Desde el punto de vista de la forma, "Que se haga la elección”; desde el punto de vista del alma, "Elijo el camino que conduce entre las dos grandes líneas de fuerza”.

 

 

Escorpio, el Escorpión

 

Elemento:                  Signo de agua (como lo son también Cáncer y Piscis).

 

Cualidad:                   El conflicto. La prueba. El ensayo. El triunfo. Puntos de crisis. Momentos de reorientación. Punto decisivo en la vida de la humanidad y del individuo. Hércules se volvió el discípulo triunfante en Escorpio.

 

Polo Opuesto:           Tauro, un signo de tierra (el deseo y el crecimiento de la luz del alma),

 

Regentes:                   Exotérico y Esotérico, el mismo, Marte.

 

Palabras claves:         Desde el punto de vista de la forma, "Que Maya florezca y rija el engaño"; desde el punto de vista del alma, "Soy el guerrero y surjo victorioso de la batalla".

 

 

Sagitario, el Arquero

 

Elemento:                  Signo de fuego (como lo son también Aries y Leo).

 

Cualidad:                   Dirección enfocada. Actividad unidireccional. En las pri­meras etapas, satisfacción del deseo; en las etapas posterio­res, aspiración por la meta de la iniciación.

 

Polo Opuesto:           Géminis, un signo de aire (eventual control de la fluidez y de los pares de opuestos; fusión, síntesis, compensación).

 

Regentes:                   Exotérico, Júpiter; Esotérico, la Tierra.

 

Palabras claves:         Desde el punto de vista de la forma, "Que se busque el alimento"; desde el punto de vista del alma, "Yo veo la meta, alcanzo esa meta y entonces veo otra".

 

 

Capricornio, la Cabra

 

Elemento:                  Signo de tierra (como lo son también Tauro y Virgo).

 

Cualidad:                   Características extremas de los peores y los mejores tipos. Ambición. Cristalización. Lucha superada. Transfigura­ción. Conciencia del iniciado. "El unicornio de Dios".

 

Polo Opuesto:           Cáncer, un signo de agua (primera puerta a la encarnación).

 

Regentes:                   Exotérico y Esotérico, el mismo, Saturno.

 

Palabras claves:         Desde el punto de vista de la forma, "Que la ambición rija y que la puerta permanezca muy abierta”; desde el punto de vista del alma, "Estoy perdido en la luz suprema, aún así, vuelvo la espalda a esa luz".

 

 

Acuario, el Aguador

 

Elemento:                  Signo de aire (como lo son también Géminis y Libra).

 

Cualidad:                   Voluntad de servir, primero al yo inferior, luego al Yo superior. Servicio del mundo. Conciencia individual trans­mutada en conciencia de grupo.

 

Polo Opuesto:           Leo, un signo de fuego (conocimiento individual; impulso hacia el auto‑conocimiento; eventual auto‑dominio preparatorio para el servicio desinteresado).

 

Regentes:                   Exotérico, Urano; Esotérico, Júpiter.

 

Palabras claves:         Desde el punto de vista de la forma, “Que el deseo en la forma rija"; desde el punto de vista del alma, "Soy el Agua de Vida vertida para los hombres sedientos”.

 

 

Piscis, los Peces

 

Elemento:                  Signo de agua (como lo son también Cáncer y Escorpio).

 

Cualidad:                   Dualidad. Fluidez dotada de conciencia instintiva. Me­diumnidad. Mente polarizada no despierta. Intuición dor­mida. Muerte de la personalidad. Liberación del alma de la cautividad. Cristo, el Salvador del Mundo.

 

Polo Opuesto:           Virgo, un signo de tierra (la materia; Cristo en la cueva del corazón).

 

Regentes:                   Exotérico, Júpiter; Esotérico, Plutón.

 

Palabras claves:         Desde el punto de vista de la forma, "Entra en la materia" desde el punto de vista del alma, "Abandono el Hogar de Padre y al regresar, salvo".

 

"La ayuda tiene que venir de una fuente que no sea esta existencia limitada pero esta fuente no debe ser algo completamente fuera de nosotros, en el sentido que no tenga comprensión de nuestras limitaciones, y en consecuencia, que sea en alguna forma benévola con nosotros. La fuente de la ayuda debe tener el mismo corazón que el nuestro para que haya una corriente de compasión pasando entre los dos. La fuente de poder debe estar dentro de nosotros y no obstante estar fuera. Si no estuviera fuera, estaría sujeta a las mismas condiciones. Este es un eterno problema, estar y no estar, estar dentro y sin embargo estar fuera, ser finito y con todo, pronto a servir al infinito".

 

D. T. Suzuki

 

 

 

El Sendero del Alma a Través del Zodíaco

 

 

"El Sendero de las almas a la ascensión se extiende a través de

los doce signos del Zodíaco... el sendero que desciende es el mismo ".

 

Clemente de Alejandría

 

En la vida de Hércules, el alma en encarnación, y su progreso alrededor del Zodíaco desde Aries a Piscis en la rueda revertida, el sendero del discípulo, podría ser útil definir brevemente al Zodíaco para que podamos seguir sus trabajos inteligentemente. Podría también ser de beneficio averi­guar si, en nuestra tradición cristiana occidental, hay indicaciones de la influencia de la antigua ciencia de la astrología.

 

Ha habido muchas definiciones de la palabra “Zodíaco". La más usual es como sigue:

 

“...la palabra deriva del griego "zodion", un pequeño animal, siendo la completa expresión el círculo zodiacal, o círculo de animales. Esto era una faja imaginaria en el cielo, formada por dos círculos equidistantes desde la eclíptica y cerca de dieciocho grados apartada de ella, la que señalaba el sendero del sol, o en su revolución anual cuando las doce divisiones indicaban la sucesión de los meses en el año, o en su curso diurno, cuando las divisiones marcaban las horas del día y de la noche".

Astrología, el Vínculo entre Dos Mundos

por S. Elizabeth Hall, M. A.

 

Valentia Stratton también podría ser citada aquí:

 

"...en astronomía, dice la ciencia, el Zodíaco es una faja imaginaria en los cielos, de dieciséis o dieciocho grados de ancho, por el medio de la cual pasa el sendero del sol, (la eclíptica). El contiene las doce constelaciones, que constituyen los doce signos del Zodíaco, y por las cuales son nombrados... El propio Zodíaco astrológico, sin embargo, es un círculo imaginario que pasa alrededor de la tierra en el plano de la eclíptica, siendo su primer punto llamado Aries, 0 grado. Está dividido en doce partes iguales llamadas 'signos del Zodíaco', conteniendo cada una treinta grados de espacio, y en él se mide la exacta ascensión de los cuerpos celestes. El zodíaco móvil o natural es una sucesión de constelaciones que forman una faja de 47 grados de ancho, estando al norte y al sur de la eclíptica".

 

Glosario de El Banco Celestial del Norte

 

Walter H. Sampson nos da una explicación muy simple de la faja imagina­ria. El dice:

 

"El Zodíaco, propiamente hablando, es esa faja de los cielos por la cual pasa la aparente trayectoria del sol; su punto inicial es el equinoccio prima­veral, el cual como sabemos, está en continuo movimiento retrógrado a través de un círculo de constelaciones que están cerca de la eclíptica. El Zodíaco está dividido en doce porciones iguales de treinta grados cada una, corres­pondiendo vagamente a las doce constelaciones de Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Pis­cis

 

El Zodíaco: Un compendio de Vida

 

Alan Leo nos dice también:

 

" ... las constelaciones son grupos de estrellas fijas, siendo los doce grupos centrales llamados por los mismos nombres que los doce signos, aunque ellos no cubren la misma área de los cielos. La precesión de los equinoccios, causada por ‘movimiento' del sol a través del espacio, hace parecer que las constelaciones se movieran hacia adelante contra el orden de los signos, a razón de 50 segundos por año".

 

Diccionario de Astrología, P. 204.

 

Otro punto para ser recordado es proporcionado por Alan Leo en lo siguiente:

 

"Las doce constelaciones forman el Zodíaco de todo el sistema solar... lo mismo que la rotación de la tierra hace que los signos salgan y se pongan, estando un nuevo signo en la ascensión cada dos horas como promedio; así, como resultado de la precesión, el círculo mucho mayor de las constelaciones pasa de una parte a otra de la ascensión de la tierra, el punto equinoccial, el principio del Zodíaco. En esta forma, el gran día de la precesión, abarcando más de veinticinco mil de nuestros años, corresponde a uno de nuestros días, porque durante ese período las doce constelaciones se levantan y se ponen una vez”.

 

Ibid, p. 167.

 

La segunda cosa, por lo tanto, para recordar, es que hay dos Zodíacos, el mayor y el menor. El primero comprende las doce constelaciones a través de las cuales el sol y el sistema planetario parecen pasar en un gran ciclo de más de 25.000 años. El último es el mismo círculo de constelaciones a través del cual la tierra parece pasar en su revolución anual alrededor del sol, y es sobre éste que los astrólogos basan sus predicciones y emiten el horóscopo. Así nosotros tenemos en estos dos Zodíacos el símbolo del progreso de la Vida modelando a un sistema solar, una planta y un hombre.

 

"Así como la tierra en su tránsito anual alrededor del sol pasa cada mes por un signo del Zodíaco, nuestro sistema solar durante su gran tránsito alrededor del sol central del universo (Alcyone), pasa por cada signo del Zodíaco; pero en este ciclo mayor en vez de un mes, nuestro sistema solar requiere aproximadamente dos mil sesenta años para atravesar cada signo".

El Mensajero de Acuario, p. 23, por Homer Curtiss.

 

Una definición interesante y más probable de la palabra "Zodíaco”, es dada por el Dr. Ethelbert Bullinger en su libro El Teatro de las Estrellas. Él dice:

 

"La misma palabra Zodíaco viene del griego 'Zodiakon’, la que no procede de 'zoon’ 'vivir’, sino de una primitiva raíz, a través del hebreo 'sodi’, la que en sánscrito significa 'un camino’. Su etimología no tiene conexión con criaturas vivientes, sino que señala un camino o pasos y es usada para el camino o sendero que parece seguir el sol en medio de las estrellas en el curso de un año".

 

El Zodíaco, por lo tanto, es el Sendero o Camino. Cuando Cristo habló a sus discípulos como el Cristo Cósmico, Él les dijo "Yo soy el Camino", y a esto es posible darle un significado astrológico, pues los tres tipos de vida recorren este Camino cósmico, el Cristo Cósmico, el Espíritu Planetario y el ser humano.

 

Es interesante señalar que se habla del Zodíaco como de una ilusión y como de un sendero imaginario, una apariencia. El diccionario Webster, por ejemplo, define al Zodíaco como "el sendero imaginario del sol a través de los cielos”, y en todos los libros de referencia sobre el tema se pone énfasis sobre el hecho de que él es todo apariencia, la gran ilusión. Un escritor nos dice que:

 

"...para el astrónomo el Zodíaco es meramente la senda del so, la luna y los planetas, no teniendo más realidad que los recorridos de un transporte que se muestran en un atlas para la información de los que piensan viajar”.

El Zodíaco y el Ama, p. 1

por C.E.0. Carter

 

Cuando estudiamos este sendero imaginario surgen dos pensamientos. Somos enfrentados con el concepto de una progresión firme e incesante alrededor una y otra vez, de esta vasta faja de constelaciones. La idea de una eterna recurrencia y de una constante actividad, llevando con él según nosotros esperamos y creemos, un constante desarrollo, nos da una compren­sión de la magnitud de la Vida Una y una visión de un plan y un propósito emergiendo siempre, que sintetizan la ejecución inteligente del pensamiento de Dios.

 

La segunda idea, que encontró una respuesta tan fuerte en la mente humana que constituye lo que se llama “la ciencia de la astrología" y forma su premisa básica, es que cada uno de estos signos, a través de los cuales parecen pasar al sol y la tierra, son encarnaciones de energías que tienen un poderoso efecto sobre todas las formas de vida en nuestro planeta, y sobre el mundo de las ideas. La humanidad, se sostiene, ha sido y es afectada por las energías con las que hace contacto nuestro sistema solar mientras pasa entrando y saliendo alternativamente de las distintas constelaciones. Si esto es un hecho, y si podemos lograr una suficientemente amplia mirada retros­pectiva, debería seguramente ser posible demostrar la verdad de este argu­mento.

 

¿Cómo pues pueden ser efectivas estas energías? Se dice que son transmi­tidas a través de la forma del pensamiento. Volublemente usamos la frase, “la energía del pensamiento". Aquí la realidad de esta creencia es sometida a una prueba cósmica. De la muerte también se dice que es "una invención de nuestra imaginación".

 

 

Testimonio en Cuanto a la Efectividad de las Energías

Zodiacales en la Vida Terrestre

 

En el cuadro más amplio surgen ciertos hechos interesantes. Podemos decir, por ejemplo, que hace cuatro o cinco mil años, el sol estaba en alguna parte en el signo de Tauro, el Toro. Entonces teníamos el culto del toro en Egipto y en la India, y el sacrificio del buey sagrado, como en los misterios de Mitra.

 

Aproximadamente dos mil años antes del nacimiento de Cristo, nos dicen los astrónomos, el sol pasaba dentro del signo Aries, el Carnero o Cordero, y se produjo la dispensación de los judíos. En ese tiempo, por lo tanto, tenemos la inauguración de la Pascua judía y el sacrificio del cordero. Es interesante señalar en esta conexión el verdadero significado del pecado de los Hijos de Israel en el desierto. Nosotros leemos que ellos hicieron un becerro de oro y se prosternaban y lo adoraban, retrocediendo así en este acto a antiguas formas y sacrificios. El pecado de ellos consistió en una actitud reaccionaria y en no entender el significado de la nueva era que se aproxima­ba.

 

Asimismo los astrónomos nos dicen que, cuando Cristo nació en Palestina, fecha desde la que parte nuestra dispensación cristiana, el sol pasó por el signo de Piscis, los Peces. Tenemos, por consiguiente, el énfasis puesto en la historia del Evangelio sobre la simbología del pez. Cristo eligió a los pesca­dores para que estuvieran entre sus discípulos; realizó milagros con peces. Envió a Sus discípulos al mundo para que fueran pescadores de hombres; por cerca de dos mil años ha sido costumbre comer pescado en Viernes Santo y en días de ayuno. Así encontramos el sacrificio del cordero siguiendo al sacrificio del toro, y al símbolo del pez después del cordero, y eso mientras el sol pasaba aparentemente desde Tauro a Aries y desde Aries a Piscis.

 

Ahora estamos en el signo Acuario, el aguador, aunque aún no hemos entrado de lleno en ese signo, un proceso que tomará aproximadamente más de doscientos años. Estamos informados por los astrónomos que empezamos a transitar dentro de ese signo hace más o menos doscientos años, y es perceptible como, desde entonces. Acuario, el aguador, ha empezado a hacer sentir su presencia en el desarrollo del saneamiento y el uso prolífico del agua. Pero Acuario es un signo de aire y los cielos están llenos de aparatos voladores. También, por consiguiente, en sus formas exotéricas, la influencia de los signos es indudablemente verificada y hay una base real para la pretensión del esoterista de que cada nuevo signo trae a la tierra energías características, nuevos conceptos y nuevas oportunidades.

 

    También se puede mostrar que estos factores astrológicos han puesto su signo sobre nuestra tradición cristiana y sobre nuestro trato con la iglesia. Es interesante señalar en esta conexión que en nochebuena, la más brillante de las estrellas fijas, Sirio, se ve a la izquierda de la línea del meridiano, algo al sur. Hace dos mil años, debido a la precesión de los equinoccios, estaba en la línea del meridiano. Esta es la Estrella en el Oriente. Al mismo tiempo, la constelación de Virgo, la Virgen, se volvía visible en el este, y es interesante señalar la coincidencia de que Spica, la estrella más brillante en esa conste­lación, significa "una espiga de trigo”, y Belén, el pueblo donde nació Cristo, significa “la casa del pan". Cuando este arreglo se efectúa cíclicamente en los cielos, los grandes históricos Hijos de Dios hacen su aparición para la elevación de la humanidad y la salvación del mundo. También se dice que la conjunción de Saturno y Júpiter creaban una brillante, llamativa apariencia.

 

    Se podría dar otro ejemplo del efecto de las constelaciones sobre nuestra fe cristiana. Dos festividades han permanecido en las iglesias Católica Roma­na y en la Anglicana, llamadas la Asunción de la Virgen, que se celebra el 15 de agosto, y el Nacimiento de la Virgen el 8 de septiembre. Cada año el sol entra al signo de Virgo alrededor del 15 de agosto y las estrellas de las que él está compuesto se pierden de vista en la gloria de los rayos del sol. En el tiempo de la antigua representación del Zodíaco, el 15 de agosto vería la verdadera desaparición del grupo de Virgo, pero ahora el tiempo no es exacto, aunque la iglesia perpetúa la fecha original. El 8 de septiembre, o alrededor de él, la constelación puede ser vista desde nuestro planeta emer­giendo lentamente desde los rayos del sol y reapareciendo. De esto nosotros hablamos como del nacimiento de la Virgen.

 

    Otras dos indicaciones se pueden dar para mostrar cuán amplia y profun­damente ha afectado el Zodíaco nuestras creencias religiosas. Una será vista mientras estudiemos la significación de los Doce Hijos de Jacob y los anuncios hechos por su padre, y la otra surgirá cuando estudiemos el origen de la Cruz.

 

Las Cruces:

 

El tema de la Cruz es un tema demasiado amplio para ser dilucidado aquí. La cruz dentro del círculo es uno de los más antiguos símbolos del mundo, anticipándose en miles de años a la era cristiana. La cruz está originalmente formada por la acción recíproca entre los doce signos del Zodíaco. Hay en el Zodíaco treinta y seis cruces, pues cada signo está dividido en lo que se llama tres decanatos, los que antes eran conocidos como las treinta y seis estrellas cruzadas. El Zodíaco se completa con 360 grados, las escuadra de 90 grados es un cuarto de círculo, creando las cuatro esquinas, que es la cruz dentro del círculo.

 

Hay, sin embargo, tres cruces principales que en su simbología repre­sentan los tres aspectos divinos, Espíritu, Alma y Cuerpo. Ellas son como sigue:

 

1.      La Cruz Cardinal, que consiste en cuatro constelaciones:

 

      a.  Aries ..................... .................................. La Creación, el comienzo.

 

      b. Cáncer ................................................. La primera puerta a la existencia.

 

      c. Libra ..................................................... El equilibrio entre la vida y la forma.

 

      d. Capricornio .................. ........................  La puerta a la vida espiritual.

 

Esta es la cruz del Espíritu o del iniciado, y es interesante señalar que la palabra “cardinal" viene de una palabra latina que significa "el gozne de la puerta". La palabra "puerta" entra mucho en el concepto del discipulado e implica el período preparatorio para pasar a través de la puerta o portal de la iniciación. Aquí tenemos la idea de la puerta a través de la cual pasa el Cristo Cósmico al final de la era, cuando los cielos y la tierra se desvanecen los planes de Dios se consuman.

 

2. La Cruz Fija, que consiste en cuatro constelaciones:

a. Tauro ..................................................La iluminación. La mente.

 

          b. Leo....................................................... La individualidad. La autoconciencia.

 

          c. Escorpio............................................... La liberación final de la ilusión.

 

          d. Acuario ................................................       El servidor de la raza vertiendo el agua                                viviente de la purificación.

 

Esta es preeminentemente la cruz del alma y de verdadero interés porque es la cruz del discípulo Hércules. Él personificaba a estos cuatro signos, y fue crucificado sobre esta Cruz Fija. Estos cuatro signos son vistos en nuestra creencia como los Cuatro Signos Sagrados y los encontramos manifestados para nosotros en las cuatro criaturas vivientes del profeta Ezequiel. Estas cuatro criaturas tenían la cara de un hombre, Acuario; la cara de un León, Leo; la cara de un buey, Tauro; y la cara de un águila, Escorpio. Aquila, el Aguila, es astrológicamente intercambiable con Escorpio. Están simboliza­das asimismo en los cuatro evangelistas y en las cuatro bestias de las Revelaciones. Esta cruz es la cruz de todos los salvadores del mundo, y la cruz cardinal es la de la deidad, crucificada en el agua del espacio.

 

3. La Cruz Mutable o Común, que consiste en cuatro constelaciones:

 

a.        Géminis........................................... La interrelación entre lo superior e inferior.

 

b.       Virgo.................................................La forma que nutre al Cristo niño.

 

c.        Sagitario ................................................. El aspirante, apresurándose hacia la meta.

 

d.       Piscis.................................................La muerte. La consumación. El Salvador                                                            

                                                                del Mundo.

 

    Esta es la cruz de la vida cotidiana a la cual están sujetos todos los hijos de los hombres. Es la cruz de la crucifixión diaria y de la dificultad y simboliza el período de la encarnación, del crecimiento y desarrollo por medio de la forma y su uso. En estas tres cruces está resumida la historia del Cristo Cósmico, del Dios crucificado en la materia, de Hércules y de todos los discípulos, y del ser humano común. Ellas constituyen la totalidad de los doce signos.

 
   El Signo                              Hijo de Jacob               Observaciones
 
Aries.
El Carnero, Cordero                  Neftalí                   Neftalí es un juego sobre la palabra hebrea "taleh", el Carnero. Significa el caraco­leante y luchador carnero. Observar la historia de Abraham y el carnero atrapado en la maleza.
 
 
Tauro.
El Toro                                      Issachar                "Él dobló sus espaldas para aguantar". Esto se refiere al yugo y al trabajo de los bueyes produciendo cosechas.
 
 
Géminis.
Los Gemelos                              Simeón y               "Simeón y Ley¡ son hermanos”.
                                                          Levi             
 
 
Cáncer.
El Cangrejo                                Zabulon                El "anhelaba una morada viviendo en el puerto del mar”. El cangrejo lleva su habitación sobre su espalda y vive en la orilla del mar.
 
 
Leo.
El León                                      Judá                      Judá es un cachorro de león. "El se tendía como un león”.
 
 
Virgo.
La Virgen                                   Asher                    Este nombre viene de Islitar. Ashera es la diosa de la abun­dancia. Ella es representada como una virgen llevando una gavilla de trigo.
                                                                              Ver Génesis 49,20.
 
 
Libra.
Los Platillos o Balanzas              Dan                      Dan juzgará a su pueblo".
 
 
 
Escorpio
La Serpiente o Víbora                Dan                      Mencionado dos veces cuando dos hermanos son asignados a Géminis. "Dan será una serpiente que morderá los garrones de los caballos”.
 
 
Sagitario.                                   José                      "Su arco permanecía aguantando". Su caballo es el que Escorpio sigue rápido detrás.
 
 
Capricornio.
La Cabra                                   Benjamín               En los misterios egipcios Capricornio es representado como un Dios con cabeza de lobo. "Benjamín devorará como un lobo".
 
 
Acuario.
El Aguador                                Rubén                   Significa "el que vierte el agua". El agua viviente.
 
 
Piscis.
Los Peces                                  Gad                      Un juego sobre "Dag”, el pez.

 

 

 

 

Tránsito a través de los Signos

 

(Como un escenario en el drama desempeñado en cada Signo

esta breve reseña parece integrar la Serie de Hércules)

 

El progreso de Hércules desde el plano material, a través del plano emocional o del deseo, y hacia afuera en la manifestación física, y luego su tránsito a través de los doce signos, y por medio de los doce trabajos, hasta el punto donde se vuelve un inspirado Iniciado, puede ser bosquejado para nosotros brevemente en la siguiente representación:

 

En Aries (21 marzo ‑ 20 abril*, el Carnero), a través de la captura de las Yeguas Devoradoras de Hombres, lo vemos hacer su partida, reaccionar al impulso del pensamiento, y aprender algo del control de la mente. Como el discípulo inteligente, él empieza su carrera, comenzando con un indefinido impulso espiritual hacia la justicia y terminando como el salvador del mundo.

 

En Tauro (21 abril ‑ 20 mayo*, el Toro), él tiene que conocer la naturaleza del deseo, tiene que trasmutarla en aspiración, que dominar el sexo, y usarlo rectamente, y así capturar al Toro de Creta. Este fuerte impulso, y la potencia de la atracción, es, como veremos, lo que produce la gran ilusión, pero lo que puede, eventualmente, volverse la causa de la iluminación.

 

Pasando al signo de Géminis (21 mayo ‑ 20 junio*, los Gemelos), el progreso del discípulo, hasta aquí subjetivo y caracterizado por el pensamien­to y el deseo, resulta en la expresión en el plano físico. En este signo él llega al conocimiento de sí mismo como una personalidad y recoge las manzanas de oro del conocimiento, subordinando a su empresa los tres aspectos del yo personal inferior, el cuerpo físico, la naturaleza del deseo‑sentimiento y la mente.

 

En Cáncer (21 junio ‑ 21 julio*, el Cangrejo), la facultad superior de la intuición es puesta en juego, y esto está simbolizado para nosotros en la captura de la elusiva Gama o Cierva, sensible y difícil de encontrar. En sus cielos previos de experiencias de la vida, él ha trasmutado el instinto en intelecto, pero ahora como el discípulo, debe trasmutar el intelecto en intuición. Las correspondencias superiores de todos los poderes inferiores tienen que ser desarrolladas y utilizadas.

 

Así equipado, en Leo (22 julio ‑ 21 agosto*, el León), emprende el más conocido de sus trabajos, el matar al León de Nemea. Él demuestra en esta prueba el poder de hacer dos cosas y prueba a su vigilante maestro. Euristeo, que su personalidad reenfocada y coordinada se caracteriza por ese decidido coraje que es el don de la gente nacida en este signo, y atestigua también a través de este trabajo que lo inferior puede estar subordinado a lo superior. A través del servicio prestado y de la sensatez de su proceder, da una garantía de la fuerza de su propósito.

 

Nosotros podríamos considerar a estos cinco trabajos, en Aries, Tauro, Géminis, Cáncer y Leo, como cubriendo todo el período del Sendero del Noviciado y el matar al León de Nemea es el clímax de esa parte de la lucha. Ahora está listo para caminar el Sendero del Discipulado, en el cual Cristo, el morador, se revela gradualmente, la materia es firmemente subordinada a los usos del alma, y el aspecto forma viene a ser considerado simplemente como la madre del Cristo Niño. Este progresivo conocimiento empieza en Virgo, el sexto signo, el signo del pesebre, y se consuma en Capricornio, el décimo signo, el signo del nacimiento de todos los dioses del sol. En el Sendero del Discipulado, él tiene que demostrar, en segundo lugar, que ha vencido a la ilusión, que el mágico hechizo que impone la materia sobre el espíritu no lo engaña más. Esto es mostrado dramáticamente en el trabajo realizado en Escorpio, al matar a la Hidra de Nueve Cabezas. Después de Capricornio, se vuelve un servidor de la humanidad, consagrado al trabajo de la Jerarquía, y esta dedicación espiritual al servicio, encuentra su expresión en los dos últimos signos del círculo zodiacal, los de Acuario y Piscis.

 

En Virgo (22 agosto ‑ 21 septiembre*, la Virgen), por lo tanto, el primero de los signos del discípulo, realiza su sexto trabajo, y se apodera del cinturón de Hipólita, la Reina de la Amazonas. Es interesante señalar que el primer trabajo en el sendero probatorio empezó con un fracaso parcial, en Aries, y el primer trabajo en el Sendero del Discipulado en Virgo, es también "hecho, pero mal hecho". El discípulo nunca debe abandonar su guardia, pues siempre está el peligro del error y la equivocación. Sus verdaderas virtudes pueden llegar a ser su problema y se nos dice que es posible aun para un elevado iniciado hijo de Dios desistir del sendero de la Realización. Su fracaso es, sin embargo, sólo temporario. Nuevas oportunidades aparecen. La consecuencia de su equivocación ha sido la demora, pero al día de la restauración y de la renovación se repetirá inevitablemente. En Virgo noso­tros hemos descrito la preparación para la primera iniciación, el nacimiento del Cristo, llamado en la cristiandad, el nacimiento de Cristo en el corazón. Esto es un acontecimiento en el plano físico como así también muy transcen­dental, como lo encontramos cuando estudiamos los signos de Virgo y Capricornio.

 

En Libra (22 septiembre ‑ 21 octubre*, la Balanza), Hércules captura al jabalí y a través de la realización de este trabajo, demuestra su aptitud para tomar la segunda iniciación, la que concierne al cuerpo emocional. El equi­libra los pares de opuestos y lo demuestra de una manera divertida y simbó­lica. Prueba que la estabilidad y el equilibrio tienen ahora características acabadas y que es apto para emprender la tremenda tarea preparada para él en el signo siguiente.

 

En Escorpio (23 octubre ‑ 22 noviembre*, el Escorpión), entra en su prueba suprema, que es también la prueba suprema para la humanidad, y que, si estudiamos los tiempos y estaciones, aparece como aquella a la que la humanidad está sometida en el presente. El problema que Hércules tenía por delante era su emancipación de la ilusión y la liberación de la percepción de las brumas y miasmas del espejismo y las apariencias detrás de las cuales la Realidad misma se oculta. En este signo él pasa exitosamente a través de su más grande prueba y de allí en adelante su problema cambia. Ha controlado el deseo y ha demostrado su capacidad para vencerlo; está estabilizado y equilibrado en su punto de vista; ahora, porque no es engañado más por las apariencias y porque puede caminar unidireccionalmente en la Luz, él se vuelve un trabajador del mundo.

 

Esta unidireccionalidad está demostrada para nosotros en Sagitario (23 noviembre ‑ 22 diciembre*, el Arquero), donde tenemos la consumación de la tarea empezada en Aries, que era el uso correcto y el control del pensa­miento. En Aries él capturó a las Yeguas Devoradoras de Hombres y la dedicó a su uso. Ahora ahuyenta a las aves de Estinfale, Devoradoras de Hombres y pone fin a todas las inclinaciones a usar el pensamiento destruc­tivo.

 

En Capricornio (23 diciembre ‑ 20 enero, la Cabra), se vuelve un iniciado y aparece ante el mundo como un salvador, un liberado hijo de Dios, capaz de trabajar en el Infierno, en la Tierra o en el Cielo. Saca a Cerbero del Hades, y a través del simbolismo del perro de tres cabezas, retrata la elevación al Cielo de la personalidad, el triple aspecto material. Así demuestra que ha logrado el desarrollo necesario y experimentado las pruebas fortalecedoras que lo capacitarán exitosamente para pasar a través de la: experiencia de la tercera iniciación, la de la Transfiguración.

 

Los dos signos siguientes, Acuario y Piscis, nos muestran al liberado Hércules en su trabajo, la salvación del mundo. Sus pruebas no son más personales e individuales, sino que son universales en su aplicación y nos demuestran la inclusividad de la conciencia y la vastedad de los métodos empleados por el discípulo que ha trepado la montaña en Capricornio y no tiene más problemas personales.

 

En Acuario (21 enero ‑ 19 febrero*, el Aguador), Hércules, limpió los establos de Augías desviando un río a través de ellos. Estos no habían sido limpiados por muchos años. Así él vertió simbólicamente las aguas purifica­doras en servicio del hombre. Este es el importante signo en el cual estamos entrando ahora; el más bajo de todos los trabajos cae dentro de este signo, próximo al más culminante de todos los trabajos. Uno puede pensar con reverencia en Jesús el Cristo lavando los pies de sus discípulos, después de seguir al hombre con el cántaro de agua en sus hombros, dentro de la habitación superior.

 

En Piscis (20 febrero ‑ 20 marzo*, los Peces), encontramos por contraste el símbolo más elevado, pues aquí Hércules capturó el Rebaño Colorado, lo colocó en una copa de oro (el Santo Grial), y lo llevó hasta el Templo. Tal es la belleza que corona al signo en que el hombre se vuelve un salvador del mundo, habiendo sido redimido y trascendido todo lo que es animalidad. (Interpolado).

 

Este corto análisis de los doce trabajos, nos dará un cuadro algo sintético del trabajo hecho por cada discípulo que está realmente dispuesto a perse­verar a medida que progresa de Aries a Piscis. Es un arduo trabajo, lento y llevado adelante con grandes dificultades, y a menudo en ciega ignorancia de las fuerzas liberadas y de los resultados que se lograrán. Pero paso a paso el aspirante es conducido a lo largo del sendero del autoconocimiento. Su carácter y su naturaleza han sido probados y ensayados hasta que las cualidades que caracterizan la forma, han sido transmutadas en aquellas que revelan el alma.

 

*  Las fechas que se dan son aproximadas, ellas pueden variar de acuerdo a diferentes autoridades.

 

 

 

 

Este archivo fue descargado desde:

www.tibetano.miarroba.com

www.tibetano.narod.ru

kazinsky206@hotmail.com

kazinsky@yandex.ru

2004