Curación Esotérica

 

Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul

 

(Alice A. Bailey)

 

 

 

 


INTRODUCCIÓN

 

 

 El tema de la curación es tan antiguo como las mismas edades y ha sido siempre materia de investigación y de experimentación. Pero el correcto empleo de las fuerzas de curación y de la facultad de curar está en su infancia. Solo en esta era y generación, es posible, por fin, impartir las leyes de la curación magnética e indicar las causas de la enfermedad –originadas en los tres cuerpos internos- que hoy devastan la estructura humana, causan un sinfín de sufrimiento y dolor, y hacen que el hombre atraviese el portal que conduce al mundo de la existencia incorpórea. Recién ahora el hombre ha llegado a un grado de evolución de su conciencia en que puede comenzar a comprender el poder de los mundos subjetivos y la nueva y vasta ciencia de la psicología es su respuesta a este creciente interés. Los procesos de adaptación, eliminación y curación constituyen la preocupación de las personas que piensan y sufren. Tenemos mucho que hacer, por lo tanto les pido que tengan paciencia.

 

Cuando entramos en el reino de la curación, penetramos en un mundo de gran conocimiento esotérico y de infinidad de conclusiones, y enfrentamos las formulaciones de innumerables mentes, que en el transcurso de las épocas han tratado de curar y ayudar. El por qué y el motivo de las enfermedades ha sido tema de un sinfín de investigaciones y especulaciones y se han efectuado incontables deducciones categóricas respecto a la cura de tales dolencias. También se han formulado innumerables métodos, técnicas, fórmulas, prescripciones, variedad de manipulaciones y  teorías. Todo esto sirve para colmar la mente de ideas –unas correctas, otras erróneas- lo cual dificulta la entrada de nuevas ideas y la asimilación, por parte de los estudiosos, de lo hasta ahora desconocido.

 

Los aspirantes pierden valiosos conocimientos si rehúsan abandonar lo que la mente inferior estima. Cuando han logrado abrir su mente y estén dispuestos aceptar las nuevas teorías e hipótesis, descubrirán que las antiguas y estimadas verdades, realmente no se pierden, sino que son relegadas a su debido lugar en un esquema mayor.

 

Los iniciados de la Sabiduría Eterna son necesariamente sanadores, aunque quizás no todos curen el cuerpo físico. La razón de  ello es que todas las almas que han logrado cierta medida de ver­dadera liberación son transmisoras de energía espiritual. Esto, auto­máticamente, afecta algún aspecto del mecanismo utilizado por las almas con quienes entran en contacto. Cuando empleo la palabra mecanismo en estas instrucciones, me refiero a los diferentes as­pectos del instrumento, el cuerpo o naturaleza forma, a través del cual las almas procuran manifestarse, por lo tanto me refiero a:

 

1.      El cuerpo físico denso, suma total de todos los organismos que lo componen; éstos realizan las distintas funciones que permiten al alma expresarse en el plano físico u objetivo, como parte de un organismo mayor, más grande e incluyente. El cuerpo físico es el mecanismo de respuesta del hombre interno espiritual, y sirve para poner esta entidad espiritual en armonía con el mecanismo de respuesta del Logos planetario, esa Vida en la cual vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.

 

2.      El cuerpo etérico, tiene un fundamental objetivo, que consiste en vitalizar y energetizar al cuerpo físico y así integrarlo al cuerpo de energía de la Tierra y del sistema solar. Es una red de corrientes de energía, de líneas de fuerza y de luz. Consti­tuyó parte de la vasta red de energías que subyace en todas las formas, grandes o pequeñas -micro o macrocósmicas. A través de estas líneas de energía fluyen las fuerzas cósmicas, así como la sangre corre a través de las venas y arterias. Esta constante circulación individual (humana, planetaria y solar) de fuerza de vida a través del cuerpo etérico de todas las formas, es la base de toda vida manifestada y la expresión de la esencial no separatividad de cada vida.

 

3.      El cuerpo astral o de deseos (a veces denominado cuerpo emo­cional) es el efecto producido por la interacción del deseo y de la respuesta sensible sobre el yo que se halla en el centro, y el efecto resultante (en dicho cuerpo) se experimenta como emoción, dolor, placer y todos los pares de opuestos. En ambos cuerpos, el cuerpo etérico y el astral, reside el noventa por cien­to de las causas de las enfermedades y dolencias físicas.

 

4.      El cuerpo mental, o esa cantidad de sustancia mental o chitta, que la unidad humana individual puede utilizar e impresionar, constituye el cuarto mecanismo de la serie, a disposición del alma. Recordemos también que los cuatro cuerpos constituyen un solo mecanismo. El cinco por ciento de las enfermedades modernas se originan en este cuerpo u estado de conciencia; quiero aclarar aquí que lo que reiteran constantemente ciertas escuelas de curadores, de que la mente es la causa de todas las enfermedades, aún no es un hecho comprobado. Dentro de un millón de años, cuando la atención humana cambie su enfoque  de la naturaleza emocional a la mental, y cuando el hombre sea tan esencialmente mental como hoy es esencialmente emocio­nal, entonces las causas de las enfermedades deberán buscarse en el reino de la mente. Hoy pueden atribuirse, excepto en po­cos y raros casos, a la falta de vitalidad o al excesivo estímulo, y a las esferas del sentimiento, de los deseos (frustrados o excesi­vamente satisfechos) y también al carácter, a la supresión o expresión de anhelos profundamente arraigados, a la irritabili­dad, placeres secretos y muchos impulsos ocultos, que emanan de la vida de deseo del sujeto.

 

Este anhelo de ser y poseer, ha construido y está construyendo el mecanismo físico externo de respuesta, y hoy está forzando a ese mecanismo, que fue construido expresamente para fines físi­cos, a servir propósitos más subjetivos. Esto produce dificultades, y sólo cuando el hombre comprenda que dentro de la envoltura física externa existen otros cuerpos que responden a propósitos más sutiles, entonces veremos el gradual reajuste y la salud del cuerpo físico. De estas sutiles envolturas nos ocuparemos más ade­lante.

 

Naturalmente se preguntarán aquí: Qué plan general seguiré a medida que los instruyo sobre las leyes de curación, esas leyes que guían a los iniciados y gradualmente reemplazarán a los mé­todos físicos del actual arte de curar. Lógicamente querrán conocer la técnica especial que -como curadores- deben aprender a apli­car tanto ustedes corno los que tratan de curar. Delinearé brevemente la enseñanza que impartiré; señalaré dónde deben poner el énfasis, cuando comiencen a estudiar este tópico.

 

Primero, me ocuparé de las causas de las enfermedades, porque el estudiante esotérico siempre ha de comenzar en el mundo de los orígenes y no en el mundo de los efectos.

 

Segundo, elaboraré los siete métodos de curación que rigen el “trabajo de restitución” (denominado así en la terminología eso­térica) tal como lo practican los iniciados del mundo. Estos méto­dos determinan las técnicas que deben ser empleadas. Se observará que tales métodos y técnicas están condicionados por los rayos, (sobre los cuales ya he escrito) * y por lo tanto el curador debe considerar no sólo el rayo a que pertenece, sino también el rayo del paciente. Existen en consecuencia siete técnicas de rayo y éstas requieren una elucidación antes de poder aplicarlas inteli­gentemente.

 

Tercero, pondré el énfasis sobre la curación psicológica y la ne­cesidad de tratar al paciente de acuerdo a su vida interna, porque la ley básica que fundamenta toda curación ocultista puede decirse que es la siguiente:

 

 

LEY I

 

Toda enfermedad es el resultado de la inhibición de la vida del alma. Esto es verdad para todas las formas de todos los reinos. El arte del curador consiste en liberar al alma, a fin de que su vida pueda fluir a través del conglomerado de organismos que constituyen una forma determinada.

 

Es interesante observar que el intento de los científicos de libe­rar la energía del átomo es en general de la misma naturaleza que el trabajo del esotérico cuando se esfuerza por liberar la energía del alma. En tal liberación se halla oculta la naturaleza del verda­dero arte de curar. Aquí hay una insinuación esotérica.

 

Cuarto, consideraremos el cuerpo físico, sus enfermedades y sus males, pero sólo después de haber estudiado esa parte del hombre que se halla detrás del cuerpo físico denso y lo rodea. De esta ma­nera trabajaremos desde el mundo de las causas internas al mundo de los acontecimientos externos. Veremos que todo lo que concier­ne a la salud del hombre tiene su origen en:

 

1.      La suma total de fuerzas, sentimientos, deseos y procesos men­tales ocasionales que caracterizan los tres cuerpos sutiles y de­terminan la vida y experiencia del cuerpo físico.

 

2.      El efecto que produce sobre el cuerpo físico la condición en que se halla la humanidad corno un todo. Un ser humano es una parte integral de la humanidad; un organismo dentro de un organismo mayor. Las condiciones existentes en el todo serán reflejadas en la unidad-yo; y muchos de los males que el hombre sufre hoy, son efectos de las condiciones existentes en el cuarto reino de la naturaleza, no siendo el hombre responsable de ellas.

 

3.      El efecto sobre su cuerpo físico, producido por la vida planeta­ria, expresión de la vida del Logos planetario, una Entidad en evolución. Las implicaciones de esto están más allá de nuestra comprensión, pero los efectos son discernibles.

 

No tengo mayor interés en entrenar individuos para que lleguen a ser curadores más eficientes. Mi objetivo es que realicen las cu­raciones en forma grupal, pues me interesa el trabajo realizado en esa forma. Ningún grupo puede trabajar como una unidad, a no ser que se amen y sirvan mutuamente. La energía curadora de la Jerarquía espiritual no puede fluir a través del grupo si hay desarmonía y crítica. El primer trabajo, en consecuencia, de cualquier grupo de curadores, es establecer entre ellos una corriente de amor y trabajar mediante la unidad y comprensión grupales.

 

Quisiera puntualizar aquí la necesidad de tener paciencia a me­dida que se va integrando el grupo curador y las auras de sus miembros se fusionan. Llevará tiempo para que las personas apren­dan a trabajar juntas con perfecta comprensión e impersonalidad, y a la vez lograr, durante su trabajo, una centralización que produzca el necesario ritmo grupal, un ritmo de tal unidad e intensidad que el trabajo pueda sincronizarse internamente. A medida que los aspirantes y estudiantes trabajen en estas líneas, deben entrenarse a pensar como grupo y dar al grupo, sin mezquindad ni reticen­cias, lo mejor que hay en ellos y también el fruto de sus medita­ciones sobre tales cuestiones.

 

Podría agregar también que estas instrucciones deben ser en lo posible muy concisas. Me esforzaré para poner en breves palabras muchas verdades e informaciones, a fin de que cada frase trasmita alguna idea real y arroje verdadera luz sobre los problemas que enfrenta el grupo de curación. Lo que diré se dividirá en dos par­tes: Primero, me ocuparé del trabajo general de curación y ense­ñanza, y esto implica que he de impartir leyes, técnicas y métodos. Segundo, me ocuparé del curador, y cómo puede perfeccionarse en el arte de curar.

 

¿No es verdad que el primer requisito para todo curador es establecer una simpática armonía con el paciente, a fin de que el curador tenga una visión interna de la dificultad y gane su con­fianza?

 

Magnetismo e Irradiación son dos palabras que encierran los requisitos para todos los verdaderos curadores y deben esforzarse para adquirirlos. Un curador debe ser magnético sobre todas las cosas y atraer hacia sí:

 

a.       El poder de su propia alma; esto involucra alineamiento por medio de la meditación individual.

 

b.      A aquellos que él puede ayudar; esto involucra actitud des­centralizada.

 

c.       Esas energías que, cuando surge la necesidad, estimularán al paciente para que inicie la actividad deseada. Esto invo­lucra conocimiento ocultista y una mente entrenada.

 

El curador ha de saber también en qué forma debe irradiar, porque la irradiación del alma estimulará la actividad del alma del que debe ser curado, iniciándose el proceso de curación; la irradiación de su mente iluminará la otra mente y polarizará la volun­tad del paciente; la irradiación de su cuerpo astral o emocional controlada y desinteresada, impondrá un ritmo a la agitación del cuerpo astral del paciente, que le permitirá a éste actuar correc­tamente; mientras que la irradiación del cuerpo vital, actuando a través del centro esplénico, ayudará a  organizar el cuerpo-fuerza del paciente, facilitando así la tarea de curación. Por lo tanto el curador tiene el deber de ser eficaz y, de acuerdo con lo que él es, así será el efecto que producirá sobre el paciente. Cuando un cura­dor trabaja magnéticamente e irradia la fuerza de su alma sobre el paciente, éste podrá lograr más fácilmente el fin deseado lo cual puede ser la total curación o bien el establecimiento de un estado mental que le permitirá seguir viviendo con su dolencia, sin verse obstaculizado por las limitaciones kármicas del cuerpo, o quizás pueda liberarse debidamente (con alegría y facilidad) del cuerpo y obtener la completa salud a través del portal de la muerte.

 

 

Notas:  * Tratado sobre los Siete Rayos, Tomos I y II

 

PRIMERA PARTE

 

 

LAS CAUSAS FUNDAMENTALES DE LAS ENFERMEDADES

 

 

 Este es el problema por el cual toda la ciencia médica ha lucha­do para encontrar una solución en el transcurso de las épocas, y consiste en hallar las causas fundamentales de las enfermedades. En nuestra actual era mecanicista hemos deambulado demasiado sobre la superficie de las cosas, alejándonos del punto de vista parcialmente veraz, mantenido en siglos pretéritos, de que las enfermedades se hallan detrás de los “malos humores” gestados, y proliferan en la vida subjetiva interna del paciente. Por la evo­lución del conocimiento obtenido, hemos llegado ahora a la superfi­cie de las cosas (obsérvese que no empleo la palabra “superficial”) y ha llegado el momento en que el conocimiento puede volver a entrar en el reino de lo subjetivo y transmutarse en sabiduría. En la actualidad alborea el reconocimiento, en las mejores mentalidades de las profesiones médica y afines, de que en las actitudes subjetivas e ignotas de la mente y de la naturaleza emocional, y en la vida de inhibidas o excesivas expresiones sexuales, deben buscarse las causas de todas las enfermedades.

 

Al comenzar este estudio quisiera decirles que aunque yo cono­ciera la ultérrima causa de las enfermedades, para ustedes resul­taría incomprensible. La causa se halla muy atrás, en la historia del legendario pasado de nuestro planeta, en el curso (ocultamen­te interpretado) de la Vida planetaria, y tiene sus raíces en lo que se denomina generalmente “mal cósmico”. Esta frase no tiene nin­gún sentido, pero describe simbólicamente un estado de concien­cia, de ciertos “Dioses imperfectos”. Dada la premisa inicial de que la Deidad misma está trabajando para lograr una perfección, más allá de nuestra comprensión, se puede inferir de que existe para los Dioses mismos y para DIOS (como la VIDA del sistema solar) ciertas limitaciones y zonas o estados de conciencia que todavía esperan ser dominados. Estas limitaciones y relativas imperfecciones pueden causar efectos definidos sobre Sus cuerpos de manifes­tación -los distintos planetas considerados como expresión de Vi­das y el sistema solar considerado como expresión de una VIDA.

 

 Dada también la hipótesis de que tales cuerpos externos de la divinidad, los planetas, son las formas a través de las cuales ciertas deidades se expresan a Sí Mismas, puede deducirse verdadera y lógicamente que todas las vidas y formas dentro de esos cuerpos, están necesariamente sujetas a estas limitaciones y a las imperfec­ciones surgidas de esas zonas inexploradas de la conciencia y esos estados de percepción, hasta ahora no alcanzados por las Deidades encarnadas en la forma planetaria y solar. Dado el postulado de que cada forma es parte de una forma mayor, y que en realidad “vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser” dentro del cuerpo de Dios (como lo expresa San Pablo), nosotros, como parte integrante del cuarto reino de la naturaleza, compartimos esta limitación e imperfección generales.

 

Captar algo más de esta premisa general está más allá de nues­tro poder de comprender y expresar, pues el equipo mental general de los aspirantes y discípulos comunes es inadecuado para la tarea. Los términos “mal cósmico, imperfección divina, zonas limitadas de la conciencia, la libertad del espíritu puramente divina”, em­pleados tan superficialmente por los místicos y pensadores esoté­ricos de la época: ¿Qué significan en realidad? Las afirmaciones de muchas escuelas de curación, respecto a la máxima perfección divina, y la formulación de sus creencias de que la humanidad se liberará realmente de las comunes dolencias de la carne, ¿no son frecuentemente altisonantes, personificando un ideal basado a menudo en deseos egoístas? ¿No constituyen frases sin significado alguno en sus implicaciones místicas? ¿Cómo podría ser de otra manera, cuando únicamente el hombre perfecto puede tener una idea real de lo que constituye la divinidad?

 

Es mucho mejor admitir la imposibilidad de que el hombre comprenda las causas profundamente arraigadas de lo que puede verse surgir en la evolución de la vida de la forma. ¿No es más inteligente enfrentar las realidades y los hechos, tal como existen para nuestra actual comprensión, y entender que así como el hom­bre puede penetrar más inteligentemente en la mente de Dios que en la mente inferior del animal, también pueden existir otras mentes superiores, actuando en reinos más elevados de la natura­leza, que ciertamente han de ver la vida con más realidad y exacti­tud que el género humano? Es muy posible que el objetivo de la evolución (corno ha sido delineado y acentuado por el hombre), en último análisis, sea solo un fragmento de un objetivo mayor que el hombre, con su finita comprensión, puede captar. Todo el pro­pósito, tal como se halla oculto en la mente de Dios, quizás sea muy diferente de lo que el hombre podría concebir hoy; y el mal y el bien cósmicos, reducidos a terminologías, pueden perder todo su significado y sólo ser vistos a través del espejismo y la ilusión  con que el hombre rodea todas las cosas. Las mejores mentalidades de esta era están comenzando ya a ver el primer tenue rayo de luz que horada este espejismo y sirve para revelar la realidad de la ilusión. Por medio de esta Luz se les revelará la siguiente verdad a quienes estén a la expectativa y posean mente abierta: La Deidad misma se halla en el camino de la Perfección. Muchas son las im­plicaciones que encierra este enunciado.

 

Al tratar las causas de las enfermedades, adoptaremos la posi­ción de que la fundamental y ultérrima causa cósmica escapa a nuestra captación, y que sólo a medida que el Reino de Dios se vaya revelando en la tierra, obtendremos un real entendimiento de la amplia y general difusión de las enfermedades en nuestro planeta y en los cuatro reinos de la naturaleza. Sin embargo pue­den exponerse unas pocas enunciaciones básicas que, en sentido macrocósmico, oportunamente serán establecidas como verdades y ya pueden ser demostradas como tales en lo que concierne inte­ligentemente al microcosmo.

 

1.      Toda enfermedad (y esto es algo conocido) es producida por la falta de armonía o desarmonía entre el aspecto forma y la vida. Aquello que une la forma y la vida, o más bien el resultado de esta unión, denominada alma, el yo en lo que respecta a la humanidad, y el principio integrador, en lo que concierne a los reinos subhumanos. Las enfermedades aparecen donde no hay alineamiento entre estos diversos factores, el alma y la forma, la vida y su expresión, las realidades subjetiva y objetiva. En consecuencia, espíritu y materia no están libremente relacio­nados entre sí. Esto es un modo de interpretar la Primera Ley y toda esta tesis está destinada a exponer esa Ley.

 

2.      La desarmonía que produce lo que se denomina enfermedad, corre a través de los cuatro reinos de la naturaleza y trae esas condiciones que producen dolor (donde la sensibilidad es exquisita y está desarrollada) y en todas partes congestión, corrupción y muerte. Reflexionen sobre las palabras siguien­tes: Desarmonía, Enfermedad, Dolor, Congestión, Corrupción, Muerte, porque describen la condición general que rige la vida consciente de todas las formas, macro y microcósmicas. Ellas no constituyen las causas.

 

3.      No obstante, estas condiciones pueden ser consideradas como purificadoras en sus efectos, y así debe considerarlas la huma­nidad si se quiere asumir la correcta actitud hacia las enfer­medades. Esto a menudo lo olvida el curador fanático y el ex­ponente extremista de una idea, finitamente captada y en la mayoría de los casos sólo forma parte de una idea mayor. 

 

4.      Métodos de curación y técnicas paliativas que son peculiares de la humanidad, resultantes de la actividad mental del hom­bre. Indican el latente poder que posee como creador, y que progresa hacia la liberación. Señalan su habilidad discriminativa para presentir la perfección, visualizar el objetivo y por ende trabajar hacia esa ultérrima liberación. En la actualidad su error consiste en:

 

a.      Su incapacidad de ver el verdadero valor del dolor.

b.     Su resentimiento por el sufrimiento.

c.      Su incomprensión de la ley de no-resistencia.

d.     Su excesivo énfasis puesto sobre la naturaleza forma.

e.      Su actitud hacia la muerte y su sensación de que la desapa­rición de la vida, fuera de la percepción visual, por inter­medio de la forma, y la consiguiente desintegración de esa forma, indican desastre.

 

5.      Cuando el pensamiento humano invierta las ideas comunes, respecto a las enfermedades, y las acepte como un hecho natural, el hombre comenzará a aplicar la ley de liberación, correctos pensamientos, que conducirá a la no-resistencia. Actualmente, por el poder de su pensamiento dirigido y su intenso antago­nismo hacia la enfermedad, sólo tiende a vigorizar la dificultad. Cuando reoriente su pensamiento hacia la verdad y el alma, las enfermedades del plano físico comenzarán a desaparecer. Esto será evidente al estudiar más adelante el método de extirparlas. La enfermedad existe. Las formas en los reinos de la naturaleza carecen de armonía y no están alineadas con la vida inmanente. En todas partes existen enfermedad y corrupción y la tendencia a la disolución. Elijo mis palabras con cuidado.

 

6.      Por lo tanto, la enfermedad no es el resultado del erróneo pen­sar humano. Existió entre las innumerables formas de vida mu­cho antes que la familia humana apareciera en la tierra. Si ustedes buscan una expresión verbal y si se desea hablar dentro de los limites de la mente humana, podrían decir con cierta exactitud que: Dios, la Deidad planetaria, es culpable de pen­sar erróneamente. Pero no expresarán toda la verdad, sino sólo una ínfima fracción de la causa, como aparece a vuestra débil y finita mentalidad, a través del espejismo y la ilusión mundial general.

 

7.      Desde cierto ángulo, la enfermedad es un proceso de liberación y el enemigo de lo estático y cristalizado. No crean por lo que expongo que debería aceptarse la enfermedad y anhelar el pro­ceso de la muerte. Si así fuera cultivaríamos la enfermedad y premiaríamos el suicidio. Afortunadamente para la humanidad, toda la tendencia de la vida es contraria a la enfermedad, y la reacción que produce la vida de la forma en el pensamiento  del hombre, fomenta el temor a la muerte. Esto ha sido co­rrecto, porque el instinto de autoconservación y la preservación de la integridad de la forma, es un principio vital de la materia, y la tendencia hacia la autoperpetuación de la vida dentro de la forma, es uno de los más grandes dones de Dios y persistirá. Pero en la familia humana esto debe oportunamente ceder su lugar a la muerte como un proceso organizado y liberado, a fin de conservar fuerza y proporcionar al alma un mejor instrumento de manifestación. Para esta libertad de acción la totalidad del género humano no está aún preparada. Los discípulos y aspirantes del mundo deberán comenzar a captar estos nuevos principios de la existencia. El instinto de autopreservación rige la relación del espíritu y la materia, de la vida y la forma, hasta que la Deidad misma decida encarnar dentro de Su cuer­po de manifestación, un planeta o un sistema solar. En lo expuesto he dado un indicio en lo que respecta a una de las causas básicas de la enfermedad y a la interminable lucha en­tre el espíritu aprisionado y la forma aprisionante. Esta lucha emplea como método la cualidad innata que se expresa a sí mis­ma como el anhelo de preservarse y el ansia de perpetuarse (en la forma y especies actuales).  

 

8.      La Ley de Causa y Efecto, denominada de Karma en Oriente, rige todo esto. El karma, en realidad, debe ser considerado como el efecto (en la vida de la forma de nuestro planeta) de las cau­sas profundamente arraigadas y ocultas en la mente de Dios. Las causas que debernos buscar respecto a las enfermedades y la muerte son en realidad sólo la actuación de ciertos principios básicos que rigen -¿quién podrá decir si correcta o erróneamente?- la vida de Dios en la forma y serán siempre incomprensibles para el hombre hasta el momento de recibir la gran iniciación, simbolizada para nosotros en la Transfiguración. Du­rante todo nuestro estudio nos ocuparemos de las causas secundarias y sus efectos, con los resultados fenoménicos que esos efectos subjetivos que emanan de causas demasiado remotas para poder captarlas. Esto debería aceptarse y comprenderse, siendo lo máximo que puede hacer el hombre con su actual me­canismo mental. ¿Cómo puede el hombre, pretender arrogante­mente, comprenderlo todo, cuando la intuición raras veces actúa y la mente pocas veces se halla iluminada? Antes debe dedicarse a desarrollar la intuición y lograr la iluminación. En­tonces podrá llegarle la comprensión, pues habrá merecido el derecho de adquirir el conocimiento divino. Pero el reconoci­miento mencionado será suficiente para nuestro trabajo y nos permitirá establecer esas leyes y principios que indicarán cómo la humanidad puede dejar de ser consciente de la forma, y su  consecuente inmunidad a la muerte y a esas condiciones enfer­mizas que rigen hoy nuestra manifestación planetaria.

 

Dividiremos nuestro estudio, respecto a las causas de la enfer­medad, en tres partes, eliminando, en la búsqueda de la verdad, el comprensible pero igualmente inútil deseo de captar los pensa­mientos de la Deidad.

 

I.                   Causas psicológicas.

II.                 Causas emanantes de la vida grupal.

III.              Las deudas kármicas, causas kármicas.

 

 Todo esto sólo proporciona una idea general (lo único posible ahora) sobre las enfermedades que existen en la familia humana y, en cierto porcentaje, en el reino animal. Cuando esta idea gene­ral sea captada se tendrá un entendimiento más claro del problema y entonces se podrá continuar con la consideración de los métodos que permitirán manejar, con mayor facilidad, los efectos indesea­bles. Los estudiantes del Arte de Curar deberán análogamente recordar que hay tres métodos para obtener la curación, y los tres tienen su lugar y valor, dependiendo del punto de evolución del sujeto sometido a curación.

 

Primero, tenemos la aplicación de esos métodos paliativos y me­joradores que gradualmente curan las enfermedades y eliminan condiciones indeseables; reconstruyen la vida de la forma, y fo­mentan la vitalidad, a fin de que la enfermedad pueda ser desarrollada. De estos métodos las escuelas alópatas y homeópatas y las diversas osteópatas y quiroprácticas y otras escuelas terapéuticas, son buenos ejemplos. Han realizado un trabajo bueno y constructi­vo y la deuda que tiene la humanidad para con la sabiduría, la capacidad y las atenciones altruistas de los médicos es muy grande. Enfrentan siempre condiciones apremiantes y efectos peligrosos de causas que no manifiestan síntomas evidentes en la superficie. De acuerdo a estos métodos el paciente se halla en manos de un desconocido y deberá ser pasivo, obediente y negativo.

 

Segundo, tenemos el trabajo y los métodos del psicólogo mo­derno, que trata de encarar las condiciones subjetivas y enderezar las actitudes erróneas de la mente, las inhibiciones, la psicosis y los complejos que producen los estados externos de la enfermedad, condiciones mórbidas y neuróticas y trastornos mentales. De acuer­do a este método se le enseña al paciente a colaborar en lo posible con el psicólogo, para poder obtener la debida  comprensión de sí mismo, aprender a eliminar esas situaciones internas y compulsoras, responsables de los resultados externos. Se le enseña a ser positivo y activo, y esto es un gran paso hacia la correcta direc­ción. La tendencia de combinar la psicología con el tratamiento fí­sico externo es sensata y correcta.

 

 Tercero, un método superior y nuevo que consiste en llamar a la propia alma del hombre para que inicie una actividad positiva. La verdadera y futura curación se efectuará cuando la vida del alma pueda fluir sin impedimento ni obstáculo a través de cada aspecto de la naturaleza forma, pudiendo entonces vitalizarla con su potencia y también eliminar esas congestiones y obstrucciones que son fuente fructífera de enfermedades.

 

He aquí mucho para reflexionar. Si explico cautelosamente la aplicación práctica de las técnicas y métodos, se debe a que trato de sentar una sólida base para lo que impartiré posteriormente.

 

 

EL ENTRENAMIENTO DEL CURADOR

 

Sobre el entrenamiento del curador daré en forma espaciada seis reglas que rigen (o deberán regir) su actividad. Recuerden las dos palabras que di anteriormente. Resumen la actividad del curador: MAGNETISMO y RADIACIÓN. Ambas producen diferentes efectos, como veremos más adelante.

 

REGLA UNO

 

El curador debe tratar de vincular su alma, corazón, cerebro y manos. Así puede verter la fuerza vital curadora sobre el paciente. Esto es trabajo magnético. Puede curar la enfermedad o acrecentar el estado maligno, de acuerdo al conocimiento del curador.

El curador debe tratar de vincular su alma, cerebro, corazón y emanación áurica. Así su presencia puede nutrir la  vida del alma del paciente. Este es trabajo de irradiación. Las manos no son ne­cesarias. El alma despliega su poder. El alma del paciente, a través de la respuesta de su aura, responde a la irradiación del aura del curador, inundada con la energía del alma.

 

Al considerar las causas de las enfermedades es necesario decir unas palabras respecto a las condiciones externas e internas. Será evidente para el pensador casual, que muchas enfermedades y las causas de la muerte se deben a las condiciones ambientales de las cuales él no es responsable. Éstas abarcan desde los acontecimientos estrictamente externos hasta las predisposiciones hereditarias, y podrían enumerarse de la manera siguiente:

 

1.        Accidentes, que pueden ser causados por negligencia personal, acontecimientos grupales, descuidos de otras personas, refrie­gas callejeras como en los casos de huelgas y por la guerra. También pueden ser producidos por un animal o víbora, enve­nenamiento accidental y muchas otras causas.

 

2.        Infecciones que llegan al hombre externamente y no como re­sultado de su propia y peculiar condición sanguínea, constituyendo las diversas enfermedades infecciosas y contagiosas y las epidemias prevalecientes. El hombre puede contraerlas en el cumplimiento del deber, por sus contactos diarios o por la amplia propagación de la enfermedad en su ambiente.

 

3.        Enfermedades debidas a la desnutrición, especialmente en los niños. Este estado de desnutrición predispone al cuerpo a la enfermedad, aminora la resistencia y la vitalidad y contrarresta el “poder luchador” del hombre, conduciéndolo a la muerte pre­matura.

 

4.        Herencia. Existe como bien se sabe ciertos tipos de debilidad hereditaria que predisponen a la persona a contraer ciertas dolencias y llevan a la consecuente muerte o producen esas condiciones que conducen a un constante debilitamiento del aferramiento a la vida; también existen esas tendencias que constituyen una especie de apetito peligroso y producen hábitos indeseables, relajamiento de la moral, y son un peligro para la voluntad del individuo, inhibiéndolo en su lucha contra tales predisposiciones, sucumbe a ellas y paga con la enfermedad y la muerte el precio de tales hábitos.

 

Estos cuatro tipos de enfermedades y las causas de la muerte explican gran parte de lo que acontece en la vida de la gente pero no han de ser definidamente clasificados como causa psicológica de las enfermedades, y sólo serán considerados muy brevemente en la parte que trata de la vida grupal y las causas que predisponen a la enfermedad. Se tratarán también las enfermedades infeccio­sas, pero situaciones como las que se producen, por ejemplo, en un accidente automovilístico o ferroviario, no se considerarán den­tro del acápite, respecto a las causas que producen enfermedades, si bien la tarea del curador puede estar involucrada en estos casos, el trabajo que se debe realizar es algo diferente del que se lleva a cabo cuando se trata de esas enfermedades que tienen sus raíces en uno de los cuerpos sutiles, o son el resultado de enfermedades grupales, etc. Las dolencias producidas por la mala nutrición y la alimentación errónea de nuestra moderna vida y civilización, no serán consideradas aquí. Ningún niño es individualmente respon­sable de ellas. Me ocupo de las enfermedades derivadas de erróneas condiciones internas.

 

La responsabilidad del niño por las condiciones de su vida es prácticamente nula, a no ser que se admita el karma como factor predisponente y el poder de producir esos reajustes que surgen del pasado y afectan el presente. Trataré esto más ampliamente en el tercer punto, referente a nuestras deudas kármicas. Sólo sugeriré que el temario de las enfermedades podría ser encarado desde el ángulo del karma, lo cual seria de valor definido y con­cluyente si se  hubiera dado una correcta enseñanza sobre este abstruso tema, desde que fue impartido en Occidente pero la verdad tal como nos ha llegado de Oriente ha sido tan distorsionada por los teólogos orientales, como las doctrinas de la Expiación y del Nacimiento virginal han sido mal interpretadas y enseñadas por los teólogos occidentales. La genuina verdad tiene muy poca semejanza con nuestras formulaciones modernas. Por lo tanto me encuentro seriamente limitado cuando debo tratar el tema de las enfermedades desde el ángulo del karma. Me es difícil impartir algo de la verdad tal como realmente existe, debido a las ideas preconcebidas sobre la antigua Ley de Causa y Efecto, que necesariamente existen en su mente. Si les dijera que la doctrina de la Emergente Evolución y las teorías modernas acerca de la actua­ción de un catalizador sobre dos sustancias -que cuando son pues­tas en mutua relación bajo el efecto del catalizador produce una tercera y diferente sustancia- encierra mucha verdad sobre el karma, ¿me comprenderían? Lo dudo. Si les dijera que el énfasis puesto sobre la Ley de Karma, que explica aparentes injusticias y acentúa la aparición del dolor, la enfermedad los sufrimientos, es solo una presentación parcial de la verdad básicamente cósmica, ¿aclararía algo? Si señalara que la Ley de Karma, correcta­mente interpretada y manejada, puede traer aquello que produce más fácilmente la felicidad, el bien y la liberación del sufrimiento, que el dolor con su corolario de consecuencias, ¿creen que captarían el significado de lo que digo?

 

El mundo del espejismo es en la actualidad tan fuerte y la ilusión tan potente y vital que no podremos ver estas leyes básicas en su verdadero significado.

 

La Ley de Karma no es la Ley de Retribución, coma podría suponerse al leer los libros actuales sobre el tópico: Esto es solo un aspecto de la actuación de la  Ley de Karma. La Ley de Causa y Efecto no se debe entender como hoy se interpreta. Existe, a manera de ilustración, una Ley denominada Ley de Gravedad, que se ha impuesto en la mente del hombre. Tal ley existe, pero sólo es un aspecto de una ley mayor, y su poder puede ser, como sabe­mos, relativamente contrarrestado, pues cada vez que vemos volar un avión tenemos la demostración de la anulación de la ley por medios mecánicos, simbolizando la facilidad con que puede ser superada por los seres humanos. Si se dieran cuenta verían que están aprendiendo la antigua técnica por la cual el poder de levi­tación es uno de los ejercicios iniciales más fáciles y simples.

 

La Ley de Consecuencias, no es inevitable ni algo establecido como creen las mentalidades modernas, sino que está relacionada con las Leyes del Pensamiento, más íntimamente de lo que se imaginan; la ciencia mental ha ido a tientas tratando de comprenderla. Su orientación y propósito son buenos y correctos y tiene  grandes probabilidades de obtener resultados; sus conclusiones y métodos de trabajo son hoy extremadamente malos y engañosos.

 

Me he referido a esta incomprendida Ley de Karma, pues ansío que emprendan el estudio de la Ley de la Curación con mente libre y abierta, hasta donde sea posible, teniendo en cuenta que la com­prensión de estas leyes está limitada por:

 

1.      Antiguas teologías con sus estáticos, distorsionados y erróneos puntos de vista. La enseñanza de la teología es mucho más en­gañosa, pero por desgracia, es generalmente aceptada.

 

2.      El pensamiento del mundo, fuertemente matizado por el ele­mento deseo, que contiene muy pocos pensamientos verdaderos. Los hombres interpretan estas leyes, confusamente percibidas, en términos determinantes y desde su pequeño punto de vista. La idea de retribución subyace en gran parte en la enseñanza sobre el karma, porque el hombre busca una plausible explica­ción de las cosas tal  como él las ve, y tiende a retribuir de la misma manera. Sin embargo hay mucho más karma bueno que malo, aunque, por vivir en un periodo como el actual, les cueste creerlo.

 

3.      La ilusión y el espejismo mundiales que evitan al hombre co­mún e ignorante, ver la vida tal como verdaderamente es. Incluso el hombre avanzado y los discípulos están sólo comenzando a obtener una vislumbre fugaz e inadecuada de una gloriosa realidad.

 

4.      Mentes incontroladas y células cerebrales que no han sido li­beradas ni despertadas, impiden al hombre llegar a una correcta comprensión. Este hecho pocas veces se reconoce. El mecanis­mo de la comprensión es todavía inadecuado. Este detalle debe ser recalcado.

 

5.      Temperamentos nacionales y raciales con sus temperamentos predisponentes y prejuicios. Estos factores también impiden la exacta apreciación de estas realidades.

 

Por lo expresado verán que sería una tontería de mí parte decir que ustedes comprenden las leyes que están tratando de descubrir y entender. Nada es tan confuso en la mente humana como lo que concierne a las leyes relacionadas con las enferme­dades y la muerte.

 

Por lo tanto es necesario comprender, desde el comienzo, que todo lo que diré, bajo el título de Las causas psicológicas de la en­fermedad, no se relaciona con esas dolencias o predisposición a las enfermedades surgidas del medio ambiente, o esas taras definidamente físicas, heredadas de los padres, que han llevado en sus cuerpos y transmitido a sus hijos gérmenes de enfermedades, here­dados a su vez de sus padres. Quisiera aclarar que las enfermeda­des heredadas son mucho más escasas hoy de lo que se supone; la predisposición  a la tuberculosis, a la sífilis y al cáncer son las más importantes en lo concerniente a nuestra presente humanidad; son heredadas y también pueden trasmitirse por contacto. De estas me ocuparé en nuestro segundo y principal acápite, sobre las enfer­medades que emanan del grupo.


 

 

CAPITULO PRIMERO

 

Las Causas Psicológicas de las Enfermedades

 

 Antes de continuar quisiera decir que trataré de evitar en lo posible todo tecnicismo. Nuestro tema es la consideración esotérica de la enfermedad y sus formas; intenta elucidar el tema de esas enfermedades y sus causas vitales e indicar las leyes gene­rales que debe aplicar el curador y las seis reglas que se ha de imponer a sí mismo, y cumplirá a través de la disciplina y la com­prensión.

 

Habrán observado que he enumerado las causas psicológicas en cuatro acápites:

 

1.      Las que surgen de la naturaleza sensorio-emocional.

2.      Las que tienen origen en el cuerpo etérico.

3.      Las que están fundadas en un pensamiento erróneo.

4.      Las peculiares dolencias y perturbaciones psicológicas de los discípulos

 

Les habrá llamado la atención que haya colocado las enferme­dades del cuerpo etérico en segundo lugar y no en el primero. La razón de ello estriba en que las enfermedades y dolencias grupales aferradas a la raza, actúan primordialmente a través del cuerpo etérico y encuentran su camino hacia la manifestación, por conducto del cuerpo etérico de todas las formas. Las he colocado en segundo lugar, aunque en último análisis son más numerosas, debido a que la humanidad todavía no puede ocuparse de ellas  en forma colectiva. El acercamiento debe hacerse por medio de los individuos, y los hombres deben eliminar de su cuerpo astral o emocional esas condiciones que, como individuos, los predispone a la enfermedad. En la actualidad la raza está polarizada astral­mente. La naturaleza sensorio-emocional es excesivamente pode­rosa en las masas. Esto conduce a poseer un cuerpo etérico relati­vamente negativo, el cual está sintonizado con toda la sustancia etérica del planeta. Esta sustancia, que subyace en todas las for­mas, es sencillamente un agente transferidor y transmisor de la energía vital al cuerpo físico denso externo. La energía circula a través de esta sustancia etérica, libre de todo control por parte  del ser humano individual, que casi no se da cuenta de ello, por­que el foco de su atención es astral. Desde el estado de conciencia astral o emocional, pueden ser deducidas muchas condiciones físi­cas individuales. En consecuencia debemos eliminar esas enfer­medades que son de carácter grupal, las cuales han penetrado en la humanidad, y a través de ella, desde el mundo de la fuerza etérica, dejándola exhausta o sobrestimulada, o en tal condición que la muerte sobreviene en forma natural. Podría decirse, bási­camente generalizando, que las dificultades físicas personales tie­nen actualmente su asiento en el cuerpo emocional y que ese vehículo de expresión es el agente predominante y predisponente de la mala salud del individuo, así como las enfermedades grupales y las de cualquier tipo de epidemias a través de las masas están fundadas en alguna condición de la sustancia etérica del planeta. Esas enfermedades que son generales, nacionales, ra­ciales y planetarias, llegan al individuo por conducto del cuerpo etérico, y no son tan personales en sus implicaciones. Sobre esto me extenderé más adelante.  Hoy sólo expongo una proposición general.

 

Quisiera puntualizar que las enfermedades de las masas, del ciudadano común, de los intelectuales y de los discípulos del mun­do, pueden diferir y difieren ampliamente, no tanto en su mani­festación como en su campo de expresión. Este punto difícilmente el curador lo reconoce: no le es fácil ni posible comprender estas diferenciaciones y valorar el grado de evolución que un hombre puede haber alcanzado. Algunas enfermedades deben tratarse des­de el plano mental y será necesario que el curador emplee la mente; algunas requieren una concentración de energía emocional por parte del agente curador; en otros casos el curador debe tratar de ser sólo un transmisor de energía pránica para el cuerpo etérico del paciente, por intermedio de su propio cuerpo etérico. ¿Cuántos curadores se dan cuenta realmente del enfoque de la conciencia o de la fuerza vital, al ocuparse del paciente? ¿Cuántos conocen el tipo de curación que es posible y necesario aplicar a un discípulo? ¡Cuán pocos se dan cuenta que ningún discípulo, por ejemplo, pue­de ponerse en manos de un curador magnético común o de quien trabaja con radiaciones, o de un experto psicólogo de cualquier tipo! Un discípulo no se atreve a someterse a las emanaciones áuricas de ningún ocasional curador ni al poder de un inexperto psicólogo académico, no importa cuán prominente pueda ser. Sin embargo, puede someterse a la sabia pericia del médico cirujano del plano físico, porque, para él, el cuerpo físico es sólo un autómata. Por lo tanto, puede valerse de medios físicos para su beneficio. Muchos de los fracasos de los métodos curativos empleados actualmente se deben a la incapacidad del curador para:

 

1.      Calcular dónde puede estar localizada básica y ampliamente la dificultad y de qué cuerpo surge y dónde yace principalmente.

 

2.      Conocer dónde está colocado el paciente en la escala de la evo­lución y por lo tanto, dónde debe buscar primeramente el ori­gen de la dificultad.

 

3.      Diferenciar entre las enfermedades que se deben a las condi­ciones internas personales, a las tendencias heredadas o a la propagación grupal.

 

4.      Saber si la enfermedad requiere ser tratada:

 

a.      Alópata u homeopáticamente, pues ambos procedimientos pueden desempeñar su parte a veces, o a través de cualquier otro agente de la ciencia y tecnicismo modernos.

 

b.     Por radiación o magnetización, o ambas.

 

c.      Mediante el correcto reajuste interno psicológico, ayudado por una verdadera percepción interna, por parte del agente curador.

 

d.     Evocando el poder de la propia alma del hombre; algo que no es posible, excepto en las personas avanzadas.

 

e.      Por medio de métodos esotéricos definidos, tales como for­mar un triángulo de curación entre:

 

**********************

 

Este método implica por parte del curador, mucho conoci­miento y un elevado punto de realización espiritual; tam­bién presupone la existencia de un vínculo entre el curador, un Maestro y el grupo del Maestro, más el derecho adqui­rido de acudir al grupo para la afluencia de energía en bien del paciente, algo que raras veces se otorga.

 

Quisiera ante todo puntualizar que mi propósito e intento no es escribir un tratado médico, tampoco trataré la anatomía del cuerpo, ni discutiré los síntomas de las enfermedades, excepto in­cidentalmente. No detallaré los síntomas ni consideraré las muchas  enfermedades con extensos nombres que caracterizan a la raza de hoy; toda esta información puede extraerse de los libros de texto comunes si se prefiere, y estudiarlos si se desea; aunque personal­mente no lo considero satisfactorio. Partiremos de la premisa de que existen las enfermedades y que son efectos de causas internas; que el hombre ha hecho grandes progresos para comprender el efecto de estas causas cuando producen cambios en la vestidura externa del hombre, así como los conocimientos obtenidos por la ciencia para comprender la vestidura externa de Dios, el mundo de la naturaleza fenoménica.

 

El trabajo lenitivo, paliativo y curativo en la medicina y cirugía, ha sido comprobado más allá de toda controversia. Los métodos empleados, tales como la vivisección de animales, puede ocasionar verdadera ansiedad. A pesar de todo ello la deuda que tiene el género humano con la profesión médica es grande, y el servicio rendido a la humanidad por esa profesión, contrarresta en gran parte el mal. Aunque es verdad que no lo saben todo, también es cierto que existe un pequeño porcentaje (mucho menor que en ninguna otra profesión) de clínicos y cirujanos que buscan sus propios intereses y no honran a su profesión; también podría de­cirse que ya saben bastante como para admitir que aún les queda mucho que aprender. Igualmente es verdad que constituye un gran grupo altruista y autosacrificado dentro de la familia humana. Recuerden esto.

 

Me ocuparé del aspecto subjetivo del hombre y las causas se­cundarias que tienen sus raíces en los cuerpos internos del hombre y en el aspecto subjetivo de la naturaleza misma. Las causas, pri­mordiales y principales, como anteriormente expliqué, no podrán ser captadas. Están más allá de la capacidad de la mente concreta. Trato de aclarar lo que el hombre debe realizar para liberarse cada vez más de la acumulación del pasado, tanto individual como gru­palmente y al hacerlo eliminar de su cuerpo físico los gérmenes de la enfermedad. Sin embargo, se ha de tener en cuenta que mu­chas enfermedades son de naturaleza  grupal y en consecuencia inherentes a la humanidad misma. Así como el reino de los insec­tos devasta y destruye al reino vegetal, como puede observarlo cualquier fortuito caminante del bosque, así los gérmenes -indi­viduales y grupales- devastan y destruyen hoy al reino humano. Son agentes de destrucción y ejecutan, en la actualidad, una tarea y deber definidos en el gran esquema de las cosas.

 

El destino del hombre es morir, pues todo hombre debe morir al requerimiento de su propia alma. Cuando el hombre ha alcan­zado una etapa superior en la evolución, deliberada y definidamente elegirá el momento en que conscientemente se retirará de su cuerpo físico, el cual permanecerá silente y sin alma, desprovisto de luz, sin embargo, ileso e íntegro; entonces se desintegrará de acuerdo con el proceso natural, y los átomos que lo constituyen volverán “a la reserva de los entes que esperan”, hasta ser nueva­mente requeridos para que los empleen las almas encarnantes.

 

 Entonces se repite el proceso en el aspecto subjetivo de la vida, pero muchas almas ya han aprendido a retirarse del cuerpo astral sin someterse a ese “impacto en la niebla”, una forma simbólica de describir la muerte de un hombre en el plano astral. Luego pasa al nivel mental y deja su carcasa astral para aumentar la niebla y acrecentar su densidad.

 

Por lo tanto, quiero puntualizar que deliberadamente evitaré los tecnicismos médicos, aunque me referiré a menudo al cuerpo físico y a las enfermedades que hacen de él su presa.

 

También les daré ahora otra de las leyes sobre la curación así como una de las Reglas para el Curador. Estúdienlas con cuidado

 

LEY II

 

La enfermedad es el producto de tres influencias, y está sujeto a ellas. Primero, el pasado del hombre en que paga el precio de  antiguos errores; segundo, su herencia, donde comparte con todo el genero humano, esas contaminadas corrientes de energías de origen grupal; tercero, su participación con todas las formas naturales, de aquello que el Señor de la Vida impone a Su cuerpo. Estas tres in­fluencias son denominadas “La Antigua Ley de Participación de Mal”. Algún día ésta debe ceder su lugar a la nueva “Ley del Antiguo y Predominante Bien” que reside detrás de todo lo que Dios ha creado. Esta ley debe ser puesta en vigencia por la voluntad espiritual del hombre.

 

¿Qué es una Ley? Es la imposición (sobre las cosas más insigni­ficantes y más importantes) de la voluntad y el propósito de aquello que es superlativamente grandioso. Por lo tanto está más allá del conocimiento del hombre. El hombre algún día debe aprender que todas las leyes de la naturaleza tienen su contraparte superior y espiritual, y en breve nos ocuparemos de ellas. Nuestras leyes aún son secundarias, y por ser leyes de la vida grupal rigen los reinos de la naturaleza y se expresan (para el reino humano) por medio de la mente, de la naturaleza emocional y de un agente del plano físico. No pretendo en este breve tratado elucidar las leyes primarias. Sólo las menciono, y en el futuro (lo cual depende de ciertos factores todavía no desarrollados) me ocuparé de ellas.

 

La tercera parte de este tratado está destinada a las leyes bá­sicas de la curación, las cuales no se refieren a las leyes mencio­nadas, sino a los aspectos prácticos del arte de curar.

 

La segunda regla para el curador es la siguiente:

 

REGLA DOS

 

El curador debe adquirir pureza magnética a través de la pureza de vida. Debe lograr esa dispersiva irradiación que se manifiesta en todo hombre que ha vinculado los centros de la cabeza. Cuando se ha establecido tal campo magnético, entonces surge la irradiación.

 

 El significado de esto será parcialmente evidente para el estu­diante esotérico avanzado. Como bien saben, el campo magnético se establece cuando la poderosa vibración del centro que se halla delante del cuerpo pituitario y el que se halla alrededor y arriba de la glándula pineal, entra en la órbita de cada uno. El único punto de controversia, en conexión con la regla citada (que con­sideraré más tarde), es cómo y de qué modo debe ser adquirida la pureza magnética y cómo los dos centros en la cabeza pueden formar conjuntamente un campo magnético. Más adelante, al fina­lizar me ocuparé de estos dos puntos, lo cual será muy práctico.

 

Una de las causas que debería surgir definidamente de nuestro estudio, es que la enfermedad raras veces tiene origen individual -a no ser que un hombre disipe su vida y abuse excesivamente de su cuerpo por la bebida o excesos sexuales- y que todas las enfermedades que existen hoy en el mundo son casi totalmente heredadas, de origen grupal, y como resultado de infección o de desnutrición. Esta última es principalmente un mal de la civiliza­ción, efecto del desequilibrio económico o del alimento adulterado. Como indiqué anteriormente, esas últimas causas de la enferme­dad no son principalmente el resultado de sutiles fuerzas internas, sino el ascenso de energías al cuerpo etérico, provenientes del pla­no físico y del mundo externo de fuerzas.

 

Los instructores de ocultismo han prestado poca atención a estas fuerzas que vienen de lo externo, se originan en el plano físico y afectan a los cuerpos internos. Existen energías físicas y corrientes de fuerza que penetran en los cuerpos etéricos de todas las formas, así como la ilusión mundial y las miasmas del plano astral, frecuentemente tienen sus causas en las condiciones del plano físico. Las energías que penetran en los centros del hombre desde los niveles más sutiles, han sido frecuentemente consideradas en los libros de ocultismo, pero las fuerzas que encuentran su camino hacia los centros, desde la vida en el plano físico,  raras veces son comprendidas o discutidas. Les doy una idea un tanto nueva para que reflexionen sobre ella.

 

He pedido a A.A.B. insertar un breve resumen de algunos de los puntos que ya he dilucidado, bajo el titulo: ¿Qué es la enfer­medad? Le sugerí lo siguiente:

 

1.      Toda enfermedad es desarmonía y falta de alineamiento y control:

a.      La enfermedad se halla en los cuatro reinos de la natu­raleza.

b.     La enfermedad es de efecto purificador.

c.      Los métodos definidos de curación son peculiares a la humanidad y de origen mental.

 

2.      La enfermedad es un hecho en la naturaleza:

a.      El antagonismo hacia la enfermedad simplemente la ener­getiza.

b.     La enfermedad no es el resultado del erróneo pensar humano.

 

3.      La enfermedad es el proceso de liberación y el enemigo de lo estático.

 

4.      La ley de causa y efecto rige las enfermedades así como todo en la manifestación.

 

Hallamos también que la curación se realiza de tres maneras:

 

1.      Por la aplicación de los métodos de las innumerables escue­las de medicina y cirugía y grupos afines.

2.      Por el empleo de la psicología.

3.      Por la actividad del alma.

 

También he anunciado que las causas principales de la enfer­medad son tres: de naturaleza psicológica, heredadas por el contac­to grupal, y también kármicas. Sin embargo recuerden que cons­tituyen causas secundarias. A continuación trataremos la primera de ellas. 

 

 

1. CAUSAS ORIGINADAS EN LA NATURALEZA EMOCIONAL-DESEO

 

En Tratado sobre Magia Blanca, di al mundo, por primera vez, información respecto a la naturaleza y control del cuerpo as­tral. Dicho libro, prácticamente, fue el primero que se dio al públi­co sobre este tema. Mucho se ha impartido en el pasado sobre el cuerpo físico y su atención, tanto por la ciencia exotérica como por la esotérica. Una parte de ello es verdad y otra ilusión. Es ilusión porque se basa en falsas premisas. Los esoteristas modernos se han ocupado del cuerpo etérico, lo cual ha sido parcialmente verdadero o falso, pero generalmente es más verídico desde el punto de vista oculto que del exotérico. Quizás les sorprenda si digo que el Tratado sobre Magia Blanca es también relativamente veraz, siendo necesariamente limitado, y debido a ello es también parcialmente incorrecto. ¿Les asombra lo antedicho? ¿Cómo puede ser totalmente veraz, conociendo el limitado poder que poseen ustedes para comprenderlo? Me es imposible impartirles la verdad, porque no existe terminología apropiada ni ustedes poseen una base adecuada de conocimiento lo cual dificulta mi tarea. La ense­ñanza sobre curación es para mí la más difícil que he emprendido, y ello por dos razones. Ante todo, ¿no es verdad que la naturaleza real de la frase “cuerpos sutiles” es algo sin sentido? Estos cuerpos no son como el cuerpo físico. Pueden ser considerados como centros  o depósitos de tipos particulares de fuerza, adheridos a cada in­dividuo y poseyendo sus adecuadas entradas y salidas. Son una colección de átomos, vibrando a alta velocidad y matizados (de acuerdo a algunas escuelas de ocultismo) por ciertos y definidos matices; emiten cierto tono y están en distintas etapas de su evo­lución. Según otros, son estados de conciencia, y algunos los consi­deran hechos a semejanza del hombre. ¿ Cómo los definen ustedes?

 

 El cuerpo astral es para la mayoría de la humanidad, el prin­cipal factor determinante a considerar. Es causa preponderante de la mala salud. La razón de ello estriba en que tiene un potente y predisponente efecto sobre el cuerpo vital o etérico. El cuerpo físico es el autómata de cualquier cuerpo interno más fuerte que él. Si recordamos que el cuerpo vital es el receptor de corrientes de energía, y en realidad está compuesto y formado por tales co­rrientes, y estas corrientes impelen a la actividad al cuerpo físico, es evidente que la más poderosa controlará al cuerpo físico en el plano físico. Existen por lo tanto dos corrientes de energía que deben ser consideradas al estudiar los factores que conducen a la actividad en el plano físico. Les recordaré a este respecto que la enfermedad es una actividad del plano físico.

 

1.      La corriente de la vida misma, anclada en el corazón, deter­mina la vitalidad del hombre, su capacidad para trabajar y la duración de su existencia.

 

2.      Las predominantes corrientes de energía que provienen de los cuerpos astral, mental o egoico. Éstas controlan su expre­sión en el plano físico.

 

Referente a las masas del mundo y lo que llamamos el vasto público irreflexivo, la corriente de vida y la corriente de energía astral o de deseo, constituyen los factores predominantes. Éstos pueden ser de calidad inferior o mediocre.

 

En lo que respecta al público pensante, los factores predo­minantes los constituyen esas dos corrientes más una constante afluencia y una creciente oleada de energía mental.

 

En conexión con los intelectuales del mundo y los aspirantes (los que están preparados para entrar o se hallan en el camino de probación),  tenemos que las tres corrientes mencionadas llegan a un punto de equilibrio, produciendo así una personalidad inte­grada y coordinada. Entre ellos podemos contar a los místicos del mundo y a los trabajadores creadores, que son conscientes de la inspiración y del contacto espiritual, lo cual indica que comienza a afluir la energía del alma.

 

En lo que atañe a los discípulos del mundo tenemos un grupo de hombres y mujeres que comienza a ser controlado por la  ener­gía del alma, mientras que las otras tres energías están subordina­das cada vez más a este tipo superior de control.

 

Debe recordarse que hay otros dos tipos de energía que debe­mos tener en cuenta, cuando consideramos al hombre inteligente.

 

1.      La energía compuesta por las fuerzas fusionadas y mezcla­das de una personalidad coordinada.

 

2.      La energía del plano físico, identificada finalmente por el aspirante o discípulo, que llega a ser rechazada en forma tan absoluta que oportunamente constituye uno de los prin­cipales factores para la liberación de los centros.

 

Por último llega el momento en que el iniciado trabaja simple­mente con tres tipos de energía, mientras se manifiesta en la en­carnación: la energía de la vida misma, la energía negativa de la personalidad y la energía positiva del alma. De esta manera llega a ser una expresión en manifestación consciente de los tres aspec­tos de la Trinidad.

 

Ciertas cosas deben ser establecidas como hechos esotéricos, en la conciencia del curador, antes de que pueda trabajar constructi­vamente.

 

1.      Ante todo, sólo existe energía, la cual se manifiesta como muchas variadas energías. El universo está compuesto de estas nume­rosas energías. También los cuerpos del hombre, o vehículos de manifestación, están, sin excepción, constituidos de unidades de energía. A éstas se las denomina átomos, y estas unidades atómi­cas están sujetas a la forma corpórea, por la fuerza coherente de energías más potentes,

 

2.      El principal punto focal de energías que existe en los seres hu­manos es el alma, pero su potencia como agente de cohesión e integración es mayor que su cualidad potencial. En las primitivas etapas de la evolución humana se manifiesta el aspecto coheren­cia. Cuando los mecanismos o cuerpos de respuesta del hombre están más desarrollados, el aspecto cualidad del alma comienza a manifestarse cada vez más.

 

3.      Visto desde el aspecto interno, donde no existe el factor tiempo, la criatura humana se manifiesta como un calidoscopio, mara­villoso y mutable fenómeno. Los así llamados cuerpos o más bien conglomerados de unidades atómicas se desvanecen y desapare­cen, o vienen de nuevo a la manifestación. Corrientes de colores pasan y repasan, se tejen y entretejen. Entonces ciertas zonas intensifican repentinamente su brillo y resplandecen con brillan­tez, o también puede verse cómo se desvanecen, siendo el fenó­meno incoloro y aparentemente inexistente en ciertas zonas. Pero siempre hay una persistente Luz influyente, desde la cual descienden al hombre fenoménico haces de luz, los cuales pue­den verse cómo se adhieren a dos zonas principales del núcleo denso interno del hombre físico. Los dos puntos de adhesión se hallan en la cabeza y el corazón. Tenuemente al principio, pero con acrecentada brillantez, también pueden verse otros siete pálidos discos de luz, los cuales constituyen las primeras evidencias de los siete centros.

 

 

********************

 

4.      Estos centros, que constituyen los aspectos cualidad y concien­cia y cuya función es colorar la apariencia o expresión externa del hombre y utilizarla como mecanismo de respuesta, están (durante el proceso evolutivo) sujetos a tres tipos de desenvol­vimiento, que reproducen:

 

a.      Cuando un niño en el plano físico crece hasta trasformarse en un hombre. Cuando llega a la edad de veintiún años los centros tendrán que haber alcanzado normalmente la misma cualidad de expresión que la obtenida al dejar la vida en una encarnación anterior. El hombre inicia la vida donde la deja previamente.

 

b.     Con el despertar de los centros a través de la experiencia de la vida. Ocasionalmente sólo se puede desarrollar un centro en determinada vida, pero a veces varios son llevados a una mayor actividad consciente.

 

c.      Finalmente, con el despertar de tales centros mediante el proceso de iniciación. Esto sólo acontece cuando el hombre recorre conscientemente el Sendero.

 

5.      Los centros determinan el punto de evolución del hombre en lo que concierne a su expresión fenoménica, y actúan directa­mente sobre el cuerpo físico por medio del sistema endocrino. Este punto debería tenerse en cuenta porque el futuro curador esotérico se acercará a sus pacientes por medio de dicho cono­cimiento. Deberá entonces trabajar con esos centros o glándulas que rigen la zona particular del cuerpo donde está localizada la enfermedad o el malestar. Aún no ha llegado el momento, pues es muy grande la ignorancia del hombre. Podría producirse fácilmente la sobrestimulación de los centros y consecuentemente de las glándulas y también la estimulación y el acrecentamiento de la enfermedad en vez de disiparse o curarse.

 

 

A.  Emoción Incontrolada y Mal Regulada.

 

De acuerdo a estos hechos básicos podrá observarse que las erróneas actitudes emocionales y la malsana condición del cuerpo astral son los poderosos factores que producen el malestar y la enfermedad. Ello se debe a que el cuerpo vital o etérico de las masas está regido primordialmente e impelido a la actividad por la acción del cuerpo astral. La excitación de este cuerpo en cual­quier actividad violenta bajo la tensión temperamental, la intensa preocupación o la prolongada irritabilidad, derramará una corrien­te de energía astral en el centro plexo solar y a través de éste, energetizándolo y produciéndole un estado de intensa perturba­ción que afecta al estómago, al páncreas, al conducto biliar y a la vesícula. Pocas personas (y podría muy bien preguntar, quién está exenta en esta época particular de la historia del mundo) están libres de indigestiones, indeseables condiciones gástricas o dificul­tades relacionadas con la vesícula biliar.

 

La tendencia a la crítica, las violentas antipatías y los odios basados en la crítica o un complejo de superioridad, producen en gran parte la acidez que sufre la mayoría de las personas. Quisiera agregar aquí que estoy generalizando. Cuánta gente está predis­puesta a un complejo de inferioridad respecto a sí mismo, pero también a un complejo de superioridad en lo que concierne a sus relaciones con otras personas. Los efectos estomacales del plano físico están estrechamente vinculados con el aspecto deseo del cuerpo físico, que halla expresión en comer y beber lo que se de­sea, trayendo, en consecuencia, esos ataques de bilis a que están predispuestas tantas personas.

 

Doy estos ejemplos a fin de demostrar el efecto que produce la prevaleciente y errónea actitud hacia la vida y la gente, que hoy caracteriza al género humano y produce las condiciones ya mencionadas.

 

Los males basados en la crítica, en el odio y en la tendencia a juzgar a otros (por lo común despiadadamente) pasan del centro la­ríngeo al plexo solar. Esta interrelación existente entre los centros, nunca ha sido debidamente considerada. Por los centros del cuer­po etérico pasan distintos tipos de energía, y gran parte de  la energía transmitida de un centro a otro es indeseable, fluyendo de los centros situados abajo del diafragma a los de arriba.

 

El cuerpo físico (etérico y denso) puede ser comparado a una casa con dos instalaciones telefónicas, una trayendo la energía desde afuera, la otra, de una habitación a otra como teléfono in­terno. La analogía es mucho más exacta de lo que puede parecer al pensador casual. En toda casa moderna se instala luz, agua, gas y teléfono. La luz simboliza el alma, el agua las emociones, el in­tercambio telefónico la mente con su intercomunicación de cono­cimientos, y el gas simboliza la naturaleza etérica.

 

Resulta interesante y penoso observar que en la actualidad lo que sale de los hogares comunes son los residuos, lo indeseable ésta es la analogía de la  triste y egoísta demanda para satisfacer las necesidades y deseos personales.

 

Por lo tanto, habrán visto por qué he señalado tan enfática­mente la necesidad de la inofensividad, pues es el método científico por excelencia, hablando esotéricamente, de limpiar la casa y pu­rificar los centros. Esta práctica limpia los canales obstruidos y permite la entrada de energías superiores.

 

Las causas emocionales de la enfermedad y las actitudes men­tales que producen enfermedad o malestar físico son las que más prevalecen en esta época particular. Cuando persisten largo tiem­po y son llevadas vida tras vida, causan los aspectos más violentos de las condiciones mencionadas y de ellas pueden surgir serias y destructivas enfermedades que hacen necesaria, por ejemplo, la extracción de la vesícula biliar o esas operaciones incidentales a la aparición de las úlceras gástricas crónicas. Otras enfermedades provienen de la constante satisfacción de los deseos, aunque las enfermedades sexuales son de otra categoría. Por lo antedicho, puede verse cuán deseable es que el verdadero curador posea no solo cierta medida de conocimiento esotérico sino que conozca -hasta llegar a ser un iniciado- algo de psicología, parte del tra­bajo del curador magnético y al mismo tiempo ser médico o ci­rujano entrenado.

 

Muchas de las curaciones realizadas hasta ahora son más que inútiles, porque se carece de las tres condiciones mencionadas. La mayor parte de los médicos, especialmente los denominados clíni­cos, son buenos psicólogos y poseen también un sólido conocimiento de la sintomatología, de la anatomía y las medidas curativas de que usualmente carece el curador metafísico medio. Pero ignoran totalmente un gran campo de conocimiento, el que concierne a las energías que se enfrentan y luchan dentro de la estructura humana y las potencias que pueden ser puestas en movimiento si ciertas verdades esotéricas son admitidas. Hasta que no trabajen con el cuerpo etérico y estudien la ciencia de los centros no po­drán progresar mucho. El curador esotérico sabe mucho acerca de las fuerzas y energías internas y posee cierta comprensión de las causas básicas de las enfermedades esotéricas, pero es deplorable su ignorancia acerca del mecanismo del hombre, no llegando a comprender dos cosas:

 

Primero, que la enfermedad es a veces la aparición de ciertas condiciones subjetivas indeseables. Cuando éstas se exteriori­zan y son traídas a la superficie del cuerpo humano, pueden entonces ser conocidas, tratadas y eliminadas. Es bueno recor­dar también que esta aparición y eliminación puede llevar a la muerte a ese cuerpo. Pero el alma continúa. Una vida breve significa muy poco en el extenso ciclo del alma, y se considera valioso si un periodo de mala salud (aunque produzca la muer­te) elimina las erróneas condiciones emocionales y mentales.

 

Segundo, la enfermedad es a veces parte incidental del proceso por el cual el alma abandona su morada. A esto le llamamos muerte y puede venir rápida e inesperadamente cuando el alma se retira súbitamente del cuerpo. O la muerte puede durar du­rante un largo período y el alma demorar meses o años para su lento y gradual desprendimiento del cuerpo, el cual agoniza lentamente.

 

Sin embargo los curadores no poseen el suficiente conocimiento que les permita tratar con sabiduría estas cuestiones. Debemos por lo tanto llegar a la conclusión de que:

 

1.      La enfermedad es un proceso purificador llevado a cabo para producir una expresión más pura, un aroma vital y una influyen­te utilidad egoicas. Cuando esto sucede es posible la curación.

 

2.      La enfermedad puede constituir una muerte gradual y lenta y así liberar al alma. Entonces no será posible la curación, no obstante son necesarias medidas paliativas y sedativas y ciertamente deberán ser aplicadas. La duración de la vida puede prolongarse, pero no es posible una curación permanente y de­finitiva. Esto no lo comprende el curador mental común. Con­vierten a la muerte en algo horrible cuando en realidad es una amiga benevolente.

 

3.      La enfermedad puede ser el súbito y final llamado para que el cuerpo renuncie al alma y la libere para otro servicio.

 

En estos casos debe hacerse todo lo posible desde el punto de vista de la moderna ciencia médica y quirúrgica y de sus ciencias afines, tan numerosas hoy. También puede realizarse mucho desde el ángulo de la curación mental y espiritual, con la ayuda de la ciencia de la psicología. Algún día habrá mayor colaboración y una sintetización de sus esfuerzos entre estos distintos campos.

 

Ya he señalado que el cuerpo astral es el primer factor motiva­dor en la vida de la mayoría. La causa de ello se debe a que:

 

1.      En este cuerpo están concentrando su conciencia, en la actuali­dad, la mayoría de los seres humanos.

 

2.      Es el más desarrollado de los cuerpos actualmente, y por lo tanto recibe la mayor parte de la energía de vida, al descender la corriente de la vida desde el alma, recibiendo similarmente la energía proveniente de la corriente de la conciencia.

 

3.      Está orientado, si así puedo expresarlo, hacia afuera, o en el plano de experiencia física. Esa orientación cambia a veces y, momentáneamente en el caso del aspirante, se dirige hacia aden­tro. Así como los centros en el hombre, los “lotos de la vida”, están representados como vueltos hacia abajo y los tallos hacia arriba en el hombre no desarrollado, en el hombre desarrollado están vueltos hacia arriba, por eso existen condiciones análogas en el cuerpo astral. En los casos de una persona altamente evolucionada, de un iniciado o de un Maestro, el cuerpo astral está constantemente orientado hacia el alma. En el místico, el aspi­rante y el discípulo, el proceso de cambiar definidamente la dirección de las fuerzas continúa adelante y produce, en conse­cuencia, un caos temporario.

 

4.      El cuerpo astral del individuo, siendo el último en desarrollarse (el físico y el etérico lo hacen primero), es también el más vital y potente. Llegó a la culminación del desarrollo en los últimos días atlantes. Su potencia es todavía muy grande, constituyendo el potencial, el énfasis y la polarización de las masas. Esto tam­bién aumenta debido a las energías provenientes del reino ani­mal, cuya etapa de realización es totalmente astral.

 

Recordaré aquí que el empleo de la palabra “cuerpo” es muy engañosa e inadecuada. Produce en la conciencia la idea de una forma definida y de una figura específica. El cuerpo astral es un conglomerado de fuerzas que penetran en la conciencia en forma de deseos, impulsos, anhelos, caprichos, determinaciones, incenti­vos y proyecciones, sentando las bases para las verdades que con­tienen las enseñanzas de la psicología moderna. Los psicólogos han descubierto (o mejor dicho desvelado) la naturaleza de algunas de estas fuerzas, y su terminología a este respecto es frecuentemente más esotérica y exacta que la de los  teósofos y esoteristas ortodoxos.

 

Será conveniente que haga dos cosas. Primeramente daré al­guna información técnica en conexión con la penetración de las fuerzas en el cuerpo físico, desde el plano astral, y luego explicaré los efectos de esa penetración cuando adquiere la forma -debido a su erróneo empleo por parte del hombre- de enfermedad, y los numerosos y variados desordenes a los que el hombre está predispuesto. No nos interesa ahora su curación. Aquí solamente erijo la estructura de los hechos en los cuales podremos basar más adelante  nuestras conclusiones. A este respecto solo consideraremos al hombre común. Los problemas del discípulo fueron establecidos en la primera parte, Punto 4.

 

Señalé anteriormente que los tres tipos de enfermedades principales de las masas son:

 

1.      La tuberculosis.

2.      Las denominadas enfermedades sociales; venéreas y sífilis.

3.      El cáncer

 

A esto debemos agregar otros dos tipos de enfermedades que afectan predominantemente a quienes se hallan un poco más evolucionados que el hombre común, cuyo nivel general de inteligencia es superior al de las masas, incluyendo también a los aspirantes del mundo.

 

4.      las enfermedades del corazón, pero no los denominados ataques al corazón

5.      Las enfermedades nerviosas, tan prevalecientes en la actualidad.

 

Estos cinco tipos de enfermedades y sus variadas subdivisiones son responsables de la mayoría de los males físicos que atacan a la humanidad. Un correcto entendimiento de sus preponderantes causas será de gran ayuda para la medicina futura. En la actualidad no podemos saber cuánto de lo expuesto se aceptará.

 

            Quisiera puntualizar aquí, que existen, como bien saben, analogías físicas de los siete centros de  fuerza situados en el cuerpo etérico y nutridos desde el cuerpo astral. A estas las llamamos glándulas endocrinas, las cuales son efectos de los centros o testimonian su existencia, siendo a su vez causas iniciales de efectos menores en el cuerpo físico. Será de valor clasificar algunas de las cosas que ya conocemos y facilitará la comprensión.

 

 

 

INCLUIR GRAFICO

 

 Esta clasificación es simplemente un delineamiento y, al igual que la clasificación de los principios y sus analogías, tal como fue dada por H.P.B. en La Doctrina Secreta, Tomo III, su interpreta­ción dependerá del punto de vista del estudiante. La emplearemos más adelante y agregaremos otras columnas y analogías. En todas nuestras consideraciones, lo que diré tendrá como base la siguien­te síntesis estructural:

 

1.      El alma.

2.      Los cuerpos sutiles de la mente y las emociones, que son simplemente centros de energía cualificada.

3.      El cuerpo vital, con sus siete centros mayores de fuerza.

4.      El sistema endocrino, efecto de los siete centros y factor de­terminante y controlador del cuerpo físico del hombre.

5.      El sistema nervioso en sus tres divisiones.

6.      La corriente sanguínea.

 

Todos los órganos subsidiarios del hombre son efectos, no causas predisponentes. Las causas predisponentes en el hombre y que hacen de él lo que es, son las glándulas, siendo exteriorizaciones de los tipos de fuerza que afluyen a través de los centros etéricos desde los mundos más sutiles del ser. Expresan el punto de evolu­ción que el hombre ha alcanzado; son vitales y activas o bien no vitales e inactivas, de acuerdo a la condición de los centros. De­muestran supersuficiencia, suficiencia o deficiencia, de acuerdo a la condición de los vértices etéricos.

 

El proceso de control también puede ser establecido por el sistema nervioso; la estrecha dirección entrelazada del sistema nervioso, el cerebro y la corriente sanguínea (como portadora del principio vida) rigen las actividades del hombre, subconsciente, consciente, autoconsciente y finalmente superconsciente. Los tres centros que ejercen hoy un control absoluto sobre la mayoría de la gente son:

 

1.      El centro ajna, el centro entre las cejas.

2.      El centro plexo solar.

3.      El centro sacro.

 

Oportunamente, cuando el hombre “se haya convertido en lo que es” (frase paradójica y esotérica), los centros de control serán:

 

1.      El centro coronario, el brahmarandra.

2.      El centro cardíaco.

3.      El centro en la base de la columna.

 

 Entre el presente y el futuro, el énfasis será puesto sobre una tri­plicidad que cambia constantemente, y cada hombre diferirá de su semejante en lo que se refiere al énfasis, las condiciones de sus centros, las analogías glandulares en el cuerpo físico y, en con­ciencia, las enfermedades, dolencias, inhibiciones y dificultades, que su carne recibirá como herencia. Es evidente por lo antedi­cho que la tarea del médico y del psicólogo deben ir a la par. Los tres aspectos más importantes de todo diagnóstico son:

 

1.      El psicológico, o la medición de los cuerpos internos del hom­bre desde el ángulo de su desarrollo, de su integración y de la total coordinación de la personalidad, a medida que estos aspectos sutiles del ser humano se expresan en la conciencia.

 

2.      El trabajo del endocrinólogo, cuanto se ocupa de las glán­dulas endocrinas, considerándolas como usinas de fuerza a través de las cuales la energía -dinámica e iluminadora- puede afluir desde los centros.

 

3.      El médico, que al tener en cuenta las conclusiones a que han llegado los dos especialistas mencionados, diagnostica la  en­fermedad y la trata en colaboración con ellos.

 

Los tres pueden consultar a otros expertos y especialistas en elec­troterapia, osteopatía y quiropráctica, pero mediante la combina­ción del conocimiento que posee el médico, el psicólogo y el endo­crinólogo, la profesión médica puede expresarse en forma nueva y útil, y entrar en la nueva era con un equipo apropiado para tratar a esas personas que gradualmente asumirán nuevos tipos y un cambiante organismo físico. La electricidad, en relación con los males humanos, es aún una ciencia que se halla en la infancia, pero contiene en sí los gérmenes de las nuevas técnicas y métodos de curación. El trabajo que efectúan los quiroprácticos es bueno y necesario, pero debería constituir con la osteopatía una técnica definida, subsidiaria de las otras tres. El trabajo de los quiroprácti­cos y de los osteópatas forma las dos mitades de un todo, aunque no les guste reconocerlo a quienes lo practican. El primer grupo necesita un entrenamiento cuidadoso y prolongado, y debería exi­gírsele un alto nivel de conocimiento técnico.

 

La medicina está entrando lentamente en una nueva faz útil. Una vez que la causa de la enfermedad sea trasladada de un órga­no o sistema corpóreo, a un reino más vital y sutil, veremos cambios radicales y necesarios que conducirán a la simplificación y no a una mayor dificultad y complejidad.

 

Por lo anteriormente dicho se verá que la enfermedad penetra en el cuerpo físico desde el mundo invisible y por el uso o mal uso  que se hace de las fuerzas sutiles en los planos internos. Debe recordarse que la enfermedad -tal como se manifiesta en el hom­bre- puede considerarse generalmente que se debe a las siguientes causas, y los estudiantes harían bien en tener esto muy cuidadosa­mente en cuenta cuando reflexionan sobre estos tópicos.

 

1.      La enfermedad individual, debido a condiciones internas del propio equipo del hombre, a su estado mental o a una condición emocional, heredada del pasado, que puede producir serios males

 

2.      La enfermedad inherente a la humanidad en conjunto. Hay ciertas enfermedades a las cuales todos los hombres están pre­dispuestos; los gérmenes de estas enfermedades están latentes en los vehículos físicos de la mayoría de ellos, sólo esperan con­diciones predisponentes para manifestarse, y podrían ser consi­deradas como enfermedades grupales.

 

3.      Enfermedades que, curiosamente, son accidentales, estas las he­reda el hombre cuando, por ejemplo, sucumbe a algunos males infecciosos o contagiosos.

 

4.      Enfermedades inherentes al suelo. Sobre esto muy poco se co­noce. El suelo de nuestra tierra es muy antiguo, y está im­pregnado de gérmenes de enfermedades que cobran su derecho de los reinos vegetal, animal y humano, manifestándose en forma diferente en cada uno, pero básicamente se deben a las mismas causas.

 

5.      Enfermedades que constituyen dificultades resultantes del mis­ticismo. Estos males peculiares y dolencias atacan a los discí­pulos y aspirantes del mundo. En todos los casos pueden ser achacados a la afluencia de energía a través de los centros, cuando no están debidamente equipados ni adecuadamente des­arrollados para manejar la fuerza.

 

Lo anterior es una generalización que puede ser útil,

 

El método por el cual estas fuerzas astrales (que como sabemos son preeminentemente las determinantes fuerzas de la vida para la mayoría de los hombres en la actualidad) llegan a la manifesta­ción, es algo relativamente simple. En el vehículo astral de expre­sión existen, como podrán darse cuenta, las analogías de los siete centros en el cuerpo etérico, siendo esencialmente los siete puntos focales principales de fuerza, y cada uno es la expresión de las siete energías de rayo. Antes que nada quisiera hacer una aclaración sobre los centros que expresan estos siete tipos de rayo:

 

Centro                        Rayo                Cualidad                                     Origen
1. Centro de la cabeza 1ro.      La Voluntad divina                         Monádico

2. Centro ajna                          7mo.    Organización Dirección                  Átmico  

3. Centro cardiaco                   2do.     Amor-Sabiduría Amor grupal      Búdico

4. Centro laríngeo                    5to.      Creatividad                                    Mental
5.
Plexo solar                           6to.      Emoción.                                       Deseo Astral

6. Centro sacro                       3ro.      Reproducción                                Etérico
7. Base de la columna              4to.     Armonía. Unión a través                 Físico

vertebral                                             del conflicto

 

Nota:   En el cuarto reino, el humano, la energía de cuarto rayo en colaboración con el primero, oportunamente produce la síntesis. Hay una estrecha relación entre el centro más elevado (el corona­rio) y el que se halla en la base de la columna vertebral. Este cuarto tipo de energía se expresa así en colaboración con el primer tipo, porque todavía somos atlantes en nuestra polarización, y esa civilización fue de acuerdo al orden, la cuarta. Constituye mayor­mente el trabajo realizado por nuestra quinta civilización, la actual raza aria, que, en colaboración con el quinto principio de la mente, traerá un cambio a un nivel superior de conciencia, lo cual armo­nizará todos los centros por un acto de la voluntad, intelectual e inteligentemente aplicada, con la finalidad de alcanzar la armonía. Este punto merece ser reflexionado.

 

En el plano astral se hallará también que en cada cuerpo astral hay siete correspondientes puntos focales a través de los cuales entrará la energía, irradiándose en los centros vitales y en el cuer­po físico etérico como siete tipos diferenciados de fuerza, los cuales producen efectos buenos y malos, de acuerdo a la cualidad del ne­gativo cuerpo físico denso. Éstos difieren según el tipo de rayo o fuerza, y podría ser interesante si indicara los efectos buenos y malos y las correspondientes enfermedades.

 

 

************************

 

 

 Al estudiar esta clasificación deberían recordar que es una generalización y sólo una enumeración parcial de tipos de enferme­dades que pueden ser el resultado de la afluencia de energía; está destinada únicamente a sugerir, pues la complejidad del equipo humano y lo intrincado de las energías de los rayos son tales, que no se puede aplicar una regla común. Las fuerzas de rayo se mani­fiestan en forma diferente, de acuerdo al tipo de rayo y grado de evolución. Por lo tanto, no contradicen las clasificaciones anterio­res, si se tiene en cuenta que cada ser humano es básicamente una expresión de cinco fuerzas de rayo:

 

1.      El rayo del alma.

2.      El rayo de la personalidad.

3.      El rayo que rige al cuerpo mental.

4.      El rayo que rige al equipo astral.

5.      El rayo de la naturaleza física.

 

Cuando se trata de una persona común, evidentemente será nece­sario presentar dos clasificaciones:

 

1.      Se requeriría un análisis positivo de las fuerzas astrales cuando expresan la personalidad.

 

2.      Un análisis de las fuerzas del alma cuando están débilmente expresadas. Un análisis negativo concerniente a lo que no existe en el equipo, puede ser de poco valor.

 

También será necesario hacer un análisis de las fuerzas que penetran en el cuerpo físico desde el plano astral, recibidas di­rectamente desde el alma, siendo por lo tanto, una combinación de la fuerza del alma, más un tipo superior de energía astral. Esto sería una especie de análisis sintético que sólo se lograría en el caso de un discípulo o un iniciado. Entonces se tendrá oportuna­mente para cada persona: 

 

1.      Un análisis positivo de las fuerzas de la personalidad, pri­mordialmente de la fuerza astral, pues es la que afluye predominantemente en los centros etéricos.

 

2.      Un análisis negativo de esos aspectos de la energía del alma que no están presentes.

 

3.      Un análisis sintético, basado sobre los dos anteriores, pero combinando también el registro de la expresión positiva del alma.

 

En estas clasificaciones y exposiciones he dado mucho material para reflexionar.

 

B.  Deseo Reprimido o Prevaleciente

 

Seria de valor aquí aclarar que una de las primeras cosas que un estudiante debe recordar es que -para la mayoría de los seres humanos, una inmensa mayoría las influencias e impulsos que emanan del plano astral son factores predisponentes en todos los asuntos por los cuales se interesa el individuo, aparte de esas condiciones que (impuestas por el medio ambiente y el período en que vive) son para él inevitables. El plano astral es un centro de emanante fuerza dinámica, que tiene efectos fundamentalmente condicionantes, debido a la etapa de conciencia individual que po­see la mayoría. Los hombres son arrastrados por el impulso del deseo, inferior o superior. Esto es lógicamente una amplia generalización, pues esa básica condición es modificada constantemente por los impulsos que provienen del plano mental, lo cual necesa­riamente complica el problema. Las influencias que emanan del alma también se hacen presentes en forma apreciable, complicando más el problema del ser humano avanzado. Esta “complicación” (si así puedo denominarlo) difícilmente es comprendida por el es­tudiante en relación con su propia condición física o la de aquel a quien está tratando de ayudar.

 

 A este respecto quisiera darles la tercera Ley que rige el sagra­do arte de curar.

 

 

 

LEY III

 

Las enfermedades son el efecto de la centralización básica de la energía vital del hombre. Del plano en que dichas energías están enfocadas provienen esas condiciones determinantes que producen la mala salud. En consecuencia, se manifiestan como enfermedad o como buena salud.

 

Por lo tanto será evidente, que un cambio en la atención interna (la actitud mental) del paciente puede producir y producirá, la verdadera inmunidad a los males físicos, o una intensificación de esas reacciones que producen malestar, enfermedad o muerte.

 

De las tres leyes que he dado y que ahora deben considerar, surgen evidentemente los siguientes hechos, que deberían consti­tuir la base de sus reflexiones.

 

1.      La enfermedad es el resultado de la obstrucción de la libre afluencia de la vida del ALMA.

 

2.      Es el producto, o resultado de tres influencias:

a.      Antiguos errores, provenientes del pasado de las personas implicadas.

b.     Taras humanas, que se heredan por ser miembro de la familia humana.

c.      Mal planetario, impuesto a todas las formas de la tierra por la condición básica y el factor tiempo.

 

3.      Está condicionada por las fuerzas que emanan del plano en que la conciencia del hombre se halla primordialmente cen­trada.

 

A lo antedicho se debería agregar otro hecho ya mencionado, que:

 

4.      Hay cinco grupos principales de enfermedades, con sus do­lencias afines y enfermedades subsidiarias.

a.      Tuberculosis.

b.     Enfermedades sifilíticas.

c.      Cáncer.

d.     Dificultades cardíacas.

e.      Enfermedades nerviosas.

 

No agrupo lo que estoy diciendo, en dificultades orgánicas y funcionales, ni me refiero a los males inducidos por epidemias o accidentes, hago alusión a esas taras básicas o predisposiciones que constituyen la dudosa herencia de toda la humanidad y a esas dificultades incidentales a las etapas del desarrollo evolutivo, ca­racterísticas de quienes se hallan en las etapas más avanzadas del Sendero. Se observará también que el hombre viene a la en­carnación con la heredada predisposición a enfermedades, prove­nientes de:

 

1.      Su propio pasado, cuyos efectos, por ejemplo, son el resul­tado de causas iniciadas en anteriores encarnaciones.

2.      La herencia racial general de la humanidad.

3.      Las condiciones de la vida planetaria. Estas últimas llevan el problema más allá de la comprensión del hombre común.

 

El ser humano también está predispuesto a perturbaciones si ha logrado (como resultado de una larga historia evolutiva) des­pertar en cierta medida, por ínfima que sea, los centros ubicados arriba del diafragma. En el momento en que esto ocurre, queda sujeto, durante un largo ciclo de vidas, a las dificultades vinculadas con el corazón o el sistema nervioso, en sus distintas ramifi­caciones. Con frecuencia un ser humano avanzado, tal como un aspirante o discípulo, puede haberse liberado de las taras hereda­das, pero sucumbirá a los desarreglos cardíacos, a los desórdenes nerviosos, al desequilibrio mental y a la excesiva estimulación.Ocasionalmente se las clasifica como “las enfermedades de los místicos”:

 

Quisiera aclarar que no intento entrar en el terreno de la dis­cusión psicológica, elaborar los síntomas de la enfermedad u ocu­parme de las lesiones, las condiciones patológicas y los detalles angustiosos que acompañan al colapso de cualquier organismo hu­mano. No voy a escribir un tratado de anatomía ni de las diversas ciencias que han surgido del estudio del mecanismo del ser huma­no, vinculadas como lo están, al armazón y a la estructura, a los órganos, nervios, tejido cerebral y sistemas interrelacionados que componen esa intrincada maquinaria del cuerpo humano. En lo que respecta a la ciencia esotérica, dos cosas me detendrían.

 

1.      Todo el tema está maravillosamente tratado en los innumera­bles libros que encierran la literatura de la medicina y de la cirugía. Poco podría agregar que fuera en beneficio de una exposición como esta.

 

2.      Quienes lean mis palabras, no están, salvo pocas excepciones, versados en la construcción y constitución del cuerpo humano; los detalles patológicos, la descripción de las enfermedades y los variados síntomas desagradables de la degeneración humana. Constituyen una lectura malsana para el ser humano común. El poco Conocimiento sobre estas líneas puede ser muy peligroso.

 

Trataré primeramente las causas, las fuentes internas donde se originan las enfermedades y los estados de conciencia (no me refiero únicamente a los estados mentales) que inducen a un mal funcionamiento y oportunamente a malas condiciones

 

El problema del curador, por lo tanto, es doble: Primero, debe saber si la dificultad reside arriba o abajo del diafragma, lleván­dolo definitivamente al reino de lo oculto como también al del conocimiento psicológico. Segundo, debe captar con claridad el énfa­sis interno del paciente; esto último ayudará a diagnosticar el primero.

 

Lo antedicho me lleva a formular la tercera Regla para el Curador.

 

 

TERCERA REGLA

 

El curador debe entrenarse a fin de conocer el nivel interno de los pensamientos y deseos de quien busca su ayuda. Así podrá co­nocer la fuente de donde proviene la dolencia. Debe relacionar la causa y el efecto y conocer el punto exacto por el cual debe llegar el alivio.

 

Quisiera llamar la atención sobre estas últimas palabras, acen­tuando el hecho de que la enfermedad constituye primeramente un esfuerzo por parte del cuerpo físico natural que busca alivio y liberación de las presiones internas, inhibiciones subjetivas y re­tenciones ocultas. Ante todo, desde el punto de vista esotérico, toda enfermedad física es el resultado de:

 

1.      Erróneo estímulo, o sobreestímulo, o estímulo mal aplicado y tensiones internas en alguna parte del mecanismo.

 

2.      Inhibiciones, inanición psíquica, y esas fuerzas subjetivas acu­muladas que detienen la afluencia de las fuerzas de la vida.

 

Asimismo se observará que (en el campo de la salud) todos los problemas se resuelven mediante el correcto empleo y manejo de la fuerza, a fin de que se efectúe la libre afluencia de energía.

 

Surgen inevitablemente las siguientes preguntas: ¿De dónde vienen esas taras heredadas? ¿Es posible llegar hasta sus fuentes? El problema del pasado y los actuales efectos de ese pasado es tan vasto para considerarlo, que ninguna explicación respecto a la si­tuación ayudaría a la humanidad.  Sin embargo puede hacerse una generalización, aunque quizás, poco llegarían a comprender.

 

De las tres enfermedades principales heredadas del pasado po­dría decirse que la sífilis, o las denominadas enfermedades socia­les, son remanentes de los excesos de la época lemuria, siendo de tan antiguo origen que hasta la misma tierra está saturada de los gérmenes de estas enfermedades, hecho totalmente desconocido por la ciencia moderna. En el transcurso de las épocas los hombres han sufrido esa serie de infecciones, y millones murieron y fueron enterrados, contribuyendo con su cuota infecciosa a la tierra. En la época lemuria, el énfasis de la fuerza vital fue puesto sobre el cuerpo físico, su desarrollo, empleo y control y también sobre su perpetuación o reproducción. En ese entonces se iniciaron las dificultades vinculadas con el abuso de la vida sexual; esto fue, en sentido peculiar, el mal esencial primitivo, y este hecho es men­cionado en las antiguas leyendas e insinuaciones halladas en los anales y escritos más remotos. Existen muchos testimonios mal interpretados al respecto, y cuando los hombres puedan leer los anales con más exactitud e interpretarlos más correctamente, ha­llarán el camino de salida, pues verán con más claridad las causas subyacentes.

 

El cáncer es un legado de la humanidad atlante al hombre mo­derno, y el flagelo de esta enfermedad fue el principal factor que devastó a los habitantes de la antigua Atlántida. Las raíces de este terrible mal están profundamente asentadas en la naturaleza emo­cional o de deseo, y cimentadas en el cuerpo astral. El cáncer es parcialmente el resultado de la reacción a las enfermedades rela­cionadas con la vida sexual, que tanto prevaleció en los últimos días de lemuria y primeros días atlantes. La gente de tales épocas, viendo los pavorosos males y la extensión de las enfermedades surgidas de la fértil vida en Lemuria, resultado de la promiscua vida sexual en todas partes, a fin de lograr la autopreservación detuvieron la afluencia natural del deseo (la  afluencia de vida  cuando se expresa a través de los centros de reproducción y pro­creación), y esto a su debido tiempo produjo otros males. El cáncer primordialmente es una enfermedad producida por la inhibición, así como las enfermedades sifilíticas son causadas por la super­expresión y el excesivo abuso de un aspecto del mecanismo del hombre.

 

Hoy, debido a la enorme extensión del tiempo involucrado y a las incalculables generaciones que han muerto sobre la tierra, los gérmenes (así llamados por el pensador ignorante) de la temida enfermedad del cáncer, se hallan en el mismo suelo en que vivi­mos, infectando al reino vegetal y también a la familia humana. En el reino mineral existe una analogía de las dolencias sifilíticas del hombre.

 

La tuberculosis, que prevaleció en forma devastadora en cierto período de la época atlante, es sin embargo una enfermedad que ha sido generada principalmente en nuestra raza aria, y la estamos trasmitiendo al reino animal y compartiéndola con él. Esto ya co­mienza a ser comprendido. Sin embargo, tan estrecha es la relación entre hombres y animales (particularmente los animales domésti­cos) que prácticamente comparten hoy con el hombre todas sus dolencias, en una u otra forma, aunque a veces no se lo reconozca. En forma curiosa la causa de este gran azote blanco reside en que el énfasis de la vida se ha cambiado de la naturaleza emocio­nal a la naturaleza mental, produciendo una temporaria inanición de la naturaleza emocional. Constituye en su mayor parte una en­fermedad que proviene por agotamiento. El cáncer a su vez se debió similarmente al cambio de la fuerza vital del cuerpo físico a la naturaleza emocional, produciendo un excesivo desarrollo de la vida celular mediante el sobreestímulo. Comprendo que es difícil captar estas afirmaciones. Sólo puedo dar sugerencias que no han sido corroboradas. Sólo descubrimientos posteriores podrán com­probar la verdad de ellas. A continuación clasificaré las conclusio­nes siguientes:

 

Enfermedad                Raza                Cuerpo            Reino               Órgano

 

Sífilis                            Lemuria           Físico               Mineral            Órganos sexuales.

Centro sacro.

Cáncer             Atlante Astral               Vegetal            Plexo solar.

Tuberculosis     Aria                 Mental             Animal Aparato respiratorio

Centro laríngeo.

 

Respecto a los centros mencionados en la clasificación, me refiero al centro para la distribución de la fuerza vital, donde se hallará el punto de énfasis de las masas. Por lo antedicho resultará evidente dónde se pondrá actualmente el énfasis de la posible cura. Hemos  aprendido cómo curar la tuberculosis, porque fue la última que apareció y por lo tanto es la menos arraigada de las tres enferme­dades principales heredadas por el hombre moderno. Se descubrió (cuando la mente fue aplicada inteligentemente al problema) que los rayos del sol y la buena alimentación podrían curar o por lo menos detener la enfermedad. Este es un interesante dato en el campo de la analogía esotérica, que así como podemos confiar en que la luz del alma, cuando afluye a la mente, resuelve cualquier problema, así también la luz del sol y sus rayos profilácticos pue­den disipar los terribles síntomas de la tuberculosis.

 

Análogamente, cuando la raza haya logrado un correcto control emocional, desaparecerá gradualmente el fenómeno del cáncer. Dije correcto control emocional; la inhibición y la represión de los im­pulsos del deseo, por la fuerza de la voluntad, no es correcto con­trol. Es interesante observar que aunque tanto los hombres como las mujeres sufren de cáncer, la causa general no es idéntica, pero sí lo es la causa básica (la reacción por una excesiva expresión de la vida sexual mediante el desarrollo de la naturaleza de deseo). Debido a los riesgos que corren las mujeres durante el embarazo por haber dirigido el énfasis de la vida al aspecto sexual de la misma, se han rebelado en gran escala (como hicieron los atlantes) contra este tipo de expresión de vida, y en esta línea -el  sexo- se hallan sus principales inhibiciones. Ellas no sufren tanto la inhibi­ción de la expresión emoción-deseo-sentimiento, pero sí el hombre, y tiene una tradición o marcada tendencia a poseer mejor control emocional que las mujeres en el manejo de la vida. Los hombres no requieren ni adquieren un control tan marcado del sexo. El campo de su tendencia vital inhibida es, por lo tanto, de mayor extensión y en consecuencia (si se puede confiar en las estadísti­cas) más hombres que mujeres sufren de cáncer, aunque todos le temen a esta terrible enfermedad.

 

En la correcta transmutación reside el secreto de la cura del cáncer, y con el tiempo esto será comprendido. Empleo esta frase no sólo simbólicamente sino también técnica y científicamente. Esto se verá más adelante. El secreto que oculta el correcto vivir rítmico y la correcta proporción del énfasis puesto sobre todas las fases de la vida, traerá (y llegará rápidamente) la total inmuni­dad a la tuberculosis. El secreto que oculta la correcta comprensión de los tiempos y ciclos y de la periódica procreación creadora, hará que la raza se libere de los males que acarrean las enfermedades sociales.

 

Evidentemente, las enfermedades sifilíticas serán las últimas en desaparecer, así como fueron las primeras en devastar la raza. La tuberculosis va desapareciendo. Los especialistas centran ahora su atención en la cura del cáncer

 

 Quisiera agregar uno o dos comentarios que serán de interés general o mejor dicho moderno. Señalé que las taras a que la humanidad está propensa se encuentran en el suelo y ello se debe en gran parte a los millones de cadáveres enterrados en el trans­curso de las épocas. Cuando se divulgue acrecentadamente el pro­ceso de la cremación, tal situación mejorará constantemente. En forma gradual, muy gradualmente, la tara desaparecerá. Por lo tanto es altamente recomendable que se haga la mayor propaganda posible para emplear el método de  disponer de los descartados vehículos físicos de las almas que desencarnan. A medida que la tierra esté menos contaminada y se establezca contacto con el alma, tendremos la esperanza de ver decrecer el número de los que su­cumben a las taras heredadas. En forma muy curiosa, los baños de mar tienen un efecto definido en la sanidad del cuerpo físico. El agua, incidentalmente absorbida por la piel y la boca, tiene un efecto vitalmente profiláctico.

 

Uno de los mayores problemas para los psicólogos actualmente, y en menor medida para los médicos, es el aumento de la homo­sexualidad, tanto femenina como masculina. Sendos argumentos son presentados a fin de probar que este anormal desarrollo (y el consiguiente interés en esta morbosa tendencia) se debe a que la raza se está convirtiendo lentamente en andrógina y que va apa­reciendo gradualmente el futuro hombre o mujer hermafroditas. Esto tampoco es verdad. La homosexualidad es lo que podría lla­marse un “residuo” de los excesos sexuales de la época lemuria, si se quiere es una tara heredada. Los egos que se individualizaron y encarnaron en ese vasto período, son los que hoy demuestran ten­dencias homosexuales. En esos días, el apetito sexual era tan apre­miante que el proceso normal de las relaciones sexuales no satisfizo el insaciable deseo del hombre avanzado de ese período. La fuerza del alma, que afluyó por medio del proceso de la individualización, sirvió para estimular los centros inferiores, por eso se practicaron métodos ilícitos. Un gran número de quienes entonces los practicaban, se hallan hoy encarnados y los antiguos hábitos son dema­siado poderosos para ellos. No obstante han avanzado bastante en el sendero evolutivo, de allí que sea posible su curación en esta época si así lo desean. Con relativa facilidad pueden transferir el impulso sexual al centro laríngeo, y entonces llegar a ser creadores en el sentido más elevado, empleando la energía  sentida y circu­lante, correcta y constructivamente. Muchos de ellos comienzan ya automáticamente a hacerlo. Por otra parte es bien sabido que entre los así llamados tipos artísticos, la homosexualidad es muy preva­leciente. Digo “así llamados”, porque el verdadero artista creador no es víctima de estos antiguos y predisponentes malos hábitos.

 

Podría puntualizar aquí que la homosexualidad es de tres tipos:

 

1.      El resultado de antiguos malos hábitos, siendo hoy la principal causa, e indica:

 

a.      Individualización en este planeta, pues lo que se han indi­vidualizado en la cadena lunar, no son susceptibles de estas peligrosas características.

 

b.     Una etapa relativamente avanzada en el sendero de evolu­ción, adquirida por los egos de la Lemuria que sucumbieron a este deseo y satisfacción.

 

c.      El consiguiente estudio de la magia sexual, más un constante e insaciable impulso sexual y físico.

 

2.      Homosexualidad imitativa. Un sinnúmero de personas que per­teneciendo a todas las clases sociales, imitaron a los de clases mejores (si puedo emplear un término tan paradójico) y adqui­rieron malos hábitos en las relaciones sexuales, que de otra manera no lo hubieran hecho. Ésta es una de las prevalecientes razones por las cuales hoy abunda entre muchos hombres y mujeres, basándose en una imaginación muy activa, además de una poderosa naturaleza física o sexual, y una lasciva curiosidad. Digo esto después de un cuidadoso estudio. Esto justifica el gran número de sodomitas y lesbianas.

 

3.      Son pocos y muy raros los casos de hermafrodismo. Estas per­sonas combinan en sí ambos aspectos de la vida sexual, creán­doseles un verdadero problema, el cual se agrava grandemente por la ignorancia y la negación humanas de encarar los hechos, por la temprana y errónea educación  y por una difundida in­comprensión. Existen pocos casos, pues su número, en relación con la población mundial, es todavía insignificante. El hecho de que existan, constituye algo de real interés para la profesión médica y un tema que despierta la piedad y la conmiseración del humanista y la comprensión del psicólogo, pues se hallan ante una difícil situación.

 

Me he extendido sobre este tópico, porque es útil que conozcan tales hechos, y la información les será de valor. Arroja luz sobre ese problema que un acrecentado número de personas debe enca­rar. Los psicólogos, los trabajadores sociales, los médicos y todos los que se ocupan del entrenamiento grupal, afrontan constantemente este problema, y es justo que se establezca una diferencia entre los tipos a considerar, clarificando la cuestión.

El problema del Sexo. Tratado sobre Siete Rayos, T.I, págs 217-244.

 

En estas instrucciones hallarán muchas insinuaciones que, aun­que no puedan ser clasificadas en forma definida como instruccio­nes para la curación, caben en esta categoría porque proporciona­ran una comprensión más eficiente a quienes las lean.

 

 Observarán por lo antedicho que esta tara, como era de espe­rar, tiene sus raíces en el cuerpo astral, sensorial o de sensación, razón por la cual la he incluido. Sería interesante analizar si estas variadas y bien conocidas dificultades, enfermedades y dolencias, pudieran ser clasificadas de acuerdo a sus impulsos originantes. Muy pocas son de origen mental a pesar de todo lo que diga contrariamente la Ciencia Cristiana o la Ciencia Mental; quizás de­bería decir que se basan en el erróneo pensar humano, aunque el mal puede ser agravado e intensificado por los malos pensamientos Gran parte o quizás la mayoría de las  dolencias que el hombre común sufre, están basadas en causas astrales o en un deseo clara­mente definido. Un deseo formulado, halla expresión en alguna forma de actividad. De ellas, la homosexualidad es la más fácil de definir. Las demás enfermedades que la humanidad ha hereda­do no son tan fáciles de aclarar ni de definir. El hombre o la mujer son víctimas, pero la causa de la enfermedad o la dificultad (física o sicológica) se oculta en el lejano pasado, que la víctima (debido a su limitado conocimiento) es incapaz de investigar, ni tampoco pue­de llegar a la causa que produce el efecto. Lo que podrá afirmarse es que, con toda probabilidad, el deseo fue el impulso iniciador. Lo que los seres humanos son hoy, y lo que sufren, es el resultado de su lejano pasado, y el pasado presupone largos y arraigados hábitos. Dichos hábitos inevitablemente son el resultado de uno de los dos factores siguientes:

 

1.      El deseo, que domina y controla la acción,

 

2.      el control mental que sustituye al deseo, mediante una campaña planeada, contraría en muchos casos al deseo normal­mente sentido y definido.

 

Por lo antedicho, quisiera que capten la importancia del cuerpo sensorio emocional y su poder para iniciar esas causas secundarias que en esta vida se manifiestan como enfermedad.

 

Consecuentemente se evidencia que he puesto el énfasis sobre el cuerpo astral como promotor de las condiciones físicas erróneas y la necesidad de que el paciente posea un conocimiento y control astrales, si quiere superar la enfermedad. ¿Podrán entenderme si digo que la verdadera superación consiste en aceptar el Camino de la Muerte como solución, si viniera en forma natural, o por la curación, si se han agotado las causas de los impulsos iniciales? Reflexionen sobre esto.

 

En lo antedicho y en conexión con lo expresado sobre la homosexualidad, también he considerado el deseo prevaleciente o re­primido, pero sólo en términos generales y en amplios delinea­mientos. ¿Me interpretan si les digo que cuando se reprime el deseo (como lo hacen muchos aspirantes hoy) todo tipo de enfermedades  resulta posible -cáncer, congestión pulmonar y ciertos malestares del hígado- como también la temible tuberculosis? Las enferme­dades producidas por la inhibición son numerosas y serias, como podrán ver por la anterior enumeración. Debería tenerse en cuenta que cuando prevalece el deseo incontrolado y no se lo reprime, aparecerán enfermedades tales como los desórdenes sifilíticos, la homosexualidad, inflamaciones y fiebres. De acuerdo con el tem­peramento así serán los tipos de enfermedad, pues el temperamento depende de la cualidad del rayo. Según el rayo a que pertenece una persona, será la predisposición a ciertos desórdenes. Es exacta la básica diferenciación de los seres humanos en dos tipos princi­pales, extrovertidos e introvertidos, que hacen los sicólogos. Ambos tipos producen su propia categoría de enfermedad, demostrada co­mo mala salud, debido a la excesiva expresión o inhibición.

 

He considerado el segundo punto, titulado la curación de las enfermedades que surgen de la naturaleza emocional o de deseos. El primer punto tratado fue la emoción incontrolada. Recordaré que había estipulado considerar sólo los males a que está propensa la humanidad avanzada, los aspirantes y discípulos de todos los grados. No me ocuparé (en este breve tratado) de toda la gama de enfermedades que afectan a la humanidad en el transcurso de las edades. Cuanto más avanzado esté el aspirante, habrá mayor probabilidad de que la enfermedad que sufre se agrave y manifieste más poderosamente, a causa de la afluencia, en mayor  o menor grado, de la fuerza estimuladora del alma. Incidentales a los cinco grupos principales de enfermedades a que me referí an­teriormente y actuando en conexión con ellos en la estructura humana, existe un conjunto de síntomas denominados superficial­mente: fiebres, tumores, zonas congestionadas, más la debilidad general y la autointoxicación, que están detrás de tantos síntomas. Quisiera recordarles esto y que tengan siempre presente que sólo estoy generalizando, pero que esta generalización es básica y por lo tanto de importancia.

 

 

C. Enfermedades Producidas por la Preocupación e Irritabilidad.

 

El tercer tipo de dolencias que surgen del cuerpo emocional o astral se sintetizan esotéricamente con el término: enfermedad por la irritabilidad. Estos son los insidiosos venenos que acechan detrás del fenómeno de la enfermedad. Podría decirse que todas las en­fermedades pueden incluirse en dos definiciones, desde el punto de vista esotérico.

 

1.      Enfermedades producidas por la autointoxicación, siendo las más generales.

 

2.      Enfermedades producidas por la irritabilidad, siendo muy comunes entre los discípulos.

 

Mucho se habla hoy de la propia intoxicación y se realizan grandes esfuerzos para curarla con regímenes alimentarios y regulación de la vida en lo que respecta a vivir rítmicamente. Todo esto es bueno y de ayuda, pero no constituye una cura básica como sus promotores nos quieren hacer creer. La irritabilidad es una dolencia básica sicológica y tiene sus raíces en la intensificación del cuerpo astral que definidamente produce efectos anormales en el sistema ner­vioso. Es una enfermedad causada por el propio interés, autosufi­ciencia o propia satisfacción. Aquí también diría que reflexionen sobre estos términos porque los tres aspectos de la irritabilidad deben ser descubiertos por cada uno. Por lo tanto me ocuparé de la irritabilidad, o de “la peligrosidad”, según lo denominan los exponentes de primer rayo, tal como el Maestro M.

 

Casi he terminado nuestra primera sección sobre las Causas Sicológicas de la Enfermedad y he considerado breve, aunque creo sugestivamente esos problemas que surgen de la superactividad y condiciones erróneas del cuerpo astral. Todo lo que puedo hacer en este conciso tratado es generalizar, porque la mayor parte de las declaraciones que he hecho son en cualquier caso tan nuevas y revolucionarias (desde el punto de vista de la medicina ortodoxa) que pasará aún mucho tiempo para que este primer conjunto in­terno de ideas y la formulación más o menos nueva de la verdad, haga impacto sobre los pensadores de la raza. Pero si son aceptadas como posibilidades hipotéticas por los de mente abierta, pasará un extenso período antes de que se hagan las suficientes investi­gaciones conducentes a conclusiones definidamente formuladas, que harán que las ideas sean reconocidas y empleadas en forma popular. Al decir esto no critico a la profesión médica. El especia­lista ambicioso y el charlatán son raros, pero por supuesto existen, así como también el inescrupuloso e indeseable, en cada profesión. ¿Dónde no existen? Los de mente estrecha son muchos; mas, re­pito, ¿dónde no se los encuentra? Los precursores en estas nuevas corrientes de pensamiento y el hombre que ha captado alguno de los conceptos de la nueva era, poseen a menudo mentalidades es­trechas y sólo ven las nuevas modalidades, modos, métodos, y arrojan por la borda todo lo antiguo, perdiendo mucho con ello. La profesión médica tiene uno de los antecedentes más grandes y más hermosos del mundo acerca de su propósito y campo de acti­vidad, y ha desarrollado una de las más grandes cualidades del alma, autosacrificio, compasión y servicio. Pero los métodos y las técnicas de la nueva era son difíciles de captar. Gran parte de los antiguos métodos deben ser abandonados y sacrificados antes de que el nuevo arte de curar sea posible.

 

Hasta que no sea apropiadamente comprendida la realidad de los cuerpos sutiles, por los pensadores del mundo, y se establezca su existencia mediante la recta y verdadera ciencia de la sicología y el desarrollo de la facultad clarividente, trazar las causas de la enfermedad, retrospectivamente hasta los cuerpos sutiles, no tiene ningún significado. La mejor reacción que el médico de mente abierta puede  (digo puede, no debe) producir o admitir, es que la actitud sicológica, el estado mental y la condición emocional del paciente ayudan u obstaculizan. La mayoría ya lo acepta y esto en sí es mucho.

 

Por lo tanto, cuando digo que el cáncer, por ejemplo, tiene sus raíces en una condición astral y que comenzó su carrera en tiem­pos atlantes, significa muy poco para el hombre común de hoy. No comprende que un gran número de personas poseen conciencia atlante en la actualidad.


            Quisiera tratar brevemente la causa más común de las pertur­baciones: preocupación e irritabilidad. Hoy predominan más que nunca y por las razones siguientes:

1.      La situación mundial es tal, y los problemas y la incertidumbre son tantos, que casi ninguna persona en el mundo está exenta de ellos. Más o menos todos están implicados en la situación planetaria.

 

2.      La intercomunicación entre los pueblos ha aumentado mucho y los hombres viven en grupos colectivos -grandes o peque­ños- que inevitablemente producen un efecto mutuo como no ha sucedido anteriormente, “Si un miembro sufre, todos los de­más sufren con él”, es una enunciación de la verdad, antigua pero nueva en aplicación, y reconocida por primera vez.

 

3.      La acrecentada sensibilidad del mecanismo humano es de tal naturaleza, que los hombres sintonizan recíprocamente sus con­diciones emocionales y actitudes mentales en una forma más  nueva y poderosa. A sus propias absorbentes incumbencias y preocupaciones agregan las de sus semejantes, con quienes es­tán relacionados.

 

4.      Telepáticamente y también con un desarrollado sentido de pre­visión, hoy los hombres suman a las dificultades de otros o de algún grupo de pensadores o de personas, las dificultades que pudieran existir, aunque no están seguros de que existan.

 

Dichos problemas demostrarán cuán intensamente difícil es pa­ra el hombre encarar la vida. Será obvio que los problemas de la preocupación e irritabilidad (llamados por el Maestro Morya “peligrosidad”) son numerosos y deben ser considerados.

 

¿Por qué las dificultades del cuerpo astral son tan “peligrosas”­ y tan serias? La preocupación y la irritabilidad son peligrosas porque:

 

1.      Reducen la vitalidad del hombre a tal grado que llega a ser susceptible a la enfermedad. El azote de la influenza tiene sus raíces en el temor y la preocupación, y cuando el mundo logre liberarse de la “temible” condición actual, veremos desaparecer la enfermedad.

 

2.      Son tan infecciosas desde el punto de vista astral, que hacen descender la presión atmosférica astral, haciendo que sea difícil a las personas, astralmente, respirar libremente.

 

3.      El temor, la preocupación y la irritabilidad astrales están tan difundidos hoy que podrían considerarse epidémicos, en sentido planetario.

 

4.      La irritabilidad (no hablo aquí de la preocupación) tiene efectos inflamatorios -y la inflamación es insoportable- y conduce a muchas dificultades. Es interesante observar que ciertas dolencias de los ojos se deben a esto.

 

5.      La preocupación y la irritabilidad obstaculizan la verdadera Visión. Tapan la vista. El hombre, víctima de estas condiciones, sólo ve la causa de sus dolencias, estando tan absorbido en la propia conmiseración y consideración o por una condición negativa enfocada, que restringe su visión y obstaculiza a su grupo. Recuerden que existe tanto el egoísmo grupal como el indi­vidual,

 

He dado suficientes razones respecto a los efectos de la preocupación y la irritabilidad para demostrar la amplitud de la dificultad. De nada sirve en la actualidad hablar del remedio. Al que sufre de influenza (cuando la enfermedad se halla en su mayor virulencia) no se le dice “no tiene nada, no se preocupe”, “levántese y atienda sus cosas”. Tampoco de nada sirve decirle “no tema”, “deje de preocuparse, pues todo saldrá bien”. Lógicamente no lo creerá, y eso está bien, pues en realidad es así. Las cosas no están bien, y la humanidad y la vida planetaria tampoco lo están. Esto lo sabe la Jerarquía, la cual trabaja para aliviar las condiciones. Cuando el azote de la “influenza planetaria” termine (y el pacien­te no muera), entonces se realizará la investigación y el esfuerzo que evitará su repetición. En la actualidad todo lo que debe hacer­se es mantener al paciente tranquilo y la fiebre baja. Tal es el tra­bajo del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo y de los hombres inteligentes de buena voluntad, los cuales son legión.

 

 

2. CAUSAS QUE SE INICIAN EN EL CUERPO ETÉRICO

 

Sería prudente recordar que no voy a tratar aquí esas causas que, produciendo efectos en el cuerpo físico, se inician en la mente  o en el cuerpo astral. Necesariamente pasan a través del cuerpo etérico. El cuerpo etérico es un transmisor de todas las energías al cuerpo físico,  y todo tipo de fuerza pasa a través de él y va a dis­tintas partes de la forma física, produciendo resultados buenos y malos, negativos o positivos, según el caso. Este es un hecho acep­tado. Considero aquí las enfermedades, los problemas y las dificultades físicas que surgen del cuerpo etérico mismo y se manifiestan en relación con el cuerpo físico. Esto es muy común y usual. Es esencial que se mantengan estas dos líneas de fuerza-actividad claramente diferenciadas en la mente. Ambas pasan a través del cuerpo etérico o provienen de éste, yendo al cuerpo físico, pero sólo una de ellas se origina en las dificultades que tienen origen etérico o que concierne a ellas.

 

El cuerpo etérico está compuesto totalmente de líneas de fuerza y de puntos donde esas líneas se cruzan, formando al cruzarse cen­tros de energía. Donde tales líneas de fuerza se entrecruzan, tene­mos un mayor centro de energía, y donde grandes corrientes de energía se encuentran y cruzan como lo hacen en la cabeza y a lo largo de la columna vertebral, tenemos siete centros principales. Hay siete como éstos, además de veintiún centros menores y cua­renta y nueve centros más pequeños, conocidos por los esoteristas. Sin embargo, nos limitaremos esta vez a todo el cuerpo etérico y a los siete centros principales. Quizás les interese saber dónde se hallan los veintiún centros menores, y pueden ser localizados en los siguientes lugares:

 

Dos de ellos delante de los oídos, donde se unen los huesos de la mandíbula.

Otros dos están exactamente encima de los dos senos.

Uno donde se unen los huesos pectorales, cerca de la glán­dula tiroides. Éste, conjuntamente con los centros de los senos, forma un triángulo de fuerza.

Uno en cada palma de las manos.

 Uno en cada planta de los pies.

Uno detrás de cada ojo.

Dos también conectados a las gónadas.

Uno cerca del hígado.

Uno vinculado al estómago, por lo tanto relacionado con el plexo solar, pero no es similar a éste.

Dos vinculados al bazo. Éstos forman en realidad un centro, formado por los dos superpuestos.

Uno detrás de cada rodilla.

Un poderoso centro está estrechamente relacionado con el nervio vago. Este es muy potente y está considerado por algunas  escuelas de ocultismo como un centro mayor; no se halla en la columna vertebral, sino cerca de la glándula timo.

Otro cerca del plexo solar, y relaciona a éste con el centro en la base de la columna vertebral, formando así un triángulo con el centro sacro, el centro plexo solar y el de la base de la co­lumna vertebral

 

Los dos triángulos referidos en esta clasificación son de real im­portancia. Uno está arriba y el otro abajo del diafragma.

 

Lógicamente se evidencia que cuando hay libre afluencia de fuerza a través del cuerpo etérico al físico denso, habrá menor po­sibilidad de enfermedad o dolencia. Sin embargo puede acrecen­tarse la tendencia a las dificultades debido a la sobrestimulación y a la consiguiente hiperactividad del sistema nervioso, con todos sus problemas. Estas fuerzas que tratan de entrar en el vehículo denso son emanaciones provenientes de tres direcciones (si puedo usar tal término):

 

1.      De los vehículos de la personalidad: los cuerpos astral y men­tal.

 

2.      Del alma, si se ha establecido contacto, reconocido o no.

 

3.      Del mundo circundante, para el cual los vehículos del alma y de la personalidad han servido de “puertas de entrada”. Inci­dentalmente, en conexión con esta última frase, deseo llamar la atención sobre una posible relación entre esas “puertas de en­trada” y la frase “portal de iniciación”

 

En el caso donde estos centros, a través de los cuales afluye la energía proveniente de esas fuentes de reserva, están pasivos, ale­targados o sólo funcionando parcial o muy lentamente (en lo que concierne a su ritmo vibratorio) entonces se producirá una condi­ción de bloqueo. Esto congestiona el vehículo etérico con las consiguiente y subsiguiente dificultades en el funcionamiento del cuerpo físico. Una de las más comunes es la congestión de los pulmones que -aunque tal vez exotéricamente puede achacarse a ciertas y definidas causas físicas- en realidad se debe a esas cau­sas, además de una condición interna de congestión etérica. La conjunción, de la aparente causa externa y la verdadera causa interna, es responsable de la irrupción de la dificultad. Cuando ambas condiciones entran en conjunción y existe un impedimento físico y una indeseable condición etérica, entonces tendremos en­fermedad, males o debilidad de cualquier clase. Cada congestión externa siempre puede atribuirse a estas dos causas, una interna y otro externa. En estos casos, la causa externa no es un efecto de la causa individual interna, lo cual es muy interesante. No obs­tante se observará que las enfermedades no son puramente subjetivas o de origen sicológico en lo que concierne al individuo,  sino  que a veces son ambas, exotéricas y esotéricas. De allí la comple­jidad del problema.

 

Lo antedicho presenta la cuestión de la actividad que desarro­llan los siete centros de fuerza en el cuerpo etérico. Éstos pueden ser considerados como dormidos o aletargados, despertándose pero no obstante perezosamente vivos, o funcionando normalmente, lo cual significa que algunas de las energías que producen la forma del centro se mueven rítmicamente, siendo los centros por lo tanto receptivos a la afluencia, mientras otros están inactivos e insen­sibles. Otros centros estarán enteramente activos y por lo tanto atraerán predominantemente cualquier fuerza afluyente, y aún otros lo estarán parcialmente. En la mayoría de la gente, los cen­tros ubicados abajo del diafragma están más activos que los que se hallan arriba del diafragma (me refiero aquí a los siete centros mayores y no a los veintiún menores). En los aspirantes están acti­vos los centros debajo del diafragma y los centros cardíaco y laríngeo van lentamente entrando en actividad, mientras en el caso de los discípulos, el centro ajna, más esos centros del cuerpo que se hallan debajo del mismo, van rápidamente despertando. En el iniciado el centro coronario está entrando en actividad vibrante, llevando a todos los centros a un ritmo real y coordinado. Cada paciente o ser humano, según el rayo o que pertenece, responde en forma diferente; el factor tiempo también difiere; el canon de desarrollo varía y la respuesta a las afluyentes fuerzas es ligera­mente diferente.

 

Todo esto lo consideraremos con debido cuidado cuando trate­mos el Capítulo IX, que concierne a los siete modos de curación. Simplemente lo menciono para sentar las bases de lo que se ha de considerar más tarde, y demostrará que todo el tema de la relación existente entre el cuerpo etérico y el físico está vinculado al pro­blema de la curación. Se evidencia así cuán importante es -antes de que pueda tener lugar la verdadera curación- que el curador conozca la etapa de evolución alcanzada por  el paciente, debiendo también conocer el tipo de su rayo, tanto el de la personalidad como el egoico. Si a esto se le agrega algún conocimiento de sus inclinaciones e indicaciones astrológicas, se podrá llegar a un diag­nóstico más exacto.

 

La clave de toda liberación (ya sea por la cura física de la enfermedad o por la muerte) reside en la comprensión de la condi­ción de los centros en el cuerpo etérico. Éstos determinan el grado de actividad corporal vibratoria y la respuesta general del cuerpo físico. Condicionan también exactamente la actividad de la naturaleza instintiva y su relación con el plano externo de la vida y la “plenitud’’ y salud general del sistema nerviosa simpático.

 

 

A. Congestión

 

Muchas de las verdaderas dificultades puede atribuirse a la congestión o a la carencia del libre juego de las fuerzas. En esta relación podría puntualizarse que el cuerpo etérico es un meca­nismo de entrada y salida. Hay en consecuencia una relación cu­riosa e íntima entre éste y ciertos órganos como los pulmones, el estómago y los riñones. Esta simbología, cuando se la comprenda correctamente demostrará que existe profundamente una relación esotérica entre:

 

1.      La mente y los pulmones El proceso de la respiración con sus etapas de inhalación, intervalo y exhalación actúan en cone­xión con los dos aspectos de la fuerza, mental y física.

 

2.      La naturaleza de deseo y el estómago. Aquí también tenemos el proceso de entrada, asimilación y eliminación.

 

3.      El cuerpo etérico y los riñones, con los procesos claramente de­finidos en los casos de absorción, quimicalización y transmisión. No existe un símbolo tan comparativamente exacto del proceso creador como la estructura humana.

 

La congestión del cuerpo etérico, que produce mucho malestar en el cuerpo físico, puede hallarse, por lo tanto, en el punto de entrada del cuerpo astral o del plano astral (nótese la fraseología y la diferencia) o en el punto de salida, en relación con el centro hacia el cual un tipo particular de fuerza etérica puede afluir con más facilidad y pasar también más fácilmente. Donde no hay libre juego entre el cuerpo etérico y el cuerpo astral habrá dificultades. Cuando no existe libre juego entre el cuerpo etérico y el cuerpo físico, involucrando también los ganglios, nervios y el sistema endocrino, habrá también dificultades La estrecha relación que existe entre los siete centros y las siete glándulas mayores del sistema físico, nunca debe ser olvidada. Ambos sistemas forman una dictadura estrechamente entrelazada y las glándulas y sus funciones están determinadas por la condición de los centros eté­ricos. Éstos a su vez están condicionados por el grado de evolución, por la experiencia que ha adquirido el alma encarnada, por la polarización específica del alma en encarnación y por los rayos (de la personalidad y egoico) del hombre. Recuérdese que los cinco aspectos del hombre (cuando funciona en los tres mundos) están determinados por ciertas fuerzas de rayo; tenemos el rayo del alma, el de la personalidad y los de los cuerpos mental, astral y físico, los cuales en la nueva era venidera serán definidamente con­siderados y descubiertos, y este conocimiento revelará al curador la probable condición de los centros, el orden de su despertar y su nota, o notas, básica individual. La nueva ciencia médica está  erigida predominantemente sobre la ciencia de los centros, y todos los diagnósticos y posibles curas se basarán en este conocimiento. El endocrinólogo recién comienza a vislumbrar posibilidades, y gran parte de lo que ahora está investigando contiene la simiente de la verdad futura. El “equilibrio del sistema glandular”, la rela­ción de las glándulas con la corriente sanguínea y también el carácter y las distintas predisposiciones, son considerados de real va­lor y vale la pena su investigación. Aún queda mucho por descubrir antes de que se pueda trabajar sin peligro con las glándulas, con­virtiéndolas en tema de principal atención (como sucederá algún día en todos los tipos de enfermedades). En este breve tratado haré muchas insinuaciones, las cuales servirán para guiar correctamente al investigador de mente abierta. Antes de entrar a considerar la relación del cuerpo etérico, como una unidad con el cuerpo físico, señalaré que, en la lista de enfermedades que surgen del cuerpo etérico, coloco en primer lugar las complicaciones producidas por la congestión, porque hoy es, y lo será durante varios siglos, la principal causa de las dificultades para la mayoría de la humanidad o de esas personas que esotéricamente se las denomina “sacra-solar’. Esto se debe en parte a los hábitos largamente establecidos de supresión y de inhibición, desarrollados por toda la raza. La congestión en los puntos de entrada y de salida, en el cuerpo eté­rico, es lo que impide la libre afluencia de la fuerza de la vida, dando por resultado que se sucumbirá rápidamente a las enferme­dades. También aquí se podrá observar el empleo más generalizado de los ejercicios de respiración cuidadosamente asignados, con sus efectos sutiles de reorganización y reajuste de los cuerpos sutiles (particularmente los cuerpos etérico y astral). El difundido interés en los ejercicios de respiración evidencia hoy un reconocimiento subjetivo de este hecho, aunque todavía no se sabe bastante acerca de los métodos y efectos.

 

Quisiera llamar la atención sobre otra cosa, y es que los puntos de congestión pueden existir en el centro del cuerpo astral o en el cuerpo etérico, y esta situación deberá investigarla el curador.

 

 

B. Falta de Coordinación e Integración.

 

Llegamos ahora a una breve consideración del segundo punto, que en nuestra enumeración hemos denominado falta de coordinación o integración, donde la dificultad reside en el cuerpo etérico. Esto prevalece excesivamente hoy y es responsable de la mayoría de las dificultades. El cuerpo etérico es la forma “sustancial” in­terna sobre la cual el cuerpo físico es erigido o construido. Es el andamiaje interno que subyace en todas las partes del entero hombre externo; la estructura que sostiene el todo y el patrón de la forma externa; la red de nadis (infinitamente intrincada) constituye la contraparte o el duplicado de todo el sistema ner­vioso que forma parte muy importante del mecanismo humano. Lo mismo sucede con la corriente sanguínea, instrumento de la fuerza de la Vida. En consecuencia, si hay debilidad en la relación entre la estructura interna y la forma externa, se pondrá inmediata­mente de manifiesto la verdadera dificultad, lo cual adquirirá tres formas:

 

1.      La forma física en su aspecto denso está muy débilmente conectada con la forma o contraparte etérica. Esto lleva a una desvitalizada y debilitada condición que predispone al hombre a la enfermedad o a la mala salud.

 

2.      La conexión débil en ciertos lugares o aspectos del equipo. A través de ciertos puntos focales o centros, la fuerza de vida no puede afluir adecuadamente, y así tenemos una definida debilidad en alguna parte del cuerpo físico. Por ejemplo, la impoten­cia sería una de estas dificultades y la tendencia a la laringitis otra, para mencionar desórdenes muy diferentes.

 

3.      La conexión puede estar también tan básicamente floja y débil, que el alma tiene muy poco ascendente sobre su vehículo de manifestación externa, estableciéndose fácilmente la obsesión o posesión. Éste es un ejemplo extremo de las dificultades incidentales a esta condición. También cierto tipo de desmayos o pérdida de la conciencia y el “petit-mal”.

 

Existen también, como será evidente, las condiciones exacta­mente opuestas, donde el cuerpo etérico está tan estrechamente tejido o integrado con la personalidad -ya sea de naturaleza muy evolucionada o simplemente el caso de un cuerpo etérico común- que cada parte del cuerpo físico se halla en una constante con­dición de estimulación, de esfuerzo energético, con la resultante actividad del sistema nervioso, que -si no está correctamente re­gulado- puede llevar a una gran angustia. Me referiré a esto en el tercer encabezamiento “La Sobrestimulación”, de los Centros”. Una conexión demasiado floja o una muy fuerte, llevan a perturbaciones, aunque el primer tipo de dificultad es comúnmente más grave que las otras. He dado bastante para demostrar cuán inte­resante e importante puede ser el estudio del cuerpo etérico. Todo el tema de la curación está “ligado” (empleando una frase moder­na que me resulta rara) al desarrollo, desenvolvimiento y control de los siete centros mayores.

 

C. La sobrestimulación de los Centros.

 

Mucho podría agregar a lo dicho sobre las causas de las enfer­medades originadas en el cuerpo etérico, pero en la Segunda Parte  de este libro (donde se refiere a ciertos requisitos básicos) elabo­raré el tema más profundamente. Congestión, falta de integración y sobrestimulación de los centros son causas obviamente funda­mentales, concernientes al cuerpo físico denso, siendo éstas frecuen­temente efectos de causas más sutiles ocultas en la vida de los cuerpos astral y mental y, en el caso de la  sobrestimulación, el resultado a veces del contacto con el alma. El cuerpo etérico, por designio, reacciona normalmente a todas las condiciones existentes en los vehículos sutiles. Es esencialmente un transmisor y no un ori­ginador, y sólo las limitaciones del observador conducen a adjudicar al cuerpo etérico las causas de males corporales. Es el lugar de distribución de todas las fuerzas que llegan al cuerpo físico, siempre y cuando el punto de evolución haya llevado a los distintos centros de fuerza a una condición en que sean receptivos a cual­quier tipo particular de fuerza. Esotéricamente hablando, los cen­tros pueden hallarse en una de las cinco condiciones o estados de ser, descritos en los siguientes términos:

 

1.      Cerrado, inmóvil, hermético, aunque con signos de vida, silen­cioso y profundamente inerte.

 

2.      Abierto, sin trabas, e imperceptiblemente matizado de color, la vida palpitando.

 

3.      Activo, vivo, alerta en dos direcciones; dos pequeñas puertas están abiertas ampliamente.

 

4.      Radiante y emitiendo una nota vibrante a todos los centros re­lacionados.

 

5.      Todos fusionados y actuando rítmicamente entre sí. La fuerza vital fluye de todos los planos. El mundo permanece abierto ampliamente.

 

Relacionado a estos cinco estados donde se expande el campo etérico y llega a ser la vivencia vital de toda expresión en el plano físico, tenemos las cinco razas humanas, comenzando con la raza lemuria, los cinco planos de la expresión humana y superhumana, las cinco etapas de conciencia y varios otros grupos de cinco, ex­puestos en la filosofía esotérica. Incidentalmente podría ser de valor e interés señalar que la estrella de cinco puntas no sólo es signo y símbolo de la iniciación y, finalmente, del hombre per­fecto, sino que también es el símbolo básico del cuerpo  etérico y de los cinco centros que controlan al hombre perfecto, los dos centros de la cabeza, el centro del corazón, el centro de la garganta y el centro de la base de la columna vertebral. Cuando estos cen­tros están plenamente despiertos y funcionando mutuamente en correcto ritmo, los varios quíntuples a los cuales me he referido forman parte integrante de la conciencia del hombre perfecto.

 

Aunque esta particular información no tiene una relación  definida con la ciencia de la curación, sin embargo todo el tema está relacionado con la energía, la cual en una u otra forma está rela­cionada con las causas y los efectos de la enfermedad, porque la enfermedad es el aspecto indeseable de la energía, sobre la unidad de energía que denominamos átomo.

 

Debe recordarse que el cuerpo etérico del ser humano es parte integrante del cuerpo etérico del Logos planetario, estando por lo tanto relacionado como todas las formas que se hallan dentro de ese cuerpo, en uno o en todos los reinos de la naturaleza. Es parte de la sustancia del universo coordinada por la sustancia planetaria, proporcionando así la base científica de la unidad.

 

Si me preguntaran qué hay en realidad detrás de todas las enfermedades, frustraciones, errores y falta de expresión divina en los tres mundos, respondería que la separatividad produce las mayores dificultades que originan en el cuerpo etérico, más la in­capacidad de la forma externa tangible para responder adecuadamente a los impulsos internos y sutiles. Aquí reside la causa (secundaria, como ya he puntualizado) de la mayor parte de los trastornos. El cuerpo etérico del planeta todavía no transmite ni permite circular libremente las fuerzas que están tratando de en­trar en la conciencia y en la expresión del hombre, en el plano físi­co. Estas fuerzas emanan desde adentro de él mismo, cuando actúa en los niveles sutiles de la conciencia y del alma; también provie­nen de grupos asociados y relacionados, de la vida planetaria  y, eventualmente, en último análisis, de todo el universo. Cada uno de los centros puede, cuando está plenamente despierto y se utiliza consciente y científicamente, servir de puerta abierta que permite percibir aquello que está más allá de la vida humana individual. El cuerpo etérico es fundamentalmente el mecanismo de respues­ta más importante que el hombre posee, produciendo no sólo el correcto funcionamiento de los cinco sentidos y proporcionando por consiguiente cinco puntos principales de contacto con el mun­do tangible, sino que permite también registrar sensiblemente los mundos sutiles y, cuando está energetizado y controlado por el alma, los reinos espirituales se abren ampliamente.

 

El cuerpo etérico es un potente receptor de las impresiones impartidas a la conciencia humana por intermedio de los centros ya despiertos. No existe, por ejemplo, verdadera clarividencia has­ta que el plexo solar y el centro ajna hayan despertado. Estas im­presiones e informaciones transmitidas se convierten en el incentivo por el cual se inicia la actividad consciente. Hay muchas maneras de describir estas fuerzas y sus efectos actuantes: impulsos, incen­tivos, influencias, potencias, deseos, aspiraciones y muchos otros términos que sólo son sinónimos de fuerza o energía, impartiendo así la misma idea general. Todas estas palabras se refieren a  formas de actividad del cuerpo etérico, pero sólo cuando las registra el cuerpo físico y actúan bajo su impresión. Todo el tema de la fuerza motivadora es de gran interés.

 

Sin embargo, la vastedad del asunto es tan real que sólo poco a poco la humanidad podrá captar la situación y llegar a compren­der que el hombre es esencialmente (a través de su cuerpo etérico) parte integrante de un Todo grande y vibrante; únicamente con el tiempo aprenderá que por el proceso de la evolución puede re­gistrar las diferentes zonas de expresión divina. Sólo cuando el cuerpo etérico es impelido a la  actividad por la influencia de las “fuerzas plasmadas” del alma, de la mente y temporariamente del cuerpo astral, y a través de ellas, puede el hombre llegar a ser consciente de todos los mundos, de cada fenómeno y estado de con­ciencia, y así lograr esa omnisciencia que es el derecho de primoge­nitura de todos los hijos de Dios.

 

Pero durante el período en que este estado del ser está en pro­ceso de realización, la falta de desarrollo, de registro, el trabajo de despertamiento y organización de los distintos centros durante la vida y luego su relación mutua y correcta, produce muchas difi­cultades. Esta condición es la fuente fructífera de esas dificultades que, cuando se introducen en el cuerpo físico, producen los diver­sos tipos de enfermedad, muchas tensiones y congestiones, la so­brestimulación de los centros en una parte del vehículo etérico y el subdesarrollo en otra, más el desigual desenvolvimiento y des­equilibrio de los centros.

 

Las investigaciones médicas modernas mencionan mucho el “desequilibrio” de las glándulas endocrinas, y muchas dificultades físicas son adjudicadas a este frecuente desequilibrio. Pero detrás de estas condiciones del sistema glandular subyace el básico des­equilibrio de los centros. Sólo cuando hay una correcta compren­sión de las fuerzas y su recepción y consecuente empleo, se logrará el correcto equilibrio, y el sistema endocrino humano controlará al hombre físico en la forma designada. Es imperativo que se estudien ya los problemas siguientes:

 

1.                  La adecuada recepción de la fuerza a través del centro apro­piado. Un ejemplo de ello puede hallarse en el correcto control del centro plexo solar, por el cual la sensibilidad astral puede ser registrada y debidamente manejada.

 

2.                  La correcta relación entre un centro determinado y su glándula correspondiente, lo cual permite la libre actuación de las fuer­zas que afluyen a través del centro, a la analogía glandular afín, condicionando así su peculiar hormona y oportunamente la co­rriente sanguínea. Si se capta esta secuencia de contactos, se comprenderá con más claridad el significado oculto de las pa­labras de El Antiguo Testamento: “la sangre es la vida”. La  vitalidad, proveniente del cuerpo etérico, penetra en la corrien­te sanguínea por intermedio del centro que responde a uno de los siete tipos peculiares de fuerza y su glándula afín. Por lo tanto se evidencia que hay una estrecha relación entre:

 

a.       El cuerpo etérico, como transmisor de un vasto conglomerado de energías y fuerzas.

 

b.      El sistema endocrino, cuyas diversas glándulas son en reali­dad la exteriorización o materialización de los centros ma­yores y menores.

 

c.       El corazón, que es el centro de la vida, así como el cerebro es el de la conciencia. Desde el corazón la sangre circula y es controlada. Estos tres grandes sistemas están relacionados.

 

d.      Todo el sistema glandular con el sistema nervioso, por me­dio de la red de nervios y “nadis” que subyacen en esta red. Estos nadis son hilos de fuerza vital que fundamentan cada parte del cuerpo y particularmente todos los aspectos del sistema nervioso.

 

A estos problemas y relaciones podría agregarse otro, el cual cons­tituye la interrelación que debe establecerse entre todos los cen­tros, y permite el libre juego de la fuerza, en correcto ritmo, por todo el cuerpo físico.

 

 Por lo tanto tenemos una gran directiva entrelazada que controla o no al cuerpo físico. La falta de control se debe al fracaso en establecer ciertas relaciones en el cuerpo, o a la falta de des­arrollo. Estos grupos entrelazados son:

 

1.      El cuerpo etérico, que actúa principalmente a través de sus siete centros principales y también por medio de muchos otros centros.

 

2.      El sistema endocrino, que trabaja primordialmente a través de los siete grupos glandulares mayores y de muchas otras glándulas menos importantes.

 

3.      El sistema nervioso (el simpático y el cerebro-espinal), con su peculiar énfasis puesto en el nervio vago y su efecto sobre el corazón y en consecuencia sobre la corriente sanguínea.

 

Todos estos puntos deben ser considerados y correlacionados en cualquier sistema de curación esotérica, y la parte técnica que debe abarcar es, en último análisis, menos intrincada que el vasto sistema erigido por la medicina y la cirugía ortodoxas. Debido a la falta de coordinación de estos tres sistemas el arte de la curación no ha podido realizar todo lo que desea. Mucho ha hecho, pero debe dar otro paso hacia el plano etérico antes que pueda descu­brirse la verdadera clave de la enfermedad y su curación.

 

Por ejemplo, la carencia de vitalidad y la condición subnormal  común, con las cuales estamos tan familiarizados, indican la iner­cia del cuerpo etérico y su falta de vitalidad. Los resultados de la inercia del cuerpo vital pueden ser físicos y sicológicos, porque las glándulas del cuerpo físico no funcionan normalmente, y como es bien sabido, condicionan la expresión física del hombre y tam­bién sus estados emocional y mental, hasta donde puedan o no  expresarse por intermedio del vehículo físico. Las glándulas no condicionan al hombre interno o sus estados de conciencia, pero pueden evitar, y lo hacen, esos estados internos que se manifiestan externamente. En el caso contrario, un cuerpo etérico muy poderoso y la sobrestimulación de los centros involucrados, ejer­cería una excesiva tensión sobre el sistema nervioso y produciría en consecuencia trastornos nerviosos definidos, hemicránea o ja­queca, desequilibrio mental y emocional y en algunos casos lleva­ría a la demencia.

 

He elaborado este asunto en cierta medida porque la relación del cuerpo etérico con el cuerpo físico y su receptividad a las energías internas, condicionan decididamente al hombre. Sería ne­cesario recordar esto al estudiar las causas de las enfermedades originadas en el cuerpo mental o debidas a la actividad del alma en la vida del discípulo, o al investigar el proceso por el cual el hombre se prepara para la iniciación. El cuerpo etérico siempre e invariablemente debe actuar como agente transmisor de las ener­gías internas al plano externo, y el cuerpo físico tiene que apren­der a responder y a reconocer aquello que es transmitido. La efectividad de la transmisión y la resultante actividad física dependen siempre de los centros, que a su vez condicionan las glándulas; éstas, más adelante, determinan la naturaleza y la conciencia que expresa el hombre. Si los centros están despiertos y receptivos tendremos un mecanismo físico que responderá a las fuerzas aflu­yentes. Si los centros están aletargados pueden transmitir muy poca fuerza; así tendremos un mecanismo físico lento e insensible. Si los centros ubicados abajo del diafragma están despiertos y los de arriba no lo están, tendremos un hombre cuya conciencia estará enfocada en las naturalezas animal y emocional, y muchas de sus enfermedades físicas tendrán su asiento abajo del diafragma. Po­drán ver, por lo tanto, cuán intrincado y complejo es todo este asunto, tan complejo, que sólo será plenamente comprendido cuan­do los seres humanos recuperen el perdido poder de “ver la luz” del cuerpo etérico y de sus siete centros mayores, y, a través de un desarrollado sentido del tacto en las manos y dedos, verifiquen el grado de vibración de los diversos centros. Cuando estos dos medios de conocimiento estén disponibles, el tema del cuerpo eté­rico adquirirá nueva importancia y será correctamente compren­dido.

 

 

3. CAUSAS QUE SE INICIAN EN EL CUERPO MENTAL

 

Inicié esta sección de estudio con las causas que se inician en los cuerpos astral y etérico, porque son fuentes principales de per­turbación, debido a que la mayor parte de la humanidad está as­tralmente enfocada, así como la mayoría de las formas del reino animal están enfocadas etéricamente. Las fuerzas que afluyen al reino animal llegan predominantemente de los niveles etéricos y de los físico-densos de la vida. Sin embargo, los animales más evolu­cionados, debido al desarrollo producido por su contacto con los seres humanos, están llegando a ser susceptibles a las fuerzas pro­venientes del plano astral, y actúan y reaccionan en forma que no son puramente instintivas.

 

Hoy, por el desarrollo mental de la raza aria, pueden surgir ciertas dificultades en el cuerpo físico. Su origen no es básicamen­te mental, se debe primordialmente al hecho de que el cuerpo mental es el transmisor (cuando está activo y correctamente alinea­do) de la energía del alma, y esta energía, que afluye al cuerpo físico, puede producir sobrestimulación y dificultades vinculadas con el sistema nervioso. La energía transmitida es la causante del malestar y no el factor que se origina en la mente misma. Elabo­raré esto más adelante.

 

 

A.  Actitudes Mentales Erróneas.

 

Quisiera ocuparme ante todo, de la premisa básica de que la enfermedad y los impedimentos físicos no son el resultado de pen­sar erróneamente, probablemente son el resultado de no pensar, o el fracaso en acatar esas leyes fundamentales que rigen la mente de Dios. Un interesante ejemplo de ello es que el hombre no sigue la básica Ley del Ritmo, que rige todos los procesos de la naturaleza, formando él parte de la naturaleza. Gran parte de las do­lencias inherentes al uso y abuso del impulso sexual, podemos adjudicarlas al fracaso de actuar con la Ley de Periodicidad. El hombre no está regido por la manifestación cíclica del impulso sexual, y tampoco su vida es gobernada por un ritmo definido, excepto los ciclos por los que atraviesa la mujer, a los cuales se les presta muy poca atención, Sin embargo, el hombre no está regido por tales ciclos y ha roto también el ritmo al cual debe estar subordinado el cuerpo femenino y que -bien entendido- determinaría el uso de las relaciones sexuales, incluyendo lógica­mente también el impulso masculino. Este fracaso, en vivir de acuerdo a la Ley de Periodicidad y en subordinar los apetitos al control cíclico, es una de las principales causas de las enfermeda­des; a medida que esas leyes adquieren forma en el plano mental, podría decirse legítimamente que su infracción tiene una base mental. Esto podría ser así, si la raza trabajara mentalmente, pero no lo hace. En el mundo moderno de hoy se está cometiendo una definida infracción a estas leyes mentales, particularmente la Ley de los Ciclos que determina las mareas, controla los acontecimien­tos mundiales y debería condicionar también al individuo y esta­blecer hábitos rítmicos de vida uno de los mayores incentivos que predispone a la buena salud.

 

 Al quebrantar la Ley del Ritmo, el hombre ha desorganizado las fuerzas que, correctamente empleadas, tienden a llevar al cuer­po a una condición sana y saludable; también ha sentado las bases para esa debilidad general y tendencias orgánicas inherentes, que predisponen al hombre a la mala salud y permiten entrar en el sistema los gérmenes y bacterias que producen las formas exter­nas de enfermedades malignas. Cuando la humanidad recupere la comprensión del correcto empleo del tiempo (que la Ley del Ritmo determina en el plano físico) y pueda determinar los ciclos apro­piados para las diversas manifestaciones de la fuerza de la vida en el plano físico, entonces aquello que fue primordialmente un hábito instintivo se convertirá en una costumbre inteligente en el futuro. Esto constituirá una ciencia totalmente nueva, y el ritmo de los procesos naturales y los correctos ciclos del funcionamiento físico establecidos como hábitos, traerán una nueva era de salud y de sanas condiciones físicas para toda la raza.

 

Utilicé la palabra “establecidos” porque a medida que la ten­sión racial se traslada a la región de los valores superiores, el vehículo físico se beneficiará enormemente y la buena salud -por el correcto vivir rítmico además del correcto pensar y del contacto con el alma- quedará establecida permanentemente.

 

En consecuencia, pocos males que tienen una base mental ha heredado la carne. Resulta extremadamente difícil establecer cua­les son. Hay dos razones para este fracaso estadístico:

 

1.      Que muy pocos, de la raza, relativamente hablando, están polarizados mentalmente y, por lo tanto, piensan.

 

2.      Que la gran mayoría de las enfermedades son etéricas o as­trales.

 

Otro factor que produce esta dificultad es que los pensamientos y las reacciones emocionales del hombre se hallan tan estrecha­mente interrelacionadas que es difícil, en esta etapa de la evolu­ción,  separar sentimientos y pensamientos o decir que tal o cual enfermedad surge en el cuerpo astral o mental, o que ciertas enfer­medades se deben a erróneos sentimientos y otras a erróneos pen­samientos, hablando en términos de toda la familia humana, son relativamente muy pocos los que piensan, en el mundo. EL resto  se ocupa del sentimiento, de la percepción sensorial y de muchos y diferentes aspectos del emocionalismo, tales como la irritabilidad, preocupación, ansiedad aguda, aspiración hacia algún deseado fin o meta, depresión, más la dramática vida de los sentidos y de la conciencia del “Yo en el centro”. Pocas personas viven en el mun­do del pensamiento y menos todavía en el mundo de la realidad. Cuando lo hacen, el resultado es inevitablemente mejor salud, por­que hay mejor integración y por consiguiente un juego más libre de las fuerzas de la vida por todos los vehículos de expresión.

 

 

B. Fanatismo Mental. El Dominio de las Formas Mentales.

 

Puntualizaré aquí que las enfermedades y dificultades surgidas de lo que he llamado actitudes mentales erróneas, fanatismos e idealismos frustrados y esperanzas desvanecidas, son de tres cate­gorías, y un estudio de ellas demostrará que, en último análisis, de ninguna manera son de origen mental, sino principalmente re­sultado del emocionalismo.

 

1.      Las incidentales a la actividad y al trabajo impuestos en el plano físico, que tienen su incentivo en esas condiciones mentales. Conducen por ejemplo a la violenta actividad y al trabajo exce­sivo, debido a la determinación de que el plan se desarrolle y no sea frustrado. El resultado es frecuentemente el colapso del siste­ma nervioso, que podría haberse evitado si la condición mental hubiera cambiado y logrado el correcto ritmo en el plano físico, pero el trabajo físico fue la causa de la dificultad, más que la condición mental. 

 

2.      Las que se producen por el estado de rebelión, que cobra a la vida, y la manifestación de violentas reacciones emocionales. Éstas, por ejemplo, pueden estar basadas en la comprensión mental del Plan, más el reconocimiento de que esos planes no se materia­lizan a menudo, debido a lo inadecuado del equipo físico; pero la causa básica de la enfermedad es la rebelión emocional y no la condición mental. Amarguras, disgustos, odios y un sentido de frustración pueden producir, y lo hacen, muchas de las prevale­cientes condiciones tóxicas y un estado de intoxicación general y mala salud de que mucha gente habitualmente sufre. Su visión es más grande que sus realizaciones y esto causa sufrimiento emo­cional. La curación de esto reside en la sencilla palabra aceptación. No es un estado negativo de asentimiento a una sumisa vida inac­tiva, sino una positiva aceptación (en pensamiento y expresión prácticas) de una condición que parece, en el momento inevitable, lo cual conduce a evitar toda pérdida de tiempo al tratar de reali­zar lo imposible y a efectuar el correcto esfuerzo para llevar a cabo lo que es posible.

 

3.      Las dificultades causadas porque el mecanismo físico no está a la altura de las exigencias de la vida mental del individuo, son natural y lógicamente parte de la herencia física, y cuando ello sucede, generalmente nada puede hacerse, aunque, cuando la aspiración es real y persistente, puede llegar a corregirse mucho y sentar las bases para un mejor funcionamiento en otro ciclo de vida.

 

Es conveniente que me ocupe, lo más brevemente posible, del problema de la curación mental y de la enseñanza de que toda enfermedad es producto del pensar erróneo. Ustedes comienzan a trabajar, y quisiera que piensen con claridad sobre este punto. Los dos problemas que he presentado están estrechamente relacionados. Podría expresarlo en dos preguntas:

 

1.      ¿La enfermedad es resultado del pensamiento?

 

2.      ¿El poder del pensamiento puede producir efectos curativos cuando son empleados por un individuo o grupo?

 

En vista de que muchas enfermedades están, como he dicho, latentes en la materia misma del planeta, evidentemente el pen­samiento humano no es responsable de las enfermedades. Ello an­tedata a la llegada de la humanidad al planeta. Existen enferme­dades en el mundo mineral, en el reino vegetal y también entre los animales, aún en su estado salvaje y en su natural región nativa, incontaminadas por el hombre. Por eso él no puede ser responsable de ellas, tampoco son el resultado del erróneo pensar humano. De­cir que se debe al erróneo pensar del Logos planetario o del Logos solar, no constituye una respuesta al interrogante. Esto es apar­tarse de la cuestión y evadir el tema.

 

Repetiré dos definiciones que di anteriormente, sobre las cau­sas de la enfermedad. Permítanme recordarlas:

 

“Toda enfermedad es el resultado de la inhibición de la vida del alma. Esto es verdad en las formas de todos los reinos”.

 

“La enfermedad es el producto de tres influencias y está sujeta a ellas. Primero, el pasado del hombre, en que paga el precio de antiguos errores; segundo, su herencia, donde comparte con todo el género humano las contaminadas corrientes de energía de origen grupal; tercero, su participa­ción con todas las formas naturales de aquello que el Señor de la vida impone a Su cuerpo. Estas tres influencias son denominadas la Antigua Ley de Participación del Mal. Al­gún día ésta cederá su lugar a la nueva Ley del Antiguo Bien Predominante que reside detrás de todo lo que Dios ha creado. Esta ley debe ser puesta en vigencia por la voluntad espiritual del hombre”.

 

 Si se analizan las cuatro causas de la enfermedad, dadas aquí, observarán que la enfermedad oportunamente será controlada por la liberación del alma en todas las formas, y esto se efectuará me­diante el activo empleo, por el hombre, de su voluntad espiritual. Se podría expresar esto de otra manera, diciendo que cuando la energía del alma y el correcto empleo de la voluntad (que en el individuo es el reflejo y agente de la energía volitiva del alma) sean correctamente liberados y dirigidos por la mente, entonces la enfermedad podrá ser manejada y eliminada oportunamente. Por lo tanto, la enfermedad puede ser controlada imponiendo una ener­gía y ritmo superiores sobre las fuerzas inferiores. En consecuencia la enfermedad es el resultado del fracaso del cuerpo físico para atraer esas energías y ritmos superiores, lo cual a su vez, depende del grado de evolución.

 

La vaga percepción de este fracaso y la comprensión de estos hechos ha inducido a que numerosos grupos crean en la curación de la enfermedad por el poder del pensamiento y culpen la aparición de la enfermedad a los erróneos pensamientos. Pero, en reali­dad, la humanidad debe aprender algún día que sólo la conciencia superior del alma, actuando a través de la mente, puede finalmente solucionar este difícil problema.

 

No podemos por consiguiente afirmar como regla general que la enfermedad tiene alguna relación con el pensamiento, ello es simplemente el abuso de las fuerzas de los niveles etérico, astral y físico denso. La mayoría de la gente se ve imposibilitada de hacer algo al respecto, pues, por ejemplo, las fuerzas que constituyen el cuerpo físico y pasan y actúan sobre él, son heredadas de un legendario pasado, constituyendo parte del medio ambiente y de la vida grupal en que están integrados y que comparten con sus se­mejantes. Esta materia-fuerza está matizada por los resultados de antiguos y equivocados ritmos, fuerzas mal empleadas y cualida­des heredadas. La energía del alma, expresada por el correcto pen­sar, puede curar enfermedades a la que el hombre está predispues­to. No registrar, expresar ni pensar en los estados superiores de conciencia, conduce a ritmos erróneos. En consecuencia, repito, la enfermedad no es el resultado del pensamiento.

 

 

C. Idealismo Frustrado.

 

Existen ciertas enfermedades que aparecen en el mecanismo físico y están definidamente arraigadas por el hecho de que la actividad (resultado del pensamiento específico) ha sido matizada y condicionada por la vida emocional del individuo, y la vida emo­cional es la fuente fructífera de la enfermedad y del establecimiento de ritmos erróneos. Por lo tanto, el predominio de la fuerza astral y no de la energía mental, realmente causa trastornos físi­cos. No me refiero a los trastornos del sistema nervioso ni del cerebro, que son el resultado de la sobrestimulación y del impacto de la energía (a menudo de la mente y del alma) sobre un instru­mento inapropiado para manejarla. Esto lo consideraremos más adelante. Me refiero simplemente a la siguiente secuencia de los acontecimientos en la vida sicológica y a las resultantes actividades:

 

La enfermedad es una forma de actividad:

 

1.      La actividad mental y la energía producen (por el poder del pensamiento) ciertos registros de planes, idealismos y ambiciones.

 

2.      Esta energía, fusionada con la energía astral, llega a ser dominada y controlada por las reacciones astrales de tipo indeseable, tales como la preocupación por no haber reali­zado algo, el fracaso en materializar los planes, etc. En con­secuencia se produce la amargura de la vida.

 

3.      Entonces aparecen en el cuerpo físico las enfermedades, de acuerdo a las tendencias predisponentes del cuerpo y sus inherentes debilidades heredadas.

 

 Observarán que, en realidad, el cuerpo mental y el poder del pen­samiento en ningún caso han sido la causa del malestar, sino que se debió a la eliminación del pensamiento original y por haberlo hecho descender al nivel del emocionalismo. Cuando este descenso y eventual control no se efectúa por las fuerzas astrales y el pen­samiento permanece claro e incólume en el plano mental, puede haber trastornos de otra índole, debidos al fracaso de “llevar com­pletamente” el pensamiento a la acción efectiva en el plano físico. Este fracaso produce no sólo el desdoblamiento de la personalidad, tan conocida por el sicólogo activo, sino también el cercenamiento de una corriente de energía muy necesaria. Como consecuencia, el cuerpo físico se desvitaliza y sobreviene la mala salud. Cuando el pensamiento puede ser llevado hasta el cerebro físico y se con­vierte allí en agente directriz de la fuerza de la vida, tendremos generalmente buena salud, y esto se ha comprobado, aunque el individuo haya tenido buenos o malos pensamientos, correcta­mente motivados o erróneamente orientados. Es simplemente efec­to de la integración, porque santos y pecadores, el egoísta y el altruista y cualquier tipo de persona, pueden lograr la integra­ción y una vida dirigida por el pensamiento.

 

La segunda pregunta se refiere a si un individuo o grupo pue­de curar por el poder del pensamiento.

 

Podría decirse, generalizando, que un individuo y un grupo pueden curar y que el pensamiento puede desempeñar una parte poderosa en el proceso de curación, pero no el pensamiento solo y sin otra ayuda. El pensamiento puede ser el agente directriz de las fuerzas y energías que desintegran y disipan la enfermedad, pero el proceso debe ser ayudado por el poder de visualizar, la habili­dad de trabajar con determinadas fuerzas, según se crea conve­niente, la comprensión de los rayos y sus tipos de energía y también por la capacidad de manejar la sustancia-luz, tal como se la denomina. A estos poderes además de un corazón amoroso, debe agregarse la capacidad de estar en armonía con quien se ha de curar. En realidad, una vez que se han llenado estas condiciones, el excesivo empleo de la facultad pensante y el intenso uso del proceso mental puede detener y obstaculizar el trabajo de cura­ción. El pensamiento tiene que condicionar el incentivo inicial, haciendo que la inteligencia del hombre influya sobre el problema de curación y la comprensión de la naturaleza del que debe ser curado; pero una vez que el pensamiento ha ayudado a enfocar atención del curador y del grupo de curación debe convertirse en un constante pero subconsciente agente directriz y nada mas.

 

La curación se realiza, cuando es posible, por el empleo de la energía correctamente dirigida y la visualización detallada; la amor también desempeña un gran papel, como la mente en la primera etapa. Quizás debiera decir que la energía más poderosa es la del corazón amoroso.

 

He respondido a estas dos preguntas porque quisiera que estos problemas estén claros en sus mentes antes de comenzar cualquier trabajo grupal de curación.

 

El pensamiento no cura ni causa las enfermedades. El pensa­miento debe ser aplicado durante los procesos, pero no es el único agente ni el más importante. En esto muchos grupos y curadores se desorientan. La mente puede dirigir energía y esta a su vez causar la sobrestimulación del cerebro y las células del cuerpo  trayendo trastornos nerviosos y a veces enfermedades cerebra­les, pero la mente y el pensamiento de por sí, no pueden causar enfermedad ni malestar en el cuerpo físico. A medida que la raza aprenda a pensar clara y definidamente y las leyes del pensamien­to comiencen a controlar la conciencia racial, la enfermedad (tal como la conocemos ahora) disminuirá grandemente y muchas más personas lograrán la integración. Cuando hay integración existe libre actuación de fuerza y energía por todo el cuerpo material. Los problemas de la estimulación pueden por lo tanto acrecen­tarse, constante y conjuntamente, con la creciente sensibilidad del hombre físico y el enfoque de su conciencia -en progresivo desarro­llo- en la naturaleza mental. Esto continuará hasta que el hombre aprenda a manejar las energías superiores, y a reconocer la  nece­sidad de una vida rítmica, prestando atención a la Ley de Pe­riodicidad.

 

En el trabajo de curación, el curador debería dominar y seguir ciertas reglas. Ya he dado tres reglas importantes. Someramente son las siguientes y dividiré la primera en sus partes componen­tes para mayor claridad:

 

1.       

a.       El curador debe tratar de vincular su alma, corazón, cere­bro y manos. Así puede derramar la fuerza vital, con poder curador, sobre su paciente. Esto es trabajo magnético.

 

b.      El curador debe tratar de vincular su alma, cerebro, cora­zón y emanación áurica. Así su presencia puede nutrir la vida del alma del paciente. Esto es trabajo de radiación. Las manos no son necesarias. El alma despliega su poder.

 

2.      El curador debe adquirir pureza magnética, a través de la pure­za de vida. Debe lograr esa dispersiva radiación que se manifies­ta en todo hombre, que ha vinculado los centros de la cabeza. Cuando se ha establecido este campo magnético, entonces surge la radiación.

 

3.      El curador debe entrenarse para conocer la etapa interna del pensamiento o del deseo de quien busca su ayuda. Así podrá conocer la fuente de donde proviene el malestar. Debe rela­cionar la causa y el efecto y conocer el punto exacto a través del cual debe llegar el alivio.

 

Les daré como grupo, otra regla, constituyendo así cuatro reglas principales.

 

 

REGLA CUATRO

 

El curador y el grupo de curación deben mantener sujeta la voluntad, pues no debe emplearse la voluntad, sino el amor.

 

Esta última regla es de gran importancia. Jamás debería utili­zarse  la voluntad concentrada de cualquier individuo ni la volun­tad dirigida de un grupo unificado. El libre albedrío del individuo nunca debe ser sometido al impacto de la voluntad de un grupo o individuo, poderosamente enfocado, pues este procedimiento es demasiado peligroso para ser permitido. La energía de la voluntad (particularmente de un número de personas, actuando simultá­neamente sobre los cuerpos sutiles y físico del que debe ser cura­do) puede acrecentar grandemente el malestar en vez de curarlo, estimular la enfermedad hasta llegar a proporciones peligrosas y desintegrar las fuerzas curativas de la naturaleza en lugar de co­laborar con ellas, y también oportunamente matar a la persona involucrada, por el agravamiento de la enfermedad, de manera que la normal resistencia del paciente llegaría a ser inútil. En  consecuencia les pediré que en cualquier trabajo grupal de curación, mantengan la voluntad (y aún el intenso deseo) en suspenso. Sólo a los iniciados de alto grado se les permite curar por el poder de la voluntad, enfocada en la PALABRA DE PODER, y esto únicamente porque pueden probar la capacidad del paciente, la intensidad de la enfermedad y saber también si por voluntad del alma la enfermedad será o no curada.

 

Hemos abarcado muchas cosas importantes en esta sección, que demandará un cuidadoso estudio. En la próxima, sólo trataré los problemas peculiares del discípulo; les pediría, como preparación, estudiar cuidadosamente la enseñanza dada anteriormente sobre las enfermedades de los místicos (Tratado sobre Siete Rayos, II, págs. 396-475). Mucho de lo explicado allí no es necesario repetirlo, pero debería ser incorporado a la enseñanza sobre curación. Sugiero que lean y conozcan algo sobre esos pro­blemas, tanto teóricamente como basados en la comprensión acerca de sí mismos. Se habrán dado cuenta, en cierta medida y por propia experiencia, de algunas de estas dificultades.

 

 

El Sagrado Arte de Curar

 

En este tratado no intento considerar la patología de la enfer­medad, sus sistemas ni sus malignos  indicios. Esto lo abarca plena­mente cualquier tratado y texto moderno comunes sobre medicina, y no soy clínico entrenado ni autoridad médica, ni tampoco tengo tiempo para ocuparme de tecnicismos. Lo que me interesa es dar al mundo una idea de las causas verdaderas y ocultas de la enfermedad y de sus orígenes, y también, el trabajo de curación, tal como lo lleva a cabo y sanciona la Gran Logia Blanca.

 

El trabajo, en realidad, es el empleo razonable de la energía aplicada con amor y ciencia. Todo lo que explico es resultado de la experimentación. Tales tipos de curación caen en dos categorías:

 

1.      En la curación magnética el curador o el grupo de curación hace dos cosas:

 

a.      Atrae al centro de curación ese tipo de energía que con­trarrestará la enfermedad. Esto lógicamente es un tema muy vasto y de profunda impor­tancia científica. Algunos tipos de fuerza de rayo pueden ser utilizados en determinados tipos de enfermedad, necesitando el empleo de ciertos centros específicos para su distribución. Esto lo consideraremos y esbozaremos al llegar a la sección titulada Los Siete Métodos de Curación.

 

b.     Atrae hacia sí y absorbe esas fuerzas que producen la enfer­medad, extrayéndola del paciente.

 

Este último proceso exige que el curador adopte precauciones para evitar el contagio de la enfermedad y para que las fuerzas no se introduzcan en su cuerpo. También debe suministrársele al paciente nueva energía que reemplace la energía extraída. Este proceso inicia una interacción definida entre el curador y el paciente. En consecuencia, existe un verdadero peligro en este trabajo de curación esotérica y por esta razón el sanador en entrenamiento debe tener presente que trabajará como gru­po y no como individuo. La libre circulación de la fuerza pro­duce la buena salud en el individuo o el grupo. La libre circulación de la fuerza entre el curador o el grupo de curación y la persona que debe ser curada, puede curar la enfermedad, siem­pre que el destino del hombre permita ser curado en determi­nado momento y él colabore en lo posible, aunque en realidad esto no es esencial. En muchos casos pueden obtenerse resul­tados más rápidos. En otros, la ansiedad del paciente puede contrarrestar los efectos deseados.

 

2.      En la curación por radiación el proceso es más simple y seguro, porque el curador sencillamente acopia poder en sí mismo y luego lo irradia al paciente como una constante corriente de energía radiante que afluye externamente, la cual deberá ser dirigida al centro más cercano a la parte enferma.

 

Este trabajo no implica ningún riesgo para el curador, pero si se introduce el elemento voluntad en su pensamiento, o la co­rriente de energía proyectada es demasiado fuerte, entonces pueda haber peligro para el paciente. El impacto de la fuerza que se está irradiando sobre él, quizás no sólo produzca tensión nerviosa, sino un acrecentamiento del poder de la enfermedad y su intensificación por la estimulación de los átomos y las células involucradas en la actividad de la tuerza responsable de la perturbación. Por esta razón el aprendiz debe evitar concentrarse sobre la enfermedad o la zona implicada, en el cuerpo físico, y mantener cuidadosamente pasivo todo pensamiento, una vez que se ha realizado el trabajo preliminar, porque la energía sigue al pensamiento y se dirige allí donde el pensamiento está enfocado.

 

 Los curadores tienen que determinar la efectividad de lo que están tratando de realizar, la potencia del trabajo grupal unido y la fuerza que pueden manejar. También tienen que desarro­llar la capacidad de mantener su voluntad en segundo plano y enviar la radiación curadora sobre una corriente de energía de amor, y además recordar que el amor es energía y una sustan­cia tan real corno la materia densa. Esa sustancia puede ser utilizada para expulsar el tejido enfermo y proporcionar un sustituto sano en lugar de la materia enferma eliminada.

 

 Por lo tanto, en el primer ciclo de trabajo ensayarán el método de radiación, que es el más simple y más fácil de dominar. Más tarde podrán experimentar el método de la curación magnética.

 

Por lo antedicho comprenderán el propósito de las reglas acerca de los métodos de curación que impartí anteriormente en esta serie de instrucciones y por qué, en este trabajo de radiación, el pro­ceso de vinculación involucra al alma, al cerebro y a toda el aura o el campo magnético del individuo o de la actividad grupal. No se menciona ni implica la mente, y el cerebro actúa sólo como punto de enfoque del amor y la fuerza curadora que debe ser pro­yectada en la corriente de energía que surge del centro ajna.

 

El curador deberá mantener todas las fuerzas enfocadas en la cabeza y también su atención concentrada allí. El corazón estará implicado automáticamente, pues al principio empleará totalmen­te la energía del amor.

 

Clasificaré ahora las reglas por las cuales se regirán los grupos curadores. Quisiera intercalar aquí que no siempre es necesario ni posible reunirse y trabajar juntos en formación grupal. Este tra­bajo puede ser llevado adelante eficiente y potentemente si los miembros trabajan como grupo subjetivo; cada uno debería seguir las instrucciones diariamente,  como si estuviera trabajando en su grupo en forma tangible. Esta real vinculación se logra imaginán­dose que está en presencia de sus hermanos. Si se reunieran como grupo en el plano físico, sería muy difícil evitar la disipación de fuerzas, por las discusiones, los saludos efusivos y la interacción física entre las personalidades. Inevitablemente se produciría de­masiada conversación y el trabajo no sería adecuadamente eficaz. Desde el punto de vista físico trabajan solos, desde el verdadero punto de vista interno trabajan en la más estrecha colaboración.

 

Las primeras reglas que quisiera que dominara el estudiante son:

 

Reglas Preliminares para la Curación por Radiación

 

1.      Por un acto de voluntad, después de haber hecho un rápido y consciente alineamiento, debe vincularse como alma con las al­mas de sus hermanos de grupo, luego con sus mentes y luego con sus naturalezas emocionales. Debe emplear la imaginación, com­prender que la energía sigue al pensamiento y que si lo realiza correctamente es inevitable el proceso vinculador. Entonces ya puede actuar como grupo. Luego tiene que olvidar la relación gru­pal y concentrarse en el trabajo a realizar.

 

2.      Internamente deberá vincular alma y cerebro, reunir las fuerzas del amor que están en su aura, enfocándose en la cabeza, conjuntamente con todo lo que tiene para ofrecer, imaginándose  como un centro radiante de energía o un punto de vívida luz. Esta luz debe ser proyectada sobre el paciente a través del centro ajna, situado entre los ojos.

 

3.      Luego debe pronunciar el siguiente mántram grupal:

 

“Con pureza de móvil, inspirado por un corazón amoroso, nos ofrecemos para este trabajo de curación. Este ofrecimiento lo hace­mos, como grupo, a aquel que tratamos de curar”.

 

Al hacer esto, debe visualizarse el proceso vinculador, viéndolo como líneas de viviente sustancia de luz en movimiento, y vincu­lándose usted por un lado con los miembros del grupo, y por otro, con el paciente. Vea estas líneas yendo desde usted al centro car­díaco del grupo y hacia el paciente. Siempre debe actuar desde el centro ajna, el centro entre las cejas, hasta no recibir instrucciones de hacer otra cosa. Así el centro ajna y el centro cardiaco de las personas involucradas estarán estrechamente interrelacionados. Aquí puede observarse el valor de la visualización. En realidad, es la exteriorización etérica de la imaginación creadora. Reflexionen sobre esta última frase.

 

4.      Debe emplear el pensamiento, el pensamiento dirigido, du­rante un breve instante y pensar en aquel que está tratando de curar, vincularse con él y enfocar su atención sobre él, a fin de que llegue a ser una realidad en su conciencia y también en su fuero interno. Cuando llega a percibir cuál es la dificultad física, recuérdela simplemente y luego olvídela. Lo mismo debe hacer con los detalles del trabajo, tales como el grupo, usted mismo y la dificultad del paciente, y concentrarse sobre el tipo de fuerza que va a manipular, que en este caso y momentáneamente es fuerza de segundo rayo, la fuerza del amor. Lo que aquí describo es la adaptación del método de curación de segundo rayo, preparado para principiantes.

 

5.      Debe sentir que en usted penetra un profundo amor. Consi­dérelo como luz sustancial que usted puede y podrá manipular. Entonces debe enviarse como una corriente de luz radiante desde el centro ama, dirigiéndola por intermedio de sus manos al pa­ciente. Al hacerlo colocará las manos delante de los ojos, con las palmas hacia afuera y los dorsos cerca de los ojos, más o menos dieciocho centímetros delante de la cara. De esta manera la co­rriente que surge desde el centro ajna se divide en dos, afluyendo a través de ambas manos. Así se la dirige al paciente. Después visualizarla como yendo al paciente  y sentir que éste la recibe. Cuan­do realiza esto, diga en voz baja pero en forma audible:

 

“Que el amor del Alma una, enfocada en este grupo, irradie sobre ti, hermano mío, y penetre en cada parte de tu cuerpo -sanando, aliviando, fortaleciendo y disipando todo lo que obstaculiza el servicio y la buena salud”.

 

Decir esto lenta y deliberadamente, confiando en los resultados. Evitar que ningún poder mental o volitivo entre en la corriente de energía curadora, sino sólo un concentrado amor irradiante. El empleo de la facultad de visualizar y el de la imaginación crea­dora, más un sentido de profundo y constante amor, mantendrán la mente y la voluntad pasivas.

 

Haré hincapié sobre la urgente necesidad de un completo silen­cio y parquedad, respecto a todo trabajo de curación. Que nadie sepa que trabajan de esta manera ni mencionen los nombres de quienes tratan de ayudar. Tampoco hablen entre ustedes del pa­ciente bajo tratamiento. Si no se cumple esta regla básica sobre el silencio, indicará que no están preparados aún para este trabajo, debiendo interrumpirlo. Este mandato es mucho más importante de lo que se imaginan, hablar y discutir no sólo tiende a desviar y disipar la fuerza, sino a violar una regla fundamental para la cual todo curador ha sido entrenado para cumplirla y hasta la profe­sión médica en el plano físico sigue este mismo procedimiento general.

 

 

Tres Leyes Mayores para la Salud

 

Existen tres Leyes mayores y siete menores para la salud. Rigen en los tres mundos y es todo lo que les concierne en la actualidad. En las enseñanzas que se impartirán en el futuro inmediato, el principal énfasis será puesto eventualmente sobre la técnica del cuerpo etérico, pues tal es el siguiente paso adelante. Las leyes mayores son: 

 

1.      La ley que controla voluntad de vivir, manifestación del primer aspecto del Logos, voluntad o poder.

 

2.      La ley que controla la igualdad de ritmo, manifestación del segundo aspecto del Logos, amor o sabiduría.

 

3.      La ley que controla la cristalización, manifestación del ter­cer aspecto del Logos, la actividad o aspecto fundamental.

 

Los tres factores regentes o leyes se manifiestan a través de las tres principales divisiones del ente humano

 

1.      El aspecto voluntad, se manifiesta a través de los órganos de la respiración, otra de sus expresiones es la facultad de dormir. En ambos tenemos la repetición o analogía en el microcosmos de la manifestación y pralaya logoicos.

 

2.      El aspecto amor, se manifiesta a través del corazón, el siste­ma circulatorio y el sistema nervioso. Por muchas causas es muy importante que se comprenda esto, pues controla predominantemente  el cuerpo etérico y su asimilación de prana o vitalidad. Este prana actúa por medio de la sangre y los nervios, pues la fuerza de la vida utiliza la corriente sanguínea, y la fuerza síquica actúa a través del sistema nervioso. Ambos sectores del organismo hu­mano causan la mayor parte de las dolencias en la actualidad y las causarán en mayor medida en el futuro. La raza aprende por medio del sufrimiento, y sólo la extrema necesidad impulsa al hombre a buscar una solución y alivio. Desde el actual ángulo de las cura­ciones, el hombre forma también una trinidad menor que es importante:

 

a.       El cuerpo físico denso, acerca del cual conocen mucho la ciencia y la medicina.

b.       

c.       El cuerpo etérico, el siguiente campo de esfuerzos, experimentos y descubrimientos.

 

d.      El cuerpo astral que, simultáneamente con el etérico, es el siguiente objetivo para el control científico. Aquí actuará la ciencia de la sicología.

 

3.      El aspecto actividad, se manifiesta principalmente a través de los órganos de asimilación y eliminación. Trato aquí de acentuar un punto. Así como nuestro sistema solar está desarrollando el aspecto amor, el segundo aspecto, y así como el ser humano está polarizado en el cuerpo astral, reflejo de ese segundo aspecto, de la misma manera es de suprema importancia el segundo de los tres sectores mencionados del organismo humano, el etérico. Hasta ahora ha trasmitido principalmente energía astral al cuerpo físico, y actualmente está en proceso de cambio.

 

La tendencia de la ciencia médica debería haber despertado a los hechos concretos del cuerpo físico denso y dedicarse al estudio de la vitalización y la circulación, pues ambas están estrechamente relacionadas. El sistema nervioso está hoy controlado esencial­mente desde el cuerpo astral, vía el etérico, y la base de todo tras­torno nervioso se halla oculta en el cuerpo emocional, donde la humanidad se halla polarizada en la actualidad. El sistema circu­latorio del cuerpo físico está controlado principalmente desde el cuerpo etérico. Cuando se posee un cuerpo etérico que no funciona correctamente ni trasmite suficiente prana y un cuerpo astral o emocional, que no está controlado adecuada y debidamente, tenemos en ambos el origen de la mayoría de las enfermedades y las condiciones nerviosas y mentales que aumentan anualmente. La acción refleja de la circulación inadecuada sobre el cerebro físico (también debido al cuerpo etérico), conduce a la tensión mental y eventualmente al colapso. Por lo antedicho puede verse la impor­tancia del vehículo etérico.

 

 El primer aspecto, tiene para su expresión y campo de control los órganos de la respiración y la facultad de dormir; cuando no funcionan debidamente, traen muerte, insania y algunas de las en­fermedades del cerebro.

 

El tercer aspecto, cuando no funciona adecuadamente, causa di­ficultades estomacales, trastornos intestinales y diversas enferme­dades localizadas abajo y debajo del plexo solar, en el abdomen.

 

Por lo tanto observarán que la ciencia médica deberá finalmen­te buscar la solución en la simplificación de los métodos, salir de la complejidad de las drogas y operaciones y retornar a la com­prensión del correcto empleo de la energía que afluye del hombre interno, por intermedio del cuerpo etérico, al físico.

 

Las siguientes sugerencias pueden ser de utilidad:

 

1.      Por el desarrollo de la buena voluntad, la voluntad de las buenas intenciones y móviles, se logrará la curación de las enfer­medades de la tráquea, los pulmones y la garganta, la estabiliza­ción de las células cerebrales, la cura de la demencia y las obsesio­nes y se obtendrá equilibrio y ritmo, lográndose la longevidad, pues la muerte debería ser el reconocimiento, por parte del alma, del trabajo realizado y el merecido pralaya, que sólo tendrá lugar posteriormente en prolongados y separados períodos y será de­terminado por la voluntad del hombre, quien cesará de respirar cuando haya terminado su trabajo, enviando entonces los átomos de su cuerpo al pralaya. Entonces el físico duerme, termina la manifestación, y el significado oculto de esto aún no ha sido comprendido.

 

2.      Por la comprensión de las leyes de la vitalidad -esta frase encierra las leyes que rigen al prana, a la radiación y al magnetis­mo- se obtendrá la curación de las enfermedades de la sangre, de las arterias y las venas, ciertas dolencias nerviosas, la falta de vitalidad, decadencia senil, mala circulación y enfermedades similares. Esto también tendrá como resultado la prolongación de la vida. Las leyes de la energía eléctrica también serán mejor comprendidas.

 

3.      Por la comprensión de los métodos correctos de la asimilación y eliminación vendrá la curación de las enfermedades relacio­nadas con los tejidos corporales, el estómago y el intestino y los ór­ganos genitales masculino y femenino. Algún día se comprenderá que estos últimos constituyen simplemente otro sistema de asimila­ción y eliminación, centrados esta vez en el aspecto femenino o mu­jer, pues debe recordarse que éste es el segundo sistema o de amor. El orden es el siguiente:

 

a.       El primer sistema fue masculino.

b.      El segundo sistema, el actual, es femenino.

c.       El tercer sistema será hermafrodita.

 

       Por lo tanto, aunque la evolucionante jerarquía humana es mascu­lina o positiva, no constituye una garantía de que todo lo que existe en el actual sistema sea también masculino. La realidad es que la facultad negativa o aspecto femenino predomina, aunque no lo reco­nozcan ustedes. Permítanme demostrar y dar algunas indicaciones de esta hipótesis, mediante guarismos:

 

1.      En el primer sistema solar existía una sola evolución predominante y consistió en cien mil millones de mónadas.

 

2.      En el actual sistema, el segundo, hay dos evoluciones predo­minantes, la humana y la dévica; existen -como ya dije- sesenta mil millones de mónadas humanas. Agreguen a esto la evolución dévica femenina que consiste en ciento cuarenta mil millones y tendremos los necesarios doscientos mil mi­llones de mónadas. Esto corrobora mi afirmación de que éste es un sistema femenino. 

 

3.      En el tercer sistema solar el número de mónadas en evolu­ción será de trescientos mil millones, necesarios para lograr la perfección del triple Logos.

 

Esta exposición ha sido necesariamente concisa, pues todo lo que trato de hacer es indicar las líneas que oportunamente ha de seguir el arte de la curación y dar ciertas sugerencias que seña­larán el camino hacia la causa de las enfermedades prevalecientes y así permitir a los inteligentes contrarrestar sus efectos. Esta bre­vedad y el método de impartir conocimiento, por medio de insinuaciones, es esencialmente ocultista, y será el único modo de en­carar este tema relativamente peligroso, hasta el momento en que un entrenamiento técnico y sólido de la medicina, cirugía y neuro­logía, se combine con una comprensión sicológica igualmente sóli­da, más cierta medida de visión espiritual. Clínico y cirujano ideal sería aquel que también fuera metafísico; a la carencia de esta combinación se le puede atribuir gran parte de las actuales difi­cultades y confusiones. El curador metafísico de hoy se halla tan absorbido por aquello que no es el cuerpo, que es de menos utili­dad que el clínico para la persona enferma o accidentada. El meta­físico común, no importa qué título se adjudique, tiene una mente cerrada, acentúa excesivamente las posibilidades divinas, exclu­yendo las probabilidades materiales o físicas.

 

La curación totalmente espiritual será divinamente posible con el tiempo, pero no es materialmente posible en determinados mo­mentos, en tiempo y espacio, y con personas que se hallan en etapas muy diferentes en la escala de la evolución. El momento oportuno y un sólido conocimiento de la actuación de la Ley del Karma, más una amplia medida de percepción intuitiva, son esenciales para el elevado arte de la curación espiritual. A ello debe agregarse el  conocimiento de que la naturaleza forma y el cuerpo físico no constitu­yen esencialmente la preocupación principal ni tienen la vasta importancia que algunos creen.

 

Algunos sectarios y curadores generalmente adoptan la posición de que es muy importante liberar al vehículo físico de enfermeda­des y arrebatarlo de las manos de la muerte. Sin embargo, quizás sea preferible (y frecuentemente lo es) dejar que la enfermedad realice su trabajo y la muerte libere al alma del aprisionamiento. Llega inevitablemente el momento, para todos los seres encarnados, en que el alma demanda liberarse del cuerpo y de la vida de la forma, y la naturaleza tiene sus propios y sabios métodos para hacerlo. Enfermedad y muerte deben ser reconocidas como factores liberadores, cuando se producen como resultado del exacto momento elegido por el alma. Los estudiantes deberán compren­der que la forma física es un conglomerado de átomos erigidos en organismos y finalmente en un cuerpo coherente, el cual se man­tiene unido por la voluntad del alma. Si lleváramos esa voluntad a su propio plano o (como se dice esotéricamente) “si dejáramos que el ojo del alma mire hacia otra dirección” inevitablemente so­brevendría la enfermedad y la muerte en el actual ciclo. Esto no constituye un error mental o el fracaso en reconocer la divinidad o que se haya sucumbido al mal, en realidad es la resolución de la naturaleza forma, en sus partes componentes y esencia básica. La enfermedad es esencialmente un aspecto de la muerte. Es el proceso por el cual la naturaleza material y forma sustancial se preparan para separarse del alma.

 

Sin embargo, se debe tener presente que donde hay enferme­dades, malestares o dolencias que no están relacionadas con la disolución final, las causas pueden hallarse en muchos factores: en el medio circundante, pues muchas enfermedades son ambien­tales y epidémicas; en la sintonización del individuo con corrientes tóxicas que emanan del odio mundial o de los complejos sicoló­gicos que ya hemos tratado, y en las enfermedades (si así puedo denominarlas) indígenas en la materia que la humanidad ha ele­gido para construir su vehículo físico, aislándolo y separándolo de la sustancia general de la manifestación, creando así un tipo de materia consagrada a la tarea de formar la expresión externa de la realidad interna. Esto constituye por lo tanto un aspecto excepcional y peculiar de la sustancia universal, perfeccionada has­ta cierto punto en el último sistema solar, y lógicamente de un orden superior a aquel de la sustancia que vibra creadoramente al llamado de los tres reinos subhumanos de la naturaleza.

 

 

 Resumen de las Causas de las Enfermedades

 

Al considerar esotéricamente las enfermedades debe aceptarse como proposición básica que toda enfermedad es el resultado del mal uso de las fuerzas, en una vida anterior o en la presente. Ello es fundamental. En relación con esto repetiré algunas de mis afir­maciones sobre este tema.

 

1.      El noventa por ciento de las causas de las enfermedades se hallan en los cuerpos etérico y astral. El empleo erróneo de la energía mental y el deseo mal aplicado, son los factores más importantes; sin embargo, como la mayoría de la humanidad todavía se halla en la etapa de conciencia atlante, sólo el cinco por ciento de las enfermedades prevalecientes se debe a cau­sas mentales. El porcentaje varía con el desarrollo de la raza y su evolución. Por lo tanto la enfermedad es la manifestación de las condiciones subjetivas indeseables, vitales, emocionales y mentales.

 

2.      Todo lo concerniente a la salud del hombre puede ser encarado desde tres ángulos:

 

a.        De la vida de la personalidad -sobre ésta estamos apren­diendo mucho.

b.       De la humanidad en conjunto -lo cual se está empezan­do a apreciar.

c.        De la vida planetaria -de ésta poco podemos saber.

 

3.      Toda enfermedad es causada por la falta de armonía entre la forma la vida, entre el alma y la personalidad; esta carencia de armonía existe en todos los reinos de la naturaleza.

 

4.      La mayor parte de las enfermedades tienen su origen:

a.      grupal,

b.     como resultado de una infección,

c.      desnutrición, entendida física, subjetiva y esotéricamente.

 

5.      Las enfermedades de las masas, del ciudadano común, de los intelectuales y de los discípulos, difieren ampliamente y tienen distintos campos de expresión.

a.       Los tres grupos principales de enfermedades de los dos pri­meros tipos mencionados son:

La tuberculosis.

Las enfermedades sociales.

El cáncer

b.      Las dos enfermedades principales de los intelectuales y dis­cípulos Son:

Las dolencias cardiacas.

Las enfermedades nerviosas.

 

6.      La enfermedad es un hecho en la naturaleza. Cuando esto sea aceptado, los hombre comenzarán a trabajar con la Ley de Li­beración, con el recto pensar, que conduce a actitudes y orien­tación correctas, y con el principio de no resistencia. La gran ansiedad de morir, característica frecuente en la etapa final que precede inmediatamente a la muerte, es la manifestación más inferior de esta no resistencia, la cual sicológicamente rige al estado de coma.

 

7.      La Ley de Causa y Efecto o de karma, rige todas las enfermeda­des. Abarca el karma individual, grupal, nacional y el humano en su totalidad.

 

Si nos detuviéramos en este punto y analizáramos lo que he repetido, y si releyeran y reflexionaran sobre las cuatro Leyes y las cuatro Reglas, tendrían la necesaria y fundamental base sobre la cual se podría continuar con los futuros estudios, empezando con las enfermedades incidentales a la vida del discipulado. Algo de esto ya lo he tratado en Tratado sobre los Siete Rayos, T. II. páginas 392-469. Allí el acercamiento se ha encarado mayormente desde el ángulo del místico, mientras que aquí voy a ocuparme de los problemas del discípulo aceptado.

 

 

4. ENFERMEDADES ORIGINADAS EN LA VIDA DEL DISCIPULADO

 

Anteriormente expresé que las enfermedades tienen su origen en las cuatro causas siguientes.

 

1.      En la obstaculización de la libre vida del alma,

 

2.      En tres influencias o fuentes de contaminación:

 

a.       Antiguos errores, los denominados pecados y los equívocos del individuo, cometidos en esta vida o en una encar­nación anterior.

 

b.      Taras humanas y predisposiciones, heredadas en común con el resto de la humanidad.

 

c.       Mal planetario, incidental al punto alcanzado por el Logos planetario y condicionado por el karma planetario.

 

3.      Están condicionadas, por las fuerzas que emanan desde el plano en que la conciencia del hombre está principalmente enfocada. 

 

4.      En los cinco tipos principales de enfermedades, que sus  efectos afines y subsidiarios, que pueden producir y producen resultados en lo que concierne al discípulo, de los cuales no se halla inmune hasta después de la tercera iniciación.

 

 

A. Enfermedades de los místicos.

 

El discípulo raras veces es tuberculoso (excepto cuando está kármicamente condicionado), ni está predispuesto a sucumbir a las enfermedades sociales, excepto en lo que puedan afectarlo físicamente a través de su sacrificada vida de servicio. El contagio puede afectarle, pero no seriamente. Puede ser víctima del cáncer, pero está más propenso a sucumbir a las dolencias cardíacas y a las perturbaciones nerviosas de cualquier tipo. El verdadero mís­tico sucumbe más a las situaciones estrictamente sicológicas vin­culadas a la personalidad integrada, siendo por lo tanto incidenta­les a su mayor enfoque en el plano astral. El discípulo está predispuesto a trastornos mentales y a esas dolencias relacionadas con la energía, debidas a la fusión -total o en proceso- del alma y la personalidad.

 

La primera causa mencionada en este tratado fue resumida en la afirmación de que la enfermedad es el resultado de la obstacu­lización de la libre afluencia de la vida y de la energía del alma, producida en el místico cuando sucumbe a sus propias formas men­tales, creadas constantemente en respuesta a su acrecentada aspi­ración, las cuales se convierten en barreras entre él y la libre vida del alma e impiden su contacto y la resultante afluencia de la ener­gía del alma.

 

En cambio la situación del discípulo es totalmente opuesta y cae víctima (antes de la tercera iniciación) de la terrible afluencia de la energía del alma -la energía del segundo aspecto- que le llega desde:

 

a.       Su propia alma, centro de energía en el cual tiene lugar rápidamente la fusión.

 

b.      Su grupo o el Ashrama al cual, como discípulo aceptado, está afiliado.

 

c.       Su Maestro, con el cual tiene relación espiritual y a cuya influencia vibratoria es siempre susceptible.

 

d.      La Jerarquía, cuya energía puede llegarle por medio de los tres factores mencionados.

 

Estas corrientes de energía tienen un efecto definido sobre los centros del discípulo, de acuerdo a su rayo y polarización especí­fica, en esta encarnación. A medida que cada centro se relaciona con cualquiera de las glándulas, y éstas a su vez condicionan la co­rriente sanguínea y producen un efecto específico sobre la  estructura orgánica, dentro del alcance de su influencia vibratoria (por ejemplo, el estómago, cerca del plexo solar, y el corazón, cerca del centro cardíaco, etc.), se observará que las enfermedades principa­les que sufre el discípulo (que son excepcionales y limitadas prin­cipalmente a la humanidad avanzada) pueden ser ocasionadas por la sobrestimulación o afluencia de energía a un centro determinado, produciendo excesiva perturbación en esa zona.

 

El místico no se halla tan predispuesto a estas condiciones, a no ser que rápidamente se convierta en un místico práctico u ocul­tista. Este ciclo es de transición entre la actividad mística y esa posición más definida asumida por el ocultista. No trataré por lo tanto las enfermedades que heredan los místicos, sólo indicaré un hecho interesante: El místico es siempre consciente de la dua­lidad. Es el buscador en demanda de la luz, del alma, del ser amado, de ese algo superior que presiente que existe y que puede ser hallado. Se esfuerza por reconocer lo divino y ser reconocido por ello; persigue la  visión, es un discípulo de Cristo, y esto condiciona su pensamiento y su aspiración. Es un devoto y aquel que ama lo aparentemente inalcanzable, el otro Yo.

 

Sólo cuando llega a ser ocultista, el místico aprende que todas las veces el imán que lo atrajo y el dualismo que coloreó su vida y pensamiento y constituyó el móvil de todo lo que quiso realizar, fue su verdadero Yo, la Realidad Una. Entonces reconoce que esta asimilación en la Realidad Una y su identificación con ella, permite a la dualidad trasmutarse en la unidad y al sentido de búsqueda transformarse en esfuerzo para llegar a ser lo que él esencialmente es un Hijo de Dios, uno con todos los Hijos de Dios. Al lograrlo halla que el mismo es uno con el UNO en Quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.

 

Señalaré que la expresión más inferior de la condición mís­tica, con la cual nos vamos familiarizando cada vez más, es la que se denomina “doble personalidad”; cuando existe esta condición, el yo personal inferior se expresa a través de una condición básica de dualidad, y dos personas se expresan a si mismas, aparente­mente, en vez de la personalidad integrada con el alma. Esto necesariamente crea una peligrosa condición sicológica que exige un entrenado manejo científico, algo que no poseernos en la actuali­dad, pues muy pocos sicólogos y siquiatras entrenados reconocen la realidad de la existencia del alma. Menciono esto porque hoy es de valor, y lo será acrecentadamente en años posteriores, cuando sea necesario trazar y conocer esas analogías en las grandes zo­nas inexploradas de percepción existentes en la conciencia humana. La doble personalidad y el místico son dos aspectos de un todo, el aspecto correcto, de acuerdo a un desenvolvimiento elevado, y ese aspecto que es reflejo y distorsión de la etapa de desa­rrollo que precede a la del ocultista entrenado. En la actualidad muchas condiciones prevalecientes en la humanidad pueden ser sometidas al mismo razonamiento, y uno de los métodos de cura­ción que se desarrollará más adelante, es el descubrimiento de las analogías superiores correspondientes a las dificultades y enfermedades inferiores, y el reconocimiento de que ellas sólo son dis­torsiones de una gran realidad. Esto conduce a transferir la atención de quien está bajo el cuidado del curador, a ese reconocido aspecto superior.

 

La Ciencia de integración está involucrada en esta cuestión y si se la comprende correctamente, abrirá un campo psicológico totalmente nuevo, de acercamiento a las enfermedades, ya sean fisiológicas o nerviosas. Los sicólogos y educadores espiritual­mente orientados ya han hecho un comienzo sobre estas líneas. El sistema de ayudar a las personas sicológicamente, se hace defini­damente sobre estas nuevas líneas, pudiendo describirse de la ma­nera siguiente: el sicólogo común emplea el método (cuando se trata de casos nerviosos, de quienes están al borde de la insania y de personas neuróticas) de descubrir los complejos arraigados pro­fundamente, cicatrices, antiguos shocks o temores que están detrás de la experiencia presente y que han hecho del hombre lo que es hoy. Estos factores condicionantes pueden por lo general ser atribui­dos al subconsciente, por el proceso de desenterrar el pasado, te­niendo en cuenta el medio ambiente actual y la herencia, y estudiando los efectos de la educación -académica o basada en la vida misma. Entonces el factor que ha sido el mayor obstáculo y con­virtió al hombre en un problema sicológico, es llevado (con su ayuda, si fuera posible) a la superficie de su conciencia, quedando inteligentemente explicado y relacionado con las condiciones exis­tentes, en consecuencia, a una comprensión de su perso­nalidad, sus problemas y su inminente oportunidad.

 

La técnica espiritual, sin embargo, es totalmente diferente. El problema de la personalidad y el proceso de hurgar en  el subcons­ciente son pasados por alto, porque a las condiciones indeseables se las considera como resultado de la falta de contacto y control por el alma. Al paciente (si puedo denominarlo así) se le enseña a apartar sus ojos y consecuentemente su atención de sí mismo, de sus sentimientos, complejos, ideas fijas y pensamientos inde­seables, y a enfocarlos en el alma, la divina realidad dentro de la forma, y en la conciencia crística. Esto bien podría denominarse el proceso de sustituir científicamente aquello que hasta ahora acaparaba la atención por un nuevo interés dinámico; pone en acti­vidad funcionante un factor colaborador cuya energía arremete a través de la vida inferior de la personalidad y arrastra todas las erróneas tendencias sicológicas, complejos indeseables, condu­centes a erróneos acercamientos a la vida. Esto eventualmente re­genera la vida mental o de pensamiento, de manera que el hombre llega a ser condicionado por el recto pensar, bajo el impulso o la iluminación del alma. Esto produce “el poder dinámico expul­sor de un nuevo afecto”. Las antiguas ideas fijas, depresiones y miserias, los viejos deseos obstaculizantes, todo desaparece y el hombre queda libre como alma y amo de sus procesos vitales.

 

He dilucidado extensamente estas dos condiciones, pues es esencial comprender otra ley, respecto a la curación, antes de seguir adelante. Los comentarios acerca de la doble personalidad, los problemas del místico y el nuevo método de encarar la enfer­medad (desde el ángulo del alma y el reino de las causas, en vez del ángulo de la personalidad y el reino de los efectos) podrán aclarar esta ley en sus mentes e indicar por lo menos su valiosa y razo­nable aplicación a las necesidades humanas.

 

LEY IV

 

La enfermedad, tanto física como sicológica, tiene sus raíces en lo bueno, lo bello y lo verdadero y sólo es un reflejo distorsionado de las posibilidades divinas. El alma frustrada, cuando trata de expresar plenamente alguna característica divina o realidad espiritual interna, produce dentro de la sustancia de sus envolturas un punto de fricción. Sobre este punto están enfocados los ojos de la personalidad, lo cual conduce a la enfermedad. El arte del curador consiste en elevar hacia el alma -el verdadero curador dentro de la forma- los ojos que están enfocados hacia abajo. Entonces el tercer ojo, u ojo espiritual, dirige la fuerza curadora, y todo está bien.

 

 

B. Enfermedades de los Discípulos

 

Dividiré en dos partes lo que voy a decir acerca de las enfermedades de los discípulos: los problemas específicos de los discípulos y las dificultades incidentales al contacto con el alma.

 

Es necesario recordar que todo discípulo es susceptible de con­traer los tipos principales de enfermedades, pues al tratar de ser uno con toda la humanidad, ello incluye por lo tanto todos los males hereditarios de la carne. Sin embargo, no pueden sucumbir a las flaquezas del hombre común y deben recordar que las enfermedades cardíacas y nerviosas constituyen su mayor problema. En conexión con esto los discípulos podrían dividirse en dos grupos principales: Los que viven arriba del diafragma y por lo tanta están predispuestos a las enfermedades del corazón, a las dificultades de la tiroides y de la garganta, y aquellos que están en proceso de transferir las energías de los centros situados abajo del  diafragma a los de arriba del diafragma. La mayoría de ellos está transfiriendo las energías del plexo solar al corazón, y la agonía del mundo está acelerando profundamente el proceso. Dificultades es­tomacales, hepáticas y respiratorias van a la par de tales trasfe­rencias.

 

1. Los Problemas Específicos de los Discípulos.

 

Estos problemas específicos son, como bien saben, peculiares de quienes han elevado su conciencia a la vida del alma, fuera de la vida de la personalidad.  Están relacionados principalmente con la energía, su afluencia, su asimilación o no asimilación, y su empleo correctamente dirigido. Las otras enfermedades que constituyen la herencia de la carne en esta época de la evolución humana (pues debe recordarse que las enfermedades varían de acuerdo a la etapa de evolución y que su aparición es cíclica), y a las cuales los discí­pulos pueden sucumbir y sucumben, no se considerarán aquí; basta decir que las tres principales enfermedades de la humanidad, a las cuales me he referido, cobran su tributo a los discípulos, particularmente para lograr que el alma se libere de su vehículo. Sin embar­go, son controladas en tales casos -aunque no lo parezca- desde los niveles del alma, y el desenlace está planeado como resultado de la decisión del alma y no por los estragos de la enfermedad. La razón de que estas tres principales enfermedades, originarias de la vida planetaria en la cual vivimos, nos movemos y tenemos nues­tro ser, ejercen este poder sobre los discípulos, consiste en que ellos mismos son parte integrante de la vida planetaria, y en las pri­meras etapas del reconocimiento de esta unidad están propensos a ser fácil presa de ellas. Este es un hecho poco conocido o com­prendido, pero explica por qué los discípulos y personas avanzadas son susceptibles a dichas enfermedades.

 

Dividiremos estos problemas en cuatro categorías:

 

1.      Los que están relacionados con la sangre o el aspecto vida, porque “la sangre es la vida”. Esto produce un efecto especifico sobre el corazón, por lo general sólo de naturaleza funcional. Las enfermedades orgánicas del corazón se deben a causas más pro­fundamente arraigadas.

 

2.      Los que son un efecto directo de la energía, actuando sobre el sistema nervioso y a través de éste, por intermedio del cerebro rector.

 

3.      Los que están relacionados con el sistema respiratorio y tie­nen un origen oculto.

 

4.      Los que se deben específicamente a la receptividad o no re­ceptividad, al funcionamiento o no funcionamiento, y a la influencia que ejerce el centro.  Lógicamente éstas caen en siete grupos, que afectan siete zonas principales del cuerpo. En lo que respecta al  discípulo común, antes de que exista total control por el alma y dirección monádica, el principal agente rector, vía el cerebro, es el nervio vago, a lo largo del cual las energías (penetrando por intermedio del centro coronario) son distribuidas al resto del cuer­po. En Oriente ha sido creada, por una poderosa escuela esotérica, una ciencia definida de los centros y su relación con el kundalini. Contiene muchas verdades y también muchos errores.

 

He establecido diferencia entre problemas, reacciones físicas y enfermedades, porque la afluencia, distribución y dirección de la energía no producen necesariamente enfermedad. Sin embargo, durante el noviciado que precede a todas las iniciaciones, se pro­ducen siempre dificultades y problemas de todo tipo, ya sea en la conciencia del discípulo o en relación con quienes están a su alrededor. De ahí que sea afectado su medio ambiente y en con­secuencia su propia acción recíproca.

 

Debería recordarse, en conexión con esto, que todos los discí­pulos son centros de energía en el cuerpo de la humanidad y están en proceso de convertirse en puntos de energía enfocada y diri­gida. Su función y actividad, siempre e inevitablemente, producen efectos, resultados, despertamientos, desintegraciones y reorientaciones, en la vida de aquellos que los rodean. En las prime­ras etapas producen esto inconscientemente, por eso los resulta­dos, sobre aquellos con quienes hacen contacto con frecuencia, no son deseables, ni la energía está dirigida, desviada o retenida inte­ligentemente. Una intención inteligente debe existir detrás de toda sabia dirección de la energía. Más adelante, cuando estén aprendiendo conscientemente a ser y estén convirtiéndose en centros radiantes de energía curadora, conscientemente dirigida, esta energía animadora será transmitida y luego empleada constructi­vamente en líneas sicológicas y físicas. Sin embargo, en cualquier caso, el discípulo  ejerce una eficaz influencia y nunca puede pasar “inadvertido en su lugar ni dejar de hacer impacto sobre otras al­mas”, como se dice esotéricamente. Su influencia, emanación y potente energía, inevitablemente le acarrean problemas y dificul­tades, basadas en las relaciones humanas que ha establecido kár­micamente y en las reacciones de aquellos con quienes hace contacto, ya sea para bien o para mal.

 

Esencialmente, la influencia de un discípulo de la gran Logia Blanca es fundamentalmente buena y espiritualmente condicio­nante; superficialmente y en sus efectos externos -en particular en lo que concierne al discípulo- aparecen situaciones difíciles, aparentes separaciones, y emergen los defectos lo mismo que las virtudes de quienes han sido afectados, persistiendo a menudo du­rante muchas vidas, hasta que la persona, así influenciada, llega a  “reconciliarse ocultamente con la energía emanante.” Reflexionen sobre esto. El reajuste deben hacerlo quienes han sido influencia­dos y no el discípulo.

 

Consideraremos ahora los cuatro problemas desde el ángulo sicológico y no desde el físico.

 

a.       Los problemas que surgen debido al despertar del centro cardiaco del discípulo son quizás los más comunes y con frecuen­cia los más difíciles de manejar; están basados en las relaciones vivientes y la interacción de la energía del amor con las fuerzas del deseo. En las primeras etapas, ésta afluyente fuerza-amor esta­blece contactos con la personalidad, que oscilan entre las etapas de máxima devoción y extremo odio, por parte de la persona que ha sido afectada por la energía del discípulo. Esto produce un constan­te disturbio en la vida del discípulo, hasta llegar a adaptarse a los efectos de la distribución de su energía y también a las frecuen­tes rupturas de relaciones y reconciliaciones. Cuando el discípulo ha adquirido suficiente importancia como para llegar a ser el centro organizador de un grupo o estar en posición de comenzar a formar esotéricamente su propio ashrama (antes de recibir al­guna de las iniciaciones mayores), entonces la dificultad puede ser muy real y perturbadora. Sin embargo muy poco puede hacer el discípulo, excepto tratar de regular la saliente energía del amor. El problema continúa fundamentalmente para aquel que ha sido afectado; los reajustes deben ser hechos por los demás, como he dicho anteriormente, y el discípulo debe estar preparado para co­laborar al primer indicio de una buena voluntad en reconocer la relación y la intención de colaborar en el servicio grupal. Este punto deben considerarlo ambas partes, el discípulo y la persona que reacciona a su influencia. El discípulo está preparado; el sujeto que responde, generalmente se retira o se acerca, de acuerdo al anhelo de su alma o de su personalidad, probablemente ocurra esto último en las primeras etapas. Sin embargo, oportunamente el sujeto presta su plena comprensión colaboradora con el dis­cípulo, finalizando la difícil experiencia de la enfermedad.

 

No me es posible dar detalles explícitos al considerar estos pro­blemas relacionados con el corazón y la energía vital del discípulo, los cuales están condicionados por su rayo, la iniciación para la cual se está preparando, y la calidad, etapa evolutiva y rayo de quienes han sido afectados.

 

Existen también dificultades y problemas de naturaleza más sutil, que surgen de la misma causa, pero no localizadas en ciertas relaciones humanas definidas. Un discípulo sirve, escribe y habla; sus palabras e influencias compenetran la masa de hombres, des­pertando en ellos alguna actividad a menudo buena y espiritual, a veces mala, antagónica y peligrosa. En consecuencia, no sólo tie­ne que ocuparse de sus propias reacciones al trabajo que está rea­lizando, sino, en un sentido general y específico, de las masas a las que comienza a afectar. Esto no es algo fácil de realizar, parti­cularmente para un trabajador inexperto en el Plan. Fluctúa entre el plano mental, donde normalmente  intenta actuar, y el plano astral, donde las masas se hallan enfocadas, y esto lo lleva al reino del espejismo y al consiguiente peligro. Su conciencia se dirige a quienes trata de ayudar, a veces como alma (entonces a menudo sobrestimula a quienes lo escuchan) y otras como personalidad (entonces nutre y aumenta las reacciones de la personalidad de la masa).

 

A medida que el tiempo pasa, aprende -mediante las dificul­tades que trae el necesario acercamiento cordial- a mantenerse firme en el centro, emitiendo la nota, dando su mensaje, distribu­yendo energía de amor e influyendo sobre quienes lo rodean, pero él permanece impersonal, sólo como agente rector y alma comprensiva. Esta impersonalidad (que puede ser definida como una abstracción de la energía de la personalidad) acarrea sus pro­pios problemas, como bien saben los discípulos; sin embargo, nada pueden hacer sino esperar que el tiempo conduzca a los otros hacia una clara comprensión del significado y sentido esotérico de las rectas relaciones humanas. El problema de quienes trabajan con individuos y grupos está básicamente relacionado con la energía del corazón y con la fuerza vivificadora de su vida personificada. En conexión con este problema y su reacción sobre el discípulo, pueden ocurrir ciertas dificultades físicas, y de éstas me ocuparé en breve.

 

Debo puntualizar que también pueden aparecer las dificulta­des del ritmo y los problemas vinculados con la vida cíclica del discípulo. El corazón y la sangre están esotéricamente relaciona­dos y simbólicamente definen la vida palpitante del alma que se manifiesta en el plano físico, en la exteriorización y abstracción de la vida dual del discípulo: cada fase presenta su propio pro­blema. Una vez que el discípulo ha dominado el ritmo de su vida externa e interna y ha organizado sus reacciones de manera que puede extraer de ellas el máximo significado, sin ser condicionado por ellos, entonces entra en la vida relativamente sencilla del ini­ciado. ¿Les asombra esta frase? Debe recordarse que el iniciado se ha liberado, después de la segunda iniciación, de las complejida­des del control emocional y astral. El espejismo ya no puede do­minarlo. Puede permanecer firme a pesar de todo lo que haga y sienta. Se da cuenta que la condición cíclica está relacionada con los pares de opuestos y es parte de la manifestación de la vida de la existencia misma. Durante el tiempo que aprende esto pasa a través de grandes dificultades. Como alma, se somete a una vida de exteriorización, influencia magnética y extroversión. Inmedia­tamente después de esto puede llevar una vida de abstracción, sin ningún interés aparente por sus relaciones y medio ambiente, y expresarse en forma intensamente introspectiva e introvertida. Quizás luche penosamente entre estos extremos, a veces durante muchas vidas, hasta que aprende a fusionar y mezclar ambas ex­presiones. Llega a comprender con claridad la vida dual del discí­pulo aceptado, en sus diversos grados y etapas, y sabe lo que hace. Constante y sistemáticamente desempeñan una parte útil la exte­riorización y abstracción, el prestar servicio al mundo y el vivir la vida reflexiva.

 

Mientras va dominando este proceso surgen muchas dificulta­des sicológicas que conducen a separaciones sicológicas, profunda­mente arraigadas o superficiales. El objetivo de todo desarrollo es integración, integración como personalidad, integración con el alma, integración en la Jerarquía, integración con el Todo, hasta lograr la completa unidad e identificación, A fin de dominar esta ciencia de integración cuya meta básica es la identificación con la Realidad Una, el discípulo progresa de una unificación a otra, cometiendo errores, llegando con frecuencia a un completo desaliento, identificándose con lo indeseable, hasta que como per­sonalidad-alma repudia las anteriores relaciones, y debe pagar  continuamente el fervor mal aplicado, la aspiración distorsionada, el efecto abrumador del espejismo y las numerosas condiciones si­cológicas y desarreglos físicos que deben surgir mientras se subsa­nan las separaciones, se logra la correcta identificación y se esta­blece la debida orientación.

 

Durante este proceso básico, necesario e ineludible, se lleva a cabo un definido trabajo en el cuerpo etérico. El discípulo aprende a elevar las energías, extraídas de los centros inferiores, al plexo solar y de allí al centro cardíaco, reenfocando así las energías arriba del diafragma, en vez de hacerlo abajo del diafragma. Esto conduce frecuentemente a grandes complicaciones, porque -des­de el ángulo de la personalidad- el centro plexo solar es el más poderoso, siendo el lugar donde se distribuyen las fuerzas de la personalidad. Este proceso de descentralización y “elevación” de la conciencia inferior a la superior, trae las principales dificultades a las que está sujeto el discípulo. Este proceso también se está lle­vando a cabo hoy en todo el mundo, causando la espantosa dislocación de los asuntos humanos, culturas y civilizaciones. Todo el enfoque de la conciencia humana está cambiando; la vida egoísta (característica del hombre centralizado en sus deseos y consecuen­temente en el centro plexo solar) cede su lugar a la vida descen­tralizada del hombre altruista (centrado en su yo alma),  consciente de sus relaciones y responsabilidades con el Todo y no con la parte. Esta sublimación de la vida inferior en la superior es uno de los momentos más importantes para el individuo y la raza. Una vez que el discípulo individual y también la humanidad, que sim­boliza al discípulo del mundo, hayan dominado el proceso de tras­ferencia, veremos establecido el nuevo orden del servicio indivi­dual mundial y, por lo tanto, la llegada del tan esperado nuevo orden.

 

 La circulación de la corriente sanguínea es el símbolo de estos procesos, y la clave del establecimiento del orden mundial se halla oculta en dicha simbología -la libre circulación de todo lo nece­sario para cada parte de la gran estructura de la humanidad. La sangre es la vida, y el libre intercambio, la libre participación, la libre circulación de todo lo que se requiere para un correcto vivir humano, caracterizará al mundo futuro. Estas condiciones no exis­ten, el cuerpo de la humanidad está enfermo y su vida interna desorganizada. En vez de la libre circulación del aspecto vida en todas partes, ha existido separación, congestión, estancamiento y canales obstruidos. Ha sido necesaria la terrible crisis actual para que la humanidad perciba esta condición enfermiza, la enorme ex­tensión del mal y descubra que las enfermedades de la “sangre de la humanidad” (simbólicamente entendida) son tan graves que se requieren las más drásticas medidas -dolor, agonía, desesperación y terror- para lograr su curación.

 

Los curadores deberán recordar esto, y tener presente que los discípulos, los hombres buenos y los aspirantes, comparten esta enfermedad universal de la humanidad, la cual deberá cobrar tributo, sicológica o fisiológicamente, o ambos. El malestar es de origen muy antiguo y de arraigados hábitos, e inevitablemente afecta al vehículo físico del alma. Estar exento de los efectos de las enfermedades humanas no indica superioridad espiritual. Simple­mente podría indicar lo que uno de los Maestros denominó como “las profundidades del egoísmo y la autosatisfacción espirituales”. El iniciado de tercer grado puede considerar que está exento, pero sólo se debe a que está completamente liberado del espejismo y ningún aspecto de la vida de la personalidad tiene poder sobre él. Todos los tipos de rayos que rigen al individuo están sujetos simi­larmente a estos problemas particulares. Sin embargo, los que per­tenecen al séptimo rayo son más susceptibles a los problemas, dificultades y enfermedades incidentales de la corriente sanguínea, que ningún otro tipo. La razón es que éste rayo tiene  que ver con la expresión y manifestación de la vida en el plano físico y con la organización de la relación entre espíritu y materia en la forma. Por lo tanto concierne hoy, mientras se trata de crear el nuevo orden, a la libre circulación y la consiguiente y destinada­ liberación de la humanidad de las enfermedades y problemas del pasado. Es interesante recordar esto y sería útil para los estudiantes, en esta época -si desean colaborar inteligentemente con los aconte­cimientos del día- reunir y estudiar todo lo que he escrito acerca del séptimo Rayo de Orden Ceremonial y Magia.

 

b.      Las enfermedades del sistema nervioso producidas por la afluencia de energía a todas las partes del cuerpo, ya sea dirigida por la personalidad, algún aspecto del yo inferior personal, o por el alma, vía el cerebro, son muchas, y se agudizan a medida que el discípulo se acerca a la iniciación o se convierte en un iniciado. Al margen de los males sicológicos que esto produce, existen otras numerosas condiciones, debidas a esta afluencia de tuerza. El discípulo, por ejemplo, llega a estar excesivamente estimulado y por consiguiente superactivo; sufre un desequilibrio y con esto no me refiero al desequilibrio mental (aunque puede ocu­rrir) sino al superdesarrollo e hiperexpresión de alguna parte de su naturaleza. Puede llegar a estar exageradamente superor­ganizado por medio de algún centro hiperactivo, o suborganizado e inactivo. Por lo tanto está sujeto al desequilibrio del sistema glandular, con todas las dificultades derivadas. La sobrestimulación o el subdesarrollo, en lo que concierne a los centros, gene­ralmente afecta a las glándulas, y éstas a su vez producen las dificultades del carácter, que lógicamente también traen proble­mas ambientales, así como impedimentos de la personalidad.

 

Esto llega a convertirse en un círculo vicioso y todo se debe a la errónea dirección de la fuerza y su afluencia, desde uno de los vehículos de la personalidad a su correspondiente centro (por ejemplo, la fuerza astral y su relación con el plexo solar), apareciendo los problemas que conciernen a la salud, el carácter y a la influencia que ejerce. La actividad excesivamente radiante de algún centro llama la atención y el discípulo es víctima de su propia obra. Me ocuparé de éstas más extensamente cuando con­sidere las enfermedades que surgen de estas cuatro categorías.

 

Dichas dificultades son de tipo general, pero afectan principal­mente a los discípulos de segundo y sexto rayos. A los primeros, porque el segundo rayo es el rayo constructor y por lo tanto con­cierne predominante a la manifestación externa y a la utilización de todos los centros, y a los otros, porque es primordialmente el rayo de tensión, tensión que puede convertirse en el más ma­ligno fanatismo o en la más altruista devoción. Es innecesario decir que todos los rayos presentan los mismos problemas, pero el segundo rayo tiene que ver mayormente con la actividad del alma a través de todos los centros (ubicados arriba y abajo del diafragma), teniendo el cardíaco como principal centro de  atención. El sexto rayo tiene una estrecha relación con el centro plexo solar como lugar de distribución y de reorientación de la tuerza vital en la personalidad. Continuamente recuerden esto.

 

c.       Los problemas vinculados con el sistema respiratorio están relacionados con el corazón y por lo tanto con el establecimiento del ritmo y contacto correctos con el medio ambiente. Inhalar el aliento de la vida y compartir el aire con los demás seres humanos, significa un centro individual de vida y la participación también en la vida general de todos. A estos problemas de la existen­cia individual o separada y de su opuesto, está íntimamente rela­cionada la Palabra Sagrada u el OM. Podría expresarse  con las palabras de un manual ocultista sobre oraciones, dado a los discí­pulos avanzados:

 

“Quien vive regido por el sonido AUM se conoce a sí mismo.

Quien vive entonando el OM conoce a su hermano. Quien conoce el SONIDO, conoce todo”.

 

Luego, en el lenguaje críptico y simbólico del iniciado, el manual continúa:

 

“El aliento de vida se convierte en la causa de la muerte para quien vive dentro de un cascarón. Existe, pero no es; el aliento entonces se retira y asciende en espiral hacia el todo”.

 

“Quien exhala el OM no sólo se conoce a si mismo. Sabe que el aliento es prana, vida y fluido vinculador. Los males de la vida son suyos, porque constituyen el sino del hombre, no generado en un cascarón porque el cascarón no existe.”

 

“Quien es el SONIDO y lo emite, no conoce enfermedad ni tam­poco la mano de la muerte”.

 

En estas pocas palabras se resume todo el problema que corres­ponde al tercer grupo de problemas y enfermedades, los cuales están relacionados con la circulación de la energía del alma, la energía del amor, y nada tienen que ver con la circulación de la esencia de la vida. Estas dos energías básicas, a medida que actúan sobre las fuerzas de la personalidad, acarrean la totalidad de los problemas heredados por la humanidad. Producidos por la falta de amor, de vida, y por no emitir ni trasmitir correctamente la nota del alma y del rayo. El secreto para la construcción de un canal puro (empleando una fraseología mística, pero no ocultista) está considerado en el primer grupo de problemas, y el establecimiento de correctas relaciones por la correcta enunciación de la nota atractiva del alma, está considerado en los dos últimos grupos.

 

 Este tercer grupo de dificultades, problemas y enfermedades, corresponde lógicamente a esas personas que pertenecen a todos los rayos, pero las de primer rayo tienen una marcada predisposición a estas perturbaciones específicas. Al mismo tiempo, cuan­do emplean correctamente sus poderes latentes, pueden superar, por el correcto empleo del OM y finalmente del SONIDO, los pro­blemas incidentales y las dificultades, mucho más fácilmente que las de otros rayos. Aquí se refiere a la Palabra Perdida de la Masonería y al SONIDO del Nombre Inefable.

 

Los sonidos AUM y OM y el SONIDO mismo, están relacionados con la vibración y sus diferentes y variados efectos. El secreto de la Ley de Vibración se está revelando progresivamente a me­dida que las personas aprenden a emitir la PALABRA en sus tres aspectos. Los estudiantes harían bien en reflexionar sobre la dife­rencia que existe entre el aliento y el sonido, entre el proceso de la respiración y el proceso de creación de la actividad vibratoria. Están relacionados, pero son diferentes. Uno se relaciona con el Tiempo, el otro con el espacio, y (como lo expone El Antiguo Co­mentario) “el sonido, sonido final aunque iniciador, concierne a aquello que no es ni Tiempo ni Espacio; está más allá del Todo manifestado, Fuente de todo lo que es y sin embargo es nada” (o ninguna cosa. A.A.B.)

 

Por esta razón los discípulos que pertenecen al cuarto rayo pueden comúnmente progresar mediante el poder de la intuición y la comprensión del OM. Este rayo de armonía a través del con­flicto (el conflicto de los pares de opuestos), necesariamente está relacionado con la introducción de esa actividad vibratoria que llevará a la unidad, a la armonía y rectas relaciones y a la liberación de la intuición.

 

d.      Los problemas incidentales a la actividad o inactividad de los centros son quizás los más importantes desde el punto de vista de la enfermedad, porque los centros rigen el sistema  glandular, y las glándulas tienen una relación directa con la corriente san­guínea, condicionando también las principales y más importantes zonas del cuerpo humano; tienen un efecto fisiológico y sicológico sobre la personalidad y sus contactos y relaciones internas y exter­nas. La reacción es principalmente física pero los efectos son mayormente sicológicos, por lo tanto me extenderé sobre este cuarto grupo principalmente, trataré las enfermedades de los discípulos y daré algunas instrucciones definidas sobre los centros, lo cual indicará más claramente que en ninguna otra parte, las causas de muchos males humanos y dificultades físicas.

 

Antes de proseguir con el próximo punto, procuren captar más plenamente las Leyes y Reglas de la Curación, dadas y repetidas aquí para facilitar sus esfuerzos.

 

 

LEY I

 

Toda enfermedad es el resultado de la inhibición de la vida del alma. Esto es verdad para todas las formas de todos los reinos. El arte del curador consiste en liberar al alma, a fin de que su vida pueda fluir a través del conglomerado de organismos, que cons­tituye una forma determinada.

 

 

LEY II

 

La enfermedad es el producto de tres influencias y está sujeta a ellas. Primero, el pasado del hombre, en que paga el precio de an­tiguos errores; segundo, su herencia donde comparte con todo el género humano esas contaminadas corrientes de energía de origen grupal; tercero, su participación, con todas las formas naturales, de aquello que el Señor de la Vida impone a Su cuerpo. Estas tres influencias son denominadas “La Antigua Ley de Participación del Mal”. Algún día ésta debe ceder su lugar a la nueva “Ley del Anti­guo y Predominante Bien”, que reside detrás de todo lo que Dios ha creado. Esta ley debe ser puesta en vigencia por la voluntad espiritual del hombre.

 

 

LEY III

Las enfermedades son efecto de la centralización básica de la energía vital del hombre. Del plano en que dichas energías  están enfocadas, provienen esas condiciones determinantes que producen mala salud. En consecuencia se manifiestan como enfermedad o co­mo buena salud.

 

 

LEY IV

La enfermedad, tanto física como sicológica, tiene sus raíces en lo bueno, lo bello y lo verdadero, y sólo es un reflejo distorsionado de las posibilidades divinas. EL alma frustrada, cuando trata de expresar plenamente alguna característica divina o realidad espiritual interna, produce, dentro de la sustancia de sus envolturas un punto de fricción. Sobre este punto están enfocados los ojos de la personalidad, lo cual conduce a la enfermedad. El arte del cura­dor consiste en elevar hacia el alma -el verdadero Curador, dentro de la forma- los ojos que están enfocados hacia abajo. Enton­ces, el tercer ojo u ojo espiritual, dirige la fuerza curadora, y todo está bien.

 

 

REGLA UNO

El curador debe tratar de vincular su alma, corazón, cerebro y manos. Así puede derramar la fuerza vital curadora sobre el pa­ciente. Esto es trabajo magnético. Puede curar la enfermedad o acrecentar su estado maligno, de acuerdo al conocimiento del cu­rador.

 

El curador debe tratar de vincular su alma, cerebro, corazón y emanación áurica. Así su presencia puede nutrir la vida del alma del paciente. Esto es trabajo de irradiación. Las manos no son necesa­rias. El alma despliega su poder. El alma del paciente, a través de la respuesta de su aura, responde a la irradiación del aura del curador, inundada por la energía del alma.

 

 

REGLA DOS

El curador debe adquirir pureza magnética a través de la pureza de vida. Debe lograr esa dispersiva irradiación, que se mani­fiesta en todo hombre que ha vinculado los centros de la cabeza. Cuando se ha establecido tal campo magnético, entonces surge la irradiación.

 

 

REGLA TRES

El curador debe entrenarse a fin de conocer el nivel interno de los pensamientos y deseos de quien busca su ayuda. Así  podrá co­nocer la fuente de donde proviene la dolencia. Debe relacionar la causa y el efecto, y conocer el punto exacto por el cual debe lle­gar el alivio.

 

 

REGLA CUATRO

 

El curador y el grupo de curación deben mantener sujeta la voluntad, pues no deben emplear la voluntad, sino el amor.

 

 

2. Dificultades Incidentales al Contacto con el Alma.

 

Hoy comenzaremos a estudiar las dificultades, enfermedades y perturbaciones sicológicas (neurológicas y mentales) de los aspi­rantes y discípulos del mundo. Las estudiaremos definidamente desde el ángulo de los siete centros, y también consideraremos los resultados de las fuerzas y energías (empleo estas palabras carac­terísticas, premeditadamente) que afluyen a través de ellos. Gran parte de lo que diré lo pondrá en duda la medicina ortodoxa, aun­que ella paulatinamente va hacia el punto de vista ocultista. No trataré de relacionar la actitud esotérica de la curación, sus propo­siciones y métodos, con las modernas escuelas terapéuticas. Ambas se están acercando gradualmente. El lector lego, para quien están destinadas estas enseñanzas, comprenderá con más claridad mi tesis si la mantengo relativamente libre de los términos técnicos y de las actitudes académicas de las ciencias médicas. Sólo servi­rían para confundir. Mi intención es dar un cuadro general de las causas subyacentes en los males físicos externos. Quiero presentar ciertos aspectos de la terapia esotérica, para lo cual el género humano está preparado, recordándoles que la presentación es lógica­mente inadecuada y parcial, y por ello puede parecer incorrecta y ser un desafío para aquellos que siempre buscan explotar la cre­dulidad humana. Sin embargo, esto no es asunto mío. El tiempo comprobará la veracidad de mis afirmaciones.

 

 La nueva medicina se ocupará dé factores que en la actualidad apenas son reconocidos y aún no han sido relacionados con el hom­bre y su cuerpo. La teoría básica sobre la cual descansará la nueva enseñanza médica puede ser resumida en la afirmación de que en  realidad sólo hay energía que considerar y fuerzas que resisten o asimilan tipos de energía superiores o diferentes. Por lo tanto, permítaseme dar una nueva Ley para agregar a las cuatro ya expuestas. Las leyes anteriores han sido proposiciones abstractas, y a no ser que se las relacione con esta quinta Ley, seguirán siendo ambiguas y sin significado.

 

 

LEY V

 

No existe nada más que energía, porque Dios es Vida. En el hombre se unen dos energías, pero hay otras cinco presentes. Para cada una se ha de encontrar un punto central de contacto. El conflicto de esas energías con las fuerzas, y de las fuerzas entre sí,  producen los males corporales del hombre. El conflicto entre los primeras y las segundas persiste durante edades, hasta llegar a la cima de la montaña, la primera gran cima. La lucha entre las fuerzas produce todas las enfermedades, dolencias y dolores cor­porales que buscan la liberación en la muerte. Las dos, las cinco y también las siete, además de aquello que ellas producen, poseen el secreto. Ésta es la quinta Ley de Curación en el mundo de la forma.

 

Esta Ley comprende ciertas afirmaciones básicas clasificadas de la manera siguiente:

 

1.      Vivimos en un mundo de energías y somos parte constituyente de ellas.

 

2.      El vehículo físico es una fusión de dos energías y siete fuerzas,

 

3.      La primer energía es la del alma o energía egoica. Es la que produce el conflicto cuando la energía del alma trata de con­trolar las fuerzas.

 

4.      La segunda energía es la de la triple personalidad -el rayo de la personalidad se resiste a la energía superior.

 

5.      Las fuerzas son las otras energías o potencias de rayo que con­trolan los siete centros, siendo dominadas por la energía de la personalidad o la del alma.

 

6.      Por lo tanto, dos conflictos tienen lugar entre las dos principa­les energías y también entre otras energías, enfocadas a través de los siete rayos.

 

7.      La interacción de estas energías produce buena o mala salud.

 

Se ha dado mucha enseñanza sobre la milenaria lucha entre la personalidad y el alma, pero siempre ha sido presentada en térmi­nos de acercamiento espiritual, misticismo y religión, o sino en términos de reacción del carácter, de aspiraciones abstractas y de pureza o impureza. De esto no me ocuparé. Mi tema trata de los efectos que produce este conflicto en el cuerpo físico. Por lo tanto me limitaré únicamente a los problemas fisiológicos y sicológicos, incidentales a la lucha que principalmente dificulta el camino del discípulo. Podría afirmarse que:

 

A.     Todas las enfermedades y dificultades físicas son causadas por una o varias de las tres cosas o condiciones siguientes:

 

1.     Por el contacto obtenido con el alma, produciendo así la vita­lización de todos los centros en ordenado ritmo, de acuerdo al rayo del alma. Esto necesariamente produce presión y tensión en el vehículo físico.

 

2.     La vida y enfoque de la personalidad, que trata de rechazar el control del alma y se expresa mayormente por la actividad del centro laríngeo (predisponiendo a la actividad a la glándula tiroides) y dé los centros abajo del diafragma.

 

3.     Un ciclo en la vida del aspirante, donde el control de la per­sonalidad comienza a debilitarse, y el énfasis y la consiguiente acti­vidad son transferidos a los centros arriba del diafragma, causando también perturbaciones y reajustes.

 

B.     Al aspirante se le presentan ciertos objetivos en diferentes etapas, implicando cada una progreso, pero trayendo al mis­mo tiempo algunas dificultades.

 

1.     El objetivo que tiene ante sí el iniciado consiste en que todos los centros del cuerpo etérico respondan a la energía del rayo a que pertenece el alma y a las otras siete energías de rayo subsi­diarias a aquél. Este proceso de estimulación, reajuste y estableci­miento del control, continúa hasta después de la tercera iniciación. Entonces, cuando se ha recibido esta iniciación, el vehículo físico es de un calibre y cualidad totalmente distintos y las Reglas y Leves de la Salud ya no le son aplicables.

 

2.     El objetivo que tiene ante sí el discípulo consiste en procu­rar el control de los centros del cuerpo, vía el alma, por la estimu­lación, eliminación y eventual estabilización. Ello inevitablemente produce dificultad, vitalización o inspiración (cualquiera de estas palabras es apropiada) o sino carencia o deficiencia, afectando los órganos corporales en las zonas alrededor de los centros y toda la sustancia que los circunda.

 

3.     El objetivo que tiene ante sí el aspirante, o discípulo en pro­bación consiste en transferir las fuerzas desde los centros ubicados abajo del diafragma, por intermedio del centro plexo solar, a los centros ubicados arriba del diafragma. La energía de la base de la columna vertebral debe ser transferida a la cabeza; la energía del centro sacro debe ser elevada a la garganta, mientras que la ener­gía del plexo solar debe ser transferida al corazón. Esto se hace en respuesta a la “atracción” magnética del rayo del alma cuando comienza a dominar al rayo de la personalidad. Este proceso  es largo y doloroso, abarcando muchas vidas y acarreando, como re­sultado, muchos males físicos.

 

4.     El objetivo que tiene ante sí el hombre común (inconscien­temente efectivo) consiste en responder plenamente a las fuerzas de la personalidad, enfocadas principalmente en el punto medio, el plexo solar, y en coordinar constante e inteligentemente estas fuer­zas para que una personalidad integrada sea presentada eventual­mente al alma, y ésta la controle y utilice.

 

5.     El principal objetivo que tiene ante sí el hombre primitivo o no desarrollado (también inconscientemente efectivo) consiste en vivir una vida plenamente animal emotiva, adquiriendo así la experiencia del crecimiento, del contacto y eventualmente de la comprensión. Por este medio se construye el mecanismo de res­puesta del alma en los tres mundos.

 

Llamaré la atención sobre el pensamiento que he intercalado aquí, de que los objetivos, intrínsecamente en sí mismos, tienen efecto sobre aquello que el hombre se esfuerza en lograr. Este pensamiento merece una cuidadosa consideración.

 

Estas generalizaciones serán útiles si se recuerda que son sólo generalizaciones. Ningún aspirante, en ninguna etapa, hasta des­pués de la tercera iniciación, hace esfuerzos claramente definidos ni está enteramente centralizado en su vida y esfuerzo. Los hom­bres se encuentran en todas las etapas imaginables de desarrollo, y muchas de esas etapas son intermedias a las cinco ya mencionadas. Éstas se fusionan y mezclan entre sí, y a menudo constituyen un campo confuso y formidable para pensar y actuar. Sólo en la vida del individuo subdesarrollado encontramos una clara simplicidad. En el ínterin, desde la etapa infantil de la raza, o a la del hombre liberado de la vida de la personalidad, no existe nada más que complejidad, la superposición de estados de conciencia: dificultad, enfermedad, problemas sicológicos, malestar y muerte.

 

 Evidentemente esto debe ser así cuando se ponen en relación el vasto número de energías y fuerzas que constituyen el ser del hombre y forman su medio ambiente. Todo ser humano es, en rea­lidad, un vórtice en miniatura en el gran océano del Ser, en el cual vive y se mueve en incesante movimiento hasta que el alma “exhale su aliento sobre las aguas” (o fuerzas) y el Ángel de la Presencia descienda dentro del vórtice. Entonces todo se aquieta. Las aguas agitadas por el ritmo de la vida, y más tarde encres­padas violentamente por el descenso del Ángel, responden al po­der curador del Ángel y se trasforman “en una tranquila charca donde las pequeñas unidades pueden entrar y hallar la curación que ellas necesitan”. Así reza El Antiguo Comentario.

 

 

 Los Centros y el Sistema Glandular

 

Es evidente que la enfermedad (cuando no es de origen grupal o resultado del karma planetario o debido a un accidente) surge de la actividad o inactividad de los centros. Ésta es una verdad básica, dada en forma sencilla. Los centros, como ya saben, rigen el sistema endocrino, que a su vez controla las siete zonas principa­les del cuerpo físico y es responsable del correcto funcionamiento de todo el organismo, produciendo efectos fisiológicos y sicológicos.

 

La importancia de este sistema glandular no se puede sobresti­mar. Es una réplica en miniatura de la constitución septenario del universo y el medio de expresión e instrumento de contacto para las fuerzas de los siete rayos, los Siete Espíritus ante el Trono de Dios. Acerca de esta verdad actualmente no reconocida, se cons­truirán los métodos de la medicina y de la curación, en la civili­zación futura.

 

Las glándulas constituyen un gran sistema vinculador en el cuerpo; ponen todas las partes del cuerpo físico en mutua relación y también relacionan al hombre con el cuerpo  etérico -tanto indi­vidual como planetario- y análogamente con la corriente sanguí­nea, el portador del principio vida a todas las partes del cuerpo. Por consiguiente, existen cuatro agentes principales de distribu­ción en el cuerpo físico; son unidades completas en si mismas, contribuyen a la vida funcional y orgánica del cuerpo, están es­trechamente interrelacionadas y producen resultados fisiológicos y sicológicos de acuerdo a su potencia, a la respuesta de los cen­tros a la afluencia superior, a la etapa de evolución alcanzada y a la libre expresión o inexpresión de las energías entrantes. Los cuatro agentes de distribución de energía son:

 

1.      El vehículo etérico, con sus miríadas de líneas de fuerza y de energía entrante y saliente y su respuesta a los impactos de la energía proveniente del medio ambiente, como también del hombre espiritual interno y sus cuerpos sutiles, compenetra todo el cuerpo físico. En él se hallan los siete centros como puntos focales de recepción y distribución; son los receptores de siete tipos de energía, y las distribuyen por todo el pequeño sistema humano.

 

2.      El sistema nervioso y sus diversas y entrelazadas directivas. Es una red relativamente tangible de energías y fuerzas, expresión externa de la red interna, vital y dinámica del cuerpo etérico y los millones de nadis o el prototipo de los nervios que subyacen en el cuerpo sustancial. Esos nervios y plexos y sus innumerables ra­mificaciones son los aspectos negativos de las energías positivas que condicionan o tratan de condicionar al hombre.

 

3.      El sistema endocrino es la tangible y exotérica expresión de la actividad del cuerpo vital y sus siete centros. Los siete centros de fuerza se encuentran en la misma zona en que están localizadas las siete glándulas principales, y  cada centro de fuerza provee, de acuerdo a la enseñanza esotérica, el poder y la vida de la corres­pondiente glándula que, en realidad, es su exteriorización.

 

                        Centros                                                                         Glándulas

Centro coronario                                                             Glándula pineal

Centro ajna                                                                      Cuerpo pituitario

Centro laríngeo                                                                Glándula tiroides

Centro cardiaco                                                               Glándula timo

Centro plexo solar                                                           Páncreas
Centro sacro                                                                    Gónadas

Centro en la base de la columna vertebral                         Glándulas adrenales

 

Estos tres sistemas están muy estrechamente relacionados y constituyen directivas de energías y fuerzas entrelazadas, esen­cialmente vitales, energéticas, dinámicas y creadoras, siendo bási­camente interdependientes, y de ellas depende toda la salud inter­na del organismo físico. Responden primero a cualquiera de los dos cuerpos (emocional o mental), luego a la personalidad integrada y su rayo, y finalmente al rayo del alma, cuando comienza a asu­mir el control. Son en realidad responsables de la construcción del cuerpo físico y -después del nacimiento- condicionan su cualidad sicológica, y esto a su vez produce el desarrollo del hombre físico. También son los agentes de los tres aspectos divinos de toda mani­festación: vida-cualidad-apariencia

 

4.      La corriente sanguínea. Portadora del principio vida y de las energías y fuerzas combinadas de los tres sistemas menciona­dos. Esta idea será algo novedosa para el ortodoxo. La relación del sistema circulatorio de la sangre con el sistema nervioso, no ha sido aun adecuadamente investigada por la medicina moderna. Sin embargo, mucho se ha realizado para relacionar al sistema glandular con la sangre.

 

Únicamente cuando estos cuatro sistemas interrelacionados sean considerados como un todo integrado y como cuatro aspectos de un sistema vital circulatorio, emergerá la verdad. Sólo cuando sean reconocidos como los cuatro agentes principales distribuidores de los rayos combinados del hombre individual se captará la ver­dadera naturaleza del fenómeno material. Podría agregar aquí que:

 

 

1.                  El vehículo etérico, desde el ángulo circulatorio, es regido por la Luna, cuando vela a Vulcano.

2.                  El sistema nervioso está regido por Venus.

3.                  El sistema endocrino está regido por Saturno.

4.                  La corriente sanguínea está regida por Neptuno.

 

 Estos cuatro sistemas son en realidad la manifestación de los cuatro aspectos de la materia en su expresión inferior o estricta­mente física. Hay otros aspectos de expresión de la sustancia funda­mental, pero estos cuatro son los de mayor importancia.

 

Cada uno de ellos es esencialmente dual, y cada dualidad corres­ponde al rayo del alma o al de la personalidad, por lo tanto cada uno es positivo y negativo, y pueden ser descritos como una unidad de resistente fuerza y de energía dinámica; cada uno es una combi­nación de ciertos aspectos de la materia y de la sustancia, siendo la materia el aspecto relativamente estático y la sustancia el agente relativamente fluido que la dota de cualidad. Su interacción, rela­ción y función unificadas, constituyen la expresión del Principio de la Vida una, y cuando han alcanzado un punto de fusión per­fecta, síntesis o actividad coordinada, entonces aparece “esa vida más abundante” de que Cristo hablara y de la cual nada sabemos. Los cuatro aspectos de la materia constituyen también la analo­gía de los cuatro atributos divinos, lo mismo que de los tres as­pectos divinos.

 

 La analogía de este dualismo básico de toda la manifestación también se mantiene, constituyendo así el nueve de la iniciación -los tres, los cuatro y los dos. Esta analogía del proceso iniciático es sin embargo lo opuesto, porque significa iniciación en el tercer aspecto creador, el aspecto materia y el mundo de la actividad inte­ligente. No es iniciación en el segundo aspecto o aspecto alma, como sucede con las iniciaciones jerárquicas, para las cuales el discípulo se prepara. Es la iniciación del alma en la experiencia de la encar­nación física, en la existencia del plano físico y en el arte de funcio­nar como ser humano. La puerta que conduce a esta experiencia es el “Portal de Cáncer”. La iniciación en el reino de Dios se hace a través del “Portal de Capricornio”. Estos cuatro atributos y los tres aspectos de la materia, más su actividad dual, son la analogía de los cuatro aspectos de la personalidad y de la Tríada espiritual y su dual relación activa. En esta declaración se halla oculta la clave de la liberación.

 

 

Los Siete Centros Principales

 

Sería de valor aquí si consideramos por un momento la natura­leza de los centros, resumiendo parcialmente la enseñanza dada en mis otros libros, así podré presentar una clara imagen del cuerpo de energía que subyace en el vehículo físico denso.

 

Existen muchos puntos focales de fuerza dentro del cuerpo, pero sólo me ocuparé de los siete principales que controlan en cierta medida a los demás. De esta manera no habrá lugar a confusión.

 

 Consideraremos los cinco centros que se hallan en la columna ver­tebral y los dos que están ubicados en la cabeza.

 

1.      El centro en la cabeza, está situado en la cima de la cabeza. Se lo denomina a veces “el loto de mil pétalos”’ o el Brahmarandra.

a.       Corresponde al sol espiritual central.

b.      Entra en actividad funcionante después de la tercera inicia­ción y es el órgano para la distribución de la energía moná­dica y el aspecto voluntad de la divinidad.

c.       Está vinculado a la triple personalidad por medio del anta­karana, que los discípulos e iniciados están en proceso de construir, y alcanza su plena utilidad sólo después de la des­trucción del cuerpo causal, en la cuarta iniciación.

d.      Es el centro Shamballa en el cuerpo físico y el agente del Padre o del primer aspecto divino.

e.       Registra el propósito, corresponde al “fuego eléctrico” del sistema solar, y es de cualidad dinámica.

f.        La glándula pineal ubicada en la cabeza es su exteriorización física. Está activa durante la infancia hasta que la voluntad de ser éste suficientemente desarrollada a fin de que la per­sona se arraigue firmemente en la encarnación física. En las últimas etapas de la expresión divina en el hombre, vuelve a entrar en actividad y a ser de utilidad como agente para cum­plir en la tierra la energía volitiva del Ser.

g.       Es el órgano de síntesis, porque después de la tercera inicia­ción y antes de la destrucción del cuerpo causal, reúne en sí la energía de los tres aspectos de la vida manifestada. En lo que concierne al hombre significa las energías de la Tríada espiritual, del triple loto egoico y de la triple personalidad, formando nuevamente el nueve de la iniciación. Las energías así sincronizadas y enfocadas en la cabeza,  alrededor y en­cima de ella, son de gran belleza, de amplia radiación y de efectividad dinámica. Sirven para relacionar al iniciado con todas las partes de la vida planetaria, con el Gran Concilio de Shamballa y con el Señor del Mundo, el ultérrimo Inicia­dor -por intermedio de Buda y uno de los tres Budas de Ac­tividad. El Buda, en un sentido muy peculiar, relaciona al ini­ciado con el segundo aspecto de la divinidad -el del amor- y en consecuencia con la Jerarquía; los Budas de Actividad lo relacionan con el tercer aspecto de la divinidad, el de la inteligencia activa. Entonces la energía de la voluntad, de la conciencia y de la creatividad se reúnen en él, proveyendo la síntesis de los aspectos divinos.

h.       Éste es el único de los siete centros que en el momento de la perfecta liberación mantiene la posición de un loto invertido, con el tallo del loto (en realidad el antakarana) ascendiendo hasta “el séptimo Cielo”, vinculando al iniciado con el prime­ro y principal centro planetario, Shamballa. Los demás cen­tros, desde el principio, están invertidos, con los pétalos hacia abajo, en dirección a la base de la columna vertebral; todos, durante el proceso de le evolución despliegan gradualmente sus pétalos, entonces lentamente se dan vuelta hacia arriba “hacia la cúspide del cetro”, tal como se lo denomina en El Antiguo Comentario. Lo antedicho es un dato informativo de poco valor, excepto que presenta una verdad, completa un cuadro y da al estudiante una idea simbólica de lo que es esencialmente un agente distribuidor de la energía volitiva de la Deidad.

 

2.      El Centro Ajna. Ubicado entre las cejas, en la región de la cabe­za, está justamente arriba de los dos ojos, desde donde “actúa como pantalla para la radiante belleza y gloria del hombre espi­ritual”.

a.       Corresponde al sol físico y es la expresión de la personalidad, integrada y funcionante, ante todo como discípulo y final­mente como iniciado. Esta es la verdadera persona o más­cara.

b.      Adquiere plena actividad funcionante cuando se recibe la tercera iniciación. Recordaré que la Jerarquía considera esta iniciación como la primera y principal iniciación, algo que ya he comunicado. Es el órgano para la distribución de la energía del tercer aspecto, la energía de la inteligencia activa.

c.       Está relacionado con la personalidad, mediante el hilo creador de la vida, por lo tanto está estrechamente vinculado con el centro laríngeo (centro de la actividad creadora), así como el centro coronario está relacionado con el centro de la base de la columna vertebral. El establecimiento de una activa interacción entre el centro ajna y el laríngeo produce una vida creadora y una manifiesta expresión de la vida divina por parte del iniciado. Análogamente la interacción activa entre el centro coronario y el de la base de la columna verte­bral produce la manifestación de la voluntad o propósito divino. Cuando las fuerzas de los centros ajna y laríngeo se combinan, producen la más alta manifestación del “fuego por fricción”, tal como las energías del centro coronario y del centro básico producen el “fuego eléctrico” individual que, cuando se expresa plenamente, lo denominamos fuego kun­dalini.

d.      Es el centro a través del cual la cuarta Jerarquía creadora, en su propio plano, halla expresión; aquí también se fusionan y mezclan esta Jerarquía y el cuarto reino de la naturaleza, la familia humana. El centro coronario relaciona la mónada y la personalidad; el centro ama relaciona la Tríada espiri­tual (la expresión de la mónada en los mundos amorfos) con la personalidad. Reflexionen sobre esta afirmación, porque aquí tenemos -en el simbolismo del centro coronario, física­mente considerado- el reflejo de atma, la voluntad espiri­tual, y de budi, el amor espiritual. También tiene cabida aquí la enseñanza sobre la ubicación de los ojos, en el desarrollo de la expresión consciente, llevando a cabo creadoramente el propósito divino.

 

El tercer ojo                            el centro coronario                              Voluntad. Atma

El ojo del Padre, la Mónada.                                      SHAMBALLA

El primer aspecto de la voluntad o poder y propósito.

Relacionado con la glándula pineal.

 

El ojo derecho             el centro ajna                           Amor. Budi

            El ojo del Hijo, el Alma.                                                          JERARQUÍA
            El segundo aspecto de amor-sabiduría.

            Relacionado con el cuerpo pituitario.

 

El ojo izquierdo                       el centro laríngeo                                 Inteligencia Activa.

El ojo de la Madre, la personalidad.                            HUMANIDAD

El tercer aspecto de la inteligencia.

Relacionado con el ganglio o la glándula carótida.

 

Cuando los tres ojos funcionan y “ven” simultáneamente, se tendrá la percepción interna del propósito divino (el ini­ciado), visión intuitiva del plan (el discípulo) y dirección espiritual de la actividad creadora resultante (el Maestro).

e.       El centro ajna registra o enfoca la intención de crear. No es un órgano de creación en el  mismo sentido que el centro laríngeo, sino que contiene la idea que está detrás de la creatividad activa, el consiguiente acto de creación que opor­tunamente produce la forma ideal para la idea.

f.        El cuerpo pituitario constituye su exteriorización física densa; los dos lóbulos de esta glándula corresponden a los dos pétalos múltiples del centro ajna. Expresa las dos formas mas elevadas de la imaginación y del deseo, siendo ellos los factores dinámicos que subyacen en toda la creación.

g.       Es el órgano del idealismo, y -en forma peculiar- está es­trechamente relacionado con el sexto rayo, así corno el cen­tro coronario lo está esencialmente con el primer rayo. El sexto está curiosamente vinculado con el tercer rayo y el tercer aspecto de la divinidad, y también con el segundo rayo y al segundo aspecto. Fusiona, arraiga y expresa. En mis otros escritos no había acentuado este hecho. El centro ajna es el punto de la cabeza que simboliza la naturaleza dual de la manifestación en los tres mundos. Fusiona las energías creadoras de la garganta y las energías sublimadas del deseo o el verdadero amor del corazón.

h.       Este centro, teniendo sólo dos pétalos, no es un verdadero loto en el mismo sentido que los demás centros. Sus pétalos están compuestos de 96 pétalos menores o unidades de fuer­za (48 + 48 = 96) pero éstos no tornan la forma de flor de los otros lotos. Se abren, como las alas de un avión, a la derecha y a la izquierda de la cabeza y simbolizan el sen­dero de la derecha y el de la izquierda, los caminos de la materia y del espíritu. Constituyen, por lo tanto, simbólica­mente, los dos  brazos de la Cruz, en la cual el hombre está crucificado, dos corrientes de energía o de luz, cruzadas oblicuamente a través de la corriente de vida que desciende de la mónada a la base de la columna vertebral, pasando a través de la cabeza.

 

La idea de la relatividad se debe tener presente cuando el estu­diante trata de comprender los centros, internamente vinculados en el cuerpo etérico, relacionados también con los cuerpos sutiles, los estados de conciencia, similares a los estados de ser y de expresión, las energías de rayo, las condiciones ambientales, los tres vehícu­los periódicos (como H. P. B. denomina a la personalidad, a la tri­ple alma y a la Tríada espiritual), con Shamballa y con la totalidad de las Vidas manifestadas. La complejidad del tema es muy grande, pero cuando el discípulo o iniciado actúa en los tres mundos de las diversas energías del completo hombre quedan “aferradas” en el hombre atado a la tierra, entonces el asunto se esclarece. Empleo la palabra “aferradas” en su verdadero y correcto sentido, no para describir al hombre que ha abandonado su cuerpo físico, como lo expresan los espiritistas. Entonces son posibles ciertos reconoci­mientos en tiempo y espacio; pueden observarse algunos efectos, y ciertas influencias de rayo parecen más dominantes que otras, y aparecen ciertos “cánones de ser”. En cierta etapa de la experien­cia consciente surge con toda claridad la expresión de un Ser espi­ritual, entonces puede ser diagnosticado espiritualmente. Sus as­pectos y atributos, sus fuerzas y energías pueden ser determina­dos en ese momento, para darle una expresión de la vida especial­mente creada. Se ha de tener presente esto y el estudiante no debe permitir que sus pensamientos divaguen, sino concentrarlos sobre la apariencia del hombre (él mismo, u otro) y sobre la cualidad emergente. Si el estudiante es un iniciado o discípulo podrá tam­bién estudiar el aspecto vida.

 

            Sin embargo nuestro estudio será algo diferente, pues tratare­mos de descubrir las enfermedades y dificultades incidentales a la estimulación de la energía o a la falta de estimulación de los cen­tros, y así descubrir algunos de los efectos que esta afluencia de energía y el conflicto con las fuerzas producirán.

 

3.      El Centro Laríngeo. Se halla en la parte posterior de la nuca, extendiéndose hacia arriba hasta la médula oblongada, involu­crando a la glándula carótida, y hacia abajo, hasta los omó­platos. Es un centro extremadamente poderoso y bien desarro­llado, en lo que a la humanidad común concierne. Resulta inte­resante observar a este respecto que:

 

a.       El centro laríngeo está regido por Saturno, así como los dos centros de la cabeza están regidos respectivamente por Ura­no (rige el centro coronario) y Mercurio (rige el centro ajna). Esto, sólo en lo que concierne al discípulo. El regen­te cambia después de la tercera iniciación o antes de la primera. Estos tres planetas constituyen un interesante triángulo de fuerzas, y en las siguientes triplicidades y sus inevitables interrelaciones tenemos -siempre en el caso de los discípulos- una maravillosa historia gráfica o símbolo de la nonuplicidad de la iniciación:

 

1. El centro coronario

El centro ajna

El centro laríngeo

 

2. El tercer ojo

El ojo derecho

El ojo izquierdo

 

3. La glándula pineal

El cuerpo pituitario

La glándula carótida,

 

presentando así el mecanismo a través del cual la Tríada espiritual, el Alma y la Personalidad actúan. La clave para comprender correctamente el proceso se halla en la relación de los tres planetas, Urano, Mercurio y Saturno, cuando derraman sus energías a través de esos nueve “puntos de contacto espiritual” en el plano físico, la “esfera de luz y poder aferrada a la tierra, el hombre en tiempo y espacio”.

 

b.      Este centro está relacionado con la primera iniciación y desarrolla gran actividad cuando ha logrado esa etapa de experiencia, así como la han alcanzado la vasta mayoría de los hombres, actualmente aspirantes y discípulos  probacionista del mundo. (No olviden que, técnicamente hablando, la primera iniciación mayor desde el ángulo jerárquico es la tercera. Los Maestros consideran la primera iniciación como que significa su admisión en el Sendero. La humanidad la denomina iniciación, porque en los días de Lemuria la pri­mera iniciación significaba lograr el completo control físico). Es el órgano para la distribución de la energía creadora, la energía del tercer aspecto, que emplean las almas que se hallan en esa etapa de evolución. Existen tres centros en el ser humano, que están relacionados y son la principal expresión del tercer rayo o aspecto, en las diferentes etapas de desarrollo en el sendero:

 

1.      El centro sacro para el hombre común y no evolucionado.

2.      El centro laríngeo para el aspirante y el discípulo pro­bacionista.

3.      El centro ajna para los discípulos e iniciados.

 

Aquí tenemos una gran triplicidad de energías de gran po­der actualmente, debido a que la expresión del tercer aspec­to de la inteligencia activa ha alcanzado esas alturas por medio de la conciencia y desenvolvimiento humanos.

 

c.       Está relacionado con la personalidad por el hilo creador, con el alma por el hilo de la conciencia y con la mónada por el sutratma o hilo de vida. No está relacionado con ninguno de los aspectos divinos por medio del antakarana, pues ese hilo que une directamente la mónada y la personalidad (y por último separado del alma) introduce sencillamente la expresión monádica de la vida en la cabeza, el centro co­ronario. Entonces se establece la conciencia directa entre la mónada y la personalidad y viene a la existencia una gran dualidad. Vida, Conciencia y Forma se enfocan enton­ces creadora y activamente en la cabeza, y su actividad es dirigida desde la cabeza por intermedio de los dos centros de la misma. El centro ajna sólo entra en actividad crea­dora cuando se ha construido el antakarana. En las prime­ras etapas el centro laríngeo es el agente creador, y el centro sacro está activo en los períodos primitivos. Aquí hay algo muy interesante que recordar. La construcción del antakarana sólo llega a ser genuinamente posible cuando la vida creadora del aspirante cambia desde el centro sacro al laríngeo y se hace activa y expresiva. La nuca es el símbolo de este “puente” vinculador, pues relaciona la ca­beza -sola y aislada- con el torso dual, que incluye lo que está arriba del diafragma y lo que está abajo -sim­bolizando el alma y la personalidad unidas, fusionadas y  mezcladas en una. La cabeza es el símbolo de lo que Pa­tanjali describe como el estado de “unidad aislada”.

 

d.      Es el centro por el cual el aspecto inteligente de la humani­dad se enfoca creadoramente y  por el que fluye la energía creadora de ese gran centro planetario denominado huma­nidad. Los tres centros mayores planetarios son Shamballa, Jerarquía y Humanidad. Cuando se haya alcanzado la per­fección, entonces la energía de la voluntad, del poder y del propósito de Shamballa, afluirá libremente a través del cen­tro coronario; las energías de amor-sabiduría de la Jerarquía afluirán a través del centro cardiaco, y la energía de la humanidad se enfocará a través del centro laríngeo, actuando el centro ama como agente de las tres. Entonces tendrá lugar una nueva actividad por parte de la humanidad, que con­siste en relacionar los tres reinos superhumanos con los tres suhhumanos, estableciendo así la nueva tierra y el nuevo cielo. Entonces la humanidad habrá culminado su meta evo­lutiva en esta Tierra.

 

e.       El centro laríngeo es específicamente el órgano de la PA­LABRA creadora. Registra la intención o propósito creador del alma, trasmitido por la afluencia de energía desde el centro ama; la fusión así realizada de las dos energías con­ducirá a algún tipo de actividad creadora. Ésta es la analogía superior de la creatividad del centro sacro. En ese centro se encierran las energías creadoras negativa y positiva, personificadas independientemente en los organismos masculino y femenino, los cuales se ponen en relación por un acto creador, conscientemente realizado, aunque todavía sin un propósito muy definido.

 

f.        La glándula tiroides es la exteriorización física densa de es­te centro. A esta glándula se la considera hoy de suprema importancia para el bienestar del ser humano común. Su propósito es resguardar la salud, balancear el equilibrio cor­póreo en algunos aspectos importantes de la naturaleza fí­sica, y simboliza  el tercer aspecto de la inteligencia y de la sustancia impregnada por la mente. En realidad, tiene vincu­lación con el Espíritu Santo o el tercer aspecto divino en manifestación, “influyendo” (como La Biblia lo expresa) sobre la Madre, la Virgen María. Las paratiroides simboli­zan a María y José y su relación con el influyente Espíritu Santo. Oportunamente se llegará a determinar que existe una estrecha relación fisiológica entre la glándula tiroides y la pineal, entre la paratiroides y los dos lóbulos del cuerpo pituitario, lo cual convierte a la zona de la garganta y de la cabeza en un solo sistema relacionado.

 

g.       Así como la cabeza simboliza la naturaleza esencialmente dual de Dios manifestado, así el centro laríngeo simboliza la triple naturaleza de la divina expresión. La naturaleza dual aparece como fusionada y mezclada en la cabeza por la relación que existe entre los dos centros y sus dos reflejos físico densos. Las tres grandes energías puestas en acción durante la actividad creadora divina realizan una actividad unificada por la plena expresión de la energía que fluye a través del centro laríngeo, del órgano de la palabra y de los dos pulmones. En esta relación tenemos: la vida o el aliento, la palabra o el alma, y el centro laríngeo de la sustancia en actividad.

 

h.       Este loto de la garganta está invertido en las primeras eta­pas de la evolución, y sus pétalos se extienden hacia los hom­bros, e incluyen los dos pulmones o parte de ellos. Durante el ciclo de la vida del alma, lentamente se da vuelta, y sus pétalos se extienden hacia arriba hasta las dos orejas, e in­cluyen a la médula oblongada y a la glándula carótida. Esta glándula está más estrechamente relacionada  con la glándula tiroides que con las otras dos glándulas de la cabeza.

 

En consecuencia será evidente de qué manera zonas enteras del organismo físico pueden ser llevadas a un funcionamiento activo y correcto, y también vitalizadas y conservadas en buena y verda­dera condición, por algún tipo de actividad del centro más cercano a la zona del cuerpo en consideración. Será también evidente que las deficiencias y la enfermedad pueden ser el resultado de la inactividad de un centro.

 

4.      El Centro Cardiaco. Está localizado entre los omóplatos, sien­do, en estos días y época, el centro que recibe mayor atención de Quienes son responsables del desenvolvimiento de la con­ciencia humana. En verdad, puede decirse que el rápido desarro­llo de este loto constituyó una de las razones por las cuales no pudo evitarse la guerra mundial. En un sentido, fue un aconte­cimiento necesario (dado el ciego egoísmo de la totalidad de la humanidad), porque era imprescindible hacer desaparecer to­das las antiguas formas de gobierno, de la religión y del crista­lizado orden social. La humanidad ha llegado ahora a la etapa de conciencia e interrelación grupales de un tipo profundamente espiritual, y se requerían nuevas formas por las cuales este nuevo espíritu pudiera funcionar más adecuadamente:

 

a.       El centro cardíaco corresponde al “corazón del Sol” y por lo tanto a la fuente espiritual de luz y amor.

 

b.      El centro del corazón funciona activamente después de la segunda iniciación, la cual marca la consumación del  proceso por el cual la naturaleza emocional (con su destacada cualidad del deseo) es puesta bajo el control del alma, y el deseo del yo inferior personal ha sido trasmutado en amor. Es el órgano para la distribución de la energía jerárquica, que afluye por intermedio del alma al centro cardíaco de todos los aspirantes, discípulos e iniciados; de esta manera dicha energía queda disponible y trae dos resultados:

 

1.      La regeneración de la humanidad por medio del amor.

 

2.      La relación, firmemente establecida, entre la humanidad que evoluciona rápidamente y la Jerarquía. De esta ma­nera dos grandes centros planetarios, la Jerarquía y la Humanidad, son puestos en íntimo contacto y relación.

 

Según dice La Biblia: “el amor de Dios se derrama por todas partes” en el corazón humano, y su poder transformador, magnético y radiatorio, es esencial para la reconstrucción del mundo y el establecimiento del nuevo orden mundial. En la actualidad se pide a los discípulos que cavilen y refle­xionen sobre el desarrollo del centro cardíaco y la inteligente relación entre la humanidad y la Jerarquía, con la consiguiente respuesta humana a la energía del amor, porque “como el hombre piensa en su corazón, así es él”. Sólo puede pensar con el corazón cuando las facultades mentales se han desarrollado adecuadamente y han llegado a una etapa bas­tante elevada de desenvolvimiento Sentir con el corazón, frecuentemente se lo confunde con pensar. La capacidad de pensar con el corazón es resultado del proceso de transmutación del deseo en amor, durante la tarea de elevar las fuerzas del plexo solar al centro cardíaco. Pensar con el corazón también indica que el aspecto superior del centro cardíaco, el loto de doce pétalos situado en el centro del loto de mil pétalos, ha alcanzado un punto de real actividad. La refle­xión, como resultado del correcto sentimiento, sustituye a la sensibilidad personal. Nos proporciona los primeros y tenues indicios de ese estado de ser característico de la mónada, que no puede denominarse conciencia, tal como entendemos el término.

 

c.       El centro cardiaco se relaciona esencialmente con la perso­nalidad, cuando es dominado el proceso de alineamiento con el alma, proceso que hoy se enseña en las nuevas y sólidas escuelas esotéricas y ha sido acentuado en la Escuela Arcana desde el comienzo; éste es el procedimiento (caracterizado por la correcta orientación, concentración y meditación) que relaciona la personalidad con el alma y con la Jerarquía. La relación con la Jerarquía tiene lugar automáticamente en cuanto se lleva a cabo este alineamiento y se establece contacto directo con el alma. La conciencia de la personalidad es reemplazada por la conciencia grupal, y la entrada de la energía jerárquica se produce como consecuencia natural, pues todas las almas sólo son aspectos de la Jerarquía. Esta establecida relación, con su consiguiente interacción (mag­nética e irradiatoria), trae la destrucción final del cuerpo del alma o cuerpo causal, cuando la relación alcanza el punto más elevado de intensificado reconocimiento.

 

d.      En consecuencia, es ese centro, en el cuerpo físico, por cuyo intermedio actúa la Jerarquía, siendo también el agente del alma. Cuando empleo la palabra “alma” no sólo me refiero al alma individual del hombre sino también al alma del Lo­gos planetario, siendo ambas el resultado de la unión espí­ritu y materia, de los aspectos Padre y Madre. Sólo la iniciación puede revelar este gran misterio.

 

e.       El centro cardíaco registra la energía del amor. Aquí podría establecerse que, cuando finalmente se ha construido el an­takarana, los tres aspectos de la  Tríada espiritual hallarán cada uno un punto de contacto en el mecanismo etérico del iniciado que actúa en el plano físico. El iniciado llega a ser una fusión del alma y la personalidad, a través de la cual puede afluir la plena vida de la mónada.

 

1.      El centro coronario se convierte en punto de contacto para la voluntad espiritual, Atma.

 

2.      El centro cardíaco se trasforma en agente de amor espi­ritual, Budi.

 

3.      El centro laríngeo es la expresión de la mente univer­sal, Manas.

 

Durante el trabajo que realiza el iniciado, cuando cumple el propósito divino de acuerdo al plan, el centro ajna se con­vierte en el agente directriz o distribuidor de las energías fusionadas del hombre divino. El centro cardíaco correspon­de al “fuego solar” dentro del sistema solar, siendo de cua­lidad magnética y de actividad radiatoria. Es el órgano de la energía que produce inclusividad.

 

f.        Su exteriorización física densa es la glándula timo. Poco se sabe en la actualidad respecto a esta glándula, aunque mu­cho se aprenderá cuando los investigadores acepten y expe­rimenten la hipótesis que presenta la ciencia esotérica y cuando el centro cardíaco se desarrolle y la glándula timo vuelva a su actividad adulta funcionante. Esto no ha sucedido todavía. Tampoco se ha establecido aún la naturaleza  de su secreción; los efectos de esta glándula son mejor cono­cidos desde el ángulo sicológico que del físico. La moderna sicología, cuando se asocia a la medicina, reconoce que la excesiva actividad de esta glándula hace que una persona sea amoral e irresponsable. Cuando la raza de los hombres aprenda la naturaleza de la responsabilidad, tendremos los primeros indicios del alineamiento con el alma, de la descentralización de la personalidad y de la conciencia grupal y luego -paralelo a este desarrollo- hallaremos que la glándula timo llegará a actuar correctamente. En la actua­lidad, el desequilibrio general del sistema endocrino, milita en contra del pleno funcionamiento, y sin riesgo, de la glán­dula timo en la persona adulta. Hay todavía una relación no reconocida entre la glándula pineal y la timo, lo mismo que entre ambas y el centro ubicado en la base de la columna vertebral. A medida que la Tríada espiritual entra en actividad por intermedio de la personalidad, estos tres cen­tros y sus tres exteriorizaciones trabajarán en síntesis, ri­giendo y dirigiendo al entero hombre. A medida que la glándula pineal vuelva a desempeñar plenamente su fun­ción adulta (y esto no sucede con el hombre adulto), la divina voluntad al bien se hará sentir y se cumplirá el divi­no propósito; cuando la glándula timo en forma similar en­tre en actividad en la persona adulta, se evidenciará la buena voluntad y comenzará a desarrollarse el plan divino. Éste es el primer paso hacia el amor, las correctas relaciones hu­manas y la paz. La buena voluntad ya está haciendo sentir su presencia en el mundo, indicando que el centro cardíaco inicia su actividad y comprobando que el centro cardíaco de la cabeza comienza a desplegarse como resultado de la cre­ciente actividad del centro cardiaco a lo largo de la columna vertebral.

 

g.       Es el órgano de fusión, así como el centro coronario es el órgano de síntesis. A medida que el centro cardiaco entra en actividad, el aspirante individual es atraído lentamente a una relación cada vez más estrecha con su alma, entonces se producen dos expansiones de conciencia que él las inter­preta corno eventos o acontecimientos: 

 

1.      Es atraído al Ashrama de uno de los Maestros, de acuerdo al rayo de su alma, convirtiéndose en discípulo aceptado, en sentido técnico. El Maestro es el centro cardíaco del Ashrama y puede ahora llegar hasta Su discípulo por medio del alma, porque ese discípulo, mediante el alinea­miento y el contacto, ha puesto su corazón en estrecha armonía con el alma. Entonces responde al corazón de todas las cosas, que en lo que concierne a la humanidad actualmente es la Jerarquía.

 

2.      Es atraído para que sirva y se relacione estrechamente con la humanidad. Su creciente sentido de responsabili­dad, debido a la actividad del corazón, lo lleva a servir y a trabajar. Eventualmente también se convierte en el corazón de un grupo’ u organización -pequeña al princi­pio, llega a ser mundial a medida que su poder espiritual se desarrolla y él piensa en términos de grupo y de hu­manidad. Ambas relaciones por su parte son reciprocas. Así el aspecto amor de la divinidad se hace activo en los tres mundos y el amor se anda en la tierra y ocupa el lugar de la emoción, del deseo y de los aspectos materia­les del sentimiento. Observen esta frase.

 

h.       En las primeras etapas del desarrollo, tanto del individuo como de la raza, el loto invertido del corazón con sus doce pétalos se extiende hacia abajo al centro plexo solar. Éste, desde la época atlante, se ha dado vuelta y sus pétalos se extienden ahora hacia arriba, hacia el siguiente centro a lo largo de la columna vertebral, el cardíaco, debido a las ener­gías que ascienden lentamente desde el centro plexo solar, las cuales tratan de evadirse de la “prisión de las regiones inferiores” mediante un proceso de transmutación.

 

 Como resultado de lo antedicho el centro cardiaco comienza a desarrollarse lentamente y a darse vuelta. Esta reversión de los “centros lotos” siempre se produce como efecto de una actividad dual, el empuje desde abajo y la atracción desde arriba.

 

La reversión del loto del corazón y su despliegue hacia arriba se debe a los factores siguientes:

 

1.      A la creciente potencia del acercamiento jerárquico.

2.      Al rápido establecimiento del contacto con el alma.

3.      A la respuesta del loto del corazón, que va desplegándose, por la atracción del Ashrama del Maestro.

4.      A la ascensión de las energías trasmutadas desde abajo del diafragma, vía el plexo solar, en respuesta a la “atracción” espiritual.

5.      A la creciente comprensión del hombre acerca de la natura­leza del amor.

 

Existen otros factores, pero los enumerados son más fáciles de comprender si se los considera simbólicos y no en forma demasiado literal. La relación que existía entre los centros plexo solar y car­díaco, hasta el año 1400 d.C., está expresada pictóricamente en el diagrama que aparece en la página 126.

 

 

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 Oportunamente, al finalizar la siguiente raza raíz, tendremos la plena expresión del amor y aparecerán los lotos a lo largo de la columna vertebral -cinco en total-, difiriendo cada uno por el número de pétalos.

 

Finalmente, al terminar el gran ciclo mundial, cuando todos los lotos se hayan dado vuelto, se abrirán y presentarán canales libres para la afluencia y transmisión de las tres principales energías divinas y las cuatro fuerzas menores.

 

Gran parte del malestar que siente la humanidad en los diferentes cuerpos, puede ser atribuido a este constante movimiento de los centros y a la continua afluencia de energías; la incapacidad de los centros para desarrollarse o responder, produce, en muchos casos, enfermedades y dificultades; en otros, su desenvolvimiento desequilibrado, desarrollo retardado y falta de respuesta, crea problemas, y aún en otros su desenvolvimiento prematuro e hiperactividad acarrea peligros; la causa de tantas dificultades reside en que el mecanismo físico no está a la altura del desarrollo interno. Así se podrá apreciar nuevamente la complejidad del tema. La etapa teórica es muy sencilla, excepto cuando se ponen en movimiento fuerzas que oportunamente conducen a dificultades. La etapa de reacción a la respuesta y de adaptación a la teoría también establece un ciclo de gran dificultad y complejidad, porque conduce a un ciclo de experimento y experiencia durante el cual el discípulo sufre mucho y aprende. Luego, a medida que va adquiriendo experiencia, sobreviene la etapa de expresión espiritual, y tiene lugar la anulación de los peligros, librándose de las dificultades y enfermedades. Así se restablece la simplicidad.

 

 

El Cuerpo, la Apariencia Fenoménica

 

No es necesario dar muchas explicaciones referentes a esto, pues la naturaleza corpórea y el aspecto forma han sido objeto de investigación y tema de reflexión y discusión de los pensadores, durante muchos siglos. Gran parte de las conclusiones a que han llegado son básicamente correctas. El investigador moderno admite la Ley de Analogía como base de sus premisas y reconoce a veces que la teoría hermética, "así como es arriba es abajo", podría arrojar mucha luz sobre los actuales problemas. Los siguientes postulados serán esclarecedores:

 

1.      El hombre, en su naturaleza corpórea, es una totalidad, una unidad.

 

2.      Esta totalidad está subdividida en muchas partes y organismos.

 

3.      Sin embargo, esas numerosas subdivisiones funcionan en forma unificada, y el cuerpo es un todo correlacionado.

 

4.      Cada una de sus partes difiere en forma y función, pero todas son interdependientes.

 

5.      Cada parte y cada organismo están a su vez compuestos de mo­léculas, células y átomos, y la vida de la totalidad los mantiene unidos en forma de un organismo.

 

6.      La totalidad llamada hombre se divide a grandes rasgos en cinco partes, unas de mayor importancia que otras, pero todas completando ese organismo viviente denominado ser humano.

 

a.       La cabeza.

b.      El torso superior, o la parte que se halla arriba del dia­fragma.

c.       El torso inferior, o la parte que está abajo del diafragma.

d.      Las extremidades superiores.

e.       Las extremidades inferiores.

 

7.      Dichos órganos sirven a distintos propósitos, y de su debido funcionamiento y adecuado ajuste depende el bienestar del todo.

 

8.      Cada uno de ellos tiene su propia vida, que son la suma total de la vida de su estructura atómica, y están también animados por la vida unificada del todo, dirigida desde la cabeza por la voluntad inteligente o energía del hombre espiritual.

 

9.      La parte importante del cuerpo de esa triple división es: la cabeza, el torso superior y el inferior. El hombre puede fun­cionar y vivir sin brazos ni piernas.

 

10.  Cada una de estas tres partes también es triple en su aspecto físico, constituyendo la analogía de las tres partes de la natu­raleza del hombre y las nueve de la vida monádica perfecta. Hay otros órganos, pero los ya enumerados tienen mayor signi­ficado esotérico que los otros.

a.       Dentro de la cabeza tenemos:

1.                  Los cinco ventrículos del cerebro, o lo que podríamos llamar el cerebro como organismo unificado.

2.                  Las tres glándulas: carótida, pineal y pituitaria.

3.                  Los dos ojos.

b.      En la parte superior del cuerpo humano tenemos:

1.                  La garganta.

2.                  Los pulmones.

3.                  El corazón.

c.       En la parte inferior del cuerpo tenemos:

1.                  El bazo.

2.                  El estómago.

3.                  Los órganos sexuales.

 

11.  La suma total del cuerpo es también triple:

a.       La estructura ósea y la piel. 

b.      El sistema vascular o sanguíneo.

c.       El triple sistema nervioso.

 

12.  Estas triplicidades corresponden a cada una de las tres partes de la naturaleza del hombre:

a.       La naturaleza física: La estructura ósea y la piel son la analogía del cuerpo denso y etérico del hombre.

b.      La naturaleza del alma: Los vasos sanguíneos y el sistema circulatorio son la analogía de esa alma omnipenetrante que compenetra todas las partes del sistema solar, así como la sangre circula por todas las partes del cuerpo.

c.       La naturaleza del espíritu: El sistema nervioso, que ener­getiza al hombre físico y actúa a través de él, es la analo­gía de la energía del espíritu.

 

13.  En la cabeza tenemos la analogía del aspecto espíritu, la voluntad rectora, la mónada, el Uno:

 

a.       El cerebro con sus cinco ventrículos es la analogía de la forma física que el espíritu anima en relación con el hombre, quíntuple totalidad que constituye el medio por el cual el espíritu ha de expresarse en el plano físico.

b.      Las tres glándulas de la cabeza están estrechamente rela­cionadas con el alma o naturaleza síquica (superior e inferior).

c.       Los dos ojos son la analogía de la mónada, en el plano físico, siendo voluntad y amor-sabiduría o atma-budi, de acuerdo a la terminología oculta.

 

14.  En la parte superior del cuerpo tenemos una analogía de la triple naturaleza del alma:

a.       La garganta, correspondiendo al tercer aspecto creador, o sea la naturaleza corporal, la inteligencia activa del alma.

b.      El corazón, amor-sabiduría del alma, el principio búdico o crístico. 

c.       Los pulmones, analogía del aliento de la vida, es la equi­valencia del espíritu.

 

15.  En la parte inferior del torso se repite este triple sistema:

a.       Los órganos sexuales, el aspecto creador, el modelador del cuerpo.

b.      El estómago, manifestación física del plexo solar, es la ana­logía de la naturaleza del alma.

c.       El bazo, el receptor de energías y por ende la expresión en el plano físico del centro que recibe esta energía, es la analogía del espíritu energetizante.

 

 Me doy cuenta muy bien de su dificultad para comprender los tecnicismos que acabo de dar, y aparente inutilidad. Quizás pre­gunten, qué necesidad hay de ser tan meticuloso al enumerar los detalles físicos, sicológicos y del sistema, de naturaleza puramente académica, cuando por un acto de la voluntad y del poder divino y empleando ciertas Palabras de Poder, se puede lograr la curación. Estas ideas son básicamente veraces, pero están basadas en una errónea comprensión, en tiempo y espacio. Si todos los curadores fueran Maestros de Sabiduría, si fueran todos clarividentes, si com­prendieran la Ley del Karma y su actuación en la vida del pa­ciente, si obtuvieran la plena colaboración del paciente y si tu­vieran la capacidad de agregar a todos los requisitos mencionados el empleo de ciertas Palabras y Mántram, entonces, en realidad, sería innecesario el conocimiento académico. Pero estos requisitos no son, ni pueden serlo, llenados. Los curadores, por regla general, no poseen tales poderes. Si bien es verdad que los sanadores fre­cuentemente curan (aunque no tan a menudo como creen), cuan­do lo logran han realizado alguna de las cosas siguientes:

 

 Han curado al paciente cuando su sino o destino así lo ordena, y su alma, por lo tanto, ha atraído a su vehículo (el hom­bre físico) dentro de la irradiante aura del curador o del grupo de curación. Probablemente el paciente podría haberse recupe­rado en cualquier caso, pero el proceso fue acelerado por el esfuerzo y la atención aplicados, además de la fe.

 

Han interferido el designio inmediato o canon de vida del paciente, y así postergaron algunos procesos necesarios de tuto­ría espiritual. Esto lo olvidan con frecuencia. Es un tema muy complicado para ser tratado aquí, pero podrá ser aclarado algo cuando lleguemos a la última parte.

 

Por lo tanto (hasta que no haya pleno conocimiento) es vitalmente necesario estudiar la estructura del poder, la vitalidad y la red de energías y fuerzas que componen el organismo humano. Es menester captar mentalmente los procesos de la curación, y las razones que los hacen parecer difíciles, complicados e innecesarios y que ocasionan pérdida de tiempo, son las siguientes:

 

La incapacidad, incluso de la mente humana más avanzada, de captar temas y tópicos en su totalidad. Aún se carece del elemento Sintético. En la actualidad la enseñanza y los proce­sos implicados deben ser dominados paso a paso, detalle por detalle, precepto tras precepto, aplicación tras aplicación. Pero el futuro contiene una clara promesa; la capacidad del ojo hu­mano para funcionar sintéticamente, abarcar un paisaje, por ejemplo, y hacerlo simultáneamente y en un vistazo, en sus con­tornos amplios y destacados, es la garantía de la futura técnica de la raza. Con una sola mirada de la mente iluminada y una gran irradiación de amor, el curador o el grupo de curación  sabrán si se debe llevar a cabo la curación y ayudar al paciente -un proceso mucho más lento- o abstenerse de curarlo.

 

La inercia del hombre o mujer comunes, impide realizar el esfuerzo necesario para dominar el aspecto técnico de la cura­ción. Es mucho más fácil depender de la divinidad (una divini­dad que en realidad está latente pero no se expresa) y “dejar que Dios lo haga”. Es mucho más fácil reconocer el amor y su emanación, que dominar los procesos por los cuales puede ser eficaz o la naturaleza de aquello que debe ser afectado.

 

Estos puntos requieren cuidadosa atención y consideración, Me­recen reflexión. El poder sintético de la mente, ayudado por el verdadero amor, será algún día el instrumento de todos los verda­deros curadores. Entretanto, en bien del porvenir, y a fin de ayu­dar en la formulación del futuro arte de la curación -basado en la comprensión de la energía, su afluencia y circulación-, este tratado se ocupará en parte del aspecto académico. Después de to­do, los hechos descritos existen y están verdaderamente presentes, como lo está esa emoción que el curador común denomina amor.

 

 

Los Siete Centros Mayores (continuación)

 

Continuaremos considerando los centros. Hemos visto ya los cuatro centros ubicados arriba del diafragma: los tres centros a través de los cuales la Tríada espiritual debe eventualmente tra­bajar, y el centro sintético, el centro ajna, que finalmente expresa a la personalidad integrada y se convierte en agente directo del alma. Ahora debemos considerar tres centros más, ubicados abajo del diafragma -centros plexo solar, sacro y en la base de la colum­na vertebral. El centro más importante para el aspirante es hoy el plexo solar; el más activo -generalmente hablando- en toda la humanidad, es todavía el centro sacro; el centro más pasivo del cuerpo (desde el ángulo del hombre espiritual) es el básico.

 

5.        El Centro Plexo Solar. Está ubicado muy por debajo de los omóplatos, en la columna vertebral, y es extremadamente ac­tivo. En los días atlantes obtuvo un elevado grado de desarro­llo, así como en la época aria el centro laríngeo va despertando rápidamente. Este centro está peculiarmente relacionado a otros dos: el cardíaco y el ajna, formando actualmente un interesante triángulo de energías en el cuerpo humano, que recibe mucha atención de la Jerarquía. Existe una afluencia de energía desde el alma al centro ajna y al corazón, siempre que el aspirante pueda hacer contacto con su alma. Ello conduce a tres cosas:

 

A la estimulación del centro cardíaco.

A la respuesta reaccionaria del corazón que evoca la estimula­ción del centro ama y produce eventualmente el reconocimiento de la conciencia grupal por la personalidad.

A la evocación del centro cardíaco en la cabeza.

 

Sin embargo, todo esto es facilitado por el avanzado desarrollo del plexo solar del aspirante, que produce su propio efecto sobre el corazón y un efecto recíproco en el centro ajna. En consecuencia, hay dos triángulos importantes a considerar:

 

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Así como tenemos, astrológicamente, una Ciencia de Triángulos, mas adelante se desarrollará también una ciencia de triángulos en relación con el sistema humano. Aún no ha llegado el momento. Acerca de esta ciencia daré de vez en cuando algunas indicaciones sobre las cuales podrá actuar la intuición del discípulo:

 

a.                   El plexo solar es un reflejo del “corazón del sol” en la personalidad, como lo es el centro cardíaco. Constituye el factor cen­tral en la vida de la personalidad de toda la humanidad de gra­do inferior al de discípulo probacionista. En ese punto la mente comienza definidamente a funcionar, aunque tenuemente. Es la salida -si puedo expresarlo así- del cuerpo astral hacia el mundo externo, y el instrumento a través del cual fluye la ener­gía emocional. Es el órgano del deseo, siendo de suprema im­portancia en la vida del hombre medio, y llegar a controlarlo es la meta vital del aspirante, que debe trasmutar el deseo en aspiración.

 

b.                  El plexo solar entró en pleno funcionamiento en la época atlan­te, durante el período en que estaba en desarrollo la segunda gran raza humana. Estos centros inferiores no están muy específicamente relacionados con las iniciaciones, como lo están los centros ubicados arriba del diafragma, pues esos centros perte­necen a la personalidad y tienen  que estar plenamente contro­lados por el alma, cuando se reciben iniciaciones de cierto grado.

 

c.                   El centro plexo solar es el gran centro distribuidor para todas las energías que se hallan abajo del diafragma. Esto se refiere a los tres centros mayores y a los centros menores citados en la página 63. La relación de este centro con el plano astral es estrecha (empleando una palabra peculiar aunque muy ex­presiva). Es el receptor de todas las reacciones emocionales y de los impulsos y energías del deseo, y debido a que la huma­nidad se está haciendo más activa en sentido grupal y más in­cluyente que nunca en la historia humana, la situación es de aguda y extrema dificultad. El género humano, mediante el plexo solar individual y también colectivo, está siendo sometido a una presión casi insoportable. ¡Éstas son las pruebas de la iniciación! No tengo la intención de tratar aquí los procesos por los cuales son atraídas las energías inferiores, ni el modo de centralizarlas en el plexo solar y de allí trasmutarlas y refi­narlas a tal grado que puedan ser transferidas al centro cardíaco. Gran parte de ello está vinculado con el entrenamiento dado a los discípulos aceptados, antes de la segunda iniciación. Sería algo demasiado complejo desarrollarlo, pues acarrearía ciertos peligros peculiares a quienes no están preparados para el pro­ceso; esto sin embargo se lleva a cabo casi automáticamente mediante un esfuerzo viviente. El plexo solar es el más separa­tista de los centros (excepto el centro ama, en el caso de quien sigue el sendero de la izquierda) porque se halla en el punto medio, entre el centro laríngeo y el cardíaco -arriba del dia­fragma- y los centros sacro y básico abajo del diafragma. Esto es algo muy importante.

 

d.                  El plexo solar es el centro del vehículo etérico a través del cual la humanidad (término medio, la humanidad no iluminada)  vive, se mueve y tiene su ser, la cual está condicionada por el deseo; deseos buenos, egoístas, erróneos y espirituales. A tra­vés de este centro fluyen la mayor parte de las energías que lo hacen al hombre progresista, porque es ambicioso, egoísta por­que sus deseos personales son para él de importancia, y fluido porque está astralmente polarizado. A través de este centro fluye “la brillante luz generada en la Atlántida” y se hace con­tacto con la luz astral. Por lo tanto es el centro a través del cual trabajan la mayoría de los médium y actúan los clarivi­dentes. Más adelante aprenderán a trabajar como intermedia­rios, empleando sus poderes, consciente e inteligentemente; po­seerán clara percepción, y esto reemplazará a la clarividencia.. Entonces estarán polarizados en el centro ajna. En consecuen­cia, es el centro más perturbador del cuerpo y una de las cau­sas fundamentales de la mayoría de las dolencias estomacales y los malestares vinculados con hígado. Toda la zona ubicada inmediatamente abajo del diafragma se halla en un constante estado de turbulencia, en lo que concierne al hombre común, debido a causas individuales y colectivas.

 

Es interesante observar aquí, que así como el centro ajna (sín­tesis de las fuerzas de la personalidad, cuando está altamente desa­rrollada) es el gran agente rector y distribuidor, así también el centro plexo solar (síntesis de las energías de la personalidad, cuando posee un desarrollo común, antes del proceso de integración) es un centro recolector de todas las energías inferiores, y finalmente el punto focal para la dirección y distribución de esas energías reunidas -enviándolas entonces a sus centros receptivos superiores:

 

1.      Las energías del centro plexo solar deben ser dirigidas al centro cardiaco.

 

2.      Las energías del centro sacro deben ser trasmitidas al centro laríngeo.

 

3.      Las energías del centro básico, en la columna vertebral, de­ben ser transferidas al centro coronario. Después de la ter­cera iniciación estas energías básicas son elevadas, contro­ladas o distribuidas por un acto de voluntad de la Tríada espiritual. Entonces “la luz generada en Lemuria” (la luz sacra) y “la luz generada en Atlántida” (la luz del plexo solar) desaparecerán y ambos centros serán simples recepto­res de energías espirituales provenientes de lo alto; no po­seerán luz propia directa e inherente; la luz que trasmitirán les llegará de fuentes colectivas, que se hallan en los planos etéricos.

 

La exteriorización física densa de este centro es el páncreas, con una exteriorización secundaria en el estómago. Existe, en relación con el centro plexo solar, un curioso vínculo simbólico tanto en su forma como en su implicación. Tenemos:

 

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Aquí aparece nuevamente el tema de un centro de fuerza espiri­tual (porque la fuerza astral es espiritual en esencia) y sus tres  manifestaciones. Son tres materializaciones densas, fomentadas y nutridas por las fuerzas y energías del centro plexo solar. He dado aquí un importante dato para quienes están interesados en estudiar la medicina desde el ángulo esotérico; si es correctamente valorado conducirá a la comprensión del arte de la curación. El control del centro plexo solar y la correcta recepción y liberación de las ener­gías enfocadas en ese centro producirá una mayor purificación, un intenso fortalecimiento y la vital protección de los tres órganos vi­tales, situados en esa zona del mecanismo físico humano.

 

Como anteriormente he puntualizado, este centro es un órgano de síntesis y recoge en sí mismo todas las energías inferiores du­rante cierta etapa del desenvolvimiento superior del ser humano. De hecho, es un instrumento (cuando es correctamente compren­dido y dirigido) para ayudar a integrar la vida de la personalidad. El mayor problema que tiene el hombre altamente desarro­llado, pero sin inclinación espiritual, es el deseo. ¿Cuáles son sus metas? ¿Hacia dónde dirige sus esfuerzos? ¿Cuál es la naturaleza de sus ambiciones? ¿A qué aspira? De acuerdo a la naturaleza de las fuerzas y energías que, por la influencia de su vida mental, ejercen presión sobre el centro plexo solar, decidirá seguir ade­lante por el sendero de luz, permanecer estáticamente autocentra­do o tomar el camino inferior que conduce al oscurecimiento de la luz del alma.

 

Como hemos visto, los pétalos del centro plexo solar se extien­den hasta el centro cardíaco. En realidad, significa que la energía emocional, el deseo y la ambición (en la totalidad de la raza hu­mana> se esfuerzan hacia arriba para alcanzar el camino superior. Debería observarse aquí que la trasferencia de la energía del plexo solar en sí, es la tarea de todos los aspirantes al Sendero del Disci­pulado en este momento particular, además del gradual despertar del centro cardiaco. Los primeros miembros de la familia humana que adquirirán conciencia de grupo, son lógicamente los aspiran­tes y discípulos, los cuales marcarán el paso para el resto de la humanidad, y lo lograrán por medio de la presión de la vida misma y de las circunstancias, y no por seguir las reglas o meditaciones específicas establecidas. Luego, antes de recibir cierta iniciación mayor, tales reglas y medidas pueden ser aplicadas al iniciado a fin de proporcionar un control inmediato y consciente sobre el cuerpo astral y su punto focal de entrada en el organismo físico, el centro plexo solar, y otra vez en el momento en que se hacen conscientemente ciertas trasferencias mayores, de las cuales tres son de importancia primordial:

 

1.      Desde los tres centros abajo del diafragma a los centros cardíaco, laríngeo y ajna.

2.      Desde los dos centros arriba del diafragma -los centros cardíaco y laríngeo- al centro ajna y al loto de mil pétalos de la cabeza.

3.      Desde el centro ama al coronario, significando la total unifi­cación de las energías de todo el cuerno etérico en un solo punto focal central de distribución -controlado directamen­te por la Tríada espiritual.

 

Los procesos comprendidos en esas tres grandes experiencias (cada una precedida por numerosas pruebas y experimentos) ló­gicamente ejercen tensión sobre el cuerpo físico y son la causa de muchos males heredados por los discípulos.

 

Será evidente, por ejemplo, que la trasferencia de las energías acumuladas en el centro plexo solar al centro cardíaco causará dificultades, frecuentemente muy serias; por tal razón muchas personas de edad avanzada mueren de ataques al corazón. En el largo ciclo de la vida y experiencias del alma esto relativamente es de poca importancia; en el corto ciclo de vida del discípulo indivi­dual es de grandes dificultades y frecuentemente trágico. Análo­gamente, la trasferencia de energías de los cinco centros, a lo largo de la columna vertebral a los centros de la cabeza, acarreará sus propios problemas. La estimulación del centro ajna por el enfoque de estas energías puede conducir a desastrosos problemas sicoló­gicos.  Un hombre puede convertirse temporariamente en un maniá­tico egocéntrico (todo es temporario en la larga vida del alma) y llegar a ser un monstruo humano como Hitler y otros de su misma calaña, aunque en menor grado; también puede sufrir violentos ataques epilépticos o afectarle la vista y quedar ciego. Todos estos puntos merecen una cuidadosa reflexión.

 

6.        El Centro Sacro. Está localizado en la parte inferior de la zona lumbar, siendo muy poderoso, pues controla la vida sexual. Una de las cosas interesantes sobre este centro es que siempre debe seguir siendo un poderoso centro hasta que dos tercios de la humanidad haya recibido la iniciación, porque los proce­sos procreadores deben continuar y estar activos a fin de pro­porcionar cuerpos para las almas que nacen. Pero a medida que la raza progresa, este centro será controlado y sus actividades se llevarán a cabo inteligentemente como resultado del conoci­miento, de la percepción interna y de los contactos sutiles superiores, y no como resultado del deseo ilimitado e incontro­lado, como sucede ahora. No puedo explayarme más sobre esta cuestión, pues el tema es demasiado amplio. Sin embargo, lla­maré la atención sobre lo ya escritos y sugeriré, a quien tenga interés y tiempo, que reúna todo lo dicho en mis libros acerca del tópico del sexo a fin de compaginar un folleto sobre el mismo:

 

a.       El centro sacro corresponde al sol físico, fuente de vitalidad y agente dador de vida en nuestro planeta.

 

b.      El simbolismo del centro sacro se relaciona con el período de gestación antes del nacimiento, y por su correcta com­prensión se puede trazar y ampliar la historia de la concep­ción, de la construcción de la forma, ya sea la forma física de un ser humano, de una idea, una organización  erigida alrededor de una verdad central, la forma de un planeta o la de un sistema solar. Quizás por sobre todas las cosas sea el centro a través del cual las fuerzas de la IMPERSONALIDAD oportunamente deberán expresarse y resolverse el problema del dualismo. Esta solución e interpretación del símbolo debe provenir del reino de la mente, controlando con ello la reacción física y ocupándose del propósito y no del deseo. Reflexionen sobre esto, y cuando sea así com­prendido, entonces habremos alcanzado esa etapa en que puede tener lugar una gran trasferencia al centro más ele­vado de la creación, el centro laríngeo.

 

c.       El centro sacro está por lo tanto estrechamente relacionado con la materia, y hay una afluencia de energía entre tres puntos existentes en la parte inferior del cuerpo humano:

 

1.         El bazo, órgano del prana o la vitalidad física que pro­viene del sol.

2.         El centro sacro, agente que predispone a la procreación física.

3.         El centro en la base de la columna vertebral (hasta no despertar el aspecto voluntad en el hombre) nutre el principio dador de vida, la voluntad de vivir, en todas las partes de la estructura humana.

 

Éstos crean un gran triángulo de fuerza, relacionado con la materia, la sustancia, la construcción de formas, la creación, la vitalidad y con la persistencia de la forma. Este triángulo es un reflejo de otro superior, compuesto por:

 

1.        El centro laríngeo, que corresponde al centro sacro.

2.        El cuerpo pituitario, que corresponde al centro esplénico.

3.        La glándula pineal, que corresponde al centro básico.

 En la relación de estos dos triángulos reside la clave del instinto de autopreservación, la supervivencia de los cuerpos sutiles después de la muerte, y el principio de la inmorta­lidad asentado en el alma, que funciona cuando la  autopre­servación y la supervivencia ya no rigen. Esto constituye una triplicidad de ideas que requiere un cuidadoso estudio y -si puedo expresarlo así- proporciona la clave del movi­miento espiritista.

 

d.      En último análisis el centro sacro, está también vinculado con el centro ajna; los dos crean una dualidad funcionante, productora de esa cualidad sutil que llamamos personalidad. Tenemos un amplio campo de investigación en el tema de la personalidad integrada como un todo, y en la cualidad de esa personalidad que constituye el aroma, la influencia, el efecto y la radiación de la personalidad. Proporciono estas ideas a los estudiosos, con la esperanza de que se realicen investigaciones que relacionarán este tópico de los centros con los conocidos hechos de la coordinación, la integración y su consiguiente efecto, la grandeza.

 

Quienes estudian La Doctrina Secreta tienen mucho que des­cubrir acerca de la relación entre los “Señores lunares”, los Barhishad Pitris, y el Señor o Ángel solar. El campo de tra­bajo de los primeros es por excelencia el centro sacro, el del Ángel solar es el centro laríngeo.

 

e.       El centro sacro registra la energía del tercer aspecto de la divinidad, así como el centro plexo solar registra la del se­gundo aspecto y el centro básico expresa la energía del pri­mer aspecto. Aquí  nuevamente tenernos los centros inferio­res, reflejando los centros laríngeo, cardíaco y coronario, completando así las manifestaciones superior e inferior de la divina Trinidad en el hombre. Este centro fue llevado a una plena actividad funcionante en la antigua lemuria, la primera raza humana: su energía es la del Espíritu Santo, in­fluyendo a la sustancia virgen. Aquí nuevamente hallamos otra reflexión divina en lo siguiente:

 

 

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 Oportunamente, en el Divino Hermafrodita (que aparecerá más tarde), tendremos otra combinación:

 

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Nuevamente observarán cómo la Ciencia de los Triángulos rige la estructura humana en todos sus aspectos, y también la de un sistema solar. Esto es de esperarse.

 

f.        La exteriorización física densa de este centro puede hallarse en las gónadas, los órganos humanos de procreación, con­siderándolos como una unidad básica, aunque temporariamente separada de la actual expresión dualista del ser hu­mano. Debe recordarse que esta separación fomenta un po­deroso impulso hacia la fusión, y a esto lo denominamos sexo. En realidad el sexo es el instinto de unión: ante todo, la unión física. Es el innato (aunque mal entendido) prin­cipio del misticismo, nombre que aplicamos al anhelo de unión con lo divino. Sucede como con todo aquello que el hombre no desarrollado ha tocado; hemos pervertido y dis­torsionado una idea divina y prostituído un anhelo inmate­rial por un deseo material. Hemos revertido la dirección de la energía sacra y a ello se debe el superdesarrollo de la naturaleza animal y las funciones de la humanidad común.

 

Lógicamente mucho más podría agregar a lo anterior, pero el tema requeriría un cuidadoso análisis, dilucidación y fraseología que el tiempo no lo permite, o no podría mantenerse la continui­dad establecida para este tratado.

 

Tampoco puedo decir mucho referente al centro de la base de la columna vertebral. Sin embargo, antes de dar cualquier posi­ble información fructífera, quisiera decir que el diagrama de la pagina 126 representa el punto de evolución alcanzado por un dis­cípulo y no por un iniciado avanzado. No es tampoco la descrip­ción del ser humano común. Lo indica el hecho de que el reflejo en la cabeza del centro cardíaco, se está dando vuelta hacia arriba, en respuesta a la creciente actividad del centro cardíaco, y que el centro ajna está clara y exactamente definido, demostrando una personalidad integrada y coordinada. Por lo tanto no es el diagrama de los centros de una persona común o no evolucionada. Estos diagramas sólo pueden describir un punto de culminación, pero debe recordarse que tales puntos no son realizaciones está­ticas, sino que están precedidos por fases y etapas de actividad que producen constantemente resultados cambiantes y aspectos variables de los centros; éstos a su vez son precedidos por otros ciclos de movimiento, de cambio y de una renovada liberación de energías. Los efectos de las causas que subyacen profundamente se convierten ellos mismos en causas, pues en el ciclo de mani­festación no existe nada estático, fijo o determinado. Esto es algo muy importante. En consecuencia, no se dejen engañar por los momentos aparentes de realización, sólo son preludios para el cam­bio, pues tal es la Ley del Ser.

 

7.        El Centro en la Base de la Columna Vertebral. Este centro, ante todo está controlado y regido por la Ley del Ser, ya men­cionada, y rige cuando el espíritu y la materia se unen, y la materia, la Virgen María -bajo la influencia del Espíritu San­to, la energía del vehículo etérico-, es trasladada “al Cielo”, donde (tal como lo expresa la fraseología cristiana) “se sen­tará al lado de su Hijo en el hogar del Padre”.

 

Este centro está ubicado en la base misma de la columna ver­tebral y sostiene a los demás centros. En la época actual se halla relativamente pasivo, porque sólo entra en plena actividad, por un acto de la voluntad, dirigida y controlada, del iniciado. Responde únicamente al aspecto voluntad y, durante la encarnación, la voluntad de ser constituye el factor que en la actualidad controla su vida y produce sus efectos cuando nutre y dirige el principio vida de la materia y la forma. De la misma manera en que el prin­cipio vida está “situado en el corazón”, también la voluntad de ser está situada en la base de la columna. Se han dicho muchas y peligrosas cosas vanas acerca de este centro, y todo el tema del “fuego kundalínico” ha demostrado ser una fábula fantástica y atrayente para los seudocultistas del mundo. El verdadero ocultista en entrenamiento nada tiene que hacer con el fuego kundalínico, como comúnmente  se lo entiende. Sólo puedo aclarar ciertos hechos y al mismo tiempo debo abstenerme de indicar modos y métodos para despertar la actividad de dicho centro, debido al extremo peligro que involucra cualquier trabajo prematuro sobre este cen­tro básico. Lo único que puedo hacer es exponer una serie de observaciones que las comprenderán correctamente aquellos que conocen (y son muy pocos y raros), lo cual ayudará a pensar a quienes están en entrenamiento, y les dará un cuadro más com­pleto que protegerá del desastre al ignorante. Haré estas observa­ciones lo más clara y brevemente posible, pero prácticamente no daré explicación alguna al margen.

 

1.      Este centro básico, es el punto donde, de acuerdo a la ley evo­lutiva, se unen el espíritu y la materia, y la vida se relaciona con la forma.

 

2.      Es el centro donde el dualismo esencial de la divinidad ma­nifestada -el hombre o Logos planetario- se une y produce la forma.

 

3.      La naturaleza de esta divinidad es solamente revelada cuando el segundo aspecto ha completado su trabajo por medio del tercer aspecto, pero bajo la voluntad rectora del primer aspecto.

 

4.      Es el centro donde la “serpiente de Dios” experimenta dos transformaciones:

 

a.       La serpiente de la materia permanece arrollada.

b.      Dicha serpiente es trasformada en la serpiente de la sa­biduría.

c.       La serpiente de sabiduría es trasladada y se convierte en el “dragón de luz viviente”.

 

5.      Estas tres etapas están nutridas por la vida y la energía que afluye y desciende a través de toda la columna  vertebral, por intermedio de la analogía etérica del cordón vertical, y -en tiempo y espacio- este descenso (además de la simultánea elevación de la vida) produce:

 

a.       El despertar gradual y ordenado de los centros, de acuer­do al tipo de rayo.

b.      La reversión de los centros a fin de que la conciencia del hombre que mora internamente sea adecuada a su medio ambiente.

c.       La síntesis de las energías de la vida de todos los centros y su adecuación a las demandas del iniciado y al servicio de la Jerarquía y de la Humanidad.

 

6.      La columna vertebral (desde el ángulo de las ciencias esoté­ricas) alberga un triple hilo. Es la exteriorización del anta­karana, compuesto por el propio antakarana, el sutratma o hilo de vida y el hilo creador. Este triple hilo dentro de la columna vertebral está compuesto por lo tanto de tres hilos de energía, los cuales han abierto para sí, en la sustancia den­tro de la columna, un “triple camino de entrada y de salida”. A éstos se los denomina en terminología hindú: los senderos de ida, pingala y sushumna, y juntos constituyen el sendero de vida para el hombre individual, entrando en actividad en for­ma secuencial y de acuerdo al tipo de rayo y etapa de evolu­ción. El sendero de sushumna sólo es empleado en forma co­rrecta y sin peligro, cuando se ha construido el antakarana y la Mónada y la Personalidad se relacionan, aunque sólo sea  mediante un hilo muy tenue. Por lo tanto la Mónada, el Padre, el aspecto voluntad, puede llegar a la personalidad en forma directa y despertar el centro básico, y con ello fusionar, unificar y elevar los tres fuegos. 

 

7.      Por uno de estos senderos afluye la energía que nutre a la materia. Otro está relacionado con el sendero de la conciencia y al desarrollo síquico sensorio. El tercero es el sendero del espíritu puro. Así en cada forma viviente se lleva a cabo el trabajo del Padre, de la Madre y del Hijo. Vida-conciencia-forma y vida-cualidad-apariencia se fusionan, y el mecanismo de respuesta del hombre divino es perfecto, permitiéndole al hombre hacer contacto y reconocer eventualmente los aspectos divinos mayores en los reinos de la naturaleza, en el planeta y en el sistema solar.

 

 

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No se engañen y sitúen estas esferas entrelazadas de energía viviente a la derecha o a la izquierda de la columna vertebral, pues siempre tiene lugar un constante movimiento, interacción y reversión. Sólo puedo representar un símbolo que indica el sendero especial de las tres energías de la divina Trinidad. No indico un lugar o ubicación real porque la materialización y la ubicación de este concepto principal ha producido situacio­nes peligrosas. El estudiante iniciado trata de captar la relación de las tres energías básicas, los tres senderos del fuego viviente, su relación e interrelación y polarización secuencial. No trata de ajustar la enseñanza a puntos, líneas y lugar, hasta el  momento en que estos términos signifiquen poco para él y posea más conocimiento.

 

8.      Estos tres senderos de vida son los canales para el fuego eléc­trico, fuego solar y fuego por fricción, y debido a su utilización están relacionados con las tres etapas del sendero de evolu­ción: el sendero de evolución que corresponde a las primeras etapas materiales; el Sendero de Probación, las primeras eta­pas del Sendero del Discipulado hasta la tercera iniciación, y el Sendero de Iniciación.  

 

9.      El fuego kundalini, sobre el cual tanto se ha enseñado y escrito en Oriente y cada vez más en Occidente, en realidad es la unión de los tres fuegos, enfocados en el centro básico, por un acto de la voluntad iluminada, impulsada por el amor. Estos fuegos unificados son elevados mediante el empleo de la Pa­labra de Poder (emitida por la voluntad de la Mónada), y llega a integrarse y vivificarse por la autoridad conjunta del alma y la personalidad. Por lo tanto, cuando el ser humano llega a hacer esto con plena conciencia, es un iniciado que ha pasado la tercera iniciación. Sólo él puede sin peligro elevar este tri­ple fuego desde la base de la columna vertebral al centro coronario.

 

10.  De acuerdo a la interpretación común de los esoteristas igno­rantes en los diversos grupos ocultistas, el fuego kundalini es algo que debe ser “elevado”, y cuando se logra, entonces todos los centros entran en actividad funcionante y los canales, hacia arriba y hacia abajo de la columna vertebral, quedarán libres de toda obstrucción. Esta es una peligrosa generaliza­ción y lo contrario de la realidad. El fuego kundalini podrá ser elevado y ascendido hacia el cielo cuando todos los cen­tros hayan despertado y los canales de la columna vertebral no estén obstruidos. La remoción de las obstrucciones es el resultado de la vivencia de los centros individuales que, de­bido a la potencia de su vida, son por sí mismos eficaces para destruir todo impedimento y obstrucción. También pueden “quemar” todo lo que impide su radiación. Lo que general­mente sucede en esos casos accidentales (que producen tanto daño) es que el aspirante, debido a su curiosidad ignorante y por un esfuerzo de la mente (no de la voluntad espiritual, sino estrictamente como una expresión de la voluntad de la personalidad), logra despertar el inferior de los tres fuegos, el fuego de la materia, el fuego por fricción, lo cual quema y destruye prematuramente la red etérica del cuerpo etérico. Esos discos o redes circulares se hallan entre cada par de centros a lo largo de la columna vertebral y también en la cabeza. Generalmente son disipados por la pureza de vida, la disciplina de las emociones y el desarrollo de la voluntad espiritual.

 

Existen cuatro redes. Cuando la cuádruple personalidad está altamente desarrollada y el centro ajna va despertando, en­tonces estas redes desaparecen lenta y gradualmente, normal y automáticamente. Las redes de la cabeza son de calidad su­perior y biseccionan el cráneo, horizontal y verticalmente. De esta manera simbolizan la Cruz sobre la cual es crucificado el Hijo de Dios.

 

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11.  Los tres canales a lo largo de la columna responden totalmen­te a los tres centros mayores:

 

a.       Al centro plexo solar, proporcionando el impulso del deseo y nutriendo la vida física y el anhelo creador.

b.      Al centro cardíaco, proporcionando el impulso de amar y el contacto consciente con zonas cada vez más amplias de la expresión divina.

c.       Al centro coronario, proporcionando el impulso dinámico de la voluntad de vivir.

 

No indico el canal que responde a un centro, excepto en el caso del canal sushuma que responde únicamente a la ener­gía del centro coronario y a la voluntad rectora, centrada en el loto de 1000 pétalos. Esto puede ser expuesto sin peligro porque la voluntad espiritual está muy poco desarrollada en quienes buscan despertar el kundalini. Cuando haya desper­tado, sabrán qué deben hacer sin correr riesgos.

 

12.  Los tres centros de la cabeza están también relacionados con este triple canal:

 

a.       La zona de la médula oblongada (el centro alta mayor) y la glándula carótida.

b.      El centro ajna y el cuerpo pituitario.

c.       El loto de mil pétalos y la glándula pineal.

 

Los estudiantes hallarán interesante relacionar estas triplici­dades con los tres rayos mayores:

 

a.       el primer rayo de voluntad o poder,

b.      el segundo rayo de amor-sabiduría,

c.       el tercer rayo de inteligencia activa,

 

y también con las tres razas humanas, las cuales poseen el poder de desarrollar la simiente de esos aspectos divinos: las razas lemuria, atlante y aria. Éstas pueden vincularse, como simiente, a las dos razas finales ya mencionadas, que fusiona­rán y sintetizarán, en una perfecta vida planetaria, todos los poderes, cualidades, realizaciones y metas.

 

Otra síntesis es también posible y de importancia:

 

a.       Sendero de evolución              Centros abajo del diafragma

b.      Sendero del discipulado                      Centros arriba del diafragma

c.       Sendero de iniciación              Centros en la cabeza

 

Dichos grupos y triplicidades están todos relacionados en tiempo y espacio con el triple cordón vertebral.

 

13.  Tenemos -también en relación con los mencionados cinco pun­tos de síntesis que se hallan en el cuerpo- un punto culmi­nante de completa fusión. Los enumeraré correlativamente de acuerdo a la secuencia de su trabajo de fusión:

 

a.       El centro plexo solar, fusionando los centros de abajo del diafragma.

b.      El centro ajna, fusionando los centros de arriba y abajo del diafragma.

c.       La base de la columna vertebral, fusionando a los seis cen­tros.

d.      El loto de 1000 pétalos de la cabeza, fusionando las siete energías.

 

Tengan presente, en relación con lo antedicho, que tratamos totalmente con fuerzas y energías, funcionando a través del cuerpo etérico; que nos ocupamos del mundo terciario de las causas, responsable del mundo orgánico de la manifestación física densa. Esta manifestación física está sujeta a la influen­cia del mundo secundario de la vida consciente, que a su vez responde en tiempo y espacio al mundo dinámico del propó­sito y del Ser.

 

En mis palabras reside oculta la clave de la vida plena del alma, pero es necesario Nevar una vida dedicada y una mente iluminada para aprovechar el conocimiento impartido y ver detrás de las palabras el pensamiento clave que le da vida y -hablando ocultamente- calor generador.

 

Tengan claros en la mente los conceptos de estimulación o ca­rencia de estímulo, de interacción o de separatividad, de pasividad o de actividad, porque en estas dualidades radican las causas de la salud o de la enfermedad.

 

 

El Cuerpo Etérico, los Sistemas Nervioso y Endocrino

 

Lo que ahora diré está basado sobre ciertos comentarios expre­sados en páginas anteriores, donde señalé que

 

1.      el cuerpo etérico,

2.      el sistema nervioso y

3.      el sistema endocrino

 

están estrechamente “relacionados entre sí y constituyen un di­rectorio entrelazado de energías y fuerzas esencialmente vitales, energetizantes, dinámicas y creadoras..., dependiendo de ellas la salud interna del cuerpo”. Agregué a éstas la corriente sanguínea como distribuidora por todo el cuerpo de

 

1.      el principio Vida,

2.      las energías combinadas de los tres sistemas mencionados, y puntualicé que la gran combinación de fuerzas que llamamos pares de opuestos o dualidades mayores, rige  las causas fundamentales de la salud y de la enfermedad. Al hacer estas observa­ciones trato de llevar el tema a una máxima simplicidad, aunque se pierde así algo de la verdad, no obstante es esencial que sean captadas por el estudiante algunas amplias generalizaciones antes de abocarse al estudio de las excepciones y ocuparse de las menu­dencias y detalles de los defectos corpóreos o sus opuestos.

 

Ha llegado a ser una verdad muy conocida para los estudiantes de ocultismo, que el cuerpo etérico condiciona, controla y deter­mina la expresión de la vida del individuo encarnado. Otra verdad es que el cuerpo etérico transporta las fuerzas de la personalidad por medio de los centros, energetizando así al cuerpo físico para entrar en actividad. Estas fuerzas, encarriladas a través de los centros, corresponden a toda la personalidad integrada, o simple­mente a las fuerzas del cuerpo astral o emocional, y también del mental; trasmiten además la fuerza del rayo de la personalidad o la energía del rayo del alma, de acuerdo al grado de evolución alcanzado por el hombre. El cuerpo físico, por lo tanto, no es un principio. Está condicionado pero no condiciona -algo frecuente­mente olvidado. Es la víctima de la vida de la personalidad o la expresión triunfante de la energía del alma. Ésta es la razón de  por qué la ciencia de la sicología dominará a la moderna ciencia médica, durante los dos próximos siglos, excepto en lo que res­pecta a esas enfermedades de las que nos ocuparemos en otra parte de este tratado, esas que emanan de la vida grupal, tales como la tuberculosis, las enfermedades venéreas y el cáncer. Hasta que la raza no llegue a tener más definidamente conciencia de grupo (al­go que aún está muy distante) no será posible aplicar amplias generalizaciones sicológicas a las enfermedades naturales de nues­tro planeta. Sin embargo, podemos considerar el manejo de di­ficultades similares que surgen en el ente individual; ellas están basadas en el conflicto de los pares de opuestos y en la desarmonía que prevalece en los tres sistemas mayores rectores vinculadores.

 

Por consiguiente tienen que recordar tres sistemas, y un agen­te portador o trasportador, más el hecho básico oculto de que ciertas grandes energías opuestas, actuando dentro del cuerpo, producen lo que llamamos enfermedad. A estos factores agregaría otra correlación necesaria, recordándoles que nos ocupamos de formas de vida, y que todas ellas son creadoras dentro de sí mismas y pueden potencialmente crear más formas o propor­cionar el medio ambiente donde dichas formas pueden vivir. Observen este modo de expresar una verdad fundamental. La base de toda enseñanza oculta, respecto a la manifestación, consiste en que las fuerzas constructoras existen y que esta afirmación es ver­dadera, ya se trate de la Vida de un sistema solar o únicamente de la conciencia de ese cuerpo en el cual el ser humano se mueve y vive -en líneas sensatas o insensatas; nos referimos al cuerpo del mundo donde reside el ser humano. Debido a esto enfrentamos otra gran Ley natural que puede ser expresada, en forma sen­cilla, de la manera siguiente:

 

 

LEY VI

 

Cuando Las energías constructoras del alma están activas en el cuerpo, entonces hay salud, amplia interacción, pura y correcta actividad. Cuando los constructores son los señores lunares y los que trabajan controlados por la Luna, a las ordenes del yo personal inferior, entonces hay enfermedad, mala salud y muerte.

 

Esta regla es muy sencilla, pero da la clave de las causas de la enfermedad y la razón de una establecida inmortalidad; será entendida con gran claridad y comprensión dentro de pocos años, y reemplazará a infundados y falsos sistemas idealistas denomina­dos Unity, Mental Science y Christian Science. Estos sistemas pre­sentan como posibilidades inmediatas y demostrables, la intención de la liberación  de las limitaciones naturales y materiales que hoy controlan todas las formas, ignoran el factor tiempo y pasan por alto los procesos evolutivos y también el punto de desarrollo de la persona implicada; su posición está basada en el deseo, ansioso e innato del ser humano común, de comodidad y armonía física, disimulando el innato egoísmo de su presentación de la verdad con el concepto de que todo es para la eterna gloria de Dios. Indu­dablemente, desaparecerán las enfermedades y los impedimentos físicos de cualquier tipo, pero esto sólo sucederá cuando el alma del individuo controle, y el yo personal inferior se convierta en un autómata del alma, tal como el cuerpo físico es en la actualidad el autómata de la naturaleza emocional, de la mente y, ocasional­mente (y sólo muy ocasionalmente para la mayoría de las perso­nas), del alma.

 

Sólo cuando el alma, consciente y en colaboración con la per­sonalidad, construya el templo del cuerpo y luego lo mantenga totalmente iluminado, desaparecerán las enfermedades; esta cons­trucción sin embargo es un proceso científico, y en las primeras etapas del discipulado (o sea el momento en que el alma comienza a aferrarse a su instrumento, la personalidad) conduce inevitablemente al conflicto, a una creciente tensión, y frecuentemente se agravan las enfermedades y la desarmonía. Esta desarmonía y en­fermedad conduce necesariamente a dificultades y sus consiguien­tes efectos indeseables, que serán superados, pero -durante este reajuste- mientras se registran y expresan, habrá mucha angus­tia física y sicológica y grandes dificultades, mayores y menores, que la humanidad parece haber heredado.

 

En la humanidad poco evolucionada, el conflicto (desde el ángu­lo de la conciencia) es prácticamente nulo, porque es menos sus­ceptible a las enfermedades sutiles que emanan de los tres sistemas vinculadores, pero al mismo tiempo responde mayormente a las tres enfermedades naturales, a las infecciosas y contagiosas y a las grandes epidemias que azotan naciones y grandes zonas planetarias. A medida que la humanidad va evolucionando, las enfer­medades se hacen más personales (si puedo expresarlo así) y no están tan definidamente relacionadas con el rebaño o la masa. Las enfermedades tienen su origen dentro de las personas mismas y aunque pueden estar relacionadas con las enfermedades de las masas, se fundamentan en causas individuales.

 

Cuando un hombre sale de la masa común y entra en el sendero de probación, llegando así a ser un aspirante al discipulado, en­tonces las enfermedades de la carne y la desarmonía de su triple sistema, además de la corriente transportadora, constituyen un problema consciente que el mismo aspirante debe resolver; esto le revelará la necesidad de construir en forma consciente y creadora.

 

La doctrina de la reencarnación adquiere aquí gran valor; el discípulo comenzará a establecer esas condiciones, a crear esas  formas y a construir esos vehículos que, en otra vida, le serán más apropiados y el alma podrá controlarlos, convirtiéndose en instrumentos más adecuados para llevar adelante el proceso del perfeccionamiento que el alma demanda. Señalaré que el discí­pulo no se concentra en ningún momento sobre el cuerpo físico ni trabaja físicamente para eliminar las enfermedades o la desarmo­nía. Comienza con la sicología que el alma enseña, empezando por las causas que producen efectos en el plano físico. Es un pro­ceso más lento pero perdurable. Gran parte de los sistemas de extremada autosugestión, vinculados a la Christian Science y la Unity, tienen sólo efectos temporarios y están basados en un pro­ceso científico de supresión y negación de los factores existentes. No están basados en la verdad. En una vida posterior esa supresión surgirá nuevamente con mayor potencia y continuará acrecentán­dose hasta quedar totalmente ignorada, poniéndose el énfasis de la vida sobre el contacto con el alma,  y la presión de la misma se exteriorizará en servicio a los demás.

 

Referente a la enfermedad física y su relación con los centros (considerándolos como puntos focales para las energías que llegan de cualquier fuente) seria de utilidad que hiciera ciertas amplias generalizaciones, recordando que en ellas puede haber excepcio­nes, particularmente en lo que respecta a la buena o mala salud de los discípulos.

 

1.      Cada uno de los siete centro mayores rigen o condicionan -desde el ángulo de la materia lo mismo que del alma y del principio vida- la zona del cuerpo físico donde están ubicados cada uno, incluyendo la multitud de centros menores de energía y plexos de fuerza que pueden existir allí.

 

2.      Las tres grandes y básicas divisiones manifestadas de la divinidad, se hallan simbólicamente presentes en cada centro:

 

a.       El principio vida, el primer aspecto, aparece cuando todo el centro se ha desplegado o despertado esotéricamente. Siempre está presente en latencia, pero no es un factor dinámico que produce un estímulo monádico hasta finalizar el gran ciclo de evolución.

 

b.      La cualidad o aspecto del alma aparece gradualmente en el proceso del desenvolvimiento evolutivo y produce, en tiempo y espacio, el efecto definido que el centro ejerce sobre su medio ambiente. Esta cualidad depende del rayo (ya sea de la personalidad o del alma) que ori­gina la energía entrante, o del rayo que rige al cuerpo astral, en el caso de una persona poco evolucionada) y también del grado de evolución y de la influencia radia­toria de otros centros.

 

c.       La aparición en el cuerpo etérico de un centro desarro­llado o en desarrollo, indica el lugar que ocupa el hombre en la escala de evolución, su afiliación racial y su meta consciente; esta última puede abarcar desde el énfasis puesto sobre la vida sexual y la consiguiente actividad del centro sacro, hasta la meta del iniciado, que pone en actividad el centro coronario. Todo esto produce el con­siguiente efecto sobre el tejido circundante, la sustancia y las formas orgánicas dentro del radio de influencia del centro. La zona de influencia varía de acuerdo a la acti­vidad del centro y éste depende del grado evolutivo alcanzado por el individuo y del preponderante tipo de energía al cual él reacciona.

 

3.      La energía entrante se trasmuta en fuerzas dentro del cen­tro. Esto implica un proceso de diferenciación, donde la energía primaría involucrada se convierte en energías secundarias, suce­diendo automáticamente; la rapidez del proceso de transmutación, la potencia de la resultante acumulación de fuerzas y la actividad radiatoria (que produce resultados condicionantes en el cuerpo físico denso) dependen del grado de desarrollo del centro particu­lar implicado y si está despierto o no.

 

4.      Las fuerzas salientes de un centro actúan sobre la contraparte etérica de toda la intrincada red de nervios que constituyen el sistema nervioso. Estas contrapartes, de idénticas analogías sub­jetivas, se denominan “nadis” en la filosofía hindú; constituyen una compleja y muy extensa red de energías fluídicas, un sistema intangible interno, paralelamente al de los nervios corpóreos, el cual es la exteriorización de un canon interno de energías. No existe todavía un término en ningún idioma para la antigua pala­bra “nadis’ debido a que la existencia de este sistema subjetivo aun no ha sido reconocida, y en Occidente prevalece el concepto materialista de los nervios como un sistema creado en respuesta a un  ambiente tangible. El concepto de que estos nervios son el resultado físico denso de un mecanismo interno y sensible de res­puesta, es todavía muy indefinido y no ha sido reconocido por la moderna ciencia occidental. Cuando esta sustancia sutil (compues­ta de hilos de energía) sea reconocida como subyacente en los nervios tangibles, habremos progresado en nuestro acercamiento al problema de la salud y de la enfermedad, acercándonos más al mundo de las causas. Esta red de nadis forma un canon definido de vida que varía de acuerdo al rayo de la personalidad.

 

5.      Los nadis determinan por lo tanto la naturaleza y la cuali­dad del sistema nervioso Con sus extensas redes de nervios y ple­xos que abarcan todo el cuerpo físico. Los nadis y, por  consiguiente, la red de nervios, están principalmente relacionados con dos aspectos del equipo físico del hombre -los siete centros mayores del cuerpo etérico (el cuerpo sustancial que subyace en el cuerpo físico denso) y la columna vertebral con la cabeza. Debe recor­darse que el cuerpo etérico es un cuerpo físico, aunque compuesto de materia más sutil que la que podemos ver y tocar. Esta hecho de sustancia o de aquello que “subyace” o fundamenta cada parte y partícula del vehículo físico denso. Esto más adelante recibirá la atención de los curadores y médicos iluminados de la nueva era. Cuando se reconozca la relación que existe entre los nadis y los nervios, conjuntamente con los centros y la columna vertebral, entonces se producirá una gran revolución en los métodos médicos y psiquiátricos. La experiencia demostrará que cuando se logre una interacción más estrecha entre ambos -los nadis y los nervios- se controlará más rápidamente la enfermedad.

 

6.      Los nadis en el cuerpo físico corresponden a la vida o aspec­to espíritu; los nervios son la analogía del alma o aspecto cualidad. Lo que se demuestra como su exteriorización conjunta es el sis­tema endocrino que corresponde a la forma o aspecto materia. Los tres -nadis, sistema nervioso y glándulas- son las analogías materiales de los tres aspectos divinos; responden esotéricamente a estos tres aspectos y hacen que el hombre, en el plano físico, sea lo que es. Los tres están también condicionados (por conducto de los siete centros, como ya hemos visto) por los vehículos astral o mental, o por la personalidad integrada, o por el alma que co­mienza a utilizar la personalidad como agente transmisor y tras­mutador y -al finalizar el sendero del discipulado- por la Mó­nada, vía el antakarana, empleando este sendero autocreado como un canal directo de comunicación con los siete centros y de allí con el triple sistema de nadis, nervios y glándulas.

 

7.      Estos tres sistemas mayores dentro del ser humano, expre­san, por medio del cuerpo físico, la condición o grado de desarrollo de los centros. La vida, la cualidad y la energía que representan, son distribuidas por todo el vehículo físico mediante la corriente sanguínea. La ciencia moderna ya está reconociéndolo como una realidad, lo cual indica que la corriente sanguínea distribuye cier­tos elementos liberados por las glándulas. Aún no reconoce el hecho de la relación que existe entre las glándulas y los centros, con el sistema intermedio de nadis y nervios. El próximo gran paso que dará la medicina será el reconocimiento de la realidad del cuerpo etérico, sustancia física que subyace en la materia densa.

 

8.      Cuando los centros despiertan en el cuerpo, aparece enton­ces un sistema nervioso altamente eléctrico que responde inmediatamente a la energía conducida por  los nadis, cuyo resultado  será un sistema endocrino bien equilibrado. La vitalidad y la vida que afluirá a través del cuerpo será entonces tan poderosa que automáticamente el cuerpo físico quedará inmune a las enfermeda­des, ya sean innatas, hereditarias o de origen grupal. Con estas palabras expreso una probabilidad futura y no una posibilidad in­mediata. Algún día el hombre coordinará perfectamente los tres sistemas, que responderán físicamente al Canon interno de nadis y centros, y se integrará conscientemente con el alma, y más tarde -por medio del antakarana- con el principio Vida.

 

9.      En la actualidad hay un desarrollo desparejo y algunos cen­tros aún no han despertado, otros están sobrestimulados y los centros de abajo del diafragma sobreactivados; en consecuencia tenemos zonas enteras del cuerpo en que los nadis están en estado embrionario, en otras en que están altamente energetizados, pero sus emanaciones detenidas por algún centro que en el trayecto de su actividad aún no ha despertado o -si lo está- todavía no es irradiante. Estas condiciones desparejas producen poderosos efec­tos sobre el sistema nervioso y las glándulas, conduciendo en algu­nos casos al sobrestímulo, y en otros a condiciones subnormales, falta de vitalidad, hiperactividad y otras reacciones indeseables que producen inevitablemente enfermedad. Tales enfermedades surgen dentro del cuerpo mismo, como resultado de las tenden­cias hereditarias inherentes (o debería decir nativas) o predis­posiciones existentes en el tejido corpóreo, o aparecen como resul­tado de la irradiación o no irradiación de los centros, que actúan a través de los nadis; pueden también originarse como resultado de los impactos o contactos externos (tales como enfermedades infecciosas o contagiosas, y epidemias). El sujeto es incapaz de resistirlas debido a que sus centros no están desarrollados.

 

10.  Resumiendo: Enfermedad, incapacidad física de todo tipo (lógicamente exceptuando las que se deben a accidentes y, en cierta medida, a condiciones planetarias que provocan epidemias de naturaleza peculiarmente virulenta, como las producidas fre­cuentemente por la guerra) y los numerosos y diversos aspectos de la mala salud, pueden atribuirse directamente a la condición de los centros, pues ellos determinan la actividad o la pasividad de los nadis, que a su vez afectan al sistema nervioso, haciendo que el sistema endocrino sea lo que es en el individuo, y la corrien­te sanguínea la responsable de distribuir esta condición a todas las partes del cuerpo.

 

 

 

Efectos Producidos en Zonas Especificas

 

Consideraremos ahora algunos de los efectos resultantes de los hechos mencionados, en las zonas regidas por los centros donde aparecen las enfermedades.

 

 Será evidente que a medida que la energía afluye a través de los centros, vía los nadis y los nervios, afectando poderosamente al sistema glandular y a la corriente sanguínea, las zonas del cuer­po quedan involucradas vitalmente y responden a la energía. Esto abarca por supuesto la cabeza, la garganta y el torso. La energía que así afluye penetra en todas las partes del vehículo físico, en todo órgano y en cada célula y átomo. La actuación de la cualidad de la energía sobre el cuerpo induce a la enfermedad, y la estimula, cura o alivia. No me refiero aquí a las tres principales enfer­medades nativas (si puedo denominarlas así), cáncer, sífilis y tu­berculosis. De ellas me ocuparé más tarde porque son de alcance planetario, presentes en la sustancia de la cual están hechas todas las formas y responsables de producir una hueste de enfermeda­des menores, que a veces se las reconoce como afines, aunque frecuentemente no son conocidas como tales.

 

Esas enfermedades que superficialmente se las denomina men­tales, relacionadas con el cerebro, son poco comprendidas aún. Muy pocas enfermedades mentales hubo en la última raza raíz atlante; la naturaleza mental era entonces pasiva y muy poco estímulo lle­gaba de los niveles  mentales vía el centro coronario, a la glándula pineal y al cerebro. Casi no existían enfermedades de los ojos ni nasales, pues el centro ajna aún no había despertado y el tercer ojo estaba rápidamente entrando en inactividad. El centro ajna es el órgano de la personalidad integrada, el instrumento de direc­ción íntimamente relacionado con el cuerpo pituitario y los dos ojos, lo mismo que con toda la zona frontal de la cabeza. En la época atlante, la integración de la personalidad era casi descono­cida, excepto en los casos de los discípulos e iniciados, y en aquel entonces la meta del iniciado y el signo de su realización era esta triple integración. Hoy la meta consiste en una fusión superior -la del alma y la personalidad. Hablando en términos de energía, esto implica la formación y la actividad e interacción relacionadas, de los siguientes triángulos de fuerza:

 

I.                    1. El alma, el hombre espiritual en su propio plano.

2. La personalidad, el triple hombre integrado, en los tres mundos.

3. El centro coronario.

 

II.                 1. El centro coronario, el punto de la segunda fusión.

2. El centro ajna, el punto de la primera fusión.

3. El centro de la médula oblongada, controlando la colum­na vertebral.

 

III.               1. La glándula pineal, la exteriorización del centro corona­rio.

2. El cuerpo pituitario relacionado con el centro ajna.

3. La glándula carótida, la exteriorización del tercer centro que existe en la cabeza.

 

Todas estas triplicidades, dentro de la circunferencia de la cabeza. constituyen el mecanismo a través del cual:

 

1.      El alma controla su instrumento, la personalidad.

2.      La personalidad dirige las actividades del cuerpo físico.

 

 La columna vertebral (esotéricamente, los canales ida, pingala y sushumna), los dos ojos y todo el tejido cerebral son o no recepto­res de estas energías de la cabeza y están estimulados por ellas. En caso de no ser receptivos, toda la zona entra en un estado de pasividad, hablando espiritualmente, y el foco de energía reside en otra parte.

 

La deficiencia o estimulación. si está desequilibrada o es mal aplicada, producirá un tipo definido de perturbación, frecuente­mente de naturaleza fisiológica y sicológica; en nuestra era aria veremos el acrecentamiento de las enfermedades del cerebro (un acrecentamiento constante de desequilibrio mental), dificultades de la vista, hasta que la naturaleza de los centros y el tipo de las fuerzas entrantes y su regulación sean reconocidos y cuidadosa y científicamente estudiados. Entonces veremos desarrollarse la cien­cia de la regulación de la energía, pues condiciona al ser humano. Mientras tanto existen muchas dificultades en todas partes, acrecentándose las enfermedades mentales, las condiciones neuróticas, la demencia y, quizás prevalezca más, el desequilibrio glandular. Hasta la fecha poco se conoce en Occidente acerca de los métodos de control o curación, y en Oriente, donde existe algún conoci­miento, poco se hace debido a la apatía reinante.

 

La columna vertebral está principalmente destinada a ser el ca­nal a través del cual la energetización de los centros y la distribu­ción de la energía, a las zonas circundantes del cuerpo, es llevada a cabo por la inteligente e integrada personalidad, actuando bajo la consciente dirección del alma. No me refiero aquí a la estructura ósea de la columna vertebral sino al cordón, su contraparte esoté­rica, y a los nervios que surgen de ella. Hoy no existe este planeado y dirigido control esotérico de la energía, excepto en el caso de aquellos que poseen conciencia iniciática y en el de ciertos discípulos avanzados. Tenemos inhibiciones obstaculizaciones, zonas inactivas, vitalidad deficiente, circulación deficiente y la consi­guiente falta  de desarrollo dentro del hombre integro, o si no, hay demasiada estimulación, una actividad vibratoria excesivamente rápida, un prematuro despertar de los Centros que conduce a la hiperactividad de los átomos y las células, regidos por un centro determinado. Estas condiciones conjuntamente con otras no  mencionadas, afectan el sistema nervioso, condicionan las glándulas y producen dificultades y enfermedades sicológicas de cualquier tipo. A continuación se da un sencillo diagrama, aunque sugestivo y simbólico, de la columna vertebral y la cabeza, considerados ambos desde el ángulo de los centros y las glándulas:

 

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Observarán que el bazo no ha sido incluido en este diagrama. Su función es muy peculiar, siendo el centro de la vitalidad, en relación a la actividad planetaria y a la radiación proveniente del Sol. No está controlado en forma alguna desde la columna verte­bral. Debe tenerse en cuenta que este diagrama es sólo un esfuerzo para relacionar en forma gráfica los centros, las glándulas que éstos condicionan, y los órganos que son afectos por ambos. No  tiene la intención de ser una verdadera representación de alguna relación orgánica fisiológica.

 

El centro en la base de la columna vertebral tiene una excep­cional función, y es la fuente de vida de la sustancia del cuerpo, los tejidos físicos y toda materia que no esté incluida en los órganos mencionados. En el hombre perfecto los dos centros (el superior de la cabeza y el básico) representan la gran dualidad espíritu y materia, y gobiernan y controlan en perfecta armonía la total orientación del vehículo del alma. Finalmente, el aspecto espiri­tual del ser humano se expresará perfectamente a través de la relación mónada y personalidad (la cual se logra por una tercera gran fusión). El hombre material entonces responde a ambos, por intermedio del centro en la cabeza (la mónada) y el centro básico (la personalidad espiritualmente energetizada). Ambos centros estarán entonces en completa armonía, expresando la plena natu­raleza del hombre espiritual.

 

Es esencial que los curadores espirituales mantengan con toda claridad en su mente el cuadro de las zonas del cuerpo regidas por los centros de la cabeza y también por los otros centros, pues den­tro de esas zonas se hallan los distintos órganos que reaccionan a las enfermedades. La salud de esos órganos depende ampliamen­te de los centros, porque condicionan las glándulas a medida que la energía se distribuye por todo el cuerpo. Una plena y equili­brada afluencia de energía, desde el centro hasta la zona que éste controla, inmuniza contra las así denominadas enfermedades;  cuan­do no hay desarrollo y prevalece una situación desequilibrada, en lo que concierne a los centros, no habrá poder suficiente para evitar la enfermedad. El proceso de curación en la nueva era comenzara con el definido proyecto de trabajar con los centros, y el arte de curar tenderá -como bien pueden observar- a prevenir más bien que curar. Todo el énfasis se pondrá sobre los centros de energía, las corrientes de energía y la dirección de la energía hacia los ór­ganos dentro del radio de influencia de un centro determinado. Del estudio de las glándulas (un estudio que se halla en su infan­cia, que apenas merece llamarse “embrionario”) y su relación con los centros, mucho se podrá aprender más adelante, y se realizarán grandes trabajos experimentales. Desde el punto de vista del eso­terista, que acepta la realidad de los centros, las glándulas son, por excelencia, el principal factor determinante, en conexión con la salud general del individuo; indica no sólo su desarrollo sicológico, en un mayor grado de lo que hoy se comprende, sino que producen (tal como lo sospecha la ciencia médica ortodoxa) un poderoso efecto sobre todo el sistema orgánico; su influencia, mediante la corriente sanguínea, llega a todas las partes del cuerpo y extremi­dades. Las glándulas son el resultado de la actividad de los cen­tros, y primero, finalmente y siempre, efectos de causas internas predisponentes, y a través de los centros y sus glándulas afiliadas, el alma construye ese mecanismo en el plano físico que llamamos hombre físico.

 

Por lo tanto, el conjunto de factores relacionados que esta­mos considerando debe ser cuidadosamente estudiado y captado por todo el que practica curaciones, porque eventualmente tendrá que trabajar mediante sus propios centros en relación con los del paciente, cuya enfermedad trata de curar. En consecuencia, debe recordar tres factores: Los centros, sus glándulas relacionadas y el conjunto de órganos de los cuales son responsables los centros y las glándulas. En las siete zonas del cuerpo, regidas por los  siete centros mayores y sus glándulas afiliadas, nuevamente tenemos la trinidad básica de la manifestación:

 

1.      Vida o espíritu                             el centro de energía.

2.      Alma o cualidad                           la glándula.

3.      Forma o materia                          los órganos de determinada zona regida por determinado centro.

 

Esto nos lleva a otra ley, que el curador debe tener siempre pre­sente.

 

 

LEY VII

 

Cuando la vida o energía fluye sin impedimentos y, mediante la correcta dirección, alcanza su precipitación (la glándula relacio­nada), entonces la forma responde y la mala salud desaparece.

 

Ésta es una ley básica para la curación y concierne al verdade­ro arte de relacionar la energía espiritual con la vida de la forma, dependiendo de ello la salud y la vitalidad de los órganos. Por lo tanto llegamos a la siguiente regla que debe dominar el curador. Está expuesta en forma concisa y se deberán entender y apli­car inteligentemente esas frases que imparten instrucción.

 

 

REGLA CINCO

 

Que el curador concentre la necesaria energía en el centro nece­sario.

Que ese centro corresponda al centro necesitado.

Que ambos se sincronicen y juntos aumenten la fuerza.

Así la forma que espera trabajará equilibradamente.

Así ambos centros y la forma, correctamente dirigidos, curarán.

 

Será evidente que los curadores en la actualidad (no me refiero a la profesión médica sino a las múltiples escuelas de pensamiento) no han vuelto al factor básico, el amor, a pesar de que dicen es una fuerza curadora. En realidad  hacen resaltar y se ocupan del móvil que impele al curador a practicar su arte de curar. Se ocu­pan de la instrumentación por la cual se puede hacer contacto con el paciente que deberá ser curado. Tal contacto tiene que reali­zarse siempre con AMOR, puro, impulsor y altruista. Pero una vez establecida esa relación, el curador debe captar el hecho de que, hasta donde a él le concierne, ha de trabajar científicamente, aplicar los conocimientos y -después del correcto diagnóstico, los correctos métodos de la moderna terapéutica y el adecuado sentido común, que incluye lo mejor de lo que pueda dar de sí la experimentada ciencia médica- comenzar entonces a trabajar a través de su propio centro, poniéndolo en armonía con ese centro del paciente que rige la zona perturbada o el órgano enfermo.

 

Al trabajar de esta manera, no debe permitir (durante el pro­ceso de curación) que la energía extraída y atraída con intención amorosa y hábil conocimiento, estimule o afecte las glándulas co­rrespondientes del propio curador o que active la zona vinculada de su propio cuerpo. El curador debe aprender a aislarse de la energía que empleará en bien del paciente. Debe mezclarla con la energía de ese centro del paciente que rige la zona enferma; en­tonces la glándula afín es energetizada doblemente (o aminorada según sea el caso y lo requiera el diagnóstico), y la corriente san­guínea libera en los tejidos enfermos aquello que es necesario para curar o prevenir el acrecentamiento de la enfermedad.

 

En esta instrucción he dado mucho tema para meditar. He acen­tuado un aspecto de la curación esotérica científica que hasta ahora no había sido presentado a los estudiosos. Quisiera que captaran el panorama general y vieran claramente los delineamientos del pro­ceso, que estudiaran la relación entre el paciente y el curador, cuando deja la etapa en que es simplemente un ser que ama, envía amor o ve al paciente a la luz del amor, y pasa a realizar el trabajo científico de acrecentar la energía  espiritual del paciente. Así per­mite que éste efectúe su propia cura, consciente o inconsciente­mente.

 

Tenemos por lo tanto al curador, al paciente y a la reserva de energía espiritual, más el proceso científico de poner a los tres en íntima armonía curadora. Esto se efectúa mediante el centro implicado en el equipo del paciente, el que corresponde al equipo del curador, y la dirección (por un acto de la voluntad del curador o del grupo curador) de las corrientes unificadas de la energía específica necesaria, hacia la zona enferma. Esto generalmente se lleva a cabo por intermedio de la glándula relacionada, aunque no siempre es así.

 

Reflexionen sobre estas cosas y vean, si pueden, la simplicidad del proceso, basado en la intención amorosa, que aísla la zona es­pecifica donde existe la dolencia, se identifica con el centro espiri­tual de energía del paciente, y luego aplica y dirige las energías fusionadas y mezcladas

 

 

Efectos de la Subestimulación y Superestimulación de los Centros

 

 Hemos estudiado, algo extensamente, los centros y su relación con el cuerpo físico denso. Hemos observado las zonas condiciona­das por estos centros y el trabajo mediador de las glándulas de secreción interna. Vimos que las causas principales que predispo­nen a las dificultades físicas originadas en el organismo físico, son la subestimulación o la superestimulación de los centros. Tenemos también, tal como recordarán, tres enfermedades inherentes a la sustancia misma, y en consecuencia crean predisposiciones básicas en el cuerpo humano: cáncer, sífilis y tuberculosis. Estas tres no las consideraremos ahora. Pero la condición de los centros produce básicamente todas las dificultades, permitiendo la entrada a las in­fecciones y gérmenes que de otra manera no producirían dificulta­des, estableciendo esas situaciones donde la enfermedad inherente a la naturaleza-forma puede ser fomentada y hacer que las tenden­cias indeseables sean muy poderosas. En consecuencia podríamos establecer la premisa (que posteriormente aceptará la profesión médica) de que las enfermedades son autoengendradas (si puedo usar esta curiosa e inadecuada palabra) y no el resultado del con­tagio, de la infección o de accidentes; son causadas por el fracaso, la limitación, la deficiencia o excesiva eficiencia, y por el super o subdesarrollo del sistema endocrino. El sistema glandular de se­creción interna, por intermedio de las hormonas, afecta todas las partes del organismo físico a través de la corriente sanguínea, y podría decirse con toda propiedad, que cuando las glándulas de secreción interna están perfectamente equilibradas y funcionan correctamente, no habrá zonas enfermas en el cuerpo. Entonces la corriente sanguínea se mantendrá en perfectas condiciones. La cla­ve de la perfecta salud física, que posee un Maestro de Sabiduría, se debe a Su pleno control de los centros y equilibrada recepción y distribución de energía, y al efecto que produce sobre todo el sistema glandular de secreción interna. De esta forma, a cada zona del cuerpo se le suministra debidamente las fuerzas necesarias, manteniéndose así en perfectas condiciones.

 

Entre los centros y las correspondientes glándulas endocrinas, se halla el sistema nervioso actuando como agente distribuidor de energía. Sin embargo aquí reside la dificultad, porque no hay una adecuada afluencia de energías; la energía distribuida al cuerpo por su intermedio, vía los centros, es despareja; algunos centros reciben un indebido abastecimiento; otros una cantidad inade­cuada; algunos aún no están despiertos y por lo tanto no son re­ceptivos; otros están prematuramente desarrollados y trasmiten demasiada fuerza a las zonas que rigen. En la medicina esotérica y su interpretación filosófica (que en último análisis es la efecti­va y práctica aplicación  de los datos conocidos) el aspecto cerebro­espinal condiciona y rige todo el sistema nervioso, pues mediante este aspecto y por su intermedio, los centros actúan y afectan al organismo corpóreo, suministrando al cuerpo la energía vital ne­cesaria; así el sistema nervioso eventualmente llega a responder, por medio de los siete centros, a las siete energías principales o a las fuerzas de los siete rayos.

 

Ningún ser humano, excepto un Maestro, posee los centros ade­cuadamente despiertos y funcionando en forma equilibrada, ni están apropiadamente relacionados por medio de una radiación intensa; tampoco ningún ser humano posee un sistema nervioso que responda correctamente a los centros. Existen dos razones para ello, y ambas están relacionadas con el sistema cerebro-espinal:

 

1.      El centro coronario aún no está despierto, o sólo se está des­arrollando lentamente, a medida que el discípulo se somete al entrenamiento.

 

2.      La afluencia de energía, a través de la cabeza, a los centros a lo largo de la columna vertebral, es despareja, debido a que la afluencia entrante es desigual y la red etérica -en­tre los centros- sólo permite que afluya poca energía a los centros.

 

Debe recordarse que la vida de los centros se funda, en la etapa inicial, en la inherente vida del organismo mismo, con la vida ema­nante enfocada en el centro de la base de la columna. Éste es un punto que frecuentemente olvidan los esoteristas. A través de este centro básico actúa la vida de la materia, vida o energía del Espí­ritu Santo, el tercer aspecto. Por medio de su vida se alimenta cada átomo del cuerpo. Este proceso de animación de la sustancia de la forma física se inicia en la etapa prenatal; después del nacimiento este tipo de fuerza es ayudado y parangonado por la afluencia del prana planetario o energía vital, proveniente de la vida planetaria misma, por intermedio del bazo,  órgano esencial vinculador entre la vida inherente a la materia misma, tal como se halla presente en el microcosmos, y la vida inherente al planeta.

 

A medida que prosigue la evolución, se le agrega gradualmente a esta inherente fuerza, una afluencia de energía “cualificada” que expresa el aspecto conciencia de la divinidad e indica a los esote­ristas el estado de percepción del hombre y también el tipo de rayo a que pertenece su alma. Esta afluencia proviene del segundo as­pecto divino, alma o Cristo interno. Aquí podría afirmarse, respec­to a los dos centros de la cabeza, que:

 

1.      El centro ajna o el centro de la personalidad, enfocado entre las cejas y condicionando al cuerpo pituitario, está  relacionado con la vida del triple organismo integrado. Por medio de ese organismo la conciencia debe forzosamente expresarse y los vehículos físico, emocional y mental demostrar su eta­pa de evolución.

 

2.      El centro coronario (llamado en la filosofía hindú, el loto de mil pétalos) condiciona la glándula pineal y está relacio­nado con la vida del alma y -después de la tercera inicia­ción- con la vida de la mónada; imparte a los centros los tres tipos principales de energía del ser espiritual, de los cuales las tres fuerzas de la personalidad son los reflejos o contrapartes físicas.

 

Más adelante, estará disponible la energía del aspecto espíritu, el primero o aspecto Padre, y descenderá a través del centro corona­rio al centro ama, combinando las energías de la personalidad y del alma. Luego por un acto de la voluntad es proyectada hacia abajo de la columna vertebral, por conducto del centro alta mayor, que condiciona la glándula carótida. Al descender por la columna vertebral se vitalizan dos aspectos de los centros; cuando  llega al centro básico, se combina con la energía latente de la sustancia misma, y tenemos así la unión de las tres energías divinas y la manifestación, en el hombre, de los tres aspectos divinos. Estas energías combinadas se precipitan entonces hacia arriba por el ca­nal central de la columna vertebral, y el tercero o aspecto recepti­vo superior de los centros, queda energetizado. Todos los centros son llevados a su plena expresión; es destruida toda limitación y vitalizada cada parte del cuerpo, produciéndose la perfección ma­terial, además de la plena actuación de la conciencia iluminada, así como también del aspecto vida.

 

El sistema nervioso entonces queda controlado totalmente por el hombre espiritual, y la corriente sanguínea se purifica y con­vierte en un canal apropiado, libre de impedimentos para la circu­lación de lo que descargan las glándulas energetizadas. Éste es el significado esotérico de las palabras bíblicas: “la sangre es la vi­da”, y también de las palabras “salvado por la sangre de Cristo”. No es que el hombre se salva por la sangre de un Cristo que murió en la cruz hace más de dos mil años en Palestina, sino por la vi­vencia de la sangre de aquellos en quienes la vida y conciencia erísticas y la cualidad crística, se manifiestan y expresan perfectamente. En consecuencia, cuando la naturaleza del Cristo interno expresa plena, espontánea y auténticamente, en la personalidad y a través de ella, los tres fuegos del proceso creador -el fuego de la materia, el fuego del alma y el fuego eléctrico del espíritu-, entonces se produce una perfecta manifestación en la Tierra, de las vidas física, emocional y mental, y también de la vida espiri­tual de un Hijo de Dios encarnado, un Cristo.

 

 En este punto de comprensión muchas personas inteligentes se extravían, especialmente en los movimientos de la ciencia mental, la Unity y la Christian Science. En vez de enfocar su esfuerzo para lograr la vida pura de Cristo en la vida diaria, y actuar como ser­vidores consagrados a sus semejantes y canales de amor, y llegar a ser conscientes únicamente de la conciencia del todo, se han en­focado en afirmar una perfección futura -mental y verbalmen­te- a fin de obtener buena salud y bienestar físico. Lo consideran como un derecho que debe ser adquirido por la afirmación, y olvi­dan el arduo trabajo necesario para establecer en ellos mismos esas condiciones que harán posible la divina manifestación de Cristo. Deben tener presente que la buena salud será normal y manifiesta internamente, si la conciencia es inofensiva (y la mayoría de estas personas son culpables de un elevado espíritu de crítica), si se descentralizan del yo inferior en los tres mundos y si se “enfocan en el cielo, permitiendo al celestial Hijo del Hombre, el Hijo de Dios, conducir la vida celestial cuando está alejado del reino de los cielos” -palabras pronunciadas por un místico cristiano ya olvidado, las cuales han sido recordadas por el Maestro M., llamándo­me la atención sobre ellas.

 

Otras escuelas de pensamiento, que se denominan engañosa­mente ocultistas, están igualmente equivocadas. Trabajan o, más bien, alegan trabajar con los centros, y, afortunadamente para ellos, la naturaleza los protege de sí mismos. Se esfuerzan cons­cientemente por vitalizar los centros, quemar la red protectora y elevar los fuegos de la materia antes que el fuego del espíritu se haya combinado con el fuego del alma. En consecuencia, son víctimas de una estimulación prematura de los fuegos de la sustancia, antes de que se produzca el equilibrio de las fuerzas. Entonces tie­nen lugar la enfermedad, la demencia y muchas condiciones neuró­ticas, además de serias condiciones patológicas. Algunas de las glándulas entran en excesiva actividad, a otras se las pasa por alto, y todo el sistema glandular y el sistema nervioso que de él depende, están en un estado de total desequilibrio.

 

 Los discípulos deben aprender a enfocar su atención sobre la realidad y los factores de primordial importancia espiritual. Cuan­do lo realicen, las energías de la cabeza, el correcto empleo de la zona espinal con sus “centros engarzados”, y el despertar del cen­tro básico y su consiguiente fusión con las energías superiores, se hará en forma automática y sin ningún peligro.

 

Entonces será posible establecer el ritmo ordenado del sistema glandular y se empleará libremente y sin peligro el sistema ner­vioso controlado; las energías proyectadas desde el centro, vía los nadis, establecerán relación y serán puestas en actividad sintética dentro del cuerpo, y el discípulo no sólo poseerá una conciencia plenamente despierta y un cerebro cada vez más inteligentemente receptivo, sino que tendrá también una constante afluencia de vida espiritual. Entonces tendremos ese perfecto equilibrio y salud que caracteriza a los Maestros de Sabiduría.

 

El conocimiento concerniente a las glándulas endocrinas o de secreción interna, está aún en estado embrionario. Mucho se sabe acerca de las glándulas que están vinculadas al centro sacro y tam­bién sobre la glándula tiroides, pero hasta ahora lógicamente la profesión médica no admite que sean efectos de la actividad o inac­tividad de los centros, o la línea de menor resistencia, existente entre los centros sacro y laríngeo. Algo se conoce (no mucho) acer­ca del cuerpo pituitario, pero su primordial importancia, al afectar la respuesta sicológica del individuo, aún no ha sido captado ade­cuadamente. Nada se conoce, hablando con propiedad, sobre las glándulas pineal y timo, y ello se debe a que los centros coronario y cardíaco no están despiertos en el hombre subdesarrollado ni tampoco en el ciudadano común. La existencia de una considerable riqueza de conocimiento sobre el centro sacro (como fuente de creación física) y los efectos condicionantes de la glándula tiroides, se debe a que ambos centros están ya despiertos en el hombre co­mún, y cuando funcionan adecuadamente  y se ha establecido la in­teracción necesaria, entonces tendremos un individuo muy sexual que es también un artista creador en alguna línea del arte. Como bien saben, esto es muy frecuente. Cuando el centro ajna y su exteriorización, el cuerpo pituitario, se hallan también activos y los tres centros -sacro, laríngeo y ajna- comienzan a relacionarse, a funcionar y a establecer una relación consciente y definida entre aquel y los demás centros (lo cual depende del rayo, de la conciencia objetiva y del entrenamiento), entonces tendremos al místico práctico, al humanista y al ocultista.

 

Los estudiantes deben recordar que la energía tiende a ir tanto hacia arriba como hacia abajo, dentro de la estructura de los cen­tros. En lo que concierne al aspirante y al discípulo:

 

1. La tendencia hacia arriba... produce Transmutación.

 

Del centro sacro al centro laríngeo. La creación física es tras­mutada en creación artística.

 

Del centro plexo solar al centro cardíaco. La conciencia indi­vidual y emocional es trasmutada en conciencia grupal.

 

De la base de la columna vertebral al centro coronario. La fuer­za material es trasmutada en energía espiritual.

 

De cualquiera de los cinco centros que se hallan en la columna vertebral, al centro ajna. La vida sin coordinación es tras­mutada en integración de la personalidad.

 

 De los seis centros, relacionados entre sí, al centro más elevado de la cabeza. La actividad de la personalidad es trasmutada en vida espiritual.

 

Ésta es una amplia generalización, y el proceso no se lleva a cabo mediante un método consecutivo y ordenado, como podría sugerir la clasificación dada. El proceso implicado abarca muchas vidas de transmutación inconsciente en las primeras etapas, y como re­sultado de amargas experiencias y esfuerzo consciente en las eta­pas posteriores, llega a ser acrecentadamente dinámico y efectivo a medida que el aspirante huella las diversas etapas del sendero. Los cinco rayos, con los cuales el discípulo debe actuar (dos rayos mayores condicionantes y tres rayos subsidiarios), tienen un defi­nido efecto activo; en los reajustes kármicas proveen la oportuni­dad o el impedimento, y la complejidad de todo el proceso (dentro de la experiencia relativamente limitada del discípulo) lleva a tal confusión mientras se está desarrollando, que lo único que puede hacer es captar los amplios delineamientos dados aquí y no prestar demasiada importancia a los detalles inmediatos.

 

2. La tendencia hacia abajo... produce Transformación.

 

Una vez que el centro coronario comienza a despertar y el discípulo, activamente consciente, se dedica a la tarea de diri­gir las energías hacia los centros, a fin de regir la vida de su personalidad, se ha logrado el procedimiento científico de ener­getizar los centros con cierto ritmo ordenado, que a su vez es determinado por los rayos, las circunstancias y el karma; enton­ces todas las energías corpóreas son impelidas a una correcta actividad espiritual. El proceso involucrado no se puede tratar aquí, excepto señalar que esta tendencia descendente puede ser considerada burdamente en tres etapas:

 

1.      La etapa de energetización de la vida creadora, vía el centro laríngeo, poniendo así:

 

a.       a los centros coronario y laríngeo,

b.      a ambos y al centro sacro, y

c.       a los tres, simultánea y conscientemente, en relación consciente.

 

Cuando se establezca correctamente esta relación, se solu­cionará el problema sexual del individuo sin recurrir a la inhibición o supresión, sino que por el  correcto control se logrará que el discípulo sea creador en sentido mundano, y por lo tanto de utilidad para sus semejantes.

 

2.      La etapa de energetización de la vida consciente de relación, vía el centro cardíaco, poniendo

 

a.       a los centros coronario y cardíaco,

b.      a ambos y al centro plexo solar, y

c.       a los tres, simultánea y conscientemente, en estrecha co­laboración.

 

Esto sirve para establecer rectas relaciones humanas, gru­pales y espirituales, durante toda la vida del hombre. De la misma manera que la etapa de regulación de la vida creado­ra produce un destacado efecto sobre el cuerpo físico, así esta etapa afecta poderosamente al vehículo astral; las reac­ciones emocionales son trasformadas en aspiración y servi­cio, el amor egoísta individual en amor grupal, entonces la divinidad rige la vida.

 

3.      La etapa de energetización de todo el hombre, vía el centro básico, poniendo

 

a.       a los centros coronario y básico,

b.      a ambos y al centro ama, y

c.       a los tres, simultánea y conscientemente, en expresión rítmica y coordinada. Esta etapa final es de gran impor­tancia y sólo tiene lugar cuando se completa en la tercera iniciación, la de la Transfiguración.

 

Por lo tanto pueden ver que tres importantes palabras describen el propósito del desarrollo científico y la correcta dirección de los centros:

 

Transmutación           Transformación          Transfiguración

 

 Este proceso se lleva a cabo inteligentemente y sin peligro du­rante un largo periodo de tiempo y -volviendo a nuestro tema de la salud y de la enfermedad- cuando se ha consumado, su resultado será perfecta salud física; en el proceso intermedio de reajuste y de cambio sucede frecuentemente lo contrario. El peligro involu­crado en un gran numero de enfermedades físicas puede atribuirse a la condición de los centros, a su interacción o falta de ella, a un estado de subdesarrollo, aletargado y perezoso, y a una sobrestimulación o actividad desequilibrada. Cuando un centro se des­pierta prematuramente, lo hace con frecuencia a expensas de otros centros. La robusta salud de los salvajes o del inexperto e igno­rante obrero o labriego (un estado de ser que está desapareciendo rápidamente a medida que la mente se desarrolla y el proceso de evolución produce su efecto) se debe en gran parte al estado pasi­vo de casi todos los centros, excepto el centro sacro. El hecho de que ellos sean fácil presa de las enfermedades infecciosas puede también atribuirse a la misma pasividad. A medida que la naturaleza emocional se va desarrollando y la mente comienza a funcio­nar, los centros se hacen más activos. Sobrevienen entonces per­turbaciones definidas, debido en gran parte a que comienzan a aparecer condiciones sicológicas. El hombre ya no es un simple animal. El uso y abuso de la vida emocional principal factor que predispone a la mala salud) inunda la naturaleza inferior con la energía mal dirigida (o deberla decir desviada). El centro plexo solar llega a ser excesivamente activo y tal actividad abar­ca cuatro etapas:

 

1.      La etapa de su despertar, a medida que el cuerpo astral se hace cada vez más poderoso.

 

2.      La etapa de su potencia, cuando constituye durante vidas el centro condicionador del cuerpo etérico o vital, y el hombre está por consiguiente condicionado por su vida emocional-astral.

 

3.      La etapa en que el centro plexo solar llega a ser el distribui­dor para todos los centros (mayores y menores) ubicados abajo del diafragma.

 

4.      La etapa en que las energías del plexo solar son elevadas al corazón.

 

Estas etapas acarrean, temporariamente, sus propios males físicos.

 

Observarán que, aparte de ciertas generalizaciones, no relaciono enfermedades específicas con centros específicos. He indicado las zonas condicionadas por los centros, pero mucho más poderosa­mente condicionadas de lo que pueden comprobar; he dicho que fundamentalmente las glándulas de secreción interna -como exte­riorización do los centros- son los factores determinantes de la salud del cuerpo, y que donde existe desequilibrio, super o sub­desarrollo, habrá dificultades; he sugerido que la profesión médica de la nueva era se ocupará acrecentadamente de la teoría de la dirección de la energía y su relación con las glándulas de secreción interna, y que admitirá por lo menos hipotéticamente y para el propósito de experimentación, que la teoría de los centros de energía puede ser correcta y que ellos constituyen los factores condicionantes principales que actúan a través de las glándulas de secreción interna, las cuales a su vez salvaguardan al cuerpo, producen la necesaria resistencia, suministran a la corriente san­guínea los elementos necesarios para la salud y -cuando están correctamente interrelacionados- producen una expresión equi­librada del hombre espiritual, en todo el cuerpo físico -equilibrio fisiológico y sicológico. Cuando no se halla presente esta condición deseable, entonces las glándulas de secreción interna, por la erró­nea relación y el incorrecto y desequilibrado desarrollo, no son adecuadas para la tarea, no pueden proteger al cuerpo de la en­fermedad ni derramar en la corriente sanguínea lo que necesita el vehículo físico. Debido a su insuficiencia, el cuerpo es incapaz de resistir las infecciones y está en un constante estado de mala  salud,  no puede luchar contra la enfermedad proveniente de lo externo o latente dentro del organismo corpóreo; esta debilidad produce frecuentemente enfermedades mortales.

 

La medicina en el próximo siglo estará construida sobre ciertas principales premisas:

 

1.      La medicina preventiva constituirá la meta, intentando man­tener el cuerpo en un orden adecuado y equilibrado.

 

2.      Estricta salubridad y el establecimiento de condiciones sa­ludables, serán considerados como esenciales.

 

3.      Será estudiado el suministro de las correctas propiedades químicas para el cuerpo físico; una ciencia de la química que aún está en su infancia, aunque va trasformándose en un infante precoz.

 

4.      La comprensión de las leyes de la vitalidad será considerada de primordial importancia, debido a ello el énfasis puesto sobre las vitaminas y la influencia del sol, son saludables indicaciones.

 

5.      El empleo de la mente será considerado sobre todas las cosas, como un factor muy importante, y de gran influencia en lo que respecta a los centros, pues a la gente se le enseñará a desarrollar sus centros a través del poder mental, trayendo así la correcta reacción del sistema endocrino. Esto necesa­riamente implicará la correcta dirección del pensamiento a un centro o el retiro de la atención de un centro, con el con­siguiente efecto sobre el sistema glandular. Todo ello ten­drá como base la ley oculta que dice: “la energía sigue al pensamiento”.

 

Debido al hecho de que los discípulos poseen un mayor desarrollo del poder mental que el hombre común y también a que su tipo de rayo es más fácilmente comprobado, involucrando, en consecuen­cia, que se determinará más correctamente la condición del sistema glandular, serán los primeros en colaborar  con la profesión médica y en demostrar las relaciones de los centros con las glándulas y, por lo tanto, con la totalidad del cuerpo. A través de la concen­tración y la correcta meditación, llevada a cabo en el centro de la cabeza y dirigida hacia alguno de los otros centros, se producirán en los discípulos cambios tan definidos en las glándulas de secreción interna, que la profesión médica se convencerá de la impor­tancia y la existencia real de los centros y su poder, y también de la posibilidad de controlar el mecanismo físico mediante el po­der del pensamiento. Todo esto se producirá en el futuro. Sólo se­ñalo el camino e indico las técnicas futuras por las cuales será Vencida la enfermedad. Las variadas escuelas mentales de pensamiento, la Unity y Christian Science, han sido caprichosas y  fantasiosas en sus pretensiones y no científicas en su acercamiento. Pero han tenido en sus manos por lo menos un hilo de ese gran proceso de la correcta adaptación a la vida y a las correctas relaciones. Tuvieron el sueño y la visión, les falto percepción y sentido común e ignoraron el proceso evolutivo.

 

La ciencia fisiológica y el poder sicológico, más la colaboración del discípulo y del médico entrenados (en particular el endocrinólogo de mente abierta), oportunamente lograrán extirpar muchos males humanos y curarán la mayor parte de las enfermedades que perturban hoy a la humanidad.

 

Hemos estudiado con cierta finalidad el primer capítulo: Causas Psicológicas de las Enfermedades. Hemos hecho descender la idea desde las causas internas y más sutiles de las enfermedades a los principales factores físicos condicionantes, las glándulas de secreción interna. Podemos ahora considerar brevemente ciertas causas mucho más esotéricas y tratar aquellas que emanan de la vida grupal de la humanidad y de las deudas kármicas del género humano. Aquí penetraremos en el reino del conocimiento ocultista y de la información esotérica, y esto será más difícil que lo acepte el pensador ortodoxo.

 

 

CAPITULO SEGUNDO

 

Causas que Emanan de la Vida Grupal

 

 AL CONSIDERAR LA ENFERMEDAD y sus causas básicas, hemos tratado particularmente las que conciernen a nuestra raza aria y a la humanidad moderna, que son mayormente de origen astral y podrían describirse como de naturaleza atlante. También hemos considerado brevemente las diversas enfermedades que se originan en el plano mental; éstas son más estrictamente arias e involucran los males a que los discípulos están propensos. Las enfermedades infecciosas y las que son fundamentales a la sustancia planetaria tienen un poderoso efecto sobre las razas más antiguas de nuestro planeta (que aún se hallan entre nosotros) y están relacionadas con esos especímenes de la raza lemuria que van desapareciendo rápidamente; la raza negra está especialmente predispuesta a las epidemias infecciosas.

 

No intento en este tratado encarar, desde el punto de vista patológico, ninguna de las enfermedades consideradas, ni prestar atención a la fisiología del paciente. Eso está fuera de mí jurisdicción. Sin embargo, procuro indicar los orígenes de algunas enfermedades, llamar la atención sobre la primordial importancia del sistema glandular, y relacionar con la sabiduría occidental, hasta donde es apropiado e inteligente, algunas de las teorías orientales respecto a los centros. Más adelante indicaré algunas condiciones básicas humanas que deben ser cambiadas, si se quiere aplicar correctamente el verdadero trabajo de curación, y luego espero dar alguno de los métodos con los cuales el curador podrá llevar a cabo el trabajo, que estará de acuerdo  con la información del caso y ayudará en el proceso de restauración.

 

El problema de la enfermedad ha aumentado hoy grandemente debido a que en la raza aria, que ahora predomina en el planeta, ha tenido lugar la primera aparición verdadera y externa, en el plano físico, de la síntesis básica de la humanidad, que -en su mejor forma- nos proporciona una idea de lo que será la siguiente y principal raza-raíz, la sexta. Los matrimonios efectuados entre los ciudadanos de distintas naciones y entre razas, la mezcla de sangre durante cientos de años –debido a la emigración, los viajes la educación y la unidad mental- ha hecho que no existan en la actualidad tipos raciales verdaderamente puros. Esto es mucho más veraz de lo que creen los más eruditos, si consideran la larga historia del género humano. Las relaciones sexuales no conocen barreras impenetrables y los pueblos poseen hoy la estirpe y la sangre de todas las razas, y esto (como resultado de la guerra mundial 1914-1945) se irá acrecentando. Dicho desarrollo, en defi­nitiva, forma parte del plan divino, no importa cuán indeseable puede parecer a quienes idealizan la pureza de las relaciones, ni cuán despiadadamente es aplicado en los momentos actuales. Ya se ha producido algo que está predestinado y no puede ser evitado. El impulso de aparearse llega a ser peculiarmente fuerte cuando los hombres se hallan lejos del ambiente familiar y experimentan la novedad de una total soledad: cuando las inhibiciones normales, las costumbres impuestas por las relaciones familiares o las nor­mas nacionales son removidas; cuando enfrentan constantemente el peligro de muerte; cuando los valores mayores anulan a los menores y a las actitudes comunes convencionales, y cuando el orga­nismo físico ha sido entrenado y llevado, por medio de procedi­mientos científicos y una fuerte alimentación, a la más elevada eficiencia física. Hablo en términos de efectividad física y no de eficiencia mental, que puede ir o no paralela a la primera.

 

Los instintos animales son por lo tanto poderosos; los centros ubicados abajo del diafragma se energetizan peculiarmente; las demandas emocionales vitalizan enormemente el centro plexo so­lar, y el centro en la base de la columna aumenta la actividad de las glándulas adrenales cuando la voluntad del hombre es llamada a actuar a fin de vencer el peligro; la voluntad de vivir con su similar, la voluntad de perpetuarse en los propios hijos, es fo­mentada poderosamente. A esto también debe agregarse, como un derivado principal de la guerra, la voluntad de la naturaleza misma, actuando (de acuerdo a ciertas leves divinas) para equipa­rar las pérdidas de vidas y las bajas de la guerra, mediante una nueva afluencia de vida hacia la forma, preservando así a la raza humana, proporcionándolo cuerpos para la siguiente oleada de egos y en esa forma poblar la tierra.

 

Con esto sólo trato de explicar los fenómenos que pueden ser observados durante los tiempos de guerra, y en la guerra mundial se ha podido observar en gran escala. Los ejércitos del mundo se hallan en todas partes, diseminados por todos los países; la transmigración racial es un factor universal, desde el ángulo de la necesi­dad militar y de las penurias de los civiles que han sido arrollados por la guerra. Este movimiento de millones de hombres, en todas partes, constituye uno de los factores principales que condiciona­rán la nueva civilización, y su importancia se basa en el hecho de  que en el término de veinticinco años hombres y mujeres serán una raza híbrida, cuyos padres y madres pertenecerán a todas las naciones imaginables; padres blancos habrán tenido relaciones fí­sicas con mujeres de origen asiático o africano, produciendo una mezcla de sangre que -si se la reconoce, maneja y desarrolla correctamente y con comprensión, desde el ángulo educativo- expresará la naturaleza en embrión de la sexta raza raíz, la cual será realmente la HUMANIDAD sin barreras raciales o nacionales, ni seudas y exclusivas castas de sangre pura, pero con un nuevo y viril sentido de la vida, debido a la mezcla de linajes más fuertes con otros más débiles  y agotados, y de las estirpes raciales más nuevas con las antiguas y más desarrolladas. Nada tengo que argumentar sobre la forma en que esto es llevado a cabo. Podría haber acontecido sin la guerra, por la convicción de que todos los hom­bres son iguales y humanos y que la mezcla de las razas podría resolver muchos problemas; no obstante, la guerra ha acelerado el proceso y los soldados de todos los ejércitos del mundo tienen relaciones físicas con mujeres de todas las razas, civilizaciones y color. Esto debe producir, ya sea que se lo considere correcto o erróneo, de acuerdo al código ético y a las normas del observador, una situación totalmente nueva que deberá enfrentar el mundo del futuro e inevitablemente debe derribar los prejuicios nacionales y las barreras raciales las primeras producirán mayor efecto que las últimas, durante las etapas iniciales. Una humanidad más homogénea aparecerá también inevitablemente durante los cambios, en los próximos cien años. Muchas actitudes y reacciones habituales que prevalecen todavía hoy, desaparecerán y aparece­rán en gran escala, tipos, cualidades y características, de las cua­les hasta ahora no tenemos precedentes.

 

Aunque a las personas conservadoras y llamadas estrictamente “morales” no les agrade este acontecimiento mundial, no afecta para nada la cuestión. Ello ha sucedido y está sucediendo diaria­mente, y materialmente traerá cambios de gran alcance. Estas re­laciones y mezclas interraciales siempre han sucedido en pequeña escala e individualmente, y ahora suceden en gran escala. Debemos prepararnos para los resultados que esto producirá.

 

Como bien saben, existen hoy ciertas enfermedades numérica­mente predominantes en el mundo y son:

 

1.      Varios tipos de enfermedades cardíacas, que afectan par­ticularmente a la humanidad avanzada.

2.      Demencia.

3.      Cáncer, que tanto prevalece en todos los tipos de hombres.

4.      Enfermedades sociales de naturaleza sifilítica.

5.      Tuberculosis.

 

 En forma sutil y oculta, estas enfermedades se deben a dos causas básicas: Una es la estrecha interacción, entre las personas que vi­ven bajo condiciones modernas, y su hacinamiento en ciudades y pueblos; la otra se debe a la edad del suelo en que el hombre vive (un hecho poco reconocido o considerado), pues está profunda­mente impregnado de gérmenes y residuos de eras pasadas. La inmunidad del hombre es algo asombroso si sólo se dieran cuenta; resiste y se desembaraza constante y continuamente de todo tipo de enfermedades, las que son resultado del contacto con otros individuos, las que prevalecen en la atmósfera misma, en cualquier época, las que están latentes en su propio organismo corpóreo y las heredades, a las cuales está constantemente predispuesto. La lucha del hombre por la salud es incesante e interminable, abar­cando, desde la fatiga común y el cansancio, más la universal ten­dencia a resfriarse, a las enfermedades mortales, terminando con la muerte.

 

Para el ocultista observador entrenado, parecería que toda la humanidad deambulara parcialmente en una densa sombra que engolfa a la raza, y parte de ella cubre una zona del cuerpo de todo ser humano. Uno de los propósitos de la nueva era consistirá en “iluminar esta sombra y guiar a las personas hacia la fortaleza que otorga la verdadera buena salud”. Esta misma sombra penetra también dentro del reino mineral, afecta al reino vegetal e invo­lucra además a los animales; es una de las causas principales de todo aquello que puede ser clasificado bajo el nombre de “pecado”, y esto quizás sorprenda. Es también la fértil simiente del crimen. Esta realidad debe ser aceptada, adecuadamente considerada y ma­nejada racional, sensata, inteligente y  espiritualmente; se reque­rirán los factores mencionados para sacar a la humanidad fuera de la oscuridad de la enfermedad y llevarla a una estable y ra­diante salud. Algunos Maestros se ocupan de este problema en relación con otros reinos de la naturaleza, pues el hombre no po­drá evadirse mientras su medio ambiente esté aún bajo la sombra de la enfermedad.

 

Gran parte de lo que pueda decir sobre esto parecerá fantasioso y se mofarían los cientistas cerrados. Las teorías que sostiene el género humano acerca del origen de las enfermedades, y el reco­nocimiento de las bacterias, gérmenes y otros intrusos organismos similares, son mayormente correctos, sólo si se tiene en cuenta de que en realidad son efectos de causas que el investigador no ha tocado y que están ocultas en la historia del planeta y en la histo­ria racial del pasado -de la cual poco o nada se sabe. Aquí im­peran las presunciones y conjeturas.

 

 

1. ENFERMEDADES DE LA HUMANIDAD, HEREDADAS DEL PASADO

 

         La historia, tal como se la estudia hoy, se interna muy poco en el pasado y aunque los historiadores y científicos esclarecidos pueden retrotraer la historia de la humanidad hasta millones de años; nada se sabe acerca de las razas humanas que vivieron mi­llones de años atrás, nada se conoce de la civilización que floreció en los primeros tiempos atlantes hace doce millones de años; tam­poco nada absolutamente se sabe de la antigua civilización lemuria que existió hace más de quince millones de años, y aún menos se conoce de aquel período crepuscular que existió hace veintiún mi­llones de años, cuando los hombres apenas eran humanos, y estaban tan estrechamente relacionados con el reino animal, que les damos el engorroso nombre de “hombre-animal”.

 

Durante el vasto periodo transcurrido entre entonces y ahora, han vivido, amado y experimentado millones de personas; sus cuer­pos han vuelto al polvo de la tierra y  cada uno ha contribuido con algo de lo adquirido durante la experiencia de la vida, sin em­bargo distinto de lo que ha contribuido a la vida del alma en su propio plano. Esta contribución ha alterado en cierta forma los átomos y células del cuerpo físico, y a su debido tiempo lo adqui­rido ha sido liberado nuevamente al suelo del planeta. Cada alma que se retiró del cuerpo, ha vuelto repetidas veces a la tierra, y muchos millones de ellas están hoy aquí, particularmente aquellas que estuvieron presentes en los últimos días de la época atlante y constituyen la flor y el producto más elevado de esa raza alta­mente emocional. Traen consigo las predisposiciones y las tenden­cias innatas con que su historia pasada los ha dotado.

 

En consecuencia deberá tenerse en cuenta que los cuerpos físi­cos que ahora ocupa la humanidad están construidos de sustancia muy antigua, la cual se halla contaminada o condicionada por la historia del pasado. A este concepto debemos agregar otros dos: Primero, esas almas que encarnan, atraen hacia sí el tipo de ma­teria con la cual deben construir sus envolturas externas que res­ponderán a algún aspecto de su naturaleza más sutil; por ejemplo, si las condiciona el deseo físico, la materia de su vehículo físico responderá en gran parte a este anhelo particular. Segundo, cada cuerpo físico lleva en sí la simiente de una inevitable retribución, si se abusa de sus funciones. El gran pecado original en tiempos de lemuria fue de naturaleza sexual, y no sólo se debía a las innatas tendencias sino a la extraordinariamente densa población de su civilización y a la estrecha relación con el reino animal. En esa época originaron las enfermedades sifilíticas.

 

Los ignorantes piensan ingenuamente que las razas primitivas  están libres de ese tipo de contaminación y que muchas enferme­dades sexuales y sus resultados, son preponderantemente enfer­medades de la civilización. Esto no es así  desde el punto de vista ocultista. El verdadero conocimiento comprueba ser lo contrario. En la infancia de la raza se produjeron erróneos apareamientos, promiscuidad y una serie de perversiones; de acuerdo a las pa­labras de algunos de los más antiguos libros, que existen en los Archivos de los Maestros, leemos: “La tierra cobró su tributo y la tierra lo hizo con la tierra, contaminada e impura, volviendo a la tierra; entonces la vida pecaminosa penetró en la prístina pureza de la antigua madre. En lo más profundo del suelo se halla el mal, emergiendo a la forma de vez en cuando; sólo el fuego y el sufrimiento pueden purificar el mal que la madre ha trasmitido a sus hijos”.

 

La raza lemuria prácticamente se destruyó a sí misma por el abuso del centro sacro, que entonces era el más activo y predo­minante. En los días atlantes el centro plexo solar fue el objetivo principal del “fuego entrante”. El trabajo de la Jerarquía en días de lemuria fue, como ya dije en otra parte, enseñar a la infantil humanidad la naturaleza y el sentido y significado del vehículo físico, y así corno en la siguiente raza fue fomentado el emocional y constituyó el objeto de mayor atención, en nuestra raza la mente es sometida a la estimulación. El iniciado en la época de lemuria había logrado controlar completamente el cuerpo, y el hatha yoga era la principal práctica espiritual. Éste a su vez, con el tiempo, fue reemplazado por el laya yoga, que puso en actividad funcio­nante los centros del cuerpo etérico (excepto el centro laríngeo y el coronario). Éste no es el tipo de actividad que se debe practicar ahora, pues, como recordarán, el Maestro de esos días no tenía el desarrollo ni la comprensión de los Maestros actuales, las únicas excepciones fueron Aquellos que habían venido de otros esquemas y esferas para ayudar al hombre animal y a la humanidad pri­mitiva.

 

 

A. Enfermedades venéreas y sifilíticas.

 

Paralelamente a la actividad de la Gran Logia Blanca  (tal como sucedió entonces y sucede hoy) había una actividad de las fuerzas oscuras. Debían producir sus efectos por intermedio del centro sacro, estableciéndose una situación extremadamente viciosa, que debilitó el vigor del cuerpo humano, acrecentó grandemente las exigencias de la naturaleza sexual por la estimulación del centro sacro, producido artificialmente por la Logia Negra, lo cual trajo como consecuencia numerosas alianzas impías y una amplia difu­sión de relaciones malignas.

 

 Entonces el Logos planetario impuso una grande y nueva ley de la naturaleza, expresada (muy inadecuadamente) por las pa­labras “el alma que peca, morirá”. Esta ley podría ser mejor expresada con las palabras, “Quien abusa de lo que ha construido, lo verá derrumbarse por las fuerzas internas que contiene”.

 

A medida que transcurrieron los siglos y la raza lemuria se so­metió a los malvados impulsos de la naturaleza animal, aparecie­ron gradualmente los primeros tipos de enfermedades venéreas; oportunamente toda la raza fue contaminada y produjo su desapa­rición; la naturaleza cobró sus tributos y exigió inexorablemente su precio. Cabe aquí interrogarse ¿cómo estos primitivos habitantes de nuestro planeta pudieron ser responsables, puesto que no existía pecado donde no habla sentido de responsabilidad ni concien­cia de obrar mal? La Jerarquía en esos días tenía sus propios métodos de enseñanza para estos pueblos infantiles, así como se puede enseñar al niño en los primeros años a no adquirir ciertos hábitos físicos. En aquel entonces la humanidad sabía muy bien lo que era el mal, porque se puso en evidencia físicamente y era fácil percibirlo. El castigo fue obvio y los resultados inmediatos; los Instructores de la raza procuraron que la causa y el efecto fueran observados rápidamente.

 

En esa época también aparecieron las primeras tendencias al matrimonio, algo distinto de la promiscuidad; la creación de uni­dades de familia se convirtió en objeto de atención y  constituyó la meta para los más evolucionados. Ésta fue una de las primeras tareas emprendidas por la Jerarquía y el primer esfuerzo para realizar cualquier tipo de actividad grupal, impartiendo la primera lección acerca de la responsabilidad. La unidad familiar no era estable corno puede serlo hoy, pero aún su relativamente breve comienzo fue un gran paso adelante; la segregación del ente fami­liar y el desarrollo del sentido de responsabilidad han continuado firmes hasta culminar en nuestro actual sistema matrimonial y en la acentuación, en Occidente, de la monogamia; ha conducido al orgullo occidental acerca del linaje y la alcurnia, al interés por las genealogías y vinculaciones y al intenso horror que siente el pensador occidental por las enfermedades sifilíticas, puesto que afectan a la familia y su descendencia.

 

Sin embargo, dos cosas muy interesantes están aconteciendo hoy. La unidad de la familia, en escala mundial, está siendo des­truida debido a los azares de la guerra y -en menor escala- a los modernos puntos de vista concernientes al matrimonio y al divor­cio. También se están descubriendo rápidas y definidas curaciones de las enfermedades sexuales, lo cual hace que la gente tienda a ser más insensata. Sin embargo, cuando la curación sea perfecta, a la larga salvaguardará a la raza y después de la muerte devolverán  al suelo cuerpos libres de toda plaga que ha contaminado la tierra durante infinitas edades. Así se producirá una gradual purifica­ción del suelo. La cremación también ayudará en este proceso de purificación. La destrucción por el fuego y la intensidad del calor engendrado por la aplicación de los métodos militares, también están ayudando, y durante el próximo millón de años veremos que la sífilis (heredada desde lemuria) desaparecerá, tanto de la fa­milia humana como del suelo del planeta.

 

En el transcurso de las épocas la humanidad entró en la etapa atlante de desarrollo. El control consciente del cuerpo físico que­dó bajo el umbral de la conciencia; el cuerpo etérico se hizo en consecuencia más poderoso (un hecho que frecuentemente no es considerado) y el cuerpo físico como un autómata reaccionó acre­centadamente a la impresión y orientación impuestas por la natura­leza deseo en constante desarrollo. El deseo se trasformó en algo mas que una simple respuesta al impulso físico animal y a los instintos primitivos; se dirigió hacia objetos y objetivos extraños al cuerpo, hacia las posesiones materiales y aquello que (al ser visto y codiciado) podría poseer. Así como los principales pecados de la época lemuria (si se los puede llamar pecados en su verdadero sentido, teniendo en cuenta la poca inteligencia de la raza) se co­metían por el abuso del sexo, análogamente el mayor pecado de los atlantes fue el latrocinio, muy difundido y general. Los gér­menes de la agresión y la adquisición personal comenzaron a manifestarse, culminando en la gran guerra (relatada en La Doctrina Secreta) entre los Señores de la Faz Luminosa y los Señores de la Faz Oscura. Para apoderarse de lo que codiciaban y creían ne­cesario, los más evolucionados de esa raza comenzaron a practicar magia. Me resulta imposible delinear la naturaleza y las prácticas de la magia de los atlantes, ejerciendo control sobre los elementales y las formas de vida que ahora han sido obligadas a retroceder a su guarida, y son inaccesibles a la humanidad; tampoco puedo in­dicar los métodos especiales empleados para adquirir lo deseado, las palabras de poder pronunciadas y los rituales cuidadosamente planeados, seguidos por quienes buscaron enriquecerse y posesio­narse de lo que deseaban, sin tener en cuenta a costa de quién lo hacían. Este trabajo mágico constituía la parodia de la magia blan­ca tan abiertamente utilizada en esos días, antes de la gran guerra, entre las Fuerzas de la Luz y las Fuerzas del Mal. La correcta ma­gia era muy conocida por el pueblo atlante y utilizada por los Miembros de la Jerarquía, a quienes se les había confiado la orientación de la raza, y Ellos combatían el desenfrenado mal en las es­feras superiores. Este mismo mal, nuevamente en son de guerra, está siendo  combatido por los hombres de buena voluntad bajo la dirección de la Gran Logia Blanca. El colmo del lujo fue alcanzado  en la Atlántida, de la cual nuestra jactanciosa civilización nada sabe ni nunca ha igualado. Algunos tenues indicios de ello nos han llegado de las leyendas del antiguo Egipto, de los descubrimientos arqueológicos y de los viejos cuentos de hadas. Se produjo un re­surgimiento de la maldad y agravios puramente atlantes en los días de la decadencia del Imperio Romano. La vida fue mancillada por la miasma del egoísmo más abyecto, y las fuentes mismas de la vida fueron contaminadas. El hombre vivía y respiraba única­mente para poseer el máximo lujo y la mayor cantidad de cosas y bienes materiales. Fueron sofocados por el deseo y acicateados por la idea de no morir nunca, vivir eternamente y adquirir todas las cosas que deseaban.

 

 

B. Tuberculosis.

 

En la situación anteriormente mencionada hallamos el origen de la tuberculosis. Originó en los órganos que el hombre posee para respirar y vivir y fue impuesta como castigo por la Gran Logia Blanca; los Maestros promulgaron una nueva ley para el pueblo atlante cuando los vicios de lemuria y la codicia atlante llegaron al grado más despiadado. Esta ley puede ser traducida en los siguientes términos: “Quien sólo vive para los bienes ma­teriales, quien sacrifica toda virtud con el fin de adquirir lo imper­durable, morirá en vida, encontrará que le falta el aliento y, sin embargo, rehusará pensar en la muerte hasta que le llegue el llamado.”

 

Resulta difícil en estos días apreciar o comprender el estado de conciencia de los atlantes. No existían procesos mentales, excep­to entre los conductores de la raza; única mente prevalecían los despiadados e insaciables deseos. Esta acción de la Gran Logia Blanca obligó la imposición de dos premisas y enfrentó a la raza con dos problemas hasta entonces incomprendidos. El primero fue que las actitudes sicológicas y los estados de conciencia pueden traer y traen condiciones fisiológicas, buenas y malas. El segundo, que por primera vez los pueblos debían reconocer el fenómeno de la muerte; muerte que ellos mismos produjeron en forma nueva y no únicamente por medios físicos. Esto tuvo que ser dramati­zado en forma definidamente objetiva, porque aún las masas no respondían a la enseñanza verbal sino sólo a los eventos visuales. Cuando vieron que una persona particularmente inclinada al robo comenzaba a sufrir una horrenda enfermedad que parecía surgir de dentro de sí mismo y -mientras sufría- mantenía su amor por la vida (como lo hacen hoy los tuberculosos), enfrentaron otro aspecto o forma de la ley original (impuesta en tiempos de lemuria) qué decía: “El alma que peca, morirá”. La muerte hasta  entonces había sido aceptada sin protesta alguna, como el destino de todas las cosas vivientes, pero desde ese momento, por primera vez, la relación mental entre la acción individual y la muerte fue reconocida -aunque todavía en forma tenue y débil- y la con­ciencia humana dio un gran paso adelante. El instinto no pudo manejar esta situación.

 

La muerte es una grande y universal herencia; todas las formas mueren, porque esa es ley de la vida, hablando paradójicamente. Ha llegado el momento de enseñar a la raza que la muerte puede ser el fin de un ciclo y una automática respuesta a la Gran Ley de los Ciclos, que continuamente instituye lo nuevo y destruye lo viejo, o puede producirse por el abuso del cuerpo físico, por la mala aplicación de la energía y por la deliberada acción del hombre mismo. El hombre que deliberadamente peca y sicológicamente se equivoca en sus actitudes y consiguientes acciones, comete un sui­cidio, como el hombre que premeditadamente se hace volar los sesos. Pocas veces esto es comprendido, pero la verdad se irá haciendo cada vez más evidente.

 

 Un mandato bíblico nos recuerda que los pecados de los padres se extenderán a los hijos, afirmación literal acerca de las enferme­dades que la humanidad ha heredado de la raza lemuria y atlante. La sífilis y la tuberculosis han prevalecido ampliamente durante la primera mitad de la raza aria, en la cual nos hallamos, y hoy no sólo afectan a los órganos de la procreación o a los pulmones (tal como sucedió en las primeras etapas de su aparición), sino que han involucrado ahora la corriente sanguínea y en consecuencia todo el organismo humano.

 

Mucho se ha hecho durante los últimos cincuenta años para controlar la gran enfermedad atlante de la tuberculosis, por medio de una vida sencilla, alimentos sanos y abundantes y aire puro. Mucho se esta haciendo para controlar, finalmente, las enferme­dades sifilíticas, y ambas serán eventualmente extirpadas, no sólo por el tratamiento sano y los descubrimientos de las ciencias mé­dicas, sino porque la raza -a medida que se polariza más mental­mente- podrá encarar el problema desde el ángulo del sentido común, y decidirá que el pecado físico exige un castigo demasiado severo y que no vale la pena poseer lo que no se ha merecido ni se ha necesitado y en consecuencia no le pertenece.

 

Alrededor de estas ideas básicas se libró la guerra mundial (1914-1945). A la posesión ilegal de las tierras, territorios, bienes y pertenencias, denominamos agresión; pero en principio es lo mis­mo que violar, hurtar, robar. Hoy estos males no constituyen faltas y pecados individuales, sino que pueden ser características nacionales; la guerra mundial ha hecho surgir este problema a la  superficie de la conciencia humana y la antigua lucha atlante se está librando amargamente con la probabilidad de que esta vez la Gran Logia Blanca triunfe. Esto no fue así en el primer conflicto. En ese entonces la guerra finalizó por la intervención del Logos planeta­rio y esa antigua civilización descendió a las profundidades y fue sepultada por las aguas, símbolo de pureza, salubridad y univer­salidad, y por lo tanto un final apropiado para “una raza tubercu­losamente orientada”, como los Maestros la han llamado. La muerte producida por inmersión y la muerte por confusas causas físicas, las cuales no se me permite describir, han sido probadas en el esfuerzo por salvar a la humanidad.

 

Hoy se aplica la técnica de la muerte por el fuego, y promete ser exitosa. En contradicción con las grandes crisis de Lemuria y Atlántida, la humanidad ya posee una mentalidad más alerta, re­conoce las causas de las dificultades, ve con más claridad los móvi­les, y la voluntad al bien y el anhelo de cambiar las condiciones malignas del pasado es más fuerte que nunca. Lo que la conciencia pública está comenzando a manifestar hoy es algo totalmente bue­no y nuevo.

 

Las razones subjetivas dadas para justificar la aparición de estas dos enfermedades raciales tan antiguas, puede parecerle, a quien no conoce esoterismo, como posibles pero no probables, ilusorias y de naturaleza demasiado ambigua. Ello es inevitable. Estos dos grupos de enfermedades son tan antiguos en su origen, que las he denominado inherentes a la vida planetaria misma y herencia de toda la humanidad, pues en cada uno de nosotros el quebrantamiento de ciertas leyes producirá esas enfermedades. Si quisiera podría llevar al lector aún más atrás, al reino del mal cósmico, tal como prevalece en nuestro sistema solar y afecta al Logos planetario, que aún se cuenta entre “los Dioses imperfectos”. La forma externa del planeta a través del cual Él se expresa, está impregnada, hasta cierta profundidad, con las simientes y gérme­nes do ambas enfermedades; no obstante, a medida que se logre la inmunidad y se desarrollen los métodos de curación, que la medicina preventiva ocupe su debido lugar y que el hombre llegue a acrecentar el control mental y egoico de las naturalezas animal y de deseos, tales sufrimientos humanos desaparecerán y (no importa lo que las estadísticas puedan decir) están desapareciendo de esas zonas más controladas de la familia humana. A medida que la vida de Dios (expresándose como divinidad individual y universal) palpita más poderosamente a través de los reinos de la naturaleza, estos dos castigos de la pecaminosidad no serán nece­sarios y desaparecerán inevitablemente, por tres razones:

 

1.      La humanidad se está orientando frecuentemente hacia la luz, y “la luz disipa el mal”. La luz del conocimiento y el reconoci­miento de las causas producirán esas condiciones cuidadosa­mente planeadas, que harán desaparecer las enfermedades sifi­líticas y la tuberculosis.

 

2.      Los centros ubicados abajo del diafragma estarán sometidos a un proceso de purificación y elevación; será controlada la vida del centro sacro y la energía usualmente enfocada allí será utilizada en forma de vida creadora por medio del centro larín­geo; el centro plexo solar elevará su energía al corazón, enton­ces desaparecerá la tendencia humana al egoísmo.

 

3.      La curación total, alcanzada por la ciencia, pondrá fin gradual­mente a todo contagio.

 

Otra razón que pondrá fin a los deseos y a las prácticas y méto­dos de vida causantes de estas enfermedades, es aun poco cono­cida; Cristo se refirió a ella cuando habló de la época en que ningún secreto permanecería oculto, y de cuando todos los secre­tos se proclamarían desde los tejados. El desarrollo de la captación telepática y de los poderes síquicos, como la clarividencia y clariaudiencia, oportunamente tenderán a evitar que la humanidad peque privadamente. Los poderes que emplean los Maestros y los Iniciados superiores para comprobar el estado síquico y la condi­ción física de la humanidad, su cualidad y conciencia, ya comienzan a  manifestarse en la humanidad avanzada. La gente pecara, cometerá malas acciones y satisfará los deseos desordenados, pero lo sabrán sus semejantes y nada podrán hacer en secreto. Alguna persona o grupo se dará cuenta de las tendencias de la vida del hombre y hasta de los incidentes en los que satisface alguna exi­gencia de su naturaleza inferior, y esta posibilidad actuará como un poderoso freno, mucho más poderoso de lo que pueden ima­ginar. El hombre es en realidad el custodio de su hermano, y esta custodia significa conocerlo y aplicar “el ostracismo y las sancio­nes”; así se dice cuando se aplican sanciones a las naciones. Quisiera que reflexionen sobre estos des modos de encarar las malas acciones. Serán aplicados casi automáticamente por otros individuos y grupos, como algo de buen gusto, buenos sentimien­tos e intenciones, y de esta manera el crimen y la tendencia a la maldad prácticamente serán desarraigados. Se llegará a compren­der que la criminalidad se basa en alguna forma de enfermedad, en la carencia o sobrestimulación glandular, que a su vez se funda en el desarrollo o subdesarrollo de cualquiera de los centros. Una iluminada opinión pública -que conozca la constitución del hom­bre y la gran Ley de Causa y Efecto- tratará la criminalidad con procedimientos médicos, correctas condiciones ambientales y penalidades de ostracismo y sanciones. No dispongo de tiempo para extenderme sobre este tópico, pero tales sugerencias les propor­cionará tema para reflexionar.

 

 

C. Cáncer.

 

Ahora entraremos a considerar el acrecentamiento rápido de esa típica enfermedad atlante que denominamos cáncer. Hemos hablado de una enfermedad básica muy difundida, relacionada con el cuerpo físico y hemos tratado superficialmente otra que es pro­ducto de la naturaleza de deseos. El cáncer, en el  actual siglo ario, es definidamente el resultado de la actividad de la mente concreta inferior y del estímulo que puede ejercer la mente sobre el cuerpo etérico. Ésta es la principal enfermedad incidental al estímulo, en lo que concierne a las masas arias, así como las enfermedades car­díacas se deben también al estímulo, afectando grandemente a las personas evolucionadas, quienes -debido a su liderazgo e interés en los negocios- a menudo sacrifican sus vidas y sufren el castigo por la energía mal aplicada y excesivamente concentrada, desarro­llando por ello diversas formas de perturbaciones cardíacas agudas.

 

Los discípulos e iniciados están propensos también a sufrir de esta enfermedad, debido a que entra violentamente en actividad el centro cardíaco. En un caso, la energía de la vida que afluye a través del corazón se emplea más allá de toda tolerancia humana, al manejar los asuntos humanos; en otro, el centro cardíaco se abre y la tensión ejercida sobre el órgano del corazón es demasiado grande, sobreviniendo la enfermedad cardiaca. Una tercer causa se debe al prematuro o deliberado planeamiento de elevar la ener­gía del plexo solar al corazón, ejerciendo así una inesperada ten­sión sobre él.

 

Lógicamente estoy haciendo amplias generalizaciones; poste­riores evidencias demostrarán los tipos de actividad que evocarán las correspondientes dificultades en el corazón. Las enfermedades del corazón aumentarán grandemente a medida que entramos en la nueva: raza raíz, particularmente durante el intervalo en que se aceptará la realidad de los centros, su naturaleza y cualidades y, en consecuencia, serán objeto de atención entrenada. La energía sigue al pensamiento, y este enfoque mental sobre los centros pro­ducirá inevitablemente su sobrestimulación, y ello a pesar del cuidadoso desarrollo de la Ciencia de los Centros, lo cual es ine­vitable debido al nerviosismo y al desarrollo desequilibrado del hombre. Posteriormente este estimulo será regulado y  controlado, y el corazón estará sometido únicamente a una tensión general, juntamente con los otros centros.

 

El cáncer es una enfermedad muy definidamente relacionada con los centros, y hallaremos que el centro en la zona donde existe el cáncer está excesivamente activo, con el consiguiente acrecenta­miento de la afluencia de energía a través de la sustancia corpórea relacionada. La energía y el sobrestímulo de un centro no sólo puede ser el resultado de la actividad del centro y su consiguiente radiación, sino de la supresión impuesta por la mente sobre cual­quier actividad de determinado centro. Esto produce una acumula­ción de energía, y por lo tanto tenemos nuevamente la acumulación excesiva de energía, concentrada en una zona particular. Una de las principales fuentes del cáncer, relacionada con el centro sacro y por ende con los órganos sexuales, ha sido la bienintencionada inhibición de la vida sexual, y de todo pensamiento conectado con la vida sexual, por los aspirantes mal orientados; éstos son quienes hallan en la enseñanza de la Edad Media -la vida monástica y el celibato- la línea de menor resistencia. En esa época la buena gente creía que el sexo era algo maligno y pecaminoso, que no debía mencionarse y que constituía una poderosa fuente de pertur­bación. Las reacciones normales en vez de ser controladas y tras­mutadas en actividad creadora eran violentamente suprimidas y todos los pensamientos acerca de la vida sexual reprimidos. Sin embargo, la energía sigue la dirección del pensamiento, con el resultado de que este particular tipo magnético de energía atrajo a un creciente número de células y átomos y de allí el origen de los tumores, quistes y tipos de cáncer, tan prevalecientes hoy. Lo mis­mo se puede decir acerca de la violenta inhibición, por parte del aspirante, de todas las reacciones emocionales y de los sentimien­tos. En su esfuerzo por controlar el cuerpo astral recurre a un pro­ceso de directa inhibición y supresión. Esta supresión convierte al centro plexo solar en un gran depósito de energía drásticamente retenida. Cuando no se trasmutan las emociones en aspiración y amor y cuando no hay un control  dirigido, la existencia de esta reserva de vibrante poder produce el cáncer de estómago e hígado y a veces de toda la zona del abdomen. Simplemente menciono es­tas causas (excesiva actividad de un centro y retención de energía, inexpresada e inhibida) como fructíferas fuentes del cáncer.

 

Como podrán observar, cada caso nos lleva a la realidad de la existencia de los centros y sus efectos fisiológicos. Tanto énfasis se ha puesto sobre las cualidades y características que el hombre desarrollará, cuando los centros estén adecuadamente organizados y dirigidos, que se han pasado por alto los efectos de la ener­gía que reciben y distribuyen en el organismo físico. Dos factores vinculados a los centros y la corriente sanguínea justifican por lo tanto su repetición y atención:

 

1.      La corriente sanguínea es el agente del sistema glandular y a su vez un efecto de los centros; la corriente sanguínea lle­va a cada parte del cuerpo esos elementos esenciales de los que sabemos muy poco, responsables de hacer del hombre sicológicamente lo que es y, en consecuencia, controla físi­camente su equipo.

 

2.      La corriente sanguínea es también la vida, llevando a todo el organismo un aspecto de la energía acumulada por los centros que no están directamente relacionados con el siste­ma endocrino; este aspecto de la energía penetra, mediante su radiación, en la corriente sanguínea y en todas las venas, arterias y capilares dentro de la zona controlada por el centro en consideración. Esta compenetrante energía de vida, localizada y calificada, puede ser dadora de vida o provoca­dora de la muerte.

 

Todas las enfermedades -excepto las que se deben a accidentes, a heridas que se infectan y a epidemias- pueden ser atribuidas en última instancia a alguna condición de los centros, y por lo tanto a la energía incontrolada, a la energía excesivamente activa y mal dirigida, o a insuficiente y total carencia, o sino retenida en vez de ser empleada y trasmutada al correspondiente centro superior de energía. El misterio de la sangre aún queda por develarse, pero recibirá acrecentada atención a medida que transcurre el tiempo. La anemia tan prevaleciente hoy, se debe también al exceso de energías.

 

Sólo puedo dar indicaciones generales, establecer causas y dejar al investigador inteligente la tarea de estudiar los efectos después de aceptar como posibles hipótesis las sugerencias que he hecho. Un cuidadoso estudio de las glándulas de secreción interna (y más tarde toda la estructura glandular del cuerpo) y de la corriente sanguínea, establecerá que son la principal fuente de los trastornos físicos; inevitablemente, aunque en forma lenta y paciente, los investigadores se verán obligados a retornar a los centros y llega­rán a incluir en sus cálculos un sistema nervioso subjetivo (el sis­tema subjetivo de los nadis, que subyace en los nervios de todo el cuerpo) y demostrarán que esos factores son responsables de las principales enfermedades y de muchas subsidiarias y desconocidas dolencias que son el flagelo de la humanidad No obstante, el in­vestigador de mente abierta que comienza por aceptar la realidad de los centros, considerando que posiblemente existan y eventual­mente podrán ser demostrados, progresará más rápidamente; las enfermedades serán entonces controladas por el sistema de laya yoga (la ciencia de los centros) que será la forma sublimada del laya yoga de los días atlantes. El estudiante avanzado controlará los centros por el poder del pensamiento. En la yoga del futuro, por medio de la meditación y el alineamiento y las prácticas correctas, los centros serán controlados directamente por el alma -algo muy diferente del control de los centros por la mente y para lo cual la humanidad no está aún preparada. A esto será agregada la  Ciencia de la Respiración, no los ejercicios de respiración como ahora se enseñan, con sus frecuentes y peligrosos resultados, sino un ritmo respiratorio impuesto por la mente, mediante el cual puede actuar el alma, y sólo requerirá un simple ritmo respiratorio físico que reorganizará los cuerpos más sutiles y llevará a los centros a una ordenada actividad, de acuerdo al rayo y grado de evolución.

 

No consideraré la patología de estas enfermedades. Ya ha sido considerada y tratada extensamente por la medicina común. En esta parte de mi exposición trato de poner el énfasis en las causas subjetivas y en los efectos objetivos, pues ambos deben relacio­narse. La actividad -excesiva o insuficiente- de los centros es la causa subjetiva, pero aún no ha sido reconocida, excepto por los esotéricos. Las causas aparentes (que en si son resultados de una verdadera causa subjetiva) las origina el hombre físico, ya sea en esta vida o en una anterior, punto que dilucidaré más adelante.

 

En lo antedicho he dado mucho para reflexionar, y a medida que cavilan y piensan, estudian los casos y tipos, y también obser­van las características y cualidades de las personas conocidas, las cuales se manifestarán en alguna forma de eventual enfermedad, entonces vendrá la luz.

 

La necesidad de indicar, sin pasarlas por alto, las fuentes prin­cipales de las enfermedades, aunque el tema es demasiado esoté­rico para que lo capte la inteligencia común, me ha inducido a incluir el segundo punto:

 

 

2. ENFERMEDADES QUE SURGEN DE LAS CONFUSAS CONDICIONES PLANETARIAS

 

Evidentemente me es imposible extenderme sobre este tema, porque no puedo dar ni siquiera una leve indicación que pudiera ser susceptible hoy de verificación. Deberán confiar en lo que diré, lo cual depende de lo que creo es reconocido como mi probada veracidad e  integridad. Podría y puedo decir muy poco, sólo lo necesario como para indicar una causa fructífera de las enferme­dades, y tan antigua que es inherente a la vida del planeta mismo. Dichas enfermedades no tienen origen subjetivo o sutil, tampoco son resultado de condiciones emocionales ni de procesos mentales indeseables. No son de naturaleza sicológica y por lo tanto no pue­den atribuirse a ninguna actividad de los centros. Originan de den­tro de la vida planetaria misma y de su aspecto vida, ejerciendo un efecto emanante, directamente sobre los átomos individuales, de los cuales está compuesto el cuerpo físico denso. Es importante recordar este punto. La fuente de cualquier enfermedad de esta naturaleza, inducida por el planeta mismo, se debe principalmente a un impacto externo de ciertas emanaciones vibratorias que, engendradas en lo más profundo del planeta, provienen de su super­ficie y hacen impacto sobre el cuerpo físico denso. Estas radiaciones actúan sobre las unidades de energía, que en su totalidad consti­tuyen la sustancia atómica del cuerpo; ellas no tienen conexión alguna con la corriente sanguínea ni con el sistema nervioso, siendo en consecuencia imposibles de detectar o aislar, porque el hom­bre hoy se halla tan altamente organizado e integrado, que estos impactos externos evocan inmediatamente respuesta del sistema nervioso; los médicos modernos son incapaces de diferenciar entre las enfermedades que surgen del mecanismo interno -tangible o intangible- del propio paciente y las de naturaleza irritante que provienen de lo externo, produciendo efectos inmediatos en el sensible organismo del cuerpo humano. No me refiero aquí a las enfermedades infecciosas o a las contagiosas.

 

Quizás sea de ayuda si señalo que este confuso efecto planetario (oscuro para nosotros, en esta época) sobre el cuerpo físico, es la causa principal de la muerte en lo que respecta a la naturaleza forma estrictamente animal, o las formas de vida que se hallan en los reinos animal y vegetal, y en grado menor y más lento en el reino mineral. La muerte, en lo que concierne al ser humano, se debe a la intención y al retiro planeado del alma, presionada por su propia intención formulada. En cierta medida esto es verdad para todo aquel que muere, excepto para quienes poseen una inte­ligencia de grado tan inferior que el alma prácticamente no es más que un agente influyente. Para todos los que mueren, evoluciona­dos o no, las posteriores etapas de la disolución comienzan después del retiro consciente del alma (consciente por parte del alma, y llegando a ser cada vez más consciente la persona agonizante), llevado a cabo por la vida planetaria misma, que posee el poder de conferir la muerte.

 

En el caso de los reinos subhumanos de la naturaleza, la muerte es el resultado directo de esta confusa actividad del planeta. La única idea que puedo dar de su funcionamiento, es que el alma de todas las formas de vida no-humanas es un aspecto inherente a la sustancia, de la cual está construido el planeta; esta alma pue­de ser abstraída de acuerdo a los ciclos, indeterminados aún por la ciencia pero fijos y seguros en su actuación, independiente­mente de los grandes accidentes planetarios o la acción directa del cuarto reino de la naturaleza. Este innato poder planetario produce la muerte de un animal y -abarcando toda la evolución- la extinción de una especie; conduce también, con el tiempo, a la muerte de las formas del reino vegetal, siendo una de las causas que ordena el ciclo otoñal del año, produciendo las “marchitas hojas amarillas”, la desaparición del verdor de la hierba y esas cíclicas manifestaciones que no sólo indican muerte, en escala temporaria  y pasajera, sino la total cesación de la vitalidad dentro de una forma. “Épocas de perecimiento” son manifestaciones cíclicas del “aspecto destructor” dentro del planeta mismo. Esto lógicamente son temas difíciles de captar.

 

 Tal actividad radíatoria de la vida planetaria, cíclica por natu­raleza y eternamente presente, está estrechamente relacionada con la influencia de primer rayo. Es ese aspecto del Rayo de Voluntad o Poder que produce la disolución de la forma y la corrupción y disipación del vehículo corpóreo hasta ser de nuevo totalmente reabsorbido en la sustancia del planeta. Un concentrado empleo de la imaginación ayudará a descubrir cuán vitalmente constructi­vo puede ser este agente de la divinidad. La muerte ha estado pre­sente en nuestro planeta desde la noche misma de los tiempos; las formas han venido y desaparecido; plantas, árboles, animales y las formas de los seres humanos han muerto durante incontables eones y sin embargo nuestro planeta no es un osario, como muy bien podría serlo a la luz de estos hechos; pero no obstante sigue siendo motivo de belleza, que no ha sido envilecida ni siquiera por el hombre. El proceso de morir y de disolución y disipación de las formas continúa en todo momento sin producir contaminación contagiosa ni desfigurar la superficie de la tierra. Los resultados de la disolución son de efectos benéficos. Reflexionen sobre esta actividad benefactora y la belleza del plan divino de muerte y desaparición.

 

En lo que respecta al hombre, la muerte adopta dos aspectos de la actividad; el alma humana difiere del alma de las formas no humanas, en que ella constituye una plena y efectiva expresión -en su propio plano- de los tres aspectos divinos; determina, den­tro de ciertos límites -basados en el factor tiempo y necesidad espacial-, la entrada y salida de la forma humana. Una vez ha salido el alma y ha retirado del cerebro el hilo de la conciencia, y del corazón el hilo de la vida, aún persisten ciertos procesos vi­tales; están ahora bajo la influencia de la vida planetaria, y el elemental físico (la suma total de los átomos vivientes de la naturaleza corpórea) responde a ello. Quisiera que observaran la esoté­rica paradoja de que la muerte es el resultado de los procesos de la vida. La muerte, o la energía productora de la muerte que emana  del planeta, lleva a cabo la total desintegración del organismo corpóreo, reduciéndolo a sus elementos esenciales, químicos y minerales, además de ciertas sustancias inorgánicas susceptibles de ser absorbidas dentro del suelo del planeta mismo. La muerte, como resultado de la actividad del alma, retira por lo tanto del cuerpo físico, “el cuerpo de luz y los cuerpos sutiles”, dejando la forma densa y sus partes componentes a los procesos benignos del  control planetario. Esta dual actividad produce la muerte, tal como la conocemos desde el ángulo humano.

 

Es necesario aquí puntualizar que esta capacidad del Logos planetario para extraer la esencia de la vida innata en cada átomo, produce lo que podría llamarse deterioración de la estructura de la forma, en cualquier punto desde donde es emitida esta esencia de la vida. Esto trae condiciones que eventualmente se hacen visi­bles; así la enfermedad y la “tendencia a morir” llegan a ser re­conocibles. Por lo tanto, el marchitamiento de una flor, la muerte por vejez de un animal o un árbol, y las numerosas enfermedades del ser humano, son el resultado de la atracción de la poderosa vida del planeta, hablando esotéricamente; esto es un aspecto de lo que erróneamente se denomina la Ley de Gravedad. Esta ley -hablando también esotéricamente- es un aspecto de la Ley de Retorno, que rige la relación de una unidad de vida en la forma con su fuente de emanación. “Polvo eres y al polvo volverás”, es una afirmación de la ley oculta. En la curiosa evolución de las palabras -como todo buen diccionario lo demostrará- la palabra polvo deriva de pulvis, parte menuda y desecha de la tierra, por­ción de cualquier cosa menuda o reducida a polvo, partículas de sólidos que flotan en el aire, El significado será aparente, siendo notable la secuencia de ideas. Al retirarse el aire o aliento, se pro­duce la desintegración y esto es veraz y significativo. A medida que la vida mayor absorbe a la menor, tiene lugar la desaparición de aquello que la vida ha animado; esto es igual para todas las formas del  reino subhumano, a medida que responden al tirón o a la atracción de la vida planetaria; también atañe a la forma huma­na cuando reacciona al requerimiento del alma, para devolver su principio de vida al alma, vía el sutratma, y retornar como con­ciencia a su fuente registradora.

 

En este proceso e interacción, la forma manifiesta los resulta­dos obtenidos por haber sido la receptora de la oleada de vida pro­veniente del planeta, o la liberadora de esa vida que, de acuerdo a la ley cíclica, vuelve al depósito general de energía viviente. De estas dos reacciones dependen la salud o la enfermedad de la forma, en las distintas etapas y estados de respuesta y bajo la acción de otros factores contribuyentes y condicionantes. Existen tres eta­pas principales en el ciclo de vida de las formas subhumanas, y también en la forma humana cuando el alma es simplemente una fuerza influyente y no una energía integrada:

 

1.      La etapa de afluencia, de vitalización y crecimiento.

 

2.      La etapa de resistencia, en que la forma preserva su propia integridad durante un ciclo temporario determinado por su especie y medio ambiente, resistiendo exitosamente toda “atracción” de la vida omnicircundante y cualquier reabsorción de su vitalidad.

 

3.      La etapa de emisión, donde la atracción de la vida mayor del planeta extrae y absorbe la debilitada vida menor. Este proce­so de debilitamiento forma parte de una ley cíclica, como lo insinúa el antiguo adagio: “Los días de vida de un hombre con­sisten en tres veintenas y una década”. Cuando se atraviesa normalmente un período cíclico general, se producirá, en forma inevitable y gradual, un punto de debilitamiento en los tejidos corporales. Generalmente, la enfermedad o la deterioración de alguna parte de la forma aparece oportunamente, y sobreviene la muerte. La extensión de los ciclos y sus causas determinantes son un profundo misterio y están específicamente relacionados con los diversos reinos de la naturaleza, con las especies, tipos y formas, dentro de ese  conglomerado de procesos vivientes. Ta­les ciclos sólo son conocidos hasta ahora por los Maestros y por esos iniciados’ a quienes se les ha confiado la tarea de promover los procesos evolutivos dentro de los reinos subhumanos, y tam­bién por los devas cuya tarea consiste en controlar el proceso.

 

Como bien saben, la gran diferencia que existe entre el reino hu­mano en los tres mundos y los otros reinos de la naturaleza, es el libre albedrío. En la cuestión muerte, el libre albedrío tiene, en último análisis, una definida relación con el alma; la voluntad del alma se cumple consciente o inconscientemente, en lo que a su decisión de la muerte concierne, y esta idea contiene en sí muchas implicaciones sobre las cuales los estudiantes harían muy bien en reflexionar.

 

Hemos llegado ahora a otra importante generalización respecto a la enfermedad y la muerte, en relación con la humanidad:

 

LEY VIII

 

Enfermedad y muerte son el resultado de dos fuerzas activas. Una es la voluntad del alma que dice a su instrumento: “Yo retiro la esencia”. La otra es el poder magnético de la Vida planetaria que dice a la vida dentro de la estructura atómica: La hora de la reabsorción ha llegado. Retorna a mí. Así actúan todas las formas, de acuerdo a la ley cíclica.

 

Aquí se refiere a la disolución normal de la forma, al finalizar un ciclo de reencarnación. Como bien sabemos, en el caso del hombre, este ciclo está determinado por factores sicológicos importantes que pueden acelerar o prolongar la “hora final’, pero sólo hasta cierto punto. El dictamen del alma y el “fíat” de la Vida planetaria son los factores determinantes y finales, excepto en los casos de guerra, accidente, suicidio o epidemias.

 

 El poder de absorción con que está dotado el planeta es, dentro de ciertas limitaciones, enorme; estas limitaciones,  por ejemplo, promueven epidemias como corolario de la guerra. Tales epidemias tienen un grave efecto sobre la raza humana, después que ha ter­minado el ciclo de guerra y que la consiguiente epidemia desapare­ce. La humanidad, particularmente en Europa oriental, no se había recuperado completamente de las epidemias, incidentales a la pri­mera parte de la guerra mundial, cuando estalló la segunda fase. Los efectos sicológicos aún continúan; las cicatrices y los resulta­dos de la segunda fase de esa guerra mundial persistirán durante cincuenta años, aunque -debido al mayor conocimiento científico del hombre- el factor epidémico puede ser mantenido dentro de ciertos límites, en forma sorprendente. Esto, sin embargo, aún es incierto. Sólo el tiempo demostrará cuán exitosamente la humani­dad neutralizará las penalidades que puede imponer una natura­leza ultrajada.

 

Muchos beneficios serán logrados debido a la creciente costum­bre de cremar esas formas que la vida interna ha abandonado; cuando llegue a ser una costumbre universal, veremos una definida disminución de la enfermedad, lo que conducirá a la longevidad y acrecentada vitalidad. El factor resistencia, o el proceso mediante el cual una forma se inmuniza o no responde a la atracción y anhe­los planetarios hacia la reabsorción, requiere el expendio de mucha energía. Cuando la vida aumente su potencia dentro de la forma y haya menor reacción a los factores que trasmiten enfermedades, el alma dentro de la forma regirá más plenamente, se expresará con mayor belleza y prestará un servicio más valioso. Esto será verdad algún día en todos los reinos de la naturaleza, y así tendre­mos una constante radiación, surgiendo de la creciente gloria de la Vida de Dios.

 

 

3. ENFERMEDADES RACIALES Y NACIONALES

 

Hasta aquí será evidente que me ocupo principalmente de señalar factores que son el resultado de la historia pasada de la raza, más bien que de dar una explicación específica y detallada de las enfermedades afines a las distintas naciones. En realidad, no sería posible debido a la superposición y paralelismo que ocurre en cada sector de la vida natural. Ante todo trato de aclarar lo que se debe hacer, respecto a las curaciones preventivas, y realizar en la difí­cil tarea de neutralizar las condiciones prevalecientes en la tierra, como resultado del mal uso de los poderes naturales, en el pasado. Por lo tanto deberán sanearse esas condiciones presentes en nues­tro planeta en gran escala, y en consecuencia no pondré el énfasis sobre lo específico ni lo individual. Estoy también sentando las  bases para dilucidar nuestro próximo tema, la relación de la Ley del Karma con la enfermedad y la muerte y con toda la humanidad.

 

Cuando considere las enfermedades raciales y nacionales no intentaré señalar que la tuberculosis es en todos los países, exclu­sivamente una enfermedad de la clase media; que la diabetes es la que más prevalece entre los pueblos del mundo que consumen arroz, y que el cáncer prevalece en Gran Bretaña, mientras que las enfermedades del corazón son la causa principal de la mor­tandad en Estados Unidos. Tales generalizaciones son al mismo tiempo verdaderas y falsas, como lo son comúnmente las estadís­ticas, y nada se gana elaborando estos puntos. Todas estas dificul­tades serán contrarrestadas a su debido tiempo por una mayor comprensión, por el diagnóstico intuitivo de la enfermedad y por el magnífico trabajo de la medicina científica y académica, además de una verdadera comprensión de las correctas condiciones de vida.

 

Prefiero más bien hacer generalizaciones amplias que indicarán las causas, y no acentuaré las consecuencias de tales causas. Por lo tanto, trato de puntualizar que

 

1.      El suelo del planeta es la causa principal de las enfermedades y contaminaciones. Durante incontables eones, los cuerpos de los hombres y de los animales han sido enterrados; el suelo, en consecuencia, está impregnado de los gérmenes y  los resultados de las enfermedades, en una forma mucho más sutil de lo que se cree. En los distintos estratos del suelo y del subsuelo existen los gérmenes de las enfermedades antiguas, conocidas y desco­nocidas, que pueden todavía producir dificultades virulentas si se presentan condiciones adecuadas. Quiero dejar establecido que la Naturaleza nunca ha dispuesto que los cuerpos deben ser enterrados. Les animales mueren y sus cuerpos retornan al polvo, pero lo hacen purificados por los rayos del sol y las brisas que soplan y dispersan. El sol puede causar la muerte lo mismo que la vida, y los gérmenes y bacterias más virulentos no pue­den retener su potencia si se los somete al calor seco de los rayos solares. La humedad y la oscuridad fomentan las enfer­medades cuando emanan y se nutren de esos cuerpos a los cuales se les ha extraído el aspecto vida. Cuando, en todos los países del mundo, a las formas muertas se las someta por ley, al “rito del fuego”, y cuando esto se haya convertido en un hábito uni­versal y persistente, entonces veremos disminuir grandemente las enfermedades y tendremos un mundo mucho más saludable.

 

2.      La condición sicológica de una raza u nación, produce como hemos visto, una tendencia a la enfermedad y una disminución de la resistencia a las causas de la enfermedad; puede engendrar la capacidad de absorber fácilmente contaminaciones ma­lignas. No es necesario que me extienda más sobre esto.

 

3.      Las condiciones de vida en muchos países también fomentan la enfermedad y la mala salud. Viviendas oscuras y hacinadas, casas subterráneas, desnutrición, alimentos inadecuados, malos hábitos de vida y diversas enfermedades profesionales, todas contribuyen con su cuota a la mala salud general de la huma­nidad. Estas condiciones son universalmente reconocidas, y mu­cho se ha hecho para neutralizarlas, pero aún mucho queda por hacer. Uno de los buenos efectos, resultado de la guerra mundial, consistirá en obligar a que se lleven a cabo los cambios necesarios, la reconstrucción requerida y la nutrición científica de la juventud de la raza. Los males físicos nacionales varían de acuerdo con las ocupaciones predisponentes de los pueblos; las enfermedades de una raza de agricultores podrán diferir ampliamente de las de una raza altamente industrializada; las predisposiciones físicas de un marinero varían grandemente de las de un empleado de nuestras grandes ciudades. Estos datos informativos son conocidos por el trabajador social de muchas ciudades y países. Ciertas enfermedades parecen ser estrictamente locales y otras universales en sus efectos; algunas enfermedades van desapareciendo gradualmente y aparecen otras nuevas; otros tipos de enfermedad están eternamente entre nos­otros, y aun otros aparecen cíclicamente; algunas son endémi­cas mientras que otras epidémicas.

 

¿Cómo ha podido surgir este vasto despliegue de enfermedades y tipos de dolencias corpóreas? ¿Cómo es que algunas razas están predispuestas a sucumbir a un tipo de mal físico mientras que otras son inmunes a él? Condiciones climáticas producen ciertas enfer­medades típicas que permanecen estrictamente locales y no existen en ninguna otra parte del mundo. Cáncer, tuberculosis, sífilis, me­ningitis vertebral, neumonía y enfermedades del corazón, como también la escrófula (empleando este término en su antigua acep­ción, que indica ciertos tipos de enfermedades de la piel), prevale­cen en todo el mundo, exigiendo el tributo de millones de seres, y aunque dichas enfermedades pueden atribuirse a ciertos grandes períodos raciales, tienen ahora un efecto general. Puede hallarse la clave de esto si el estudiante recuerda que a pesar de que el perío­do racial atlante ha quedado atrás miles de años, un a gran mayoría es hoy básicamente atlante en su conciencia, y por lo tanto está predispuesta a las enfermedades de esa civilización.

 

Si fuera presentada al público reflexivo una estadística de la salud del mundo -hecha en condiciones normales y no en tiempo de guerra- surgiría la pregunta, ¿existen cien mil personas con perfecta salud  entre los miles de millones que ahora habitan en la tierra? Creo que no. Aunque no exista una enfermedad efectiva y activa, a pesar de ello las condiciones de los dientes, del oído y de la vista frecuentemente dejan mucho que desear; tendencias here­dadas y predisposiciones activas causan seria preocupación, y a todo esto deben agregarse dificultades sicológicas, enfermedades mentales y perturbaciones cerebrales específicas. Todo ello pre­senta un cuadro aterrador. La medicina lucha hoy contra los males que va descubriendo; los científicos buscan paliativos y curas y también sólidos y duraderos métodos de extirpación; los estudian­tes investigadores indagan sobre los gérmenes latentes, y los ex­pertos en salubridad buscan nuevos sistemas para enfrentar los ataques de las enfermedades. Sanidad, inoculación obligatoria, frecuentes inspecciones, leyes contra la adulteración de los alimentos, exigencias legales y mejores viviendas, todo ello es aplicado, en esta lucha, por los humanistas de amplia visión. Pero todavía pre­valecen las enfermedades, son necesarios más hospitales y aumenta la mortalidad.

 

Ciencia Mental, Nuevo Pensamiento, Unity y Christian Science ofrecen su ayuda a estos agentes prácticos y tratan honestamente de que el poder de la mente influya sobre el problema. En la actual etapa estos agentes y grupos están en gran parte en manos de fa­náticos y personas ignorantes y devotas; rechazan todo compromiso y parecen ser incapaces de reconocer que el conocimiento acumu­lado por la medicina y por quienes trabajan científicamente con el cuerpo humano, es tanto un don de Dios como lo es su ideal, aún no comprobado. Más adelante, las verdades que estos grupos sos­tienen serán agregadas al trabajo de los sicólogos y los médicos; cuando esto sea realizado tendremos un gran mejoramiento. Cuan­do el trabajo del médico y del cirujano, en relación con el cuerpo físico, sea reconocido como esencial y bueno, cuando los análisis y las conclusiones de los sicólogos complementen su trabajo y cuan­do el poder del recto pensar se emplee también como  ayuda, sólo entonces entraremos en una nueva era de bienestar.

 

A las diversas categorías de dificultades debe también agre­garse todo un grupo de enfermedades que son más estrictamente mentales en su efecto: desdoblamiento, demencia, obsesiones, lap­sus mentales, aberraciones y alucinaciones. A los variados agentes curadores mencionados anteriormente debería agregarse el trabajo emprendido por los Miembros de la Jerarquía espiritual y Sus discípulos; es necesario el poder y el conocimiento del alma más la sabiduría de los otros grupos de curación para lograr la salud de los pueblos; desocupar nuestros sanatorios y desembarazar a la humanidad de sus enfermedades básicas, de la insania y la obse­sión, y para prevenir la delincuencia. En definitiva esto se llevará a cabo por la correcta integración del hombre mediante la correcta comprensión de la naturaleza de la energía y el correcto cono­cimiento del sistema endocrino, sus glándulas y relaciones más sutiles.

 

En la actualidad muy poco trabajo coherente e Integrado reali­zan al unísono los cuatro grupos siguientes:

 

1.      Clínicos y cirujanos -ortodoxos y académicos.

2.      Sicólogos, neurólogos y siquiatras.

3.      Curadores mentales y los trabajadores del Nuevo Pensamien­to, más los pensadores de Unity y de Christian Science.

4.      Discípulos entrenados y quienes trabajan con las almas de los hombres.

 

Cuando estos cuatro grupos puedan ser llevados a una estrecha relación y trabajen juntos para liberar a la humanidad de las en­fermedades, entonces llegaremos a comprender la verdadera mara­villa del ser humano. Algún día tendremos hospitales en los cuales los cuatro aspectos de este trabajo médico y medicamentoso actua­rán paralelamente, en la más plena colaboración. Ningún grupo puede realizar una tarea completa sin los demás; todos son interdependientes.

 

 La incapacidad de tales grupos en reconocer el bien en los de­más grupos que se esfuerzan por lograr el bienestar físico de la humanidad, casi me imposibilita dar una enseñanza más específica y hablar más directamente sobre estas cuestiones. ¿Poseen ustedes una remota idea de la barrera de pensamientos y palabras antagó­nicas contra la cual tiene que chocar una idea nueva o precursora? ¿Han considerado alguna vez seriamente el conglomerado de cris­talizadas formas mentales que deben enfrentar todas las ideas nuevas y podría llamarlas proposiciones jerárquicas? ¿Han calcu­lado el peso de las preconcebidas y antiguas determinaciones que deben ser removidas antes de que la Jerarquía pueda hacer pe­netrar un nuevo y necesario concepto en la conciencia del público reflexivo, o debería decir irreflexivo? Es muy difícil trabajar en el campo de la medicina, pues el tema es muy íntimo y el temor se Introduce fuertemente en las reacciones de aquellos a quienes debe llegar. El abismo entre lo viejo y establecido y lo nuevo y espiri­tualmente exigido, necesita una prolongada y cuidadosa unifica­ción. Gran parte de la dificultad es, en forma curiosa, fomentada por las nuevas escuelas de pensamiento. La medicina ortodoxa es lenta, y debidamente lenta, en adoptar nuevas técnicas y métodos; a veces es demasiado lenta, pero cuando se trata de nuevos sistemas de tratamiento o diagnóstico, deben ser correctamente demostrados y estadísticamente comprobados antes de que puedan ser incorporados a los programas y métodos médicos: los riesgos para el ser humano son muy grandes y el buen médico humanitario no  convertirá a su paciente en el objeto de experimentación. Sin em­bargo, en las últimas pocas décadas, la medicina ha avanzado a pasos agigantados; la ciencia de la electricidad y la terapéutica, mediante la aplicación de la luz y muchas otras técnicas y métodos modernos, han sido agregadas a otras varias ciencias de las que se vale la medicina. Las exigencias de lo intangible y el tratamiento de lo nebuloso -si tales términos peculiares son apropiados- han sido acrecentadamente reconocidos y se sabe que desempeñan una parte ortodoxa y conocida en los nuevos acercamientos a la enfermedad.

 

El acercamiento de las escuelas y cultos mentales, tal como erróneamente se los denomina, no han sido de mucha ayuda. Esto en gran parte es culpa de ellos. Las escuelas de pensamiento como Ciencia Mental, Nuevo Pensamiento, Unity, Christian Science, acti­vidades quiroprácticas, los esfuerzos de los naturópatas y muchos otros, perjudican su causa, debido a las desmedidas proclamas y a sus incesantes ataques a la medicina ortodoxa y a otros canales de comprobada utilidad y también al conocimiento adquirido, durante siglos de experimentación, por las escuelas académicas de medicina y cirugía. Olvidan que la mayoría de sus pretendidos éxitos (fre­cuentemente irrefutables) pueden ser clasificados bajo la denomi­nación general de curaciones por la fe, lo cual puede ser efectuado correcta o incorrectamente. Tales curaciones han sido reconocidas durante mucho tiempo por los pensadores académicos y se sabe que son reales. Estos cultos, que en realidad son custodios de las verdades necesarias, ante todo deben cambiar su acercamiento y aprender la naturaleza espiritual de las concesiones, en estos días de desarrollo evolutivo. Sus ideas no pueden tener una plena y deseada utilidad, fuera del conocimiento que Dios ya ha otorgado y la medicina ha acumulado en el transcurso de las épocas, y tam­bién mantener un registro de sus numerosos fracasos y de los éxi­tos que tan ruidosamente proclaman. Quisiera puntualizar aquí que estos éxitos no son de ningún modo tan numerosos como los de la medicina ortodoxa ni el trabajo benéfico realizado en las clínicas de nuestros hospitales, que -a pesar de los fracasos y a menudo burda estupidez- alivian grandemente los dolores y males de las masas humanas. Estos cultos no dicen ni siquiera reconocen, que en los casos de enfermedad grave o accidente, el paciente está físicamente incapacitado de afirmar o reclamar la curación divina, y depende del trabajo de algún curador que actúa sin conocer  el karma del paciente. La mayoría de las denominadas curaciones (y tal es el caso de la medicina ortodoxa) se debe a que no ha llegado el momento final para el paciente, que de todas maneras se hubiera recuperado (aunque lo hace frecuentemente) con rapidez, debido a las medidas medicamentosas del médico entrenado.

 

 En los casos de graves accidentes, donde las personas acciden­tadas sangran, el que pertenece a un culto (no importa cual sea) forzosamente aprovechará los métodos de los médicos ortodoxos; aplicará, por ejemplo, un torniquete y adoptará las medidas que la medicina ortodoxa prescribe, en vez de permanecer inactivo y dejar morir a la persona accidentada, por no utilizar esos métodos. Cuando enfrenta la muerte, frecuentemente empleará los probados y comprobados métodos de ayuda y comúnmente acudirá a un mé­dico antes de ser culpado de asesinato.

 

Todo lo que he dicho no ha sido con el espíritu de menosprecio, sino en un esfuerzo por probar que las numerosas escuelas de pen­samiento -ortodoxa, académica, antigua, material o espiritual, nueva, precursora o mental- son interdependientes y necesitan unirse en una gran ciencia de curación. Esta ciencia curará al hom­bre y pondrá en juego todos los recursos -físico, emocional, men­tal y espiritual- de que la humanidad es capaz. La medicina orto­doxa está más dispuesta a colaborar con los nuevos cultos, que los neófitos de la ciencia del control mental de la enfermedad; ellos no pueden, sin embargo, permitir que sus pacientes se conviertan en cobayos (¿no es éste el término que se emplea en estos casos?) para satisfacción de los cultores precursores y para probar su teo­ría -no importa cuán correcta sea, cuando es aplicada conjuntamente con lo que ya ha sido comprobado. El camino medio de las concesiones y de la mutua colaboración es siempre el más inteli­gente, y constituye una lección muy necesaria en todos los sectores del pensar humano.

 

 Ahora entraremos a tratar la tercera y parte final de los con­ceptos acerca de las causas básicas de la enfermedad. El tema del karma ha sido escasamente considerado y lo trataré extensamente, quizás más de lo que este particular tema merece.

 

CAPITULO TERCERO

 

Nuestras Deudas kármicas

 

INTRODUCCIÓN

 

 HEMOS LLEGADO a la parte final de nuestro acercamiento al problema de la enfermedad. En la parte siguiente trataré la actitud y temperamento del paciente, teniendo en consideración su rayo y también el estado mental del curador; todos estos puntos son de primordial importancia cuando se considera el sutil arte de la curación. Sin embargo, es esencial que la mala salud, las enfermedades graves y la muerte misma, ocupen su lugar en el panora­ma total. Una determinada encarnación no es un acontecimiento aislado en la vida del alma, sino parte y aspecto de una secuencia de experiencias destinadas a conducir a una meta clara y definida, meta elegida libremente, retorno deliberado de la materia al es­píritu y eventual liberación.

 

Se habla mucho entre los esoteristas (particularmente en la presentación oriental del Sendero hacia la Realidad) acerca de la liberación. La meta que se le presenta al neófito es la liberación, libertad, emancipación; esto, en definitiva, es la nota clave de la vida misma. El concepto que prevalece es la transición del reino de lo puramente egoísta y de liberación personal a algo más amplio e importante. Este concepto de liberación subyace en el amplio y moderno empleo de la palabra “libertad”, pero tiene un significado más sabio, apropiado y profundo. La libertad, en la mayoría de las mentes, consiste en liberarse de las reglas impuestas por cualquier  hombre, en tener libertad para hacer lo que uno desea, pensar co­mo uno determina y vivir como uno prefiere. Esto es como debería ser, siempre y cuando los propios deseos, preferencias, pensamien­tos y anhelos estuvieran libres del egoísmo y dedicados al bien de la totalidad, lo cual sucede muy raras veces.

 

La liberación es mucho más que todo esto; consiste en liberarse del pasado, tener libertad para progresar en ciertas y predetermi­nadas líneas (predeterminadas por el alma) y también para ex­presar toda la divinidad de que uno es capaz como individuo, o una nación puede manifestar al mundo.

 

 Durante la historia de los últimos dos mil años se han producido cuatro grandes acontecimientos simbólicos, los cuales secuencial­mente han presentado (a quienes tienen ojos para ver, oídos para oír y mente para interpretar) el tema de la liberación, no sim­plemente el de la libertad.

 

1.      La vida del Cristo. Él, por primera vez, presentó la idea del sacrificio del ente, consciente y deliberadamente ofrecido pa­ra servir a la totalidad. Han habido otros Salvadores del Mun­do, pero las cuestiones involucradas no fueron expresadas con tanta claridad, porque la mente del hombre no estaba preparada para captar las implicaciones. Servicio es la nota clave de la li­beración. Cristo fue el Servidor ideal.

 

2.      La firma de la Carta Magna. Este documento fue firmado en Runnymede, durante el reinado del Rey Juan, el 15 de junio de 1215. d.C. En él fue presentada la idea de la liberación de la autoridad, poniendo el énfasis sobre la libertad personal y los derechos del individuo. El crecimiento y desarrollo de esta idea básica, el concepto mental y la percepción formulada, pueden clasificarse en cuatro fases o capítulos:

 

a.       La firma de la Carta Magna, acentuando la libertad per­sonal.

 

b.      La fundación de la República Francesa con su énfasis sobre la libertad humana.

 

c.       La Declaración de la Independencia y la Carta de Derechos, que determinó la política nacional de Norte América.

 

d.      La Carta del Atlántico y de las Cuatro Libertades, llevando toda la cuestión dentro del campo internacional y garanti­zando a los hombres y mujeres de todo el mundo la libertad y liberación para desarrollar la divina realidad en sí mismos.

 

El ideal se ha esclarecido gradualmente en tal forma, que hoy las masas de hombres de todas partes, conocen las cosas básicas esenciales para la felicidad.

 

3.      La emancipación de los esclavos. La idea espiritual de la li­bertad humana, que llegó a ser un ideal reconocido, se convir­tió en un imperativo deseo, teniendo lugar un gran aconteci­miento simbólico -los esclavos fueron libertados-, que al igual que todas las cosas que hace el ser humano, es imperfecta. El negro no es libre en esta tierra de los libres, y Norteamérica tendrá que limpiar su casa a este respecto; poniendo esto en concisas y claras palabras, los Estados Unidos de Norteamérica deben procurar que la Constitución y la Carta de Derechos sean una realidad y no un sueño. Únicamente así puede ser neutra­lizada inevitablemente la actuación de la Ley de Karma (nues­tro tema de hoy). El negro es tan norteamericano como lo es el ciudadano de Nueva Inglaterra y toda otra estirpe no oriunda de ese país, correspondiéndole los derechos que otorga la cons­titución de dicho país. Hasta ahora los privilegios que ella con­fiere están restringidos por los esclavos del egoísmo y el temor.

 

4.      La liberación de la humanidad por las naciones unidas. Par­ticipamos de un gran hecho espectacular y simbólico y observa­mos su proceso. La liberación del individuo ha progresado a través de la liberación simbólica de un sector de la humanidad (los remanentes de las dos primeras razas, lemuria y atlante) y la liberación de millones de seres humanos, esclavizados por las fuerzas del mal, por millones de sus semejantes. El ideal ha llegado a ser un esfuerzo mundial práctico en el plano físico y ha demandado también un sacrificio mundial. Ha involucrado la totalidad de los tres mundos de la evolución humana, y por esta razón Cristo puede ahora conducir Sus huestes y ayudar a los seres humanos a liberar al género humano.

 

¿Qué ha sucedido realmente en la vida de los individuos, en la vida de las naciones y en la vida de la humanidad? Un grandioso movi­miento ha tenido lugar para corregir un mal muy antiguo y para contrarrestar conscientemente la Ley de Causa y Efecto mediante el reconocimiento de las causas en los mundos personal, nacional e internacional, las cuales produjeron los efectos que sufre hoy la humanidad.

 

La Ley del Karma es actualmente un grande e incontrovertible hecho en la conciencia de la humanidad. Quizás no la denominen así, pero es bien consciente que en todos los acontecimientos las naciones actuales están cosechando lo que han sembrado. Esta gran ley -que en una época fue una teoría- es ahora un hecho com­probado y un factor reconocido por el pensamiento humano. La pregunta por qué tan frecuentemente formulada, hace surgir con frecuente inevitabilidad el factor causa y efecto. Los conceptos que se tienen acerca de la herencia y el medio ambiente son esfuerzos hechos para explicar las condiciones humanas existentes; cualida­des, características raciales, temperamentos nacionales e ideales, comprueban el hecho de que existe algún mundo iniciador de cau­sas. Las condiciones históricas, las relaciones entre naciones, las restricciones sociales, las convicciones religiosas y las tendencias, pueden ser atribuidas a causas originantes, algunas de ellas muy antiguas. Todo lo que acontece en el mundo de hoy y que afecta tan poderosamente a la humanidad -cosas bellas y horribles, modos de vivir, civilización y cultura, prejuicios y preferencias, adquisi­ciones científicas y expresiones artísticas y las innumerables mane­ras con que la humanidad cobra la existencia de todo el planeta- son aspectos de efectos iniciados por los seres humanos, en alguna parte, en algún nivel y época, ya sea en forma individual o en masa.

 

Por lo tanto, karma es lo que el Hombre -el Hombre celestial en el cual vivimos toda la humanidad, el género humano como gru­po de naciones y el hombre individual- ha instituido, llevado a cabo, fomentado, realizado o no, en el transcurso de las épocas hasta el momento actual. Hoy el fruto está maduro, y el género humano está cosechando lo que ha sembrado, en preparación para arar nuevamente en la primavera de la nueva era, sembrando nuevas simientes que producirán una mejor cosecha (roguemos y espere­mos que así sea).

 

Una evidencia muy destacada de la Ley de Causa y Efecto es la raza judía. Todas las naciones comprueban esta Ley, pero pre­fiero referirme al pueblo hebreo, porque su historia es bien cono­cida y su futuro y destino son temas de preocupación mundial y universal. Los judíos han tenido siempre un significado simbólico; resumen en sí -como nación, a través de las épocas- las profun­didades de la maldad humana y las alturas de la divinidad humana. Su historia agresiva, tal como está narrada en El Antiguo Tes­tamento, va a la par de las presentes actuaciones alemanas; sin embargo Cristo era judío y la raza hebrea lo engendró. Esto nunca debe olvidarse. Los judíos fueron grandes agresores; despojaron a los egipcios y tomaron la Tierra Prometida a punta de espada, sin perdonar hombres, mujeres y niños. Su historia religiosa ha sido erigida alrededor de un Jehová materialista, posesivo, codicioso, que fomentaba y alentaba la agresión. Su historia simboliza la historia de todos los agresores, y su propio razonamiento los lleva a la convicción que están cumpliendo con un propósito divino, arre­batando a los pueblos sus propiedades en un espíritu de autodefensa y buscando alguna  razón, adecuada para ellos, a fin de disculpar su inicua acción. Palestina fue tomada por los judíos porque era “una tierra rebosante de leche y miel”, y proclamaron que la acción fue emprendida obedeciendo a un mandato divino. Más tarde el simbolismo se hizo más interesante. Se dividieron en dos: los israelitas con su sede en Samaria, y los judíos (es decir, dos o tres tribus especiales extraídas de las doce) ubicados alre­dedor de Jerusalén. El dualismo prevalece en sus creencias religio­sas; fueron aleccionados por los saduceos y fariseos, y esos dos grupos estuvieron en constante conflicto. Cristo vino como miem­bro de la raza judía, pero ellos Lo negaron.

 

Hoy la ley actúa y los judíos pagan el precio, de hecho y sim­bólicamente, de todo lo que han efectuado en el pasado. Están demostrando los efectos, de largo alcance, de la ley. De hecho y simbólicamente representan una cultura y civilización; de hecho y simbólicamente son la humanidad; de hecho y simbólicamente representan lo que siempre han elegido representar, la separación. Se consideran como el pueblo elegido y tienen una conciencia in­nata de ese elevado destino, olvidando su papel simbólico y que el pueblo elegido es la Humanidad y no una fracción pequeña y sin importancia de la raza. De hecho y simbólicamente anhelan la unidad y la cooperación, sin embargo, no saben cómo cooperar; de hecho y simbólicamente constituyen el “Eterno Peregrino”, y son la humanidad que deambula por los laberintos de los tres mundos de la evolución humana, contemplando con ansiosos ojos la tierra prometida; de hecho y simbólicamente se asemejan a las masas de hombres, rehusando comprender el propósito espiritual subyacen­te en todos los fenómenos materiales, rechazando al Cristo interno (tal como lo hicieron hace siglos dentro de sus fronteras), codi­ciando el bien material y desechando constantemente las cosas del espíritu. Claman por la así llamada restitución de Palestina, arre­batándola a quienes la han habitado durante muchos siglos, y por el continuo énfasis que ponen sobre las posesiones materiales pier­den de vista la verdadera solución, la cual consiste, otra vez sim­bólicamente y de hecho, en ser asimilados a todas las naciones y fusionados con todas las razas, demostrando así el reconocimiento de la Humanidad Una.

 

Es interesante observar que los judíos que habitaron al sur de Palestina, cuya ciudad principal fue Jerusalén, lograron hacer esto y se fusionaron y asimilaron a los británicos, holandeses y france­ses, en una forma que los israelitas, gobernados desde Sam